Aquí les dejo el otro cap espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasion y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos

Capítulo 7

A la mañana siguiente, tan pronto como Alice abrió la puerta de su dormitorio, Jasper abría la suya. Se quedaron allí parados, mirándose fijamente el uno al otro, durante unos tensos segundos.

— Buenos días —finalmente él rompió el silencio, las líneas de cansancio alrededor de su boca y ojos lo hacían parecer incluso más peligroso.

Alice sabía que ella no ofrecía mejor aspecto. Cuando despertó, le dolía el cuerpo entero. Sentía como si le hubiera pasado por encima un enorme camión, uno de esos monstruosos vehículos con grandes cabinas amarillas. Obviando cualquier sutileza le dijo:

—Tienes un aspecto terrible. ¿Dormiste algo?

— No, ya te lo dije, tengo que protegerte.

— Ya es de día, Jasper. Seguro que ahora puedes descansar.

Él sacudió lentamente la cabeza, con una expresión determinada en su cara.

— Laurent apenas descansará. Pronto descubrirá que no has muerto en ese accidente y vendrá a buscarte.

— ¿Y por qué haría eso? —preguntó con las cejas fruncidas.

— Por mí —suspiró Jasper mientras se pasaba una mano por el pelo—. Sabe lo mucho que me importas...

— No digas eso —le cortó ella.

Él pareció sorprendido por su comentario.

— ¿Por qué?

— Porque lo nuestro no puede ser, Jaspern —dijo mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar por el pasillo.

Antes de poder dar tres pasos ya la estaba girando con sus fuertes manos en su hombro.

— ¿Por qué soy un vampiro?

Ella dio un respingo ante el dolor que le causó el repentino movimiento, dejándola sin aliento.

Jasper la soltó con ojos arrepentidos.

— Perdón, Alice. Olvidé que no curas al mismo ritmo que nosotros.

Alice agradeció que el pensamiento sobre su bienestar le hubiera distraído de sus preguntas. Pero sus últimas palabras despertaron su curiosidad. Se acercó y abrió su desgarrada camisa a la altura del hombro. No había cortes profundos, solo líneas pálidas.

— ¡Asombroso! —dijo encontrando su mirada.

— Ser vampiro tiene sus ventajas —sonrió.

Alice soltó la camisa y se giró totalmente enfurecida, enojada porque él se tomase tan a la ligera el tema. Laurent había intentado matarlo. Y por lo que había leído, sabía que los vampiros no eran invencibles.

Inconscientemente, fue cerrando todas las cortinas de la casa antes de ir hacía la cocina. Una vez allí, abrió el armario, sacó el café y lo cerró de un golpe descargando su frustración.

— ¿Quieres café? —gritó por encima del hombro.

— Claro —dijo Jasper desde la puerta.

Mientras preparaba el café, Alice sintió la mirada de Jasper fija en su espalda. Abrió el frigorífico y sacó donuts y crema de queso.

— ¿Por qué lo nuestro no puede ser, Alice? —preguntó suavemente mientras se sentaba en la mesa.

Cuando el café estuvo listo, sacó dos tazas y lo vertió en ellas, agregando dos terrones de azúcar en la de él. Dejando la cuchara dentro de la taza, la puso en la mesa con un porrazo.

— Porque eres un vampiro —dijo con rotundidad, esperaba que con eso la dejara en paz.

Con expresión serena, Jasper tomó la cuchara entre los dedos.

Lo miró pensativa mientras removía el café, tres veces a la derecha y una a la izquierda, y Jasper hacía exactamente lo mismo.

Él la contempló absorto mientras levantaba la taza y le daba un sorbo. Cuando bajo el tazón, le sonrió ampliamente.

— Sabías exactamente como me gusta.

Alice abrió la boca para negar esa afirmación, pero estaba completamente desconcertada del porqué le había puesto el azúcar en su café sin consultarle, porqué no había pensando siquiera en preguntarle si quería crema, aunque por alguna razón sabía que no le apetecía. Y después estaba el tema de remover. ¡Qué extraño!.

— Tomaré una ducha —dijo ella, cogiendo su donut y alejándose. Mientras caminaba airosa por el pasillo, ignoró la risita de él.

* * * * *

Alice volvió a la sala de estar una hora después. Había tardado en ducharse ya que necesitaba estar lejos de la perturbadora y magnética presencia de Jasper.

Lo encontró sentado en su sillón de lectura con el libro de vampiros entre sus manos. Lo dejó cuando ella apareció.

— Este libro esta lleno de inexactitudes —dijo con un tono arrogante.

Alice levantó una ceja mientras se sentaba en el sofá de suave cuero marrón, cruzando las piernas.

— ¿Ah, en serio? Entonces, ¿te importaría decirme cuáles? —era la mejor manera que encontró para preguntar a Jasper sobre su raza sin parecer demasiado interesada.

Jasper abrió el libro y señaló un párrafo al final de la página.

—Aquí. Dice que se puede distinguir a un vampiro porque no se refleja en los espejos. Eso no es verdad —pasó varias páginas—. Aquí. Dice que odiamos los ajos —alzó la mirada para encontrar la suya—. Tampoco es cierto —hojeando más atrás en el libro, encontró otro párrafo—. Dice que no podemos soportar las cruces. Una cruz no es más que un símbolo religioso, ni más ni menos.

Pasó unas cuantas páginas más y leyó.

—A los vampiros sólo se les puede matar clavándoles una estaca de madera en el corazón y cortándoles la cabeza —puso los ojos en blanco—. ¡Dios, dame paciencia! —volvió a mirarla—. Vale, sangro. Y si me cortas la cabeza no vuelve a ponerse en su lugar por arte de magia. Sí, existen varias formas de matarme.

Alice se estremeció ante sus palabras. Además, él no había puesto pegas a lo de beber sangre, la aversión al sol, la fuerza sobrehumana, la habilidad de moverse tan rápido que era prácticamente inapreciable para el ojo humano, la casi inmortalidad, la visión nocturna, etc.

Se inclinó hacia delante, necesitaba confirmarlo.

— Pero, ¿no difieres en cuanto al resto?

—No, en algunas cosas acierta —dijo sacudiendo la cabeza.

Se fijó en la hora que era por su reloj de pulsera y dirigió de nuevo su mirada hacia Jasper. Cuando le vio se tragó el resto de preguntas que le hubiera gustado hacerle para sonsacarle información, cada vez tenía peor aspecto.

— ¿No necesitas comer?

— Sí, pero puedo esperar —dijo con una tierna sonrisa.

Alice sacudió la cabeza ante su terquedad y cogió un libro del montón que había traído de la tienda. Recostándose más en el sofá, se relajó y lo abrió. Jasper sonrió abriendo de nuevo el suyo.

Al cabo de un par de horas advirtió que los rayos del sol penetraban por la parte inferior de las cortinas. Eran las dos de la tarde y se había saltado la comida.

Levantándose del sofá, miró a Jasper.

— Voy a hacerme un bocadillo, ¿quieres algo?

Cuando Jasper levantó la mirada del libro, sus ojos estaban ligeramente vidriosos y su expresión excesivamente cansada.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó alarmada.

Jasper salió de la bruma que lo envolvía y la miró, su cara tenía una expresión forzada, como si estuviera tratando de ocultar algún tipo de dolor.

— Estoy bien.

— No, no lo estás —insistió ella—. El día que te vi en el cementerio era de día. ¿A qué hora puedes empezar a salir?

— Según lo nublado que esté. Si hace un día soleado, tengo que esperar al menos hasta las cinco de la tarde.

Alice se cruzó de brazos.

— Cuando sean las cinco en punto, patearé tu culo de vampiro fuera de mi casa. Necesitas alimentarte, Jasper. No quiero que enfermes por mi culpa.

Jasper apretó los labios en una firme línea, manifestando su tozudez.

— Si yo soy capaz de estar por ahí fuera, Laurent también puede hacerlo —le dirigió una dura mirada—. No me voy a ir. Fin de la discusión.

Alice se marchó, sacudiendo la cabeza ante su terquedad. Mientras se comía el bocadillo, reflexionó acerca de la naturaleza protectora de Jasper. La emocionaba y preocupaba al mismo tiempo. Le había dicho que la protegería sobre todas las cosas. Ese pensamiento la entristecía. ¿Por qué era un vampiro? ¿Por qué ella estaba muerta? Una vez que acabó de comer, Alice preparó un bocadillo para Jasper.

— Come algo, por favor —dijo mientras colocaba el plato en la mesita cercana a la silla.

— Gracias por pensar en mí, pero la sangre es mi única fuente de alimento —dijo Jasper mirando el bocadillo.

— Pero antes bebiste café.

— Eso fue simplemente por placer. No lo necesito para sobrevivir.

Alice suspiró llena de frustración y se sentó, recogiendo la novela. Bueno, al menos lo había intentado.

* * * * *

El cuerpo entero de Jasper se sacudía ante la necesidad de alimentarse. Intentó olvidarse de esa sensación y, en su lugar, se concentró en Alice. Como estaba reclinada sobre el libro, su oscorp pelo le caía hacia la cara. Observó como una delicada mano retiraba distraídamente uno de los mechones y lo colocaba detrás de la oreja.

Adoraba esa nariz pizpireta, sus grandes ojos y sus expresivas cejas. Adoraba sus generosos labios, cuando se movían con esa peculiar sonrisa que tenía, y su fuerte personalidad, incluso cuando estuvo a un paso de la muerte. Incluso la devoción a la memoria de su abuelo hacía que la quisiera más. Quería ver esa devoción en su cara cuando lo mirara a él. Pero, en vez de eso, sus ojos reflejaban incertidumbre, enfado y engaño cuando sus miradas se encontraban.

Jasper cerró los ojos mientras su fuerza se debilitaba. Normalmente, si estaba sumido en un profundo sueño, podía permanecer semanas sin alimentarse; pero el hecho de tener que estar ocultando constantemente la presencia de Alice para que Laurent no pudiera localizarla menguaba considerablemente su energía.

Se hundió más en la silla y apretó las mandíbulas cuando el latido del corazón de Alice y el bombeo de la sangre corriendo por sus venas empezó a tronar en su cabeza.

* * * * *

Después de una hora, Alice levantó su mirada hacia Jasper cuando oyó el golpe seco que produjo el libro que él estaba leyendo al caer contra el suelo. Su cara estaba pálida, su cuerpo entero tenso.

Se acercó a su lado a toda prisa, pero él saltó rápidamente del sillón y se movió hacia la puerta principal, reclinándose contra ésta y cerrando los ojos.

— Aléjate de mí, Alice. Mi cuerpo anhela sangre y no confío en mí contigo tan cerca.

Alice paró y echó un vistazo a su reloj. Sólo eran las cuatro. Faltaba todavía una hora para que pudiera salir. Mientras pensaba en cómo actuar, Jasper cayó al suelo golpeando su cabeza.

— ¡Jasper! —se agachó hacia él, ignorando su advertencia. Alice le tocó la frente. Estaba muy frío—. ¡Jasper debes alimentarte!

Él levantó la cabeza y susurró casi delirante.

— Oigo como la sangre corre por tus venas, Alice, tan tibia y dulce.

Alice cerró los ojos. Tenía que ayudarlo. No podía soportar verlo sufrir. Deberías confirmar el tema de las tres mordeduras antes que sea demasiado tarde, se dijo a sí misma.

— ¿Cuántas veces Jasper?

— ¿Mmmm? —la miró confuso.

— ¿Cuántas veces hay que morder a un humano para que se transforme en vampiro? —repitió agarrándolo por los hombros.

— Tres y en un espacio corto de tiempo —murmuró.

— Bueno. Entonces una sola vez no me matará.

Él cerró los ojos y Alicea se asustó mortalmente, su corazón latía desenfrenado por el temor. Acercándolo a ella, le ofreció su cuello.

— Toma mi sangre, Jasper. ¡Por el amor de Dios, toma lo que necesites para sobrevivir!.

Jasper miró su cuello y su nariz se dilató. Apretó las mandíbulas y la empujó, haciendo que ella se deslizara más hacía el suelo de madera. Su expresión era intensa y más lucida de lo que había estado en las últimas horas.

— ¡No! —dijo con convicción—. Cuando tome tu sangre no será por el sustento.

Esas palabras emocionaron a Alice, sintió como si tuviese un nudo en el estómago, pero no tenía tiempo para entender su significado. Se arrodilló con las manos en jarras llena de cólera.

— No seas ridículo, Jasper. Estoy aquí, dispuesta a darte lo que necesitas.

Sus ojos se nublaron de nuevo y apoyó su cabeza contra la puerta.

— Debo mantener la casa camuflada —estaba hablando consigo mismo.

— ¿Es por eso que estas tan débil? —se había arrastrado de nuevo hacia él y lo sacudía por los hombros.

La cabeza del hombre se derrumbó contra su pecho. Estaba murmurando algo incomprensible.

— No te atrevas a morirte por algo tan estúpido, Jasper. Cuando todo esto termine, te mataré yo misma por tu terquedad —dijo golpeando sus hombros mientras las lágrimas corrían por su cara.

La cabeza de Alice no paraba de intentar encontrar alguna solución. Entonces cayó en la cuenta. La palabra que Jasper había dicho era muy parecida a "Charlotte". ¿Podía esa Charlotte ser la misma a quien ella había comprado el anillo? Se apresuró a buscar su bolso y sacar el recibo de la tienda de antigüedades.

Temblaba mientras marcaba el número y esperaba una respuesta.

— Hola.

— ¿Charlotte?

— Sí.

— Charlotte mi nombre es Alice Sterling. ¿Tienes un hermano llamado Jasper Trevane?

— Sí —dijo conteniendo la respiración—. ¿Está mi hermano bien? No le he visto desde anoche. He estado preocupada por si le había pasado algo.

Alice explicó rápidamente lo que sucedía.

— Jasper es muy terco y está a punto de desmayarse en mi sala de estar. Tengo miedo por él.

— Estaré allí enseguida. Dame la dirección de tu casa.

* * * * *

Veinte agonizantes minutos más tarde, alguien golpeó la puerta. Alice asió la mano de Jasper e intentó retirarlo de la puerta, pero Jasper agarró fuertemente su muñeca, resistiendo a los esfuerzos de ella.

— No. No abras la puerta.

— Jasper, es Charlotte. La llamé —le dijo Alice con su voz más tranquilizadora.

La apretó con más fuerza, pero sus ojos no podían enfocarla, los tenía en blanco.

— No. Es una artimaña del vampiro.

Alice llamó a Charlotte a través de la puerta.

— Charlotte, habla mentalmente con tu hermano por favor. Permite que sepa que eres tú. De lo contrario, no me dejará abrir la puerta.

Esperó unos tensos segundos y finalmente el puño de Jasper se aflojó mientras se desplomaba en el suelo, completamente inconsciente. Alice lo apartó de la puerta, miró por la mirilla y abrió.

Charlotte se apresuró a entrar, un hombre de avanzada edad con el negro pelo salpicado de canas la seguía.

— Jasper —llamó Charlotte, la preocupación marcaba sus hermosas facciones mientras se agachaba hacía su hermano y le tocaba la mejilla.

Alice observó con asombro como la mujer levantaba a Jasper en sus brazos como si se tratara de un niño pequeño. Se dirigió hacia la puerta y la llamó tras de sí.

— Tío Peter se quedará para protegerte, Alice.

Alice cayó al suelo y dejó que las lágrimas fluyeran. Dios, por favor no permitas que sea demasiado tarde para Jasper.

* * * * *

Charlotte lo llevó a un apartado parque y obligó a tres personas, dos mujeres y un hombre, a acercarse. Con una preocupada mirada, dejó que se alimentara. Él lo hizo hasta quedar completamente saciado. Esta vez, borró la memoria de los que le habían dado su sangre. No había sido violento, pero no tenía ni el tiempo ni las ganas para atraerlos y engatusarlos como solía hacer normalmente.

Una oleada de energía recorrió sus venas cuando se transformó en cuervo. El corazón de Jasper latía de anticipación ahora que sabía con certeza que Alice lo amaba. Él había permanecido tercamente a su lado, necesitando protegerla de Laurent, pero su alma estaba hundida en la más profunda desesperación al ver la condena en sus ojos cada vez que lo miraba.

Pero, antes de perder el conocimiento, había visto la preocupación escrita en cada rasgo de su cara, recordó su cólera y más tarde la alarma en su voz cuando le gritaba por ser tan insensato. Alice lo cuidó. Realmente se preocupó por él. Llenó de aire fresco sus pulmones, gozando de la vida, con el corazón lleno de felicidad.

Cuando se acercaba a casa de Alice, la cólera y la venganza lo dominaban, haciendo que su alegría desapareciera cuando pensó en Laurent. El maldito bastardo estaba allí fuera, esperando para tratar de matarla de nuevo. ¿Tuvo Laurent algo que ver con la muerte de Maria? No podía olvidar las palabras del vampiro "la historia se repite".

Ahora que Alice sabía lo que él era realmente, se negó a ocultarle nada más sobre sí mismo, nunca volvería a hacerlo. La neblina dominó la sala de estar de Alice, y Jasper, completamente desnudo, apareció a la derecha del sillón donde ella estaba sentada. Charlotte le lanzó una mirada jocosa, la expresión de su tío permaneció deliberadamente neutral, pero la cara de Alice era la de asombro total.

— Definitivamente esto no lo explicaba el libro —dijo Alice, manteniendo su mirada por encima de los hombros de él.

Sólo dije que el libro tenía equívocos. No comenté que también había dejado de lado algunas cosas pertinentes, le indicó secamente en su mente.

La cara de ella palideció, pero después se tiñó de rojo por la vergüenza.

— ¿Todas esas noches? ¿Eras real? —preguntó con los ojos fijos en él.

— Jasper... —su tío empezó a hablar con tono de advertencia.

Sin dejar de mirar a Alice, Jasper habló a Charlotte y Peter en un tono contenido.

— Dejadnos.

Sus parientes salieron por la puerta, permitiendo que se enfrentase a la ira de la mujer.

* * * * *

Estaba allí parado, atractivo, fuerte y viril, nada que ver con el hombre inconsciente al que había chillado y por el que había llorado un par de horas antes. Y había algo más en su dominante postura. Poder. Un poder que llegaba a ella en oleadas. Los metálicos ojos de Jasper se encontraron con los suyos, su expresión no demostraba ningún arrepentimiento, es más, estaba casi complacido por su reacción.

El corazón dejó de latirle cuando, en cuestión de segundos, revivió todo lo que habían hecho, todo lo que había compartido con él. La furia dio fuerza a sus palabras de acusación.

— Entraste en mis más secretos pensamientos, Jasper. ¿Cómo pudiste?

Él apretó los labios y dio un paso hacia ella.

— Sólo puedo comunicarme con tu mente, Alice. No puedo leerte los pensamientos. Por lo que yo sé… —extendió sus manos como si estuviese eludiendo toda culpa— …compartiste conmigo el placer.

Alice alzó la mano para hablar y de pronto le dio la espalda.

—Vístete, Jasper, no puedo hablar contigo de esta manera.

Jasper rió por lo bajo.

—Como quieras —sólo había pasado un segundo cuando se colocó detrás suyo y dijo—. Ya puedes darte la vuelta.

Alice miró sobre su hombro, dudosa de que él hubiera podido vestirse tan rápidamente. Jasper llevaba un jersey blanco de cuello alto y unos vaqueros.

Se movió alrededor suyo.

— ¿Cómo lo hiciste...? ¿De dónde sacaste...? —finalmente renunció a seguir preguntando. ¡Que demonios, de todos modos ya nada tiene sentido! Su expresión se tornó de nuevo fría y distante cuando cruzó los brazos sobre su pecho. Alzó su barbilla en un gesto desafiante respondiendo al intento del hombre de eludir responsabilidades por lo ocurrido—. Compartí un sueño con un personaje.

Él frunció el ceño y torció la boca en un gesto de enojo. Agarrándola por los brazos, tiró de ella acercándola.

— Lo compartiste con tu amante, Alice —los tormentosos ojos grises buscaban los suyos—. Porque eso es lo que soy, tu amante.

Sus palabras fueron como un rayo de fuego que se centró en su vientre descendiendo hacia abajo, causando una primitiva reacción dentro de ella. Su sexo latía y sus pezones, duros como piedras, estaban tan sensibles que incluso el roce de su sostén la llevaba al límite. Alice presionó con sus manos el pecho de él para empujarlo, necesitando distanciarse para mantener la serenidad. Jadeó cuando en vez de ropa tocó su piel.

— ¿La ropa es una ilusión?

Jasper asintió con una solemne mirada.

Alice se retiró e intentó reunir fuerzas para aclarar su mente. Había estado tan cerca de perderlo. Su corazón daba brincos por verlo sano y vibrante otra vez, pero el pecho se le encogía cuando se daba cuenta de que lo que había compartido con él había pasado en realidad... ese hombre sabía exactamente lo que hacer para hacerla volar.

— En mi mente eras una ilusión —le dijo parándose y encarándolo—. No eras tú realmente.

Él dio un paso acercándola más, alzando su mano para acariciar su cara. La ternura había reemplazado a la cólera que teñía antes sus ojos.

— Soy el mismo hombre, Alice. Mis deseos no han cambiado. Sólo quiero amarte.

Ella cerró los ojos ante esas palabras. El dolor que reflejaban, especialmente ahora que sabía que le quedaba poco tiempo, rompió su corazón.

— Quiero que vengas a casa conmigo —le dijo tomando su cara entre sus manos.

Sus ojos se abrieron de golpe.

— ¿Qué? —se retiró de su caricia negando con la cabeza—. No, Jasper.

Él bajó las manos y habló en un tono más bajo todavía.

— Tu vida todavía está en peligro, Alice. Puedo protegerte mejor si estás conmigo. Además he resguardado mi casa contra los vampiros —señaló la sala—. Aquí eres vulnerable, pueden atacarte.

¿Cómo sería capaz de resistirlo si estaba constantemente con él? Negó con la cabeza una vez más.

La expresión de Jasper reflejaba determinación cuando sus cejas se alinearon ceñudas.

— Vas a venir conmigo, Alice. Elige, o vienes de buena gana o te obligaré a hacerlo. No me importa cual escojas.

De pronto, recordó como le había hablado al conductor que la atropelló diciéndole que todo estaba bien, se le pusieron los pelos de punta. Le había ordenado al hombre que se fuera a su casa y él había obedecido sin dudarlo, sin repetir de nuevo la necesidad de llamar una ambulancia. ¿Habría hecho eso también con ella? ¿Todo lo que habían compartido habría sido una mentira?

El estómago se le encogió, pero necesitaba saber. Cuando habló su voz era temblorosa.

— ¿Es lo que hiciste en mis sueños, Jasper? ¿Me obligaste?

Los ojos de Jasper la dominaron, la cadencia hipnotizante de su voz la atraía hacía él, hacia su mano extendida.

— Ven aquí.

Como si tuvieran vida propia, sus pies caminaron hasta situarse delante suyo. Recordaba haber andado hacia él, pero no porqué lo había hecho. Él le acarició la mandíbula con el pulgar con una sonrisa en sus labios.

— Ahora sabes lo que se siente al ser obligada, dulce Alice. Nunca te he obligado. Ni una sola vez.

Sabía que le estaba diciendo la verdad. Lo que había sentido mientras le hacía el amor, lo que ella hizo, fue por voluntad propia. Recordó cada detalle vívido y sensual.

Jasper levantó su mano y besó su palma con reverencia.

— Te necesito conmigo, a mi lado. Mañana tengo una reunión con el Concilio, pero no iré a menos que sepa que estás segura.

La reunión del Concilio de la que hablaba tenía que ser la que había mencionado el Guardián, aquélla en la que Jasper iba a ser nombrado Vité... líder de todos los vampiros. Después de haber visto cuán terroríficos y poderosos podían llegar a ser los vampiros, tenía que asegurarse que asumiera el cargo. Alice cerró los ojos y tragó saliva. Puedo hacer esto, puedo hacerlo y mantenerlo bajo control, se dijo a sí misma. Cuando abrió los ojos se encontró con la firme mirada de Jasper, oyó la divertida voz de Eleazar, ¿Sabes que estás muerta, verdad?

¿Pero que otra cosa podía hacer? Asintió.

— Iré contigo —ante la sonrisa de aprobación, alzó la mano—. Por lo menos hasta que asistas a la reunión.

Él no necesitaba saber que ella no abandonaría su casa. Saber que iba a morir sería un freno a su deseo de quedarse y amar de nuevo.

Ok espero y este cap les haya gustado. Bueno nos vemos en el sig cap

Atte: Miss Mckarty