Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos
Capitulo 10: Ahogada
Edward inclinó la cabeza y le pasó la lengua por los labios húmedos de champán. Bella se quedó inmóvil por unos segundos, como si estuviera indecisa, pero entonces movió la boca para permitirle un mejor acceso.
Aquel gesto de bienvenida le produjo a Edward una sensación de calor en la ingle, como si ella lo hubiera tocado con la mano. Ella abrió la boca y él le introdujo la lengua, listo para explorar y para tomar.
Sintió que los dedos de ella subían hasta su nuca e intensificó el beso. Bella gimió, el mismo sonido de placer que había emitido antes y que repercutió en el interior de Edward, aumentando su excitación.
Entonces ella se echó ligeramente hacia atrás y lo miró a los ojos.
- ¿Cómo sabré cuándo haces esto por deber y cuándo no? - le preguntó con la respiración agitada.
Edward soltó una risa ronca y dejó la copa en la mesita de noche. Le desató el cinturón de la bata y volvió a agarrar la copa.
- Hay cosas que un hombre no puede ocultar, cariño.
- Pero yo...
Él le puso un dedo sobre los labios.
- Desabróchame la camisa - le pidió en voz baja.
Ella dudó un momento, pero hizo lo que le pedía. Fue incluso un poco más lejos y le quitó la camisa de los hombros. Entonces, manteniéndole la mirada, bajó las manos hasta sus pantalones.
El volvió a ponerle un dedo sobre los labios, pero en esa ocasión ella le pasó la lengua por la punta, provocándole a Edward un aumento salvaje de su temperatura corporal. Viendo el desafío en sus ojos, le introdujo el dedo en la boca. Bella lo lamió como si estuviera lamiendo...
Aquello estaba haciendo estragos en el autocontrol de Edward. Tomó un trago de champán mientras ella le desabrochaba los pantalones. Le sacó el dedo de la boca y, en un rápido movimiento, le bajó la bata y el camisón hasta las caderas. Quedaba un poco de champán en la copa, y entonces él, siguiendo su instinto, la besó en la boca y derramó el resto del líquido sobre sus pechos.
Tras ahogar sus gemidos con un beso apasionado, descendió por su cuello y saboreó la exquisita mezcla de champán y piel desnuda. Le tomó un pezón endurecido entre los labios y se introdujo el pecho en la boca.
- Llevo queriendo hacer esto toda la noche - murmuró y la miró a los ojos, que estaban ardiendo de deseo.
Ella se mordió el labio y se movió con impaciencia, un gesto de excitación que a Edward lo excitó aún más. Algo en aquella mujer lo hacía querer conocer todos sus secretos. Quería ser el hombre que la llevara al límite. Quería ser el hombre en quien confiara.
- ¿Qué más llevas queriendo hacer toda la noche? - le preguntó ella, y esa fue toda la invitación que Edward necesitó.
Se despojó del resto de la ropa y se dedicó a explorar cada centímetro de su cuerpo. Descubrió que mordisquearle el pezón y luego soplarle la hacía retorcerse de placer. Descubrió también que los besos en el abdomen casi le hacían cosquillas. Y descubrió que la fuente de su feminidad florecía como un capullo de rosa cuando introdujo los dedos en aquella humedad.
Descubrió además que cuando Bella se impacientaba sus besos eran ardientemente salvajes y que sus manos se movían frenéticamente sobre su erección. Y justo cuando pensó que no podía soportar más caricias en su miembro, Bella se llevó un dedo a los labios... empapado de su esencia masculina.
Tan excitado que temía explotar, Edward se tumbó de espaldas, con ella sentada a horcajadas sobre sus caderas.
- ¿Lista?
Bella asintió, con los labios hinchados y los ojos encendidos de pasión. El la sujetó por las caderas y la hizo descender sobre su sexo rígido. Ella cerró los ojos y dejó escapar un fuerte gemido al producirse la unión.
Estaba húmeda y con los músculos en tensión, aferrándose a él como un guante de terciopelo. La sensación era indescriptible, y a Edward lo llevaba al límite de la razón. Empezó a contornearse sobre él, y él le guió las caderas para obtener el máximo placer. Sus pechos subían y bajaban, ofreciendo una visión gloriosa, pero era la expresión de su rostro lo que fascinaba a Edward. Bella estaba completamente concentrada en él, como si de hecho fuera una parte de él, y sus ojos expresaban todo lo que sentía: confianza, esperanza, pasión y algo más profundo e indestructible.
Edward volvió a sentir el primitivo arrebato de posesión y algo más suave que no supo identificar. El matrimonio había sido una excusa por el bien de ambos. Pero aquello era real.
La respiración de Bella se acortó y sus movimientos se aceleraron. El momento culminante se acercaba, y al sentir cómo el clímax se apoderaba de ella, Edward experimentó un orgasmo tan poderoso y vibrante que retumbó en su interior como un trueno.
Bella cayó rendida sobre él, y Edward intentó recuperar la respiración y la cordura. Viéndolo de un modo elemental, la había poseído como a su mujer, pero también era como si una puerta se cerrara tras él. Todo sería diferente entre ellos a partir de ese momento.
Luchó contra ese pensamiento y se maldijo a sí mismo. Tenía un compromiso que cumplir. Un compromiso mucho más antiguo que la aparición de Bella en su vida. Y eso no iba a cambiar.
A la mañana siguiente, Bella se despertó cuando el amanecer empezaba a filtrase a través de las cortinas. Su cuerpo estaba vuelto hacia Edward, igual que una flor se volvía hacia el sol. Aprovechó la oportunidad para mirarlo mientras dormía. Su pelo atractivamente revuelto, su perfil distinguido, sus labios carnosos y sensuales, su mentón testarudo... Era un hombre tan fuerte y a la vez tan dulce. Sin duda el hombre más apasionado que había conocido, y era increíble que pudiera estar tan deseoso de ella. La noche anterior parecía que su deseo no tenía límites. Había recorrido cada centímetro de su cuerpo, y al fundirse, había sido difícil saber dónde terminaba uno y empezaba el otro.
Era como si todo lo que no pudieran decirse con palabras se lo dijeran con el cuerpo.
El corazón le latió dolorosamente en el pecho. Estaba muy asustada. Lo que sentía por Edward era tan poderoso que la abrumaba. Temía haber hecho lo que se había jurado no hacer. Temía haberse enamorado de él.
Vio que Edward se despertaba y que pestañeaba varias veces. Giró la cabeza y la miró con sus penetrantes ojos verdes.
- ¿Cuánto tiempo llevas observándome? - le preguntó y la arrastró hacia él.
- Solo un par de minutos. Me preguntaba si te gustaría desayunar.
- Más tarde - deslizó una mano hasta su cadera y le borró todos los pensamientos de comida de la cabeza.
Si Bella pudiera elegir un día para plasmar en un álbum de fotos, sería ese. Después de hacer el amor, Edward y ella compartieron el desayuno en la cama, y luego se bañaron en el mar. Edward intentó convencerla para que se bañara desnuda, pero tuvo que conformarse con quitarle la parte de arriba del bikini hasta que volvieron a subir al yate. Pasaron el día entre risas y bromas, sin pensar en más preocupaciones.
Cenaron en la cubierta y luego contemplaron abrazados la puesta de sol. Bella tenía el presentimiento de que al día siguiente, cuando volvieran al Palacio, todo sería diferente.
- Estás muy callada - le dijo Edward pasándole los dedos por el pelo.
- Ha sido un día maravilloso. Odio que se acabe - dijo ella, aspirando la fresca esencia masculina de su cuello.
- No se puede estar siempre disfrutando.
- No. Ojala la adaptación no sea muy difícil.
- No debería serlo - dijo él encogiéndose de hombros - No soy el miembro real que más aparezca en público. Si el departamento de relaciones públicas del palacio intenta organizar tu agenda, puedes mandarlos al infierno.
- Realmente quiero acabar mi tesis. Por culpa de todas estas distracciones no he avanzado nada.
- ¿Distracciones?!! ¿Algo tan latoso como casarse conmigo es una... distracción?! - se burló él, apretándole la cintura.
Ella lo miró a los ojos y sonrió.
- Oh, yo diría que eres una gran distracción.
- Mañana te dejaré tranquila - le dio un beso en la frente - Voy a visitar una clínica que está al otro lado de la ciudad.
- Me encantaría ir contigo - dijo ella, esperanzada.
- ¿No has dicho que quieres terminar tu tesis? - le preguntó, acariciándole la nariz con el dedo.
- Sí… - respondió reacia - Pero visitar una clínica contigo es una distracción muy emocionante! - ¿por qué no sentía alivio ante la idea de quedarse sola? se preguntó a sí misma - ¿Te preocupa que esto no salga bien?
- ¿Te refieres al matrimonio? - ella asintió - Ya te lo dije. Puede ser muy bueno para ambos. Tú te mantendrás al margen de mis objetivos, y lo mismo haré yo contigo. Así tendremos la independencia que necesitamos. Los dos nos comprendemos, y podemos disfrutar del sexo sin complicaciones emocionales. Hay muchas ventajas de que ni tú ni yo nos hayamos casado por amor.
Bella sintió que un escalofrío la recorría por dentro. Edward le había asegurado que no se enamoraría de él, pero ella no estaba tan segura, y presentía que se sentiría muy preocupado si supiera que sus sentimientos hacia él se habían hecho más profundos. El corazón se le encogió con el mismo temor que había apartado aquella mañana. Necesitaba encontrar un modo para no amarlo.
Dieciocho horas después, Edward y Bella estaban saludando a los paparazzi mientras el yate atracaba en el muelle. De vuelta al palacio, tuvieron que asistir a otra fiesta para celebrar su matrimonio.
Cumpliendo con su deber, Edward se quedó al lado de Bella y aceptó las felicitaciones y las bromas por el fin de su soltería. Al final la fiesta acabó, y los dos pudieron volver a sus aposentos privados.
Bella se sentó en la cama, con un camisón de seda y una mirada de emoción que excitó e inquietó a Edward al mismo tiempo.
Ella se movió hasta el borde y con un dedo le indicó que se acercara.
- ¿Qué? - preguntó él, obedeciendo.
Ella sonrió y empezó a aflojarle la corbata.
- Voy a ayudarte a quitarte la corbata y la camisa. ¿No es eso lo que hacen las buenas esposas?
- No es un mal comienzo - dijo él, sintiéndose más excitado a medida que ella le desabotonaba la camisa.
- Los últimos días han sido tan maravillosos que no quiero que se acaben - le pasó un dedo por el pecho desnudo hasta el cinturón - Si no me dejas ir contigo mañana… ¿me dirás al menos qué clínica vas a visitar?
A Edward se le encogió el corazón.
- Realmente te interesa lo que hago ¿verdad?
Ella arrugó la frente con un gesto de confusión.
- Claro que sí. Ayudas a solucionar los problemas de muchas personas ¿Cómo podría no interesarme?
- A todas las demás mujeres que mi madre me había presentado les aburría mi interés por la medicina - levantó la mano y le tocó sus sedosos cabellos - ¿Por qué eres diferente?
Ella se encogió de hombros y soltó una risita.
- Vaya! intentaba excitarte, pero ya es un poco tarde. Te has casado con un bicho raro!
Un bicho raro... Pues a él le encantaba esa especie de bicho. Nunca había pensado que pudiera encontrar a una mujer con quien compartir la pasión por su trabajo. Nunca. Bella era una increíble mezcla de cualidades. Su interés sincero y su honestidad eran tan valiosos para él como el oxígeno que respiraba, y no podía evitar admirar su determinación por acabar con éxito su carrera. Pero era algo más que admiración. Edward comprendía su necesidad de llegar a ser algo distinto a lo que se esperaba de ella. Él tenía esa misma necesidad.
Quería llevarla con él a la clínica, pero algo se lo impedía. Si pensara que el amor y un matrimonio de conveniencia no se interpondrían en su trabajo, entonces Bella sería la esposa perfecta, salvo por el hecho de que era una distracción fascinante. En esos momentos, él también se lamentaba de que la luna de miel hubiese acabado.
Bella subestimaba su atractivo y su poder femenino. Su falta de preocupación por su aspecto solo la hacía más irresistible a él. Quería verla reír y llorar, quería su confianza. Y por más que la poseyera cada noche quería más y más...
Una alarma sonó en su interior. No podía desviarse de su camino. Podía darle a Bella su afecto, pero su cabeza y su corazón le pertenecían exclusivamente a él.
***
A la mañana siguiente, Edward se levantó a las seis en punto para ir a trabajar al otro extremo de la isla. Bella se regañó a sí misma por echarlo de menos y tomó el desayuno en su habitación. Luego, se sentó frente al ordenador para trabajar en su tesis. Pero justo cuando empezaba a hacer progresos, un golpe en la puerta la interrumpió. Abrió y se encontró a una mujer joven.
- Alteza, soy Jane Smith, y me han asignado el gran honor de ser su ayudante personal.
Eso era nuevo para Bella. Extendió la mano.
- Encantada de conocerte, Jane. Debo confesar que no esperaba tener las mismas obligaciones reales que los otros miembros de la familia, así que no tengo mucho trabajo para ti.
- Oh, no, señora - dijo Jane negando con la cabeza – Al contrario, ya tiene la agenda completa para el mes que viene.
- ¿Cómo?!! - preguntó ella, parpadeando en confusión - Nadie me ha dicho nada de eso.
- Ese es mi trabajo, señora - dijo Jane con una sonrisa – Usted está muy solicitada, ya que es la nueva esposa de un Cullen. El príncipe Edward siempre ha sido un poco esquivo, por lo que imagino que la gente piensa que conociéndola a usted es un modo de acercarse a él. Veo que ya está vestida. La princesa Rosalie se encuentra un poco indispuesta esta mañana, y ha pedido si usted puede sustituirla para tomar el té en un club femenino.
Bella tragó saliva, espantada. Hubiera preferido que le sacaran una muela.
- No... no... no estoy segura. No tengo nada apropiado que ponerme.
- Me dijeron que las princesas Rosalie y Alice le han renovado el vestuario en su ausencia. ¿Ha mirado su armario?
- No - respondió ella - Espera - corrió hacia el gran armario del dormitorio de Edward. Había estado tan ocupada desde que volvió al palacio que no había deshecho el equipaje, y aquella mañana se había puesto unos shorts y un top que sacó del cajón de la cómoda.
Al abrir el armario y encender la luz quedó pasmada. No vio ninguno de los vestidos que había llevado. En su lugar había dos docenas de nuevos conjuntos de diseño. Y, aunque sabía que Alice y Rosalie lo habían hecho con buena intención, no pudo evitar una punzada de resentimiento.
Lentamente, volvió con su nueva ayudante.
- Por lo que veo, mi cuñada y Alice han estado de compras.
- Sí. Tienen un gusto exquisito. ¿Puedo decirle a la ayudante de la princesa Rosalie que asistirá a la reunión del club?
Bella dudó. Hasta entonces no había pensado en cuántas obligaciones reales quería asumir. Por otro lado, Rosalie le caía muy bien, y no quería fallarle.
- Lo haré - aceptó con un suspiro - Pero solo por esta vez!!
El rostro de Jane se ilumino y juntó las manos.
- Se lo agradecerá enormemente. Y ahora, permítame que la ponga al día con su agenda.
Desde ese día, Bella se sintió como si estuviera pisando continuamente una cascara de plátano. Su agenda estaba llena de invitaciones y compromisos. Le hacían tantas preguntas sobre Edward que tuvo que aprender rápidamente el arte de decir algo sin revelar nada. Pero las preguntas, le recordaban que aquel matrimonio era solo una farsa. Había mucho que no sabía del hombre que tenía por marido.
Intentó no pensar en el hecho de que Edward se fuera a trabajar todos los días, incluso los fines de semana. Solo lo veía durante la cena con la familia, o cuando físicamente le recordaba por las noches las promesas de amor eterno.
Pero ella anhelaba mucho más. Le preguntaba por su día de trabajo, y él le hablaba de los niños a los que había tratado y de los otros médicos voluntarios que se prestaban. Bella se encontró a sí misma envidiando el tiempo que Edward pasaba fuera del palacio y eso la desconcertaba. Sabía que esos sentimientos eran peligrosos, porque Edward había sido muy claro desde el principio acerca de sus prioridades y ella lo había aceptado. Pero necesitaba desesperadamente un cambio de vida.
Una noche, después de hacer el amor, se acurrucó contra él.
- Edward… déjame ir contigo mañana.
Él se quedó rígido y callado durante un rato.
- No volveré al palacio hasta muy tarde. Demoraré mucho.
- No importa. Solo quiero acompañarte. Me mantendré al margen, pero de verdad quiero ir contigo.
- Pero, Bella, pensaba que querías terminar tu tesis. Y últimamente no has hablado de eso.
Sus objeciones le provocaron a Bella un nudo en el estómago, pero estaba decidida.
- No he tenido tiempo… por culpa de mis obligaciones reales.
- Diles que te vacíen la agenda - le aconsejó él, y le pasó una mano por el pelo - Estás permitiéndome cumplir con las cosas que son de vital importancia para mí. Y yo te prometí que haría lo mismo contigo.
Bella suspiró. No podía discutirle aquello sin revelarle que simplemente quería pasar más tiempo con él. Si se lo confesaba, Edward podría suponer que lo amaba, y entonces las cosas entre ellos empeorarían aún más. Frustrada, se quedó despierta, intentando no sentir lo que sentía.
"Diles que te vacíen la agenda". Era más fácil decirlo que hacerlo. Todo el mundo exigía una explicación, y ella no podía dar ninguna sin revelar su propósito de acabar una tesis. Incluso dudaba que esa fuera una excusa válida en el palacio.
Cada noche le preguntaba a Edward si podía acompañarlo al día siguiente, pero él siempre le ponía una excusa. A la quinta noche estaba tan dolida que se encerró en el cuarto de baño a llorar. Cuando Edward la besó antes de irse por la mañana, fingió estar dormida. En cuanto él se marchó, miró el vestido que estaba colgado en la puerta del armario. Tenía que llevarlo puesto aquel día en varios compromisos, en los que de nuevo tendría que fingir ser la esposa feliz del príncipe.
Pero la verdad era que no se sentía como su esposa, y mucho menos feliz. Le parecía llevar la ropa de otra persona, vivir la vida de otra persona. Era una horrible sensación de ahogamiento.
¿Sería así el resto de su vida? ¿Haciéndose creer que no amaba a Edward y fingiendo ser otra persona? Aquella posibilidad la aterrorizaba tanto que apenas podía respirar.
Haciendo un esfuerzo por calmarse, supo que tenía que hacer algo drástico. Y pronto.
Hola!
Queridas lectoras, la vida de Bella no es color de rosa :( Lamentablemente las cosas estan un tanto complicadas en este penultimo capitulo!!!! como irá a terminar está historia? Bella aguatará estar casada con un principe? aceptará todas las obligaciones que conlleva? Edward se dará cuenta del sufrimiento de Bella? Que pasará con esta pareja? Todo esto y mucho mas, este DOMINGO, en el último capitulo de esta historia!!!
Chikas!! se han portado ultra mega bien dejando sus reviews y se los agradezco de todo corazon!Cada palabra me llena de alegría :D Y espero que en este capitulo no se queden atrás y dejen sus reviews para saber que tal les pareció xD
Nos vemos el domingo, con el ultimo capitulo! no lo olviden, asi que atentas! Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS! o no habrá final! jajajaja es broma (no soy tan mala! nunk les haría eso xD)
Un abrazo!
PollyCox99
