Aquí les dejo el otro cap espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasion y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos.
— Capítulo 5 —
Jasper se inclinó sobre ella, sus labios apenas rozaban los suyos.
— Deseo acariciarte.
El grave timbre de su voz, indiscutiblemente masculino, le puso la carne de gallina mientras Alice recorría con sus manos la superficie bien formada de su pecho y sus brazos desnudos. Sentía su piel tan caliente y dura, sus músculos fuertes y tensos bajo sus dedos errantes. Él echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, respirando profundamente mientras le acariciaba.
Ella contuvo el aliento llena de incertidumbre.
— ¿No quieres que te toque?
La mirada de plata de Jasper brilló con un incontrolable deseo.
— Tu contacto es más de lo que puedo soportar —le sonrió de manera casi dolorosa—. Pero no me gustaría que fuese de otro modo. Dime que es lo qué deseas.
¿Estaba soñando? Parecía tan real. Podía disfrutar de este momento mientras durase. Alice enroscó los dedos en su pelo, atrayendo su boca hacia la suya.
— Quiero acabar lo que empezamos, Jasper.
La boca del hombre capturó la suya en un hambriento beso. Su pecho aplastaba los suyos, frotando sus sensibles pezones a través de su camisón que, en unos segundos, quedó abierto, y el áspero pelo de su desnudo pecho rozó sus rígidos picos descubiertos. Ella gimió en respuesta a la excitante abrasión.
Jasper se retiró con los ojos ardiendo de necesidad. Le acarició los senos, apretándolos suavemente.
— Tienes unos pechos preciosos, Alice. Llenan mis manos a la perfección —sus palabras eran sinceras. La hacían sentirse preciada.
Jadeó cuando sintió como él pellizcaba suavemente sus pezones. Arqueó la espalda, le alentó, deseaba estar más cerca… o…
El rió por lo bajo ante su respuesta y se inclinó sobre ella, su cálido aliento rozaba sus pechos.
— Y estos rosados pezones piden a gritos que los chupe —tocó con la lengua uno de ellos, lo lamió rápidamente antes de tomar el borde con los dientes y dar un pequeño tirón.
Ante el abrumador placer que estaba experimentando, un inminente dolor apareció entre sus piernas, seguido de una caliente humedad. Se frotó contra su muslo, necesitando el duro contacto, la fricción.
— Jasper, te necesito —dijo jadeando y agarrándose a sus hombros.
Él deslizó la mano por su estómago y la ahuecó sobre su temblorosa carne desnuda, su expresión se hizo repentinamente intensa.
— Dime lo que necesitas, Alice.
Ella se movió contra su mano buscando la liberación del creciente fuego.
— Te... necesito... ahora.
Un dedo largo y caliente se deslizó dentro de ella mientras suspiraba de alegría ante la magnifica sensación al tiempo que el dedo frotaba su carne. Pero él no iba a parar de satisfacerla. Oh, no. Mientras iba dejando un reguero de besos desde su estómago hasta su muslo, metía y sacaba el dedo de su húmeda funda deslizándolo lenta y rítmicamente, lo que hizo que ella levantase las caderas para seguir su ritmo.
Se le escapó un quejido de decepción cuando él bruscamente apartó su mano. Se alzó sobre sus codos, lista para gritar de frustración, pero él la sorprendió cuando sus fuertes manos agarraron sus muslos y tiraron de ella para acercarla más, inclinando sus caderas hacia su cabeza que descendía.
— ¡Jasper! —Alice le puso la mano sobre el hombro y trató de apartarlo. Nunca había hecho eso con nadie. Pero la tenía agarrada con fuerza, con los hombros tensos y una expresión llena de deseo, suplicándola.
— Lo necesito, Alice. Quiero saborearte… por completo.
Sus palabras derrumbaron su resistencia y, antes de que pudiera pensar con claridad, bajó la cabeza y rozó con su lengua el palpitante centro de su feminidad.
— ¡Jasperrrr! —jadeó, cayendo hacia atrás.
Él alzó su oscura cabeza, levantando una ceja con una expresión de complicidad.
— ¿Sigo, cariño? —Alicee asintió en silencio con lo que recibió una pícara sonrisa antes de que él bajara de nuevo su cabeza e hiciera una exploración lenta y seductora de su sexo, bebiendo su esencia, lamiendo su entrada antes de hundir la lengua en su interior.
Como respuesta ella se retorció, jadeando, agarrando su cabeza para acercarla más aún.
Jasper soltó un gruñido y ella contuvo el aliento mientras la dulce pasión crecía y se intensificaba con cada golpe sensual de su lengua.
— ¡Oh, Dios, por favor! —suplicó.
Justo cuando pensó que iba a empezar a gritar como una loca, él agarró su clítoris con la lengua y los dientes y chupó con fuerza. Tiró de la sensible piel tanto como pudo, haciendo que ella gimiera de pasión en recompensa a sus esfuerzos.
Rió en silencio y siguió un camino de besos hasta la unión de sus muslos mientras substituía su lengua por dos dedos, empujando profundamente dentro de ella.
— Por favor, Jasper —le suplicó, retorciéndose por su mágico toque, presionando con más fuerza.
— Córrete para mí, Alice hazlo con fuerza y durante el tiempo que necesites. Quiero oírte gritar mi nombre. Hazme saber que es mi miembro lo que realmente quieres clavar en tu dulce carne.
Deslizó su pulgar sobre sus labios hasta que descansó sobre su punto más sensible mientras sus dedos siguieron girando dentro de ella. Sus dedos dejaron de moverse y su pulgar aplicó una frustrante presión mientras deslizaba la lengua por su muslo. Ella jadeó con agónica anticipación.
Su aliento caliente bañó su muslo antes de que él soltara un gruñido gutural y cerrara los dientes sobre la suave unión, al mismo tiempo que clavaba sus dedos en ella y apretaba agresivamente sobre su clítoris atrapado bajo su pulgar.
— ¡Oh Dios mío, Jasper! —Alice cerró los ojos y se agarró a las sábanas, gritando su orgasmo a los cuatro vientos mientras sus caderas se mecían ante la más explosiva ola de pasión que jamás hubiera experimentado.
Cuando volvió en sí, abrió los ojos pestañeando para mirar el oscuro techo. La decepción la atravesó con rapidez cuando comprendió que sólo había sido otro de sus seductores sueños. ¿Por qué el orgasmo más alucinante de su vida se había producido mientras dormía? En su sueño se sentía conectada con Jasper a un nivel mucho más profundo. Sus ojos le decían que lo que compartían era mucho más que sexo para él. El corazón aún le martilleaba en el pecho, su cuerpo aún palpitaba por el placer que había obtenido. Alice giró la cabeza hacia la ventana y vio entre las sombras la silueta de Jasper.
* * * * *
Jasper había disfrutado del orgasmo desinhibido de Alice. Volvió a corroerle el dolor insatisfecho que sentía en su inflamado miembro. Sin duda me estoy volviendo loco. Se rió silenciosamente por dentro. Al menos se había acordado de crear la ilusión de la ropa para que ella no pudiera ver su apasionado estado. La deseaba desesperadamente.
Cuando ella alcanzó el clímax, necesitó de toda su fuerza de voluntad para mantener los colmillos retraídos y no hundirlos en su deliciosa piel. Jamás en toda su vida había deseado probar más a una mujer. Su pasión por Maria se había desarrollado con el tiempo. Pero con Alice era un arrebato rápido, instantáneo y ardiente. Esa mujer despertaba sus más primarios instintos, quería unirse de inmediato a ella en la tradicional forma de los vampiros, hacerla suya para siempre.
Tenía que haber sabido que, después de la noche que habían compartido juntos, el sexo sólo haría que su necesidad de ella aumentase aún más. En el aparcamiento había estado muy cerca de tomarla. Solo su confiada voz llamándole le había llevado de vuelta. Incluso entonces, había tenido que despejar su cabeza para deshacerse de la bruma de sed —de su sangre al igual que de su cuerpo— que le atravesó.
La miró jadeando en su cama y escuchó como el latido de su corazón volvía a la normalidad. Alice parecía una flor y él era la abeja. Incluso si su vida dependiera de ello, no podría alejarse.
— ¿Jasper?
Alice se incorporó con esas temblorosas, largas, atractivas y esculturales piernas que se podían ver bajo su corto camisón de seda. Se acercó a él, deteniéndose a escasa distancia, su pelo enredado, sus labios hinchados por sus besos, el olor de su placer le rodeó en una neblina de pura tentación.
— Invítame a entrar, Alice. No puedo quedarme a menos que me lo permitas —susurró mirándola, permitiendo que ella viera la profunda ansia en sus ojos.
— No puedo —murmuró como contestación. La expresión de perplejidad de su cara se torno en decisión cuando extendió la mano para tocarle. La silueta de Jasper se esfumó antes que su mano pudiera tocarle. Ella jadeó y se llevó la mano al pecho soltando un gemido de desilusión.
Si ella te tocaba, estaría perdido. No sería capaz de controlarse. En ese momento se sentía tan salvaje que la tumbaría en esa cama y se clavaría dentro de su dulce carne una y otra vez mientras le hundía los dientes en el cuello. Reapareció al otro lado de la habitación y preguntó:
— ¿Por qué?
Ella caminó hacia él una vez más con la mano extendida. Volvió a esfumarse y se solidificó un par de pasos detrás de ella.
Alice se giró sonriendo.
— Obviamente no eres real, todavía estoy soñando —suspiró y le contestó—. No puedo porque necesito saber que lo que siento por ti es real, que no estoy tratando de comenzar una relación para consolarme por la muerte de mi abuelo.
Jasper cerró los ojos durante un segundo antes de volver a mirarla.
— Entiendo que has sufrido mucho con la pérdida de tu abuelo.
Las lágrimas brillaron en sus ojos. Sin poder evitarlo, Jasper alargó la mano y enjugó sus lágrimas con un roce de su pulgar.
— No llores.
Alice contuvo la respiración al sentir el contacto del hombre y, tratando de alargar la mano hacia él, dijo sorprendida:
— Eres real.
En esta ocasión Jasper no tuvo tiempo de esfumarse pero, en cambio, utilizó sus poderes para crear la ilusión de la transparencia, cosa que le agotó considerablemente. La mano de la mujer pasó a través de él. Quizá ella no pudiera sentirlo, pero él si podía, y esa caricia le llegó a lo más profundo de su corazón e hizo que la sonriera tiernamente.
— Cuando estés preparada, puedo ser tan real como quieras que sea. Todo lo que deseo hacer es amarte, Alice.
Sonrió trémulamente tras la lluvia de brillantes lágrimas.
— Podría enamorarme de ti tan fácilmente… y esto es lo que más me asusta.
Jasper volvió a solidificarse y rozó su mejilla para enjugar otra lágrima. Tomó la minúscula gota en su mano, la cerró y mientras la acercaba hacia ella la volvió a abrir… la lágrima se había transformado en un diamante.
Alice rió, tragándose un sollozo.
— ¡Oh, Jasper!, es una magia tan hermosa.
Él sonrió, ahuecando su mano alrededor del diamante, con el pecho encogido por todo el amor que sentía hacia ella.
— Hay tanto que quiero compartir contigo, Alice. Esperaré.
Y, transformándose en niebla, la dejó sonriendo en la oscuridad.
* * * * *
La tarde siguiente, Alice entró en su casa y dejó el montón de libros sobre la mesa de café. Miró fijamente el libro que estaba colocado en primer lugar, sonrió divertida. Era el texto sobre vampiros que había colocado en la estantería la otra noche. Un cliente había tenido la intención de comprarlo, pero cambió de idea en el último minuto. Cuando comenzó a guardarlo en su sitio, por alguna razón desconocida, decidió llevárselo a casa. Rió en silencio. Por lo menos nadie la acusaría de no tratar de ampliar sus gustos literarios.
Era la noche del viernes y siempre solía llevarse a casa unos cuantos libros para pasar el fin de semana. Se rió tontamente por ese hábito de tantos años y se apartó de la torre de libros.
— Esta noche no, chicos. Hoy pienso disfrutar bailando con un hombre muy guapo.
Encogiendo los hombros para sacarse el abrigo, se quitó los zapatos de un puntapié y se dirigió a su dormitorio mientras balbuceaba.
— Qué más da si es el protagonista de todas mis fantasías nocturnas. Puedo controlarme.
Escogió su traje con cuidado, no quería seducir a Jasper , pero al mismo tiempo, quería parecer atractiva y sexy. El profundo escote del traje pantalón rojo realzaba sus pequeños pechos que siempre necesitaban Wonderbra, mostrando una modesta curva de piel. Las mangas largas estaban hechas de organza transparente que acababan con un puño hecho del mismo rayón que el resto del traje.
Se peinó con un alto recogido estilo francés y deslizó unas peinetas de perlas para fijarlo y evitar que se deshiciera. Mientras se aplicaba el brillo de labios sonó el timbre, haciendo que su corazón palpitara en su pecho.
Jasper estaba de pie en la entrada, llenándola con su alto y ancho cuerpo. Llevaba pantalones negros de sport y un jersey de cuello vuelto blanco que se ceñía a su pecho perfectamente, marcando los impresionantes músculos. Su pelo corto estaba rizado ligeramente, como si acabara de salir de la ducha. Una atractiva sonrisa se dibujó en sus labios. Sus ojos plateados se volvieron claros como el cristal y, cuando dirigió su mirada hacia el traje de Alice, su sonrisa se hizo aún más amplia.
— Entra —dijo Alice sonriendo y abriendo más la puerta.
Una vez que ella cerró la puerta, Jasper alargó la mano y agarró la suya levantándola hasta sus labios. Alzó una ceja esperanzado.
— Siempre podemos quedarnos aquí y bailar con la radio.
La risa subió burbujeando. Se sentía mareada y ebria debido a su hechizante mirada.
— Oh, no lo harás. Me prometiste que bailaríamos, Jasper. No hay vuelta atrás —le reprendió ligeramente.
Envolvió su muñeca con los dedos y la atrajo hacia su pecho.
— Tus deseos son órdenes. Pero primero, un beso.
Quedándose sin aliento, lo único que pudo hacer fue mirarle mientras él bajaba su cabeza hasta la suya, su exótico olor la rodeó, seduciéndola. Las chispas volaron con la primera caricia suave de sus labios. Jadeó cuando él deslizó las manos por su espalda hasta la parte inferior de su columna y la apretó con más fuerza, encajando sus curvas con sus duros músculos. Su aliento era una mezcla de menta fresca y virilidad cuando lo mordisqueó por primera vez probando su labio inferior.
— Eres como la ambrosía, Rhanna —murmuró contra sus labios—. Toda dulzura con el toque justo de ingredientes ácidos y misteriosos para hacer que siga volviendo a por más.
Sus palabras calentaron su corazón. Rhanna le envolvió el cuello con los brazos y abrió los labios. Lucian la besó con exigente dominio, su lengua embistió en su interior. La seducía, la cautivaba, tomando lo que ella ofrecía pero queriendo mucho más.
Ella puso las manos contra su pecho rompiendo el beso. Aunque notó que los ojos del hombre reflejaban todo su deseo por continuar con lo que estaban haciendo, silenció los masculinos labios con un dedo y sonrió a modo de disculpa.
— Bailar, ¿te acuerdas?
Jasper besó su dedo, sus ojos anhelando complacerla.
— Vamos. La pista de baile nos espera.
* * * * *
Jasper aparcó su Jaguar fuera del club llamado "La guarida del león".
Ella se volvió hacia él con la voz llena de entusiasmo.
— He oído hablar de este sitio. Supongo que es un lugar muy exclusivo en el que es difícil conseguir entrar.
La guiñó un ojo y susurró con complicidad.
— Tengo "enchufe" con el dueño.
Cuando se aproximaron a la entrada, el guardia de seguridad sonrió a Jasper y les abrió la puerta.
— Buenas noches, Sr. Trevane.
— Buenas noches Erick. ¿Has visto a Emmett esta noche?
— Sí, está por aquí.
— Bien. Por cierto, desde hoy, prohibido terminantemente que Lauret entre en el club.
La mirada del hombre fue rápidamente a Alice antes de dirigirse a Jasper.
— Se pondrá furioso, señor.
Jasper se puso tenso.
— Perdió sus derechos en este club por sus recientes actividades. No toleraré semejante comportamiento.
Erick asintió al entender.
— No hay problema, señor.
puso la mano sobre su pequeña espalda y la acompañó dentro. Alice entró en el establecimiento de moda. Una reluciente barra negra de mármol ocupaba una pared. Una alfombra rojo intenso cubría la entrada y los escalones que llevaban a la pista de baile situada en el centro del local. Personas de distintas edades estaban sentados alrededor de las mesas de café francesas, mientras otros giraban sus caderas al ritmo del último éxito bajo las luces de la pista.
Curiosa por la conversación que acababa de oír, Alice decidió concentrarse en lo obvio. Se inclinó y le dijo al oído.
— "Enchufe" con el dueño, ¿eh? Tú eres el dueño, ¿no?
Él le regaló una sonrisa torcida.
— Bueno, no quería que pensaras que trataba de impresionarte —sus ojos brillaron como los de un niño en busca de aprobación—. ¿Funcionó?
Alice rió.
— Eres incorregible. Sí, estoy impresionada.
Una sonrisa de satisfacción subió a su cara.
— Bien. Me encanta verte impresionada —le acarició el cuello con la nariz—. ¿Estás preparada para acabar lo que empezamos anoche?
Ella se ruborizó al pensar en su sueño, pero cuando recordó el beso que compartieron en el aparcamiento, rió y le apartó.
— Para el carro Jasper. Lo primero es lo primero. Hmmm… ¿bailamos?
Él le besó los nudillos, sus ojos encendidos llenos de pasión.
— Bien… otra excusa para poder abrazarte con fuerza.
La llevó a la pista de baile mientras los clientes se movían a su alrededor ante los acordes de una música con bastante ritmo. La canción terminó justo cuando Jasper y ella llegaron al centro de la pista. Comenzó una melodía latina, su ritmo calipso atravesó repetidamente sus venas.
Los labios de Jasper acariciaron su oreja.
— ¿Alguna vez has bailado salsa?
— No —contestó sonriendo.
La rodeó la cintura, le agarró la mano y extendió el brazo, lanzándole una sonrisa.
— Bien, estás a punto de aprender.
Después de unos pocos contratiempos, Alice había pillado los pasos básicos. Jasper era un excelente bailarín. Dirigía con suavidad, enseñaba con paciencia y animaba de manera seductora. Antes que acabara la canción, ella había pillado el movimiento del baile. Se desilusionó cuando la música acabó.
— ¿Te ha gustado? — preguntó Jasper.
Ella asintió.
— Solamente estoy decepcionada porque ha terminado.
Él sonrió.
— Espera y veras, ¿hmmm?
Cuando empezó la canción de Marc Anthony "Dímelo", le sonrió.
Jasper la arrastró contra él y movió sus caderas con las suyas en los rápidos pasos de la Salsa. No pasó mucho tiempo hasta que se movieron como uno solo. Era como si ella se anticipara a su siguiente movimiento antes que lo hiciera y siguiera el ejemplo. Y lo más extraño era algunos de los giros y vueltas que él había adaptado mientras bailaban.
Ella fijó sus ojos en los plateados de él. Entre lo concentrada que estaba y la música, que parecía oscurecer el fondo, tuvo la sensación que la gente que estaba a su alrededor había desaparecido, dejando tan sólo a Jasper y a ella en la pista, bailando aquel ritmo sensual. En ese momento todo su mundo se centraba en Jasper.
La apretó con más fuerza contra sí hasta que su pecho tocó el suyo y entonó la letra mientras sus caderas acariciaban las suyas.
— Ay dímelo, ven dímelo, porque por tu amor estoy muriendo yo.
Ante aquel sugerente tono sus pezones se endurecieron hasta convertirse en apretadas protuberancias. Incluso el suave algodón de su sujetador le resultaba doloroso con el contacto. Se sentía bien con él… tan bien como para dejarse llevar y disfrutar de la tentación, del placer que le ofrecía. Cerró los ojos y saboreó la sensación de sus labios sobre su cuello, sus muslos entre sus piernas frotándose contra ella. Sus muslos se estremecieron en respuesta a la dureza de su pierna entre ellos, haciendo que recordase el primer sueño que tuvo con Jasper y lo bien que él sabía usar ese muslo. El corazón de Alice latía disparado mientras su sexo comenzaba a palpitar de punzante necesidad.
En algún momento, el paso de su baile cambió y se hizo más lento. Lucian deslizó sus manos por su columna y agarró la curva de su trasero con las palmas de sus manos, provocando que se ruborizada con su erección, meciéndose despacio contra ella. Rhanna se tragó un gemido que amenazaba con salir de sus labios.
Su caliente aliento rozó su oído mientras decía,
— Tú y yo estamos en perfecta armonía, Alice. Quiero hundirme completamente en tu calor, enterrarme tan profundamente que te corras sólo con nuestra unión.
¡Oh, Dios, la había pillado, que gran momento! Esta vez Alice no pudo evitar jadear. Estaba tan caliente por sus morbosas palabras que el incómodo pálpito entre sus piernas se transformó en un insoportable dolor de necesidad.
Jasper agarró sus nalgas y la levantó del suelo, sonriendo contra ella.
— Creí que podría esperar, cariño, pero me estas volviendo loco. Por favor dime que será esta noche.
La gente se había ido y sólo quedaban ellos dos. Le envolvió el cuello con los brazos al tiempo que levantaba las piernas hasta su cintura, dejando que su cuerpo se colocara sobre su erección.
Ella gimió por el contacto, gozando del pequeño alivio que experimentó cuando él se apretó contra ella. Cuando él meció sus caderas, frotándose contra ella una vez más, se lo imaginó clavando su miembro en ella tan profundamente como pudiera. Instintivamente, Alice apretó sus piernas alrededor de él. Ya no podía esperar más. Necesitaba sentirse viva y esta vez deseaba que fuera real.
Le martilleó el corazón en el pecho, sus senos palpitaban deseando su caricia.
— Sí —susurró contra su boca justo antes de besarle.
Mientras compartían el beso, la música les devolvió rápidamente a la realidad, la gente seguía bailando en la pista, aunque por un momento hubieran sido inconscientes de todo lo que había a su alrededor.
Alice liberó las piernas de la cintura de Jasper y se deslizó al suelo, el calor le subió a las mejillas por su desinhibición y su comportamiento público. Dio un paso atrás. ¿Qué pasaba con este hombre que hacía que sacase de su interior su carácter más desenfrenado?
Jasper la atrajo contra sí una vez más y le plantó un duro beso en los labios marcándola al rojo vivo. Él levantó la cabeza y encontró su mirada, los suyos intensos e inquisitivos.
— No te apartes de mí, Alice. No podría soportarlo. ¿Me concedes cinco minutos para hablar con un amigo antes de marcharnos?
Ella asintió en silencio y dejó que la sacara de la pista. Un hombre con el pelo castaño claro se aproximó hacia ellos con una expresión seria.
— Jasper, tenemos que hablar.
Jasper asintió de forma cortante y procedió a hacer las presentaciones.
—Emmett Mordoor, ésta es Alice Sterling.
El hombre alzó las cejas y cruzó la mirada con Jasper antes de estrechar su mano.
— Que agradable conocerte, señorita Sterling.
Alice estrechó su mano, cautivada por su encantadora sonrisa y sus ojos dorados.
Jasper se volvió hacia ella.
— Permíteme sólo unos minutos —señaló el taburete del bar—. Toma una copa si te apetece. Enseguida vuelvo.
Jasper e Emmett se alejaron hablando seriamente. Ahora que Alice estaba sola tenía más tiempo para pensar acerca de su comportamiento en la pista de baile. Sus mejillas se inundaron con renovado calor. Quizás algo de aire fresco le ayudaría a despejar la cabeza. Se bajó de un salto del taburete y caminó hacia la entrada del club. Deseo a este hombre más que a nada en el mundo. ¿Por qué esa idea me asusta mortalmente?
Ok spero y este cap les haya gustado y una disculpa por no haber subido en toda la semana pero tuve exámenes en la universidad y me tenia que concentrar
Bueno nos vemos en el sig cap
Atte: Miss Mckarty
