Summary: Bella Swan creía en los finales felices… y en los milagros. Debía de haber sido el destino el que la llavó, tras un accidente, a la casa de Edward en víspera de Navidad. Sólo con mirar una vez aquellos preciosos ojos tristes, decidió que haría todo lo posible para que en ellos volviera a brillar la felicidad…
Capitulo 3: Tanya
Las lágrimas resbalaron por las mejillas de Bella. Se las enjugó con la manga del suéter y cruzó deprisa la cocina para apagar la radio. Debería de haber supuesto que tocarían villancicos. A pesar de que cantaran en alemán la pureza de las voces de los niños la había conmovido. Siempre le había encantado la Navidad, y siempre se había sentido especialmente sensible en esa época del año. Y más aún ahora, después de haber roto su compromiso.
- Huele bien.
Bella se asustó. Era Edward. Estaba de espaldas, pero esperaba que no quedaran huellas de sus lágrimas. Se esforzó por sonreír y se dio la vuelta encontrándose de pronto con un hombre distinto de lo que esperaba. El que estaba de pie, junto a la puerta, era un extraño. No, se dijo parpadeando incrédula, no era un extraño. Era Edward…
¿Y era ése el hombre al que ella había calificado de hombre de las cavernas?, se preguntó apoyándose sobre la encimera de la cocina para no perder el equilibrio. Sin barba, la forma de su rostro se revelaba perfectamente angular y masculina. Tenía el pelo, brillante de color bronce y los ojos tan claros como el verde del exquisito suéter que lucía con naturalidad junto a los vaqueros desgastados.
Lo había calificado de criminal, ¿pero cómo calificarlo en ese momento?. Desde luego, seguía siendo el hombre más buscado de América… pero por las mujeres.
- Eres tú – dijo Bella al fin sin aliento - He... he encontrado salchichas, huevos y leche. El pan está caducado desde ayer, pero creo que aún se puede comer - en ese momento las tostadas salieron disparadas del tostador y Bella se volvió tratando de mantenerse ocupada - ¿Cómo te gustan los huevos?
- Bien hechos, gracias. Yo serviré el café.
Edward pasó por su lado para acercarse a la cafetera y, al rozarla, Bella pudo oler la fragancia de su loción de afeitar. Tentadoramente masculina y perturbadora. Respiró hondo y agarró la espátula. Para cuando él sirvió el café los platos estaban sobre la mesa. Edward alcanzó las sillas.
- Gracias - murmuró Bella ofreciéndole la jarra de leche - Con leche y sin azúcar ¿verdad?
- ¿Eres adivina?
Él estaba sentado frente a la ventana y la luz le daba directamente en los ojos haciendo que parecieran de un verde increíblemente hermoso.
- No – rió - Te ofrecí café esta mañana cuando bajaste a desayunar ¿no lo recuerdas?
- Ah, sí… lo recuerdo… un poco - contestó sirviéndose leche y dando un sorbo al café - Mmm no sabes como necesitaba un café.
Pasaron unos cuantos minutos sin que ninguno de los dos hablara. Bella no se sentía cómoda. Desde el momento en que aquel hombre de las cavernas se había transformado en el más atractivo y elegante de los hombres, ella…
- Y bien… - comentó él reclinándose sobre la silla - cuéntame algo de ti. ¿Qué haces para ganarte la vida?
Ambos habían terminado de comer. Bella lo miró sonriente y contestó.
- Adivina – dijo entusiasmada
- Dame una pista.
- En realidad ya tienes una.
- ¿Ya tengo una? Vamos a ver… ya sé. Trabajas en comidas servidas a domicilio.
- Prueba otra vez - rió ella.
Edward se quedó contemplándola como si tratara de descubrirlo leyendo en su rostro. Como si tratara de leer sus pensamientos.
- ¿Destrozas coches… chocándolos… contra montículos de nieve?
- Eres pesimo con las adivinanzas!
Bella volvió a reír y se balanceó sobre la silla para alcanzar el osito de peluche que había dejado sobre la encimera.
- Esto es lo que hago - dijo pasándole el oso - Diseño animales de peluche. Los fabrican según mis indicaciones.
Edward tomó el oso. Lo sujetaba con cuidado, como sujetan los hombres inexpertos a los bebés por primera vez. Su rostro parecía de pronto tenso. Entonces lo soltó y lo dejó sobre la encimera.
- ¿Y luego qué? ¿Los vendes?
- Tengo mi propia tienda, mi propio negocio - se corrigió - El local es alquilado.
- ¿Y dónde está? ¿En Forks?
- No, en Seattle - los ojos de Edward se abrieron sorprendidos - Llevo allí tres años. Los dos primeros fueron dificiles, pero ahora el negocio va bien – sonrió - Si alguna vez vas a Seattle tienes que venir a verlo. Se llama Happyland Toy Store.
Bella sabía que aquel nombre era "alegre", ésa era la razón por la que lo había escogido, y normalmente, cuando la gente lo oía por primera vez, sonreía. Sin embargo, Edward no sonrió. Se quedó mirándola un largo rato y luego, de pronto, frunció el ceño con mal humor.
- ¿Qué ocurre?
- Nada - contestó él echando la silla hacia atrás - Si has terminado de comer sírvete otra taza de café y llévatela al salón. Yo limpiaré la cocina.
¿Qué diablos había hecho para que cambiara de estado de ánimo? se preguntó Bella.
Bella se ruborizó y se levantó. Dejó el plato en el fregadero, llenó de nuevo la taza de café y salió. Edward estaba apoyado contra la encimera, con los brazos cruzados, como esperando a que se marchara.
Antes de llegar al salón escuchó un estruendo de cacharros, como si él se estuviera desahogando tirándolos. Este hombre si que era raro.
Bella molesta, se acercó a una de las librerías y, después de unos segundos de indecisión, escogió uno de sus favoritos, Orgullo y Prejuicio, que hacía tiempo que tenía intención de leer nuevamente. Se lo llevó al sofá y se quedó mirando las musarañas.
Era evidente que Edward Cullen no deseaba su compañía. Así que… desde ese mismo momento, le dejaría bien claro que ella tampoco deseaba la de él. Abrió el libro con esa idea fija en la mente y leyó, escrita en la primera página, la siguiente dedicatoria: "Para mi querido Edward, con todo mi amor. Tanya".
- Señorita Swan…
Bella se sobresaltó. Iba por el cuarto capítulo, y la voz de Edward la había interrumpido. Levantó la cabeza y vio a su anfitrión delante de ella, a solo unos pasos.
Llevaba un hacha en la mano. El estómago se le revolvió. Apretó el libro contra el pecho en un instinto reflejo de autoprotección y sintió los latidos de su corazón.
- ¿S-sí?
- Voy afuera a cortar leña para la chimenea.
- ¿Y n-no sería m-mejor… dejarlo pa-para otro día?
- Necesito aire fresco.
El filo del hacha reflejó la luz con un destello. Bella tragó.
- Entonces adiós.
No le importaba si Edward no comprendía por qué había reaccionado de ese modo. Su imaginación estaba sobreexcitada a causa de la lectura, eso era todo.
Edward asintió y se marchó. Después de unos segundos escuchó un portazo. Entonces respiró hondo. Era una tonta, se dijo riendo, estaba completamente a salvo.
Dejó el libro y se levantó para estirar las piernas. También ella hubiera deseado salir a tomar el aire. Si la hubiera invitado habría aceptado, pero él deseaba estar solo, recordó.
Absorta, se acercó a la ventana y miró el paisaje nevado. Había dejado de nevar y el sol brillaba en un cielo limpio y azul. El valle estaba helado. El lugar era todo un paraíso invernal y estaba en su mejor momento.
Sonrió y se acercó al teléfono para llamar a Dowling.
- Señor Dowling, soy Bella Swan. Le llamo desde la casa del señor Cullen. Ha dejado de nevar y me estaba preguntando si…
- Señorita, ahora mismo están despejando la carretera. Espero que esta noche, a primera hora, pueda mandarle a alguien.
Tenía que darle gracias a Dios, pensó impaciente por volver a casa. No obstante, Edward le preocupaba a pesar de ser un gruñón. Sabía que aquellas Navidades pensaría en él, se preguntaría cómo lo estaría pasando… aunque a él no le importara ni lo más mínimo su interés.
¿Quién era Tanya? se preguntó. Había murmurado ese nombre en sueños, con la fiebre. Y además era la persona que le había regalado el libro… junto con su amor. ¿Seguía ella formando parte de su vida? ¿Y por qué no estaba con él?. Y si era sólo parte de su pasado, ¿por qué soñaba con ella? Edward era un misterio. Y probablemente seguiría siéndolo. Pero estimulaba su curiosidad.
Edward no volvió hasta que el sol no se puso y comenzó a oscurecer. Escuchó un portazo y los golpes de sus botas sacudiéndose la nieve. Entró en el salón con un montón de leña, se acercó a la chimenea mirándola sólo de reojo e, inclinándose, arrugó papel de periódico y lo encendió. En pocos minutos ardió gracias a los troncos. Sólo entonces se quitó la chaqueta, la dejó sobre una silla y se restregó las palmas de las manos contra el pantalón.
- Así que… - dijo en un tono frío oliendo el aroma del café - ¿has estado ocupada? ¿Qué has cocinado?
- Sólo unos macarrones con queso. Ya va siendo hora de que vayas a la verdulería a comprar verdura fresca, señor Cullen. Si no te mueres de neumonía morirás de hambre.
- ¿Quieres algo de beber?
- ¿De beber? - repitió ella levantando una ceja.
- Sí. Un vino, lo que quieras.
Hubiera deseado rechazar el ofrecimiento, pero la perspectiva de tomar un vino era demasiado tentadora. Después de todo, aquélla noche era Nochebuena, y no había tenido grandes oportunidades para celebrarlo.
- Vino blanco, si puede ser.
- Enseguida.
Edward se dirigió a la cocina y volvió unos minutos más tarde. Le ofreció un vaso y luego levantó su whisky haciendo ruido con los cubitos de hielo.
- Salud.
- Salud - contestó ella, añadiendo luego sin pensar - Feliz Navidad.
Edward no respondió a esa felicitación, sólo hizo un extraño ruido y se volvió para mirar por la ventana dándole la espalda. Podía ver su reflejo en el cristal. Era un cascarrabias, pensó mientras contemplaba su ceño fruncido. Un completo cascarrabias.
- Te alegrarás de saber - dijo ella - que pronto me iré. Llamé a Dowling cuando vi que había dejado de nevar y va a mandarme una grúa en cuanto oscurezca.
- ¿Y qué crees que vas a hacer si el coche está estropeado? Es posible que se haya dañado la transmisión, o…
- El señor Dowling me dijo que me llevaría a Hoquiam en la grúa si hay algún problema. Desde allí puedo tomar un taxi o un autobús.
- ¿Has hecho alguna llamada más?
- No - contestó Bella - Pero no te preocupes, te pagaré las tres llamadas que hice a Dowling. De verdad, yo…
- Bella - la interrumpió él severo - no me interesa en lo más mínimo el dinero. Sólo me preocupa el hecho de que hayas estado aquí encerrada, porque puede que haya alguien, aparte de tu familia, que pueda estar intranquilo por ti.
- Ya veo! - exclamó ella avergonzada - Lo siento.
- ¿Y bien?… ¿Hay alguien?
- ¿Que si hay alguien que… qué?
- Alguien en tu vida que pueda estar preocupado por ti!
Se refería a un hombre, reflexionó Bella, de eso no cabía duda. ¿Pero por qué se ponía tan nervioso?, se preguntó sin lograr comprenderlo. De todos modos no iba a contarle nada sobre Jake. Jake estaría en Aspen, celebrando una fiesta con los Stanley y con su preciosa hija Jessica, que llevaba años loca por él.
- No - contestó ocultando su malestar - No hay nadie en mi vida… en este momento - contestó cambiando enseguida de tema - Así que… cuéntame, Edward ¿qué haces para ganarte la vida?
Edward estaba apoyado contra la repisa de la chimenea, y al oír la pregunta cerró los ojos.
- Dibujo - aquella respuesta sonaba a evasiva. Entonces él abrió los ojos e hizo un gesto señalando el enorme y estremecedor cuadro al óleo de la pared - Y pinto. Ésa es la razón por la que construí este lugar. El paisaje aquí es… bueno, no necesito explicarte lo bello que es.
Bella dejó el vaso sobre la mesa y se levantó. Dio la vuelta al sofá y se acercó al cuadro para verlo a la distancia correcta.
- ¿Lo has pintado tú?
- Sí.
- Wow… Tienes un talento increible - comentó después de un largo rato.
Entonces se dio la vuelta y se encontró con que él la observaba, inmóvil, a la espera.
- Ésa no es una gran crítica - dijo él sereno.
Bella vaciló y volvió a mirar el cuadro.
- El efecto que produce es sorprendente. Es muy vivo y dramático, muy convincente, y los reflejos sobre el agua están muy bien hechos…
- ¿Pero… ?
Edward había captado la duda que se ocultaba tras aquél comentario. Bella se encogió de hombros.
- Pero, me temo que no me gustaría tener esta obra colgada en mi casa. Creo que me resultaría… escalofriante.
- ¿escalofriante?
- Si. Y perturbadora. La oscuridad del valle, la negrura de las nubes, la amenaza que supone ese buitre volando por encima del ciervo herido…
- No es un buitre, señorita Swan, es un águila.
- Sí, ya sé que es un águila - contestó ella impaciente - pero aquí produce un efecto siniestro - comentó seria sintiéndose violenta - Lo siento. Sé que no es una crítica muy agradable, pero tengo que ser sincera. A mí me gusta rodearme de cuadros que me den placer. Ya hay bastante fealdad en el mundo como para que además tengamos más en casa! Si hubiera visto este cuadro en una galería habría pensado que el artista se sentía muy desgraciado cuando lo pintó…
- Vamos! ¿Es que no puedes mirar sencillamente el cuadro y ver lo que hay en él, sin necesidad de buscar ningún significado oculto? - preguntó él furioso dejando el vaso de golpe sobre la chimenea - Todo el mundo es psicólogo! ¿Es que acaso he mirado yo tu oso de peluche y te he dicho: "Tienes un talento increible, este osito es de un precioso tono tostado… pero yo no lo compraría porque me haría recordar al sinfín de niños desgraciados que no tendrán regalo en Navidad"?
Atónita, Bella se quedó mirándolo mientras la sangre se le subía a la cabeza. Odiaba que la gritaran, le molestaba tanto como una bofetada.
- Eres un… - dijo levantándose del sofá y dirigiéndose al baño, a donde esperaba llegar antes de que las lágrimas resbalaran por sus mejillas.
Sin embargo sólo había dado unos cuantos pasos cuando él la alcanzó. La agarró de un hombro y la obligó a mirarlo a la cara. Y entonces vio que estaba llorando.
- Oh, por el amor de Dios…! - exclamó atrayéndola hacia sí y obligándola a apoyar el rostro sobre su pecho - No seas tan malditamente sensible! Yo sólo quería…
- ¿Sensible?! – gritó Bella apartando la cara mientras seguía prisionera en sus brazos - No tienes ni idea de lo que es la sensibilidad, Cullen! Si lo supieras no adoptarías esta posición que estás adoptando ahora… - añadió echando fuego por los ojos.
- No hay nada de malo en esta posición - argumentó él en un tono de voz cálido, por completo diferente. Edward le enjuagó una lágrima con el dedo acariciando su mejilla - De hecho yo la encuentro extremadamente… interesante.
¿Interesante?, se preguntó Bella casi gimiendo. Lo que para él resultaba sólo interesante era para ella electrizante. Aquellos ojos verdes la miraban tiernamente tras largas pestañas, aquellos brazos musculosos la apretaban en un abrazo íntimo contra su pecho masculino. En tales condiciones su ira se había transformado en dulzura en menos tiempo del que su corazón tardaba en latir dos veces. Apartó aquellos brazos y se echó hacia atrás.
- Creo que… - apenas le quedaba aliento - … que estás sobrepasando los límites, Edward.
- Sí, supongo que sí - contestó él sin intentar excusarse mirandola tirnamente.
- ¿Como lo haces?
- ¿hacer que?
- Esto - dijo rodeando suavemente con una caricia su ojos esmeralda - mirarme de esta forma... cambiar de una mirada totalmente fria, a una completamente calida... y tierna...
Edward la miró fijamente sin emitir ninguna palabra. Luego de un rato que pudieron ser segundos o minutos, abrió la boca dos veces tratando de decir algo, sin embargo lo unico que hizo fue bajar su mirada y alejarse de Bella.
Bella levantó bien alta la cabeza y se dirigió al baño. El frió y cascarrabias Edward volvió, pensó con tristeza.
Aquella sí que había sido una escapada por los pelos, pensó Edward caminando hacia la cocina. Había estado tan cerca de besarla… y no obstante sabía que bastaba sólo con un beso… Un beso… y estaría perdido.
Abrazarla había sido como abrazar un sueño. Ella era todo lo que un hombre podía desear. Y él la deseaba. Mucho. Era dulce, femenina, hermosa, y olía tan malditamente bien que apenas había podido resistirse a despojarla de la ropa, a besar cada uno de los puntos sensibles de su cuerpo que despedían aquella fragancia. El aire seguía oliendo a ella a pesar de haberse marchado, lo estaba volviendo loco…
Tan loco como el letrero que colgaba de su tienda. Aquella mujer vivía inmersa en un mundo de juguetes y niños, de Navidad y de todo lo relacionado con ella, y de todo lo que él no quería saber nada.
No, mentira. Lo quería todo de ella.
Se pasó una mano por el pelo en un gesto de frustración y se dirigió hacia la cocina. Sus pensamientos daban vueltas como en un torbellino.
Abrió el horno y sacó la fuente de los macarrones. Tenían un aspecto delicioso, parecían cocinados a la perfección. Media hora antes, mientras partía leña, había sentido un hambre inmensa. Hambre de comer. En aquel momento su hambre, sin embargo, era de otra cosa. La comida era lo que menos le importaba.
Debía concentrarse, se dijo a sí mismo. Concentrarse en los macarrones. Era mucho menos peligroso.
La oyó entrar en la cocina. Iba descalza, en calcetines, pero podía escuchar las suaves pisadas. Sin volverse hacia ella, dijo:
- Esto parece delicioso.
- Gracias. Es una vieja receta familiar.
- ¿Quieres tomar otra copa de vino?
- No, gracias… con una me basta - él se dio la vuelta y olió de nuevo su fragancia - Nunca bebo más de una copa cuando tengo que conducir.
"Conducir" repitió Edward mentalmente. Por supuesto, dijera lo que dijera Dowling ella se marcharía.
- Bien. Siéntate, yo pondré la mesa.
Se respiraba tensión entre ellos, una tensión antes inexistente. Chispeante, perturbadora, peligrosa. Edward puso los platos sobre la mesa y tomó asiento frente a ella ofreciéndole sal y pimienta. Bella sacudió la cabeza.
- No, gracias, pero sírvete tú, no le he puesto mucha sal.
- No, estoy seguro de que estarán bien.
Estaban deliciosos. De pronto, inexplicablemente, recobró el hambre… el hambre de comer. El hambre de ella, sin embargo, no desapareció. Miró para arriba y vio que ella aún no había empezado. Lo observaba con las manos en el regazo. Sus ojos chocolates, permanecían fijos sobre él sin parpadear.
- ¿Quién es Tanya? - preguntó Bella de pronto.
Hooola!
CHAN! CHAN! la pregunta del momento! Bella preguntó lo que todas quieren saber... pero lo siento! tendran que esperar un poco para saberlo xD Aun cuando este Edward sea un gruñon, cascarrabias amargado.. lo amo xD no puedo evitarlo! Ojala este capitulo les haya gustado tanto como los dos primeros y esperen con ansias el cuarto porque luego lo subiré XD ya saben, no me gusta demorar mucho... soy igual de impaciente que ustedes :D
Momento de agradecimientos! muchas gracias a todas las personas que pasan y dejan sus reviews en cada capitulo de este fic y tambien a las que solo leen y disfrutan de esta historia XD Son las mejores! Ademas, ultimamente estoy tratando de responder todos sus reviews, ya que tengo mas tiempo con las vacaciones, y tratare de hacerlo con cada capitulo xD
Nos vemos en el prox capitulo Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!
Un abrazo de Oso
PollyCox99
