30 bonitos reviews, un bonus! muchas gracias a los q dejaron reviews!! :D ya ven q algo se gana con eso XD
Observé el amanecer desde la pequeña colinilla en la que me encontraba algo distante. El sol comenzaba a asomar entre las (extrañamente) pocas nubes rosadas del crepúsculo.
- ¿Sabes? Retrasarlo no te salvara, Em – canturreó la voz de Alice a mis espaldas.
Me volteé y le mire, arqueando una ceja.
- No estoy retrasando nada – sentencié solemnemente.
Bueno, lo más solemnemente que un sujeto enorme vestido de pollo puede ser.
Así es. Adivinaron. Aquí me encuentro, vestido con un lastimero traje de gallina, gastando mi bonita madrugada de sábado, algunos metros frente a la residencia Black. Porque, amigos míos, Emmett Cullen es un hombre de palabra.
- Lo prometido es deuda – agregó Bella.
Le revoleé los ojos, aprovechando para dedicarle la mueca también a Edward y a Jasper. Casi toda la familia se había escabullido a presenciar mi espectáculo, Esme y Carlisle permaneciendo ajenos (¡Duh! ¡Jamás nos dejarían hacerlo!), mi Rose optando por quedarse en casa con Renesmee, declarando algo así como "No tengo intención de verte hacer el ridículo, Emmett".
Rasqué mi codo, frunciendo el ceño.
- Por cierto, ¿de donde sacaste el traje, Alice? – inquirí.
Ella soltó una risilla entre dientes.
- Oh, tengo contactos – replicó, y su sonrisa me dejo bien en claro que sus contactos se llamaban "Ilegal", "Vandalismo" y "Yo-saco-lo-que-quiera-de-donde-quiera". Vaya, me agradaban.
En fin… inspiré una vez, cerrando mis ojos en concentración, antes de abrirlos.
- Allá voy – murmuré, arremangándome el plumaje y acomodándome la cresta bien sobre la cabeza.
Oí las risillas de mis hermanos mientras me alejaba con un paso constante, no rápido, pero tampoco lento, en dirección a la pequeña casilla escarlata. Una vez a un par de metros de la edificación la estudié con la mirada. Solo esperaba que ese tejaducho soportara mi peso.
Bueno, a lo que venía. Comencé a trepar por la pared, frenando al segundo paso vertical para mirar a la ventana que tenía a mi izquierda. ¿Qué puedo decir? Me distraigo fácil. Estiré el cuello levemente, esperando poder ver algo. Una oscura y desordenada habitación de la cual provenían unos ronquidos. Jacob, reconocí.
- Para hoy, Emmett – me urgió Alice con un murmullo en la distancia.
Fruncí mi ceño, enfurruñado.
- Ya, ya – mascullé, alejándome fastidiado de la tentación y trepando sin dificultad.
Una vez en el tejado, di un par de tímidos pasos. Perfecto. Caminando por las viejas y sin embargo resistentes tejas, tomé lugar y me puse en posición. Arreglé mi plumaje, intentando alizar mis plumas, solo consiguiendo desplumarme un poco.
- ¡Para hoy! – espetó Edward.
Revoleé mis ojos y aclaré mi garganta mientras me enderezaba, llevándome una mano al pecho y la otra tras la espalda.
- Y allí les va – anuncié antes de inspirar profundamente.
A pleno pulmón, dejé que una nota ronca y fuerte desgarrar mi garganta. Pude oír en el bosque el familiar golpeteó de cascos frenéticos, los chillidos de espantadas aves que tomaban vuelo escapando hacia el cielo, las melodiosas carcajadas de mis hermanos, y un torrente de sorprendidas maldiciones bajo mis pies.
No me permití distráeme, sin embargo. Continué con mi interpretación hasta que me quede sin aire.
Misión cumplida, pensé, complacido conmigo mismo. Con agilidad y de un salto, aterricé en el suelo sin problemas con un amortiguado ¡thum!
Limpié mis hombros y acomodé mi traje, dispuesto a realizar mi huida.
- ¡Emmett! – siseó una voz.
Me volteé para encontrarme con la asesina mirada de Jacob, quien me observaba desde una ventana, sus ojos negros brillando rabiosos bajo su imposiblemente enredada melena y las temblorosas manos bien aferradas al marco de madera. Vaya, tenía un aspecto fatal. Pude apreciar por su demacrado estado que no había tenido una buena noche. Le habría tocado patrullar, seguramente.
- ¡¿Qué demonios fue eso?! – chilló la voz que supuse del padre de Jacob desde alguna habitación dentro de la casa.
Jacob apretó los labios.
- ¡Vuelve a dormir, papá! – respondió - ¡Solo es un llamado de celo de sanguijuela! –
La voz no respondió. No le culpo. Yo tampoco hubiese sabido que responder a eso.
Una segunda ventana se abrió, a un par de metros a la izquierda de Jacob, y por ella se asomó una muchacha de piel morena y ojos saltones debido a la sorpresa. A sus espaldas, se irguió otro enorme tipo quileute que identifique como otro perro. Ambos se asomaron, ella sacando la mitad del cuerpo para poder mirar mejor a Jacob, sin notarme (no como el otro tipo, que al verme hizo la cara más graciosa y extraña que he visto)
- ¡¿Qué fue que?! – inquirió ella extrañada.
Jacob le miró.
- Rachel, tú también vuelve a… -Jacob se cortó a mitad de la frase y sus ojos se abrieron como platos al notar al otro lobo. Permaneció en silencio por medio segundo - ¿Qué demonios hace Paul aquí? –
La tal Rachel se irguió de sorpresa antes de mirar sobre su hombro al tal Paul. Volvió a encara a Jacob, quien ahora temblaba de rabia, haciendo chirriar sus apretados dientes. Ella se mostró sofocada, sus mejillas oscureciéndose aun más.
Oh, vaya. Esto se ponía interesante.
- ¡¿Qué Paul está donde?! – me sorprendió la voz del padre de Jacob, siendo ignorado.
- ¿A ti que te importa? – espetó Rachel a Jacob, su tono agresivo siendo arruinado por el bochorno.
Jacob dejo de temblar, la pregunta tomándolo desprevenido. No dejo de fruncir el ceño, sin embargo.
- ¡Eres mi hermana! – respondió, rozando la incredulidad.
- No soy una niñita, Jacob – Rachel se cruzó de brazos desde su ventana, incapaz de parecer más fastidiada que avergonzada – Además, ¡guárdate tu rollo de hermano protector! ¡Yo soy la mayor aquí! –
Ambos hermanos se dedicaron asesinas miradas cargadas de veneno. La de Jacob pronto se posó en Paul, y dejo escapar un extraño gruñido amenazante que el otro perro respondió con algo menos de intensidad, más a la defensiva si se me pregunta. Rachel se colocó lo mejor que pudo entre el contacto visual de ambos, siendo ella bastante más pequeña.
- Si le tocas un pelo, Jacob… - advirtió con el ceño fruncido y los labios apretados en una agria mueca que daba escalofríos.
- ¡Paul, más te vale que te largues ahora! ¡No te quiero ver cerca de mi casa en un radio de tres Estados! – chilló el padre de ambos hermanitos.
- El viejo ha hablado – murmuró Paul, algo aliviado de salvarse de la riña entre Jacob y Rachel que de la misma riña que más que seguramente tendría que enfrentar con el primero.
Hizo un despreocupado ademan de irse, alejándose de la ventana. No llegó lejos.
- Oh, claro que no – masculló entre dientes Jacob – Tú no te vas a ningún lado, Paul –
Arqueé ambas cejas sorprendido a ver como el perro se detenía sobre sus pasos abruptamente, obedeciendo mecánicamente. El rostro de Jacob se mostró algo sorprendido, antes de recomponerse, la comisura de sus labios curvándose en una macabra sonrisa. Rachel, por su parte, se mostró horrorizada.
- ¡Jacob! – chilló, mirando a Paul como si le hubiese salido un tercer ojos, antes de volverse a su hermano y apretar los dientes fuertemente, dejándolos levemente expuestos - ¡En cuanto te ponga las manos encima, engendro de la naturaleza humana y animal, te voy a patear tan fuerte el culo que hasta tus generaciones futuras lo sentirán! –
Jacob la ignoró, y miró a Paul, más calmado, gozando su recientemente descubierto poder sobre él.
- Ya me encargaré de ti luego – murmuró. No pude evitar retroceder en cuanto la mirada de Jacob se posó en mí – Ahora tengo otro asunto entre manos –
Oh, no. Casi había olvidado que me había subido al techo de su casa para despertarle un sábado al amanecer.
- ¿Buenos días? - le dediqué una sonrisa estúpida.
La sonrisa que me devolvió mientras comenzaba a trepar por la ventana realmente me recordó a un lobo. Uno algo resentido y hambriento, debo acotar.
No necesité más. O corría por mi vida, o me volvía el desayuno.
Salí disparado y no necesité voltearme para saber que Jacob había saltado por la ventana para entrar en fase y perseguirme.
- ¡Jacob! ¡Vuelve aquí, pedazo de bruto salvaje descerebrado! – fue la enérgica despedida de Rachel mientras ambos nos alejábamos a la carrera por el bosque, como gato y ratón. O lobo y gallina.
Me pregunté si la vida de una croqueta para perro de pollo sería así de interesante todos los días.
