Summary: Bella Swan creía en los finales felices… y en los milagros. Debía de haber sido el destino el que la llavó, tras un accidente, a la casa de Edward en víspera de Navidad. Sólo con mirar una vez aquellos preciosos ojos tristes, decidió que haría todo lo posible para que en ellos volviera a brillar la felicidad…


Capitulo 4: Regalo

Bella contuvo la respiración. ¿Cómo había podido hacerle esa pregunta? No había sido ésa su intención al sentarse a la mesa. De pronto, viendo que Edward se ponía pálido, comprendió que había cometido un error.

- ¿Quién diablos te ha hablado de Tanya?!

Bella decidió no contarle que había susurrado ese nombre en sueños. En lugar de ello explicó tranquilamente

- Está escrito en el libro que estoy leyendo.

- Era mi mujer - contestó él con una expresión seria e indescifrable - Murió hace cinco años.

- Oh, lo sient…

- ¿Que lo sientes? - explotó él - ¿Cómo puedes "sentir" por una persona a la que nunca conociste? Estábamos casados y ahora está muerta. Fin de la historia.

Edward miró a Bella y trató de calmarse respirando hondo. Luego se concentró en la comida. Bella tembló. Se sintió enferma. Hubiera deseado no haber escogido aquel libro. Le gustaban los macarrones, pero no podía tragar. Por fin apartó el plato y, sin querer, golpeó el salero tirándolo. Él la miró.

- Si me disculpas - se excusó Bella – Voy… voy a guardar mis cosas. El hombre de Dowling's llegará pronto.

Se puso de pie. Él la imitó. Al menos tenía modales, pero lo cierto era que era un patán. Bob Dowling había dicho que era un solitario, pero él mismo se lo había buscado. ¿Quién diablos iba a querer estar con un hombre que tenía esos bruscos cambios de temperamento?

Cuando terminó de empaquetar sus cosas ya se había calmado. De hecho sentía una inmensa compasión por él. Había perdido a su esposa, a una esposa a la que amaba, evidentemente, a juzgar por la forma en que susurraba su nombre en sueños. Quizás él era una persona muy distinta antes de la tragedia. Quizá había sido la muerte de su esposa lo que le había hecho así.

Suspiró. ¿Por qué tenía que preocuparse siempre por todo el mundo? Interesarse por Edward era un pérdida de tiempo. En cuanto se marchara de aquella casa no volvería a verlo.

Entonces llamaron a la puerta. ¿Sería alguien de Dowling's?. Vaciló y miró a su alrededor para ver si Edward salía a abrir.

- Yo iré! - gritó él.

Lo observó mientras abría y vio al hombre que había fuera. Escuchó sus voces pero no pudo comprender lo que decían. A lo lejos pudo ver unas luces intermitentes. Se acercó a la puerta.

- ¿Han sacado mi coche?

- Este hombre no es de Dowling's - gruñó Edward

- Tenemos un problema, señorita - dijo el extraño - Su coche estaba tan hundido en la nieve que cuando lo hemos visto era demasiado tarde. La nieve lo ha cubierto por completo. Lo siento mucho, pero tenía que haber puesto una señal luminosa para indicar dónde estaba.

Bella sintió que sus piernas comenzaban a temblar. Se daba cuenta de que Edward la miraba con el ceño fruncido. Abrió la boca para hablar pero él la agarró del brazo y la obligó a sentarse en un sillón.

- Quédate aquí - le ordenó - Yo me ocuparé de todo - añadió recogiendo la chaqueta - Siéntate! - repitió viendo que ella hacía un gesto por levantarse - Te he dicho… que yo me ocuparé de todo.

Bella se dejó caer en el sillón. Edward salió dando un portazo.

"Cubierto de nieve" repitió Bella en silencio. El coche estaba cubierto de nieve. ¿Qué podía hacer? El pánico se apoderó de ella. ¿Cómo iba a volver a casa?

Se puso de pie temblorosa y se dirigió a la cocina. Se sirvió un vaso de agua y se la bebió mirando al frente. Aquella Navidad no iba a ser la mejor de su vida.

Aún estaba en la cocina cuando Edward entró. Escuchó el ruido de la puerta y luego a él, gritando impaciente.

- ¿Dónde diablos estás?

- Aquí! - gritó ella a su vez saliendo de la cocina.

- Recoge tus cosas, te llevaré a casa.

- ¿Qué?! ¿Que tú me vas a llevar a casa? No - sacudió la cabeza - no es necesario…

- ¿Quieres ir caminando?

- Por supuesto que no! Escucha, las carreteras están despejadas, alguien vendrá a buscarme. Llamaré a mis padres, ellos…

- ¿Estás bromeando? Lo último que desearía es que todo el clan de los Swan se presentara en mi casa. Y ahora ve por tus cosas… - repitió en un tono exageradamente paciente - Vamonos.

- Eres el hombre más… bruto y terco que he conocido en mi vida!!

- Entonces no has conocido a muchos hombres en tu corta y dulce vida. Iré afuera a poner en marcha la calefacción del coche - añadió marchándose a grandes pasos.

- ¿Y qué hay de Dowling's? - gritó ella tras él.

- Ya me he puesto en contacto con ellos por el teléfono móvil. Todo está resuelto - abrió la puerta - Sal afuera dentro de tres minutos.

Edward se fue. No sólo era brusco, era además arrogante y detestable. Pero tenía que admitir que ofrecerse para llevarla a casa había sido un bonito gesto por su parte… por muy egoístas que fueran sus razones.

Se puso el abrigo y el gorro en dos minutos y, justo cuando estaba a punto de meter el oso en la bolsa, tuvo una idea. Recogió el oso junto con la colcha y la almohada que había usado para dormir y subió las escaleras. Dejó la ropa de cama donde la había encontrado y entró en el dormitorio de Edward.

Se acercó a la cama y vio que sólo había una almohada. Entonces sentó al oso encima. Hubiera deseado poder disponer de unos minutos para escribirle una nota de agradecimiento, pero en ese momento escuchó la bocina del coche.

Salió de la habitación preguntándose cuándo descubriría el regalo y qué haría cuando lo viera. ¿Lo tiraría con indiferencia? Lo triste del caso, era que nunca lo sabría.

- ¿Lista? - preguntó él cuando se subió al coche de Edward y arrancaba mientras ella se ponía el cinturón de seguridad.

- Sí, gracias.

La calefacción estaba puesta, pero aquel calor no era suficiente para disipar la tensión que ambos sentían. Al llegar al cruce, Bella pudo ver el coche. El corazón le dio un vuelco. No serviría sino de chatarra, se dijo. Cerró los ojos y apretó los puños. El coche aminoró la marcha y paró para doblar a la izquierda y subir la montaña.

- Espera! Tenemos que volver! Los regalos…

- Yo los recogí, están en el maletero. Una de las bolsas estaba ligeramente rajada, pero si no llevas más que peluches no creo que el daño sea grave.

- Muchas gracias, de verdad.

- También he recogido los papeles que tenías en la guantera - añadió señalando una bolsa de plástico que había en el asiento entre ellos.

- Aprecio mucho todo lo que has hecho por mí.

Edward gruñó y movió la palanca de cambios dándole un poco la espalda como para evitar continuar aquella conversación. Cuando llegaron a la cima de aquella colina, Bella preguntó.

- ¿Conoces el camino que lleva a Forks?

- Sí.

Permanecieron en silencio durante aproximadamente siete kilómetros.

- Lo siento - dijo ella al fin en voz baja - He sido una verdadera molestia para ti. Es evidente que no te gusta demasiado la compañía…

- ¿Qué es lo que te ha hecho pensar eso?

- Bueno, tu casa está aislada… y te encanta vivir solo…

- No siempre estoy solo. Pero en Navidad lo prefiero.

- Me parece muy extraño. La Navidad es precisamente una época tan especial…

- ¿Te importa - la interrumpió él - si escucho las noticias?

Edward encendió la radio justo a tiempo para oír las noticias que comenzaban.

Aquello dejaba las cosas claras. Cuando terminaron las noticias, él apagó la radio, pero Bella había comprendido el mensaje y no volvió a hablar. Edward quería que lo dejara en paz, y hubiera preferido morderse la lengua antes de decir una palabra más.

Permanecieron en el coche media hora de viaje, cuando llegaron Forks. Durante ese tiempo, aparte del primer intento por conversar, ninguno de los dos había hablado. Fue Edward quien finalmente rompió el silencio.

- Ahora necesitaría que me guiaras.

Era evidente por su tono de voz que estaba agotado, y sólo el hecho de comprenderlo hizo que el enfado de Bella se volviera en un sentimiento de culpabilidad. Aquel hombre se estaba recuperando de una terrible gripe y no debería de haber salido de casa. Lo menos que podía hacer era mostrarse amable. Y atenta.

- Es en el otro extremo de la ciudad. ¿Ves ese colegio en la esquina siguiente? Desde allí dobla a la izquierda, y cinco manzanas más allá giras a la derecha.

En poco tiempo llegaron a la casa donde había nacido Bella, que enseguida se vio sumida en una escena familiar de bienvenida navideña. Colgado de la cornisa del tejado de la casa había un reno que tiraba del coche de Santa Claus, sobre la puerta, una corona, y en la ventana sin cortinas un árbol de Navidad lleno de luces parpadeantes y un ángel plateado. Bella podía ver a su familia sentada alrededor del árbol. Su corazón dio un vuelco al reconocer a su madre.

- Esos chicos que juegan en el jardín - dijo refiriéndose a los jóvenes que hacían un muñeco de nieve - son como mis sobrinos. Claire, Seth, Quil... Son hijos de amigos de la familia! Hey Seth! ¿Puedes venir a ayudarnos con el equipaje? - preguntó abriendo la puerta del coche.

Cuando los chicos la reconocieron gritaron y se arremolinaron alrededor. Bella corrió a abrazarlos, y mientras lo hacía, Edward fue dejando las bolsas sobre la nieve. Los chicos las recogieron y salieron corriendo.

Bella se volvió y observó a Edward de pie, al lado del coche… mirando la casa. La expresión de su rostro le causó un vuelco en el corazón: nunca había visto tal gesto de infelicidad. ¿Qué era lo que le producía tanta pena? ¿Su familia sentada en el salón?

- Tienes que entrar a conocer a mi familia.

- No, tengo que irme - contestó él dándose la vuelta.

- Por favor! Por favor! Por favor! Por favor! - insistió ella acercándose para mirarlo a los ojos con ternura y tocar su mano - Mis padres desearán conocer al hombre que me rescató. Y yo... de verdad quiero que entres...

Bella lo vio vacilar pero alguien, desde la puerta principal, la llamó.

- Bells!!!… - gritó Emmett su hermano mayor - vamos, tenemos una sorpresa para ti!

Frunció el ceño. Aún tenía la mano sobre el brazo de Edward

- Ve con ellos. Yo te seguiré enseguida. Voy a cerrar el coche.

- ¿Lo prometes?

- Claro.

- ¿Seguro?

- Eres realmente insistente… - dijo sonriendo al ver como Bella le sacaba la lengua como niña.

Edward vio un brillo en sus ojos, un brillo más intenso que el de las mismas estrellas del cielo.

- Ah! Es tan fantástico volver a casa! A casa por Navidad! Es la mejor época del año… ¡me encanta, sencillamente me encanta!

Bella rió de felicidad y se marchó. Corría por la nieve mientras el abrigo se le enrollaba en las largas piernas.

- Hey! - la llamó Edward - te olvidas de la bolsa!

Pero Bella no lo oyó. Entonces Edward escuchó una voz detrás de él.

- No importa, yo la llevaré.

Edward se volvió y vio acercarse a una mujer rubia, bastante linda que le sonreía amigablemente.

- Son las cosas de, Bella - dijo pasandole la bolsa

- Gracias - contestó la joven colgándose la bolsa al hombro - Por cierto, soy Rosalie. ¿Y tú eres…?

- Simplemente la persona que la ha traído hasta aquí.

- Bien - dijo observándolo a él son una sonrisa e inspeccionando el coche después - Pues, si yo tuviera que elegir - añadió haciendo un gesto hacia un Jaguar aparcado al otro lado de la calle y medio escondido por las ramas de un árbol - preferiría tu coche que ése. Se conduce muy suavemente, pero… - se interrumpió encogiéndose de hombros y haciendo un gesto de desagrado - Siempre he pensado que Bella tenía buen gusto, pero a su amigo le gustan los coches… excesivamente suaves.

- ¿A su amigo? - preguntó Edward inhalando el aire helado.

- Más que amigo. De hecho es su novio. Se casarán en septiembre - dijo dando una patada en el suelo de mal humor - Es un idiota! ¿sabes? Primero te ofende y luego se ríe como si todo hubiera sido una broma. Es un... perro!

- Bueno - contestó Edward mirando hacia la casa y observando a Bella en medio de su familia. Entonces vio que estaba acompañada. Un hombre estaba con ella. Era alto, moreno y de anchos hombros. Estaban de espaldas a la ventana, y él la estaba agarrando con fuerza, posesivamente - yo me voy - añadió con voz entrecortada.

- Creía que le habías dicho a Bella que entrarías - contestó la chica confundida

Sí, se lo había prometido. En un momento de locura se lo había prometido. La había mirado a los ojos mientras ella lo agarraba del brazo y había visto ternura en aquellas profundidades marrones, y… tontamente, había pensado… que había algo más. En aquel momento había sentido como si ambos hubieran llegado a un acuerdo. Como si los ojos de Bella le hubiesen hecho una promesa. O al menos eso era lo que él había pensado. Pero se había equivocado. Justo cuando había creído que por fin se iba a producir el milagro, justo cuando pensaba que sólo tenía que ser valiente para alcanzarlo, para correr el riesgo, justo en ese momento todo había terminado.

Había sido un espejismo, no un milagro.

De pronto, Edward se dio cuenta de que Rosalie seguía esperando una respuesta.

- No, he cambiado de opinión.

- ¿Y qué le digo a ella?

Edward abrió la puerta del coche y entró.

- Nada - contestó poniéndolo en marcha - no hace falta - entonces vio la bolsa de plástico con los documentos de Bella en el asiento - Toma, dáselo.

- En ese caso… Feliz Navidad! - gritó ella mientras él se alejaba.

- Sí… bien - contestó Edward, que jamás deseaba a nadie una Feliz Navidad.

***

Bella se sentó en el asiento del Jaguar mirándose el anillo de compromiso en el dedo.

- ¿Estás contenta, cariño? – preguntó Jake en voz baja e íntima.

Ella se volvió para mirarlo. El coche seguía aparcado frente a la casa de los Swan. El motor crujía. Después de pasar una hora con su familia y enterarse de todas las noticias, Jake había sugerido que salieran a dar un paseo.

- Compréndanlo - había dicho Jake a sus padres con una enorme sonrisa - no nos hemos visto desde el viernes.

- Pero no te la lleves muy lejos - había contestado su madre aparentemente encantada con aquel futuro yerno - nosotros no la vemos desde septiembre.

Todos se habían reído. Todos excepto Rosalie. Ella se había sentado de mal humor en un rincón nada más entrar en el salón. El gesto de enfado que le había dedicado la había hecho volver la cabeza y mirar por la ventana. Había tenido el tiempo justo de ver… los faros traseros del coche de Edward desapareciendo. Así que, finalmente, él había decidido no entrar, se dijo lamentándolo, sintiendo la vaga sensación de algo no terminado… ¿Pero qué era lo que había puesto a Rosalie de tan mal humor?

- Bella!… - la llamó Jake deslizando un brazo entre el asiento y su espalda.

- Dijiste - contestó ella tensa - que irías a Aspen.

- Lo sé, pero cuando comencé a hacer la maleta me di cuenta de que no podría soportar la Navidad sin ti - explicó atrayéndola a sus brazos - Cariño, por favor, perdóname por ser tan estúpido - se disculpó reclamando sus labios en un largo beso.

Antes Bella se entregaba por completo a aquellos besos. Sin embargo en ese momento algo ocupaba su mente: el recuerdo de Edward abrazándola, el recuerdo de su voz ronca diciendo: "No hay nada de malo en esta posición" Algo en su interior se estremeció al recordar la forma en que él había enjugado una lágrima de su mejilla.

- Y ahora… - dijo Jake soltándola - vamos a dar esa vuelta. Será un paseo rápido ¿verdad? - rió burlón - Esta ciudad no es precisamente muy grande! Me alegro mucho de haberte puesto el anillo sin que nadie se diera cuenta, Bella ¿Y qué hay de esa fiesta de año nuevo que ha preparado tu madre? ¿Sabías algo de eso?

La mención de aquella fiesta la hizo sentir lo mismo que había sentido cuando Jake le puso el anillo a escondidas. Tenía la sensación de que no era ella quien controlaba su vida, de que una ola la arrastraba sin poder evitarlo.

- No, ha sido una verdadera sorpresa.

- Pero es una sorpresa estupenda! - añadió él en un tono de presunción - Les he gustado de verdad, ¿no crees? Aunque noté a la esposa de Emmett... Rosalba un poco extraña

- Rosalie... su nombre es Rosalie

- Si, como sea. ¿Sabías que tu madre no ha podido dormir desde que te fuiste de casa hasta saber que estabas comprometida conmigo?

- No tenía ni idea de que mamá estuviera tan preocupada por mí, parece siempre tan contenta…

- Pura fachada. Pero le he asegurado que conmigo estarás a salvo… y vivirás con toda clase de lujos. Por cierto, no he visto tu coche. ¿Dónde la has aparcado?

- Patinó en la carretera - contestó Bella con la mente puesta en su madre - Choqué contra un montículo de nieve, pero al final conseguí llegar hasta aquí.

- Así que el accidente te retuvo, ¿cierto? De otro modo hubieras llegado antes que yo. Yo llegué a las cinco.

Jake creía que ella había salido de Seattle aquel mismo día. Era evidente por su forma de hablar, pensó Bella abriendo la boca para sacarlo de su error y cerrándola luego sin decir palabra. Si le contaba que había pasado la noche con un extraño no dejaría de hacerle preguntas. No había ninguna necesidad de que él lo supiera. Ni él, ni nadie, pensó convencida de que Edward guardaría silencio. Además, se dijo, él vivía en otro mundo. Su secreto estaba a salvo.

- Sí – murmuró - el accidente me retuvo en la carretera…

- Bella, siento mucho haberte dado ese ultimátum. Ha sido un grave error, y te prometo que te compensaré. Mi amor por ti es lo más importante de mi vida.

Un mes antes Bella hubiera repetido esa declaración como respuesta. Sin embargo, en ese momento, las palabras no salían de su garganta. Era cierto que Jake estaba tratando de rectificar su error pero, ¿no era demasiado tarde? Durante la fiesta en su casa había visto un aspecto de él que nunca antes había tenido oportunidad de ver, algo que había cambiado sus sentimientos. Tenía que poner en claro lo que sentía. Pero aquél no era el momento. Ni el lugar.

Dejaría las cosas tal y como estaban, más que nada por su madre, recapacitó. Al menos… mientras durasen las vacaciones. Una vez de vuelta en Seattle se enfrentaría al problema y decidiría si seguía o no adelante con la boda.

***

Edward llegó a casa exhausto.

Había superado la prueba, por supuesto, pero ¿qué había deseado demostrar saliendo a partir leña en ese estado?. No obstante en ese momento necesitaba alejarse de ella. Cuando bajó las escaleras después de ducharse había escuchado villancicos en la cocina, y al verla y darse cuenta de que estaba llorando comprendió que… la nostalgia de la música la había embargado. En ese momento había sentido que el corazón le daba un vuelco, y al mismo tiempo, había sentido una irreprimible necesidad de abrazarla y besarla borrando aquellas lágrimas… Pero se había contenido. Bastante difícil iba a ser olvidarla, reflexionó, para verse envuelto, además, en algún tipo de relación sexual. Sin embargo la imagen de Bella en la cocina, mientras hacía el desayuno, era algo que nunca iba a poder olvidar. Su fantasma permanecería para siempre en la casa.

Una casa que parecía vacía sin ella.

Cerró la puerta principal dando un portazo y entró en el salón. Su mirada se quedó fija en el sofá, donde ella había estado leyendo… Era como si perteneciera a ese lugar. Pero no pertenecía. Y nunca pertenecería. Estaba comprometida, eso era un hecho. Bella Swan era el milagro de otro hombre, no el suyo. Nunca sería el suyo.

Subió despacio al dormitorio y, sin encender siquiera la luz, se tiró encima de la cama Respiró hondo y… se estremeció. Su fragancia estaba en todas partes, incluso en la colcha. Era imposible, se dijo, ella ni siquiera había entrado en su habitación. Tenía que ser producto de su imaginación. Tiró de la colcha y se metió debajo. Entonces su cabeza chocó contra algo blando. Frunció el ceño, sacó la mano y lo agarró preguntándose qué diablos sería…

La fragancia de Bella invadió entonces todo el espacio. No necesitaba encender la luz para saber qué era. Era el osito que ella le había enseñado aquella misma mañana durante el desayuno. Lo había dejado para él, como regalo de Navidad.

Edward gruñó tirándolo al suelo. Oyó que chocaba contra el armario y hundió la cara en la almohada, intentando olvidar.

Olvidar los amargos recuerdos de las Navidades de su infancia, en los que el corazón de un niño aún abrigaba esperanzas… la esperanza de que algún día, alguna vez, despertaría una mañana de Navidad con un regalo a los pies de la cama.


Hooola!

Navidad! navidad! Hoy es navidad... es un día de Alegría y Felicidad (8) pero no para nuestro querido Edward :( por que la vida lo trata tan maaaal ! pero las cosas mejoraran para el y para Bella en los siguientes capitulos... pero no será tan facil :S

Como siempre, queridas lectoras, les agradezco toooodos sus reviews! son las mejores... me han dado el mejor regalo de navidad: sus hermosos comentarios!

A tooodas las personas que pasan por mis fics, les deseo que la magia de la navidad los ilumine y los ayude a cumplir todos sus sueños y deseos! Feliz Navidad a Ustedes y a los que los rodean :)

Nos vemos en el proximo capitulo! Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!

Un abrazo!!!

PollyCox99