Puedes llamarlo acoso...
Quinto acoso
El hombre se bajó de la limusina y miró la altísima fachada del rascacielos que se encontraba frente suyo.
- Buenos días, señor Li. –Lo recibió con una reverencia el portero del edificio.
Con paso decidido se dirigió al ascensor y picó el botón de la última planta echando una mirada al reloj y sonriendo al ver que, como siempre, era puntual. Las puertas del ascensor ya se estaban cerrando cuando una mano detuvo la puerta provocando que se volviesen a abrir. Syaoran frunció su ceño al ver a una sofocada Sakura Kinomoto entrar en el ascensor, respirando entrecortadamente y a grandes bocanadas para recuperar el aliento. Sus ojos se toparon con los verdes de ella, que al reconocerle hicieron un mohín de disgusto.
El ascensor cerró sus puertas definitivamente mientras los dos se mantenían en silencio, uno al lado del otro, sin siquiera saludarse.
Los ojos de él la miraron de reojo. Ella era más baja y Syaoran le sacaba algo más de una cabeza de altura pese a que la mujer se mantenía con la espalda muy recta, completamente erguida, como queriendo demostrar que su presencia no la amedrentaba. Paseó sus ojos ámbares por el ascensor, buscando algo con que entretenerse para no pensar en nada de lo sucedido en la noche anterior.
Pero le resulto imposible.
Los dos hermanos se despidieron de las mujeres que acababan de dejar en casa de Tomoyo y el chofer de la limusina siguió la marcha hacia la mansión de los Li. Syaoran miraba por la ventana, aburrido, viendo como las luces de los otros coches pasaban por su lado velozmente. Pero notaba la mirada de su hermano sobre él, una mirada enfurecida.
- ¿Por qué has venido?
Él no hizo caso de la pregunta de Eriol, sin embargo parecía como si a éste se le hubiese acabado la paciencia pues se incorporó y lo cogió del cuello de la americana. Sus ojos se encontraron y Syaoran pudo ver que, efectivamente, la mirada del moreno era una llena de ira.
- ¿Por qué has venido, Syaoran? –Repitió.
- Sólo pasaba por ahí, Eriol.- Le contestó tranquilamente, cogiéndole la mano y haciendo que le soltase el cuello.- Ha sido una coincidencia.
- Las casualidades no existen. ¿Te has propuesto joderme?
- En realidad sólo quiero fastidiarla a ella.- El castaño volvió su vista a la ventanilla.- Se le escapó que tenía una cita contigo y simplemente lo aproveché.
- No me lo puedo creer. ¿Todo esto lo haces por la bofetada que te dio?
Syaoran lo miró un momento y luego volvió a mirar por el cristal. Ni él mismo sabía porque lo hacía. Sólo sabía que disfrutaba fastidiándola, que se entretenía sacándola de sus casillas, que le divertía verla enfadada... en definitiva, le gustaba molestarla y no sabía porqué.
- Sí. -Le contestó, contestándose a él mismo también.- Lo hago por la bofetada.
- Mientes.- Syaoran volvió a mirarlo, aburrido.- Te tomas demasiadas molestias, seguramente hayas tenido que buscar en más de un restaurante hasta dar con nosotros.
Se miraron fijamente un momento. Eriol creía que tenía razón y sin embargo no podía estar más equivocado. Ese simple pensamiento provocó que Syaoran empezara a reír ligeramente.
- Siempre llevas a tus conquistas a ese restaurante en la primera cita, hermanito.
- Vale, eso es cierto, pero no me lo creo, Syaoran.- Siguió insistiendo el moreno.- Todo lo haces tú solo y en cambio la llamas a ella para cualquier cosa. Nunca sales a cenar si no es por compromiso y en cambio hoy has venido por voluntad propia... no lo haces sólo por orgullo.
- No he pedido tu opinión. - Volvió a mirar por la ventana, cansado de la conversación.
Las puertas del ascensor se abrieron y Sakura salió directa hacia la máquina de cafés mientras él se dirigía a su despacho. Dejó el maletín sobre la mesa y se quitó la americana antes de sentarse en su sillón. Sintiéndose agobiado de repente, se aflojó la corbata un poco y pasó una mano por su cabello achocolatado que nunca lograba peinar adecuadamente.
Miró el teléfono sobre el escritorio y apretó la mandíbula. Eriol se equivocaba. Sí lo hacía por orgullo, por el orgullo que ella hirió con aquella bofetada.
-.-.-.-.-
Sakura bostezó y se llevó la taza de humeante café a los labios mientras encendía el ordenador. Odiaba los lunes por la mañana, los había odiado siempre y siempre los odiaría. Cada día le costaba horrores levantarse, pero es que los lunes eran todo un suplicio y no sabía del todo bien como acababa de llegar al trabajo, pues estaba más dormida que despierta aun. Por no hablar de que la noche anterior le había costado conciliar el sueño.
Dio un sorbo de la bebida e hizo una mueca al notar su sabor amargo. Odiaba también el café, pero sin él era incapaz de moverse. Dejó la taza encima de un montón de carpetas y apoyó la barbilla en su mano, quedándose mirando al vacío como la cosa más interesante del mundo.
Nada más llegar al edificio se había encontrado con Syaoran Li que, por aquellas coincidencias de un destino que se empeñaba en fastidiarla, estaba dentro del ascensor que tuvo que correr para coger. Odiaba el destino. Ya podía haber perdido ese ascensor, así no tendría que haberle visto la cara tan de mañana, porque al ver a ese hombre las palabras que dijo Tomoyo el día anterior se habían repetido inevitablemente en su cabeza.
"Creo que le gustas."
Ni que decir tiene que ella, en cambio, creía más bien en que su prima se inyectaba alguna sustancia extraña que le hacía decir semejantes estupideces. O eso o esnifaba tizas de colores.
La puerta se abrió sacándola –por suerte- de sus pensamientos y ella levantó la cabeza al ver como su jefe entraba al despacho, aunque un saludo murió en sus labios al verlo hecho una completa furia. Lo vio detenerse junto a su mesa, con el ceño fruncido mientras sopesaba que decir.
- Estaré en mi despacho, que no me moleste nadie.
La chica asintió con la cabeza, demasiado sorprendida al verlo tan enfadado como para preguntar qué era lo que ocurría. Justo cuando Eriol dio un paso para entrar a su despacho, el teléfono de Sakura sonó provocando que se parase en seco.
- ¿Sí? –Preguntó ella al aparato, mirando de reojo al moreno.
- Sakura¿puedes venir?
Al escuchar la voz de Syaoran el ceño de Eriol se pronunció aun más, mandando una mirada cargada de ira al telefonillo, como si así le llegase al mismo Syaoran. Sakura alzó las cejas y apretó el botón para contestar a su otro jefe.
- Sí, en seguida voy.
El hombre la miró a ella un momento y se metió en su despacho, cerrando la puerta tras de si y dejando a Sakura con una pregunta en su cabeza¿Qué había pasado entre esos dos para que el siempre sonriente Eriol Li estuviese de semejante mal humor?
Se encogió de hombros y se dirigió a ver que tripa se le había roto esta vez a Syaoran.
No tuvo ni que picar, se encontró la puerta abierta y al hombre esperándola. Entró y al verlo sentado en frente de ella, mirándola con ese entrecejo fruncido tan característico en él y hablándola con esa voz grave y autoritaria, se encontró pensando de nuevo en aquellas palabras que le dijo su prima.
No podía ser cierto¿no? Aunque sería una posible razón al porque la trataba de esa forma, ya que por mucho ego y orgullo que tuviese, Sakura opinaba que la bofetada que le pegó en su fiesta no era para tanto.
¿Y si era cierto y en realidad le gustaba a Syaoran Li?
- ¿Me estás escuchando?
- ¿Eh?
- ¿Es qué vives en una nube? Te preguntaba si has ordenado tu escritorio, hoy es lunes y hoy sí que te toca aguantarme.
"Vale, es puro orgullo y ganas de fastidiar." Se dijo Sakura, pensando en que Tomoyo definitivamente tenía que dejar las drogas y ella parar de darle vueltas a cosas absurdas e imposibles.
- Pues... –Empezó.
- No lo has hecho.
Ella alzó una ceja. Claramente que no lo había hecho, entre otros motivos porque acababa de llegar, sin embargo él la observaba esperando a que le confesara que había sido una mala empleada y no había ordenado su mesa, como un profesor que regaña a un alumno por no hacer los deberes.
- No, no la he ordenado.- Confesó, sintiéndose estúpida.
Syaoran sonrió arrogantemente y Sakura juraría que había podido ver como su orgullo se inflaba –aun más- detrás de él. Se puso de pie y se ajustó la corbata acercándose a la mujer con aquella sonrisa que ella tanto odiaba.
- Sakura, Sakura, Sakura...- Le dijo, realmente como si ella fuese una niña pequeña y él su profesor.- Verás, creo que no me entendiste el primer día cuando te dije que no quería desorden.
- Sí que le entendí...- Protesto ella.
- No, no lo hizo.- Le cortó, poniéndole una mano en el hombro para guiarla fuera del despacho.- Sino no tendrías ese caos sobre el escritorio.
- Pero es que yo sé donde está cada cosa.
- Pero yo no, y soy yo quien debe saber donde se encuentra cada cosa.
Se miraron enfurecidos, intentando aguantar las apariencias pero con los nervios completamente crispados, a punto de que se terminase la paciencia de ambos. Llegaron hasta el despacho de ella y Syaoran hizo una mueca de desagrado mientras su ceño se fruncía aun más al ver el objeto de la discusión, que seguía completamente igual.
- ¿Qué más le da que esté así?
- ¡Soy tu jefe así que si te digo que lo ordenes, lo ordenas! –Contestó, alzando la voz.
- ¡Pero es mi lugar de trabajo, cuando acabe con los documentos ya los guardaré en su sitio! –Protestó ella, gritando ligeramente también.
- ¡Pero es que no puedes tener la mesa así de desordenada!
En esos momentos estaban el uno frente al otro, Sakura de puntillas y los brazos en jarra, encarándolo mientras que Syaoran estaba con los brazos cruzados, enfrentándola.
- ¿¡Por qué!? –Preguntó ella.
- ¡Porque yo te lo digo!
- ¡Esto es abuso de poder!
- ¡¡Me da igual, puedes llamarlo acoso, si quieres!!
La puerta del despacho de Eriol se abrió en esos momentos. Los dos contrincantes respiraban con dificultad, sulfurados, después de haber gritado tanto que seguramente todos en aquella planta se habían enterado de su discusión, sin embargo tardaron unos segundos en advertir que estaban siendo observados.
Poco a poco giraron sus rostros con el ceño fruncido para ver quien los miraba y al encontrarse a la persona que mantenía la puerta abierta sus expresiones pasaron al asombro completamente sincronizadas.
- Ya me parecía haber reconocido su voz.
Ieran Li los observaba con expresión seria a pesar de que no podía disimular un ápice de sorpresa ante la escena que acababa de presenciar. Syaoran carraspeó y dejó de encarar a Sakura para recobrar la compostura y saludar debidamente a su madre.
- ¿Es él? –Preguntó una voz a espaldas de Ieran, con un fuerte acento.- ¡Sí, Xiao Lang!
Una mujer alta, ataviada con un vestido de corte chino y el largo pelo moreno recogido en dos moños, salió corriendo en cuanto vio al hombre para, segundos después, colgarse a su cuello en un fuerte abrazo que lo tomó por sorpresa tanto a él como a Sakura.
- ¿Me-Mei Ling...? –Preguntó Syaoran, completamente aturdido.- ¿No estabas en china, qué haces a...?
No pudo acabar la frase, los labios de ella no le dejaron acabar.
Sakura vio con la boca abierta como la mujer besaba a su jefe como si le fuese la vida en ello, colgada al cuello de Syaoran, revolviéndole el pelo con las manos mientras sus labios jugueteaban con los de él y su lengua se adentraba en su boca para explorarla. Syaoran no parecía saber muy bien que hacer. En un principio no supo reaccionar a tiempo pero poco a poco fue contestando el beso hasta que finalmente la agarró por la cintura, entregándose por completo a los labios de esa mujer... A quien, por algún motivo, Sakura quería mandar ahora mismo de vuelta a china de una patada.
Un carraspeo de Ieran logró que al fin separasen sus labios, pero ella no se soltó de su agarre, mirando al hombre con una sonrisa que Sakura calificó como "He echado de menos comerte la boca como si me fuera la vida en ello" y que probablemente prometía muchas horas más para recuperar el tiempo perdido.
- Mei Ling... –Carraspeó Ieran.
- Lo siento.- Se disculpó la aludida, soltando al fin el cuello de Syaoran y haciendo una pequeña reverencia a Ieran.- Hacía mucho que no lo veía, siento mi entusiasmo.
Sakura tuvo que contener un bufido de incredulidad. Eso no había sido entusiasmo, prácticamente había sido canibalismo y no parecía para nada arrepentida del hecho... Aunque no era que pareciese que al hombre le importase tampoco.
- ¿Pero que haces aquí?
La pregunta de Syaoran provocó que la castaña dejase de mirar a la recién llegada como si la fuera a matar en cualquier momento y en cambio dirigió sus ojos a él, quien estaba incómodo, sonrojado y miraba a todos los presentes sin saber que hacer exactamente. Las cejas de Sakura se alzaron en completa sorpresa. ¿Quién era ese hombre tan cohibido y que habían hecho con el Syaoran Li gruñón que ella conocía?
- Creo que primero debería presentarse.- Apuntó Ieran mientras miraba a Sakura.- La señorita Kinomoto parece un poco desconcertada.
- Tiene razón, disculpe mi falta de modales.- Dijo la otra mujer, haciendo una pronunciada reverencia.- Me llamo Mei Ling Li, acabo de llegar de china y soy la prometida de Xiao Lang.
- ¿Ah...? –Sakura la miró con la boca abierta. ¿Había dicho prometida?- Digo... Soy Sakura Kinomoto, encantada de conocerla.
Se inclinó ligeramente y miró a la chica y luego a Syaoran. ¿Prometidos? No sabía que él estuviese prometido... claro que, de hecho, no sabía nada de él.
- ¿Sakura¿Sakura Kinomoto? –La morena la miró a ella con sorpresa mientras se acercaba para analizarla.- ¡Sí que eres tú, esos ojos son inconfundibles¿Eres la prima de Tomoyo, no? –La castaña asintió, aturdida.- ¿No te acuerdas de mí? Coincidimos una vez en casa de tu prima, hace años, cuando vine por última vez a Japón.
- Pues... –La miró de arriba abajo, intentando recordarla.- Lo siento, pero la verdad es que no...
- Oh, vamos, hicimos una guerra de almohadas y tú acabaste acorralada debajo de Tomoyo... ¡Te tienes que acordar!
- ¡Fuiste tú! –Exclamó, acordándose de aquella anécdota.- ¡Tú me diste con aquella almohada de lleno en la cara!
- ¡Sí! Acabaste llena de plumas... –Rió.- ¿Qué tal está tu prima?
- Pues...
- Vale, ahora que todos nos conocemos...- La voz de Eriol les hizo dar un respingo a ambas, devolviéndolas a la realidad.- Madre me estaba explicando que hace Mei Ling aquí, antes de que vuestros gritos la interrumpieran.
- Perdón... –Murmuraron Sakura y Syaoran, mirando a lados diferentes, sabiendo que se refería a la discusión de antes.
- Mei Ling es la prometida de Xiao Lang, así que creí conveniente que estuvieran más tiempo juntos.- Se explicó Ieran e hizo una pausa para mirar a los presentes.- Además, será su nueva secretaria.
Todos, a excepción de Eriol, se giraron a mirar a la mujer con completa sorpresa, pensando que debía de estar bromeando, sin embargo la expresión seria y calmada de Ieran Li no dejaba lugar a dudas.
- ¿¡Qué!? –Dijeron los tres al unísono.
Ieran y Eriol sin embargo sonrieron, complacidos por la reacción ante la noticia.
-.-.-.-.-
- Este será tu despacho, el mío es aquel...
Sakura estaba al lado de la puerta, mirando como Syaoran le enseñaba las oficinas a la nueva empleada. Se mantenía con los brazos cruzados y una expresión de hastío que se acentuaba cuando Mei Ling se reía de algún comentario poco ingenioso del hombre, pero que para ella parecía tener mucha gracia. No podía creer como podía ser tan hipócrita... Y ese desgraciado de Syaoran, le parecía imposible que pudiese llegar a ser tan encantador y atento con una mujer, cuando con ella se comportaba de aquel modo tan desagradable. ¡Si casi parecían dos personas distintas!
- Los documentos te los facilitará Sakura, ella te dirá donde se encuentra cada cosa... siempre que consiga encontrarlos en ese caos que tiene como mesa.
Ahí estaba, aquel comentario mordaz, cargado de ironía y acompañado de aquella sonrisa petulante le pegaban muchísimo más.
- Espero no ser una molestia mientras aprendo...
- No, en absoluto. ¿Verdad, Sakura?
La castaña sonrió de manera forzada. En realidad no habían esperado que contestase pues se habían puesto a hablar como si ella no estuviese delante. Y ahí estaba ella, siendo ignorada mientras los veía reírse de las anécdotas que se contaban entre ellos, después de tanto tiempo sin verse.
Suspiró y dio media vuelta, dirigiéndose a su propio despacho.
Mei Ling ni siquiera se dio cuenta de que se iba. Syaoran cruzó una breve mirada con ella pero no la retuvo. Ni siquiera le había exigido saber donde iba. Para su fortuna parecía que la llegada de la china, además de una cantidad importante de trabajo menos, también suponía no tener que aguantar las exigencias del arrogante de su jefe durante toda la jornada.
Se sentó en su silla y miró el montón de documentos que tenía esparcidos por toda la mesa, recordándose inevitablemente de la discusión absurda que habían mantenido hacía apenas unos momentos y que daba la sensación de que ya no importaba a Syaoran. Mejor, pensó ella, así no tendría que recoger todo aquello.
- ¿Sakura? –Se giró ligeramente para ver a Eriol, quien la miraba desde el marco de la puerta de su despacho.- Que bien que el pesado de mi hermano ya tenga una secretaria¿verdad?
- Sí... –Murmuró, repiqueteando las uñas sobre la madera.
Le parecía increíble que aquella fuese la misma chica que vio años atrás, en casa de su prima. En presencia de los demás, sobre todo de Ieran, era condenadamente estirada y educada pero sinceramente, prefería aquella Mei Ling que conoció en una guerra de almohadas y que había podido entrever antes, mientras hablaban de ello.
- Así ahora no te molestará tanto... –Siguió él.
- Cierto...
¿Y qué le pasaba a Syaoran, se había vuelto estúpido? Porque le parecía imposible que aquel fuera el verdadero Syaoran Li. Aunque si se paraba a pensarlo prácticamente no conocía a ese hombre, así que lo más seguro es que fuera tal y como le había dicho su prima y únicamente fuese un ogro con ella porque hirió su orgullo... Por lo tanto era perfectamente posible que ese fuera el verdadero Syaoran, el que bromeaba con Mei Ling a pesar de tener siempre el ceño fruncido¿no?
- ¿Me estás escuchando?
- Ahá... Oye, Eriol... ¿Tú hermano nunca deja de fruncir el ceño?
Eriol la miró un momento antes de suspirar y negar con la cabeza.
- Veo que no me estabas escuchando.
Sakura alzó las cejas al ver como se volvía hacia su despacho. ¿Ahora era Eriol el que fruncía el entrecejo? Los miembros de la familia Li la volverían loca a ese paso, estaba claro que nunca llegaría a entenderlos.
Se encogió de hombros y decidió seguir con su trabajo, ya que sería más provechoso. Cogió la taza de café que había en medio de aquel caos y dio un sorbo. La mueca de asco no se hizo esperar mientras desterraba aquella taza junto con el montón que había en un rincón de la mesa. Odiaba el café frío.
To be continued...
Notitas varias: Antes de nada: Feliz dos mil ochoooooo, comamos bizcochoooooo!! XD
Ahora mismo estoy compleeeeetamente muerta de sueño... así que si digo alguna incoherencia no os preocupéis, es normal... Pero intentaré comentar el cap un poco así... hmmm ¿qué pasaba? Ah, sí xD Aquí tenéis la nueva secretaria, tan-tara-ráaaaa!! Una fogosa y medio esquizo (eing?) Mei Ling que tendrá un papel crucial en la historia porque, como habéis leído... es la prometida de Syaoran (aunque eso Sakura no lo supiera XD) y como tal liará aun más la cosa... Además este personaje me mata escribirlo, siempre se me va de las manos así que esperaos cualquier cosa de ella... espero no hacerla muy ooc¿lo es? Hmmm... Bah, es igual! XD
Por cierto, Sakura NO está celosa u3u os lo imagináis.
Y bueno, como habéis podido comprobar este cap ha tardado dos semanitas.. lo siento pero me temo que seguirá así hasta febrero... Entre las fiestas de navidad y que este mes tengo exámenes de la uni, pues no tengo mucho tiempo material para escribir ni para colgar capítulos... así que sintiéndolo muchito por el momento tardaré un poco más en subir cada cap, intentaré (no prometo nada) que sea cada dos semanitas, comparada con la una a la que os tengo malacostumbrados es un asco, pero al menos no es un mes... xD
Gracias a los que me dejáis reviews (sobre todo a los que no intentáis convencerme del Eriol-Tomoyo, jeje, pero a éstos también gracias n.n) espero que siguáis apoyándome con vuestros comentarios... yo, por el momento, sin más que añadir (de hecho sí, pero tengo demasiado sueño...) me despido hasta que pueda reaparecer por aquí... Bye bee!!
