Summary: Bella Swan creía en los finales felices… y en los milagros. Debía de haber sido el destino el que la llavó, tras un accidente, a la casa de Edward en víspera de Navidad. Sólo con mirar una vez aquellos preciosos ojos tristes, decidió que haría todo lo posible para que en ellos volviera a brillar la felicidad…Todos humanos
Capitulo 9: Chantaje
La ceremonia fue conmovedora, pero Bella sólo era consciente de la presencia de Edward, apretujado a su lado en el banco de la iglesia. Después, durante la cena, él se comportó como un perfecto caballero, mostrándose atento con todos los que estaban sentados a la mesa. Bella procuró mantener la calma, pero se sentía feliz.
La chispa estalló después de la cena. Se habían quedado solos en la mesa, y Edward retomó la conversación de la ruptura del compromiso.
- Así que finalmente le has devuelto el anillo a Black…
- Sí.
Aquella experiencia había sido lamentable, no quería hablar de ello. Pero, parecía que Edward sí.
- No me dijo nada… y creo que tampoco se lo ha dicho a nadie, que yo sepa. Me llamó y me dijo que había decidido prescindir de mis servicios, pero pensé que habías sido tú quien lo había convencido de buscar a otro arquitecto. Ya sabes, por lo de Angela…
- Yo nunca he hecho tal cosa! - exclamó Bella indignada.
- Tranquila, no te pongas así!
Aquel comentario había sido ofensivo, pero lo mejor sería olvidarlo.
- La verdad - murmuró sonrojada - es que fuiste un poco mal educado invitando sólo a Angela.
- Tienes razón… pero a veces el fin justifica los medios.
- ¿Y cuál se supone que era el fin?
- Hacerte dudar de tu amor por Black. Y te pasabas el tiempo… suspirando por mí.
Eso era cierto. Suspiraba por él… desesperadamente. Sin embargo, se hizo la desentendida.
- Tienes una opinión muy elevada de ti mismo.
- Pero no lo niegas ¿no es cierto? Sobretodo después de ese beso… - sonrió - Yo tampoco niego que a mí me pasa lo mismo, que me ha ocurrido desde que te conocí. Fuera lo que fuera lo que hubo entre Black y tú, entre ustedes no había esa chispa…
- Así que ahora tienes poderes psíquicos…
- No, es pura observación. Los vi juntos la noche en que salimos a cenar, y calificaría su relación de… templada - tenía razón, pensó Bella. Su relación había sido aburrida, pero ella no se había dado cuenta hasta conocerlo a él - Gracias a Dios que lo dejaste. Me imagino que al final descubriste que se habían cancelado las vacaciones con los Stanley a causa del fuego. Tengo que confesar que, aquél día, cuando nos vimos en los terrenos y me contaste que Black había cambiado de opinión sobre lo de ir a Aspen, no podía creerlo!! Esa historia de que Jacob había comprendido que sólo quería pasar la Navidad contigo es…
- ¿Tú… lo sabías? - lo interrumpió Bella sintiendo que el estómago se le encogía - ¿En ese momento tú lo sabías?
- Sí, lo sabía - contestó él con naturalidad – La señora Stanley se puso en contacto conmigo a finales de diciembre para pedirme que le construyera un refugio nuevo y me lo contó todo; que tú no habías podido ir porque tenías que ir al funeral de un primo, que Black había llegado hasta el aeropuerto antes de que ella pudiera avisarle…
¿El funeral de un primo? se preguntó Bella. Otra mentira más. La decepción que Jake le había causado aumentaba. Y mientras tanto Edward lo había sabido todo. Todo el tiempo. De pronto se puso en pie. Su cuerpo temblaba, sus mejillas se ruborizaron. Sentía una profunda humillación.
- Lo sabías y no me dijiste nada – dijo aguantando las ganas de llorar - Cómo te habrás estado riendo de mí, pensando que era una estúpida! Y fuiste capaz de decirme que podríamos llegar a ser buenos amigos… Después de todo eres igual que Jake, un mentiroso.
- Bella… yo… - Edward se puso en pie y trató de tocarla.
- Amigos! - exclamó Bella rechazándolo - Déjeme que le diga algo sobre la amistad, señor Cullen. Los amigos no se mienten, no fingen, no encubren. Eres la última persona de este mundo a la que querría como a…
- No te dije nada… - contestó él serio - porque no era a mí a quien correspondía hacerlo. Y no me he estado riendo de ti ni he pensado que fueras una estúpida. Si crees que soy esa clase de persona es que eres una idiota.
- No sé qué clase de persona eres… te pasas la vida escondiéndote, huyendo…
- Tranquilízate, Bella. Sé que últimamente lo has pasado mal, pero…
Tranquilizarse, repitió Bella en silencio. Eso mismo le había dicho Jake cuando descubrió la verdad, sólo para evitar una escena. Entonces no le había importado, pero en cambio, en ese momento, sí, porque la palabra había salido de Edward.
- Solo… vete - murmuró de pronto – vete y déjame sola.
Edward se metió las manos en los bolsillos. En sus ojos había compasión. Parte de ella hubiera querido arrojarse a sus brazos, rendirse y dejarse consolar como sabía que él haría. Pero su orgullo se lo impedía.
Estuvieron de pie mirándose, sin ceder ninguno de los dos. Habían llegado a un callejón sin salida. Pero fue él quien se marchó. Antes, sin embargo, dijo en voz baja, rompiéndole el corazón.
- Está bien, me voy. Pero el próximo paso tendrás que darlo tú.
Edward mantuvo su palabra. No volvió a acercarse. La orquesta comenzó a tocar y la gente a bailar. Bella intentó convencerse de que eso era lo que quería. Tenía muchos hombres con los que bailar, así que bailó con todos ocultando su infelicidad. Hacia las doce y media fue al baño, y al volver, la mesa estaba vacía. Se sentó, miró hacia la pista de baile, y entonces Emily se acercó. Su amiga no sólo lo había visto todo, sino que además lo había interpretado correctamente.
- Está ahí, bailando con Irina, la hermana de Kate. Es todo un caballero ¿verdad? Pocos hombres han notado la presencia de la tímida Irina, y menos aún se han molestado en sacarla a bailar.
- Sí - se esforzó por sonreír - ya lo he visto. Irina estaba escondida detrás de Carmen y Eleazar, supongo que deseando que se la tragara la tierra. Y ahora ya ves lo contenta que está.
- Es un buen hombre, Bella - añadió Emily
Emily tenía razón, era un buen hombre, pensó sintiendo unos enormes deseos de llorar. Y ella era una tonta. ¿Por qué no se había calmado cuando él se lo pidió? ¿Por qué no había tratado de ponerse en su lugar?. Él lo había hecho con la mejor intención. Sacó un pañuelo y se enjugó las lágrimas mientras se arrepentía en lo más hondo de su corazón. Había echado a perder lo que podía haber sido una noche maravillosa, y sólo por orgullo. ¿Tendría el coraje de acercarse de nuevo a él? ¿De pedirle disculpas? ¿O sería demasiado tarde? Se volvió y miró la pista. El baile había acabado. Irina estaba sentada con sus padres. De pronto sintió pánico. ¿Dónde estaba Edward? ¿Se habría ido a casa…? Entonces alguien la tocó en el hombro y respiró. Sabía quién era antes de darse la vuelta.
- ¿Bella?
El pelo le caía por la frente y Edward se lo retiró. La orquesta tocaba una hermosa balada para los novios. Él alargó la mano y sonrió. El corazón de Bella dio un vuelco.
- Lo siento - susurró mientras se levantaba y apollaba su frente en el pecho de él - en serio
- Lo sé - contestó él con sencillez.
Y entonces Bella supo que todo quedaba olvidado. Perdonado y olvidado. Edward la tomó de la mano y la llevó a la pista. Se colocaron en posición de bailar y ella puso la mano izquierda sobre su hombro. Él le agarraba la derecha poniéndola sobre su pecho y atrayéndola hacia sí… íntimamente…
Bella creyó que nunca en la vida volvería a ser tan feliz.
Mientras saboreaba el placer de tener por fin a Bella en sus brazos, Edward tuvo que aceptar que la felicidad era tan intensa que casi resultaba dolorosa. Pero era un dolor que merecía la pena sentir. Estar alejado de ella había sido un infierno, y aunque ésa había sido su intención, al verla enjugarse una lágrima se había ablandado. Por fin había cedido su estúpida terquedad. Sólo el orgullo los había mantenido separados, el orgullo de ambos. Pero el de él se había derretido.
Su perfume, erótico hasta límites insospechados, le hacía flaquear mientras bailaban. Las puntas de sus pechos presionaban inocentemente el de él, causándole estragos. Apenas podía mantener el control. Sus muslos se rozaban a través de las telas, provocándole sensaciones y fantasías impropias para un lugar público. Gimió, y ella se echó atrás mirándolo con ojos enormes y luminosos.
- ¿Te pisé?
- No, de ninguna manera.
- Pensé que... yo la responsable de ese gemido...
- ¿Y por qué diablos lo has pensado? - preguntó Edward con cierta malicia.
- Porque llevo zapatos de tacón. Son una trampa mortal! – dijo sonriendo
- No, no me has pisado – dijo sonriendo de igual manera.
- Y entonces, ¿qué diablos te ha hecho gemir así, como si estuvieras…?
- ¿Agonizando?
- ¿Estás agonizando?
- Mortalmente - contestó él suspirando.
- ¿Tienes un problema… físico?
- Es… un problema… personal - En ese momento llegaron al borde de la pista, y al hacerla girar, Edward aprovechó la oportunidad para estrecharla con más fuerza. Bella lo miraba levantando la cabeza, y él se preguntó si no le dolería el cuello con aquella postura. Era un hermoso cuello, tan pálido como el de un cisne, y tan elegante que hubiera deseado pintarlo. Hubiera querido pintarla entera, en todo su esplendor…
- Ah! – exclamó Bella con ojos burlones - ya sé cuál es el problema. Por la forma en que me miras el cuello deduzco que eres un vampiro. No puedes esperar a arrastrarme a un rincón y chuparme la sangre.
- Me declaro inocente… de lo de ser vampiro, claro. Pero de eso de arrastrarte a un rincón… confieso que se me ha pasado por la cabeza - contestó besándole los nudillos. Entonces vio el rubor de sus mejillas, el débil parpadeo de sus ojos. Era la respuesta de una mujer cohibida. ¿Seguiría siendo virgen? Probablemente no - Creo - murmuró en su oído - que ya es hora de que nos marchemos. Iremos a mi casa, tomaremos café, una copa…
Algunos mechones de su cabello le rozaron los labios mientras susurraba, y no pudo evitar mordisquear su cuello, besarla bajo la oreja. Sintió que ella temblaba. Deslizó la mano por su cadera y extendió los dedos por la exquisita curva de su trasero.
Aquel contacto íntimo la hizo temblar. Fue un espasmo suave, apenas perceptible, pero aquella vulnerabilidad… le llegó al alma. Unos instantes antes su intención había sido la de llevarse a aquella criatura a la cama, pero de pronto su deseo se veía revestido de un inesperado sentimiento de ternura hacia ella. Además, él era un caballero.
Sin embargo aquella excitación lo estaba volviendo loco. Sabía muy bien, desde el principio, de que si alguna vez llegaba a besar los labios de aquella preciosa hechicera estaría perdido. Lo que no sabía era que ni siquiera hacía falta. Antes de el beso que se dieron en el apartamento, ella ya le estaba robando el corazón.
El pánico se apoderó de él. Se estaba desmoronando. Necesitaba tiempo. Tiempo para pensar. Se imponía una retirada inmediata y definitiva, necesitaba recobrarse y fortalecerse contra aquel repentino cambio de acontecimientos.
- Está bien - contestó Bella dejando caer la cabeza sobre su pecho - me gustaría ver tu casa. Eso de la copa suena bien…
Bella suspiró y su aliento cálido lo alcanzó. Olía a vino. La había visto beber un par de copas, pero era de suponer que no estuviera acostumbrada al alcohol. Ella presionó la mejilla contra su pecho y palpó con los dedos su espalda acariciándolo, como un gatito. Edward apretó los dientes. Un deseo irreprimible volvía a embargarlo, un deseo poderoso, más intenso que el de antes. Un deseo que constituía todo un reto para sus nuevos sentimientos de ternura, protección y caballerosidad.
Serio, se reafirmó en su decisión y endureció la mandíbula.
- Me parece que estás medio dormida. Creo que es mejor que vayas a casa… a descansar… puedes ver mi casa en otro momento - Bella movió la cabeza para negar. Edward pudo sentir que sus mejillas le rozaban el pecho. Entonces rogó tener el coraje suficiente - ¿Estás segura?
- Estoy segura - contestó ella deslizando ambas manos por su nuca y curvándolas delicadamente - Muy segura.
Edward maldijo para sus adentros. ¿Cómo conseguiría salir airoso de una situación en la que él mismo se había metido? Las luces del local habían disminuido de intensidad y la orquesta tocaba las últimas notas. Bella deslizó los dedos por su pelo y se acercó más.
Cuando la música cesó la agarró de las manos y la hizo soltarlo. Las retuvo entre las suyas y sonrió.
- Entonces, a mi casa.
***
Bella vagó con ojos ingenuos por el salón del apartamento de Edward hasta el amplio ventanal con vistas a la ciudad. El panorama era espectacular, pero su mente sólo podía pensar en Edward, que estaba en la cocina preparando café.
Esperaba que le hubiera ofrecido una copa, pero él había preferido café, y ella no se había opuesto. Sentía el corazón latiendo a toda prisa ante la perspectiva de lo que iba a suceder, se sentía como si estuviese flotando en una nube. Sabía a qué estaba accediendo al ir a su casa, pero era incapaz de controlarse. Cualquier duda que hubiera podido tener se había disipado mientras bailaban. Había sentido un deseo ardiente, un deseo que pulsaba enfebrecido en su interior.
- ¿Bella?
Se volvió. Edward entró al salón con dos tazas humeantes. Se había quitado la chaqueta y la corbata, y se había desabrochado el primer botón de la camisa.
- Huele increíble - respiró acercándose a él.
- ¿Te refieres al café? - preguntó Edward arqueando una ceja.
- Sí… a eso… también - dijo sonrojada
Bella creyó verlo tragar, pero antes de que pudiera estar segura, él dio un paso y se apartó de ella para dejar las tazas sobre la mesa. Cuando se volvió, Bella se había colocado exactamente detrás. En sus ojos había un brillo decidido, todo un aviso para él.
- ¿Cómo te gusta el café? - preguntó Edward retirándose hacia la cocina - ¿Con leche o con azúcar?
- Sólo - contestó Bella.
- Uhm… bueno, discúlpame un momento. Voy por el azúcar…
Edward voló. Una vez en la cocina se apoyó sobre el primer armario que encontró. Azúcar, murmuró para sí mismo. No es que él tomara el café con azúcar, pero necesitaba desesperadamente apartarse de ella.
- Tú no tomas el café con azúcar - la escuchó decir. Edward se volvió. Bella estaba apoyada contra el marco de la puerta, arrugando aquella preciosa nariz - Lo tomas sólo con leche…
- Tienes razón - contestó Edward después de vacilar - Por lo general no tomo el café con azúcar… es decir… al-algunas veces, por la noche, cuando me siento un poco… bueno, de-débil, por decirlo de alguna manera… tomo azúcar. Me da… energía… ya sabes.
Estaba tartamudeando, y era perfectamente consciente de ello. Bella se acercó flotando hasta él. Decir que flotaba era la única manera de describir la forma en que caminaba. Se había quitado los zapatos, y sus pies descalzos, sólo con las medias, se apoyaban silenciosos sobre el suelo mientras sus caderas se balanceaban de un lado a otro haciendo que resultaran ridículos todos sus esfuerzos por controlar la excitación. Luego, dejó aquella forma tentadora y sexy de caminar, y se paró justo delante, levantando una mano para cerrar el armario de la cocina.
- No creo que debamos preocuparnos por tu nivel de energía - dijo sonrojándose en voz baja retirándose el pelo de la cara.
Levantó los labios hacia él y cerró los ojos, unos ojos que habían perdido el brillo para tornarse nublados. Su expresión era provocativa, su boca apasionada. Parecía gritar "tómame" en silencio. La deseaba, la deseaba más de lo que nunca hubiera deseado nada. Deseaba hacerla prisionera en sus brazos y cubrirla de besos. Deseaba levantarla del suelo y llevarla a la cama. Deseaba recorrer con los dedos aquellos rizos de seda color chocolate tal y como ella había hecho con él.
Pero en lugar de ello bostezó. Bostezó amplia y sonoramente, con teatralidad, esperando que aquello sonara auténtico.
- Dios! - murmuró pasándose una mano por la nuca en un gesto que delataba su incomodidad - Tengo sueño, Bella. Creo que voy a tener que acabar pronto con esta fiesta. Si no te llevo a casa ahora mismo me quedaré dormido sobre el volante.
Edward se aseguró de que sus miradas no se encontraran y mantuvo los ojos medio cerrados para tener la certeza de que ella no veía sus ojos llenos de deseo. Bella se quedó pálida. Aquello la había dejado atónita, casi podía leerlo en su pensamiento. La estaba rechazando.
Bella se quedó mirándolo como ida, con los labios abiertos y los ojos enormes. Se había arrojado a sus pies pensando que la invitaba con el mismo fin que la movía a ella: hacer el amor. Pero se había equivocado. Había malinterpretado sus gestos. De pronto la humillación le hirvió la sangre coloreando como nunca sus mejillas.
Giró sobre sus talones y salió de la cocina. Se puso los zapatos, recogió el bolso, y con la cabeza bien alta se volvió hacia Edward, que la había seguido hasta el salón.
- Como estás TAN cansado llamaré a un taxi.
Edward comenzó a protestar, pero ella ignoró sus palabras. Descolgó el teléfono que había sobre una mesa y, de espaldas a él, llamó.
- ¿Cuál es la dirección?
- Escucha, Bella, yo te llevaré a casa…
En ese momento contestaron al otro lado de la línea.
- La dirección, por favor - repitió Bella seria.
Edward se encogió de hombros, soltó un suspiro y por fin se la dijo. Ella colgó y se acercó con seriedad a la mesita del café tomando una de las tazas y dió un sorbo.
- Puede que no seas el mejor anfitrión del mundo, pero sabes hacer café - comentó esforzándose por mirarlo a los ojos. Pero deseó no haberlo hecho. Edward tenía la misma expresión de angustia que en la pista de baile. ¿Estaría enfermo?
¿Por eso quería que se marchara? Frunció el ceño y dejó la taza.
- ¿Pasa algo? Es decir, aparte del hecho de que estés cansado. Parece como si estuvieras… sufriendo.
- No es nada. Es sólo una especie de… - se aclaró la garganta -… malestar. Estaré bien cuando haya descansado.
- ¿Puedo hacer algo por ti?
- No - contestó mientras el sudor le nublaba la frente - No puedes hacer nada.
- ¿Estás seguro? No me importa quedarme si hay algo en lo que pueda ayudarte…
En ese momento sonó el intercomunicador del edificio.
- Tu taxi - comentó Edward cruzando la habitación y levantando una mano para ponerla sobre su espalda y… luego dejarla caer - Te acompañaré hasta el vestíbulo.
Bajaron en el ascensor. Fuera, tras las puertas de cristal que daban a la calle, esperaba el taxi. Bella lo miró a la cara.
- Siento mucho que no te encuentres bien.
- No te preocupes, me pondré bien - contestó él conduciéndola a la calle.
Durante unos instantes se quedaron de pie. La fragancia de Edward la pilló desprevenida. Esa fragancia la sumía de nuevo en un estado de irreprimible excitación a la velocidad del rayo. Lo único que quería era despojarlo de sus ropas, despojarse de las suyas, y rogarle que la tomara allí mismo, en ese momento, en plena calle. Al diablo con la falta de energía, ella tenía suficiente para los dos.
- Entonces… buenas noches - se despidió Bella dándose la vuelta.
Antes de que diera un solo paso se encontró prisionera entre sus brazos. Por un instante sus miradas se encontraron, la de él llena de pasión, la suya enorme por la sorpresa. Y entonces su boca se posó sobre la de ella en un beso tan violento y desesperado que Bella sintió como si la raptara. Como si la raptara dulcemente… por completo, como si la robara con tal habilidad que cada uno de los nervios dé su cuerpo se sobresaltaron maravillados. Se rindió indefensa, escuchando el gemido que emitía su propia garganta, un gemido que era en parte de agonía y en parte de éxtasis.
La energía de aquel hombre estaba a pleno rendimiento. Sintió el poder de sus caricias sobre la espalda, sintió la presión de sus muslos sobre los de ella, sintió la sacudida violenta de su cuerpo fuerte, pero a pesar de que se ahogaba en su frenesí, él la soltó después de gemir.
- Vete - le ordenó Edward con voz ronca - Vete ya. Y por el amor de Dios, no vuelvas a ponerte ese perfume! Al menos no te lo pongas cuando esté yo - añadió rozándola con un beso en la frente mientras ella lo miraba llena de confusión.
Entonces la tomó del brazo y casi la empujó para que entrara en el taxi.
- Pero pensé que – susurró - que tú no querías que…
- Sí quiero – gruñó - más de lo que tú puedas nunca imaginar. ¿Quién crees que es la causante de la agonía que he estado sufriendo? Pero desear… y rendirse a los deseos… son dos cosas diferentes. Tú, amor, necesitas más de lo que yo estoy preparado para darte. Y aunque la tentación de tomar lo que tú tan generosamente me has ofrecido es enorme, hay un precio a cambio de esa rendición. Para mí ese precio es demasiado alto.
Edward la hizo entrar en el taxi y cerró la puerta.
Pagó al taxista y se llevó la mano a la frente en un breve saludo mientras el vehículo arrancaba y se alejaba.
Bella se recostó sobre el respaldo del asiento sintiendo como si sus huesos se hubieran derretido. Se quedó absorta, mirando hacia adelante sin ver. Él la deseaba. Después de todo no había cometido ningún error. Pero no estaba preparado para comprometerse… ésa era la razón por la que la había rechazado.
Las lágrimas se agolparon en sus ojos tratando de salir. Maldijo en silencio. ¿Por qué diablos tenía que ser él tan honesto y caballero? Hubiera sido mejor que fuera un sinvergüenza, porque su hambre no era peor que la de ella.
Sólo después de llegar a casa y permanecer bajo la ducha cinco minutos consiguió recuperar el sentido común. Entonces comprendió lo que había estado a punto de hacer. Gritó y lloró en voz alta despertando a Angela, que comenzó a dar golpes en la puerta.
- ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien.
Salió de la ducha tiritando. Sabía que los temblores no se debían sólo al frío. Era una respuesta ante lo que había estado a punto de suceder. Si Edward no hubiera sido un caballero, habría cometido el mayor error de su vida. Habría tenido que decir adiós a todos sus sueños. Sabía que una sola noche nunca le hubiera parecido suficiente. Quería mucho más de él.
***
El resto de la semana apenas tuvo tiempo de pensar en el incidente. Carmen se había tomado unos días de vacaciones para enseñarles la ciudad a unos invitados de la boda, y Emily estaba con permiso médico por una gripe, de modo que Bella estaba sola en la tienda. Pero cuando cerraba… entonces todo era diferente. Edward se colaba en su pensamiento por mucho que intentara olvidarlo.
Pero a pesar de que invadiera sus sueños, Edward no volvió a la vida real. No lo vio ni supo nada de él hasta mediados de abril, cuando una mañana, con toda naturalidad, Emily comentó.
- Edward se ha ido a Aspen a pasar la Semana Santa con los Mallory. Susan dice que Lauren Mallory estos días está más feliz que nunca…
Bella se sintió como si alguien le hubiera arrojado una jarra de agua helada sobre el corazón.
- ¿En serio? - preguntó fingiendo estar ocupada.
- Pobre hombre… - suspiró - Alguien debería hacer algo para ayudarlo.
- ¿Ayudarlo?
- Sí, a que siente la cabeza. Esa mujer es incapaz de sentir amor por nadie más que por sí misma. Es justo lo contrario de lo que Edward necesita. Según Susan ha perdido por completo la cabeza, no sabe lo que hace.
Por fortuna antes de que Bella tuviera que contestar llamaron a la puerta. Sin embargo, al ver quién era no pudo sentir más que aprehensión.
- Jake… ¿Qué… puedo hacer por ti?
Emily se escabulló en la parte posterior de la tienda. Jake fue directamente al grano.
- Estoy pensando en vender este edificio, Bella, y creí que debía decírtelo. Tu contrato de alquiler finaliza este mes - Bella permaneció en silencio - Mi cliente quiere comprar todo el bloque, y yo prefiero venderlo de una vez. Sin embargo, como sería desastroso para tu negocio, y dado que no hay locales disponibles por estos alrededores, he pensado que ese punto podría quedar abierto en mi negociación. ¿Qué ocurre? Estás pálida.
¿Pálida?, se preguntó Bella. La sangre parecía no querer llegar a su cabeza. Había dado por sentado que Jake le renovaría el contrato. ¿Por qué había cambiado de opinión?
- Vayamos a cenar - sugirió Jake en voz baja - Estoy seguro de que si… recapacitamos lograremos llegar a una solución que nos convenga a los dos. Por supuesto, si aún siguiéramos comprometidos, nunca habría dejado que nadie te hubiera puesto en esta situación… ¿entiendes?
Bella se quedó mirándolo. Jake le estaba dando un ultimátum, o se casaba con él, o perdía la tienda. Aquello era un chantaje.
- No - negó ocultando su ira y elevando las cejas - Tendrás que explicármelo palabra por palabra.
Jake se acercó y la agarró por los hombros.
- Sabes perfectamente de lo que estoy hablando!
- En ese caso no me das elección - contestó ella tratando de soltarse.
Cuando los labios de Jake se posaron sobre los de ella, Bella estaba demasiado atónita como para reaccionar, pero eso sólo duró unos breves instantes. De inmediato la adrenalina comenzó a correr por sus venas haciendo que reuniera la energía suficiente como para levantar una rodilla y golpearlo. Jake se apartó doblándose con una expresión de dolor.
- Eres una zorra! - exclamó furioso - Has cavado tu propia tumba! Saca tus muñecos de aquí para final de mes o juro que te llevaré ante los tribunales!
Emily debió escuchar los gritos, porque salió de donde estaba y rodeó a Bella por los hombros.
- Fuera de aquí si no quieres ser tú quien acabe en los tribunales! - gritó a su vez Bella con los ojos llenos de lágrimas.
Jake se marchó dando un portazo mientras Emily trataba de reconfortar a Bella.
- Ven a sentarte, Bells. Vamos atrás, te prepararé un té bien caliente - dijo llevándola hacia la parte posterior de la tienda.
- ¿Has oído lo que dijo!? Tenemos que salir de aquí para final de mes!!
- Pondremos un anuncio. Encontraremos otro local.
- No - negó Bella cerrando los ojos - Gracias, Emily, pero no. No pondré ningún anuncio. Estoy cansada de esta ciudad, y más cansada aún de los hombres que viven aquí. Me voy a casa.
- ¿A Forks?
- A Forks - sonrió con tristeza - Es gracioso, salí de allí buscando una vida más excitante. Forks se había convertido en algo… rutinario para mí. Ahora, según parece, ya he tenido una buena dosis de excitación. La rutina me parece maravillosa. ¿Puedo convencerte para que vengas conmigo? Juntas formaríamos un equipo estupendo!
- Gracias – rió - pero toda mi familia vive aquí. Ya sabes que Claire quiere estudiar y no abandonará a Quil. Y Sam está muy bien en su trabajo… no puedo dejar de apoyarlo…
- Entiendo - exclamó Bella sonriendo - Tú te quedas con tu familia y yo me voy a casa con la mía. Las cosas van bien cuando acaban bien.
Sin embargo ¿por qué no se sentía feliz?
Hola!
Maldito Jake! Ha vuelto ha hacer de las suyas! y Bella es tan ingenua, como no "notaba" el deseo de Edward jajajajajaj XD Esperemos que las cosas mejoren para ella... pero eso lo sabrán en el siguiente capitulo.. el viernees :D
Muuuchas graias por la avalancha de reviews en el capitulo anterior!! y espero que en este capitulo no se queden atrás y me dején un tsunami de comentarios! ajajaja es lo minimo que merezco por cumpli mi promesa de no dejarlas estancadas con la historia :D lo sé, soy genial jajajajaja El viernes ya saben, subiré el penultimo capitulo, asi que atentas!!!
Nos vemos en el siguiente capitulo y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!
Un abrazo!
PollyCox99
