Aquí les dejo el otro cap. espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasión y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos

Este capitulo va dedicado a Maki gracias por tus comentarios de verdad

— Capítulo 8 —

Alice miraba asombrada mientras Jasper conducía a lo largo del camino de entrada que llevaba a su casa. Su hogar era una hermosa mansión, edificada encima de una colina, rodeada por acres de césped. La blanca mansión tenía no menos de treinta ventanas en el frente de la casa, cada una de ellas adornada por unos extravagantes postigos negros. Dos enormes columnas sostenían la entrada principal. Una elegante fuente borboteaba en el centro de la rotonda de entrada.

Cuándo Jasper paró el Jaguar frente a la casa, un hombre alto se dirigió hacia ellos abriendo la puerta de Alice.

— Buenas noches, señorita. Bienvenida a la Mansión Trevane —dijo formalmente.

Alice resistió el impulso de contestarle, "Chupasangre", buenas noches a usted también, figurándose que el mayordomo pensaría que ella tenía un pésimo sentido del humor. Reprimió una risita ante la idea y, en su lugar, dijo entre dientes.

— Buenas noches.

¿De donde le había salido esa morbosa vena de humor? Quizás estaba totalmente histérica y no lo sabía.

O quizás es que finalmente empiezas a gozar de la vida. Oyó la voz de Eleazar en su cabeza.

Me temo que es un poco tarde para ello, Eleazar.

Mientras el mayordomo sacaba su maleta del coche, Jasper la tomó por el codo y atravesó el umbral con ella. Alice se quedó parada en cuanto traspasó la puerta y miró fijamente las altas paredes llenas de obras de arte... algunas de las cuales estaba convencida que contaban con siglos de antigüedad.

El vestíbulo principal tenía un techo abovedado, sostenido por cuatro amplias columnas negras de mármol que se incrustaban en un hermoso suelo de baldosas blanco y negro. Más allá de las cuatro columnas, dos escaleras curvadas flanqueaban la enorme habitación. Las escaleras llevaban al primer piso y un balcón las unía en el frente.

Cuándo el mayordomo iba hacia las escaleras, Jasper le dijo:

— Jeffery, acomode a la señorita Sterling en el ala occidental, cerca de mis habitaciones.

Alice lo miró rápidamente, pero no tuvo la oportunidad de replicarle pues dos inmensos lobos, uno gris y el otro negro, se aproximaron con sus cautelosos ojos fijos en ella.

Inconscientemente, se acercó más a Jasper. Este agarró su mano y la extendió con la palma hacia arriba, para que los lobos pudieran olerla. Les habló con voz apaciguadora:

— Paul, Jared, esta es Alice. Chicos denle la bienvenida a la Mansión Trevane.

Alice intentó tranquilizarse. A fin de cuentas, Jasper estaba justo a su lado. Seguramente los animales salvajes no la atacarían estando él tan cerca... ¿No?

— Los lobos son los mejores amigos de un vampiro. A pesar de que podemos sentir la presencia de otro vampiro, ellos lo hacen antes que nosotros y nos ponen sobre aviso del peligro, lo cual es extremadamente importante mientras dormimos.

— Parece como si te estuvieran escuchando ¿Puedes también comunicarte con ellos mentalmente? —preguntó suavemente, mientras los lobos olían su mano, mojándola con sus hocicos.

— Sí, puedo hacerlo, salvo que se trate de lobos alfa u hombres lobo. Pero eso también pueden hacerlo todos los vampiros —le dijo Jasper asintiendo

— ¡Hombres lobo! —Alice se giró hacia él—. ¿Realmente existen?

Jasper se rió ante su expresión aturdida.

— Sí, pero por razones obvias tratamos de mantenernos alejados los unos de los otros.

— ¿Sí? ¿Dos poderosas fuerzas que intentan dominarlo todo? —dijo Alice con expresión irónica.

—Algo parecido —Jasper reía entre dientes. Continuó la explicación anterior—. Las mentes de los lobos alfa son inmunes a los poderes de los vampiros y eso es lo que los hace tan preciados entre nosotros... no pueden ser sometidos ni hipnotizados por otro vampiro. Sólo lo permiten cuando quieren, con lo cual, si uno de ellos llega a convivir con una familia de vampiros los protegerá como si fueran de su propia camada. Pero esta clase de criaturas son difíciles de encontrar y no suelen vivir cerca ni de humanos ni de vampiros.

Alice soltó una risita ante la sensación de cosquilleo cuando Jared bufó en su mano. Después de olerla, Paul se sentó jadeante delante de ellos, pero Jared no lo hizo. Antes de que pudiera reaccionar, levantó sus poderosas patas y las puso sobre sus hombros, lamiéndole la mejilla.

Se echó a reír, agarrando la inmensa cara del lobo, mientras éste continuaba lamiéndola.

— ¡Jared colega, para ya! —al girarse a mirar a Jasper, lo vio contemplándola con expresión aturdida.

— ¿Qué? Les dijiste que me dieran la bienvenida.

— Nunca había visto a un lobo hacer eso, Alice. Jamás —le dijo en voz baja, casi en un susurro.

— Eso es porque escogiste bien a tu compañera —dijo Charlotte, mientras bajaba las escaleras y llamaba a los lobos.

Ambos animales acudieron inmediatamente a su lado, mientras se acercaba a su hermano con expresión divertida.

Alice se puso rígida ante esas palabras, y miró interrogante a Jasper.

— ¿Compañera?

— Buenas noches, Charlotte —dijo Jasper con tono molesto. Agarró el codo de Alice y la empujó hacia las escaleras.

En cuanto acabaron de subir, Alice se soltó y repitió de nuevo mirándolo con los ojos entrecerrados.

— ¿Compañera?

Cuando él no contestó, dijo:

—Jasper no quiero que tengas una idea equivocada de las razones por las que estoy aquí. Simplemente no quise que te perdieras una reunión importante por mí. Eso es todo.

Mientras ella hablaba la iba conduciendo a través del largo vestíbulo. Después de pasar delante de varias puertas abrió una de ellas.

— Esta será tu habitación —le dijo sonriendo.

— Jasper, ¿me escuchaste?

— Sí, lo hice —le tocó el hombro antes que ella entrase en la estancia—. ¿Tienes hambre? Hace ya un buen rato que pasó la hora de la cena.

— No, estoy cansada. Creo que tomaré un baño y me acostaré temprano —dijo girando hacia él, ya dentro de la habitación—. Todavía me duelen los músculos por lo de ayer.

— Lo asombroso es que sobrevivieras al accidente sin apenas un rasguño —le dijo sonriendo—. Seguro que había un ángel velando por ti.

No tienes idea, pequeño. El ángel solo me ofreció tiempo, pero no me libró por completo de mi particular prisión. No, no me otorgó un cheque en blanco.

Decidió cambiar de tema antes que él profundizara sobre ello. Nunca había sido una buena mentirosa. Así que preguntó con una mueca divertida.

— Bueno, ¿dónde está tu ataúd?

— Muy gracioso —dijo burlonamente Jasper.

Alice extendió sus manos.

— Venga, ayúdame a entenderlo. Obviamente el libro que tenía no era de los mejores sobre el tema. Me figuré que podrías llenar los huecos.

Él se cruzó de brazos y se inclinó contra el marco de la puerta.

— Duermo en una cama, como tú —su rostro se transformó en una diabólica expresión reflejando el deseo en sus ojos—. Mejor todavía, podría dormir en tu cama.

La ropa, o las imaginarias ropas de Jasper, desaparecieron ante sus ojos. El ancho y musculoso cuerpo apareció, recordándole que su ropa era sólo eso... una ilusión.

Alice le dio la espalda, negándose a reconocer su proposición y se quejó.

— Por el amor de Dios, vístete con algo que sea real, Jasper.

— Buenas noches, dulce Alice —dijo Jasper riendo entre dientes mientras salía.

Ella cerró la puerta suspirando aliviada. ¡Señor! ¿Cómo diablos conseguiría mantenerse "pura" con él desnudo a su alrededor, tentándola cada cinco minutos?

Decidió que un baño ayudaría a que se relajase antes de acostarse. Cuando entró en el cuarto de baño jadeó de placer ante la hermosa habitación. Azulejos de un austero blanco, con diminutas palomas grises, destacaban una espléndida bañera con las patas en forma de garras, cuyo exterior era de un intenso granate y la parte interior de un blanco níveo.

Caminó hacia la bañera y giró los grifos de oro, deseando un largo y caliente baño. Mientras se llenaba la bañera, se quitó la ropa y sujetó su pelo hacia arriba con un pasador, que había traído de su casa. Buscando por el armario, encontró las sales de baño y las vertió en el agua. El olor a gardenias inundó la habitación.

Cuando se hundió en el agua tibia gimió de placer. Inclinando la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y pensó que este bien podía ser su último baño antes de morir. Intentando no dejarse llevar más por esas morbosas sensaciones sintió de pronto una caricia de aire en la nuca.

En la puerta, parado, estaba Jasper, con dos esponjosas toallas de color granate en la mano. Su mirada parecía rozar las burbujas, como si esperase traspasarlas y así obtener un vistazo de su desnudez.

— Pensé que necesitarías esto cuando mencionaste el baño. Este cuarto de baño no se utiliza muy a menudo y no sabía si habría alguna aquí.

Agradecida por la espuma que la cubría, Alice dijo, con una tímida sonrisa:

— Estaba tan emocionada por haber encontrado esta maravillosa bañera, que sólo pensé en entrar. Gracias.

Jasper cogió un delicado taburete de oro con un cojín blanco y lo acercó a la bañera, colocó en él las toallas junto con una esponja. ¿Era esa su esponja? Se preguntó.

Advirtió que se había cambiado de ropa. O mejor dicho, se había puesto la ropa, pensó con una risita interna. Ahora llevaba un fino suéter de un gris merino de cuello alto debajo de otro más oscuro con cuello en V y unos desteñidos vaqueros. ¡Dios! ¿Cómo rayos se las apañaba este hombre para estar magnifico, llevara lo que llevara? El color del suéter sólo hacia que sus ojos parecieran dos piscinas de mercurio líquido.

— ¿Necesitas ayuda con la espalda? —le preguntó agachándose frente a la tina y rozándole la nariz.

Las mejillas le ardían por los traidores pensamientos que tenía. Quería que él se quitara la ropa y se uniera a ella en la bañera. ¡Demonios!, le tenia sin cuidado que no hubiera apenas espacio. Eso le daría una excusa para aproximarse más a él.

Cerró los ojos y se mordió los labios para evitar que sus pensamientos se le escapasen en voz alta. Pero cuando los abrió, dispuesta a rechazar su oferta, Jasper ya estaba con las mangas hacia arriba y mojando la esponja en la bañera.

El vapor subía del agua, y el olor a gardenias inundaba la habitación mientras Jasper esperaba su respuesta. Está puede ser la última vez que me toqué. Con ese pensamiento, Alice se inclinó levemente hacia adelante y dijo:

— Vale, gracias —antes de que él pudiera moverse colocó una mano sobre el pecho del hombre.

Ante su expresión, con la ceja elevada, le quitó las manos de encima, dejando una huella de humedad en la ropa, y le dijo:

— Sólo comprobaba que realmente llevabas ropa.

¡Por Dios!, lo último que necesitaba su libido era saber que él estaba desnudo mientras le frotaba la espalda. Jasper rió entre dientes y ella esperó con anticipación a que él se moviera detrás suyo.

Mientras la esponja se deslizaba por su espalda, con un toque tan suave, supo en el fondo de su corazón que esa esponja era la suya. El pensamiento de compartir un artículo personal tan íntimo con él le debilitó las rodillas, estaba contenta de no estar de pie, porque sabía que sería incapaz de sostenerse.

— ¡Mi Dios! —juró Jasper en voz baja—. Tu cuerpo recibió una verdadera paliza, Alice. Las magulladuras abarcan todos los colores del arco iris —las palabras salieron calladamente de sus labios, como si no pudiera creer que hubiera sobrevivido ilesa al accidente.

Alice se había olvidado por completo de la cantidad de magulladuras que cubrían su cuerpo. Se enderezó de inmediato y se recostó contra la tina, diciéndole mientras alzaba la mano hacia atrás, pidiéndole silenciosamente la esponja.

— Creo que con esto basta.

En lugar de entregarle la esponja, Jasper evitó la mano, deslizó la esponja por el pecho, hacia abajo, mojándola en el agua y frotando de nuevo desde la curva del seno hasta la punta. Alice se quedaba sin aliento ante las sensaciones que experimentaba mientras la suave esponja se deslizaba por el endurecido pezón.

¿Pura, recuerdas? Sé que es duro resistirse a todos los pensamientos lujuriosos que claman en tu cuerpo, Alice, pero tienes que mantenerte pura, se decía ella. ¿Qué hacen los hombres para evitar caer en la tentación? Se preguntó. Ah, sí, piensan en el fútbol.

Enderezó los hombros e intentó concentrarse, mientras Jasper deslizaba la esponja hacia el otro seno. Fútbol. Un touchdown vale seis puntos y una meta en el campo vale uno, pero espera, también puede valer tres puntos si... Toda su buena intención huyó cuando sintió los labios de Jasper mordisqueándole el cuello, causándole escalofríos.

Ante el jadeo de Alice, él soltó la esponja inmediatamente y encerró los senos entre sus manos. Alice trató de inclinarse hacia adelante, pero él tiró de su ruboroso cuerpo hacia atrás y pellizcó con suavidad el lóbulo de la oreja.

Cuando retorció sus pezones entre sus dedos, la excitación estalló en su vientre haciéndola gimotear, arqueando su espalda instintivamente, presionando más sus senos entre las enormes manos de él. Su cuerpo entero quería rendirse a la pasión que ofrecía Jasper. No—no—no—no—no—no—no, no podía permitir que le hiciera esto. Si continuaban así ella sería incapaz de frenarle.

Alice le apartó las manos y se incorporó en la bañera, cruzando los brazos sobre sus senos desnudos.

— Buenas noches, Jasper.

Después de una larga pausa, él suspiró profundamente. Ella se negó a mirarlo cuando finalmente se despidió antes de cerrar la puerta tras él

— Buenas noches, Alice.

* * * * *

Hmmm, hueles tan bien susurró Jasper en su oído con su tibio aliento rozándole la piel.

La profunda voz de barítono del hombre asaltaba todas sus terminaciones nerviosas, llenándola de fuego.

Alice arqueó el cuello hacia él, acercando su cuerpo más todavía.

Despiértate, Alice.

Alice abrió los ojos y vio a Jasper inclinado sobre ella, retenía sus muñecas por encima de su cabeza, su cuerpo tocando cada palmo del suyo. Se encontró con su intensa mirada, notó su pecho desnudo, y el calor de su pierna cuando se desplazó para sentarse al lado de ella en la cama.

— Esto no es sueño. Estoy aquí de verdad —dijo Jasper mientras su mirada se solazaba en su cuerpo, visible a través de su fino camisón, parándose en los pezones, que empujaban contra la sedosa tela. Su nariz se dilató cuando él volvió la mirada a la suya—. Y no puedes ni imaginarte lo mucho que te deseo.

Alice se mordía los labios y sacudía la cabeza, pero jadeó cuando sintió como una invisible mano le pellizcaba el pezón, a través de la tela. Las sensaciones de ese toque mental tuvieron el poder de hacerla arquearse. Empezó a hablar cuando una tibia boca le cortó de nuevo el aliento, una boca invisible chupó el pezón, tragándolo entero. Gimió cuando un rayo de deseo la atravesó, derecho a su sexo, haciéndolo latir de necesidad insatisfecha. Su mirada encontró la suya y pasó a su boca. ¡Ah, Señor! Quería que fuera de verdad.

Los labios de Jasper sonrieron, como si leyera su mente. Deslizó mentalmente la lengua por el abdomen y siguió bajando hasta besar su entrepierna. Alice intentó cerrar las piernas, tratando desesperadamente de frustrar su tortuoso y violento ataque. Él le besaba la mandíbula, al mismo tiempo deslizaba una invisible lengua contra el inflamado clítoris. Haz que pare… de la manera que sea o cruzarás el límite y no podrás volver atrás.

— ¿Otro de tus poderes de vampiro, Jasper? —jadeó, tratando de aclarar sus pensamientos—. Leí que tenías que pedir permiso... que un vampiro no puede entrar en el hogar de una persona, sin que esta le invite a hacerlo —las palabras le salían jadeantes ya que sentía como una boca invisible acariciaba su clítoris. Involuntariamente suspiró de placer—. No estás jugando limpio.

Él levantó una ceja, dejando ver una libertina mueca en sus labios.

— Estas en mi hogar ahora, preciosa. No tengo que pedirte permiso —su expresión se tornó seductora—. Pero lo voy a hacer. Permítemelo, Alice —se inclinó diciéndolo cerca de su oreja, mientras mentalmente deslizaba su lengua alrededor de los labios—. Quiero entrar en tu hogar, continuamente.

Ese doble ataque lleno de ternura recorrió su cuerpo, haciendo que sus pezones se endurecieran, le dolía el alma por la necesidad de sentirlo dentro suyo, una vez al menos. Alice buscó en su interior la fuerza para poder resistir esa tentadora voz y la lengua que la atormentaba.

— Deja que me incorpore, Jasper.

Éste liberó sus muñecas con un suspiro. Alice se deslizó alejándose y saltando de la cama, dándole la espalda. No podía mirar ese cuerpo perfecto y desnudo. Era demasiado hermoso para describirlo. Se había dormido dejando la luz de la mesita encendida, y ahora el suave resplandor iluminaba sus anchos y musculosos hombros y sus poderosos brazos, el vello oscuro que descendía hasta su ombligo, la elasticidad de sus caderas a la que seguían unos muslos gruesos con los músculos muy marcados.

Cerró los ojos para alejar esa imagen de su cabeza, pero se quedó sin aliento al sentir su calor detrás suyo. El pecho de Jasper tocó su espalda y susurró contra su cuello.

— Sé que me deseas —inhalando, continuó—. Huelo tu excitación, tu dulce y femenina esencia me llama, Alice.

Sus labios rozaron su cuello y Alice dejó que su cabeza cayera contra su pecho. Que duro era ser buena, pensó. Quiero probar la pasión.

Las fuertes manos de Jasper la giraron. Su mirada nublada se centró en la suya mientras su mano rodeaba su cuello acercándola hasta que sus senos tocaron su pecho.

— Entrégame tus sueños. Permite que te adore —le dijo con un susurro de voz antes de que sus labios encontraran los suyos, buscando un beso.

Suspirando sintió como se derretía, no podía resistir más su magnetismo. Jasper sonrió contra sus labios deslizando la lengua dentro, fundiendo su boca con la de ella. Colocando los brazos en su cintura, Alice devolvió el beso, caricia por deliciosa caricia.

Jasper gimió y la acercó más, profundizando el beso, encerrándola todavía más bajo su hechizo provocativo. Deslizó las manos por su espalda y agarró su trasero. Moldeando sus suaves curvas a su duro cuerpo, apretó el calor de su erección contra su vientre y susurró en su mente: No más sueños. No más sensaciones imaginarias. Quiero explorar tu cuerpo entero de verdad.

Esas palabras hicieron temblar a Alice. Recorrió los músculos de su espalda, perdiéndose en la fuerza que sentía debajo de sus dedos. Sólo esta vez, quiero sentir el deseo que hay entre nosotros y saber que no es un sueño, pensó para sí misma.

Jasper enredó sus dedos en el pelo de Alice echándole hacia atrás la cabeza para poder recorrerle con sus labios desde el mentón hasta la garganta. Alice se estremeció de delicia cuando le empezó a mordisquear la sensible curva entre el cuello y el hombro.

— Me encanta tu sabor, Alice —dijo con voz espesa.

La impresión de deja vu que le causaron esas palabras hizo que un agradable estremecimiento la recorriera. De golpe recordó donde le había oído decir esas palabras antes. Se las había dicho en el primer sueño que tuvo de él. Notó el aire fresco en sus senos cuando Jasper bajó los tirantes de su camisón de seda. La tela comenzó a deslizarse por su cuerpo como si tratara de un lento susurro y terminó quedando alrededor de sus pies en la suave alfombra. Él continuó besándola en un sendero que bajaba hacia su pecho, parándose a besar cada pezón, y siguiendo hacia su vientre, jugando con el ombligo, antes de agacharse sobre una pierna para poder deslizar su ropa interior hacia abajo.

Alice se estremeció al sentir el tacto de su sedoso pelo entre los dedos. El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho esperando con anticipación su próximo movimiento.

— Ábrete para mí, Alice, amor. Quiero tocarte entera —le dijo suavemente Jasper tomándola de los tobillos para que abriera más las piernas.

Ella las separó aún más, su respiración cada vez más irregular, mientras las manos le iban dando un metódico y lento masaje en las piernas, desde abajo hasta alcanzar la parte interior de sus muslos. Jasper abrió sus manos alrededor de ellos, inclinando la cabeza, dejando un rastro ardiente con la lengua hasta llegar a su sexo. El tibio aliento no hacia más que acentuar la excitación y la humedad cuando empezó a saborearla. Agarrando con más fuerza sus muslos, los abrió más todavía y rozó los humedecidos labios de ella con su implacable lengua.

El gemido de Alice se convirtió en un ahogado grito de sobresalto cuando Jasper, con un profundo gruñido la estrechó más, alzando su cuerpo del suelo. Gritó, mientras se aferraba a su cabeza buscando un apoyo, y envolvió las piernas alrededor de su cintura cuando la inclinó violentamente hacia atrás, a la alfombra.

Esperaba un aterrizaje duro y, en su lugar, quedaron parados a una pulgada de la alfombra, acabando el descenso suave y lentamente. El corazón le latió con fuerza ante esa experiencia.

— ¿Otro poder de vampiro que olvidaste mencionar? —le dijo riendo entre dientes.

Él la miró con gesto travieso antes de hundirse de nuevo en su sexo lamiendo, esta vez sí, su clítoris. Alice arqueó su espalda dejando escapar un agudo y rasgado gemido de placer.

Jasper levantó la cabeza, sus ojos reflejaban una enorme excitación.

— Relaja las piernas. Quiero observarte mientras lo hago —le dijo mientras apretaba los muslos hacia abajo.

Alice obedeció y permitió que sus piernas tocaran el suelo de nuevo, separándolas más para él. Él sonrió, abriendo más los labios de su sexo para observarla por completo.

— Estás tan sonrojada y mojada —le dijo deslizando un dedo hasta encontrar su vagina. Alice gimoteó de necesidad.

— ¿Te gusta esto? —le dijo enarcando una ceja.

Ella asintió. Jasper sacudió la cabeza, negando.

— No, Alice mi amor. Dímelo. Quiero oír las palabras —dijo mientras apretaba el palpitante clítoris.

Alice jadeó más en tensa anticipación.

— Tu clítoris esta inflamado de deseo —con el dedo hizo pequeños círculos alrededor del sensible brote y la miró de nuevo—. Dímelo—ordenó.

— Sí —jadeó ante esa presión constante que él aplicaba, levantando las caderas, buscando la liberación a ese tormento—. Te quiero dentro de mí.

En sus labios se formó una sonrisa de satisfacción extremadamente masculina y la penetró con un dedo profundamente. Estaba sin aliento, mientras la recorrían sensación tras sensación de placer. Él se acercó más, inclinándose sobre ella para capturar con su boca un pezón y agregó otro dedo a su sensual exploración mientras con el pulgar apretaba su clítoris.

Besando el seno con ternura levantó la cabeza para mirar sus ojos mientras su mano seguía con la magistral caricia.

— Córrete para mí, Alice —le dijo hundiéndose más en ella. El aliento totalmente inestable mientras sus caderas acompañaban el rítmico movimiento de su mano. Ella cerró los ojos antes esas emociones que la destrozaban.

— No —dijo con voz baja y controlada— no cierres los ojos, Alice, quiero verte cuando te llegue el orgasmo.

Alice se mordió el labio y le sonrió. Colocó sus brazos en los hombros de él y se arqueó una vez más cuando el pulgar empezó de nuevo a acariciar en círculos la inflamada y excitada protuberancia.

— ¡Jasper! —exhaló el nombre mientras las primeras ondas de su orgasmo empezaban a recorrer su cuerpo, tensando su estómago y acelerando el latido de su corazón.

— Repite mi nombre de nuevo, Alice —le susurró con una intensa expresión.

No tuvo necesidad de insistir. Su cuerpo se sacudía entre los deliciosos espasmos del clímax, Alice gritó su nombre de nuevo.

— ¡¡Jasper!! —mientras su húmeda y sensibilizada vagina se contraía alrededor de aquellos dedos acariciantes una y otra vez.

Cuando su cuerpo paró de temblar, Jasper se inclinó para besar su cuello. Inhaló profundamente, bebiendo su excitante aroma.

— Me seduces por completo —le dijo con un suspiro.

— Creo que más bien es lo contrario, soy yo la que acaba de correrse —dijo Alice con una risa gutural, envolviendo sus brazos alrededor del cuello mientras él acariciaba su nariz con la suya.

— Oh, no estoy agotado, todavía, mi amor —dijo Jasper mirándola con una oscura ceja enarcada y una sonrisa pícara en los labios.

— ¡Señor, espero que no! —contestó Alice sonriendo hechiceramente.

Él rió entre dientes, la cogió entre sus brazos y fue hacia la puerta de al lado. La abrió de un tirón y la cerró con una patada, Jasper la llevaba a su cama. El corazón de Alice se llenó de placer al ver la habitación. Era hermosa. A pesar de que, debido a lo que Jasper era, las cortinas estaban corridas, había una esmerada iluminación escondida en el techo que se parecía mucho a la luz del día. El calor y la resplandeciente luz daban la impresión de estar a la luz del sol.

Su elevada cama de cuatro postes estaba hecha con una madera lisa y suave, los postes eran gruesos y completamente tallados. Un edredón de un blanco níveo cubría la cama, haciendo juego con la decoración, en su mayor parte blanca, de la habitación. Ciertamente no era lo que ella esperaba de una criatura de la noche. Todavía en brazos de Jasper, Alice hizo los honores y echó hacía atrás las cubiertas, jadeando por la sorpresa. Las sábanas de seda roja de debajo hacían un contraste tan incongruente que levantó la vista hacia él y le preguntó con una sonrisa:

— ¿Tienes doble personalidad, Jasper? ¿Hay algo que quieras decirme?

— Un hombre tiene que permitirse pequeños placeres en esta vida, algún que otro capricho —dijo Jasper con una mueca diabólica.

¡Dios! Hablaba igual que Eleazar. Sonrió para sí misma sabiendo que Jasper le hubiera gustado a Eleazar, incluso siendo vampiro.

Jasper dejó suavemente a Alice en la cama y la miró fijamente. Con los cabellos Oscuros extendidos en las sábanas rojas y sus rasgados ojos azules llenos de deseo formaba un retrato hermoso y tentador. El pecho se le contrajo de amor. Antes de que pudiera acostarse a su lado, Alice alzó el brazo y envolvió los tibios dedos alrededor de su verga, con una sonrisa cómplice en la cara. Sentir su mano a su alrededor era una sensación tan deliciosa… apretó la mandíbula para evitar correrse de inmediato. Jasper le agarró la muñeca.

— Me siento algo culpable de que sólo yo haya obtenido satisfacción —dijo Alice incorporándose y sentándose sobre sus piernas. Jasper pensó que estallaría cuando ella se inclinó y lamió la húmeda punta de su verga—. Mmm, tu sabor es delicioso.

Él cerró los ojos y gimió en respuesta instantánea a ese leve toque de su lengua en su cuerpo. Su estómago se tensó, completamente anudado, y sus testículos se apretaron más mientras su pene se endurecía todavía más, si es que eso era posible. Jasper nunca había deseado tanto a una mujer… sólo sintió algo parecido con otra. María pudo haberlo ayudado a encontrarla, pero Alice era su verdadera compañera.

Cuando le acarició su verga con su boca y la traviesa lengua, empezó a estar agudamente consciente de cada latido de la sangre que corría por su cuerpo; oyó la rapidez de la sangre que recorría las venas de Alice, olió su excitación. Todos sus sentidos se potenciaron en una seductora combinación.

— Suficiente, amor —dijo abriendo los ojos y acercándola hasta sus rodillas, su voz sonaba forzada y ronca, incluso para él mismo.

— Pero quiero ha... —le dijo con la desilusión reflejada en sus ojos.

No pudo acabar la frase antes de que sus labios fueran capturados por un posesivo beso. Gimió deleitada cuando él la empujó hacia el colchón y se arrodilló encima de ella.

Subió los brazos hacia los fuertes hombros, deslizando los dedos sobre los abultados bíceps, valorando las formas y huecos del pecho que tenía encima suyo. Jasper apoyó su cuerpo en el suyo. Sus ojos gris pálido se encontraron con los de ella mientras posicionaba sus muslos en sus caderas, apretando su erección contra su ardiente hendidura.

Sonriendo abrió las piernas, dando la bienvenida a su dura verga cuando la deslizó en su interior. Durante un fugaz momento se le ocurrió que deberían estar usando protección, pero lo desechó inmediatamente. Para que molestarse, si ya estoy muerta. Mejor vivir plenamente mientras pueda.

Alice gimió cuando su cuerpo se acostumbraba a su gran tamaño.

— ¡Dios! Estás tan apretada, caliente y húmeda —dijo trabajosamente, mientras su tenso cuerpo avanzaba lentamente en el suyo.

Ella sabía que se refrenaba para no hacerle daño. Sonriendo le dijo:

— Entonces tendremos que hacer algo —antes que él pudiera contestarla, envolvió sus piernas en su cintura, y levantó las caderas hacia arriba, tirándolo hacía ella.

Jasper sonrió maliciosamente ante su invitación y entro del todo en ella con un rápido empujón... un empujón tan profundo que tocó su matriz.

— Ohhhh delicioso... —gritó mientras su cuerpo estallaba en un violento clímax ante la completa invasión.

Jasper la llamó suavemente. Alice abrió los ojos y cruzó la mirada con los suyos apasionados cuando su vaina acabo por contraerse alrededor suyo. Se mantuvo muy quieto hasta que sus temblores hubieron cesado.

Obsequiándole una tensa sonrisa, Jasper encajó la mandíbula y empezó a moverse. Utilizó lentas y metódicas embestidas pensadas para acrecentar su placer, conservando su respiración regular y acompasada. Alice no quería nada de eso. Él ya había refrenado su propio placer demasiadas veces por ella. Arqueó su espalda, levantó sus caderas y acompañó cada una de sus embestidas con las suyas, reclamando más, aumentando el ritmo.

Las sensaciones crecían, intensos remolinos se sucedían en su bajo vientre. Sus senos y muslos se estremecían, su sexo suplicaba más fricción, una presión más fuerte. Los labios de Jasper capturaron los suyos, sus arrebatadores besos igualaron los fervientes y rítmicos golpes de sus caderas embistiendo contra las suyas.

Alice disfrutaba de esa apasionada relación sexual. Sus duros senos contra su pecho, doloridos y sensibles, rozaban el áspero vello que lo cubría. Jasper marcó un reguero de besos en su cuello, saboreándola con su cálida lengua.

Su respiración empezó a hacerse irregular cuando su cuerpo sobreexcitado se preparaba para otro clímax. Alice se esforzaba por llegar allí, pero al mismo tiempo, no quería que aquello acabara. Hundiendo sus dedos en los hombros de él, imploró:

— ¡Por favor, Jasper!

Jasper embistió dentro suyo y clavó sus dientes en el cuello de ella. Alice arqueó su espalda echando hacia atrás la cabeza, gritando:

— ¡Jasper, sí! ¡Sí!

Cuando las primeras y trémulas oleadas de placer la sacudieron, Jasper dejó escapar un profundo y gutural gruñido de satisfacción, hundiendo los dientes en el cuello, atrayéndola más hacía él mientras bebía su sangre. Alice jadeó ante el intenso goce, ese erótico acto incrementaba su orgasmo, haciendo creer que los espasmos de su corazón durarían para siempre.

Jasper gozaba de la sangre de Alice —que nunca había sido probada por otro— pura y dulce. Bebió como lo hace un vampiro la primera vez. Estaba tan sabrosa, tenía que parar antes que tomara más de lo que su cuerpo podía recuperar en un día. Con pesar, retiró sus colmillos y con delicadeza lamió el cuello, cerrando la herida.

Las manos de Alice se deslizaban lentamente por su espalda. Parecía estar perdida en un trance.

La aprensión lo paralizó. ¿Y si había tomado accidentalmente demasiada sangre? Jasper le asió de los hombros y la sacudió levemente.

— ¿Estás bien, Alice amor?

Sus ojos volvieron a centrarse en los suyos y sonrió.

— Maravillosamente. Sólo un poco cansada, eso es todo. No tenía la menor idea de que hacer el amor podía ser tan intenso y erótico.

— ¿Entonces, te pareció bien que tomara tu sangre mientras lo hacíamos?

— Sí, mientras que no vuelva a suceder en mucho tiempo... —Alice arrastró las palabras con una sonrisa, cerró los ojos completamente agotada.

Jasper la abrazó contra su pecho y tiró del edredón por encima de ellos. Sabía que dormiría durante varias horas, generalmente la primera vez era agotador para la mayoría de los humanos. Su último comentario le preocupaba. Ella sabía que era necesario que un vampiro tomara tres veces su sangre para que se produjera la transformación. Y una vez que fuera su compañera, el intercambio de sangre durante las relaciones sexuales era uno de los aspectos más sensuales para un vampiro. ¿Por qué no querría ella eso? Alice le había dicho que había gozado de aquel acto tan íntimo. Esa pregunta lo atormentó antes de sucumbir finalmente a la fatiga, cayendo en un profundo sueño.

espero y este cap. les haya gustado. Bueno nos vemos en el sig. cap.

Atte.: Miss Mckarty