No pude evitar sonreír y negar levemente riendo entre dientes mientras observaba como mi Renesmee jugaba infantilmente con Jacob. Mi angelito le perseguía, riendo a carcajadas intentando atrapar al enorme muchacho, quien la evadía como podía.

- Oh, Edward… Apuesto a que nunca pasó por tu mente que todo pudiera terminar tan bien –Bella susurró en mi oído.

Aquella acotación desprendió una sonrisa de mis labios, y posé mi mirada en los dorados ojos de mi esposa. Me devolvió la mueca antes de depositar un tierno beso en mis labios.

- Va más allá de cualquier cosa que haya anhelado – le confesé con suavidad.

Y es que casi ni me podía creer que esta fuera mi vida. Con mis casi cien años de vida, uno creería que sería difícil sorprenderme. Yo mismo lo había creído así.

Pero, aquí me encontraba.

Sentado en los escalones del umbral de mi casa con Bella a mi lado. Bella, quien todo lo contra posible había sobrevivido a todo obstáculo que se le había presentado en su vida humana e inmortal. Quien había desafiado a todo lo que había por desafiar, incluyéndome, para hacer mi existencia perfecta.

Observando a Renesmee jugar. Renesmee. Mi hija, mi pequeña y maravillosa sorpresa. El ser que antes había odiado, que tan mal había discernido y que había deseado destruir ahora era otro enorme faro junto a la enorme y brillante luna que iluminaba la noche de mi vida. La oscuridad se había vuelto luz gracias a ambas. La noche se había convertido en día. Arropado en tan cálida y grata luz, ya no podía imaginar mi existencia sin alguno de mis indispensables focos.

Riendo de mi pequeña que jugaba con Jacob. Con mi enemigo como amigo. Jacob Black, el muchacho que más había odiado jamás y que más me había odiado jamás ahora era parte de mi vida, me gustara o no. Agradecía muy en el fondo de mi ser que no fuera lo último. Pues, increíblemente, todo lo ocurrido en tan poco tiempo, toda la lucha de ambos por proteger tanto a Bella como a Nessie había creado un agradable vínculo entre ambos. El pasado y las diferencias habían quedado atrás como si nunca hubiesen existido.

Mi experiencia me había hecho llegar a una conclusión; la vida era algo realmente irónico.

- Me alegra oír eso – murmuró Bella, sacándome de mis cavilaciones, mientras pasaba su mano por mi cuello para volver a besarme.

Le devolví el gesto con ternura, acariciando su tersa mejilla con delicadeza.

La risa exquisita de Renesmee casi nos obligó a elevar la vista. Imposible fue suprimir una sonrisa cuando vimos como se lanzaba sobre Jacob, quien la tomó entre sus brazos para dejarse caer al suelo para sentarse con las piernas entrelazadas en el suelo.

Renesmee se abrazó a Jacob entre carcajadas, colocando su manita sobre el amplio brazos desnudo del licántropo.

¡Te atrapé!, pensó mi hija mientras le enviaba su pensamiento a su amigo.

Jacob le respondió riéndose entre dientes de la orgullosa niña, antes de comenzar a hacerle cosquillas. La risa de Renesmee repiqueteó en el aire con más fuerza que antes mientas intentaba escapar del agarre de Jacob.

- ¡Detente! – logró manejar ordenar Nessie entre sus melodiosas carcajadas.

Esto pareció más bien alentar a Jacob.

- ¡Oblígame! – fue su respuesta.

Renesmee intentó zafarse y alejar las manazas del lobo en vano. Los dedos de Jacob parecían escurrirse de las manitas de Nessie, atacando su abdomen, cuello y brazos.

El aire rebosaba de su encantadora risa… hasta que sus dientes alcanzaron la mano de Jacob.

La blanca camiseta que (inusualmente) el licántropo llevaba puesta se tiñó de escarlata, y de los labios de Renesmee escapó un angustioso y lacerante sollozo.

- ¡Renesmee! – varias voces diferentes y sin embargo con el mismo tono de miedo chillaron a coro.

Con un brusco sonido, el corazón del licántropo dio un brinco mientras su mente se nublaba y sus ojos se abrían enormes debido al pánico que aquel sonido le produjo. Nos produjo.

Como un par de halcones que se lanzaban sobre su presa en picada, Bella y yo volamos al encuentro de nuestra hija, aterrorizados de preocupación. Renesmee no solía llorar, y cuando lo hacía, no era por nada.

Bella arrebató con un rápido movimiento a Renesmee de los brazos de Jacob, quien no se opuso y cuyo pálido verdoso rostro era un reflejo descompuesto del nuestro.

En menos de un segundo, nos llevábamos a nuestra bebé hacia dentro de la casa. Rosalie y Esme nos esperaban, ambas con idéntica expresión de preocupación mientras se frotaban las manos, inquietas.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó mi madre mientras comenzaba a seguirnos, en dirección a la cocina.

- ¿Está bien? – agregó mi hermana, imitando a Esme.

Más que responder, nos limitamos a comprobar. Bella sentó a Renesmee en la mesada, y la inspeccionó con rapidez y cuidado, el resto observando atentos y haciendo una revisión respectivamente.

Se encontraba perfecta. No tenía daño alguno y nada le dolía, podía saberlo gracias a mi don. Y, sin embargo, aún permanecía inquieta, molesta.

Bella la cargó, y siendo acunada entre los brazos de su madre, se calmó un poco, aun con sus enormes ojos chocolate algo vidriosos y sorbiendo la nariz de vez en cuando.

- ¿Estas bien, cariño? – preguntó Bella.

Nessie negó mientras estiraba su manita para colocarla sobre la piel desnuda del brazo de mi esposa.

La imagen de Jacob apareció en mi mente tan claramente como si Renesmee se encontrara utilizando su don conmigo.

Bella sonrió levemente, claramente aliviada de que el problema no tuviese nada que ver que nuestra hija.

- Jake está bien – le aseguró con tierna voz mientras acariciaba su mejilla encendida.

Como si hubiese sentido que lo llamábamos, el licántropo apareció en la puerta apresuradamente, su peculiarmente pálido rostro el reflejo de la preocupación, su húmeda camisa echa un bollo entre sus manazas.

- ¿Como está Nessie? – preguntó, clavando sus ojos en Renesmee.

- Bien… – respondió Bella sin levantar la vista de la niña.

- Algo asustada y preocupada – añadí, acariciando los rizos de mi hija.

Jacob le sonrió a Renesmee, quien oculto su rostro en el menudo hombro de su madre.

- No me has hecho nada, Nessie – murmuró mientras ella se asomaba apenada – No pasa nada, me curó rápido –

Evité fruncir la nariz. Si el licántropo en sí apestaba, su sangre lo hacia aun más. Y eso que había intentado limpiado la camisa y lo que podía oler eran solo restos del aroma original. Carlisle había supuesto que los lobos nos olían nada apetecibles debido a un mecanismo de defensa. Que su sangre apestara el doble supongo que reafirmaba su conclusión.

Pero aun así, entre aquel molesto efluvio, pude captar otro aroma. Casi imperceptible.

- Espera un momento… - murmuré.

Inclinándome hacia Jacob, olfateé.

- Eh, ¿qué haces? – preguntó alarmado Jacob, retrocediendo un paso inconscientemente.

Edward, estas empezando a inquietarme… aléjate, ¿quieres? No me obligues a encajarte un puñetazo, ignoré los pensamientos del lobo.

Nuevamente reprimí arrugar el ceño mientras inspiraba. Si, camuflado, allí volvía a estar. Un aroma dulce. Apreté mis labios algo pensativo, y dejé que mi rostro demostrara mi leve confusión.

Me erguí y clavé mis ojos en la inquieta mirada de Jacob.

- Esa no es solo tu sangre – declaré.

Bella, Rosalie, Esme y Jacob permanecieron asimilando la información por unos segundos. El último levanto su camisa a la altura de su cara y la olfateó, mi hermana, mi madre y mi esposa estirando el cuello para poder olfatear la prenda también.

Bella y Esme disimularon su disgusto, sus rostros solo mostrándose pensantes. Rosalie, por su parte, no se molestó en fingir, arrugando (más de la cuenta) la nariz.

- Agh – se quejó, alejándose de la prenda.

- Edward tiene razón – murmuró Esme suavemente, elevando sus ojos dorados para mirarme.

Bella volvió a olfatear, no del todo segura.

- Huele como… - murmuró antes de mirar a la niña que llevaba en brazos, sorprendida.

Mis ojos se abrieron al darme cuenta de a que se refería.

Renesmee.

Como si lo hubiéramos ensayado, nuestros cuatro pares de ojos miraron hacia Nessie, quien nos observaba ahora con sus enormes ojos pardos. Nos sonrió tímidamente, y, a coro, los cinco ahogamos un grito.

- Su… - Rosalie no terminó su frase mientras la sonrisa de nuestra hija desaparecía - Su… diente -

Mecánicamente, Jacob levantó su mano. A gran contraste de su piel cobriza, brillaba como una perla además de una rosada cicatriz en forma de dentadura un pequeño dentecillo.

Permanecimos congelados por una fracción de segundos, más que sorprendidos. Volvimos a mirar a Renesmee, quien miraba al diente sin comprender nada y con sus carnosos y rosados labios entre abiertos, dejando ver el espacio vacio donde antes había estado su canino.

- ¿Es… mío? – susurró Nessie con su voz de soprano mientras se llevaba una manita a la boca.

La respuesta quedó en el aire mientras ella misma la buscaba. Pasó su lengua por sus dientes, y frenó en la ventanilla de aquella perfecta pared de marfil. Sus ojos se abrieron como platos mientras su mente se nublaba debido al pánico.

Las lágrimas no tardaron en acudir a sus ojos.

- ¡Lo quiero de vuelta en donde estaba! – chilló, atemorizada.

Sollozó siendo acunada nuevamente por Bella, quien comenzó a intentar consolarla.

- Tranquila, cariño – murmuraba.

- No te preocupes – agregué – Esto no es nada del otro mundo, Nessie –

Se sorbió la nariz y clavó sus ojos llorosos con un brillo de esperanza.

Pero se me ha caído un diente… Mi sonrisa esta rota…, pensó apenada.

No pude evitar reír entre dientes mientras tomaba a Renesmee de los brazos de Bella para pegarla contra mi pecho, acariciando sus suaves y largos rizos cobrizos.

- A todo el mundo le pasa – le aseguré.

Me observó por un instante, buscando la mentira en mis ojos.

- Así es – se sumó Rosalie dando un paso al frente para colocarse a mi lado y sonreírle.

- No tienes nada de que preocuparte - Bella besó la coronilla de Renesmee antes de bajar la voz juguetonamente y echarle un mirada maliciosamente a Jacob - Si te descuidas a Jake se le han caído los dientes hace no mucho –

Nessie miró a Jacob sorprendía mientras los demás soltábamos unas risillas entre dientes.

- Solo envidias mi juventud, Bells – le atajó Jacob.

Mi esposa revoleó los ojos.

- Noticias para ti, Jake; soy inmortal –

Jacob se encogió de hombros.

- Sigo siendo más joven – replicó.

- Un año – Bella remarcó su respuesta levantando su índice – Y, serás más joven, pero te ves más viejo que yo. Diablos, Jake, te ves más viejo que Carlisle –

No pudimos evitar carcajear. Jacob, sin embargo, ni se inmuto.

- Envidiaras mi aspecto el día que necesites hacerte pasar por un mayor de edad – terció muy pagado de si mismo.

Esme negó suavemente con desaprobación y una sonrisa pendiendo de la comisura de sus labios antes de dirigirse a Renesmee, quien observaba y escuchaba todo cayada, aún preocupada.

- A todos los niños se les caen los dientes a cierta edad, Nessie – susurró dulcemente.

Pero…, Nessie interrumpió y volteé mi cabeza para mirar a sus entristecidos y llorosos ojos, tú, mamá, Jacob, Rosalie, Esme… todos tienen sus dientes

- Les han vuelto a crecer – murmuré – A ti también te volverán a crecer. Cambiaras toda tu dentadura por otra nueva –

- Una mejor – agregó Rosalie con suavidad.

Renesmee asintió una vez en silencio, pensativa, inconscientemente llevándose nuevamente su manita a su boca.

- Y esa no es la mejor parte – agregó Rose.

Renesmee elevó la vista para mirarla con curiosidad.

- ¿Hay más? – inquirió.

Con inhumana velocidad, Rosalie aferró con fuerza la muñeca de Jacob para extender el brazo del sorprendido licántropo. Sin cuidado, tomó el dientecillo con su índice y pulgar en pinza, y lo arrancó con brusquedad de la mano del lobo, logrando que éste aullara (más por la sorpresa y costumbre que por dolor) y que Renesmee gimiera suavemente, angustiada, escondiéndose contra mi pecho.

Ignorándolos a ambos, Rosalie sonrió maternalmente y le tendió el diente a mi hija.

- A alguien le visitará el hada de los dientes esta noche – canturreó suavemente Rose.

Renesmee se asomó tímidamente, y la miró con sus enormes ojos chocolates llenos de curiosidad.

- Y ella… ¿Qué hace? – murmuró mientras lo tomaba.

Jacob interrumpió antes de que alguno pudiera responder.

- ¿No sabe quien es el hada de los dientes? – miró a Nessie más que extrañado antes de posar sus ojos en Bella y en mí y fruncirnos levemente el ceño - Vaya, ustedes son unos padres terribles –

Revoleé los ojos mientras Bella le fruncía el ceño a la vez que ponía ambas manos en sus caderas.

Rosalie, Esme y Nessie nos ignoraron.

- Ella pasa por las noches por los cuartos de los niños que han perdido un diente – contó Esme sonriente - Basta con que pongas tu dientecillo bajo tu almohada y ella vendrá por él –

- Y te dejará dinero a cambio – agregó Rose.

Nessie miró el diente en su palma por un instante antes de elevar su vista.

- Quiero irme a dormir – sentenció con una enorme y graciosa sonrisa con ventilación.

Reímos entre dientes.

- Son las cinco de la tarde, Nessie – revolví su cabello con ternura.

No importa, pensó mientras saltaba de mis brazos al suelo.

Desfiló fuera de la casa, saludando educadamente a Esme y a Rosalie antes de salir, siendo seguida por Bella, Jacob y por mí.

- Será mejor que nos apresuremos – Bella miró hacia cielo, o mejor dicho a las pobladas y negras nubes que lo escondían.

- En ese caso, también me voy – agregó Jacob y se acuclilló para estar a la altura de Nessie, quien se abrazó a él sin titubear – Nos vemos mañana, pequeña –

Ella sonrió y colocó su manop en la mejilla del licántropo.

No vemos mañana, Jake.

Jacob le revolvió la cobriza melena antes de elevar los ojos hacia ambos padres.

- Eso va para ustedes también – agregó.

- Adiós, Jake –

- Hasta mañana –

Dio media vuelta, y nosotros hicimos lo propio, apresurándonos a llegar a nuestra cabaña, pues gordas gotas habían comenzando a caer del cielo.

Una vez dentro, seguimos a Renesmee hasta su habitación, donde se cambió con rapidez y entró en su cama sin chistar. Colocó su dientecillo bajo su almohada antes de dejarla caer sobre él, y observarla por un par de segundos casi como si esperara que el hada se materializara.

- Buenas noches, cariño – Bella la arropó antes de besar su coronilla.

- Que duermas bien – agregué, acariciando sus rizos.

Ella nos sonrió en respuesta antes de acomodarse y cerrar sus ojos, incapaz de borrar su sonrisa.

Salimos de su habitación en silencio antes de cerrar la puerta.

- Vaya… ¿Quién lo diría? – murmuró Bella mientras se abrazaba a mi cintura.

- Jamás se me hubiese ocurrido que Renesmee pudiera perder un diente – asentí mientras nos guiaba hacia el sillón de la sala de estar.

Nos deje caer en el, y Bella se acomodó en mi regazo.

- ¿Sabes? Me sorprende que se lo haya creído todo ese rollo del hada de los dientes – frunció levemente el ceño algo decepcionada, estoy seguro. Apuesto a que pensaba que Renesmee era más inteligente que eso.

- Vive en un mundo de vampiros y hombres lobo– respondí en defensa de nuestra hija - Un hada no suena como algo tan ilógico si lo analizas –

Bella pareció pensárselo.

- Supongo – se encogió de hombros para luego suspirar y dedicarme una sonrisa amplia.

Se la devolví no del todo seguro.

- Es tan raro… casi imposible – la mirada de mi esposa se perdió en la lejanía por un instante antes de volver a posarse en mis ojos – Nosotros… padres… teniendo momentos paternales… -

Acaricié su mejilla con ternura.

- Y yo que habría creído que no podrías hacerme más feliz de lo que era – canturreé.

Ella sonrió muy pagada de si misma.

- Soy una caja llena de sorpresas – replicó.

- Lo sé – fui por sus labios – Y me encanta –

Ella me devolvió el beso con ternura antes de separarse.

- Todo es tan perfecto… todos los problemas que habíamos tenido se ven tan distantes, tan pequeños – murmuró.

Reí entre dientes mientras besaba la línea de su mandíbula.

- Eso es porque aun eres nueva – respondí – Para mi todo es aún reciente… tan fresco… como si hubiera sido todo ayer –

- Ventajas de no llevar tanto tiempo con vida; aun tengo una percepción normal del tiempo – terció Bella mientras entrelazaba sus finos dedos por mi cabello.

- Mmm – murmuré contra su cuello - Hace casi un siglo que me vengo cuestionando el significado de la palabra "normal" –

- Creo que una buena idea de encontrarlo sería buscándolo fuera de Forks -

- No critiques Forks – reprimí una sonrisa – Encontré lo mejor que me ha pasado en Forks –

Bella me sonrió.

- Yo también – replicó besándome dulcemente – Cuando me mudé aquí creí que iba directo al infierno cuando en realidad estaba yendo justamente en la dirección contraria –

- Sin duda esta también es mi definición de cielo – susurré contra sus labios.

Bella rió por lo bajo mientras dejaba que la tumbara suavemente en el sillón. Me coloqué con un cuidado del que ya no requería sobre ella para acariciar su cabello y colocarlo detrás de su oreja para dejar su perfecto rostro al descubierto y mirarla con adoración.

- Te amo – murmuré – Con todo mi ser -

- Con todo mi ser y más – respondió mientras colocaba ambas manos a ambos lados de mi rostro para besarme.

Tomé su nuca con una mano, y con la otra atrapé su cadera. Sus manos, por su parte, se entrelazaron en mi cabellera y en mi costado, mientras me empujaba con suavidad y urgencia hacia ella.

Nos besamos por no tengo idea cuanto tiempo, pues el fuego en mi interior además de quemar mi cordura parecía quemar el tiempo.

Despegué mis labios de los de Bella mientras ella besaba mi cuello, e intenté concentrarme ante el repentino movimiento que acababa de percibir. Casi a regañadientes, tomé las manos de Bella por sus muñecas para detenerlas en su exploración debajo de mi camisa por mi espalda.

Dejó de besarme para mirarme confundida, hasta dolida. Le dedique una sonrisa para tranquilizarla.

- Está despierta – respondí lo más bajo que pude.

- Oh - las facciones del rostro de Bella se suavizaron. Aunque esto no quiso decir que no hubo lugar para el fastidio.

Reí entre dientes antes de depositar un rápido beso en sus labios y erguirme. Ella permaneció un instante tendida, mirando el techo haciendo un mohín. Se irguió y cruzó de brazos justo en el instante en el que oímos en la habitación de Renesmee el sonido de un par de piececitos golpear el suelo. Con un paso suave y algo pausado, se dirigieron hacia la puerta de la habitación para titubear un instante.

Volteé la cabeza sobre el respaldo del sillón en cuanto oí el rechinar de la puerta. Le sonreí a Nessie, quien asomaba su cabeza por la puerta. Me devolvió levemente la mueca antes de correr en dirección al sillón y sentarse en el regazo de su madre.

Todo resentimiento que Bella pudiera haber tenido por nuestra hija por interrumpirnos desapareció n cuanto sus ojos se encontraron. Uno simplemente no podía permanecer enojado con una criatura tan encantadora.

- ¿Qué pasa? – inquirió.

Nessie tocó el rostro de su madre para transmitirle toda su inquietud y como se había removido y dado vueltas en la cama mil veces, incapaz de conciliar el sueño.

- Estás ansiosa – murmuró Bella.

No puedo dormir, replicó Nessie.

Bella apretó los labios.

- Eso puedo ver –

- ¿Qué quieres hacer para pasar el tiempo? – pregunté.

No lo pensó ni un segundo.

Quiero permanecer despierta.

- Quiero ver al hada – sentenció.

Bella y yo intercambiamos miradas.

- Ella viene cuando duermes, Nessie –

No dormiré, terció con simpleza.

Me propuse a replicar, pero algo arrastró toda mi atención como el agua se va por el fregadero cuando uno quita el tapón de éste.

Déjala, Bella me abrió su escudo, No podrá pasar toda la noche despierta. Deja que trate. A que no llega ni a media noche ates de dormirse.

Sentí si un telón repentinamente bajara para volver a esconder la mente de Bella. Suspiré al darme cuanta que había estado reteniendo el aire. Creo que nunca me acostumbraré a la emoción que me causa oír a mi Bella.

- Está bien – replicó mi esposa – Esperaremos -

Renesmee sonrió ampliamente, enseñándonos su recientemente adquirida ventanilla.

- ¡Podemos hacer como una fiesta! – agregó Nessie.

En cuanto oí la palabra "fiesta", miré hacia Bella para ver como su rostro se caía. Reí con ganas al ver como la jugada le había salido mal.

- ¿Una fiesta? – inquirió quejumbrosa intentando sin éxito recomponer su postura calmada - ¿Así como una… pijamada? -

Renesmee asintió enérgicamente, sonriente.

Así no nos dormiremos. Oh, ¡y podríamos invitar al resto!, rió nuestra hija.

- ¿Al resto? – preguntó Bella.

Renesmee volvió a asentir. Mi esposa parecía a punto de ponerse a llorar, y me costó mantener compostura. En fin… decidí que era el momento para que el valiente caballero errante de brillante armadura entrara en acción.

- Nessie, no creo que se pueda – repliqué con suavidad, y los ojos de Bella se iluminaron mientras los de Renesmee se entristecían. Mis fuerzas flaquearon, pero decidí mantenerme fuerte… después de todo, yo era el padre – Con la que está cayendo no creo que… -

Callé a mitad de frase, y ambas me miraron mientras mi mirada se perdía.

- ¿Edward? – Bella chaqueó sus dedos frente a mi cara.

Le miré.

- Lo siento, amor – murmuré.

Mi esposa me dedicó una mirada extrañada.

- ¿Qué? Pero, ¿por… -

Fui interrumpida por la puerta de entrada que se abrió. No me moví de mi lugar, pues no necesitaba hacerlo para saber de quien se trataba, pero los ojos de Bella volaron hacia la puerta para dilatarse con terror. Nessie, por su parte, chilló alegre.

- ¿Alguien dijo "pijamada"? –

Suspiré antes de voltearme y encarar a nuestros huéspedes.

Alice entró a la cabaña con una enorme sonrisa, seguida de Rosalie, Jasper y Emmett, estos últimos cerrando los paraguas que llevaban, mojando levemente el suelo al hacerlo.

Noté extrañado que ambos rubios llevaban puesto un conjunto deportivo vago que supuse que pretendía ser un pijama, mientras que Alice lucía uno en toda regla (no me sorprendía… a pesar de no necesitar un pijama por no dormir, a puesto a que no había podido contenerse de comprar por lo menos uno) y Emmett… le fruncí el ceño a Emmett al verle solamente con una simple camiseta y ropa interior.

Captó mi mirada y ni siquiera intentó reprimir su sonrisa.

¿Qué? Así dormía cuando era humano, se defendió.

- Oh, no – Bella me miró con pavor - ¿Cómo se han enterado? -

- Lo vi venir – le interrumpió Alice sonriendo ampliamente mientras sus ojillos brillaban –Y jamás me perdería una fiesta. Hubiese preferido que solo fuera de chicas, pero bueno. Es de Renesmee, y ella así lo quere –

La aludida rió encantada.

- Jacob – me miró con sus amplios ojos esperanzada, pidiéndome permiso.

Negué levemente.

- Hoy no, Nessie –

Ella hizo un mohín.

Por favor, papi, pidió abriendo sus ojos con inocencia.

Yo era el padre, yo era el padre, yo era el padre… No podía dejar engatusar así… No podía ceder… ¿Qué clase de educación le estaría dando sino? Debía ser fuerte…

- Hoy no – repetí con dificultad – Está lloviendo, y ya debe estar cómodo en su casa, Nessie -

Aunque estaba seguro de que si hubiéramos levantado el teléfono y llamado a Jacob avisándole de la nueva fiesta de Renesmee, no se habría tardado ni dos segundos en aparecer por la casa con sus pijamas bajo un brazo, y una bolsa de dormir bajo el otro.

La imagen me hizo sonreír divertido.

- ¡Esto va a ser tan divertido! – Alice saltó en su lugar.

Nessie le sonrió dándole toda la razón antes de correr velozmente hacia su habitación y volver a aparecer con su almohada, una sabana, y su puñito cerrado, donde llevaba su diente.

Se acomodó en el espacio que había entre Bella y yo y sonrió ampliamente.

- ¿Por donde empezamos? – inquirió emocionada mientras se arropaba innecesariamente.

- Pues… - Alice se llevó una delgada mano al mentón mientras pensaba y el resto tomaba lugar en el suelo - Las pijamadas suelen empezar con un juramento -

- ¿Qué se jura? – preguntó Renesmee curiosa.

- No dormir – Alice respondió, su voz nada acorde con la emoción que sentía mi hija - El que se duerme, recibe un castigo. Pero podemos saltearnos esa… -

- Lo juro – Nessie le interrumpió sonriente mientras levantaba su mano derecha antes de mirarnos expectante sin perder su sonrisa.

Deben jurarlo también, pensó.

Suspiré antes de imitarle.

- Lo juro – murmuré.

-Lo juro - repitió el resto.

El quedarse toda la noche despierto pierde su emoción cuando uno no duerme, Emmett acompañó su pensamiento con un bufido. Le dediqué una severa mirada que ignoró.

Sin percatarse la aburrida mueca del vampiro y logrando lo imposible, la sonrisa de Renesmee se ensanchó. Sus ojillos brillaron de felicidad, y volvió a mirar a Alice. Sin embargo, la respuesta vino de otra boca.

- Verdad o consecuencia – sentenció Emmett, acompañando su sentencia con un "Si vamos a hacer un boba pijamada, por lo menos hagámosla interesante" en su fuero interno.

Esto captó la atención de todos los presentes, a quienes un brillo maligno pareció brillar en sus ojos, como si en dorado de ellos fuera realmente oro.

Renesmee, por su lado, miró alrededor, intrigada, antes de posar su mirada en mí.

¿Qué es eso?, preguntó inocentemente.

- Observa – murmuré mientras la tomaba en mis brazos y le besaba la coronilla.

- ¡Yo empiezo! – Emmett levantó su mano mientras se cruzaba de piernas como un indio - ¡Bella! –

Bella se irguió en su lugar mientras sus ojos se abrían con pánico.

- ¿Por qué a mí? – suspiró antes de mirar a mi hermano con torturada mirada - Verdad –

- No necesité ser Alice para saber que dirias eso – replicó Emmett, cuya pregunta ya estaba lista.

- Mantelo en APT, Emmett – gruñí bajo mi respiración.

Me ignoró.

- Hermanita… un pajarillo me contó por ahí que luego de tu luna de miel con Edward, Isla Esme no quedó exactamente como se las habían dejado ¿Es eso verdad? – inquirió.

De mi pecho y del de mi esposa emanaron un bajo gruñido.

- ¡Habíamos quedado que no tocarías más el tema! – le acusó Bella, ceñuda.

- No toque ese tema - Emmett sonrió con inocencia - Solo pregunté por Isla Esme –

Bella gruñó y se cruzó de brazos, furiosa, pero también claramente avergonzada. Casi esperé que se ruborizara.

- Es verdad – finalmente murmuró.

- Queremos más respuesta que dos palabras, Bella – replicó Emmett, y Alice y Rosalie asintieron reprimiendo sus risillas.

Bella le enseñó los dientes con un siseó a Emmett antes de volver a su enfurruñada postura.

- Alice – llamó.

- Verdad – cantó en respuesta la aludida.

Bella suspiró antes de erguirse y pensarse la pregunta. Decepcionado al no poder oír que preguntaría, me dediqué a prestarle atención a Renesmee.

- ¿Entiendes el juego? – pregunté con suavidad.

Ella asintió.

Quiero que sea mi turno, pensó, y reí entre dientes.

- Puede que luego te arrepientas – respondí.

- Lo tengo – levanté la mirada para ver a mi esposa, quien observaba a la expectante Alice - El materialismo y consumismo compulsivo generalmente indica vacío interior… ¿Qué intentas compensar, Alice? –

La menuda vampira miró a Bella con unos sorprendidos ojos mientras el resto se carcajeaba a mandíbula suelta.

- Me las pagaras - Alice entre cerró sus ojos recelosa.

- ¡Responde, Alice! – apremió Emmett, divertido.

La aludida bufó y no tardó ni un segundo en responder.

- ¿Qué trató de compensar comprando? Tu mal gusto en la moda, Bella – replicó con indiferencia.

Touché, mon amie.

Más carcajadas tronaron, y admito avergonzado que yo mismo me encontraba entre los que reían.

- ¡Edward! – me miró Alice, logrando que las carcajadas cesaran y las doradas y chocolate miradas de la cabaña se posaran en mi.

Me dediqué a escuchar la mente de Alice, esperando poder sonsacar que tenía planeado para mí. Se dio cuenta y me sonrió.

Improvisaré, Edward, me informó.

Suspiré vencido.

- Verdad -

Alice frunció levemente el ceño mientras todos le mirábamos expectantes. Varias preguntas pasaron por su mente, ninguna satisfaciéndola, hasta que finalmente encontró la que creyó adecuada. Sonrió complacida. Y yo me pregunté si tal vez no hubiese sido mejor elegir consecuencia.

- ¿Te gustó la lencería que le he comprado a Bella? – inquirió.

Hubo un minuto de silencio en el que supe que todos intentaban mantener las risas. Bella por su lado, se quedó mirando a Alice, incrédula y avergonzada.

Bastaron tres palabras para desatar las carcajadas.

- ¿Qué es lencería? – Renesmee me miró con sus enormes ojos chocolate.

Miré a mi hija, incapaz de creerme lo que había preguntado mientras en mis oídos resonaban estruendosas risas.

- L-Luego te decimos, cariño – tartamudeó mi esposa incómodamente.

Le fruncí el ceño a Alice con se sostenía las costillas mientras reía. Intentó dedicarme una mueca inocente.

- ¿Y bien? – me urgió intentando acallar sus risas.

Suspiré nuevamente y contuve una mueca de dolor.

- Si – gruñí, desencadenando risillas.

- Me alegra que hallas sido sincero, Edward – respondió Alice, guiñándome un ojo.

Negué levemente.

- Me toca – murmure, y una sonrisa se asomó por la comisura de mis labios - Nessie -

Mi hija me sonrió ampliamente.

- Consecuencia – respondió.

¡Al fin!, Emmett aulló salvajemente, esperanzado, ¡Esto estará interesante!

A que será blando por ser Renesmee, pensó por otra parte Jasper.

Reí entre dientes. Si, sabía que sería blando.

- Pues… - pensé por un instante – Mañana deberás comer la comida que te ofrezca Carlisle –

Porque, increíblemente, Carlisle aun continuaba ofreciéndole comida humana a Renesmee, quien se negaba a probar bocado.

Mi hija hizo un mohín.

¿Toda, papi?, preguntó.

- Luego veremos – respondí, y eso le alegró.

- ¡Mi turno! – chilló y miró alrededor, pensante, antes de llamar a Rose.

- Verdad – respondió mi hermana.

Mi hija volvió a sumirse en sus pensamientos de manera tan cómica que nos arranco una sonrisa a todos. Cuando al fin encontró su pregunta, no pude evitar fruncirle el ceño a Alice.

- ¿Sabes que es lencería? – preguntó Renesmee, mirando a la rubia con curiosidad.

El resto volvió a estallar en carcajadas, mientras Bella y yo mirábamos a Alice, asesinándola con la mirada.

- Es tu culpa – gruñí, y mi hermana solo continuó riendo.

- Pues… - ahora le fruncí el ceño a Rosalie, advirtiéndole prudencia – Lencería es como se le llama a la a ropa interior femenina, cariño –

Renesmee se mostró desencantada. Había apostado a que se trataba de algo mucho más interesante.

- Mi turno – casi ronroneó Rosalie, mirando alrededor – Jasper –

El aludido suspiró y se pensó bien que elegir.

Con Rose hay que andarse con cuidado, se dijo sabiamente.

- Verdad – finalmente decidió.

Me sorprendió con la rapidez que Rosalie inventó su pregunta.

- Todas las cicatrices de mordidas que tienes, ¿realmente todas te las han hecho neófitos en guerra? No serán de otra naturaleza, ¿verdad? – inquirió sugestivamente.

Volvimos a carcajear. La pregunta me había prarecido demasiado cómica y ambigua como para quejarme de la presencia de Nessie, por lo que me uní a las risas.

- ¡Hey! – se quejó Alice, frunciendo el ceño y llevándose ambas manos a las caderas.

Jasper, por su parte, la ignoró y respondió, sonriendo malignamente.

- No. No todas las mordidas que tengo me las han hecho neófitos –

La confesión nos dejó a todos mirándole con ojos abiertos.

- ¿Ah, no? – el ceño de Alice se frunció aun más.

Yo jamás le he mordido, pensó furiosa, Si tiene mordidas que no han sido de neófitos, ¡¿quién le ha mordido entonces?! ¡Más le vale…!

- No – Jasper interrumpió el hilo de pensamientos de mi hermana – Tengo una cicatriz de mordida en el brazo que me la había hecho mi hermano menor, y otra en la pierna que me la había echo el perro de mi vecino –

Reímos a mandíbula suelta mientras Jasper posaba un tierno beso en los labios de la ceñuda Alice, quien a pesar de todo, ahora estaba más tranquila.

- No fue gracioso – replicó ella intentando mantener su enojo, a lo que Jasper respondió con carcajear y abrazarla contra si.

- Si lo fue – murmuró – No siempre puedo sorprenderte, y es divertido hacerlo –

Ella bufó.

- Te toca – anunció a su esposo.

- Lo sé – respondió él – Emmett –

- Verdad – respondió el aludido.

Jasper se irguió en su lugar, sin soltar a Alice, quien se acomodó entre sus brazos.

- Emmett… todos sabemos que amas cazar osos… - Jasper contuvo una sonrisa - y da la casualidad de que un oso fue el que casi te mato ¿Es esta obsesión tu especie de venganza? –

Emmett no se tomó tan mal la pregunta como nos hubiese gustado.

- No – respondió – Me gusta cazar oso. Dan buena pelea, y hacen la cosa interesante. ¡Ahora es mi turno! ¡Renesmee! –

Clavó sus ojos en mi hija con una maliciosa hambruna.

Vamos, Nessie, pensó, vuelve a ser inconsciente y elige consecuencia… por favor, que el castigo que Edward te impuso da pena… oh, si tan solo yo hubiese estado en su lugar…

No pude evitar mirar a Renesmee con terror. ¡Solo Dios sabría las terribles cosas que podrían llegar a ocurrírsele a Emmett! Me dispuse a advertirle, sin embargo, Nessie me ganó.

- Verdad – respondió, y no pude evitar responder aliviado.

A Emmett, por su parte, se le cayó su sonrisa.

Demonios. En fin…, se encogió de hombros, algo resignado.

Varias ideas cruzaron por su mente a la velocidad de un rayo, mi hermano siempre descartando una idea tras otra, desconforme.

Sin embargo, apenas la pregunta que le satisfizo llegó a su mente, la soltó al instante, haciendo que no solo yo fuera el único que se tensaba en su lugar.

- Renesmee, ¿qué piensas de Jacob? – inquirió y a mi lado Bella siseó.

¡Está muerto! ¡No puedo creer que haya preguntado eso!

¡Y yo que creería que lo pasaría mal! ¡Esto si que está interesante!

¡Mira que tomar al toro por los cuernos de semejante manera!

Ignoré el bombardeo de pensamientos y posé mis ojos en los de Emmett, fulminándole con la mirada. Él me devolvió una inocente sonrisa mientras es encogía levemente de hombros. Gruñí, incapaz de reprimirme.

- Es mi mejor amigo – respondió Nessie, mirándome de reojo con una mezcla de sospecha y confusión.

Emmett, por su lado, me ignoró y contuvo una sonrisa. Sabía a donde iba.

- Si, Renesmee, eso ya lo sabemos todos. Pero como… muchacho – pronunció la última palabra con un tono provocativo antes de arquear varias veces sus cejas sugestivamente.

Mi inocente hija se vio completamente confundida por la pregunta, incapaz de entender a que se refería Emmett… antes de abrir sus ojos como platos y enrojecer hasta la médula. Su corazón se aceleró mientras en su mente podía ver como el flashback de una película cada sonrisa que Jacob le había dedicado, cada juego y conversación que ambos habían compartido, lo amablemente que él la trataba, los inocentes cumplidos que hacían a mi hija ruborizar, la tierna sensación que él le hacia sentir…

Le fruncí el ceño a Emmett y le enseñé levemente los colmillos mientras un apagado gruñido emanaba de mi pecho.

Vamos, Eddie. Al paso al que la pequeña Nessie va creciendo, pronto la veras con Jakey paseando de la mano como algo más que amigos. ¡Oh, hermano, no me imagino la cara que pondrás cada vez que Jake la valla a buscar para salir en una cita! Y, oh, no, Dios, creo que pagaría por…

- Bella, si respetas su vida, ¡caya a Emmett! – gruñí por lo bajo.

Mi esposa me respondió con un gruñido en dirección al aludido antes de que, al instante, dejara de oírle. Suspiré algo más parecido a un bufido. Por otro lado, mi querido hermano se mostró algo fastidiado por mi repentina sordera.

- Te pierdes la mejor parte – murmuró algo enfurruñado.

Nessie nos miró tímidamente, decidiendo si responder o no, antes de decidir lo primero y tomarse algo de tiempo y valor.

- Jake es bueno y muy amable conmigo… - balbuceó evitando nuestras miradas sin perder el color de sus mejillas, que más bien parecía incrementar – Lo quiero mucho… - calló durante un segundo antes de murmurar un casi inaudible balbuceo - Y… es… muy… apuesto… –

Sabía lo que pensaba Renesmee, pero oírla confesarlo en voz alta me hizo sentirme levemente abrumado y nauseabundo, si es eso posible. Bella a mi lado dejo de respirar y su mano voló hacia la mía en busca de soporte, aferrándose a ella como si su vida dependiera de ello. Agradecí que ya no tuviera su descomunal fuerza neófita. Creo que de haber podido, ambos nos hubiésemos empalidecido.

Por otra parte, Alice soltó una risilla. Emmett le acompañó con una risotada antes de sonreír en mi dirección malignamente. Agradecí a mi amada Bella que no pudiera leer lo que se encontraba pensado mi hermano. A pesar de no saber de que se trataba, si eran inocentes pensamientos o no, así lo prefería. La ignorancia, en ese momento, me pareció más segura.

¡Es un perro!, la intensidad del chillido mental de Rosalie casi me hizo hacer una mueca de dolor, ¡¿Necesito deletrearlo?! ¡P,E,R,R,O! ¡UN PERRO!

Renesmee, por su parte, evitaba mirarnos, con su rostro de un furioso escarlata. Carraspeó levemente antes de levantar la vista sin mirar a nadie en particular.

- Emmett – llamó, su voz cohibida - ¿Verdad o consecuencia? –

Emmett sonrió ampliamente.

- Consecuencia –

Renesmee miró alrededor, esperando que los ánimos se hubiesen calmado.

- Debes… - mi hija miró hacia el techo como si allí pudiera encontrar una idea. Cosa que evidentemente había sido así - Debes caminar por el tejado de la casa –

Oh, no. Las cosa no se quedarían así.

- ¡De Jacob! – me apresuré a agregar. Emmett se merecía un buen castigo.

- Durante la madrugada para ponerte a cantar como un gallo – me apoyó Alice.

- Disfrazado como tal – se sumó Jasper.

Bella, Nessie y Rose rieron por lo bajo.

Emmett bufó.

- Solo esperó que el tratado haga excepciones cuando se trata de cumplir "condenas"… Lo que me falta es que los perros tomen eso como una ofensiva y que Carlisle me sermoneé por causar problemas – susurró.

- A Jacob le parecerá gracioso – le resté importancia.

- O no – sonrió malévolamente Bella.

Emmett revoleó los ojos antes de mirar hacia su esposa.

- ¿Rose? –

- Consecuencia – ronroneó Rosalie seductivamente mientras iba por los labios de su esposo.

- Mmm… esto estará bueno – sonrió Emmett mientras mi boca se abría con terror al oír las tantas cosas que empezaban a ocurrírsele.

- ¡Ya, este juego se volvió muy aburrido! – Bella chilló, su melodiosa voz una octava más alta de lo normal.

Agradecí que hubiese visto sus intenciones y les hubiese detenido.

- Como quieran – replicó Emmett antes de voltearse hacia Rosalie – Pero me debes una – y le guiñó un ojo.

Rosalie rió antes de asentir.

- ¿Qué sigue? – Renesmee miró alrededor exaltada.

Permanecimos en silencio, mentes en blanco buscando ideas, antes de que Alice interrumpieran la calma.

- ¡Maquillaje! – chilló, saltando de los brazos de Jasper.

No pude evitar hacer una mueca mientras Rosalie y Renesmee festejaban la idea, Emmett y Jasper intercambiando inquietas miradas.

Bella, por su lado, carraspeó sonriente, logrando que arqueáramos nuestras cejas incrédulos. ¿Bella sonriendo ante la idea de maquillaje? ¿A dónde iba el mundo?

- Un detalle – murmuró muy pagada de si misma.

Le miramos con curiosidad, los hombres esperanzados.

- En mi cabaña no hay ni una pizca de maquillaje – se irguió orgullosa.

Jasper y Emmett soltaron unos aliviados suspiros mientras Rosalie fruncía los labios y la sonrisa de Renesmee se caía. Mi mueca sin embargo no cambio; después de todo, soy un lector de mente.

- Oh, Bella… - Alice negó decepcionada – Como se nota que no has puesto ni un pie en tu nuevo armario – suspiró con cansancio – Deberías conocerme mejor, ¿sabes? –

Los ojos de mi esposa se abrieron como platos.

- No… - susurró.

Alice le sonrió.

- Si – le guiñó un ojo – No solo fui de compras para llenar tu armario de ropa. Tienes una exclusiva caja de los mejores cosméticos que he conseguido y más – se paró y dirigió hacia nuestra habitación, metiéndose en el enorme armario y rebuscando.

Bella hundió su rostro entre sus manos mientras aquel monstruito llegaba con una caja que cualquier ser humano normal se preguntaría como podría cargar con tan finos brazos.

- ¡Ta-dá! – dejó la caja en el suelo para levantar su tapa y revelar su contenido; cremas, labiales, rizadores, delineadores, base, y millones de cosas más que no tenía ni idea para que servirían.

- Oh, Alice – se quejó Bella sin levantar su rostro - ¿Para que me has comprado tantos cosméticos? ¡Como si los necesitáramos! ¡Míranos! – y señalo nuestro bellísimos rostros.

- Tiene un punto – murmuró Jasper, desesperanzado.

Renesmee saltó de su lugar al suelo y comenzó a examinar el contenido de la caja, su satisfacción reflejada en su rostro. Elevó su vista a Alice mientras tocaba su mano para utilizar su don y le sonreía ampliamente.

¡Podríamos hacer una pasarela! ¡Como un desfile!, exclamó.

Los ojos de Alice brillaron y saltó en su lugar dejando escapar un gritito.

- ¡Brillante! – chilló.

Bella tomó mi mano y me miró a los ojos con pavor, temiendo lo peor.

- ¿Qué…? – su voz se quebró y no le permitió terminar su pregunta.

- Un desfile – murmuré, los cuatro pares de ojos que me habían estado mirando expectantes y (un par) preocupados ahora se clavaban en Nessie y Alice.

- Oh, no – murmuraron Bella y Jasper.

- ¡Oh, si! – respondió Alice desbordando alegría mientras una sonrisa se dibujaban en el rostro de Rosalie - Lo hubiésemos pensado antes –hizo un mohín – Así hubiese traído mis cosas… la ropa de Bella tal vez te quede a ti, Rose, pero no creo que a mi… y olvídate que la ropa de Edward les quede a Jazz o a Emmett –

Bella suspiró aliviada mientras Alice bufaba.

- No importa. Haremos lo que podamos – decidió – El desfile solo podrán hacerlo Edward, Bella, Rose y Nessie… y yo con suerte –

- Rose, Nessie y tú – corrigió Bella.

- Eso lo veremos – Alice sonrió malignamente.

Junto con Rosalie y Nessie, se encargó de maquillar a todos los presentes. Y cuando digo todos, me refiero a todos. Ni Jasper, ni Emmett ni yo pudimos salvarnos. Con el alma en los pies, nos sometimos a la tortura.

Ahora entendía a mi pobre esposa.

- Supongo que podré soportar esto mientras no me cruce con ningún espejo – murmuré quejumbroso mientras Renesmee peinaba mi cabello con sus delgados y cálidos dedos.

Te ves bien, papi, pensó mi hija, extremadamente divertida.

Bufé en respuesta, observando como Emmett era maquillado por Rosalie, y Jasper por Alice. Bella, por su parte, esperaba como preso por ser ejecutado a que Alice terminara con su esposo para que la atendiera a ella.

Sus ojos se clavaron en los míos y le dedique una mueca que le sacó una leve sonrisa.

- Esto es mejor cuando una esta acompañada – murmuró Bella, intentando consolarse.

- O querrás decir cuando alrededor tuyo se encuentra una persona que tiene tu mismo destino y lo sufre aun más – repliqué.

Ella rió con desgano.

- Míralo como quieras, Edward -

- ¡Terminé! – sentenció Alice, alejándose un par de pasos para observar su obra de arte y reír.

Jasper ni se inmuto. Solo Emmett se unió a las risas de Nessie, Rose y Alice, evidentemente olvidando que el debería verse no muy distinto al pobre de Jasper.

Me estremecí. Me daba escalofríos pensar que podía llegar a verme aunque fuese una decima como mis hermanos, y estaba seguro de que me encontraba bastante más maquillado que ellos.

Emmett captó mi mirada torturada antes de sonreír malévolamente, pareciendo aun mas a un (disculpen la comparación, pero es la única que sin duda puedo utilizar para describir como se veían mis hermanos) travesti.

Desde su mente, me llegó mi imagen. Podía ver como Emmett me veía; con Renesmee peinando mi cabello, haciéndome trenzas, los ojos llenos de purpurina violeta y verde, los labios mal pintados de un furioso escarlata, las mejillas polvoreadas exageradamente de rosado.

Reprimí una exhalación. Repentinamente, envidiaba como se veían Emmett y Jasper. A ellos también los habían pintado como (disculpen nuevamente la comparación) bailarinas de cabaret, pero por lo menos, lo habían hecho bien. Lo que se encontraba en mi rostro era claramente obra de un infante inexperto en pinturas.

Una vez que hubieron terminado con nosotros y con Bella, entre ellas se encargaron de pintarrajearse. Noté algo irritado que yo había sido el único que se había dejado pintar por la mano de Renesmee.

- ¡Terminamos! – exclamó Alice, felizmente.

Los hombres de la habitación les miramos con algo de recelo. A pesar de que Bella, Rosalie, Alice y Renesmee también se encontraban pintadas de una horrenda manera exagerada, con colores que no combinaban entre si, a ella no les quedaba ni la mitad de ridículo que nos quedaba a nosotros. Es más, no les quedaba tan mal. Culpé a su belleza vampírica.

- Ahora a desfilar – Rosalie nos sonrió ampliamente.

Renesmee rió y corrió a su habitación.

- Yo me encargo de Nessie – susurró Rose a Alice – Tú encárgate de Bella y Edward. Luego voy por mi ropa, ¿está bien? –

- Perfecto – asintió Alice mientras la rubia iba tras Nessie. Se volvió hacia mi esposa y mí y sus ojillos brillaron – Vamos –

Sin esperar respuesta, nos tomó por la muñeca y nos arrastró hacia nuestra habitación, dejando atrás a Emmett y Jasper.

- No se para que nos pintaron a nosotros si no pensaban hacernos desfilar – susurró quejumbroso el segundo al primero.

Junto con Bella permanecimos de pie mientras Alice se introducía en nuestro enorme armario y se ponía a rebuscar por doquier, tirando la ropa por todos lados.

Intercambie una penosa mirada con mi esposa. Tomó mi mano en la suya.

- Te amo – susurró – No importa lo que ocurra, te amo –

- Yo también, Bella - le dediqué una leve sonrisa mientras Alice revoleaba los ojos.

- Exagerados – farfulló mientras salía del armario con una pila de ropa – Tengan –

Nos lanzó con una sonrisilla unas prendas antes de salir bailoteando de la habitación, agregando un divertido "¡No tarden demasiado!" antes de salir.

Nos cambiamos de prendas, y, una vez finalizada la tarea, no pudimos evitar observarnos mutuamente.

Las prendas que Alice nos había asignado eran una extraña mescla de colores y estilos, convirtiéndose en un traje de lo más llamativo y curioso que sin embargo no dejaba de perder estilo y buen gusto.

- Solo Alice podía hacer algo así – murmuró Bella, mirándose en un espejo y frunciendo el ceño en un cara disconforme al ver su maquillaje.

- Estoy de acuerdo – la observé – Te ves hermosa –

Bella revoleó los ojos antes de acercarse a mí y abrazarme.

- Creo que eso tiene que ver con la ponzoña de cierto vampiro – murmuró y le sonreí, cosa que me devolvió con malicia – Diría que tu también te ves bien, pero si debo ser sincera, te prefiero con la cara limpia –

- Yo también así me prefiero – bufé – Y, no me malinterpretes que te ves preciosa, pero eres mas bonita naturalmente, Bella –

- Ponzoña – respondió antes de separase y mirar hacia la puerta con inquietud - ¿Vamos? -

Asentí con pesar antes de tomar su mano y salir hacia la sala, que había sido totalmente renovada, los muebles contra las paredes y la alfombra de manera tal que realmente recordaba a una pasarela. Jasper, Alice y Emmett nos esperaban sentados, y fuimos recibidos por los silbidos del último, al que le dedicamos fruncidos ceños.

- Nessie y Rose aun no han terminado – informó Alice algo aburrida.

Bufamos antes de tomar lugar. Perdí mi mirada en la pared mientras ignoraba como Rose hablaba con Renesmee y me dedicaba a peinar el cabello sedoso de Bella.

No se cuanto tiempo permanecimos esperando, hasta que por fin la puerta de la habitación de Renesmee se abrió. Nos volteamos, curiosos por ver el ropaje de Nessie. Sin embargo, fue Rosalie la que salió de la habitación y se acercó.

Sabiendo de ante mano lo que había ocurrido, el alma se me cayó a los pies. Rosalie, por su parte carraspeó una vez antes de hablar.

- Renesmee… se durmió – susurró.

Las facciones de Alice se contrajeron como si la hubieran abofeteado, mientras Jasper, Emmett, Bella y yo no sabíamos si alegarnos por haberos salvado del desfile, o de romper algo por tener que haber pasado todo en vano.

- ¿De veras? – inquirió Alice con tristeza.

Rosalie asintió.

- La senté en su cama por un instante mientras buscaba ropa, y en cuanto salí del armario me la encontré roncando –

Hicimos un minuto de silencio para, efectivamente, escuchar la suave respiración de Nessie.

- Voy por la pasta dental – murmuró Emmett mientras se paraba.

Le dediqué un bajo gruñido y un ceño fruncido mientras le enseñaba los dientes, Bella y Rose acompañándome en un escalofriante coro.

- Ella fue la que quiso jurar que no nos dormiríamos – se defendió Emmett.

Le fruncí aun más el ceño.

- Está bien, no haré nada – murmuró enfurruñado – Pero eso si; no pienso quedarme el resto de la noche aquí –

Suspiré. Nadie pensaba quedarse aquí el resto de la noche.

- Solo procura volver antes que se despierte – repliqué.

Emmett me ignoró, pero supe que me había escuchado mientras, seguido de Rosalie, Alice y Jasper, abandonaban la cabaña para salir al lluvioso exterior.

Una vez que se hubieron ido, intercambiamos miradas con Bella.

- Sabía que no duraría mucho – suspiró mi esposa.

- Duro más de los que me hubiese gustado - también suspiré.

Ella rió levemente mientras tomaba mi mano y nos dirigíamos hacia la habitación de Renesmee.

Rosalie la había introducido en su cama y la había arropado. La imagen nos hizo sonreír. Me acerqué con cuidado para no despertarla, y abrí el puñito que fuertemente mantenía cerrado aun en sueños para quitarle su diente y guardarlo en mi bolsillo.

- Espera un segundo – susurré a Bella.

Velozmente, me dirigí hacia nuestra habitación y camine hacia mi mesa de luz. Abrí el cajón y saqué mi billetera, rebuscando dinero.

En un abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba junto a Bella de nuevo.

- ¿No crees que eso es mucho dinero? – susurró Bella con una pizca de desaprobación en su voz mientras yo dejaba cincuenta dólares bajo la almohada de Renesmee.

- No – respondí sonriente mientras pasaba mi mano por su cintura y la conducía fuera de la habitación de Nessie - Comparado con lo que tiene Carlisle, no -

Bella revoleó los ojos mientras nos sentábamos, ella en mi regazo y yo en el sillón.

- Tonto – murmuró antes de besarme.

Le devolví el beso tiernamente, y así permanecimos por unos minutos. Me separé de ella para descansar mi frente en la de ella.

- Ahora, - susurré contra sus labios mientras sonreía - ¿donde habíamos quedado antes de que Renesmee nos interrumpiera? -