Summary: La familia del príncipe Edward estaba empeñada en casarlo con una princesa o una heredera, pero él había elegido a Bella Swan. Un falso compromiso con ese "patito feo" le permitiría dedicarse a su gran amor, la medicina, sin que jamás hubiera peligro de que llegara a nada más. Pero Bella Swan se estaba convirtiendo en un verdadero cisne delante de sus propios ojos. Todos Humanos


IMPORTANTE: LEER NOTA AL FINAL DEL CAP!!

Capitulo 11: Perder y Luchar

Una semana más tarde, Edward estaba comprobando los resultados de un test de estreptococos y escribiendo la receta para su alicaída paciente de diez años.

- Tiene que empezar a tomarse esto inmediatamente - le dijo a la madre de la niña - Y que lo termine incluso cuando empiece a sentirse mejor.

- Gracias, doctor - murmuró la madre.

Nada más salir las dos, entró Félix en la consulta. El guardaespaldas de Edward tenía una expresión de preocupación en el rostro y asintió ligeramente.

- Alteza - dijo.

- ¿Qué pasa? ¿Algún problema? - preguntó Edward

- Es su esposa, señor.

A Edward le dio un vuelco el corazón.

- ¿Bella? ¿Qué le pasó? ¿Ha tenido un accidente?

- No han informado de ningún accidente, pero ha desaparecido.

- ¿Desaparecido? - repitió Edward perplejo - ¿Qué quieres decir con que ha desaparecido?

- No lo sabemos, pero pensamos que usted debería estar informado. Su esposa canceló todos sus compromisos, hizo una visita al banco, luego entró en una tienda de ropa. Ahí fue cuando su escolta le perdió el rastro.

Edward se devanó los sesos pensando en lo que podría haberle ocurrido. ¿Y si la hubieran secuestrado? Esa posibilidad le congeló la sangre, pero podría ser incluso algo peor. Pensó en todas las cosas que ella le había dicho últimamente. Se sentía abrumada por todos sus deberes reales, y no estaba satisfecha con su tesis. Le había insistido repetidas veces que le permitiera acompañarlo y él se había negado. Se le hizo un nudo en el estómago, mientras una posibilidad se deslizaba en su cabeza como una serpiente. ¿Y si lo hubiera abandonado?

- Volvamos enseguida a palacio - le dijo a Félix

Durante el trayecto, no paró pensar en el asunto. Había estado tan decidido a que el matrimonio no se interpusiera en su trabajo, que había ignorado todas las señales de alarma que Bella le lanzaba. ¿Cuántas veces le había puesto excusas para que lo acompañara a las clínicas? Un amargo sabor le llenó la boca. Bella no sabía la distracción que suponía para él, no sabía que con ella cerca no podía concentrarse en su trabajo. Y no sabía porque él no se lo había dicho.

Recordó la breve conversación que habían mantenido aquella misma mañana, antes de que él se fuera. Con ojos todavía soñolientos, había levantado los brazos para abrazarlo y se apoyó en su pecho mirandolo a los ojos. Recordó lo tentado que había estado de volver a la cama.

- Dime lo que te gusta de mí - le había susurrado ella dulcemente.

Edward se había sentido nervioso e incómodo. Si tuviera que decirle todo lo que le gustaba de ella, no habría podido marcharse en todo el día. En vez de eso, se había reído y la había abrazado con fuerza.

- Me gusta la honestidad que veo en tus ojos - le había dicho - Y me gusta cómo huelen tus cabellos. Trabaja hoy un poco en tu tesis.

Y con eso se había marchado, sintiendo como si ella quisiera más, como si necesitara más. Si no hubiera sentido nada, podría haber apartado tan incómoda sensación, pero la verdad era que sentía por Bella mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Tan pronto como llegó al palacio corrió hacia la suite que había compartido con Bella, ignorando a la ayudante de la reina y la mirada interrogadora de Jasper. Al entrar vio un sobre con su nombre escrito. Estaba en la cama donde tantas veces habían hecho el amor.

Rasgó el sobre y sacó una carta. Contuvo la respiración mientras leía la letra de Bella.

Edward,

He decidido tomarme un descanso de las obligaciones del palacio. Cada día que pasa me siento más lejos de mi propósito de terminar la tesis, y no puedo evitar sentirme fracasada. No quiero ser una carga para ti, de modo que he acordado con la universidad que dirige mis clases online pasar el verano en el campus. Espero que allí pueda seguir tu ejemplo de dedicación.

Mientras tanto, he donado una suma de dinero para las clínicas. Deberías de recibir la información esta tarde. Puedes considerarlo mi dote. Por favor, no olvides que tienes toda mi admiración y amor. Ya pensaremos qué hacer con nuestro "acuerdo".

Con cariño,

Bella

Edward sintió una punzada de dolor en el pecho. ¿Cómo podía haberla perdido antes de saber que la tenía?

- Edward - escuchó que Jasper lo llamaba a escasos metros de distancia - ¿Bella está bien?

- Eso creo - respondió él, y se puso a caminar de un lado a otro de la habitación, buscando algún rastro de ella. Había dejado casi todas sus pertenencias. Todos sus vestidos estaban en el armario, como si fuera a volver en cualquier momento - No quería que nadie se enterara, pero está haciendo una tesis. Sin embargo, por culpa de todas las apariciones sociales que se veía obligada a hacer, apenas tenía tiempo para dedicarse a ella - entró en el cuarto de baño y vio sus objetos de aseo sobre la encimera. En la ducha estaba su champú.

"Me gusta cómo huelen tus cabellos" le había dicho aquella mañana.

- ¿Dónde está? - preguntó Jasper desde la puerta del baño - Y, por amor de Dios! Dejar de dar vueltas por la habitacion! me estas volviendo loco... ¿qué estás buscando?

- No sé lo que estoy buscando - respondió Edward. Pero en el fondo sabía que buscaba algo que le dijera que no se había marchado - Se ha ido al campus de la universidad.

- ¿De cuál? - preguntó Jasper con impaciencia.

- No... no lo sé.

- ¿Tu esposa ha dejado el país para ir a la universidad y no sabes a cuál?

- He estado ocupado - la respuesta le sonó ridícula incluso antes de decirla.

- Tal vez "demasiado" ocupado - dijo Jasper con una ceja arqueada.

Edward se puso rígido.

- Tal vez - reconoció.

- ¿Qué vas a hacer?

- No lo sé. Insistió en que la dejara acompañarme a la clínica, pero yo me negué porque su presencia basta para distraerme. Además, estaba empeñado en sacar adelante mis proyectos! Maldición! – dijo mientras se tocaba el pelo una y otra vez.

- ¿Se lo has dicho?

- ¿Qué cosa?

Jasper apretó la mandíbula, armándose de paciencia.

- ¿Le has dicho por qué no querías que te acompañara?

- No - admitió él, y se sentó en la cama recriminándose su propia idiotez.

Jasper suspiró y se acercó a él.

- Esto no es asunto mío, salvo por el hecho de que eres mi hermano. No me considero un experto en el sexo femenino, pero según Alice las mujeres quieren palabras y hechos. Lo quieren todo. Y a cambio lo dan todo.

Edward no había pensado que lo quisiera todo de Bella. De hecho, se había dicho a sí mismo y a ella que no quería mucho. Se insultó a sí mismo y se pasó una mano por el pelo.

- No quiero implicarme sentimentalmente con ella.

- ¿Con tu mujer? - le preguntó su hermano con incredulidad.

- No quiero que nada me aparte de mis proyectos médicos.

- Ya veo... has pensado que tendrías que elegir entre tu pasión por tu mujer y tu pasión por tu trabajo.

Edward levantó la vista, sorprendido por la sagacidad de su hermano.

- Sí, pero, ¿cómo lo...? - se interrumpió, recordando que la posición de Jasper como futuro Rey era tan absorbente como la suya de médico. Su hermano estaba enamorado de su mujer, quien realmente había conseguido cambiarlo - ¿Cómo lo hiciste tú?

- Nunca he querido a ninguna mujer como quiero a Alice - sonrió - Tenerla conmigo es lo que marca la diferencia entre vivir y simplemente existir. Hace que me sienta un hombre íntegro, y haría cualquier cosa por mantenerla a mi lado.

Aquella noche, cuando Edward se fue a la cama y Bella no estaba allí para preguntarle por su día, las palabras de Jasper seguían resonando en su cabeza. ¿Por qué había luchado contra sus sentimientos? La respuesta era simple: por miedo. Odiaba admitirlo, pero era la verdad. Aspiró con fuerza, buscando un soplo de su dulce fragancia en la almohada. La imagen de su sonrisa flotaba en su mente, y podía oír los ecos de su risa.

¿Qué había hecho? Ella se lo había dado todo y él se había limitado a recibir. ¿Cómo iba a recuperarla?

***

Tres días habían pasado desde que se fue de Londres. Bella subía las escaleras hacia su apartamento, cargada con dos bolsas de la compra. En esos tres días habían pasado muchas cosas. Después de sacar un billete de avión e ingresar el dinero de la donación en el banco, había burlado a su escolta al salir por la puerta trasera de la boutique y tomar rápidamente un taxi. Al cabo de una hora y media estaba sentada en un Boeing 747, llevando como único equipaje su ordenador portátil, su pasaporte, sus tarjetas de crédito y su cepillo de dientes.

Aunque había intentado no mirar atrás, no podía conciliar el sueño por las noches. Intentó convencerse a sí misma que era por el cambio de horario y no por Edward. Después de todo, apenas había pasado tiempo con él. Pero no logró convencerse. Lo estrañaba. Lo amaba. Pero las cosas no cambiarían.

Buscó las llaves en su bolso, sujetando las bolsas entre sus caderas y la puerta. Se sorprendió al encontrar que el pomo giraba con facilidad, como si se hubiera olvidado de echar el cerrojo. Era una posibilidad, pero no había de qué asustarse. La tranquilidad que se respiraba en la pequeña ciudad universitaria era increíble.

Empujó la puerta con la rodilla y fue hasta el mostrador de la cocina, pero entonces chocó con un cuerpo masculino demasiado familiar. El impacto la dejó sin respiración e hizo caer las bolsas al suelo.

- Maldición! - empezó a decir desesperada, incapaz de apartar la mirada del hombre que le había robado el corazón y el alma, aunque estuviera a medio mundo de distancia - Edward! ¿Qué haces aquí?

- ¿Por qué donaste ese dinero? - le preguntó él al mismo tiempo.

Parecía cansado del largo viaje. Bella intentó controlarse, pero nunca se había imaginado que pudiera echarlo tanto de menos.

- ¿Porque viniste?

- Vine para verte - dijo él.

- Pero… ¿cómo conseguiste entrar?

- Félix forzó la cerradura. Es muy hábil - sonrió nervioso y asintió hacia la parte trasera del edificio - Le pedí que esperara fuera.

Ella asintió, todavía preguntándose por qué Edward estaba allí.

- Todo el mundo quedó muy preocupado por tu partida - dijo él.

Bella respiró hondo y bajó la mirada. Vio el cartón de leche en el suelo, roto, y se agachó para recogerlo y dejarlo en el fregadero.

- Lo siento. No quería preocupar a nadie, pero tenía que hacerlo deprisa o sabía que no sería capaz. Estaba atrapada en esa interminable agenda de compromisos y...

- ¿Por qué me abandonaste? - la interrumpió él, abrazándola por detrás. Su voz sonaba triste y angustiada.

A Bella le dio un vuelco el corazón y se mordió un labio.

- Yo no te abandoné. Me fui para poder terminar mi tesis.

El la hizo girarse lentamente.

- ¿No te fuiste porque… yo casi nunca estaba contigo?

Ella negó con la cabeza. No podía decirle la verdad. No en esos momentos.

- No, yo solo...

- Porque fui un idiota - dijo él tranquilamente, con una mirada tan intensa y sincera que Bella sintió que la abrasaba.

- ¿Idiota? - repitió con dificultad.

- Cuando estaba en la cama la otra noche, intenté determinar el momento en que te apoderaste de mi corazón. Me preguntaba si fue cuando volvimos de la luna de miel o si fue la primera vez que te vi o cuando nos tumbábamos en la oscuridad y tú me hacías preguntas. En esos momentos yo estaba rendido de cansancio, pero el sonido de tu voz y la sensación de tenerte en mis brazos me daba la paz que necesitaba. Saber que me esperabas cada noche era lo que marcaba la diferencia en mi vida.

Bella sintió que una pequeña semilla de esperanza brotaba en su interior.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes?

- Porque intentaba negarlo - confesó él con el ceño fruncido soltando un gran suspiro - Me había convencido a mí mismo que no podía dedicarme a una mujer y a mi trabajo al mismo tiempo - dijo bajando su mirada avergonzado y triste - Esa era parte de la razón por la que no quería que me acompañaras a la clínica.

A Bella le dolió recordar aquello.

- No lo entiendo. Me dejaste acompañarte una vez, y yo no me entrometí.

- Nunca te entrometiste – volvió a fijar sus verdes ojos en ella - pero mis sentimientos hacia ti crecían por momentos. No podía estar en la misma habitación que tú sin que toda mi atención se centrara en ti. Lo único que quería era estar contigo a solas. No podía imaginarme atendiendo a pacientes contigo cerca.

Bella negó con la cabeza, incrédula.

- No puedo creer que tenga un efecto semejante en ti – dijo sonrojándose - Estabas fuera todo el día, incluso los fines de semana.

- Huyendo de algo tan poderoso que me asustaba - dijo él, acariciándole una mejilla - Intentaba convencerme de que solo te deseaba, pero no es así. Me llegaste al corazón, Bella – apoyó su frente en la de ella - Mi corazón es tuyo. Te pertenece completamente y no puedo dejar que te vayas.

A Bella se le formó un nudo en la garganta y las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos.

- No creo que pueda volver a Londres - le confesó - Me entrometería en tu camino, y no soporto la idea de apartarte del objetivo que te has marcado durante tantos años.

- Eso nos lleva a la pregunta que te hice antes: ¿por qué donaste ese dinero?

Ella se encogió de hombros.

- Me pareció lo correcto. Mi padre me preguntó qué quería como regalo de boda, y yo le dije que dos millones de dólares. Pensé que sería un buen comienzo para ti.

- Un regalo de boda de dos millones de dólares - dijo él negando con la cabeza - En tu carta decía que era tu dote. ¿Qué pasa si yo quiero a la mujer mucho más que a la dote? A mi mujer. Quiero pasar más noches contigo. Quiero una vida entera contigo.

Bella fue incapaz de seguir conteniendo las lágrimas y empezó a temblar. Tenía un miedo terrible de albergar falsas esperanzas.

- Pero ¿qué pasa con tus proyectos?

- No tengo que trabajar los siete días de la semana - dijo él estrechándola entre sus brazos - Por muy importante que sea para mí, no puedo hacerlo yo solo. Por eso he encontrado a algunos colegas que se comprometerán con el proyecto tanto como yo. Dos de ellos han accedido incluso a ocuparse de todo mientras yo estoy fuera en verano.

Bella parpadeó con asombro y retrocedió un poco para mirarlo a los ojos.

- ¿En verano?

- Pienso pasar el verano con mi esposa mientras ella termina su tesis - dijo él, con una mirada llena de determinación.

A Bella el corazón le dio un brinco.

- Edward, no es necesario – dijo acariciando la mejilla de su esposo - no puedes quedarte aquí sentado mientras yo trabajo en mi tesis.

- Tienes razón. Hay un hospital universitario a cincuenta kilómetros de aquí. Tengo pensado ayudar a un colega que conozco hace algún tiempo. Serán tres días a la semana. Eso te dará tiempo para dedicarte a tu tesis sin que yo te interrumpa - esbozó una hermosa sonrisa, pero enseguida se puso serio - Y también… nos dará tiempo a ambos para dejar de fingir que no nos amamos el uno al otro. Te amo Bella Swan.

Bella se mordió el labio y parpadeó para sofocar las lágrimas.

- Amor, me estás matando con tus lágrimas. ¿Son de felicidad o de tristeza?

- De felicidad, claro - respondió ella rodeando el cuello de Edward con sus brazos - Ni siquiera me había permitido tener la esperanza de que me amaras.

- ¿Sabes que dejaste tu champú? - le preguntó él.

- Dejé casi todas mis cosas en el palacio - dijo, sorprendida por el repentino cambio de tema.

- Te echaba tanto de menos cuando te fuiste que me levantaba en mitad de la noche para oler tu champú. Pero no es lo mismo que oler tus cabellos – la miró con los ojos llenos de amor - Perdóname, Bella. Dame una oportunidad para conquistarte.

- Edward - exclamó ella, con el corazón lleno de alegría - Me conquistaste hace mucho tiempo. Te amo.

Edward jamás pensó sentirse con una dicha tan inmensa al escuchar esas dos simples palabras saliendo de los labios de Bella. pero así fue. Sentía que tarde o temprano su corazón explotaría de felicidad.

- Entonces dame la oportunidad para que pase mi vida mereciéndote, y déjame comenzar ahora mismo.

- Claro que si, cariño - respondió, sintiendo como si los astros se alinearan mientras él se inclinaba para besarla.

Edward la levantó en brazos y la llevó al dormitorio.

- No podría ser mejor - murmuró ella, más para sí misma - No podría.

- Sí, puede ser mejor - dijo él - Cuando volvamos a Londres nos iremos del palacio. Estuvo muy bien para mis días de soltero, pero quiero que tengamos más intimidad. Sobre todo con el clima que se respira ahora.

- ¿Qué sucedió? - preguntó ella - ¿Algún problema entre Rosalie y la reina?

- La Tercera Guerra Mundial - respondió al tiempo que la acostaba en la cama – Emmett apareció en el palacio y contó toda la verdad a Esme.

- ¿Lo del embarazo?!!!

Edward asintió mientras se quitaba la corbata y se desabrochaba la camisa.

- Mi madre no podía creerlo, pero mi hermana ha estado muy temperamental últimamente, así que se enfrentó a ella y le dijo todo.

Aunque distraída por la visión de su musculoso pecho, Bella se sorprendió.

- ¿Qué sucederá ahora? ¿Tu madre que hizo?

- Llamó a los guardias para que sacaran a Emmett del palacio, traté de interceder por él… pero mi madre no escucha razones.

- Dios! ¿Y Rosalie como está?

Edward puso una mueca.

- Montó un escándalo. Mamá teme que vaya a marcharse. Cuando están en la misma habitación, o se ponen a discutir entre ellas o a veces ni se dirigen la palabra - dijo mientras se desabrochaba los pantalones - Una razón más para no quedarnos en el palacio - se quitó los pantalones y los calzoncillos y Bella pudo ver de nuevo su esplendida desnudez masculina - Llevas demasiada ropa - le dijo a ella, tumbándose a su lado. Le quitó la camisa y a continuación los vaqueros - Necesito estar lo más cerca posible de ti.

A Bella se le aceleró el pulso por la emoción.

Edward hundió la cara en sus cabellos y aspiró con fuerza.

- Amor, hueles tan bien... - le pasó las manos por la piel desnuda, como para asegurarse de que era real - Una cosa más antes de que esté demasiado ocupado - llevó las manos hasta sus pechos y le masajeó los pezones. Bella se arqueó, pensando que ya estaba ocupado - Ya sé quién quiero que dirija la fundación benéfica – dijo y descendió con los labios hasta uno de sus pezones rígidos.

Bella hizo un esfuerzo por concentrarse.

- ¿Quién?

- Tú - levantó la cabeza y la miró con una poderosa mezcla de pasión, confianza y amor.

- ¿Yo? - preguntó, casi sin aliento.

- Tú. No hay nadie en la tierra en quien confíe más.

- Edward - apenas podía hablar de la emoción - No sé qué decir...

Él le cubrió la boca con un prolongado beso.

- No tienes que decir nada - dijo al apartarse, con un brillo de malicia en los ojos - A menos que quieras gemir o chillar un poco.

Cuando hubo acabado con ella, Bella había hecho ambas cosas.


Hola!!!

Chikas!!!!! Este ha sido el ultimo capitulo de la historia :( y se preguntarán porque lo subí un dia antes ¿cierto? Pues la respuesta es muy simple. Mañana... HAY EPILOGO!!! jajaja asi que mañana si que será el final definitivo xD

Espero que les haya gustado este capitulo. En cuanto a Rosalie y Emmett, las cosas no se solucionaron porque quiero dedicar una historia a ellos como personajes principales basandose en lo que pasó en esta historia :D asi que tendrán que esperar para ver que ocurre con esta parejita xD Y Nuestro principe tuvo su final feliz! Ojala hayan quedado conformes!!

Muuuchisimas gracias por sus reviews!!! No pueden quejarse! he subido practicamente tres capitulos muy seguidos, el de ayer, hoy... y el que subiré mañana... por lo que me merezco un GRAN PREMIO ¿que tal una tonelada de reviews? xD

Nos vemos mañana con el Epilogo de esta historia y el ultimo capitulo de Angel de Navidad (no tiene epilogo :/) Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!!

Un abrazo!!

PollyCOx99