Summary: Bella Swan creía en los finales felices… y en los milagros. Debía de haber sido el destino el que la llavó, tras un accidente, a la casa de Edward en víspera de Navidad. Sólo con mirar una vez aquellos preciosos ojos tristes, decidió que haría todo lo posible para que en ellos volviera a brillar la felicidad…Todos humanos.


Capitulo 8: A ciegas

La mañana del lunes, nada más abrir la tienda, sonó el teléfono. Carmen, otra ayudante de Bella en la tienda, contestó.

- Si es para mí toma el recado - susurró Bella deprisa.

- Happyland Toy Store - contestó Carmen asintiendo a Bella - Habla Carmen - añadió haciendo luego una pausa - No puede ponerse al teléfono en este momento, señor Cullen. ¿Quiere dejarle un mensaje? Muy bien, se lo diré – colgó - Quiere que le llames para fijar una cita, de ser posible a principios de esta semana.

- Gracias. ¿Puedes atender a la clienta que acaba de entrar? Yo iré a poner café.

¿Qué podía hacer con respecto a Edward?, se preguntó mientras preparaba la cafetera. ¿Es que Jake no lo había llamado para decirle que ella ya no tenía ninguna relación con el tema de la casa? Seguramente él seguiría adelante con el proyecto, era algo que siempre había planeado. Y el hecho de que ya nunca fueran a vivir juntos no era sino culpa de él. Aún temblaba al recordar la horrible escena a la puerta de su apartamento, cuando le dijo que no iba a casarse con él.

- ¿Bella? - la llamó Carmen desde detrás de la puerta - ¿Qué ocurre?

- No, nada. Bueno, nada exactamente, no.

Bella extendió la mano izquierda para mostrarle que no llevaba el anillo, y ante la mirada incrédula de Carmen contó la historia de su ruptura. A Angela y a Emily ya se lo había contado. También había llamado a sus padres, que se lo habían tomado bien, para su sorpresa. Más tarde, al hablar con Emmett, éste le había susurrado que su madre estaba de hecho muy contenta porque, aunque Jake le gustaba, creía que no era para ella. Aquello la había hecho sentirse mucho mejor.

Carmen abrazó a Bella y ambas estuvieron conversando un rato. Luego Bella salió a la tienda. Estaba vacía. Descolgó el teléfono y llamó a C.C. Esperaba que respondiera la secretaria de Edward, pero en cambio escuchó la voz de él.

- Cullen.

- Soy Bella Swan - dijo mientras sus dedos sudaban agarrando el auricular - He recibido tu mensaje. Escucha, no voy a verte esta semana… deberías de hablar con Jake sobre…

- ¿Es que no puedes disponer de una hora o dos? Estás tan ocupada que no…

- Sí… es decir… no - contestó. Explicarle lo ocurrido iba a ser difícil - Llama a Jake. Ha vuelto de viaje y te lo explicará. De ahora en adelante yo no voy a tomar parte en las discusiones sobre la casa. Tratarás el tema con él…

- ¿Es por el beso? o ¿Es porque salí con Angela?! Maldición! nunca pensé que serías tan rencorosa! Además, si no recuerdo mal, fuiste tú quien nos sugeriste que saliéramos juntos. De todos modos no tengo tiempo para jugar al escondite. Si tú y tu novio quieren tener la casa lista para septiembre van a tener que poner de su parte!

- Te he dicho que llames a Jake! Y no me grites - contestó Bella con frialdad - De ahora en adelante todas las consultas las harás con él. Yo no voy a entrar en esos asuntos porque…

- Porque estás molesta conmigo. Escucha, no puedes dejar que tus sentimientos se mezclen con los negocios - explicó en un tono tan frío como el de ella - Así que estás celosa porque salí con tu amiga… Maldición! No debes dejar que tus sentimientos echen a perder nuestra relación laboral…

- Llama a Jake - lo interrumpió Bella con calma.

- Al diablo! ¿Es que no tienes prisa por tener la casa construida? Bien, pues yo tengo otros clientes, clientes que, gracias a Dios, comprenden que el tiempo es oro. Llámame cuando se te haya pasado la rabieta.

- No…

- Llámame cuando estés preparada para comportarte como una adulta. Hasta entonces, no me molestes! - gritó colgando el teléfono.

Bella no volvió a telefonearle, y durante las semanas siguientes no supo si Jake se había puesto en contacto con él. Hizo un esfuerzo por olvidarse de ambos hombres, lo cual no le resultó difícil mientras estaba trabajando, pero sí por las noches.

Tampoco Angela volvió a mencionar a Edward, y Bella ignoraba si seguían saliendo o no. Hubiera preferido morderse la lengua antes de preguntar. No obstante, su compañera de apartamento salía por las noches más a menudo que antes. Una noche de sábado, cuando volvió a media noche medio flotando y con ojos soñadores, Bella apagó el televisor e hizo la pregunta que se había jurado a sí misma que nunca saldría de sus labios.

- ¿Estás… saliendo con Edward Cullen?

La expresión soñadora de Angela desapareció de inmediato. Se quitó la chaqueta, se acercó a la chimenea y la miró.

- No - contestó con calma - no estoy saliendo con él. Sólo nos citamos aquella vez que fuimos al cine.

- Lo siento - dijo Bella ruborizándose - sé que fui bastante brusca con él y que casi lo obligué a salir contigo.

- No fue por ti - añadió Angela haciendo un gesto con la mano - hubiéramos salido juntos aunque tú no lo hubieras sugerido.

- Entonces - Bella tragó - … si fue un flechazo instantáneo por parte de los dos - añadió sintiendo que aquella idea le resultaba dolorosa y sin saber por qué - ¿Por qué no han vuelto a salir juntos?

- Bella, dejame decirte algo, y presta mucha atención - dijo Angela sentándose frente a ella con expresión seria - Aquella noche, cuando volví de la heladería y los encontré a ambos en la puerta… bueno, déjame que te diga que la atracción entre ustedes era tal que podrían haber iluminado todo Seattle…

- Angela, no quiero escuchar nada de…

- Y cuando subimos a casa tú te metiste en tu habitación… molesta porque él hubiera aceptado mi invitación. Estuvimos hablando, y enseguida llegamos ambos a la misma conclusión: que Jacob Black no te convenía. A los dos nos fastidiaba terriblemente el que tú cometieras el error de casarte con él, y decidimos tomar cartas en el asunto.

Bella la miró incrédula. Habían arreglado aquella cita con el solo propósito de ponerla celosa. La humillación que sentía se tornó en ira.

- ¿Así que habrían salido juntos aunque yo no se los hubiera sugerido? Bueno, eso me quita un peso de encima - dijo con sarcasmo - Y yo aquí, angustiada pensando que había sido un poco brusca, cuando estaban engañándome y tramando planes…

- Nuestras intenciones eran buenas, Bells…

Bella se puso en pie de repente. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

- Y se supone que con eso se arregla todo… ¿incluso el hecho de que mi mejor amiga me haya engañado?

Angela no hizo caso de aquellas acusaciones y contestó en tono lastimero.

- A Edward le gustas tú, Bella. Quiero decir que… le gustas de verdad.

- Bueno, puede que me desee - apretó los labios tratando de no llorar mientras se acercaba hasta la ventana - pero eso es todo.

- Es más que eso…

- Acabo de terminar una relación desastrosa, Ang - se volvió para mirarla - y no… no estoy preparada para comenzar otra. Sobre todo con un hombre como él.

- ¿Un hombre como él? ¿Qué quiere decir eso?

- Yo… yo quiero casarme - contestó Bella cuyo enfado se había disipado tan deprisa como había surgido, dejándola temblorosa e impotente - Quiero una casita, niños… y todo lo que eso conlleva. No estoy dispuesta a conformarme con menos. Edward Cullen ya ha estado casado una vez, y no tiene intención de volver a pasar por el altar. Aunque me interesara, cosa que no estoy admitiendo, nunca saldría con él. ¿Para qué?

- Pero si se enamora de ti seguro que cam…

- Angela - la interrumpió con calma - Ese hombre ni siquiera celebra la Navidad! Haría falta un milagro para que se convirtiera en el hombre que yo necesito. Además, no puedo fiarme ni de mi propio juicio. Mira lo equivocada que estaba con respecto a Jake. No, necesito tiempo antes de volver a establecer una nueva relación. Quizá, más adelante, pueda volver a confiar en mi sensatez - respiró hondo - Así que… - se esforzó por sonreír -… dime quién es el causante de esa expresión soñadora en tus ojos.

Angela comprendió que la discusión sobre Edward había llegado a su fin, de modo que comenzó a contarle que había un nuevo hombre en su vida, y sus ojos volvieron a brillar. Bella se alegró de la felicidad de su amiga, pero mientras la escuchaba no dejaba de preguntarse si Edward habría descubierto que ya no estaba comprometida. A esas alturas, tenía que saberlo. Pero, de ser así, no se había molestado en llamarla. Acababa de decirle a Angela que nunca se citaría con él. Sin embargo, ¿por qué estaba tan molesta porque no lo hubiera hecho?

***

- He buscado el libro Orgullo y Prejuicio - le dijo Bella a la mujer del mostrador - pero parece que no tienen ningún ejemplar.

- Déjeme que lo compruebe - contestó ella con aire de aburrimiento mientras presionaba ciertas teclas del ordenador y miraba el monitor - Lo siento, la edición está agotada.

La mujer miró más allá de Bella y se dirigió con evidente interés al siguiente cliente.

- Buenos días, señor - sonrió ampliamente.

Molesta, Bella se volvió para marcharse, encontrándose de frente con aquel cliente… que no daba señales de apartarse. Levantó la vista dispuesta a murmurar un "disculpe", cuando se dio cuenta de que era Edward. Las palabras se ahogaron en su garganta.

Llevaba vaqueros y un precioso jersey, e irradiaba vitalidad y buena salud. Su piel resplandecía, sus ojos claros brillaban… y el viento le había revuelto el pelo. Bella sintió unos enormes deseos de peinarlo y besarlo nuevamente, pero cerró los puños.

- ¿Estás buscando Orgullo y Prejuicio? - preguntó Edward - Yo te lo prestaré.

Bella se sintió desfallecer al oler su fragancia tentadora y masculina.

- Si, el mío lo perdí. ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntó apenas sin aliento.

- ¿No recuerdas que Angela te dijo que ésta era mi librería favorita? - levantó las cejas.

- Sí, pero…

- Pues es cierto. Vengo aquí a menudo. Leo mucho. Escucha, el libro que…

- Leí los primeros capítulos en tu casa, y odio no poder terminar un libro cuando es bueno… aun cuando ya lo he leído…

- Pero te está costando encontrarlo. Llamaré a la señora que cuida y limpia el refugio para que me lo mande, así podré dejártelo.

- Gracias - contestó Bella tensa - pero ya sabes lo que dijo Shakespeare "Ni prestes, ni pidas nunca prestado"

- Pero también Pitágoras dijo que los amigos debían compartirlo todo, y estoy seguro de que si nos lo proponemos, podemos llegar a ser buenos amigos…

- Además - lo interrumpió ella - apuesto a que no te gustaría separarte de ese libro, ni siquiera temporalmente. Me dio la sensación de que… significaba mucho para ti.

Por un momento la expresión resplandeciente de su rostro se apagó, pero fue algo tan pasajero que Bella supuso que se trataba sólo de una sombra a causa de la luz. Cuando habló, su voz sonó tranquila.

- A ti te encantan los libros, así que confiaré en…

- El siguiente, por favor! - exclamó la dependienta interrumpiéndolo cortante.

- … que lo cuidarás - terminó de decir Edward mientras dejaba un libro sobre el mostrador.

- No es necesario - argumentó ella - Si no encuentro ningún ejemplar en las librerías lo buscaré en la biblioteca. De todos modos muchas gracias por la oferta.

- Espera un segundo a que pague esto - contestó Edward sacando la cartera del bolsillo - Te invito a un café.

Edward sacó la tarjeta de la cartera y pasó por delante de Bella para tendérsela a la dependienta. Mientras estaba de espaldas, ella se escabulló.

La tienda estaba repleta de compradores y fisgones, así que le costó llegar a la salida. Una vez fuera vio un autobús a punto de marcharse en la parada de enfrente. Echó a correr y consiguió subir justo antes de que se marchara.

Amigos, reflexionó. Si se lo proponían podrían llegar a ser buenos amigos, había dicho él. Sin embargo, sabía que nunca podría ser simplemente su amiga, y mantener otro tipo de relación era algo que estaba fuera de toda duda.

Diez minutos más tarde, después de bajar en la siguiente parada, estaba sentada en una tranquila esquina de su café preferido. Tenía una taza de capuchino delante y el periódico extendido sobre la mesa. Dio un sorbo y comenzó a leer.

Edward guardó el periodico bajo el brazo, pagó el capuchino y cruzó la cafetería buscando una mesa.

Bella había dejado la chaqueta sobre el respaldo de la silla. Tenía el pelo suelto, y un montón de rizos del color del chocolate le caían hacia adelante al inclinarse sobre el periódico. Entonces se los retiró con aire ausente mostrando la frente y la deliciosa curva de las mejillas. Su belleza le producía estragos. Otra vez, como siempre.

Esa había sido la razón por la que, desde su última conversación telefónica, se había mantenido alejado de ella. No obstante, al verla en la librería, había sentido una excitación tal que había echado por tierra toda su prudencia. Deseaba estar con ella. ¿Era eso tan malo? ¿Era malo que tomaran un café? ¿En un lugar público? No podía resultar tan perjudicial.

Sin embargo ella se había escabullido. Mientras esperaba a que le dieran el ticket en la librería había mirado por el escaparate y la había visto saltar al autobús… y entonces fue cuando recordó lo que Angela le había contado. Black jugaba golf todos los domingos por la mañana, y Bella tenía sus propias costumbres para aquella mañana, unas costumbres que jamás variaban y que siempre terminaban con un café en la cafetería ubicada unas calles más allá.

Edward, igual que un conejillo de indias, se había apresurado entonces a correr a su destino, el famoso café. Le había costado casi veinte minutos encontrarlo, veinte minutos durante los cuales la excitación en forma de adrenalina había recorrido su cuerpo dejándolo a punto de estallar. Pero al final lo había encontrado.

Al llegar a la mesa de Bella se paró. Ella seguía absorta leyendo el periódico. Su perfume consiguió penetrar en sus sentidos. Fresas. Rosas rojas. Largos besos. Las imágenes del beso que compartieron no cesaban de surgir en su mente, imágenes que estaban completamente fuera de lugar en un café como aquél, en un domingo como aquél… o cualquier otro día.

- Bien - dejó el periódico sobre la mesa - hola otra vez!

Bella levantó la cabeza. Sus ojos se abrieron inmensos por la sorpresa, sus labios se separaron ligeramente, como a punto de desfallecer. Aquellos labios… sensuales, rojos y llenos.

- ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntó.

- Creo que eso ya lo dijiste, cariño - contestó Edward dejando la taza sobre la mesa y quitándose la chaqueta para colgarla en el respaldo de la silla vacía - ¿Puedo?

Sin darle tiempo siquiera a responder apartó la silla y se sentó. Luego dio un sorbo del capuchino y se lamió el labio superior. Buscó la sección de deportes del periódico y, con una sonrisa, comenzó a leer.

Bella se quedó mirándolo. El shock le había acelerado el pulso. Era imposible que aquello fuera una coincidencia. Era imposible que hubieran vuelto a encontrarse precisamente en aquel café. Habían cientos de cafés en Seattle, de modo que… ¿cómo era posible que se presentara justo en aquél?. Pero conocía la respuesta, la conocía muy bien.

- Me seguiste! - exclamó en un tono acusador.

Edward miró para arriba… con expresión de inocencia.

- ¿Seguirte? Pero si estaba delante del mostrador cuando te vi que saltabas al autobús! ¿Quien crees que soy? ¿Superman?!!!

- ¿Estás tratando de decirme que es una pura coincidencia?

- Eres tú quien lo está diciendo - sonrió él burlón.

- Entonces, si no me has seguido y tampoco estás aquí por pura suerte…

- Buena suerte ¿no te parece?

- Ahora eres tú quien me está atribuyendo algo que no he dicho! - respondió ella.

- Es una buena idea ¿no crees? Pasar el domingo por la mañana en tu café favorito… Podría acostumbrarme fácilmente… - sus ojos brillaron traviesos - a hacerlo, todos los domingos.

De modo, que él sabía lo qué ella hacía todos los domingos. Y sólo Angela podría habérselo contado. Los dos habían estado confabulados, eso lo sabía. Y también sabía que sólo se habían citado una vez. ¿Pero cuántas cosas le había contado Angela en aquella única cita? Según parecía, demasiado.

- Lo siento, pero… - soltó Bella - Estar a solas es precisamente un detalle importante de mis costumbres. ¿Angela no te lo contó?

- Sí - contestó Edward con tranquilidad - creo que lo mencionó.

- ¿Y entonces por qué…?

- Bueno, una costumbre siempre puede acabar convirtiéndose en una rutina.

- Las rutinas - respondió ella - pueden ser buenas.

- Si se comparten con la persona adecuada - sonrió Edward

Bella se derritió. Y sonrió en respuesta, no pudo evitarlo. Él era tan malditamente encantador, tan atractivo, tan cautivador, tan… Todo eso y más.

- Está bien - accedió al fin cerrando el periódico - ¿Qué es lo que quieres?

- Esa pregunta es peligrosa - advirtió él con ojos sonrientes.

- Hablar contigo es como caminar por un campo de minas – sonrió - Con los ojos vendados.

- Fuiste tú quien preguntó - se encogió de hombros torciendo la boca.

- Volveré a preguntarlo con otras palabras. ¿Por qué estás aquí?

- Sentía curiosidad por saber en qué lugar te gusta pasar el domingo por la mañana.

- Bien, pues ahora lo sabes.

- Sí, ahora lo sé - su voz había sonado seria de repente. ¿Qué significaría?, se preguntó Bella mirándolo confusa - No me sorprende que no frecuentes lugares atestados de gente.

- Sin embargo sabes muy bien que a veces los frecuento – respondió Bella.

- Durante la semana, quizá. O los sábados. Pero nunca en domingo - la miró de frente, fijamente a sus ojos chocolate - Los domingos vienes aquí porque echas de menos a tus padres, porque este lugar está alejado del ruido y porque tiene un ambiente muy acogedor. Mira a tu alrededor - añadió señalando la pila de periódicos amontonados sobre la ventana, los gatos tumbados sobre cojines, los carteles en las paredes y los ramilletes de flores sobre las mesas - ¿Me equivoco?

- Te olvidas de la chimenea - añadió ella irónica señalando hacia el otro lado del café.

La risa ronca de Edward le rasgó el corazón.

- Está bien. Me rindo.

- No pensaba discutir tus argumentos - contestó Bella tomando la taza de café y tratando de aparentar tranquilidad - Cuando vivía con mis padres compartiamos todos juntos los domingos. Después, cuando me vine a vivir aquí, siempre me sentía… deprimida…

- Y sola.

- Mmm. Un día, mientras vagaba sin rumbo fijo, entré y… me gustó el ambiente. Era como si llenara un vacío en mi interior. Ahora se ha convertido en una costumbre, me siento casi… como en casa - añadió a punto de llorar. Se aclaró la garganta y preguntó, tratando de parecer alegre - ¿Y qué me dices de ti? ¿Tienes familia en Seattle?

Edward la miraba con interés, pero al escuchar aquella pregunta sus rasgos se endurecieron.

- No - contestó poniéndose en pie - Se te ha enfriado el café. Dame, te traeré otro.

Bella se puso pálida. Había vuelto a hacerlo… se había vuelto a cerrar. Le gustaba indagar en su mundo, cosa que no le importaba, no guardaba secretos pero… le cerraba la puerta cada vez que intentaba conocerlo. Y eso le dolía.

- Gracias, pero con una taza tengo suficiente - respondió poniéndose en pie - Si me disculpas me voy a casa. Y por favor, Edward… No me sigas. Ni te ofrezcas para llevarme - añadió al ver que era eso lo que pretendía - Me gusta caminar, me ayuda a pensar. Y eso es justamente lo que necesito.

***

Kate, la hija de Carmen, se casaba un lunes a mitad de marzo y la había invitado a la ceremonia. Bella tenía preparado un vestido especial para la ocasión pero, aunque sabía que estaba fantástica, eso no disminuía en nada su depresión. Se sentía abatida desde la ruptura del compromiso, y a pesar de sus esfuerzos había sido incapaz de reponerse.

Pensaba tomar un taxi hasta la iglesia, pero cuando se lo mencionó unos días antes a Carmen ésta le dijo que Kate lo había arreglado todo para que alguien la recogiera.

- El jefe de la madre del novio te llevará. Yo no lo conozco, pero según parece es un hombre encantador. No está casado ni tiene acompañante para la ceremonia.

¿Es que estaban planeando una cita a ciegas para ella? Escrutó el semblante de Emily que estaba escuchando la conversación, pero sus ojos eran claros y su sonrisa inocente.

- Es muy considerado por parte de Kate. ¿Y a qué hora debo estar lista?

- A las cuatro.

Aquella tarde, a la hora de cerrar la tienda, salieron juntas a la calle. Carmen se despidió, y Bella vio, por el rabillo del ojo, que algo se movía en una de las ventanas de C.C. Incapaz de resistirse, volvió la cabeza y miró.

Había dos personas delante de la ventana, de perfil. Una de ellas era Edward y la otra Lauren Mallory. Estaban muy juntos, y la rubia miraba a Edward a los ojos. Bella sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Justo en ese momento él se volvió, como si se hubiera dado cuenta de que ella lo miraba. Sus ojos se encontraron por un brevísimo instante… y la rabia coloreó de inmediato las mejillas de Bella, que se apresuró a caminar.

Juró en silencio y se maldijo a sí misma por haber mirado. Apuró el paso intentando poner distancia, como si con eso pudiera borrar la imagen de Edward con la rubia. Pero aquella escena permaneció imborrable en su retina.

El día de la boda, a las cuatro en punto, sonó el intercomunicador del edificio. Bella descolgó el intercomunicador y escuchó la voz de un hombre, alterada por el mecanismo del aparato, de la que sólo pudo comprender algo así como "recogerte".

- Bajaré enseguida - contestó.

Estaba algo ansiosa. Cuando el ascensor se abrió sonrió de modo automático, pero su sonrisa se heló cuando vio quién era.

- ¿Qué estás haciendo TU aquí?!!!!

- Soy YO quien va a llevarte a la iglesia - contestó Edward sonriendo - ¿No te lo dijo Carmen?

Nunca lo había visto tan impresionante. Decir que era alto y guapo, no era hacerle justicia. El corazón comenzó a latirle sin parar.

- No, sólo me dijo que me recogería el jefe de la madre del novio.

- Ese soy yo - se encogió de hombros - El hijo de mi secretaria se casa con la hija de tu empleada. Susan Coop, mi secretaria, y tu ayudante, Carmen, son amigas desde hace años…

- Sí, eso lo sé, pero Carmen no ha debido de considerar oportuno decirme quién era el novio. No lo entiendo, ella sabe que nos conocemos. ¿Por qué…

- Creo… - la interrumpió Edward - que han querido arreglarnos una cita a ciegas. No es que Susan me lo haya dicho, pero por su manera de hablar me ha dado a entender que tú lo sabías. La voy a matar!

- ¿Tanto te molesta? Bueno, no es que a mí me agrade lo que han hecho, pero el asesinato me parece un poco exagerado ¿no crees?

- ¿Molestarme? - los ojos verdes de Edward recorrieron todo su cuerpo. Bella sintió que se le aceleraba la respiración mientras él contemplaba los rizos color chocolate, los sensuales labios, las curvas femeninas - No, en absoluto pero, dime ¿por qué no te lleva tu novio? - preguntó mientras la tomaba de la mano y la llevaba hacia la puerta.

Así pues, él no lo sabía, se dijo Bella. Quizá fuera ésa la razón por la que no se había puesto en contacto con ella, ni antes ni después del encuentro en la librería. Por un momento se sintió libre, como si saliera de una jaula en la que hubiera estado prisionera… pero entonces recordó a Lauren Mallory, y su corazón se derrumbó.

- No tengo novio - contestó sintiendo por un instante que la mano de Edward temblaba de la sorpresa - Rompí mi compromiso hace unas cuantas semanas. De hecho, si no te hubieras puesto hecho una furia y no hubieras llegado a la errónea conclusión de que estaba celosa porque saliste con Angela, te lo habría explicado.

Edward se había recuperado del momentáneo asombro. Bella sintió que le apretaba la mano y que el pulso se le aceleraba.

- Así que… has terminado con el… - dijo con calma - Y… ¿es definitivo? - preguntó abriendo la puerta.

- Definitivo – contestó Bella saliendo a la luz del sol.

- Y supongo que Carmen lo sabe.

- Por supuesto.

- Entonces Susan Coop también lo sabe… aunque a mí no me ha dicho nada. Sí, seguro que lo planearon entre las dos.

Caminaron hacia el coche y al llegar, Edward la soltó. Abrió la puerta pero, cuando Bella iba a entrar, él volvió a tomarla del brazo.

- Bella…

- ¿si?

Edward sonrió. Su corazón dio un vuelco.

- Tengo que decirte que… a pesar de la forma en que nos han citado… me gusta el modo en que ha comenzado hoy el día.


Hola!

Si, BElla terminó con Jake! Yay!!! Y Angela es una buena amiga que solo quería ayudar a Bella xD Esperemos que Edward se la juegue ahra que Bella esta libre como un pajaro xD

Mis queridas lectoras! quedan solo tres capitulos de esta historia, los cuales serán subidos los días miercoles, viernes y domingo (el domingo en la noche me voy de vacaciones hasta febrero xD) Asi que si, tendran su final, no se preocupen, no me maten! Al contrario, por ser tan buena con ustdes y actualizar la historia tan seguido... y mas aun, por no dejarlas sin su final! merezcon una avalancha de reviews, un tsunami de reviews! jajajajaj Asi que pueden estar tranquilas, el domingo esta historia llegará a su fin :(

Nos vemos en el proximo capitulo Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!

Un abrazo!

PollyCox99