Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos
Capitulo 9: Es una Locura!
Cincuenta minutos después, Bella y Edward entraron en el cuarto privado de la reina. Estaba de pie, mirando por la ventana como si estuviese sumida en sus pensamientos. En cuanto se volvió, Bella hizo una reverencia y Edward asintió ligeramente con la cabeza.
- Por favor, tomen asiento - les dijo indicándoles el sofá - Tengo que hablar con ustedes de un asunto muy importante - se separó de la ventana y se sentó en un bonito y antiguo sillón.
Bella miró a la reina, que parecía estar recobrando el dominio de sí misma. Aunque sus rasgos clásicos seguían siendo hermosos y amables, permanecía la firmeza en su mirada. Bella pensó en la enorme carga que Esme había tenido que llevar sobre los hombros y sintió una oleada de admiración y comprensión.
- El padre de Bella y yo hemos estado hablando esta mañana - dijo la reina volviendo la vista a Edward - Por lo visto, el señor Swan ha recibido algunas fotos bastante… comprometedoras de ustedes dos bañándose en la playa a medianoche.
Bella ahogó un grito y sintió que palidecía. Edward le puso una mano sobre la suya.
La reina hizo una pausa y su expresión se suavizó.
- ¿Quieres un poco de té, querida? - le preguntó a Bella
Bella no podía imaginarse tragando nada y negó con la cabeza.
- No, gracias, Majestad.
La reina asintió y volvió a mirar a Edward.
- El señor Swan está dispuesto a pagar una gran cantidad de dinero para impedir que esas fotos se publiquen, pero como todos sabemos, es muy posible que vuelvan a aparecer. El señor Swan ha exigido que se casen de inmediato, y yo he accedido. El matrimonio es el único modo de proteger su reputación.
El matrimonio... Bella sintió que Edward le daba un apretón en la mano. La habitación empezó a moverse. Movió la cabeza, al tiempo que un millón de protestas se agolpaban en la punta de su lengua. Pero no pudo articular palabra.
- ¿Cuándo debería ser la boda? - preguntó Edward
- Qué!?!?! - exclamó Bella mirándolo perpleja.
- Creo que podría arreglarse todo dentro de tres días - dijo la reina, sin hacer caso a la reacción de Bella.
Tres días! El pánico se apoderó de ella. Notó que le costaba respirar.
Edward la miró y frunció el ceño.
- Está hiperventilando. Necesito una bolsa de papel.
A Bella se le nubló la visión. Todo daba vueltas en torno a ella. De repente le cubrieron la cabeza con una bolsa de papel. Oyó las voces de la reina y de Edward, como si estuvieran muy lejos.
- Tendrá que ser una ceremonia privada y sencilla - dijo Esme
- No podría ser de otro modo - respondió Edward
Bella se quitó la bolsa de la cabeza.
- Esto es una locura innecesaria – dijo - Las fotos no pueden ser tan graves.
Edward la miró con espeluznante calma.
- ¿Recuerdas la ropa que llevábamos aquella noche en el mar?
Bella lo recordó de repente. Ella llevaba solo unas braguitas, y Edward no llevaba nada. Sintió que se ruborizaba y se mordió el labio.
- De acuerdo, las fotos pueden ser embarazosas, pero… ¿qué es lo peor que puede pasar? Se publicarán en algún periódico y al día siguiente solo servirán para envolver pescado. Dentro de poco habrá otro escándalo y esto quedará olvidado - se quedó sin aliento y esperó no tener que volver a ponerse la bolsa.
- Mamá - dijo Edward volviéndose hacia la reina - Bella está angustiada. Creo que necesitamos estar un momento a solas.
- De acuerdo - concedió la reina - Pero recuerda que el tiempo es esencial.
Edward sacó a Bella de la habitación antes de que ella pudiera protestar.
- Esto es una locura! Admítelo! - lo acusó ella mientras se dirigían al cuarto de Edward - Una completa locura! No pienso hacerlo!
Edward cerró la puerta tras ellos y la hizo sentarse en una silla. Se volvió de espaldas a ella y se sirvió un vaso de whisky, mientras ella enumeraba las razones por las que no deberían casarse.
- Y además, tú y yo acordamos que no queríamos casarnos. ¿Y cómo se te ocurre beber whisky a las nueve de la mañana?!! - le dijo preguntándose si debería pedirle que le sirviera otra copa a ella.
- Bebo porque es una ocasión especial - respondió él con una mueca de dolor, como si el licor le hubiera quemado la garganta.
- Mentira! - gritó ella levantándose - Bebes porque a ti también esto te parece una locura. No quieres casarte conmigo más de lo que yo quiero casarme contigo. Esto va a echar a perder todos nuestros planes!!
- No necesariamente - dijo Edward – Me podrían obligar a casarme con una mujer peor que tú, y a ti con alguien peor que yo.
- Esa no es una buena razón para casarnos!! - chilló ella.
- Acuérdate del número 7 - dijo él con una sonrisa torcida.
- Sí, pero Jake no era un príncipe con obligación de cumplir sus deberes reales.
Edward respiró con calma y la miró fijamente.
- Estás reaccionando de un modo irracional. Lo mejor para nosotros y para nuestras respectivas familias es que nos casemos lo antes posible. Es culpa mía que nos sacaran fotos estando desnudos.
Bella no pudo soportar la culpa que expresaba la voz de Edward
- ¿Por qué? ¿Acaso tú tomaste las fotos? No - respondió ella misma - ¿Acaso me obligaste a desnudarme?
- No, pero te reté a que lo hicieras.
- Fue decisión mía.
- Pero yo te influí - se acercó a ella - Es lo mejor que podemos hacer.
El pánico volvió a apoderarse de ella.
- ¿Cómo puede ser lo mejor cuando los dos hemos estado haciendo todo lo posible por evitarlo?
- Podría ser peor - dijo él con esa voz cargada de responsabilidad que Bella tanto odiaba - Tú y yo nos comprendemos, de modo que podemos ofrecernos mutuamente el espacio que necesitamos para cumplir con nuestros objetivos.
Sus palabras resonaron en la cabeza de Bella. La actitud de Edward la hacía estremecerse.
- ¿Así que debo prometerte fidelidad eterna, sabiendo que tú piensas que podría ser peor? - sintió una horrible necesidad de gritar - Todo esto me da náuseas. Voy a llamar a mi padre - declaró, y pasó junto a él.
Él la alcanzó justo cuando llegaba a la puerta.
- Bella - le dijo en voz baja - Me preocupo por ti.
Ella cerró los ojos, intentando reprimir las lágrimas.
- Eres médico. Te preocupas por todo el mundo, hasta por Elvis - dijo, y salió por la puerta.
El resto del día lo pasó voluntariamente encerrada en su habitación, hablando por teléfono con Charlie. Se negó a comer, pero se bebió cuatro botellas de agua mientas caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano.
Su padre estaba muy trastornado con las fotos, y, al igual que la reina, pensaba que el mejor modo para evitar el potencial daño era que se casaran cuanto antes.
Bella protestó acaloradamente, y le habló de su tratamiento médico y de la mejoría en el problema de su oído interno. Su padre se mostró cautelosamente esperanzado, pero se mostró inflexible acerca de proteger su reputación. Ella le reveló incluso que había obtenido en secreto dos licenciaturas por Internet, pero aunque él la felicitó, aún no creía que pudiera cuidarse por sí misma.
Su falta de confianza en ella fue otro duro golpe en aquel día tan horrible.
- Bella - le dijo su padre - Te olvidas de que hay otras personas implicadas en esto. ¿Has pensado en cómo afectara esto a la familia Cullen? ¿Has pensado en el daño que esta publicidad podría hacerle a Edward? Por amor de Dios, ese hombre es médico! y ya está nadando contra la marea - guardó silencio por un instante - ¿Has pensado en cómo afectaría esto a su credibilidad profesional?
Aquella pregunta la dejó desarmada. Era el golpe definitivo, y Bella se arrojó en la cama.
Se produjo un silencio lleno de tensión a ambos lados de la línea, mientras una sucesión de imágenes de Edward le pasaba a Bella por la cabeza. Recordó lo encantador que fue con el niño en la clínica, su perseverancia con Carmen, lo determinado que estaba por mejorar los tratamientos médicos en las zonas pobres de Londres... Edward necesitaba su libertad para servir mejor a su pueblo. La ironía de la situación era dolorosa, y Bella sentía que se le desgarraba el corazón. Odiaba la idea de ser la mujer que se interpusiera entre él y su destino. Las lágrimas que había aguantado firmemente empezaron a deslizarse por sus mejillas.
- ¿Bella? - la llamó Charlie - ¿Sigues ahí?
- Sí - respondió ella tranquilamente, apartándose las lágrimas con el dorso de la mano.
- Me han dicho que la boda será dentro de tres días. Allí estaré. Piensa en lo que quieres como regalo de bodas. Y piensa en algo grande, ya que no vas a tener una gran ceremonia - añadió con una risa forzada, como intentando animarla. Nunca había comprendido la falta de interés de su hija por aprovecharse de su fortuna.
De pronto a Bella se le ocurrió una idea, práctica pero extravagante.
- Ya sé lo que quiero - dijo, y deseó poder ver la cara de sorpresa de su padre. Si ella y Edward tenían que casarse, entonces lo mejor sería sacarle el máximo partido - Quiero dos.
- Dos - repitió él, confundido y sorprendido - ¿Dos qué?
- Dos millones de dólares.
***
El vestido blanco de novia que colgaba en la puerta del armario parecía mofarse de Bella. Había querido elegir algo negro, y a Rosalie le había encantado la idea de que llevara algo moderno, pero Alice se había opuesto.
- Es tu primera boda - le había dicho - Todo el mundo espera que vayas de blanco.
Todo el mundo esperaba muchas cosas de ella, pensó Bella. Todo había sucedido con tanta rapidez que se sentía como si estuviese encerrada en un microondas. Y parecía que la población de Londres estaba más contenta por la boda que ella misma.
Salvo, quizá, Edward.
Bella no sabía en lo que su futuro marido estaría pensando porque apenas había pasado unos minutos con él, unos minutos en los que ni siquiera habían tenido intimidad.
Volvió a mirar el vestido, sencillo y bonito, y otra vez sintió que se le revolvía el estómago. Un dolor que le recordaba que estaba a punto de cometer la mayor equivocación de su vida.
- Es precioso - dijo Rosalie que estaba junto a la cama, vestida con un conjunto rosa de Chanel - Me alegra que hayas elegido este, Bella. El otro era demasiado recargado - miró su reloj - Solo queda una hora para irnos! Tu peinado y maquillaje están perfectos. Deberías empezar a vestirte.
- Uhm… Aún no - dijo Bella negando con la cabeza – Yo… eh… no quiero ensuciarlo.
Alice la miró con curiosidad, y Bella apartó la mirada, dejando que la esposa de Jasper sacara sus propias conclusiones. Había aprendido que Alice era muy intuitiva.
Alice se acercó y, al tomarla de la mano, puso los ojos como platos.
- Bella! estás fría como el hielo. ¿Son los nervios? - le preguntó compasivamente, mientras le frotaba la mano entre las suyas.
"No tienes ni idea" pensó Bella
- Tal vez - dijo con un atisbo de sonrisa.
- Es normal - le aseguró Alice sonriendo - Los Cullen pueden ser un poco intimidadores.
- En muchos aspectos, somos como cualquier otra familia – dijo Rosalie - La diferencia es que tenemos títulos reales, que la gente espera mucho de nosotros, que la prensa se interesa por los detalles más íntimos de nuestras vidas y...
- Rosalie!! - la cortó Alice. Le dio a Bella un pequeño abrazo - Bella necesita palabras tranquilizadoras. Tiene que recordar todo lo bueno de Edward. Cuéntale algo bueno de mi cuñadito.
Rosalie frunció el ceño y pensó durante unos momentos.
- Está bien, tengo dos historias perfectas. Cuando yo era pequeña, siempre estaba jugando con muñecas. A veces se me rompía alguna, y Edward la arreglaba. Recuerdo que se pasaba horas arreglándolas. Ya desde niño estaba destinado a curar a las personas - dijo con una sonrisa - La segunda historia es que Edward me enseñó esgrima en secreto durante varios meses, hasta que mamá nos descubrió. Hay una larga tradición entre los Cullen según la cual los hombres aprenden esgrima, pero a las mujeres no se les está permitido.
- Me pregunto por qué - dijo Alice - Jasper no quiso responderme cuando se lo pregunté.
- Porque los hombres se ponen nerviosos solo de pensarlo - dijo Rosalie riendo - Seguramente tengan miedo de que las mujeres los atraviesen mientras duermen. Pero Edward no veía ninguna razón por la que yo no pudiera aprender. Es el menos machista de mis hermanos, aunque Alice está cambiando a Jasper - se encogió de hombros - Edward sabe mirar a las personas más allá de su aspecto, y no será autoritario contigo.
"¿Pero me amará?", se preguntó Bella. Se mordió el labio mientras sentía que el corazón se le encogía al hacerse esa pregunta. ¿Por qué se sentiría así? El amor no formaba parte de aquella ecuación. Era un matrimonio concertado por el bien de sus respectivas vidas, un simple acuerdo de beneficio mutuo.
Pero, ¿y el amor? A Bella se le aceleró el pulso y tuvo que reprimir el impulso de echar a correr. Iba a hacer lo correcto, se convenció a sí misma. Edward podía pensar que la reputación de ambos estaba en peligro, pero ella sabía que era él quien necesitaba protección. Y ella era la mujer que iba a brindársela. Miró el vestido de novia e ignoró el revuelo que sentía en el estómago.
Respiró hondo y se puso en pie.
- Vamos.
Cincuenta y nueve minutos más tarde, Charlie le ofreció el brazo justo antes de recorrer el sendero que atravesaba el jardín, donde esperaban los invitados y Edward. Tuvo que volver a reprimir la voz interior que la estimulaba a escapar en dirección opuesta. Sabía que era tonta si pensaba que su vida no estaba a punto de cambiar.
Su padre debió notar su inquietud, porque le dio un apretón en el brazo y sonrió para darle ánimos.
- Sonríe, Bella. Tengo en mi bolsillo el cheque de dos millones de dólares. Puedes hacer las locuras que quieras con ese dinero.
Locuras... La situación era una locura. Una absurda y estrafalaria... Interrumpió sus pensamientos y volvió a respirar hondo.
- Gracias - le dijo a Charlie - Has sido muy generoso.
- Todo es poco para mi hija. Mírate, estás a punto de atrapar a un príncipe.
Bella se imaginó con una soga al cuello, pero consiguió sonreír y se propuso mantener sus labios en esa posición durante las próximas dos horas.
- Vamos - dijo, y los dos empezaron a andar por el largo pasillo. Los parientes de Edward se volvieron para mirarla, todos con expresión de felicidad en el rostro. La reina asintió en aprobación.
Temerosa de lo que pudiera ver en el rostro de Edward, Bella miró a todas partes menos a su novio. Se distrajo a sí misma identificando a sus futuros cuñados. Jasper estaba de pie, alto y orgulloso, junto al enrejado cubierto de rosas blancas. Rosalie contenía el aliento en el otro lado. Había sido elegida como dama de honor de Bella, ya que Alice aún sufría mareos matutinos. Rosalie ya había superado esa etapa. Junto a Rosalie estaba el sacerdote que iba a bendecir la ceremonia, con su reluciente calva brillando al sol.
Finalmente, Bella sintió la mirada de Edward, tan intensa que fue incapaz de ignorarlo por más tiempo y lo miró. Llevaba un esmoquin, e irradiaba fuerza e inteligencia.
Al ver la expresión de sus ojos casi se quedó sin respiración. No podía creer que de verdad se preocupara por ella. No podía creer que de verdad quisiera casarse. Si no lo conociera mejor, habría pensado que la ama... El corazón le latió con fuerza y tomó aire rápidamente. Era imposible, se dijo a sí misma. Edward era solo un buen actor.
Cuanto más se acercaba a él, menos realista le parecía la situación. Le parecía estar en otro mundo, en la boda de otra persona... Oyó que el sacerdote saludaba a los invitados y preguntaba quién entregaba a la novia. Charlie unió su mano a la de Edward, y entonces volvió de golpe a la realidad. Estaba en su mundo, y aquella era su boda.
Durante los próximos minutos, apenas fue capaz de oír lo que el sacerdote decía. Consiguió repetir los votos, y notó la preocupación en el rostro de Edward. Era como si él supiera que ella habría echado a correr de haber tenido la oportunidad.
Pero cuando él le deslizó el anillo en el dedo con un diamante incrustado, claramente una reliquia familiar, Bella se vio invadida por el sentimiento de culpa. Aquel anillo no le pertenecía a ella. Pertenecía a la mujer a la que Edward amara algún día.
El sacerdote los declaró marido y mujer, y Edward la estrechó entre sus brazos y la besó. Ella pudo sentir en el beso la promesa, y también el deber. La asaltaron muchas sensaciones distintas, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Edward la acarició con el dedo en la mejilla y acercó la cabeza.
- Todo va a salir bien - le susurró, pero aunque el diamante que tenía en el dedo era auténtico y muy valioso, Bella sintió que todo era un fraude.
No estuvo segura de cómo lo hizo, pero durante el banquete fue capaz de bailar y sonreír como se esperaba de ella. Horas más tarde, Edward la hizo subir por la pasarela al yate real que los llevaría a navegar por mar abierto durante los dos próximos días.
- Saluda y sonríe a las cámaras - le dijo, pasándole un brazo por la cintura - Ya casi hemos acabado.
- ¿Y luego qué? - murmuró ella para sí misma, pero hizo lo que Edward le pedía. El yate salió del muelle, cuando el brazo ya le dolía de saludar, y su sonrisa empezó a desvanecerse. Entonces, con la excepción de diez miembros de la tripulación, Edward y ella se quedaron solos. En otras circunstancias la brisa del océano habría sido refrescante, pero Bella estaba insensible.
- ¿Qué quieres hacer? - le preguntó Edward - ¿Tienes hambre? ¿Quieres cambiarte de ropa? - ella no respondió y él soltó una risita irónica - ¿Quieres bañarte desnuda?
Bella lo miró con dureza.
- Eso fue lo que nos metió en esto! - cerró los ojos y suspiró - Creo que irse a la cama es una buena idea.
Se produjo un largo silencio, y Bella se puso tensa. Abrió los ojos y vio que él la miraba con una mezcla de curiosidad e intensidad sexual. Se quedó sin aire y sintió un repentino ataque de nervios.
- A la cama… a descansar - se apresuró a aclarar - A dormir.
- De acuerdo - dijo él asintiendo lentamente - Déjame enseñarte la suite.
Mientras la conducía por cubierta, Bella luchó contra la ansiedad de hacer el amor con Edward. Después de todo, no sería la primera vez. Pero, de algún modo, parecía algo muy diferente ahora que estaban casados.
Cuando entraron en la espaciosa y lujosa suite, la enorme cama atrajo la mirada de Bella como un imán. La anticipación y la expectación cargaban el ambiente.
Bella apartó las sensaciones que la inquietaban y pasó la vista por el resto de la suite, decorada con un gusto exquisito. Vio flores y champán en un cubo con hielo y, lo más importante, su equipaje.
- Oh, genial - dijo caminando por la habitación - Mi equipaje está aquí. Me pondré algo más cómodo y...
Edward se adelantó y agarró la maleta antes de que ella pudiera tocarla.
- Una novia no debería levantar maletas.
Bella pestañeó, sorprendida.
- Gracias - murmuró, mientras él colocaba la maleta sobre una plataforma.
- De nada - la observó con una inescrutable expresión en el rostro, y entonces se inclinó para depositarle un breve beso en los labios - Que descanses - dijo, y salió de la habitación.
A Bella el corazón le golpeaba furiosamente contra el pecho. ¿La había mirado con deseo o había sido solo su imaginación? ¿Y cómo se sentía ella al respecto? Soltó un gemido. Eran demasiadas preguntas, y no tenía fuerzas para contestarlas. Lo que tenía que hacer era dormir.
Pero al abrir la maleta se encontró con otra sorpresa. Nada de pijamas de algodón. La mano de Edward era evidente en la elección de la lencería: prendas de seda y satén reveladoras y muy sensuales. Perfectas para cualquier otra mujer en su luna de miel.
Horas más tarde, Edward encargó que les llevaran la cena a la suite. Bella se despertó al oír el carrito con la comida.
Levantó la cabeza y se apartó el pelo de la cara. Al ver sus ojos soñolientos y su pelo revuelto Edward sintió un arrebato de deseo. Era su mujer. Tal vez el matrimonio no hubiera sido su primera elección, pero no había apagado su deseo por ella.
- No quiero saber cuánto tiempo he estado dormida - dijo ella sentándose en la cama.
- Es mejor que no lo sepas - bromeó él, sacando el champán del cubo - ¿Te apetece cenar algo?
Bella se cubrió un bostezo con la mano y asintió.
La sábana cayó a su regazo y Edward vio su camisón azul de seda y la sombra de un pezón. Recordó cómo había sentido esos pechos en su mano y los gemidos de Bella al mordisquearle el pezón. Recordó lo húmeda que había estado cuando la penetró, y al instante sintió que crecía su erección. Bella debió de notar algo, porque bajó la mirada y se ajustó el camisón. Se mordió el labio y desvió la atención hacia el carrito.
- Oh, langosta - dijo, humedeciéndose los labios.
Algo primitivo ardió en el interior de Edward, que tuvo que hacer un esfuerzo para no arrancarle esa prenda de seda.
- No comí más que un trozo de torta en el banquete, y lo hice solo porque me lo pidió un fotógrafo - dijo ella. Se levantó de la cama y agarró rápidamente una bata.
Edward hubiera preferido tenerla desnuda bajo él, pero se tomó su tiempo.
- ¿Champán? - le ofreció.
- Sí, por favor - levantó las copas para que él las llenara.
Edward volvió a dejar la botella en el cubo y tomó su copa para hacer un brindis.
- Por nosotros... Por haber sobrevivido a las últimas setenta y dos horas.
Bella asintió, como si no estuviera del todo de acuerdo, pero tomó un sorbo de champán. Él le retiró la silla para que se sentara a la mesa, y cuando vio que la bata se le abría ligeramente, revelando la curva de un pecho, tuvo que tomar un largo trago para reprimirse. Vio cómo Bella se llevaba un bocado de langosta a los labios y lo lamía con deleite, y se preparó para una hora de tortura. Todo lo que ella comía le aumentaba la presión sanguínea a Edward. Lamía la salsa holandesa de los espárragos antes de llevárselos a la boca. Tomaba bocados intermitentes de langosta untados con mantequilla, y a él le pareció que gemía de placer al masticar.
Cuando acabó con la langosta, miró el pastel de chocolate y nueces y negó con la cabeza.
- No puedo comérmelo entero.
- Podemos compartirlo - sugirió Edward. Tomó con el tenedor un pedazo de pastel y lo acercó a los labios de Bella.
Ella lo miró sorprendida, pero abrió la boca. Mientras el bocado se deshacía en el interior, soltó un gemido de deleite.
Aquella mujer iba a matarlo, pensó él.
- Está delicioso.
- Mejor que la torta de la boda - reconoció él probando un trozo, aunque estaba mucho más interesado en saciar un apetito completamente distinto.
Ella guardó silencio y sus ojos se oscurecieron de tristeza.
- Lo siento - dijo, con una voz cargada de desdicha.
- ¿Por qué lo sientes?
- Siento que hayamos tenido que casarnos.
Estaba demasiado ausente, pensó él. Había estado ausente desde que decidieron casarse. Edward se levantó, rodeó la mesa y la tomó en sus brazos.
- ¿Qué haces? - preguntó ella, poniéndose rígida.
- Creo que es algo obvio - dijo él, depositándola en la cama - Estoy acostándote - agarró las copas de champán y se unió a ella - Deja de sentirte responsable. Las fotos nos las tomaron a los dos. Como te dije, hay cosas peores que este matrimonio.
Ella frunció el ceño, pero aceptó la copa y tomó un sorbo.
- Eso no me hace sentir mejor…
- Está bien. Entonces, ¿qué te parece si decimos que este acuerdo también tiene sus compensaciones?
Ella tomó otro sorbo y lo miró a los ojos. Lo miraba con ojos cautelosos y sensuales al mismo tiempo. Entreabrió los labios.
- No te lamas los labios - le dijo él.
- ¿Por qué no? - le preguntó, sorprendida.
- Porque quiero hacerlo yo.
Hola!
Queridas lectoras Bella y Edward son marido y mujer! Quien diría que estos antí-matrimonio terminarian ante el altar! xD Espero que les haya gustado el capitulo! lo prometido es deuda y cumpli!
Muuuuuuchisimas gracias por toooodos sus reviews!! me sorprendieron :D son las mejores y como cumplí con el trato... minimo que me dején una TONELADA de reviews! o si no... no les dejaré el final de la historia muajajajaja es broma! jamas les haría eso! xD
Nos vemos el viernes, con el penultimo capitulo! Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!!!
Un abrazo!
PollyCox99
