Puedes llamarlo acoso...
Sexto acoso
El bolígrafo no paraba de dar vueltas entre sus dedos mientras leía aquel aburrido informe que se suponía debía revisar antes de entregar. Leyó la misma línea por enésima vez, sin saber aún de que hablaba el texto la releyó de nuevo y finalmente desistió, tirando el boli sobre la mesa mientras soltaba un bufido. Definitivamente no tenía ganas de leer aquello. Era aburrido. Completa, absoluta y mortalmente aburrido y ella ya estaba lo suficientemente aburrida como para tener que leerse aquello para aburrirse aun más.
Porque sí, estaba aburrida, aburridísima.
Aquella era la tercera mañana que pasaba así, sin moverse de su silla, leyendo informes que Eriol le entregaba, pasando algún dato al ordenador o simplemente mirando el vacío. Y estaba empezando a ponerse histérica. Durante sus primeros días hubiese dado cualquier cosa por aquella tranquilidad, sin jefes mandones que le ordenasen un sinfín de tareas sólo por capricho, pero aquello ya era pasarse. Necesitaba un poco más de acción, que pasara algo interesante, se había acostumbrado al trabajo continuo y desde luego echaba de menos aquella frenética actividad.
El telefonillo de encima su mesa sonó de repente y ella no tardó en cogerlo, casi con desesperación.
- ¿Sí?
- Ah... ¿Sakura...? - Era la voz de él, no cabía duda.- Lo siento, me he equivocado...
- Ya... La costumbre...
- Sí...- Se quedó un momento en silencio y Sakura se obligó a contener un suspiro de hastío.- Perdona, ahora llamo a Mei Ling.
Volvió a colgar el aparato. ¿Ya iban cuántas, seis, siete veces? Por costumbre él marcaba el número de su despacho en lugar del de Mei Ling... Para luego disculparse y volver a colgar, sin decir nada.
Desde que Mei Ling trabajaba en aquella oficina Syaoran la tenía a ella, la llamaba a ella, le pedía cualquier cosa a ella, la incordiaba a ella... y Sakura no hacía más que aburrirse y pensar que antes todo era más divertido, estaba cansada y odiaba a su jefe, sí, pero ante la nueva situación se veía en la obligación de admitir que al menos antes se divertía en el trabajo, yendo de un lado a otro a las ordenes de aquel hombre caprichoso.
Pero Syaoran ya no le ordenaba nada. Ni siquiera se habían vuelto a ver desde el lunes, a pesar de que sólo estaba en el otro lado del edificio. Miró a la pared de su izquierda, imaginando el despacho de metros más allá, donde probablemente Mei Ling estaría recibiendo el encargo de Syaoran. ¿Qué sería, ordenar los archivadores del almacén o tal vez revisar todos los contratos del último mes? Suspiró. Seguramente todo eso sólo se lo hiciera a ella, a Mei Ling le pediría... ¿qué, un café con mucha espuma y un único terrón de azúcar?
Y en cambio ella se aburría como una ostra...
El teléfono volvió a sonar y esta vez apretó el botón del manos libres con desgana.
- ¿Hm...? –Musitó.
- ¿Sakura, puedes venir un momento? Necesito que me hagas una cosa.
- En seguida voy...
Se levantó pesadamente de la silla saliendo fuera de su despacho y no hubo avanzado ni tres metros cuando se detuvo y dio media vuelta. Maldita costumbre. No era la primera vez que le pasaba, la llamaba Eriol y ella por inercia se dirigía hacia el despacho de su hermano.
- ¿Qué quería? –Preguntó al abrir la puerta.
Eriol no contestó pero Sakura sintió como un escalofrío le recorría la espalda, aquella sonrisa de él sólo era el preludio de lo que vendría a continuación. Se puso nerviosa e intentó mirar a cualquier lado menos a aquellos ojos azules que desde el lunes la desnudaban cada vez que la miraban, provocando que se sonrojara completamente. Ella no solía darse cuenta de esas cosas, pero es que últimamente era tan descarado que incluso un ciego lo vería, y a pesar de que intentaba hacerse la desentendida cada vez le era más difícil. Y más teniendo en cuenta las indirectas –o más bien, directas- que le echaba.
- Sí. –Dijo él al fin.- Quisiera que enviases esto por fax y luego se lo lleves a Syaoran. Es sobre la junta de mañana, así que corre algo de prisa.
Eriol la miró con aquella sonrisa picara y alzó una hoja meciéndola en el aire. Sakura asintió con la cabeza y se acercó a cogerla y, aunque ya se imaginaba que haría eso, no puedo evitar soltar un bufido cuando él movió la hoja para evitar que la alcanzara.
- Si me lo da, podré mandarlo.- Protestó.
- Ya, pero entonces no sería divertido.- Sonrió él.- Sal conmigo este domingo a cambio.
Ella puso los ojos en blanco y le arrebató el papel de mala manera.
- No puedo, Eriol.
- Sí puedes.
- No, no puedo... no lo entiendes, no...
Cada vez que Eriol le pedía una cita y ella se negaba no podía evitar sentir cierta congoja en el pecho, no le decía que no por simple capricho, Sakura se lo pasaba muy bien al lado de Eriol y sabía que no estaría mal darle una oportunidad, aunque a veces él la asustase yendo tan rápido, el miedo no era el único motivo para negarse.
- No, no entiendo porqué no me das una oportunidad, si es a lo que te refieres.
- No... –Ella negó con la cabeza.- No es eso...
Bajó la mirada, recordando el accidente de coche que le impedía siquiera pensar en ser feliz. Aun tenía la perdida de sus padres demasiado reciente como para olvidar el dolor que sentía y darle una oportunidad a Eriol, por eso lo rechazaba, porque estaba en una situación que quería sobrellevar sola, a pesar de que él no sabía el motivo. Y no tenía porque saberlo. No quería la compasión de nadie, le bastaba con que entendiese que aun no podía pensar en salir con alguien, que aun no estaba preparada para ello... y menos esa semana. Además habían cosas más importantes ahora, como conseguir el dinero suficiente para comprar un pequeño apartamento y empezar una nueva vida.
Porque eso era lo que quería empezar, una nueva vida, pero sin la ayuda de nadie.
Sin embargo al alzar la vista se dio cuenta de que parecía no entenderlo.
- Seguiré insistiendo, Sakura, hasta que cedas.
Ella negó con la cabeza y salió de ahí, no valía la pena volver a discutir algo que él se negaba a entender. Sólo le quedaba armarse de paciencia y no ceder, como él decía que acabaría haciendo.
-.-.-.-.-
Syaoran se quedó mirando el teléfono sobre su mesa. ¿Cómo había podido equivocarse de nuevo? Ella le había dicho que era la costumbre pero¿costumbre de qué? Sakura sólo había pasado una semana siendo su "esclava", no había sido tanto tiempo como para acostumbrarse a ella. Aunque como no había parado de llamarla durante aquella semana, quizá sí que se había acostumbrado a marcar aquel número.
De mala gana fue a llamar a Mei Ling, pero su mano se quedo suspendida a medio camino del teléfono. Ahora lo entendía todo. No es que se hubiese acostumbrado, es que inconscientemente prefería llamar a Sakura porque era más divertido meterse con ella y hacerla rabiar.
En cambio si llamaba a Mei Ling...
- ¿Puedes venir?
Una voz en el teléfono le dijo que enseguida iba y no pasó mucho tiempo antes de que la puerta de su despacho se abriera y una sonriente morena hiciera acto de presencia.
- ¿Qué quiere mi lobito?
... Si llamaba a Mei Ling era a él a quien hacían rabiar.
- Te he dicho que no me llames así.- Se quejó.
- Pero a mi me gusta, te queda bien.- El ceño fruncido de el hombre daba a entender que él no lo veía igual.- ¿Cómo quieres que te llame entonces?
- ¿Syaoran, por ejemplo? –Opinó burlonamente.
- Es que así no es divertido.
- Para mi no es divertido que me llames "lobito". Además, soy tu jefe, si sigues así te...
- ¿Me qué? No puedes despedirme, Xiao Lang, tú madre no te lo permitiría... ¿O es te referías a otra cosa?
Él se sonrojó ante aquella mirada pícara. Odiaba que Mei Ling no se amedrentase ante él, es más, hacía que fuera él quien se cohibiera ya que cada vez que estaban a solas la mujer se le lanzaba al cuello –o a la boca más bien- como si la loba fuera ella.
- Quería pedirte que me trajeras la carpeta con los ingresos de este mes.- Le pidió, cambiando de tema.- Hay algo que no me acaba de cuadrar y quisiera revisarlo antes de mañana.
Mei Ling se había acercado hasta sentarse sobre su mesa y lo miraba fijamente, con aquella mirada Syaoran ya sabía perfectamente lo que quería y por ello no se sorprendió cuando se inclinó sobre el mueble hasta que sus rostros quedaron separados por sólo un par de centímetros.
- Espero que me compenses por ello.- Susurró contra los labios de él.
- Mei Ling... estamos trabajando.
- ¿Y... -La mano que no aguantaba su peso sobre la mesa se deslizó por el pecho de él.- Te molesta que te haga... esto?
Sus dedos se enrollaron en la corbata hasta agarrarla fuertemente y tirar de ella, haciendo que Syaoran se viera obligado a avanzar y poner fin a la separación que había entre los dos. Los labios de Mei Ling capturaron los suyos con desenfreno y sus lenguas se entrelazaron ferozmente, profundizando el beso, provocando que se volviera tan húmedo y excitante que ambos notaron como un calor insoportable se apoderaba de ellos.
Ella se vio atrapada por los brazos de Syaoran que la atraían hacia él y pronto se vio completamente sentada sobre la mesa mientras varias carpetas y hojas caían al suelo provocando un pequeño estrépito.
- ¿Señor... Li...? Oh... –Los dos se separaron al escuchar aquella voz a sus espaldas.- Vaya, veo que estánocupados...
Sakura estaba frente la puerta que se había quedado abierta, con un papel en las manos y mirándolos fijamente, primero con sorpresa y luego con incredulidad mezclado con algo que parecía rabia. Durante un momento ninguno se movió, sin saber que hacer ni que decir, finalmente fue la castaña la primera que reaccionó, disculpándose escuetamente y girando sobre sus talones para dar media vuelta e irse por donde había venido.
Syaoran casi saltó de su silla cuando la vio irse. Dio un par de pasos, vacilante, no sabiendo si ir detrás de ella o no ya que por una parte su orgullo se negaba a avanzar un sólo paso más pero algo en su cabeza le gritaba que la siguiera.
- Ya voy yo.- La voz de Mei Ling le sobresaltó, ni siquiera se había dado cuenta hasta ahora de que había bajado de la mesa.- Tampoco hace falta que te exaltes tanto, sólo es Kinomoto.
- No me he exaltado.- gruñó él, frunciendo el ceño.- Lo que ocurre es que Saku... Kinomoto es una empleada, y tengo una imagen que mantener.
Mei Ling sonrió, aunque a Syaoran le pareció que no se había creído ni una palabra. ¡Pero era la verdad! No podía echar a perder la imagen que tenía como presidente de la compañía, severo y reservado, adicto al trabajo y siempre eficiente, si algo como eso que había ocurrido le destrozaba aquella imagen, los empleados ya no lo respetarían.
Parpadeó al encontrarse sólo en el despacho. ¿Cuándo se había ido Mei Ling?
-.-.-.-.-
Entró en su despacho hecha una furia, dio un par de vueltas sobre si misma y bufó intentando tranquilizarse.
Por el contrario de lo que pudiera parecer, no estaba enfurecida por lo que acababa de ver. Bueno, sí, pero no porque estuviera celosa ni nada parecido. ¿Quién podría estar celosa de algo así? Estaba furiosa porque le parecía increíble la poca seriedad de ese hombre.
En un principio aguantó toda su dictadura porque le pareció que todo lo hacía por el bien de su empresa, a parte de para joderla a ella, claro. Al menos le consideraba un profesional. Caprichoso, fastidioso, consentido y muy mandón, pero un profesional al fin y al cabo pues parecía que para él la empresa era lo primero.
¡Pero ahora se lo acababa de encontrar prácticamente tirándose a su secretaria encima de la mesa¡En pleno horario laboral¡Y con la puerta abierta, encima! Seguramente para que el resto de esclavos que eran sus empleados vieran lo bien que se lo pasaba su jefe y el favoritismo que tenía con su nueva secretaria sólo por el hecho de que era su prometida.
Eso era lo que más rabia le daba, sí¡el favoritismo! Ella había trabajado como una loca para contentar las exigencias del gruñón de Syaoran Li, pero Mei Ling únicamente tenía que calentarle la bragueta para no tener que hacer nada.
- ¡Aaaaagh! –Gritó mientras se dirigía a la puerta del despacho contiguo y la abría de golpe.-
- ¿Qué pasa? –Preguntó Eriol, mirándola con sorpresa.
- Que tu hermano está demasiado ocupado con Mei Ling, así que esto se lo das tú luego.
Se acercó a la mesa y le lanzó la hoja de papel, provocando que Eriol alzara las cejas un momento y luego las frunciera al ver la cara que llevaba Sakura.
- ¿Porque me suena como si estuvieras celosa? –Preguntó.
- Noestoy celosa.- Gruñó ella.- Me da rabia que se comporten así de poco profesional en horario laboral, eso es todo.
- Pues te recuerdo que tu horario laboral aun continua, así que tendrás que entregar ese papel.
Sakura lo miró con fastidio, tenía razón, y estaba empezando a odiar cuando Eriol tenía razón pues siempre ponía esa sonrisa que a ella se le antojaba demasiado parecida a la de su hermano.
- Está bien. –Suspiró, derrotada.- Se lo llevaré más tarde... ¿Crees que en media hora hayan acabado?
Se inclinó para recuperar la hoja pero Eriol lo aprovechó para agarrarle de la muñeca y tirar de ella, provocando que trastabillara y cayese prácticamente sobre la mesa. Lo próximo que vio fue el rostro del moreno a pocos centímetros del suyo.
- Pues no lo sé, pero se me ocurre una manera de entretenerte durante ese rato...
Ella tragó saliva. Esa frase tan sugerente, junto con el tono susurrante, esa mirada ávida casi lasciva y esa sonrisa perversa no podía ser más explicitas. Parecía que por fin Eriol Li se había cansado de las sutilidades y había pasado al ataque directo. Y tan directo... pensó Sakura, cuando los labios de Eriol se toparon suavemente con los suyos durante un instante, antes de atraparlos por completo y empezar un lento y sabroso baile que la dejó paralizada.
¿Cómo había acabado así? Porque, de buenas a primeras y sin saber porque¡Eriol la estaba besando! Es decir, su jefe la estaba besando, con todo lo que eso conllevaba. Pero, siendo sinceros, lo hacía realmente bien y ella era humana...
Sin embargo faltaba algo. Con Eriol no podía disfrutar del beso, por muy bien que besara, por muy buen partido que fuera o por muy atractivo que le pareciese. Simplemente no podía besarlo porque no estaba enamorada de él. Se intentó apartar, ya que seguir significaría dar un paso más en una relación que ella no quería, y menos en esos momentos, pero un nuevo tirón en su brazo la volvió a hacer caer sobre la mesa mientras sus labios volvían a ser envueltos por los de él.
- Eriol... no... –Logró murmurar, mientras se apoyaba en el mueble para incorporarse.- Para...
- ¿Por qué no, simplemente, disfrutas? –Murmuró él, lamiéndole los labios.
- ¡Para!
Se zafó de él esta vez con más fuerza, poniéndose de pie y alejándose del escritorio y de Eriol. ¿Disfrutar? Ella no podía disfrutar, no podía permitírselo, menos si pensaba en que día era mañana. Pero parecía que nadie quería entenderlo y menos él. Agarró el papel con la mano y se lo quedó mirando unos segundos con expresión gélida.
- No vuelvas a hacer eso, por favor.- Dio media vuelta y salió del despacho tan rápido como se lo permitieron sus pies.
Ni siquiera se dio cuenta de la mujer morena que estaba apoyada en la pared, al otro lado de la puerta y que había presenciado toda la escena.
- Vaya, vaya... –Dijo, asomándose dentro del despacho.- Que interesante, no sabía que te iban las reprimidas, primito.
- ¿Estabas espiando, Mei Ling? –Cuestionó Eriol, recostándose sobre su sillón.
- No, simplemente vine a justificar mi escenita con Xiao Lang, ya que parece que a él le importaba demasiado lo que pensase esa tal Sakura.- Hizo una mueca y se sentó en la silla frente el moreno.- Pero ya veo que vosotros también os lo pasáisbien.
- De hecho no. No quiere ceder y parece demasiado interesada en el zoquete de mi hermano.
- ¿Interesada? A mi me dio la impresión que no lo soportaba... Xiao Lang sí que parece interesado. Y tú también... ¿Qué tiene ella que no tenga yo?
- No lo sé.- Se encogió de hombros y luego negó con la cabeza.- Pero no me haría nada de gracia perder contra Syaoran.
- Y a mi no me haría gracia perder a Xiao Lang.
Ambos se miraron en silencio, completamente serios. Hasta que una sonrisa enigmática asomó en los labios de ambos primos.
-.-.-.-.-
Se encontró en el lavabo antes de que pudiera pensar siquiera donde iba. Parecía que los hermanos Li querían volverla loca, el uno con sus caprichos arrogantes y el otro con su juego de seducción. En los últimos dos meses su vida había cambiado radicalmente, primero perdiendo a sus padres, luego su casa y finalmente su empleo, pero en la última semana todo se había vuelto aún más surrealista y sus nervios estaban empezando a crisparse.
No debió haber aceptado ese trabajo, era demasiado para ella, no era su mejor momento y desde luego no estaba preparada para soportar tanto estrés.
Se metió en uno de los cubículos, bajó la tapa del inodoro y se sentó sobre ella, subiendo sus pies a la taza y abrazándose las rodillas para apoyar la cabeza en ellas. Después de la bofetada que le dio a Syaoran no le impresionó que él quisiera fastidiarla, pero si él era cabezota ella no se quedaría atrás, lo había retado el primer día y desde entonces no habían parado de pelearse, siempre guardando las apariencias, una guerra psicológica que a veces acababa a gritos o simplemente con la victoria de uno y la derrota de otro, que no tardaría en vengarse. Había sido como un partido de tenis donde se iban turnando la pelota, primero uno atacaba y luego el otro respondía y sin embargo desde que Mei Ling había venido todo había terminado, tan rápidamente que incluso parecía imposible. "Set, juego y partido para Mei Ling Li", le dijo una vocecita en la cabeza mientras unos pasos resonaban dentro del baño, no dándoles la menor importancia, ni siquiera cuando la puerta del cubículo de al lado se cerró.
Por otro lado estaba Eriol. Lo suyo ya no era simple filtreo, era prácticamente acoso sexual y poco a poco empezaba a entender la advertencia de Tomoyo sobre que era un ligón. Trabajar con Syaoran le estresaba, pero ser la secretaría de Eriol la incomodaba sobremanera y ahora que se pasaba todo el día en su despacho sin salir a hacer recados cada dos por tres, estaba más al alcance del moreno que nunca. Siempre que la llamaba intentaba conseguir algo, ya fuera una cita, un beso o un polvo rápido sobre la mesa que por suerte no había llegado a suceder pues había podido pararle los pies por el momento, sin embargo la misma vocecita de antes le preguntó cuanto más duraría evadiendo sus ataques.
Además, para acabar de arreglarlo todo, estaba la fecha de mañana que la ponía más nerviosa que de costumbre y no ayudaba para nada.
Una cisterna sonó y Sakura supuso que llevaba demasiado tiempo ahí encerrada, se encontró con que tenía los ojos humedecidos y se los secó con la mano furiosamente mientras bajaba de la taza y abría la puerta. Justo en el mismo instante en que la de al lado se abría también permitiendo que esmeralda y ámbar se toparan.
- ¿Sakura? –Preguntó Syaoran, como si no fuera obvio quien era.
Se quedaron un momento en silencio, completamente incómodos y sin saber exactamente que hacer o decir. Finalmente ella recordó el papel que aun llevaba en la mano y se lo tendió sin decir ni una sola palabra, sólo esperaba que al menos no se hubiese percatado de que había estado llorando.
- Siento la interrupción de antes.- Murmuró ella, yendo frente al espejo y suspirando al ver que por lo menos no se le había ido el maquillaje con aquellas pocas lágrimas.- Ese documento es sobre la junta de mañana, Eriol dice que es importante.
- Yo... –Sakura lo miró a través del reflejo y se sorprendió al verlo un poco sonrojado.- Siento que hayas tenido que ver... eso.
- No pasa nada, parece que los hombres Li tenéis cierta predilección por el acoso sexual a las secretarias.
- ¿Qué quieres...?
Salió del baño antes de que él acabara la pregunta. Estaba claro que necesitaba una vacaciones antes de que todo eso acabase con ella.
-.-.-.-.-
Miró su reloj por decimoquinta vez en el último minuto. La junta de empresarios tendría lugar dentro de cinco minutos y no podía permitirse que nada saliese mal, así que estaba revisando todos y cada uno de los documentos que tenía sobre la mesa, en el sitio que ocupaba en aquella gran sala de juntas. Volvió a mirar su reloj. Eriol tendría que haber llegado ya, al igual que sus dos secretarias que tendrían que tomar nota de todo lo que se hablase en aquella importante reunión.
- ¿Dónde se han metido?
A decir verdad, Eriol no le importaba, solía ser muy puntual y no dudaba de la eficacia de Mei Ling, pero Sakura... Sakura era otro cantar, ella sí solía ser impuntual a menudo, y por eso le preocupaba que llegase tarde precisamente aquel día. Sin embargo su preocupación se esfumó al verla entrar por la puerta, dirigiéndole una escueta mirada antes de ir hacia el perchero. Después de no verla durante toda la semana, ayer por fin se cruzaron un par de veces y no la había notado cambiada, sin embargo al verla ahora no pudo evitar abrir la boca completamente sorprendido.
Syaoran siempre vestía de negro, de negro y verde, le gustaban varios colores más, pero encontraba que el negro y el verde eran los idóneos para él, y le gustaban, le gustaban muchísimo. No así el blanco. El blanco para él era el color más insulso y con poca personalidad que existía, le parecía soso y por nada del mundo accedería a vestirse de blanco. Pero ante la visión que tenía frente él pensó que el blanco no era tan mal color, después de todo, y no podía evitar pensar que a Sakura Kinomoto le sentaba como un guante.
Porque iba toda de blanco.
Y cuando se refería a toda era a toda. El traje de falda y chaqueta eran blancos, la camisa, blanca, la diadema que lucía hoy, blanca, los zapatos, también blancos, el abrigo que acababa de colgar, blanco, la bufanda que ahora dejaba en el perchero, blanca, el maletín... Ah, no, por suerte el maletín era el mismo de siempre, marrón oscuro.
¿Pero donde iba tan, tan, blanca?
Cuando se giró de nuevo se dio cuenta de que su cara también estaba blanca, completamente pálida. Por suerte sus ojos seguían siendo igual de verdes... pero había algo que fallaba en ellos. No estaban blancos, pero sí vacíos.
- ¿Sa...?
- Buenos días.- La voz cantarina de Eriol cortó la pregunta que iba a hacer.- ¿Preparados para una fructífera reunión? Los demás ya han llegado, Mei Ling los esta guiando hasta aquí.
Él asintió y frunció de nuevo su ceño. Era el presidente de aquella sucursal de la compañía Clow. Ahora tenía que centrarse en aquella reunión.
-.-.-.-.-
Syaoran soltó un bufido exasperado mientras recogía todo el papeleo y lo metía dentro de un portafolio. La junta no había ido mal. Los tratos se habían llevado a cabo tal como tenía planeado e incluso habían llegado a algún otro acuerdo que beneficiaría a su empresa todavía más. Pero estaba frustrado.
Frustrado y enfadado consigo mismo.
Durante toda la reunión no había podido evitar lanzar alguna que otra mirada a la secretaria de su hermano. Ella se había mantenido sentada en un rincón, junto con Mei Ling, escribiendo los datos importantes que se discutían, ajena a sus miradas... y a las de más de un hombre que Syaoran se había encontrado mirándola indiscretamente.
En medio del discurso del presidente de una pequeña empresa, Syaoran se había encontrado preguntándose que le ocurriría a aquella mujer. No sólo por que no se daba cuenta de que era observada con más que curiosidad o admiración por parte de más de uno, sino porque nunca se mantenía tan callada, tan seria, tan quieta, tan... tan poco Sakura Kinomoto.
Frunció más el ceño y soltó otro bufido. Era obvio que le ocurría algo y la curiosidad le podía, tenía que saber que era lo que la preocupaba así que cuando la vio salir por la puerta con el maletín en una mano y el abrigo en la otra, no lo dudó más y la siguió.
- ¡Ei, Kinomoto¡Oye! –Ella no paró en seguida pero finalmente pareció resignarse y se detuvo para encararle.
- ¿Qué quiere, señor Li?
Syaoran sintió como su propio ceño se fruncía aun más, si eso era humanamente posible. ¿Dónde estaba el tono gruñón de la Sakura que conocía? Aquella frase no había tenido ni una pizca de enfado, ni siquiera reproche o fastidio. Había sido un tono cansado... ¿triste? Sí, triste... incluso su rostro no estaba con la acostumbrada mueca de molestia, sino con una apática y totalmente carente de emoción.
Sakura dio media vuelta para irse al ver que no le contestaba pero Syaoran la retuvo por un brazo. Cuando se giró de nuevo pudo ver que sus ojos estaban apagados, tal como le había parecido en un principio.
- Eh... –Abrió la boca, sin saber muy bien que decir, pero pronto recuperó su imagen arrogante.- ¿Dónde vas tan blanquita, tienes complejo de muñeco de nieve?
Juraría que algo se le cayó a los pies cuando la vio bajar la cabeza. Juraría que ese algo que se le había caído era su alma, cuando la vio morderse el labio, compungida. Juraría que quería tragarse las palabras que acababa de decir, cuando ella la miró con aquella expresión tan triste. Juraría que nunca podría deshacer el nudo que se le formó en su garganta cuando ella le dijo aquella frase.
- Estoy de luto.
- ¿Q-Qué...?
Apartó la mano de su brazo, completamente aturdido. Sakura le sonrió pero a Syaoran le pareció la mueca más forzada que había visto nunca.
- Mis padres murieron hoy hace tres meses.- Se explicó.- Por eso voy de blanco.
Sin saber que decir ambos se quedaron en silencio. Ella ya se iba a girar para irse cuando Syaoran carraspeó, incómodo por haber metido la pata de aquella manera.
- L-Lo siento.- Aun se incomodó más al ver la mirada de sincera sorpresa que le ofreció Sakura.- Tómate el resto de día libre, si quieres.
Le puso una mano en la cabeza, dándose cuenta de que realmente era más bajita que él, notándola pequeña e indefensa, extremadamente inocente y no como la Sakura Kinomoto que conocía, malhumorada y siempre a la defensiva. La despeinó ligeramente y su expresión se suavizó hasta que sus labios se curvaron en una sonrisa.
Sonrió. Y él era consciente de que le había sonreído. Una sonrisa suya que muy pocas personas habían podido ver, una sonrisa sincera, una sonrisa de Syaoran Li que duró apenas dos segundos antes de recobrar su expresión enfuruñada y con el ceño fruncido. Le dio un golpecito en la cabeza y se alejó de ella, dejándola completamente parada en medio del pasillo, estática y con una expresión desconcertada.
Syaoran cruzó el despacho de Mei Ling sin atender a lo que le decía, entró en su propio despacho y cerró la puerta, apoyándose luego en ella, dándose un ligero golpe en la cabeza antes de cerrar los ojos y suspirar.
Alzó la mano donde aun notaba el suave tacto del cabello de Sakura, miró sus dedos durante un instante y cerró el puño fuertemente.
- Mierda.
To be continued...
Notitas varias: Osoyoooo!! Lo sé, lo sé, llego tarde, prometí actualizar a las dos semanas pero he estado tan liada que prácticamente hacía vida en la biblioteca... Llevaba el capitulo en el pen para acabarlo de revisar y colgarlo, pero al final un día para otro.. y ya ha pasado casi un mes, gommen, gommen xD como conpensación volveremos por un tiempo a la actualización semanal ok?
En cuanto a este capitulo... en serio que me encanta la escena final, no sé a vosotros.. ¿Qué tal? Me gustaría saber vuestra opinión sobre como va la cosa... ¿Qué os parece Syaoran al final? Cute, verdad? XD pero bueno, como no quiero enrollarme con las notas pues doy las gracias a quienes me han dejado reviews en el cap anterior y... y me despido hasta el próximo XD
Bye bee!
