Aquí les dejo el otro cap. espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasión y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos

Capítulo 9 —

Alice despertó sintiendo como su estómago gruñía ante el olor del bacon. Se deslizó fuera de la cama, con cuidado de no despertar a Jasper. Él necesitaba dormir más que ella. Se tomó un momento para apreciar los azulejos del suelo de un vivo color blanco y azul y los recipientes de cristal a juego que adornaban la repisa de mármol blanco del baño antes de saltar dentro de la ducha.

Una vez que estuvo vestida con unos pantalones negros de sport, un top blanco y una chaqueta azul, se dirigió escaleras abajo en silencio. Mientras bajaba la escalera de caracol, Alice notó que casi había anochecido. ¡Guau!, había estado agotada. Había dormido casi veinticuatro horas. No era de extrañar que estuviera hambrienta.

Una chica joven, que parecía tener unos dieciséis años, rodaba de un lado a otro en el suelo, al pie de las escaleras, luchando con Jared.

— Hola —dijo Alice con voz amigable cuando llegó al último escalón.

La muchacha levantó la cabeza alzando la barbilla haciendo que su pelo, de un color rojo vivo, se sacudiera con el movimiento. La sonrisa desapareció de su cara como si se avergonzara de ser pillada divirtiéndose. Miró a Alice de arriba a abajo y olfateó el aire.

— Tú no eres uno de ellos, ¿verdad?

Alice rió.

— No, no soy un vampiro. Sólo estoy de visita. Me llamo Alice.

La chica asintió, volviendo a mirar a la puerta principal mientras frotaba la cabeza de Jared.

— Sí, yo también. Me largaré de este manicomio tan pronto como tenga edad suficiente.

Cuando Alice iba a preguntarle cómo se llamaba Charlotte apareció acercándose a su lado.

— Buenas noches, Nessie. ¿Has dormido bien, querida?

Nessie lanzó una mirada cortante a Charlotte.

— ¿Cómo puedes preguntarme eso? Tú, tía rara, haces que mi cuerpo esté hecho un desastre… me hacéis dormir durante el día, me mantenéis despierta toda la noche… ¡Panda de monstruos! —murmuró entre dientes mientras volvía a prestar atención a Jared.

Charlotte ignoró su comentario y dijo con tono optimista:

— Creo que tío Peter está colocando el tablero de ajedrez en el estudio.

Nessie se levantó y corrió antes que Charlotte acabara la última palabra.

— Hasta luego, Alice —gritó detrás de ella.

El corazón de Alice se contrajo. Echaba de menos sus partidas de ajedrez con Eleazar.

— Los padres de Nessie murieron en un accidente de coche. Una cuarta parte de su madre era vampiro y su padre era mitad hombre lobo —dijo Charlotte sacudiendo la cabeza y tratando de explicar el comportamiento de la muchacha—. No se da cuenta de lo especial que es. Aún no ha madurado.

Alice miró a Charlotte sorprendida.

— ¿Quieres decir que no sabe que procede de dos razas distintas?

— Correcto. Debido a que sus padres no eran ni vampiros ni hombres lobo en su totalidad, sus vidas eran muy parecidas a la de los humanos —suspiró—. Aun no estamos seguros de los poderes que desarrollará Nessie, pero no queremos que ningún vampiro canalla u hombre lobo traten de hacerla suya. De modo que la trajimos aquí —lanzó una breve carcajada—. Por alguna razón, le gusta el tío Petter.

Alice rió.

— Son las partidas de ajedrez. Mi abuelo me hizo adicta.

— Buenas noches, Alice mi amor —le dijo Jasper al oído desde detrás suyo. Colocó sus cálidas manos sobre sus hombros y apretó con suavidad.

Alice se puso rígida por sus palabras pero no pudo evitar que le llegará el olor a limpio y, al mismo tiempo, a bosque que él desprendía, sintió como su piel aún estaba caliente por la ducha. Alice se dio la vuelta para mirarle mientras Charlotte entraba en el vestíbulo y se dirigía a su hermano con una expresión divertida.

— Pareces bastante descansado esta noche, Jasper.

Él sonrió y dejó que su mano se deslizara alrededor de la cintura de Alice mientras bajaba el último escalón a su lado. Sus ojos plateados brillaron cuando la miraron, pero se dirigió a su hermana.

— Sí. Creo que todo un día de sueño era todo lo que necesitaba.

La vergüenza de Alice ruborizó todo su cuerpo. ¡Vale!, ahora su hermana sabía que se habían acostado. Si pudiera hablarle mentalmente en ese preciso momento, le regañaría, pero bueno, en su lugar se excusó y siguió a su nariz hasta el comedor y al maravilloso olor del bacon.

Jasper le puso las manos sobre los hombros y la dio la vuelta justo antes de que entrara en el comedor.

— ¿Que anda mal, Alice?

— ¿Mal?— le lanzó una mirada de incredulidad y contempló la habitación para asegurarse que no había nadie antes de hablar en un susurro—. Básicamente, acabas de contarle a tu hermana que nos hemos acostado.

Jasper rió y frotó sus hombros, apretándoselos suavemente.

— Eres mi compañera, Alice. Eso es de esperar.

Su profunda risa de barítono era natural y agradable y ella habría disfrutado al verle tan feliz si no estuviera tan triste—al final de la noche, él sería Vité y ella estaría muerta.

— Jasper, ya te lo dije. No estoy aquí para convertirme en tu compañera.

— ¿Puedes desechar las pasada noche con tanta facilidad?.

Apretó los dedos sobre sus hombros y la expresión herida en sus ojos era casi más de lo podía soportar. Tenía que ser fuerte. Pero no podía mentirle a él ni mentirse a sí misma.

— No, Jasper. La pasada noche fue espectacular, pero convertirme en vampiro cambiaría toda mi vida. No estoy preparada para eso.

¡Vale! Olvídate del cuento de hacerse la niña buena. Podía mentir —cuando era necesario. Antes que pudiera responder, se deshizo de su abrazo y entró en el comedor.

Una mujer con uniforme de criada salió de la cocina con una jarra de café y la dejó sobre la mesa con una amistosa sonrisa. Su pelo corto canoso se enmarcaba como un arbusto contra sus mejillas cuando se dio la vuelta y dijo:

— La comida está en el aparador, querida —antes de volver a la cocina, dejándolos solos.

Alice notó que Jasper entró en el comedor, pero le ignoró mientras se llenaba el plato con bacon, huevos y croquetas de patata hervida y cebolla. Se sentó frente a ella cuando dejó su plato, estaba hambrienta. Había tomado varios bocados cuando Jasper dijo con tranquilidad.

— Ahora que te he encontrado, no puedo imaginar mi vida sin ti, Alice.

Alice detuvo el tenedor a medio camino de su boca ante sus palabras. Encontró sus ojos acerados.

— Jasper... —comenzó.

Sus ojos ardían con intensidad mientras continuaba con la voz ronca.

— Quiero dormir contigo en mis brazos cada mañana durante el resto de nuestras vidas.

Le dolía el corazón por su palabras. Conseguía llegar a lo más profundo de su alma. Dios, haz que pare, por favor.

— Para.

Alice sintió un par de manos colocarse pesadamente sobre sus hombros. Inmediatamente se dio la vuelta, pero no había nadie detrás suyo. Volvió a mirar a Jasper y entrecerró los ojos.

En cambio, él le habló mentalmente. Quiero probar tu dulce sabor otra vez, sentir tu cuerpo rodeando el mío, oírte gritando de placer.

Las manos se deslizaron por sus brazos para tocar el lateral de sus pechos antes de bajar por su cintura y sus caderas. Lentamente, sus dedos se deslizaron por el pliegue de sus piernas antes de tocar la unión entre sus muslos. Diminutos temblores comenzaron en su pecho y bajaron disparados a su estómago antes de instalarse en su sexo. Alice dejó caer el tenedor y se levantó de un salto, golpeando con sus manos sobre la mesa y haciendo que se tambalease en plato y la vajilla de plata.

— ¡Para, Jasper!

Jasper se puso de pie y se apoyó sobre la mesa, poniendo sus manos a ambos lados de las suyas, las líneas de su cara tensas por la furia, sus ojos plateados brillaban de cólera.

— ¡No lo haré! Eres mi compañera, Alice.

Aquella abrumadora presencia volvió. El dominio que él exudaba descendió rápidamente por su estómago y subió echando chispas por su columna al igual que antes, dejándola débil y sin aliento, haciéndola desear darle un puñetazo directamente en la nariz y, al mismo tiempo, besarlo hasta perder el sentido.

— Bien, sencillamente vas a tener que…

— Jasper… —Charlotte los interrumpió cuando entró en el comedor. Su hermana dejó que su mirada saltará de un lado a otro entre ellos y dijo:

— Siento interrumpir, pero los líderes de clan quieren reunirse contigo para hablar de Laurent antes de la ceremonia.

— ¿Ahora? —Jasper parecía frustrado.

— Sí, te esperan en la biblioteca —se dio la vuelta para salir, pero volvió a mirarles—. Les diré que irás enseguida.

La mirada de Jasper volvió a la suya.

— Termina de comer, Alice. Quiero que vengas también.

Alice le miró sorprendida.

— ¿Por qué tengo que estar allí? Parece un asunto privado.

Se enderezó y se frotó el cuello con las manos mientras decía:

— Eres mi compañera, Alice. Vas donde yo voy.

Cuando ella abrió la boca para protestar, él continuó.

— Además, tengo que contarles lo que Laurent le hizo a Erick y lo que trató de hacerte a ti. ¿Crees que podrás soportarlo?

Ella irguió los hombros, asintió y se sentó a terminar su comida.

* * * * *

Después de contar su historia sobre Laurent, Alice se sentó en un mullido sillón cerca de la puerta, escuchando hablar al clan de líderes. Se sentía fuera de lugar entre ellos siendo la única mujer. Bueno, Charlotte estaba allí, pero ella era un vampiro y la hermana del hombre que estaba a punto de convertirse en Vité, de modo que también tenía un puesto relevante.

Al menos, ahora sabía los nombres de los clanes. ¡Que bueno!, pensó irónicamente Alice. Pero, sin embargo, dejó que su mirada siguiera a los hombres alrededor de la mesa. Estaban: los Kantrue, liderados por Jasper; los Bruens, liderados por Laurent, a los que esta noche representaba Emmett; los Norrador; los Arryns y, los más raros, los Sythe. Su líder estaba calvo, era bizco y tenía las orejas puntiagudas, ¡sí!, puntiagudas.

Los líderes discutieron entre ellos sobre cómo castigar a Laurent, para que su muerte sirviera de advertencia. Se enteró de que, la ley de vampiros, no era como la de los humanos. Ellos mismos se encargaban de ajusticiar a los suyos. El sistema del Tribunal y el proceso previsto estaba teniendo lugar en la habitación en ese mismo momento. La discusión se volvió acalorada, Charlotte entró para calmar a los hombres. Paul se movió para sentarse a su lado, apoyándose contra su pierna. Alice alargó la mano para frotarle la cabeza.

De pronto, todo el cuerpo del lobo se puso tenso. La miró mientras soltaba un gruñido bajo, pero entonces el sonido cambió a un gemido.

¿Estas preparada para mi, Alice? Una voz entró en su cabeza. Laurent.

Se puso rígida y miró a Jasper que estaba debatiendo con el líder del clan Arryn.

¿Qué?, ¿no hay respuesta? Eso significa que Jasper aún no te ha convertido en vampiro. Quizás se lo ha pensado dos veces, ya que no te pareces a su prometida, Maria.

Los ojos de Jasper se cruzaron con los suyos durante un breve instante, pero ella apartó la mirada antes que pudiera ver el dolor y la confusión que le produjeron las palabras de Laurent.

Laurent hizo un sonido sibilante. Qué trágico, el fallecimiento de Maria. Jasper lloró su muerte durante meses hasta que decidió creer como un tonto en la reencarnación. Su áspera carcajada le puso los nervios de punta. ¡Que chorrada! ¿Puedes creerte que él pensara que ese anillo se la devolvería—que crea que eres la reencarnación de Maria?

Alice bajó la vista hacia el anillo de su mano. ¡Dios!, ahora todo tenía sentido. La tumba de Maria era la que Jasper estaba visitando aquel día en el cementerio. Él le había dicho que se estaba despidiendo. Ahora sabía por qué. Ese era el día en que la había visto a ella.

Cerró los ojos mientras el dolor y la traición se cernían sobre ella. Pero, ¿qué mas daba si estaría muerta antes del amanecer? Aún así, esa idea no evitó que la angustia se apretara en su pecho. Alice se cubrió la boca con una mano temblorosa para contener el llanto mientras huía de la habitación. Jasper la llamó, pero ella le ignoró y se fue derecha a la puerta principal. Tenía que escapar. Creía que era fuerte, pero no lo bastante como para manejar esto.

Alice pasó frente a la fuente antes de que algo la arrojara bruscamente al suelo. El cemento rasgó el costado de su ropa mientras resbalaba por la implacable superficie.

Laurent estaba sobre ella antes de que pudiera moverse. La inmovilizó en el suelo y agarró un puñado de pelo, tirando de su cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta para su inminente mordisco. Sabía que él tenía la intención de hacerla pedazos. Sus ojos brillaban enrojecidos, su colmillos estaban extendidos.

— Eres la culpable de que no sea elegido Vité esta noche —siseó.

— ¿Yo? —logró decir entrecortadamente la palabra.

— Jasper no tenía interés en el cargo de Vité hasta que apareciste tú. Él no me habría desafiado —Laurent bajó más la cabeza hacia su cuello.

Aunque estaba aterrorizada, la arrogancia y la cobardía de Laurent la pusieron furiosa. Alice se apoyó en la idea de que ya estaba muerta para sacar fuerzas y luchar con Laurent de la única forma que podía. Cabreándole. Dejando que su cólera tomara el mando. Mantuvo la voz tranquila y burlona.

— No eres el más poderoso del clan, ¿verdad?

Ante sus sarcásticas palabras, Lauren levantó la cabeza bruscamente y la miró inquisitivamente.

— Puedes matarme, pero Jasper te dará caza. No permitirá que mi muerte quede sin vengar.

— No, no lo haría —la voz fría de Jasper sonó por encima de ellos justo antes de que sacara a Laurent de encima de ella. Le asestó un golpe y arañó el pecho de Laurent con una mano, desgarrando tendones y carne, antes de mandar su cuerpo volando alrededor de ocho metros por el jardín.

Alice se levantó con dificultad y se dio cuenta que estaba mojada. Miró hacia abajo. Sus ropas y su cuerpo estaban salpicados con la sangre de Laurent. Alzó la vista a tiempo de ver a Jaspeer atravesar de un salto la distancia entre él y Laurent, aterrizando encima del vampiro. Pero Laurent no estaba acabado. Le hizo un tajo a Jasper en el pecho, haciendo jirones su ropa y su piel. Jasper rugió encolerizado y atravesó el pecho de Laurent con la mano. Alice casi se desmayó ante la visión y el sonido de los gritos de dolor de Lauent. Luego nada más que un sobrecogedor silencio la saludó.

Alice se miró la ropa, la sangre. Podía oler su aroma metálico. Tocó la pegajosa y caliente humedad y se le revolvió el estómago cuando se dio cuenta que se estaba preguntando a qué sabría.

¡No! gritó en su cabeza. Volvió a huir hacia el interior de la casa, subió a su habitación y entró. Lloró por no poder quitarse la manchada ropa con la suficiente rapidez. Temblaba mientras se quedó junto a la ducha, esperando que el agua se calentara. La sangre se estaba coagulando en sus manos y cuello.

Alice entró en la ducha y agarró el jabón. Le temblaban las manos, su corazón le latía con fuerza, frotó enérgicamente con espuma todo su cuerpo. ¡Fuera, fuera!. Quería sacarse las manchas de sangre. El olor de la muerte y ahora el atractivo olor de la vida asaltó su nariz asustándola más allá de toda medida.

Jasper se materializó en la ducha cerca de ella. Alargando la mano, le agarró por las muñecas, terminando con sus frenéticos movimientos. Alice encontró sus pálidos ojos dorados fijos mientras el vapor se arremolinaba a su alrededor, envolviéndoles en una húmeda manta caliente.

Gotas de agua brillaban sobre su pelo profundamente negro mientras tomaba el jabón de su mano y comenzaba a lavar su cuerpo. Al principio Alice se puso rígida, pero luego cerró los ojos y se entregó a sus cuidados. Su suave contacto por su cuello, hombros y pechos hicieron que sus agotados nervios se tranquilizaran.

Ella abrió los ojos y le pasó la mano enjabonada por el pecho, con cuidado de evitar las heridas. Le tocó el cuello y los hombros, cubriendo todos los planos firmes de su cuerpo, apreciando su escultural forma. Nunca jamás le había visto así, sentir la dureza, el poder salvaje bajo sus manos. La idea le rompió el corazón. Memorizó su cuerpo. ¿Conseguiría mantener los recuerdos en el cielo?

El agua caliente se deslizó sobre ella llevándose la sangre y el jabón. Alice gozó con los dedos de Jasper deslizándose sobre ella. Su grandes manos rozaron la curva de su cadera, la hendidura de su cintura y se arrastraron hacia sus pechos, levantándolos de manera que pudiera besar la puntas rosadas una por una. Ella jadeó, cerrando los ojos cuando él succionó uno de sus rígidos pezones, mordisqueando la punta para después hacer lo mismo con el otro.

Alice gimió ante su mágico contacto, colocando las manos sobre sus hombros para sujetarse. Cuando Jasper le envolvió la cintura con las manos, ella abrió los ojos y su mirada se posó en el anillo en su dedo, sacándola de golpe de su seductor hechizo.

— No soy Maria, Jasper —dijo fríamente. Dejando caer las manos, retrocedió y apartó la mirada.

Él se pudo rígido.

— ¿Quién te dijo…? —se detuvo.

— Laurent.

Jasper tomó su cara con ambas manos y giró su cabeza de modo que ella tuviera que encontrarse con su contundente mirada.

—Alice, sé que no eres Maria. Ella pudo ser la razón por la que te busqué, pero tú eres mi verdadera compañera.

Aunque oyó sus palabras de disculpa, se acordó de todas las veces en las que él podía haberle hablado acerca del anillo y Maria y no lo hizo. Se le revolvió el estómago, su pecho se apretó de dolor.

— Toma, coge el anillo... —trató de sacarse el anillo, pero incluso en la ducha, con las manos llenas de jabón, el anillo no cedía.

— ¡Maldita sea! —gritó frustrada.

Jasper envolvió con sus grandes manos las de ella, pero Aliuce trató de apartarse.

— No —dijo airadamente y se apoyó contra la pared de la ducha.

Alice jadeó al sentir los fríos azulejos apretados contra su espalda. Levantó la barbilla y le miró.

Su enfurecida mirada de plata se centró en la suya.

— Sé la diferencia, Alice. Admiro tu coraje y tu compasión. Me gusta tu humor rápido y tu fuerte sentido de la seguridad —cuando ella no respondió, él le agarró los brazos con las manos y la sacudió con cuidado, su mandíbula apretada—. Maria no era ni mucho menos tan obstinada como tú. Y yo no tenía esta devastadora necesidad de hacerla mía como la tengo contigo. Eres mi verdadera compañera. Acostúmbrate a ello.

Jasper no esperó una respuesta. La atrajo hacia sí, aplastando sus labios con un beso violento y dominante, su lengua invadiendo su boca. Su desmedido deseo hizo que el de ella se encendiera. Alice le envolvió el cuello con los brazos y devolvió el besó, necesitando su contacto, su conexión. Su corazón brincó. Él le estaba demostrando con sus actos, más que con sus palabras, que realmente la que le importaba era ella, y no una mujer de otra vida ya pasada.

Entonces él movió la mano, ahuecando su pecho, frotando el pezón antes de deslizarse más abajo, buscando su inflamado y palpitante clítoris. Alice gimió y se apretó contra él cuando sus dedos encontraron su blanco. Deslizando dos dedos en su interior, probó si estaba lista y gruñó contra su boca.

Alice se agarró a sus hombros y se puso de puntillas para proporcionarle un acceso más fácil. Él trazó un sendero de besos por su garganta, rozándole el cuello con los dientes. Alice se puso rígida por el contacto y él levantó la cabeza.

— Estoy tratando de salvarte —suspiró. Cuando el la miro con extrañeza, ella lo arregló diciendo—. ¿No necesitas tus fuerzas para esta noche?

Jasper sacudió la cabeza y le besó la mandíbula. Deslizando la lengua por su cuello, rechinó los dientes.

— Me estás torturando.

Ella gimió y envolvió los brazos alrededor de su cuello mientras él la agarraba por las nalgas y la levantaba contra sí. Esta vez el frío de los azulejos no la perturbaron cuando Jasper hundió su duro miembro en ella con un duro golpe.

— Me encanta sentirte —masculló contra su cuello y volvió a embestir una vez más—. Nunca tendré suficiente de ti. Nunca.

Alice trató de envolverle con las piernas, pero sus cuerpos estaban demasiado resbaladizos. Jasper se rió entre dientes y la acomodó. Agarró sus piernas y sujetó sus rodillas dobladas bajo la fuerza de sus musculosos brazos, se acercó y volvió a clavarse en ella.

Ella apretó sus anchos hombros, arqueando su espalda y aspiró ante la profunda penetración que permitía la posición. Jamás en su vida había sido poseída tan completamente, nunca se había sentido tan totalmente llena.

La lenta penetración de su erección dentro de sus paredes internas, el roce de su cuerpo contra su pubis, la fricción, la creciente galopada febril hicieron que el corazón le golpeara con fuerza en el pecho, preguntándose si podría desmayarse por las erráticas bocanadas de aire que tomaba para mantener su palpitante pulso y su arremolinado deseo. Y esta conexión con Jasper parecía tan maravillosa, tan perfecta. Entonces lo supo. Le amaba con cada fibra de su ser.

Su orgasmo atravesó de golpe su cuerpo en olas palpitantes de placer y gritó:

— ¡Jasper, oh Dios, Jasper!.

Jasper soltó un áspero gemido contra su cuello, alcanzando su propio clímax.

— Te amo, Alice. Eres mía, toda mía —dijo con ferocidad antes de sumergir sus dientes en su suave piel, haciéndola gritar con el estremecedor éxtasis, ahogando el sonido de la ducha que salpicaba a su alrededor.

espero y este cap. les haya gustado. Bueno nos vemos en el sig. cap.

Atte.: Miss Mckarty