Aquí les dejo el segundo cap espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasion y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos.
— Capítulo 2 —
Jasper voló durante horas, concentrando todos sus esfuerzos en su fino sentido del olfato. Pero por desgracia había llovido al comenzar la tarde y no podía captar el aroma. Volvió al terreno desierto del aparcamiento, desilusionado, pero no desalentado. Sólo era cuestión de tiempo. La encontraría.
Una vez que se deslizó dentro de sus ropas tiradas, entró en el club nocturno casi vacío. Era casi la hora de cerrar. Emmett le señaló la barra.
Mientras Jasper se acercaba a la barra, sonrió entre dientes. Contrariamente a la popular descripción de Hollywood, puede que los vampiros no comiesen, pero sin lugar a dudas sí bebían. Después de todo, vivir durante siglos sería bastante aburrido si no pudieran relajarse de vez en cuando.
Jasper pidió una copa y una guía telefónica y se colocó junto a su amigo de la niñez. Sonrió recordando por todo lo que habían pasado juntos durante años.
— Ha pasado mucho tiempo, amigo mío —Emmett le palmeó el hombro. Sus calmados ojos dorados buscaron los de Jasper mientras una sonrisa surcó su rostro.
— Hay algo diferente en ti —Emmett se frotó la mandíbula pensativamente y después dejó caer la mano, levantó las cejas con anticipación—. Vas a ocupar el puesto de tu padre, ¿no?
Jasper bebió un sorbo de whisky.
— Hay algo que necesito hacer primero.
— Charlotte me contó que te había mencionado lo de los asesinatos. No sólo han sido los dos vampiros al mando de Laurent, él mismo mató a un humano con su propias manos —Emmett se pasó una mano por su corto cabello rizado, su frustración era evidente.
Jasper apretó la mandíbula ante las noticias. Confiaba en que su amigo conociera los hechos. Emmett era miembro del clan Bruen de Laurent. En todos sus años, nunca había visto un grupo más dividido. El clan Bruen estaba constituido por dos tipos de hombres: los alborotadores, arrogantes y coléricos y los idealistas. No había espacio para los que se quedaban justo en medio.
Emmett era uno de esos hombres —loco y un poquito rudo, pero fuerte, seguro de sí mismo, fiel a su palabra y, ante todo, leal con los suyos. Bueno, leal hasta que un vampiro se pasaba de la raya. Después de eso, Emmett era el primero en ponerle freno al trasgresor. Le importaba un bledo no encajar en el esperado molde de un Bruen. Los labios de Jasper se curvaron en una sonrisa. Y eso era exactamente lo que el clan Bruen necesitaba en un líder —alguien imparcial que mantuviera a los vampiros en el buen camino.
— Si acepto el cargo de Vité, quiero que tu lideres a los Bruen.
— ¿Qué? —Emmett se ahogó con su cerveza. Abrió los ojos como platos y sacudió la cabeza—. Soy demasiado franco para ser un líder de conversación fluida, Jaz.
Jasper hizo frente a su amigo.
— No hay nadie en quién confíe más.
— Creo que Laurent tendrá algo que decir sobre esto —Emmett soltó una risita grave.
Jasper le sujetó con una mirada seria.
— No tienes miedo de Laurent, ¿no?
— ¡Demonios, no! —volvió a saltar.
Jasper reprimió la sonrisa. Conocía demasiado bien a su viejo amigo.
— Probablemente mataré a Laurent yo mismo antes de que todo acabe, y te aseguro que será un placer después de estar esperando años a que llegue el momento propicio. Pero… sí escapa, confío en que tú le des caza.
— Será un placer para mí — Emmett alzó su cerveza a modo de saludo, los ojos le brillaban pícaramente.
Jasper sabía lo que significaba. Emmett y Laurent nunca se habían puesto de acuerdo. La única persona a la que despreciaba más era al hermano de Kraid, James.
Emmett inspiraba confianza, respeto y tolerancia en todos aquellos que le conocían. Su reputación como despiadado cazador de vampiros sin escrúpulos le había hecho ganarse más de un apodo. Había oído a algunos llamar a su amigo "Emmett, el ejecutor'. Debido a la sangre humana que corría por sus venas, el sol no le afectaba. Ese hecho por sí sólo ya le convertía en un adversario considerable.
Satisfecho de que sus planes estuvieran en marcha, Jasper hojeó la guía telefónica y buscó los listados bajo el nombre de Sterling. ¿Qué sucedería si Alice estaba casada? Se deshizo del miedo que lo atenazó. En su corazón no lo estaría.
— ¿Qué estás haciendo? —Emmett dio un toque al libro con su botella de cerveza.
— Tratando de localizar a una mujer —Jasper alzó la vista—. Su nombre es Alice Sterling.
Emmett rió entre dientes.
— Bueno, era cuestión de tiempo, Jaz, muchacho. Ya había comenzado a preocuparme por ti.
Jasper sonrió y sacudió la cabeza volviendo la vista al libro.
— Ella compro hoy mi anillo.
— ¡No jodas! —Emmett se sentó erguido sobre su taburete.
Deslizando su dedo hacia abajo por la fila de Sterlings, Jasper los memorizó, pero no había ninguna Alice catalogada entre ellos. Tal vez Alice era un apodo, o su número no estaba inscrito.Charlotte pasó por delante, lanzando un periódico sobre la barra delante de él, y dijo:
— Solamente quería ponerte al corriente de viejas noticias.
Jasper vio a su hermana retirarse hacia atrás. Sabía lo que ella estaba haciendo. Quería que se sintiera culpable. Recogió el viejo periódico de la semana y leyó los titulares, la interpretación del investigador de lo que les había pasado a las víctimas. Al parecer, unos perros salvajes habían atacado y malherido los cuerpos. Pero a uno de los cadáveres le habían desangrado, lo que hizo sospechar a la policía que se tratase de una especie de crimen ritual.
Su cólera se elevó, su corazón, normalmente lento, latía con más rapidez mientras catalogaba los nombres de las víctimas y pasó rápidamente a las páginas necrológicas. Un humano confiado no tenía ninguna oportunidad contra un vampiro, sobre todo con un vampiro que hubiera dejado que su sed se convirtiera en sed de sangre. Lo menos que podía hacer era enviar flores de manera anónima, incluso con retraso, a las afligidas familias.
Mientras exploraba la larga lista de nombres, su mirada se posó y cerró sobre una necrológica.
Eleazar Rodgers fue enterrado hoy en el cementerio Heaven.
Vivió una vida larga y plena sin arrepentirse de nada. Le sobreviven una hija y una nieta, Carmen y Alice Sterling.
El corazón de Jasper latía con fuerza en su pecho cuando leyó su nombre. La conocía sin duda alguna, Alice era la mujer del cementerio, la misma mujer por la que había sentido una reacción tan intensa y perturbadora.
La cabeza le daba vueltas. Su nombre no aparecía en la lista entre los Sterlings que había memorizado, pero el director de la funeraria tendría su dirección o al menos su número de teléfono. Sonrió y comenzó a pedir un teléfono cuando se dio cuenta que eran las cuatro de la madrugada. Al menos tendría que esperar hasta las ocho para llamar.
— Eh tío, ¿estás bien? —la voz de Emmett le llegó lejana. Él agitó la mano delante suyo.
Jasper se giró hacia su hermano de sangre.
— Esto es eso tan importante que tenía que hacer, Emmett. No puedo ocupar el puesto sin ella.
— Lo tienes chungo, Jaz —Emmett sacudió la cabeza—. Incluso después de setenta años. Tío. Me alegro de no dejar que ninguna chica se me meta bajo la piel como hiciste tú con Maria.
El cuello de Jasper se enrojeció ante el frívolo comentario. Entrecerró los ojos. Cualquier otro vampiro estaría muerto por pronunciar semejantes palabras en su presencia, peor Emmett solo le miró con ojos divertidos.
Con una amplia sonrisa, Jasper le mostró los colmillos. Fue suficiente.
Emmett se puso serio.
— Lo siento Jaz —sonrió avergonzado—. Ya sabes lo que quiero decir.
* * * * *
— ¿Yo? —dijo Emmett moviendo los labios en silencio a la sexy pelirroja al otro lado de la estancia mientras se señalaba el pecho.
Ella sonrió, miró su cocktail y despacio removió provocativamente el hielo con el dedo.
Emmett se volvió de nuevo hacia Jasper.
— Eh, avísame si necesitas algo, ¿vale?
Jasper rió entre dientes.
— Adelante Emmett. Huelo su excitación.
— Lo sé —Emmett sonrió y se deslizo del taburete para caminar hacia la mujer.
— Hola —dijo ella con la voz ronca cuando él se acercó y se sentó a su lado.
— Hola —contestó él mientras pasaba un dedo por su brazo desnudo. Ella observó el camino que tomó su dedo y tembló cuando sus ojos verdes encontraron los suyos.
— Me llamo Lauren.
— Yo soy Emmett—dijo mientras las comisuras de sus labios se elevaban ante los morbosos pensamientos que asoció su mente con su nombre.
Ella le ofreció una astuta sonrisa como si supiera exactamente lo que él estaba pensando.
— Sí, me pusieron muy bien el nombre.
Emmett rió entre dientes.
— Me parece que vamos a llevarnos muy bien.
— Pensé que tu sexy amigo se uniría a nosotros también —inclinó la cabeza hacia la barra.
La lujuria le atravesó el cuerpo ante la sugerencia y levantó una ceja.
— Así que te gusta la diversión doble, ¿no?
Lauren metió más el dedo en su copa y chupó el licor de la punta antes de pasárselo por el labio superior.
— Si es con la combinación adecuada de hombres, entonces la respuesta es sí.
Emmett atrapó el dedo con sus labios y lo absorbió dentro de su boca, arremolinando la lengua alrededor de su carne. Su miembro palpitó cuando oyó elevarse el ritmo de su corazón y que su respiración se volvía superficial. El entrelazó los dedos con los suyos y arrastró su mano de su boca.
— Entonces no te preocupes, Lauren. Yo tengo la combinación adecuada para ti —tiró suavemente de su mano—. Vamos, salgamos de aquí.
Espero que haya sido de su agrado y le den al botoncito adiosito
Miss Mckarty
