Aquí les dejo el otro cap espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasion y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos.

Capítulo 4 —

Jasper se paró en la entrada de La Guarida del León, esperando que Laurent saliera. Había visto como el vampiro seducía a dos chicas jóvenes en la pista de baile. A pesar de saber que no pasaría mucho tiempo antes de que Laurent se dirigiera con las mujeres afuera, la espera apoyado contra un muro le llenaba de frustración. Quizás fue una suerte no haberlo encontrado la noche anterior después de haberse alimentado. Ahora, había tenido dos días para reconstruir su fuerza. La única intención que tenía esa noche era llamar al orden al vampiro pero, si las cosas se torcían, lucharía contra él.

Laurent salió del club, acariciando con la nariz el cuello de una de las rubias. La gemela, al otro lado, recorría sensualmente con sus largas uñas rojas el pecho del vampiro.

Jasper salió de las sombras, bloqueando el paso.

— Laurent necesitamos hablar.

Laurent alzó la cabeza del cuello de la chica y miró desdeñoso a Jasper.

— Más tarde.

— No. Ahora, Laurent —contestó Jasper sin moverse. Miró a las mujeres y las envió una orden mental—. Estáis muy cansadas y queréis iros a casa.

— No —dijo Laurent apretando la cintura de las chicas.

Una de las mujeres, pasándose la mano por el pelo, le dijo:

— Realmente estoy cansada, Laurent. Te veo más tarde, ¿vale?

Dio la vuelta y camino hacia el coche. La otra chica le dio un beso en la mejilla y siguió a su hermana, mientras caminaba se despidió de él lanzándole otro beso en el aire.

Laurent empezó a seguirlas, pero Jasper le puso la mano en el pecho.

— Dije ahora.

— ¿Qué quieres? —tronó fijando sus ojos verdes en él.

— Quiero que mantengas el orden en tu clan, Laurent. Me he enterado de las matanzas —dijo mirando duramente a su antiguo rival—. Es inaceptable.

— ¿Y quién te crees qué eres para poder decir lo que es inaceptable? —dijo Laurent elevando el mentón.

— Voy a aceptar la posición de Vité —dijo Jasper con una perezosa y segura sonrisa—. Como ves, tengo derecho a decirlo.

Notó la sorpresa en los ojos de Laurent y el odio puro que siguió antes de que el vampiro pudiera enmascararlo con una sonrisa insolente.

— El voto tiene que ser unánime, Jasper. Y yo no votaré por ti.

Jasper ignoró por completo el comentario.

— Y allí deberé explicar las muertes de los humanos, Laurent.

Laurent se limpio las uñas en la chaqueta y puso cara de aburrimiento.

— El humano que maté era un cazador de vampiros. Merecía morir —dijo encogiendo los hombros en un gesto de despreocupación—. No estoy seguro de qué pasó con los otros dos.

Jasper apretó la mandíbula ante la completa falta de responsabilidad.

— Responderás ante el Concilio por tus acciones. Castiga a los otros transgresores de tu clan o lo haré yo mismo.

— ¿Por qué actúas como si hubiera cometido un crimen? —dijo Laurent rechinando los dientes por la cólera—. Ese hombre era un cazador de vampiros.

— Porque tú eres el líder del clan y eres responsable de las acciones de los Bruen.

— No veo que hayan hecho nada malo.

Jasper se acercó más y se inclinó hacia Laurent amenazante.

— Tú y la estupidez de tu clan nos ponen a todos en peligro —dijo alzando un brazo hacia el parking, su cólera iba aumentando—. Ahí fuera existen cazadores de vampiros que están deseando aniquilarnos, sólo esperan que salgamos. Somos minoría. Debemos aprender a convivir con los humanos como mejor podamos —mientras decía esto le dirigió una significativa mirada—. Si no puedes controlar a tu clan, Emmett tomará tu lugar.

Las venas sobresalían en las sienes de Laurent, mostrando cuán difícil le estaba resultando controlar su genio. Finalmente, resopló e inclinó su cabeza hacía un lado.

— Mmmm… ¿Y a qué se debe ese repentino interés por aceptar el cargo de Vité, Jasper?

Antes que Jasper pudiera responder, los ojos de Laurent chispearon con malicia.

— ¿No me digas que has encontrado a tu compañera? —dijo riendo con ganas, tal y cómo llevaba haciendo durante años ante lo que consideraba el punto débil de Jasper.

Jasper mantuvo cuidadosamente una expresión desapasionada.

— Huelo la débil sangre de un humano en ti —inhaló profundamente mientras deslizaba la lengua por sus dientes—. Y el olor es puro, no contaminado por otro vampiro —sonrió y mostró los colmillos—. Quizás tendría que hacerle una visita.

Una ciega y roja rabia dominó a Jasper. Asió a Laurent por el cuello y lo alzó contra la pared, descubriendo sus colmillos en un siseo.

— Si te acercas lo más mínimo a ella, te sacaré el corazón con mis propias manos.

Jasper ignoró las tentativas de Laurent por liberarse y le apretó la tráquea. Aunque los vampiros necesitaban menos cantidad de oxígeno que los humanos, sólo tenía que privarle de aire durante el tiempo suficiente para terminar con él. Con el cuerpo tenso por la furia, Jasper siguió diciéndole con un tono mortal.

— ¿Me he explicado?

Laurent consiguió hacer un estrangulado ruido a modo de afirmación. Le dejó de nuevo en el suelo y, mientras Laurent jadeaba recuperando el aliento, Jasper dijo:

— Pon orden en tu clan. Tendrás que responder ante el Concilio dentro de tres días —se giró para marchar, pero Laurent no pudo evitar la última burla.

— ¿Por qué consideras siquiera diluir la pureza de la sangre Kantrue con la de un insignificante humano?

Jasper no se dignó a contestar a esa pregunta. Abrió la puerta del club nocturno y entró.

* * * * *

Alice estaba tumbada en la cama, desnuda, con los ojos cerrados. El calor de su cuerpo aumentaba paulatinamente y su sexo latía ante la anticipación. Se inclinó sobre ella y le besó el cuello antes de deslizar los labios hacia sus senos. Cogió el firme pezón con su caliente y húmeda boca, largo y lentamente, con fuerza.

Ella jadeaba y arqueaba su espalda hacia él, agarrándose en sus anchos y musculosos hombros, jugando con los poderosos tendones que se marcaban bajo sus dedos, sintiendo como una exquisita oleada de lujuria recorría su cuerpo.

Un sendero de besos le guió hasta el otro seno, prodigándole la misma atención mientras su mano trazaba un camino por los músculos de su estómago dirigiéndole más abajo, hacia sus húmedos rizos.

Ella gimió de placer cuando un dedo se deslizó dentro de su cuerpo.

Ábrete para mí, Alice le susurró en el oído.

Sus íntimas palabras aumentaron su pasión, haciendo que lo deseara con más fuerza. Abrió sus piernas más, queriendo, necesitando que la tocara. Él agregó otro dedo y los hundió profundo, para sacarlos después, esparciendo su húmedo calor, jugando con su clítoris.

Estas tan mojada, tan sensible —su tono, lleno de deseo, reflejaba toda la satisfacción que sentía.

La pasión aumentaba y ella jadeaba con dulzura, la tensión crecía en espiral dentro de ella.

Él levantó la cabeza y sus pálidos ojos dorados encontraron los suyos. El corazón de Alice saltó cuando reconoció de inmediato al hombre de la tienda.

La impresión de estar haciendo el amor con un completo extraño la sacó de su seductor y erótico sueño. Se incorporó en la cama, respirando con dificultad, su corazón latía con fuerza mientras agarraba las sábanas.

Sintiendo como si alguien más estuviese con ella, giró su cabeza hacia la balconada francesa y tomó aire cuando vio la silueta de un hombre entre las sombras de la noche. Por alguna extraña razón, supo que ese hombre era el de su sueño.

— Debo estar soñando todavía. Lo he conjurado con mi mente —susurró.

Él camino hacia adelante y la luz de la luna se reflejo en su cara.

— No tengas miedo. No voy a hacerte daño.

— No estoy atemorizada. ¿Cómo te llamas? —dijo sonriendo.

— Mi nombre es Jasper —su sonrisa era tierna—. El tuyo es Alice. Adoro la forma en que suena tu nombre en mis labios.

Alice sonrió también. Esas palabras sonaron llenas de cariño para su todavía adormilado cerebro.

Su mirada se deslizó por los hombros y los brazos desnudos, demorándose en las finas tiras del camisón. Sus ojos estaban llenos de un fuego intenso y caliente.

— ¿Me invitas a entrar, querida Alice?

La ferocidad de su mirada la hizo consciente de su estado de semi desnudez. Alice se cubrió más con las sábanas. No tenía miedo de él, pero todavía seguía siendo un extraño.

— No.

— Entonces vuelve a dormir, querida —dijo suspirando y con una expresión desilusionada.

— No mientras estés aquí —dijo ella sacudiendo la cabeza.

— Tus deseos son órdenes para mí —sonrió—. Dulces sueños, mi Alice —y con un destello brillante desapareció.

Alice frotó sus ojos y parpadeó mirando el lugar donde Jasper había estado parado. Se tiró de espaldas a la cama y cerró los ojos, su corazón golpeaba en su pecho. El hombre no era más que un sueño, un sueño muy vívido. Se estremeció cuando se dio cuenta de que el dolor de su entrepierna era real, extremadamente real. Dio vueltas y vueltas hasta que se durmió presa del agotamiento.

* * * * *

Jasper reapareció tan pronto como ella cayó en el sueño. Se paró al lado de la cama y la miró fijamente, adorándola, reviviendo la pasión compartida. Su miembro latió, rogando una liberación, pero dominó ese deseo insatisfecho. Dio la bienvenida a esa molestia. Después de tanto años en los que se había sentido vacío y muerto, ahora estaba pletórico. Quería estar cerca de ella. Necesitaba estar cerca de ella. La necesitaba tanto que estaba rompiendo una norma esencial entre los vampiros: a un vampiro se le debe dar permiso para entrar en una casa.

Durante el día, la cortejaría como hace cualquier hombre con su compañera, pero de noche era toda suya, para adorarla y llevarla a las alturas de la pasión. Le daría satisfacción, pero, no la habría para él. Ella tendría que pedirle que se quedara antes de poderse permitir ese placer. Se arriesgaría a la locura, hasta que ella sucumbiera.

Y lo haría. Cerró los ojos y respiró, inhalando el femenino olor de la excitación, dejándose llevar por el calor que despedía esa suave piel. Jasper se obligó a mantener la calma mientras extendía su temblorosa mano hacia la cascada de cabello que cubría la almohada.

Ese corto y magnífico pelo lo complacía inmensamente. Y sus ojos verdes avellana, llenos de tristeza, pero rápidos para el humor, lo atraían. Su colorido no era como el de Maria, pero el alma, la intensidad, la conexión, estaba allí, más fuerte todavía que antes.

Su cuerpo entero se sacudió ante el deseo de saborearla. Esa tarde, cuando ella se había hecho daño, una agobiante necesidad de protegerla lo había sacudido por entero. Hizo lo que pudo para acelerar la cura, pero el frotar la saliva curativa en su brazo, hizo que la deseara más. La vista de la roja sangre alimentó el fuego que lo quemaba por dentro, llevándolo a una intensa lujuria.

El sabor de esas diminutas gotas que había lamido sólo logró agrandar su apetito. Había saboreado su sabor, dulce y puro, una combinación decididamente erótica, vislumbrando ya entonces el lado apasionado que él había descubierto esta noche. Quizás sería un tormento, pero podía esperar. Su unión sería mucho más dulce después.

* * * * *

Alice se pasó el día entero pensando en el hombre llamado Jasper. Bueno, al menos en su sueño su nombre era ese. Sonrió para sí misma pensando en cómo su subconsciente había creado ese nombre que sonaba tan peligroso. Pero, cuando recordó la naturaleza tan apasionada de su sueño, se ruborizó… sin lugar a dudas peligroso era el término adecuado. ¿Dónde había estado escondida toda esa lujuria en todos esos años? Vale, era cierto que en el pasado había tenido un par de novios, pero ninguno le había afectado tanto como el hombre de sus sueños. Ese pensamiento la perturbaba y estremecía al mismo tiempo.

Se había vestido pensando en él. Una cazadora verde, un fino suéter que se adhería a su busto mostrando cada curva, aunque, pensó irónica, tampoco es que fueran muchas. Había conjuntado el suéter con una falda de lana que le llegaba algo más arriba de la rodilla. Unas botas de suave cuero completaban el conjunto.

Como si hubiesen sido sus pensamientos los que le hubieran conjurado, el hombre que había estado el día anterior entró en la tienda, manteniendo la puerta abierta para dejar salir a un cliente. Aquella tarde iba vestido con un suéter de cuello en V de color azul oscuro y unos vaqueros desteñidos. Y esos vaqueros marcando sus músculos le quedaban de maravilla. Notó como todo su cuerpo se aceleraba ante aquella visión tan viril. Cuando él la sonrió pensó que el corazón se le saldría del pecho… ¡Se sentía tan atraída por él!

Un cliente se le acercó y le preguntó sobre una novela histórica, desviando su atención. Antes de ayudar al cliente a localizar el libro que buscaba, Alice encontró una vez más su mirada y sonrió.

Mientras le entregaba la novela al cliente, vio que el hombre de su sueño se había sentado en una de las sillas del rincón de lectura. Estaba sumergido en uno de los libros de cuero de las ediciones de coleccionista. ¿Cuál habría llamado su atención?, se preguntó.

No tuvo tiempo de contemplarlo más, y menos cuando varias mujeres con sus hijos entraron en la tienda. Alice sonrió, acababa de recibir un pedido entero de libros infantiles. Los niños de inmediato fueron hacia la zona de lectura, cogieron libros de la cesta de mimbre y se tumbaron en la alfombra para leerlos.

— ¿Les gustaría ver las nuevas obras que acabamos de recibir? —preguntó Alice a las madres.

— Sí —contestaron al unísono, Alice les mostró el estante donde había colocado los libros.

Mientras las mujeres hojeaban los libros, Alice notó que su viril visitante estaba todavía inclinado leyendo el libro. Fue recogiendo los textos desperdigados por la zona y caminó para colocarlos en sus estantes. Antes de hacerlo y con ellos en la cadera, contempló la estantería y, mordiéndose el labio inferior, meditó como podía colocarlos.

Los atlas, al ser más grandes que el resto de los libros, necesitaban estar en un estante propio, pero no quería colocarlos muy arriba donde sólo pudieran localizarlos los lectores más altos. Suspirando ante su dilema, echó hacia atrás su pelo y se estremeció involuntariamente cuando sintió una caricia en su cuello descubierto, parecía como si alguien se hubiera colocado detrás suyo y estuviera pasando su mano suavemente por su piel.

Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los ojos plateados del hombre. Estaba recostado en la silla, con el libro extendido en su regazo, mirándola fijamente. Indiferente al ruido de los niños que parloteaban a su alrededor, su mirada recorrió el cuerpo de la mujer con lentitud y sensualidad hasta que sus ojos se encontraran de nuevo. Un deseo inconfundible bañaba esos pálidos lagos antes de que sonriera y recogiera el libro de nuevo. Alice tenía un nudo en el estómago ante la emoción de pensar que ese apuesto hombre la desease.

Cuando él abrió de nuevo el libro, rompiendo el cruce de miradas, una repentina idea zanjó su dilema anterior; optaría por el estante alto, porque de otro modo los niños podrían alcanzarlos. Un cartel indicando donde estaban debería bastar para localizarlos. Sumergida en una especie de locura que la impidiese estarse quieta, Alice fue detrás del mostrador para confeccionar el cartel.

Mientras colocaba el anuncio en la pared, el profundo timbre de la voz del hombre hizo que detuviera sus movimientos. Miró hacia arriba y observó como les estaba leyendo a los niños un libro de cuentos. Todos estaban sentados a su alrededor con las caras alzadas y absortas por la atención. Cuando estaba leyendo el viejo cuento de Caperucita Roja, Alice se estremeció cuando él empezó a describir cómo el lobo se lanzaba desde la cama para agarrar a la niña. Había algo en su voz, la constante y segura entonación con la que hablaba, que hipnotizaba a todos los que escuchaban. Sacudió la cabeza con una sonrisa. Parecía el Flautista de Hamelin, guiándoles hacia una alegre aventura.

Cuando terminó el cuento, oyó aplausos detrás suyo y se dio cuenta que las madres también le habían estado escuchando dejando a un lado sus propias lecturas. El hombre, ante los aplausos, sonrió tímidamente. Alice rió con aprobación, y acabó soltando una carcajada cuando los niños empezaron a pedirle más.

Ya era casi la hora de cerrar y, cuando el último cliente se marchó, Alice se paró detrás del mostrador, incapaz de moverse mientras veía como él dejaba el libro que había estado leyendo y se acercaba. Sabía que debía parecer una animalito asustado. Mientras la librería había estado llena de gente, la atención que él le mostraba no la había hecho sentir incómoda, pero ahora estaban solos… el corazón le latía fuertemente en el pecho, era increíble que él no lo oyera.

Forzando una afectada sonrisa, le preguntó:

— ¿Te gustó el libro? —finalmente había descubierto que leía "El siglo de los inventos".

— Sí —contestó—. ¿Cómo está tu brazo?

— Bastante mejor, la verdad —con esa respuesta se había quedado corta ya que cuando esa misma mañana le echó un vistazo a la herida, ésta estaba prácticamente curada, lo que la dejó muy sorprendida.

Se encontró con su penetrante mirada y se preguntó que pensaría si supiera que había sido el protagonista de su fantasía nocturna. Ese secreto le produjo una juguetona sonrisa.

Él se inclinó con una expresión de curiosidad en la cara.

— ¿Te apetece contarme qué es lo que te hace reír?

Sus mejillas enrojecieron. Carraspeó y se deshizo de todas las imágenes con las que había soñado la noche anterior.

Venga, Alice. Comparte con este hombre tu fantasía.

Vete, Eleazar.

— Pues no —le contestó mientras levantaba un montón de libros del mostrador. Caminó por la tienda evitando el lugar donde él se encontraba—. Bueno, y si no vas a comprar el libro de los inventos, ¿te quedarás con el de los vampiros? —se burló sin mala intención

— No —el pecho de él tocaba su espalda, y la palabra se la susurró en el oído. Dejó caer los libros con un grito. ¿Cómo se había movido tan rápidamente?

Se agachó para recogerlos. Él se apresuró a ayudarla y le entregó un libro de misterio.

— ¡Me asustaste! —lo acusó Alice, encontrando su fija mirada.

— Lo siento, no quería asustarte —se podía apreciar la culpabilidad en sus ojos.

— Está bien —no pudo evitar sonreír ante esa expresión contrita. Se levantó llevando con ella los libros caídos.

Él también se levantó y, con las manos en los bolsillos y una diabólica mueca en su cara, le dijo:

— Espero que esta noche aceptes mi invitación a cenar.

Después de colocar los tomos en los estantes, lo miró. No sabía nada acerca de aquél hombre, excepto lo increíblemente atractivo que era. Cenar con él no era una buena idea.

Él se acercó aún más, su pecho tocaba su brazo.

— Venga, sal conmigo. Deja que te conozca.

— Ni siquiera sé tu nombre —le dijo riendo entre dientes y encarándolo, pero después dio un paso atrás.

— Mi nombre es Jasper Trevane —parecía en exceso complacido cuando le contestó.

Ante esas palabras la sangre se le subió a la cabeza y el suelo se abrió bajo sus pies. Él avanzó para sostenerla por los brazos.

— ¿Estás bien?

Alice sacudió la cabeza para despejarse. Bueno, quizás solo había sido una casualidad que adivinara su nombre. ¿Eleazar, me pasaste tus habilidades psíquicas al morir? Una advertencia habría sido bienvenida.

— No, estoy bien —le contestó retirándose y, extendiendo la mano a modo de saludo, continuó—. Me llamo Alice Sterling.

Él tomó su mano y, en vez de estrecharla, la alzó y le besó la punta de los dedos, con sus plateados ojos fijos en los suyos.

— Un placer conocerte, Alice.

Una descarga eléctrica recorrió su brazo hasta llegar a su pecho. Los senos le hormigueaban y los sentía pesados por el deseo.

Antes de que pudiera retirar la mano, él inhaló profundamente.

— Adoro tu olor. Me recuerda a cítricos y madreselva.

Otra descarga. Vaya con las respuestas eléctricas. Si sigue así acabare por sufrir un ataque al corazón. ¿No sería eso estupendo... caer muerta a los pies de un hombre? Oye, por lo menos él también se vería afectado, pensó.

— ¿Puedes oler el aroma? —vale, él olía algo, pero lo había definido mal.

Llevó el anillo hasta su nariz y dijo:

— No, es lavanda... —pero dejo de hablar cuando se dio cuenta que él tenía razón. Olía a críticos y madreselva. Vaya, encantador, acababa de gastar cuatrocientos dólares en un anillo que cambiaba de aromas... un anillo con cambios de humor sería más fácil de explicar. Definitivamente, esto era muy extraño. Bueno, por lo menos le acababa de confirmar que no estaba totalmente loca, y hasta el momento adoraba las diversas combinaciones de aromas del anillo.

— Tienes razón —le contestó mirándolo y con una sonrisa.

— Por supuesto—sonreía—. Es embriagador.

Con lo cerca que estaban, el calor que emanaba del hombre traspasaba y penetraba en su ropa, llegando hasta su misma piel. Así que, antes de pensar en lo que hacía, le dijo:

— Iré a cenar contigo.

¿Se puede saber por que acabas de acceder a ir a cenar con él? Ah sí, la atracción de la polilla a la llama. ¿Acaso no saben las estúpidas polillas lo que les espera?, pensó para sí misma.

Ante su sonrisa triunfante, ella alzó la mano y dijo:

— Pero me encontraré contigo en el restaurante.

Él asintió e hicieron los arreglos para encontrarse en el China Jade, un restaurante en pleno centro.

* * * * *

— Hola —dijo Alice mientras se deslizaba en la silla enfrente de la suya agradeciendo al camarero que le entregaba el menú.

— ¿Qué tal? —la saludó con una abierta sonrisa.

Después de pedir la cena, Alice lo miró, estaba deseando preguntarle algo.

— ¿Qué es lo que buscabas realmente cuando viniste a mi tienda la otra noche?

— Buscaba algo que había perdido hace mucho tiempo —sus ojos grises centelleaban.

Recordó que él dijo que había encontrado lo que buscaba, lo miró con ojos maliciosos.

— ¿En serio? ¿Y por qué no has comprado el libro entonces?

Jasper sonrió y puso sus manos sobre las suyas.

— Alice, te he estado buscando durante mucho tiempo.

Ella tragó saliva. Eso sonaba demasiado específico.

— Pues... ¿no querrás decir alguien como yo?

Jasper sacudió lentamente la cabeza.

— No, quería decir eso exactamente. Te he estado buscando toda mi vida y finalmente te he encontrado.

¿Obsesivo? No, obsesivo no. Raro, no, tampoco era la palabra. Posesivo... Sí, posesivo describía a la perfección la expresión de su mirada. ¡Vaya, y encima le estaba empezando a gustar demasiado! Y entonces, ¿por qué esa posesividad la hacía sentirse tan querida? Nunca se había caracterizado por tomar buenas decisiones cuando no estaba en condiciones normales. Y, sin lugar a dudas, el haber perdido a Eleazar hacía que no estuviera en su mejor momento.

Alice estiró la mano y miró su reloj.

— Sabes, acabo de recordar que hay un asunto del que debo ocuparme…

— Alice.

— Sí, les prometí a mis padres que tenía que hacer…

— Alice —si su tono calmado no paró su balbuceo, la tibia mano que cubrió de nuevo la suya ciertamente lo hizo.

— ¿Hmmm? —ella encontró con cautela su mirada.

Él sonrió lentamente haciendo que sus labios se curvaran de una manera... ¡tan sexy!

— ¿Crees en el destino?

— ¿En el destino?

Jasper asintió con lentitud mientras su pulgar trazaba círculos en la palma de su mano.

— Mi abuelo lo hacía.

— ¿Y confiabas en la opinión de tu abuelo?

— La mayor parte del tiempo —contestó con una sonrisa irónica.

Su mirada plateada retenía la suya.

— Entonces confía en que no quiero hacerte daño. Sólo quiero conocerte más.

Confía en mí. Confía en mí. Esas palabras hacían eco en su mente, susurrantes. ¡Señor! ¿Cómo haría él eso?

Su expresión era tan sincera. Por alguna razón que no podía entender, confiaba en él completamente. El pesar la inundó. Volviendo a tirar de su mano dijo:

— Perdona, pero no puedo darte lo que buscas.

Él le sonrió con ternura, sus ojos doloridos.

— ¿Qué es lo que va mal? Veo mucha tristeza en tus ojos.

Las lágrimas llenaron sus ojos ante el genuino interés en su bienestar.

— Perdí recientemente a mi abuelo. Ése era el funeral al que asistía cuando me viste la primera vez.

Alice se frotó las sienes para aliviar la tensión que sentía, todo ese desconsuelo la agobiaba.

— No estoy en condiciones de empezar una relación con nadie —estaba a punto de empezar a llorar.

Él volvió a capturar de nuevo su mano, enredando sus dedos con los suyos.

— Dame una oportunidad para poder conocerte, Alice. Es todo lo que te pido.

Sentía que se rompía en pedazos, consiguió sonreírle temblorosamente.

— No sé qué decirte.

El timbre profundo de la grave risa de Alice traspasó todo su cuerpo.

— Dime que mañana por la noche vendrás conmigo a bailar.

No buscaba más de lo que ella podía dar. Sólo quería salir a bailar, no había nada malo en eso. Un baile no significaba ningún tipo de relación.

— Sí, iré a bailar contigo —asintió con una sonrisa, y mirándolo con los ojos sesgados le preguntó—. ¿Y tú? ¿Por qué estabas en el cementerio?

— Me despedía de alguien que conocía desde hacía mucho tiempo.

No dio más detalles, siguieron discutiendo de diversos temas mientras comían. Se enteró que Jasper coleccionaba libros y, por la descripción que le dio, estaba segura que su colección sería capaz de rivalizar con la suya.

— ¿Tienes algún hermano? —le preguntó Jasper.

Ella negó sacudiendo la cabeza y le preguntó.

— ¿Y tú?

— Sí, tengo una hermana, Charlotte —dijo riendo entre dientes—. Es bastante revoltosa.

Las cejas de Alice se fruncieron mientras intentaba coger un trozo de pollo con los palillos.

— Alice, es un nombre poco común. Recientemente conocí a una mujer llamada así.

— Ah, ¿en serio? —dijo él levantando una ceja.

Ella asintió, dejó los palillos y levantó la mano izquierda.

— Compré este anillo en su tienda hace un par de días.

Él cogió su mano entre las suyas e inspeccionó el anillo.

— Es un diseño excepcional.

— Así lo pensé yo también. Y por algún motivo, una vez que me lo puse, no quería quitármelo —rió—. Y ahora, no puedo sacarlo del dedo aunque mi vida dependiera de ello.

Jasper se reía entre dientes de sus palabras, mientras recorría con el pulgar el anillo, acariciando a la vez la piel de alrededor.

— Me gusta. Te queda bien.

Pronto acabaron la cena y, después de que él pagara la cuenta, salieron a la calle. Jasper arqueó las cejas cuando se acercaron al deportivo azul eléctrico.

Ella se echó a reír y contestó a la tácita pregunta de su mirada.

— Era de mi abuelo. Era más extravagante que yo.

— Pues va con tu personalidad —le dijo cogiéndole la mano.

— Sí claro. Eso es, Alice la salvaje —le contestó mirándolo como si estuviera loco.

— Eres una mujer muy apasionada, Alice. Deseo poder llegar a conocerte mejor.

Un viento frío los azotó, haciéndola temblar. Jasper tiró de las solapas del abrigo cerrándoselo. Ese gesto protector le derritió el corazón. Le sonrió alzando su cara hacia él. Él recorrió lentamente con el pulgar la línea de su mandíbula, como si memorizara los contornos de su cara, levantando su mano hacia la nariz, inhalando su olor.

— ¿Puedo besarte?

Sí, quería gritar ella. Si no lo haces, seré yo la que te bese. Asintió.

Olía tan bien... parecido a un exótico aroma que no conseguía situar. No podía describirlo. Era como el olor del bosque después de la lluvia, fresco, y con un punto picante flotando por todo él.

Cogió su cara entre sus grandes manos y le susurró tocando casi sus labios.

— Tengo que saber si sabes tan bien como hueles.

Metió sus dedos entre el pelo, acercándola aún más. Alice se agarró a sus brazos y entreabrió la boca para tocar esos persuasivos labios. La tibia lengua golpeó sensualmente contra la suya, repitiendo el movimiento ávidamente. Era como el beso de su sueño... íntimo e intenso.

Sabía al caramelo de menta que la camarera les había dado al finalizar la cena, refrescante y descarado, mezclado con el ardiente deseo masculino... una estimulante combinación. Le devolvió el devorador beso, necesitando su contacto, disfrutándolo. Él presionó su cuerpo contra el coche, su cadera empujaba la suya impidiendo cualquier movimiento.

— Sabes mejor de lo que jamás pude imaginar —susurró con voz ronca mientras acariciaba con sus labios la mandíbula femenina.

Alice suspiró suavemente y permitió que su cabeza se deslizara hacia atrás, exponiendo su cuello a los tentadores besos. Cuando no llegaron, abrió los ojos y lo miró con fijeza, preocupada de haber hecho algo mal. Su nariz se dilató, él estaba mirando fijamente toda la extensión de su cuello, su cuerpo entero delataba la tensión.

— Está bien, Jasper, no muerdo —dijo riendo entre dientes.

— Ah, pero yo sí, dulce Alice —sonrió mientras buscaba sus ojos.

— Un mordisquito cariñoso no está mal siempre y cuando no me chupes la sangre.

Una mano se mantuvo en su cadera, mientras la otra se enredaba en su pelo, los ojos de Jasper ardían de deseo cuando tiró suavemente de ella, inclinándole la cabeza para exponer su garganta.

— Tienes un cuello tan hermoso.

La gutural risa se transformó en un gemido cuando posó un reguero de besos por todo su cuello. La caliente lengua humedecía su piel mientras la sujetaba con fuerza moviendo las caderas contra ella, la erección era inconfundible.

Un calor líquido estalló entre sus muslos. La dolorosa presión llego a un punto inaguantable. Se apretó más a él, siguiendo sus rítmicos empujes. El gruñó en su garganta ante su respuesta. El roce de sus dientes, mordisqueándola, hicieron que toda su piel se erizase. Gimió de deseo, doblándose hacia atrás, acercándolo aún más.

Las risas penetraron en su brumoso cerebro y la devolvió a la realidad. Un grupo había salido del restaurante y avanzaba hacia la hilera de coches. Bromeaban entre ellos. Mientras Jasper la apretaba fuertemente y sus dientes seguían mordisqueando su cuello, se puso rígida.

Alice susurró su nombre una vez. En respuesta él la abrazó más, incrementando la presión con todo su cuerpo. Repitió su nombre con más fuerza. Finalmente, Jasper levantó la cabeza, su cuerpo entero estaba tenso, su expresión completamente desenfocada. Sacudió la cabeza, como para salir de la bruma que lo cubría. Por fin pareció volver en sí. Dejó caer las manos y dio un paso atrás, forzando una media sonrisa.

— Perdón, Alice. Me tenías tan atrapado, que olvidé donde estaba.

— Bueno, eso es algo que hace que cualquier chica se sienta bien —sonrió suavemente.

Pero haber ido más lejos con Jasper también habría estado bien. Ahora, la cabeza ya no le daba vueltas por la pasión, así que no se dejó guiar por sus hormonas diciéndole algo como: "Ven a mi casa para que podamos terminar lo que hemos empezado"

No, deseaba a Jasper. Quería que lo que tuviese que pasar entre ellos llevase su tiempo, incluso aunque esa lentitud quemara y la hiciera hervir a fuego lento. De esa manera, estaría segura que la pasión intensa que compartían era verdadera, y que no lo estaba utilizando para llenar la pena por la pérdida de Eleazar.

Jasper cogió su mano y la llevo hacia su boca. Sus plateados ojos buscaron los suyos, mientras le besaba la palma.

— ¿Vendrás a bailar conmigo mañana?

— Sí, déjame que te dé la dirección de mi casa —dijo Alice sonriendo.

— Yo la encontraré.

Bajando la mano, unió sus dedos a los suyos. El calor de la viril sonrisa, brillante como los primeros rayos del sol en la primavera, le quitó el aliento.

Alice le devolvió la sonrisa, mareada ante la idea de que él quería encontrarla por sí mismo, y no por la información que ella le diese. Retiró su mano y abrió la puerta del coche.

— ¿Te veo alrededor de las siete y media de la tarde?

— Buenas noches, dulce Alice —le dijo asintiendo a su propuesta.

Ella subió al coche y se marchó, los muslos le hormigueaban, el sexo le latía por el deseo insatisfecho. ¿Cómo sería cuando él se hundiese dentro de ella? Se retorció en el asiento, porque sabía que ese momento sería.... ¡alucinante! Apretó a fondo el pedal, metió una marcha más y sonrió ante la vibración del motor debajo de sus muslos. ¡Ah, sí, Eleazar, seguro que te divertirías!

NOTAS:

Primero que nada una disculpa ya que en el capitulo anterior se me olvido poner el dicraimer, les prometo que no volverá a suceder, otra cosa este libro es parte de una saga por lo tanto las parejas van a terminar juntas pero en diferentes libros espero que sigan estas adaptaciones de todo corazón por que en cuanto termine este libro empezare a adaptar el segundo

Bueno eso es todo espero que les haya gustado y me dejen un rewiev

Atte: Miss Mckarty