Aquí les dejo el otro cap espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasion y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos

Capítulo 6

— Laurent tenía ayuda.

Jasper entrecerró los ojos.

— ¿Qué quieres decir?

Emmett apretó la mandíbula.

— Averigüé que Laurent no estaba sólo cuando asesinó al cazavampiros. James estaba allí. Ayudó a torturar al hombre antes que lo asesinaran.

Jasper volvió la cara hacia su amigo.

— Quiero saber cómo conseguiste la información.

Emmett sonrió.

— Digamos sencillamente que tienes dos Bruen menos por los que preocuparte y dejémoslo así —su sonrisa se desvaneció y sus ojos se volvieron fríos—. Me ocuparé también de Laurent y James.

— No. Laurent es mío. Tiene que enfrentarse al Consejo.

Emmett pareció sorprendido.

— Es un ser despreciable, probablemente desaparezca de nuestra vista.

Jasper sacudió la cabeza.

— No, no lo hará. Cree que nos hizo un favor matando al cazavampiros. El hijo de puta es demasiado arrogante para esconderse. Le gusta ser el líder. ¡Mierda!, quiere ser Vité.

— No es una idea tan aterradora —contestó Emmett medio en broma.

Jasper le echó una mirada inquisitiva a su amigo.

— Algunos apoyan su punto de vista sobre los humanos.

Emmett rió y le palmeó la espalda.

— Sí, soy consciente que el voto para Vité debe ser unánime, pero sé que si hay alguien capaz de convencer a los otros líderes de la necesidad de equilibrio, ese eres tú.

Jasper asintió.

— Gracias por conseguir la información. Esto debería ayudar para su destitución como líder de los Bruen.

* * * * *

Jasper volvió a la barra donde había dejado a Alice. Su taburete estaba vacío. El corazón le golpeó en el pecho, el miedo lo atenazó. ¿Dónde se había ido?

Jasper, ahora mismo no estoy muy contento contigo. La voz de Laurent penetró en su mente. Su murmullo continuó. Prohibirme la entrada al club. ¿En qué estabas pensando? Estoy muy satisfecho con los donantes que he encontrado aquí.

El intrigante hijo de puta tenía que estar cerca para que Laurent pudiera hablarle mentalmente.

Parece que has estado buscando comida, respondió Jasper mientras se dirigía a la puerta. Laurent tenía que estar justo afuera.

Bueno, supongo que tendré que conformarme con lo que está ahora mismo delante mío. Hizo un sonido como si estuviera olfateando. Mmmm, huele bien. Su sangre es dulce y pura.

Jasper alargó la mano hacia el picaporte de la puerta, estaba encolerizado ante la idea que Laurent pudiera usar de esa manera a la gente. Se congeló ante las siguientes palabras que le dirigió. Justo como la sangre que olí en ti la otra noche.

¡No! No podía tener a Alice. Se le encogió el estómago y sintió náuseas.

Jasper salió con rapidez. Erick yacía extendido en el suelo con su cabeza en un grotesco ángulo, tenía la garganta abierta mientras la sangre fluía de la herida. Aparentemente, Emmett había sido exigente con su cena de esta noche. Alzó la vista y vio un grupo de hombres de edad universitaria aproximándose al club. Agradecido al seto de arbustos que ocultaba parcialmente el cuerpo de Erick, Jasper obligó a marcharse al grupo asegurándose de incluir a cualquier otro que pudiera estar cerca. No quería tener que dar explicaciones a la policía. Se ocuparía de los arreglos para el entierro de Erick personalmente. Una vez que los jóvenes volvieron al coche, se movió con rapidez hacia el lateral del edificio.

Laurent sujetaba a Alice frente a sí como un escudo.

— Qué amable de tu parte unirte a nosotros —arrastró las palabras mientras su mano se cerraba en un puño en el aire. Tenía el cuello de la mujer echado hacia atrás, preparado para morderla con sus dientes a un centímetro de su garganta.

— ¡Jasper! —gritó aterrorizada, tratando con todas sus fuerzas de apartarse, pero se puso rígida cuando los dientes de Laurent se acercaron más a su cuello.

Jasper mantuvo su expresión de calma mientras le hablaba mentalmente. Alice, por favor cálmate. No dejaré que Laurent te haga daño. Confía en mí.

Ella gimoteó, aunque estaba convencido que el hecho de haber hablado con ella mentalmente le había dejado alucinada. A pesar de todo, necesitaba su ayuda para salvarla.

— Te dije lo que ocurriría si intentabas hacer daño a mi compañera —dijo con un tono letal.

La risa de Laurent hizo que un escalofrío le recorriera la columna. Era la risa de un hombre loco, como si se tratase de un drogadicto en pleno éxtasis. No había nada peor que un vampiro fuera de sí. No se podía razonar con él mientras estuviera en ese estado.

Laurent levantó la cabeza de golpe, entrecerrando los ojos hasta transformarlos en aberturas brillantes.

— ¿Crees realmente que te tengo miedo, Jasper?

Alice, cuando diga "ahora", quiero que pegues un tirón para liberarte de Laurent y que te alejes tan rápido como te sea posible. Parpadea si me has entendido. Dio las gracias cuando ella parpadeó.

— Te escondes detrás de una mujer, ¿no? —dijo mostrando sus colmillos, dejando que una expresión de puro asco se reflejara en sus ojos.

El jadeo asustado de Alice penetró en su cerebro lleno de sed de sangre, hundiéndose en su corazón. Ahora ya sabía la verdad.

Laurent descubrió sus colmillos e hizo un sonido sibilante.

Ahora, le dijo en su mente.

Alice pisó a Laurent con fuerza en el pie con su zapato de tacón alto y se alejó desesperadamente.

Jasper saldó la distancia de diez pies en un solo salto, abalanzándose sobre Laurent antes que el vampiro supiera qué le había golpeado, mandándolos a ambos al suelo. Se gruñeron el uno al otro, rodando por el pavimento. Agarró la garganta de Laurent con fuerza entre sus dedos, apretando todo lo que le fue posible.

Laurent le arañó arrancando la piel de sus hombros. Jasper cerró de golpe su puño en el pecho de Laurent, aflojando el agarrón del vampiro sobre sus brazos.

Cuando la mano de Laurent llegó hasta su garganta, Jasper decidió que ya había jugado bastante. Clavó la mano en la carne y los músculos del pecho de Laurent buscando su corazón cuando el sonido de un chillido seguido de un sordo ruido penetró en su mente.

¡Alice!

Alzó la vista al tiempo de ver su cuerpo salir por los aires, atropellada por un coche que venía en sentido contrario, mientras trataba de correr por la calle. Le asaltó la culpabilidad mientras se apresuraba hacia ella olvidando su pelea con Laurent. No habría tenido que correr si no hubiera sido por él y su mundo de vampiros.

Le pareció que no llegaba a su lado con la rapidez que quería. Cuando se agachó sobre ella, oyó la voz alegre de Laurent en su mente mientras se alejaba volando.

¿No es gracioso como la vida parece repetirse? Primero Maria y ahora Alice.

Cuando Jasper la tomó el pulso y no encontró nada rugió su angustia al cielo.

* * * * *

Alice estaba allí de pie mirando a Jasper mientras él se inclinaba sobre su cuerpo. El hombre que la atropelló había salido de un salto del taxi amarillo y balbuceaba de manera incoherente a Jasper.

— Yo la atropellé. ¡Oh Dios!. Ella salió corriendo frente a mí. ¿Qué he hecho?

Las lágrimas surcaban sus mejillas. ¡Es un vampiro! ¡Es un vampiro! Las palabras resonaban en su cabeza. Cuando por fin encontraba algo de felicidad resultaba que Jasper era un vampiro chupa-sangre. Sencillamente la vida no era justa.

Un hombre delgado y mayor se acercó y se quedó a su lado. Observó a Jasper hablando con tono tranquilo al taxista que la había atropellado.

Ella miró al hombre que estaba a su lado y tartamudeó mientras señalaba a Jasper.

— Él... él es un vampiro, yo... yo le acabo de ver saltar diez pies1 en el aire. Ti... tiene colmillos y los ojos rojos. Y... y… ¡Oh Dios!, supongo que eso significa que bebe la sangre de la gente.

El hombre le puso la mano sobre el hombro y le dijo con voz calmada.

— Lo sé, Alice. Cálmate.

Sus temores desaparecieron repentinamente. Su mente registró el hecho de que Jasper era un vampiro desde una perspectiva lógica en lugar de emocional. Miró al hombre mayor. Con sus vaqueros, su jersey rojo y su gorra de baseball sobre la mata de cabello plateado no tenía en absoluto el aspecto de un ángel. Pero, ¿cómo podía explicar la sensación de calma que la dejó su ligero contacto y su suave orden?

Jasper alargó la mano y palpó su pulso. No encontraría nada. Ella comprendió con una irónica sonrisa que estaba muerta. Ahora que sabía la verdad, su floreciente relación con Jasper se había acabado. Lo cuál, probablemente, es bueno porque creo que él y yo habríamos tenido diferentes puntos de vista sobre la expresión "cena para dos". No me importa ser el aperitivo, pero no el plato principal. Una morbosa, pero feliz idea le golpeó la mente. Su muerte significaba que podría ver de nuevo a Eleazar.

El hombre que tenía a su lado la miró y sacudió la cabeza.

— Estás demasiado impaciente por morir, Alice. Debes volver —habló como si pudiera leer su mente.

— No. He muerto —dijo con la voz entrecortada ante sus palabras. En ese momento la idea de ver a Eleazar le parecía muy atractiva.

Él sonrió y su arrugada cara se frunció un poco más.

— Técnicamente no estás muerta. Estás en el limbo. Debes volver, Alice. Jasper necesita tu ayuda.

Echó chispas mientras la ira se elevaba en su interior.

— Pero... pero tú eres un ángel. ¿Por qué quieres que le ayude? —señaló a Jasper, negándose a reconocer la tristeza en su rostro mientras la miraba—. Él es malo.

El hombre le lanzó una mirada paciente.

— No soy un ángel. Soy... una especie de... Guardián de la Puerta. ¿Sabes el significado del nombre Jasper?

Ella negó con la cabeza.

— Significa "Guardian de luz".

Al ver su expresión confusa, suspiró y se lo explicó.

— Incluso el lado más oscuro tiene sus grados de maldad, Alice. Jasper es la luz en la oscuridad de su raza. Y eso es lo que son los vampiros, una raza también conocida por el nombre de Kendrian. El liderazgo de Jasper es necesario, pero él se resiste a ocupar ese lugar. Necesitas ayudarle a encontrar su camino y que acepte el cargo de Vité en la reunión del Consejo de Vampiros que tendrá lugar dentro de dos días.

Cuando ella iba a interrumpir, el hombre levantó la mano y continuó, sus ojos azules se cruzaron con los suyos.

— Pero para llevar a cabo esta tarea, debes mantener tu sangre pura hasta que él jure el liderazgo.

Ella había estado observando como Jasper acariciaba su rostro mientras el hombre le explicaba su cometido. Pero, ante las últimas palabras del Guardián de la Puerta, volvió a dirigir su mirada hacia su interlocutor.

— ¿Pura?

Él asintió.

— Sí. No debes dejar que Jasper te convierta en vampiro.

Soltó una carcajada e, instintivamente, empezó a frotar su cuello tratando de desechar las imágenes de mordiscos en esa parte de su anatomía que acudían a su mente.

— Ningún problema con eso, Señor Guardián. Me gusta demasiado el sol y la idea de beber sangre me repugna. Además, ¿quién quiere vivir eternamente?

El hombre contuvo una sonrisa

— Con el tiempo, los vampiros terminan muriendo. Lo que pasa es que envejecen muy despacio, durante siglos.

Ella le miró.

— Si hago esto… si ayudo a Jasper… ¿moriré?

El hombre asintió.

— Alice, no puedo cambiar lo que ha ocurrido. Pero ahora mismo, Jasper necesita que alguien le ayude.

Sacudió la cabeza apretando los labios en una fina línea.

— Está bien. Lo haré —y, sacando la mano, preguntó—. Pero, ¿puedes quitarme este anillo antes de que regrese? El aroma que emana parece... ummm... atraerle bastante —se le pusieron las mejillas rojas de vergüenza.

El hombre mayor sonrió y negó con la cabeza.

— No, lo siento. Debes volver como viniste. No puedo interferir.

— Ya lo has hecho —espetó—. Me mandas de vuelta —incluso aunque estaba enfadada, le dolió el corazón cuando vio como Jasper estaba inclinado sobre ella, meciendo su cuerpo en sus brazos, abrazándola con fuerza.

— Demasiada vehemencia para alguien que hace tan sólo un par de segundos quería morir —dijo el hombre mayor riendo entre dientes.

Ella volvió a mirarle.

— ¡Eh!, seguro que tú también te habrías puesto cascarrabias si acabaras de descubrir que los vampiros existen, te hubieran atropellado matándote y, por si fuera poco, descubrieras que aún no puedes morir porque tienes que ayudar a un reticente vampiro a convertirse en el líder de su raza, todo esto mientras tratas de mantener esos colmillos alejados de tu anatomía. Sí, no hay duda que estoy viendo la vida de color de rosa.

Antes de enviarla de vuelta a su cuerpo, el Guardián le dijo.

— Curaré tus heridas, ya que no podrías ayudar demasiado a Jasper si tienes la pelvis machacada —sonrió ante su expresión de sorpresa antes de proseguir—. ¿Qué te parece si pasamos por alto la lista de heridas de tus órganos internos?

* * * * *

Alice tomó aire en los pulmones con un largo jadeo. Jasper la miró con expresión sobresaltada.

— ¿Alice? —le tocó la mejilla y luego deslizó las manos sobre sus brazos y sus piernas como si estuviera comprobando si tenía algo roto—. Es un milagro —susurró volviendo a mirarle a la cara.

Alice se apartó de sus brazos gateando hacia atrás como si fuera un cangrejo y haciendo muecas de dolor con cada movimiento. ¡Dios!, iba a ser un enorme cardenal andante. ¡Eh!, Señor Guardián, creía que ibas a curarme todas las heridas. ¡Por todos los infiernos, como me duele! Dirigió su mirada hacia su pierna, justo en el lugar en el que el asfalto había desgarrado el traje, parecía como si estuviese ardiendo. Una marca de la carretera salpicaba su muslo. Movió la mano para tocarlo y se fijó que también tenía un tajo en la palma. De acuerdo, el comentario sobre los infiernos no ha sido muy acertado.

— Estás herida —dijo Jasper alargando de nuevo la mano para tocarla, pero ella retrocedió con recelo en los ojos.

La expresión herida de su mirada le llegó al corazón, pero tenía que ser fuerte. Él le había hecho creer que era algo que no era —un ser humano normal.

Como si hubiera leído su mente, Jasper habló con suavidad.

— Alice, aún soy el mismo hombre.

Ella se incorporó despacio, con las piernas temblorosas.

— No. Eres un vampiro. Una insignificancia que olvidaste mencionarme —enfadada consigo misma por haberse preocupado si le hería o no, miró alrededor y notó que estaban solos en la carretera.

Abriendo más los brazos dijo con sarcasmo.

— Bueno, ¡esto es genial!, el tío que me atropelló simplemente se larga y no hay testigos que sirvan de ayuda.

— Yo le dije que se fuera a casa.

Le miró sorprendida.

— ¿¡Qué!? ¿Y él te hizo caso así como así? —preguntó desconcertada. Entonces, cuando las escenas de todas esas antiguas películas de vampiros atravesaron su mente, se dio cuenta de lo que había sucedido—. Le obligaste a que se marchara, ¿verdad?

Jasper asintió, mirándola con ojos vigilantes, juzgando su reacción.

Ella empezó a responder, pero se detuvo cuando pensó: ¿para qué molestarse?Técnicamente, aparte de unos pocos rasguños, estaba bien. Después de sacudirse la suciedad de su traje desgarrado, se puso el zapato que había perdido mientras volaba por los aires y se dio la vuelta para ir cojeando hasta el club con la intención de llamar un taxi.

— Alice, quiero que vengas conmigo a casa, allí estarás segura —dijo Jasper a su espalda.

Jasper se detuvo y se volvió riendo hacia él. Era eso o ponerse histérica.

— ¿A salvo de quién? ¿De Laurent?

Caminó hasta ponerse frente a él, topándose de lleno con su mirada.

— ¿Y qué pasa contigo Jasper? ¿Cuándo estés hambriento también tomarás mi sangre?

La expresión ofendida en los ojos de Jasper, antes de que la ocultara tras una mirada vacía, hizo que se arrepintiera de sus bruscas palabras. Agitó la mano cansada y le dijo:

— Lo siento. Ser atropellada por un coche tiende a ponerme de mal humor. ¿Puedes sencillamente llevarme a casa?

Él apretó los labios en una firme línea y asintió mientras sacaba el móvil del bolsillo. Llamó a Emmett y le pidió que se ocupara de Erick.

Genial, ¿el guapísimo Emmett también era un vampiro? Alice sacudió la cabeza mientras le seguía hasta el coche.

* * * * *

Jasper acompañó a Alice hasta la entrada, esperando que le cerrara la puerta en las narices. Pero, mientras cruzaba el umbral le dijo sobre el hombro:

— Entra y quítate la camisa.

No estaba seguro de comprender a donde quería llegar ella con su petición. Parecía enfadada, no apasionada. Permaneció en la puerta, receloso, estudiándola.

— Vamos —le hizo una seña mientras caminaba a lo largo del vestíbulo.

Jasper se quitó la camisa, haciendo muecas por las heridas de sus hombros. La siguió hasta el baño.

Ella señaló la silla más cercana.

— Siéntate.

Enarcó una ceja ante el imperioso tono pero obedeció sin decir nada.

Alice dejó el alcohol y bolitas de algodón del botiquín sobre el lavabo. El hombre la agarró por la muñeca cuando ella se movió para aplicarle el desinfectante sobre sus heridas.

— Me curaré sin problemas, Alice.

Ella encontró su mirada, mientras la suya temblaba ante su contacto. Se dio cuenta que su duro comportamiento y sus comentarios sarcásticos eran bravuconerías. Él la aterraba.

Jasper podía vérselas con el sarcasmo y la ira, pero este... este miedo de la mujer que amaba, le desarmaba por completo.

Le frotó la muñeca con su pulgar, sosteniendo su mirada.

— Soy yo, Alice, Jasper, ¿Recuerdas?

Le latía el pulso rápidamente bajo su dedo y cerró los ojos. ¿Era por miedo? Con todos sus enormes poderes precisamente el que necesitaba era el que no poseía —la habilidad para leer las mentes— mataría por saber en ese mismo instante lo que ella estaba pensando.

Alice abrió los ojos de golpe. Se soltó de un tirón y apartó el alcohol. Cuando se dio la vuelta se negó a mirarle de nuevo.

— Ahora puedes irte.

— Alice.

Ella cerró los ojos una vez más y dijo:

— Sólo vete, Jasper.

Endureció la mandíbula mientras se ponía de pie.

— Me voy de tu casa como me has pedido, pero no te dejaré desprotegida.

Jasper se puso la camisa y salió.

* * * * *

Tan pronto como cerró la puerta detrás de él, Alice se apoyó contra ella y se hundió en el suelo con las lágrimas inundando su cara. Lloró hasta que le dolió el corazón.

Enjugándose las lágrimas, levantó la cabeza sorbiendo ruidosamente. Había empezado a preocuparse de verdad por Jasper. Por eso, si Laurent no hubiera interferido, ya se habría acostado con el hombre. Suspiró. Supongo que debería estar agradecida por esa horrible aparición.

Alice se puso de pie con las piernas temblorosas y fue derecha al dormitorio para ponerse una sudadera gris y unos pantalones informales azul marino. Volvió a la sala de estar y parpadeó por la luz. Aún estaba demasiado nerviosa para irse a dormir. Observando la pila de libros, su mirada se posó en el libro de vampiros.

¡Qué oportuno!, pensó con una sonrisa irónica. Alargó la mano hacia el libro y se sentó a leer. Si iba a ayudar a Jasper tenía que saber todo lo que pudiera sobre vampiros.

Después de un par de horas de lectura, sintió que comprendía un poco mejor a su raza: tenían poca, si es que tenían alguna, tolerancia al sol, debían beber sangre para sobrevivir, poseían la habilidad de hacer que el donante olvidara que les había proporcionado sangre, eran increíblemente fuertes, podían convertir a un humano en un vampiro si tomaban sangre de la persona tres veces en el espacio de pocos días, y ¡oh!, vale, los vampiros podrían no se inmortales, pero vivían durante siglos, de modo que también podían serlo.

Bostezó y miró el reloj. Era la una de la madrugada. Poniéndose de pie, se estiró y apagó la lámpara. Cuando pasó frente a la ventana, se fijó en el contorno de un hombre apoyado contra el cristal. Jasper. No se había marchado.

Abrió la puerta y se asomó afuera. Él volvió la cabeza en su dirección.

— Dije que te fueras a casa, Jasper.

Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, las piernas situadas en una postura informal y su mirada permanecía firme sobre ella.

— Como te dije, no te dejare desprotegida.

Alice agitó la mano.

— ¿Y qué vas a hacer cuando amanezca? Supongo que no puedes soportar la luz del sol, ¿estoy en lo cierto?

Jasper asintió despacio.

De ninguna manera iba a ser responsable de otra muerte hoy. La suya propia era suficiente. Suspiró y le hizo una seña con la mano.

— Entonces entra.

Jasper le lanzó una sonrisa y se dirigió hacia ella.

— Pero tienes que marcharte tan pronto como anochezca mañana, ¿comprendes?

Asintió mientras una pequeña sonrisa permanecía en sus labios. Ella apretó los dientes ante su mirada de complicidad y fue hasta la habitación de invitados.

Alice era consciente de su calor mientras la seguía, el magnetismo animal que emanaba. Su piel se ruborizó y un escalofrío recorrió su cuerpo cuando el ritmo de su corazón se elevó, su latido regular cambió y se aceleró ante su cercanía. Sus pasos eran tan silenciosos, que no sabía que lo tenía tan cerca hasta que abrió la puerta y se volvió hacia él encontrándolo justo detrás suyo.

— Aquí está tu habitación.

Su duro pecho rozó los suyos, haciéndola muy consciente de la rigidez de sus pezones bajo su sudadera. Saber que era un vampiro había sido un duro golpe mental, pero su cuerpo aún reaccionaba ante él. Jasper le puso las manos sobre la parte superior de sus brazos para estabilizarla. Ella no se había molestado en encender la luz, de modo que sólo los rayos de la luna alumbraban la entrada, proyectando un etéreo resplandor.

Alzó la mano y le tocó la mejilla, sus dedos se demoraron en el borde de la línea de su mandíbula. Frotando el pulgar por su labio inferior dijo:

— Buenas noches, dulce Alice.

Alice tragó, asintió y caminó hasta su habitación. Cuando él comenzó a cerrar la puerta, ella volvió a sacar la cabeza al pasillo.

— ¡Ah!, la ventana tiene una persiana opaca, si la bajas del todo será como si estuvieras en la boca del lobo.

Jasper sonrió ante el detalle. Gracias por pensar en mí, le susurró mentalmente. El contactó mental fue íntimo y seductor a la vez.

— No hagas eso —espetó irguiendo la espalda. Metió la cabeza y cerró la puerta tras de sí.

* * * * *

Jasper se sentó en la cama de la habitación de invitados y se apoyó contra el cabecero. Oyó a Alice lavarse la cara, cepillarse los dientes. Podía oler la pasta de dientes que usaba mientras se mezclaba con su propio olor natural y su miembro se endureció en respuesta a su suave suspiro cuando cubrió su dulce cuerpo con las mantas, escuchó deslizarse las sábanas contra su sedosa piel.

Alice era mucho más de lo que jamás había esperado en una compañera. No era hermosa en el sentido clásico, pero su rostro le atraía. Estaba encantado con su fuerza interior y su sentido del humor. Después de los horrores de hoy, deseaba abrazarla con fuerza y vencer todos sus temores. Se tumbó en la cama, lamentando la pérdida de esa noche —la que debería haber sido su noche juntos.

* * * * *

Laurent la tenía sujeta contra el suelo con los colmillos descubiertos.

Cuando deje seco tu cuerpo, haré trizas ese adorable cuello tuyo —dijo con desprecio—. Hmmm, ¿qué va a hacer Jasper con un cadáver? —Laurent se inclinó más; ella no podía moverse. Todo lo que podía hacer era gritar hasta desgañitarse.

¡Jasper!

— Shh —dijo Jasper de manera tranquilizadora contra su sien mientras la sostenía en sus brazos—. Está bien. Estoy aquí, Alice. Sólo ha sido un sueño. Nada puede hacerte daño.

Alice se agarró a él, los recuerdos de su sueño, el miedo, el terror, permanecían muy vivos en su mente.

Jasper le acarició el pelo para calmarla, meciéndola en sus brazos. Finalmente, cesaron los temblores y su caricia se volvió más sensual que relajante. Alice cerró los ojos y se llenó de su embriagador olor masculino. Él se había quitado la camisa, pero aún llevaba los pantalones. Sentía su piel caliente contra ella. Aquí en la oscuridad, no tenía que mirarle a los ojos y acordarse de que era un vampiro. Por unos instantes, se imaginó que era el Jasper de sus sueños.

Su mano bajó acariciando su hombro y deslizó por su brazo el tirante de su camisón, sus labios siguieron el mismo camino. El calor se arremolinó en su vientre, y la adrenalina entró de golpe a toda velocidad estableciendo un ritmo desenfrenado a su corazón.

— Tu piel es tan suave —murmuró contra su hombro.

Ella le puso la mano en el bíceps, deleitándose al sentir sus duros músculos.

Él tomó su mano y acarició la incisión sobre su palma con la lengua antes de colocarla sobre su hombro desnudo. Tomando su pecho a través del camisón de seda, hizo que su pezón se transformase en una dura punta, sensibilizada por la suave caricia de sus dedos. Alice jadeó ante su contacto, emocionada por las vibraciones que atravesaban su cuerpo repetidamente. Parecía demasiado bueno para ser real.

¡Espera! ¿Qué estás haciendo? No podía hacerlo. Alice se puso rígida y apartó su mano.

— Alice, me importas mucho. Por favor no permitas que esto nos cambie.

Su súplica le rompió el corazón. Cerró los ojos, incapaz de hacer frente a su expresión torturada o a sus propias emociones tumultuosas.

Jasper le cogió la cara entre las manos y rozó ligeramente sus labios con los suyos. Su cuerpo suspiraba por él, por su calor, por sus caricias.

Pero ella tenía los días contados. No podía permitirse enamorarse de Jasper. Ni podía permitir que él creyera que tendrían un final feliz. Era mejor dejar que pensara que a ella no le importaba.

Le apartó diciendo con voz imperturbable,

— Gracias por rescatarme. De nuevo, buenas noches Jasper.

Él la miró. Era difícil leer su expresión en la oscuridad, pero creyó ver dolor y cólera en sus ojos. Se levantó de la cama quedándose a su lado durante un largo y agonizante momento. Ella esperó conteniendo el aliento. Si la presionaba no creía ser capaz de resistirse a él.

— Buenas noches, Alice —se dio la vuelta y salió de la habitación.

* * * * *

La ira lo corroía. La deseaba. Ella le deseaba a él. Sabía que así era. Pero le apartaba. ¿Por qué? ¿Por qué era un vampiro?

Bueno, ser un vampiro también tenía sus ventajas, pensó mientras se metía en la cama y dejó que una maliciosa sonrisa surcara su cara. No existía ninguna razón por la que no pudieran tener su noche juntos. Se apoyó contra el cabecero, cerró los ojos e hizo su magia.

Debido a su profunda conexión, era sencillo compartir sus sentimientos de deseo con Alice. Sonrió ante su jadeo cuando ella sintió en la boca del estómago la necesidad que él mismo estaba experimentando. Jasper se concentró en su suave piel, sus sensibilizados pezones. Los acarició con una lengua invisible, primero uno, luego el otro. Por el audible gemido y el ruido sordo de su veloz corazón, supo exactamente cuándo se apoderó de ella el palpitante deseo. Abre las piernas. Déjame tocarte. Tu mano es mi mano, le susurró mentalmente; no lo suficientemente fuerte como para que supiera que se trataba de él, pero lo bastante como para llevarla al límite.

Se estremeció cuando ella se tocó y la oyó gemir. Saber que estaba en la otra habitación frotándose su húmedos labios, deslizando los dedos en su interior —un lugar donde deseaba estar desesperadamente— casi le hizo daño. Liberó su miembro de sus pantalones y se acarició al mismo ritmo que su galopante respiración. Su destacado sentido del olfato captó el perfume de su excitación y su aroma le golpeó con dureza. Apretó los dientes cuando el ritmo que ejercía sobre su propio miembro se aceleró para igualarse al de ella.

Jasper imaginó que era su mano la que tocaba su palpitante clítoris y que eran sus dedos los que se hundían dentro de su mojada funda, que era la mano de ella la que agarraba su miembro con firmeza, sabiendo con exactitud que hacer para que tuviera un orgasmo. Y, de alguna forma, ella lo hizo. Cuando los gritos sordos de su éxtasis le alcanzaron, Jasper sintió que sus testículos se apretaban al mismo tiempo que sus sensaciones, tan fuertes y puras, traspasaban la pared que los separaba. Su mente se expandió y absorbió sus emociones como una esponja, deleitándose de las sensaciones reales e indirectas que concedía el vínculo entre ellos mientras finalmente se rendía a su propio y explosivo orgasmo. Eres mía. Mi alma, le susurró mentalmente justo antes de que ella se durmiera.

Ok espero y este cap les haya gustado. Bueno nos vemos en el sig cap

Atte: Miss Mckarty

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