Summary: Bella Swan creía en los finales felices… y en los milagros. Debía de haber sido el destino el que la llavó, tras un accidente, a la casa de Edward en víspera de Navidad. Sólo con mirar una vez aquellos preciosos ojos tristes, decidió que haría todo lo posible para que en ellos volviera a brillar la felicidad… Todos Humanos


Capitulo 11: Volver a empezar

El último día de abril el tiempo cambió. La temperatura bajó y el cielo se tornó gris. Por la mañana, Edward miró por la ventana de la cocina y pensó que aquel tiempo coincidía perfectamente con su estado de ánimo.

Se había acostado tarde la noche anterior y había tenido problemas para dormir. No podía apartar a Bella de su pensamiento. La alegría parecía haber desaparecido en ella, parecía haber perdido el entusiasmo por la vida.

¿Pero tenía él algo que ver? Sí, sabía que sí. Ella no deseaba una aventura, lo deseaba todo. Pero él no podía ofrecérselo. Hubiera dado casi cualquier cosa por ver brillar de nuevo esos ojos tal y como habían brillado cuando la llevó a Forks. De pronto se sintió sofocado y abrió la ventana. El aire fresco invadió la habitación. Olía a nieve.

***

Aquella mañana, cuando se levantó, Bella encontró una nota de Angela sobre la encimera de la cocina.

Va a nevar. Abrígate. Con cariño, Ang.

Agradeció aquel gesto y comenzó a preparar café. Sólo faltaba que nevara, se dijo. Al día siguiente volvería a casa. A Forks. No estaba nerviosa, no era capaz de sentir ningún entusiasmo. Disfrutaría de su familia, por supuesto, pero… Suspiró y abrió la ventana. Respiró hondo.

Olía a nieve.

***

- Ese camión de mudanzas lleva toda la mañana aparcado delante de la tienda de juguetes - dijo Susan Coop deteniéndose delante del archivo en la oficina de su jefe - Emily dice que esperan terminar a mediodía, y que luego fregarán el suelo y se marcharán.

- El expediente de los Meyer, señora Coop! ¿Lo va a sacar hoy o mañana?

- Hoy, señor Cullen

Los gritos de Edward no la impresionaban. Había cenado con Emily la noche anterior y ambas habían decidido que, dado que la situación era desesperada, las medidas a tomar también debían serlo. Aquél día era su última oportunidad para emparejar a Edward con la señorita Swan.

Rebuscó en el archivo y le llevó a la mesa el expediente requerido. Edward estaba sentado tenso y con el ceño fruncido. Sus ojos brillaban de ira.

- Las cosas no serán igual sin la señorita Swan – suspiró y lo miró desafiándolo - Por supuesto, usted se alegrará de que se vaya. Nunca le gustaron esos anuncios del escaparate, sobre todo el de Navidad. Bueno, pronto se marchará y usted será feliz. Ella también será feliz en Forks. Se casará, tendrá hijos y… - cruzó los dedos detrás de la espalda ante la mentira que iba a decir - … creo que allí tiene un antiguo novio multimillonario. Según Emily…

Edward retiró la silla y se puso en pie.

- Ya basta, señora Coop! No sé qué le ocurre hoy, pero al parecer se olvida de dónde está. Aquí se viene a trabajar, esto no es una… agencia matrimonial.

Su rostro estaba colorado. Nunca lo había visto así.

- No, señor Cullen. Lo siento, tiene razón. Pero por Dios! ¿Cómo pude olvidar que usted NO QUIERE casarse, que ODIA la Navidad y todo eso?

La señora Coop salió de la oficina con la cabeza bien alta. Al llegar a su mesa llamó a la tienda de juguetes y, mirando de reojo en dirección a la oficina de su jefe, murmuró.

- Emily ¿puedes hablar? Bien. ¿Recuerdas lo que discutimos ayer? ¿Que ya se va?!! Oh, maldición! tendrás que inventar algo para retenerla. No, no creo que tarde mucho más – sonrió – Ya mordió el anzuelo, estoy segura. La pelota está en tu campo. No la dejes caer!

***

Bella se retiró algunos cabellos de la frente y miró satisfecha el suelo reluciente.

- Bueno, ya está, Emily. Por hoy ha sido suficiente.

Emily estaba cerca de la puerta, recogiendo las últimas cosas. Entonces sonó el teléfono y se apresuró a contestar.

- Yo iré.

Bella recogió el cubo de fregar y se lavó las manos. Luego volvió a la tienda. Emily seguía hablando por teléfono. Imaginó que se trataría de un cliente, pero cuando la oyó mencionar el nombre de Edward en voz baja se aclaró la garganta haciendo notar su presencia.

- Muy bien, Susan, más tarde hablaré contigo.

Al colgar, Emily sonrió forzadamente, pero Bella no quiso preguntar.

- Bueno, ya podemos irnos. Estoy impaciente por salir de aquí… - comentó Bella

- No! – dijo gritando Emily, para luego serenarse – Quiero decir… tomemos antes otra taza de café. Hemos terminado antes de tiempo y… creo que queda algo en el termo. Además, si te marchas ahora... tendrás que esperar unos veinte minutos al próximo autobús, y hace frío.

- Está bien - contestó Bella

Volvieron juntas a la habitación de atrás y Emily sirvió el café.

- Gracias. ¿Cómo está Susan? No sabía que era amiga tuya. Pensaba que solo era amiga de Carmen - preguntó Bella a su pesar.

- ¿Susan? Claro que somos amigas! – dijo sonriendo, pero rápidamente su expresión cambió – Pero… me temo que no anda bien. Nada bien.

- ¿Qué le ocurre?

- Pues… se trata de Edward – suspiró - Susan está pensando en dejar el empleo. Dice que ese hombre se ha vuelto imposible, que no se puede trabajar con él.

- Pero Carmen me dijo…

- ¿Que le gustaba trabajar para él? Sí, recuerdo que te lo dijo, pero eso era antes.

- ¿Antes de qué?

- Antes de que él se enamorara.

- ¿De que él se enamorara? - preguntó Bella con voz ronca sintiendo como su corazón se desgarraba - ¿Edward? No, estas equivocada, Emily. Ese hombre nunca… se permitiría a sí mismo enamorarse.

- Digas lo que digas, amiga, Susan es una experta en estos asuntos. Tiene seis hermanos, y los ha visto enamorarse a todos!! Sé que tiene razón. Edward se ha convertido en un gruñón. Un verdadero ogro. Antipático, malhumorado, impredecible… - sacudió la cabeza - Pobre Susan, le va a costar encontrar otro empleo a su edad…

- No puede ser, estoy segura de que es sólo algo temporal - contestó Bella molesta por haber preguntado - Deberías decirle a Susan que no se precipite, que sea comprensiva. Todo el mundo tiene derecho a estar de mal humor de vez en cuando. ¿Por qué Edward iba a ser diferente?

Bella se volvió para evitar que Emily viera sus ojos. Sabía que era ella la mujer de la que, "supuestamente" Edward estaba enamorado. Pero él no estaba enamorado, pensó. Lo que aquel hombre sentía no era amor, sino deseo. Y era ese irresistible deseo, no saciado y condenado a permanecer para siempre sin desbordarse, la causa del mal humor. La frustración sexual siempre producía tensión. Eso lo sabía por experiencia.

***

Susan Coop sonrió y retiró el papel que ocultaba el anuncio de Navidad, apoyado contra la pared de su oficina. Recordó cómo ella y Emily se habían colado en la tienda de juguetes la noche anterior y, con una linterna, habían buscado en la parte de atrás de la tienda.

- Esto es ilegal - rió Emily

- Lo sé - había respondido Susan - ¿pero quién se habría imaginado que robar fuera tan divertido?

Les llevó sólo quince minutos cargar con la caja hasta la oficina y ocultar el cartel con un papel.

- ¿Y Edward no te preguntará qué hay ahí debajo? - preguntó Emily

- No lo creo, nunca presta la menor atención a lo que hay aquí. Pero dime ¿la señorita Swan, no va a extrañar el anuncio?

- Bella es tan desdichada que no creo que se de cuenta de nada - había contestado Emily

Y tenía razón. Ambas habían tenido razón. Edward no se había fijado en el papel, y los de la mudanza se lo habían llevado todo sin que Bella notara la ausencia del anuncio.

Susan sintió que el corazón se le aceleraba. Desde su mesa podía escuchar los pasos de Edward, arriba y abajo, mientras libraba una batalla consigo mismo. Miró el reloj y comprendió que había llegado la hora. Se agachó bajo la mesa y sacó el potente equipo de sonido que Emily le había prestado y habían llevado a la oficina la noche anterior. Metió el CD que ambas habían escogido y le dio al botón de comenzar. Inmediatamente una suave música llegó hasta sus oídos. Luego subió el volumen al máximo. Se sentó y, sintiendo que iba a explotar de la emoción, miró atemorizada hacia la puerta contigua, por lo que pudiera suceder.

***

- Bueno, ahora sí que debemos marcharnos - dijo Bella metiendo la taza vacía en una bolsa - ¿Estás lista?

- Bella! - la llamó Emily desde la puerta - ¿Sabes qué? Está nevando! ¿No es extraño, después del tiempo primaveral de los últimos días?

- Sí, es extraño - contestó acercándose. Entonces escuchó música - ¿De dónde viene esa música? Pensé que te habías llevado el equipo de sonido a casa.

Emily no prestó atención. Estaba delante de la puerta de la calle, abierta de par en par, y era de fuera de donde procedía la música. Bella escuchó confusa. Era un villancico. La calle estaba abarrotada de gente, como siempre a la hora de comer… pero el tráfico era más lento, estaba casi parado. Pronto comprendió por qué. Un hermoso Pickup rojo se acercaba muy despacio, con las ventanas abiertas, y por sus altavoces sonaba un villancico a plena potencia.

Mientras observaba la escena, Bella sintió de pronto una extraña sensación. Era como si aquello ya lo hubiese vivido… sólo que exactamente al contrario.

La imagen estaba clara en su mente, era la imagen de su casa de Forks… en la próxim Navidad. Aquella imagen le heló la sangre. Estaba con su familia, en la vieja casa de siempre, pero en lugar de sentirse feliz… era tremendamente desgraciada. No quedaba alegría en su corazón, y la razón era que…

De pronto, algo… un movimiento quizás, le llamó la atención. Desvió la vista hacia el segundo piso del edificio de enfrente y…

Sus ojos se abrieron enormes, la sangre volvió a correr enloquecida por sus venas, creyó estar a punto de estallar. En el ventanal de la oficina de Edward había… un anuncio luminoso e intermitente, rojo y verde. Era su anuncio, reflexionó, no cabía la menor duda. Su anuncio de Navidad! Lo hubiera reconocido en cualquier parte.

- Ése es el coche de Susan - comentó Emily orgullosa - Es Susan quien conduce ese Pickup. ¿Verdad que es toda una mujer?

Los ojos de Stephanie permanecieron fijos sobre el anuncio.

- ¿Qué está ocurriendo, Emily?

- Creo - rió - que el señor Cullen está tratando de decirte algo.

- ¿Qué cosa? - preguntó casi en un susurro.

- ¿Por qué no cruzas la calle y se lo preguntas?

***

Aquello no iba a funcionar.

Edward caminaba de un lado a otro de la oficina sin escuchar el villancico. Lo único que deseaba era hacerla feliz, ver de nuevo el brillo de sus ojos… pero por mucho que Susan Coop dijera lo contrario, aquello no iba a funcionar.

¿Quién hubiera podido imaginar que la escrupulosa e intachable señora Coop podría comportarse de un modo tan maquiavélico? Al entrar en su oficina para pedirle que bajara el volumen de aquella endiablada canción se había dado casi de bruces contra el anuncio luminoso apoyado en la pared. Era el anuncio de la tienda de Bella, lo hubiera reconocido en cualquier parte. Y según parecía no había modo de escapar de él, ni siquiera en abril.

Durante unos instantes se había quedado inmóvil, mirándolo, mientras la desesperación, el anhelo y la necesidad se arremolinaban caóticamente en su interior. Era un misterio que no se le hubieran escapado las lágrimas de sus ojos. Aparentemente había logrado controlarse, pero sus emociones habían sido tan intensas que debían de resultar evidentes para su secretaria.

- Si no hace algo ahora… va a perderla - había dicho Susan con calma - Y lo lamentará durante el resto de su vida.

- ¿Y qué puedo hacer?

Entonces ella se lo había contado todo. Y él había decidido que tenía razón, que eso era lo que debía hacer.

Pero no iba a funcionar, recapacitó. Si Bella subía a la oficina, tal y como Susan le había asegurado que haría, vería en cuestión de segundos que él simplemente se estaba dejando llevar. Nunca había conocido una verdadera Navidad, ni nunca había comprendido realmente lo que significaba. Conocía la costumbre de los regalos, del árbol, de la comida, de las fiestas… pero en su interior, en lo más profundo, sentía que tenía que haber algo más, mucho más. Y no tenía ni la más remota idea de qué más podría significar. No. Ella entraría y vería su expresión vacía, y ahí acabaría todo.

Para siempre.

Se acercó a la ventana y miró. La nieve seguía cayendo, aunque comenzaba a cesar. El Pickup de Susan estaba llegando a la intersección, y las notas del villancico sonaban apagadas. La puerta de la tienda permanecía cerrada.

- Edward

Cerró los ojos y escuchó su propia voz: "Oh, Dios mío, haz que esto salga bien" rezó en silencio y con toda el alma. Se volvió despacio, sintiendo como si su vida pendiera de un hilo, y miró el rostro de Bella, esperando desalentado a que ella se dejara engañar por aquella escena tan sentimental e impropia de él.

Bella estaba de pie en el marco de la puerta, con las mejillas levemente rosas y copos de nieve en el pelo. Sus ojos brillaban, así que no pudo leerlos.

- Creí que estaba soñando cuando vi tu anuncio.

- TU anuncio - la corrigió él.

- Pensé…

- Pensaste que había cambiado - terminó él la frase mientras el corazón se le desgarraba - Debo ser sincero - añadió preguntándose si se había vuelto loco echándolo todo a perder - No he cambiado, Bella, lo siento. Iba a decirte que quería celebrar la Navidad para siempre contigo, pero sería mentira. Es solo que... - pasó la mano por su cabello mostrando su nerviosismo - No podía soportar verte infeliz, y pensé que si podía volver a hacer brillar tus ojos…

El corazón de Bella galopaba más aprisa de lo que nunca lo hubiera hecho. Sólo anhelaba arrojarse a sus brazos. Edward tenía el pelo revuelto, como si hubiera estado pasándose las manos por él lleno de nerviosismo, y sus ojos, aquellos bellos ojos verde esmeralda, estaban ensombrecidos. Sí, se moría por arrojarse a sus brazos, se moría por besar aquellas líneas que rodeaban sus labios. Pero eso lo haría después.

- He venido para aceptar tu oferta.

Edward parpadeó, frunció el ceño y volvió a parpadear. Era evidente que aquella era la última respuesta que él esperaba escuchar.

- ¿Mi oferta?

- Te ofreciste para buscarme un local ¿recuerdas? Es decir, si sigue en pie…

- Bueno, claro… por supuesto, pero…

- He decidido quedarme. Después de todo, Seattle me encanta – sonrió - Y tenías razón: soy perfectamente capaz de arreglármelas en una gran ciudad. Además… - añadió tratando de mantener la calma - … Aquí… aún tengo un asunto que arreglar.

- ¿Sí? - preguntó Edward con una expresión de confusión tal que era evidente que no seguía el hilo de la conversación.

- Necesitas que alguien te eduque, Edward - sacudió la cabeza burlona - En abril no se pueden poner anuncios de navidad! por el amor de Dios! Eres un hombre muy impaciente… y además, eres demasiado ambicioso…

- ¿Ambicioso? - repitió él inmerso en la confusión.

- Una persona que nunca ha celebrado la Navidad - explicó Bella - no puede simplemente poner un anuncio así como así! Tienes que aprender a caminar antes de correr, Edward. Por fortuna diciembre cae a final de año, así que para entonces…- suspiró sonriendo - estarás preparado.

Bella lo vio tragar y sintió compasión. La simple mención de la Navidad le ponía los pelos de punta. Sin duda, la culpa era de esos tristes recuerdos. Pero los malos recuerdos podían borrarse si otros nuevos y felices se iban sumando. Él aún no estaba preparado para escuchar eso, así que continuó con naturalidad.

- Por lo general se empieza por año nuevo. Luego viene San Valentín, Semana Santa… ya sabes. Pero en tu caso estoy deseando romper las reglas y comenzar por el día de la Madre. Este año cae en catorce. Saldremos al amanecer, conduciremos hasta Forks y pasaremos el día con mi familia. Es decir… - lo miró desafiante sintiéndose tremendamente insegura en su interior - si es que te sientes preparado…

Bella no había sido capaz de comprender la profundidad de su amor por Edward hasta que aquella extraña sensación, aquella triste imagen de la Navidad, cruzó por su mente. Aquello la había hecho comprender que sin él no volvería a ser feliz…

Amaba a su familia, desde luego, pero no quería estar donde no estuviera él. Había llegado la hora de dar un paso al frente y abandonar todo aquello que le había sido familiar desde la infancia para entrar en territorio virgen. Era un paso que no carecía de riesgos, pero estaba preparada para darlo. Tendría que hacer sacrificios, de eso no cabía duda, pero los haría feliz. Por fin se sentía dispuesta a aceptar a Edward con sus condiciones, y si esas condiciones le imponían limitaciones, a pesar de todo sería feliz. Se sentía preparada para aceptar menos de lo que siempre había soñado.

Y sin embargo le pedía más. Pero no lo hacía por su propio beneficio, sino por el de él.

Él tenía que dejar atrás el pasado para poder convertirse en el hombre que era capaz de ser, un hombre capaz de celebrar la vida en toda su plenitud. Le había preguntado si se sentía capaz de hacerlo y no estaba segura de ello. No obstante, rogaba por que asi fuera. Esperó la respuesta conteniendo el aliento. Edward dio un paso hacia ella. En sus ojos brillaba la determinación.

- No sé si estaré preparado para pasar el día de la Madre con tu familia - dijo acercándose y rodeándola con los brazos - La familia Swan me pareció aquel día tan perfecta que me intimidó - añadió apretando el abrazo - No va a ser fácil – murmuró - estar rodeado de personas tan perfectas.

- Bueno, no son tan perfectos - contestó Bella sintiendo dificultades para respirar. Edward presionaba su cuerpo contra el de ella, y sus labios le rozaban la cabeza - Mi hermano Emmett tortura a todo el mundo con sus bromas, mi cuñada Alice es una adicta a las compras, a mamá le gusta experimentar con la comida por lo que las cenas terminan siendo un suplicio y si siguiera…

- Tal y como te dije, una familia perfecta - murmuró Edward acercando la boca a la de ella.

Sus labios rozaron los de Bella torturándola hasta el límite, hasta que cada célula de su cuerpo gritó exigiendo un verdadero beso. Pero justo cuando ella abrió la boca para rogárselo, Edward la besó. Y fue un verdadero beso, recapacitó Bella feliz después de haber perdido el sentido durante unos segundos. Nunca hubiera creído que una lengua pudiera causar tal furtiva excitación. Con un ligero gemido, se entregó a sí misma a aquella hábil seducción, y cuando finalmente él la dejó tomar aliento, sus frentes permanecieron conectadas.

- Edward… - suspiró

Él sonrió mirando para abajo, con los ojos burlones.

- Me gusta escuchar mi nombre saliendo de tus labios…

Bella enredó los dedos en su pelo sintiendo la rica textura y devolviéndole una mirada soñadora.

- Edward. Es un bonito nombre. Un buen nombre.

- ¿Gracias? - añadió sonriendo plantándole un beso en la punta de la nariz.

- ¿Sabes? – dijo Bella mientras se apretaba contra él y poniendo las palmas de las manos contra su pecho murmuró - estabas equivocado en una cosa.

- ¿En qué? - preguntó Edward mientras besaba el último copo de nieve de su cabello.

- Me dijiste que compartir los secretos no cambia las cosas, pero cuando me contaste… lo de tu infancia comprendí por qué eres como eres…

- ¿Y cómo soy? - volvió a preguntar él poniéndose tenso.

- Tú… creciste sin amor. Quizá tu madre te amara, probablemente fue así, pero murió cuando eras tan joven que no puedes recordarlo. Tu padre - continuó bajando el tono de voz - sólo te enseñó, a odiar. Desde pequeño has sufrido por falta de amor… no sólo por no recibirlo, sino también por no poder darlo. Estoy segura de que, al menos al principio, quisiste dárselo a él, pero sabías que te lo arrojaría a la cara. De modo que creciste con todo ese amor encerrado en tu corazón - vaciló y luego siguió - Por eso creo que ahora te da miedo ofrecer amor, por si alguien pudiera rechazarlo.

Edward cerró los ojos brevemente, como si sintiera un dolor punzante, pero luego volvió a abrirlos y preguntó.

- ¿Y si te ofreciera mi amor a ti? ¿Qué harías?

- Si tú me ofrecieras tu amor - contestó ella acariciando su mejilla - entonces yo te daría mi respuesta. No puedes tener la respuesta antes de hacer la pregunta… eso sería hacer las cosas al revés ¿no crees? De modo que… ¿lo vas a hacer? - tragó fuerte - ¿Vas a ofrecerme tu amor?

Apenas podía imaginar lo difícil que aquél paso resultaba para él. Dar amor, tomar amor, había sido siempre para ella lo más fácil del mundo. Pero para Edward… aquello estaba más allá de cualquier cosa que hubiera podido experimentar. Bella esperaba una respuesta. Después de unos segundos interminables, él la tomó de la mano.

- Ven aquí - dijo llevándola hasta la banqueta de dibujo. La levantó para sentarla y luego dio un paso atrás y se puso de rodillas – Bella Swan - comenzó a decir fijando los ojos sobre ella con una mirada tan intensa que deseó llorar - Te quiero con toda mi alma. Te amo. Te ofrezco mi corazón y mi vida entera. ¿Quieres casarte conmigo y que vivamos juntos para siempre?

Las lágrimas invadieron sus ojos, resbalaron por sus mejillas. Sonrió, se sentía incapaz de hablar. Tenía un nudo en la garganta. El se puso en pie, y cuando ella intentó bajar de la banqueta la tomó en sus brazos. La abrazó y la hizo descender con una lentitud tortuosa, dejando que sus cuerpos se rozasen centímetro a centímetro.

- Bella - dijo Edward con voz ronca y ojos brillantes - Por favor… tienes que decir que sí. Me moriré si no lo haces.

Bella tomó su rostro entre las manos y sonrió.

- Sí, me casaré contigo, amor - Edward respiró aliviado, como si sus nervios hubieran estado a punto de estallar y su respuesta hubiera llegado justo a tiempo de salvarlo. Bella se puso de puntillas y lo besó en los labios - ¿Cuándo?

Él le devolvió el beso hambriento, obligándola a echar la cabeza hacia atrás.

- Mujer exigente! – gruñó sonriendo como nunca lo había hecho - ¿Cuándo quieres…?

- En junio. Si hay algo con lo que siempre he soñado es con una preciosa boda primaveral! Oh, por favor, Edward! ¿Podría ser en junio? Por favor!! Por favor! Di que si!

- Mmm… - frunció el ceño - En realidad agosto es un mes precioso para…

- Oh, eres…! - rió Bella golpeándolo suavemente en el brazo.

Él volvió a besarla tan apasionadamente que Bella sintió que sus dedos se retorcían.

- Si quieres una boda en primavera, entonces tendrás una boda en primavera – la miró dulcemente – tendrás todo lo que tu quieras, cariño.

- Podemos planearlo todo cuando vayamos a Forks en mayo! Dios, no tenemos mucho tiempo, pero como el papá de Ángela es el reverendo de Forks no creo que tengamos problemas. Alice tiene una amiga con una tienda de trajes de novia, así que me harán un buen precio. Rosalie se encargará del catering… y Jasper de encontrar una banda para la recepción!... bueno…

- Veo que toda tu familia es esperta en organizar eventos - rió con dulzura - ¿Tus hermanos... tus padres… - dijo Edward un tanto nervioso – no se molestaran porque… te casaras conmigo y no con Black?

- Ellos… solo quieren verme feliz, Edward – lo besó dulcemente – y tu eres mi felicidad. Y por los chicos… no te preocupes – sonrió – te aceptarán! Incluso, apostaría lo que sea a que Emmett estará encantado de organizar tu… despedida de soltero - Gruñó sin poder evitarlo

Edward echó la cabeza atrás mientras su risa resonaba por toda la oficina.

- Me encanta verte celosa – murmuró sonriendo y con los ojos brillando – No entiendo como puedes quererme… - dijo con su mirada llena de pesar - Lo peor de todo... es que tengo muy poco para ofrecerte y...

- Tienes mucho para ofrecer, cariño - besó sus mejillas, sus parpados, sus manos - Solo... no te ves a ti mismo con claridad...

Edward la beso suave y largamente demonstrandole en aquel beso todo su amor.

- Y supongo… - dijo Edward sonriendo - que alguien de tu familia tiene el lugar perfecto para pasar la luna de miel ¿no?

- Pues la verdad es que… sí. El tío Harry tiene una encantadora casita en el bosque, cerca de La Push, a la que…

- Toda tu familia irá para visitarnos a cualquier hora del día o de la noche. No, mi amor, puedes hacerlo todo tal y como te guste, excepto lo de la luna de miel. Yo escogeré el lugar... y puedo asegurarte que estará al menos a mil kilómetros de Forks!

- No me importa - contestó Bella mientras pensaba en la luna de miel y sentía cómo sus mejillas se ruborizaban - Seré feliz donde quiera que me lleves…

- Te has ruborizado! Seguro que no te sientes cohibida por el hecho de… - frunció el ceño y se quedó mirándola - Cielo, no me digas que aún eres…!

- ¿Te molestaría? - preguntó Bella angustiada y avergonzada.

- Por supuesto que no! - aseguró. Bella supo que él decía la verdad, lo supo por la expresión de sus ojos, por la suavidad con que le acariciaba la mejilla - Pero no entiendo... aquella noche, cuando te invité a mi apartamento, tu sabías mis intenciones . Sabias que ibamos a...

- Si, lo sabía. Pero te amo - dijo sonrojandose - Jamás estaría con nadie que no fueras tu.

- Eres diferente, Bella Swan. ¿Te he dicho ya cuánto te amo?

- Sí, ya me lo has dicho - contestó sonriendo llena de lágrimas mientras las estrellas de sus ojos brillaban hasta casi cegarlo - Pero puedes decírmelo otra vez, si te quieres.

Y así lo hizo.


Hola!

Mis queridas lectoras! Ahi lo tienen! Su final Feliz! ¿Han quedado conformes? Espero que si :D Lamento decirles que no habrá epilogo y no habrá secuela... lo siento :( este es el final definitivo. u.u

Muuuuuuuuuchas gracias a todas las seguidoras de esta historia. Me alegra enormemente que les haya gustado! Sus comentarios y apoyo significaron mucho para mi en el transcurso de este fic! Cabe mencionar lo agradecida que estoy de cada personas que se tomó su tiempo para dejar su review, son las mejores! Por eso, no quise defraudarlas y subí los capitulos lo mas seguido posible para alcanzar a subir el final y no dejarlas esperando xD Me gusta respetar y tomar en cuenta a mis lectoras! Asi que de regalo quiero un ataque de reviews!! xD

Ahora... me voy de vacaciones!!! YUPI!! Hurra por mi!! Es hora de tomar un merecido descanso en la playita! Pero no se preocupen.... volvere!

Nos vemos en febrero Y NO OLVIDEN DEJAR SUS REVIEWS!!!!!

Un abrazo!

PollyCox99