Aquí les dejo el otro cap. espero que les guste, el libro es de Michelle Patrice titulado el sabor de la pasión y los personajes son de Stephenie Meyer yo solamente juegos con ellos

Capítulo 10 —

Jasper cerró la ducha y la levantó en sus brazos. Se sentó sobre una mullida silla blanca en el baño, acunándola en sus brazos.

¿Por qué se sentía tan cansada? ¡Maldición, que alguien me de un bofetón y me despierte! Pero a pesar de intentar despertarse con todas sus fuerzas, su cuerpo estaba demasiado aletargado. Alice se acurrucó contra su cuello y sucumbió a las delicadas caricias de la suave toalla contra su piel y su pelo.

Jasper la dejó en la cama, y volviéndose hacia la pared atenuó las brillantes luces de la habitación, dejando una ligera iluminación. Alice rodó para quedar de frente a él cuando él se metió de un salto en la cama y se apoyó sobre su codo. ¡Se sentía tan lánguida y segura en su cama con las sábanas de seda envolviéndolos en su calor! Deslizando una mano bajo su mejilla en la almohada, ella suspiró feliz y él lanzó una sonrisa a su hermoso rostro.

Jasper alargó la mano y le metió con delicadeza un mechón de pelo tras la oreja, su mirada se demoró sobre su mejilla, siguiendo el camino que sus dedos habían trazado.

— ¿Quieres hablarme de ella? —preguntó con suavidad Alice.

Él encontró su mirada durante un brevísimo segundo antes de seguir explorando su piel. Sus dedos rozaron sus hombros y bajaron por su brazo, creando corrientes de deseo a través de su carne sensible.

— Maria también era humana. La conocí en la ópera. Nuestra relación era muy diferente. Mi deseo por ella se desarrolló con el tiempo.

— ¿La amabas? —lamentó preguntar, pero de algún modo se sentía conectada a esa mujer debido a Jasper.

Él dejó de moverse y la miró durante largo rato antes de contestar.

— Sí, la amaba. Era una buena persona. Mi amor por ella es más fuerte ahora que nunca.

El corazón de Alice se contrajo por su revelación. Bajo la mirada hacia su cuello para que él no viera el dolor que provocaron sus palabras.

Jasper rozó su mejilla y luego puso sus manos a ambos lados de su mandíbula, levantando su barbilla para que su mirada encontrara la suya una vez más.

— Porque si no fuera por Maria, nunca te habría encontrado.

Alice parpadeó para evitar las lágrimas y tragó para apartar el nudo que se había formado en su garganta al oír sus dulces palabras.

Él sonrió.

— Pero no quiero hablar de Maria. Quiero hablar de nosotros.

¿Nosotros? ¡Nosotros! Oh, Jasper, no puede haber un nosotros, pensó para sí misma. Se le rompió el corazón por la expresión de ternura en sus ojos, el deseo depositado detrás de aquellos estanques de mercurio que le devolvían la mirada.

Ante su silencio, Jasper le agarró la mano y levantó la palma hasta sus labios.

— Te amo, Alice. Quiero que seas mi esposa, transformarte en una de nosotros y hacerte mi compañera.

Gana tiempo. Vamos, piensa, Alice.

— Jasper, no sé si estoy preparada. Quiero decir, la idea de beber la sangre de otro me da náuseas.

Eso estuvo muy bien y ni siquiera he tenido que mentir. La idea realmente hace que se me revuelvan las tripas. ¡Eh, Guardián! ¿Me oyes? Estoy siendo una buena chica.

Me gustaría saber cuál es tu definición de buena chica, Alice, dijo Eleazar con una carcajada. Estás hilando muy fino, ¿no crees?

Alice resopló por dentro. ¿Y me lo dices tú, maestro de los engaños? A saber que es lo que hubieras hecho en mi situación, porque me consta que no eras tan buen chico como fingías.

Jasper rió contra su mano, haciéndola pensar que había leído sus pensamientos hasta que entrelazó los dedos con los suyos y dijo:

— Alice, amor, conseguirás tu sustento de mí, de nadie más.

Eso captó su atención. Alice se incorporó sobre el codo mientras la excitación la recorría. La idea de chuparle el cuello tenía una connotación completamente distinta. Pero… espera. Algo no cuadraba.

— Espera un minuto. Aunque no me atrae lo más mínimo la idea de alimentarme de ti, ¿de dónde vas a conseguir tú el alimento?.

— De la misma forma que siempre lo he hecho, de los humanos —contestó encogiéndose de hombros .

Ella arqueó la ceja.

— ¿Mujeres?

Jasper sonrió.

— Me parece que no, Jaz —ella le puso de espaldas y se tumbó sobre su pecho—. Sólo hombres. ¿Lo captas?

El hombre rió ante su rotunda orden y luego se puso serio.

— Dilo otra vez, Alice. Me gusta cómo suena mí nombre en tus labios.

— Jaz —Alice sonrió y se acercó, acurrucando la espalda contra su pecho.

Jasper le echó el pelo hacia atrás y le besó el cuello mientras su mano bajaba por su costado como si memorizara cada curva de su cuerpo. Alice suspiró por su mágico contacto. Sintió un cosquilleo en sus pezones y su sexo palpitó cuando su mano subió para ahuecar su pecho. Él retorció la punta dura como una piedra entre sus dedos antes de pellizcarla ligeramente. Alice jadeó y se arqueó contra él, deleitándose en la carne rígida que se rozaba insistentemente contra su trasero. Nunca había estado tan en sintonía con otra persona. Ni nadie la había hecho sentirse tan apreciada y deseada como lo hacía Jasper. Cuando él se apretó contra ella con más fuerza, como si quisiera grabarse en su cuerpo, su deseo por él se intensificó.

Su mano se deslizó más abajo hasta que movió sus dedos entre sus rizos húmedos, rozando su inflamado botón y profundizando dentro de su acalorado centro. Alice se arqueó de manera lasciva contra él, la anticipación se enroscó en su vientre, ¡necesitaba tanto tenerle dentro! Deslizó su mano entre las piernas y le guió a su hogar.

Jasper gimió en su pelo mientras la penetraba totalmente.

— Cada vez que estoy dentro de ti es como tocar el cielo Alice.

Sonrió y se sorprendió cuando Jasper rodó para quedar de espaldas y la arrastró completamente encima de él. Pero no tuvo tiempo de considerar la nueva posición porque las manos del hombre empezaron a acariciar todo su cuerpo mientras salía y entraba de su feminidad con movimientos deliberados y acompasados.

La respiración de Alice se volvió irregular cuando él deslizó una mano entre sus piernas y frotó la humedad alrededor de su clítoris, presionándolo mientras sus dedos pellizcaban y enroscaban un rígido pezón. Su cuerpo cedió al sensual ataque y Alice gritó de placer cuando el clímax se cernió sobre ella.

Jasper la besó en el cuello y puso las manos sobre su palpitante corazón durante largo rato. Alice no estaba segura de cómo lo había hecho, pero mientras permanecía dentro de ella los incorporó a ambos, deslizándose fuera de la cama, cogiendo sus manos y envolviéndolas alrededor del ancho pilar de la cama.

Todo su cuerpo rodeaba el suyo, ya que él mantuvo sus manos sobre las suyas en el poste mientras le susurraba al oído,

— Te amo con todo mi corazón.

Ella deseaba decirle que también lo amaba, pero sencillamente no podía. No cuando le rompería el corazón una vez más antes que el alba rompiera el cielo. En cambio, extendió sus piernas en silencio para acomodarlo. Jasper bajó las manos por sus brazos a sus caderas donde las envolvió con sus dedos largos y en esas enormes manos, manteniéndola quieta para penetrarla contundentemente. Alice jadeó de placer, el corazón le palpitaba con fuerza mientras se agarraba al poste con más fuerza, arqueándose en busca de sus embestidas. Sonrió cuando recibió un gruñido de satisfacción por sus esfuerzos.

— No tomaré tu sangre hasta que lo desees, Alice. Lo prometo —dijo Jasper con voz áspera contra su cuello.

Con una mano cubriendo la suya sobre el poste, Jasper le agarró la otra mano y se la bajó al nido de rizos entre sus piernas, haciendo que ella gimiera dando su aprobación. Sus dedos guiaron los suyos, moviendo su mano sobre su clítoris mientras se clavaba dentro de ella una y otra vez hasta que sus cuerpos brillaron por el esfuerzo.

Cuando él se corrió, Alice unió sus gemidos de exaltación con los suyos hasta que lo único que oyó fueron sus pesadas respiraciones mezcladas y el firme latido de su propio corazón contra su pecho. Cuando su respiración se ralentizó, tuvo que admitir que había echado en falta el inmenso placer que sentía cuando él hundía los dientes en su cuello.

Jasper la acurrucó más cerca durante unos pocos minutos, abrazándola con fuerza antes de apartarse y levantarla en sus brazos. La besó en la sien y la dejó en la cama. Subiendo a su lado, la atrajo de vuelta contra su pecho. Alice no recordaba haberse sentido nunca tan a salvo y segura en su vida.

Dormitaron juntos durante un rato y Alice despertó sobresaltada, mirando el reloj. Eran las dos de la madrugada. Se dio la vuelta para ver cómo Jasper, tumbado a su lado, la contemplaba.

— ¿Has estado observando cómo dormía? —preguntó.

— Sí.

Ella señaló el reloj.

— Jasper, levántate y vístete, tienes que estar en la reunión en media hora.

Despreocupadamente, se tumbó de espaldas y puso las manos detrás de su cabeza.

— No voy a ir.

— ¿Qué? —el pánico se apoderó de ella. Se incorporó y le miró—. ¿Qué quieres decir con que no vas a ir?

Jasper se volvió hacia ella con expresión tranquila.

— Solo aceptaré la posición de Vité contigo a mi lado como mi compañera, como mi ánima.

— ¿Ánima? —preguntó confusa.

— Sí, mi ánima. Mi alma. Alice, tu me completas —sus ojos plateados la observaron mientras esperaba su reacción.

¡Vaya! Lamentablemente esto iba a suponer otro duro golpe para Jasper. Ella sabía perfectamente que era imposible que estuvieran juntos ya que, dentro de poco, ni siquiera sabía si tendría alma. ¿Ahora qué iba a hacer?

— Jasper, esto es una locura. Los vampiros necesitan a su líder, uno que mantenga el orden y discipline a los clanes.

Él rió.

— Correcto. Quiero que tengan al mejor líder posible —entrelazó sus dedos en los suyos y frotó su pulgar por su palma. Su mirada del color del humo se cruzó con la suya mientras seguía—. Te he esperado demasiado tiempo. Eres lo primero para mí, porque sin ti no sería un gran líder.

Alice cerró los ojos. ¡Vale! Estoy a punto de interpretar el papel de mi vida con la mentira tan gorda que voy a decir. Solamente espero que Jasper pueda perdonarme.

— De acuerdo.

Jasper se incorporó, lanzándole una espléndida sonrisa.

Ella sostuvo su mano.

— Me convertiré en tu compañera, tu ánima, pero sólo después de la ceremonia.

Ante su ceño, ella cruzó los brazos sobre sus pechos desnudos y se mantuvo firme.

— Esas son mis condiciones.

Él no parecía contento, pero Alice lo empujó de la cama.

— Apresúrate y ponte algo de ropa. Tenemos que estar abajo en diez minutos.

El hombre saltó de la cama y se vistió tan deprisa que estuvo parado frente a ella antes incluso que le diera tiempo a terminar su baño.

— ¡Oh, qué demonios, eres un presumido! — se quejó, pasando delante de él con un empujón. Jasper se rió entre dientes mientras ella cerraba la puerta detrás suyo.

* * * * *

Alice se sentó en uno de los laterales del solarium que hacía las veces de sala de conferencias. Incluso aunque Jasper hubiera insistido en que se sentara a su lado, se habría negado, explicando que aún no era su compañera y se sentaría al lado de él cuando llegara ese momento. Le dolía demasiado pensar en adoptar una posición en la mesa cuando le había mentido tanto.

Contempló las paredes color crema y el alto techo con la hermosa claraboya de cristal grabado. Le sorprendió la claraboya considerando el hecho de que los vampiros no aguantaban la luz del sol.

El cristal está muy ahumado, amor. De modo que incluso durante el día, solo se filtra la luz, no los rayos del sol —le dijo Jasper mentalmente.

Alice cruzó la mirada con Jasper y sonrió. De alguna forma sabía que él mismo había diseñado la habitación. Podría ser una criatura de la noche, pero le gustaba demasiado la luz.

Su mirada se desplazó a los hombres situados en la mesa de conferencias, hecha de rica caoba. Todos los líderes habían concurrido con excepción de Laurent, por supuesto. Emmett estaba sentado como líder de los Bruen. Charlotte flanqueaba el lado izquierdo de Jasper a la cabecera de la mesa. Su tío Peter estaba sentado a la derecha.

Charlotte echó un vistazo por la mesa.

— El primer asunto importante es elegir a Jasper como Vité. Según establece nuestro reglamento, la votación debe ser unánime. Por favor, den la vuelta al blasón para mostrar su voto.

Alice observó como el líder de cada clan ponía su veredicto con el blasón incrustado sobre la mesa. Jasper le había explicado el proceso camino de la reunión. El lado coloreado del blasón boca arriba significaba voto positivo, el lado dorado boca arriba significaba voto negativo.

Sí. Ella sonrió.

Sí. Le latía con fuerza el corazón en el pecho.

Sí. Le amaba.

Sí. Desearía poder ser tu esposa, con todo mi corazón.

Era el turno de Emmett de dejar el disco de los Bruen. Comenzó a bajarlo a la mesa cuando un estruendo sonó por encima de sus cabezas e hizo que todos los líderes saltaran hacia atrás, todos menos Jasper. No se movió, dando la sensación de que había estado esperando la intrusión.

Un hombre aterrizó con un golpe sordo sobre la mesa, fragmentos de cristal de la claraboya entraron con él. Tenía el pelo negro como la noche, una boca cruel y unos ojos tan oscuros que parecían negros. Se giró para enfrentarse a Jasper.

— ¿No tendría que votar yo en nombre de los Bruen ahora que has matado a Laurent? —se mofó.

Jasper cruzó su mirada con la imperturbable de él.

— Perdiste ese derecho cuando ayudaste a tu hermano a matar al humano, James. Laurent ya ha pagado el precio.

El cuerpo de James se sacudió encolerizado.

— Me niego a ser juzgado por matar a un cazador de vampiros.

La voz de Jasper permanecía calmada, pero contundente.

— No se te juzga por matar a un cazavampiros, James. Se te juzga por cómo le has matado. Matar en defensa propia es una cosa, pero matar por puro placer, no lo consiento. Torturaste al hombre.

James resopló.

— No es menos de lo que él me hubiera hecho a mi —se volvió a los otros líderes de los clanes, señalando a Jasper—. ¿Habéis oído lo que este amante de los humanos está diciendo? ¿Cómo podéis votar a alguien que se pone del lado de una raza inferior a cada oportunidad que tiene?

El líder del clan Arryn habló:

— Jasper, James tiene razón. No podemos recibir a los humanos con los brazos abiertos. Nos temen. Y cuando temen algo, lo atacan

Jasper se puso de pie despacio y se dirigió a los líderes.

— No pido que recibamos a los humanos con los brazos abiertos. Todo lo que pido es que aprendamos a vivir en armonía con ellos —miró de forma significativa a cada líder de clan—. Sé que muchos de vosotros tenéis amigos humanos.

— Sí, ¿pero qué dirían sí supieran que sois vampiros? —cortó James.

Jasper continuó en un tono calmado como si no hubiera sido interrumpido.

— Están aquellos que nos condenan, sí, pero sé que todos tenemos ejemplos de amigos humanos que son conscientes de nuestra condición de vampiro y pueden ver, más allá de nuestras diferencias, a la persona real que hay en nuestro interior.

Los hombres asintieron de acuerdo con su afirmación. Jasper dejó que su mirada se posara en Alice brevemente.

Te amo —le susurró mentalmente y le plantó un beso invisible en los labios antes de volverse hacia Emmett.

A Alice se le rompió el corazón por sus palabras.

— ¿Qué vota el clan Bruen, Emmett?

Emmett le lanzó una sonrisa traviesa y tiró el disco al aire hacia la mesa. Giró sobre uno y otro lado, pasó rozando el cristal roto y terminó golpeando en la bota de James, con el blasón colorado boca arriba.

James entrecerró los ojos mirando a Emmett.

— Tú no puedes votar por los Bruen.

Emmett se cruzó con su mirada desafiante.

— Ahora puedo, y mi primera sentencia es darte caza —miró su reloj y le lanzó una sonrisa sin rastro de humor a James—. Para ser justo, incluso te daré una hora de ventaja.

James rechinó los dientes encolerizado y le lanzó un sonido sibilante antes de transformarse en un cuervo, sus ropas cayeron tras él cuando salió volando por donde había venido.

Alice devolvió la mirada a Jasper. El la miró y sonrió. Su corazón remontó el vuelo por él. Parecía feliz, satisfecho. La sonrisa en su cara le trajo un recuerdo de golpe, un recuerdo de Jasper vestido con ropas de 1930, sonriéndola de la misma manera que ahora. Todas las pequeñas cosas de él que le habían parecido familiares, el café, la manera de mirarla, lo conocía. La había encontrado debido a su conexión con Maria.

Le dio las gracias a Maria en silencio cuando el Guardián apareció de repente, de pie, justo al lado de Jasper. Alice aspiró. Esta noche el hombre mayor llevaba una túnica blanca suelta, pero seguía con la gorra roja de baseball en la cabeza.

El Guardián la miró y asintió.

Sus pulmones comenzaron a contraerse y le ardía el pecho con un cortante dolor. Se formaron manchas ante sus ojos y su visión comenzó a emborronarse. Miró a Jasper y jadeando a través de las olas de agonía le habló mentalmente:

Te amo, Jasper —dijo justo antes de desplomarse.

— ¡Alice!

Sintió los brazos de Jasper a su alrededor, levantándola contra su pecho, oyó la angustia y el miedo en su voz desde la lejanía como si él estuviera hablando a través de un túnel.

— Aguanta Alice, amor.

Espero y este cap. les haya gustado. Lamentablemente este es el penúltimo capitulo ya solo falta el epilogo lo tratare de subir mañana. Bueno nos vemos en el sig. cap.

Atte.: Miss Mckarty