Puedes llamarlo acoso...

Décimo acoso


Sakura Kinomoto sonreía ampliamente. Estaba sentada en un pequeño tronco, en medio de un valle nevado y, aunque hacía un poco de frío, notaba el calor de la persona que tenía detrás y que la abrazaba desde la espalda, dándole abrigo.

A lo lejos podía ver la suave luz de la cabaña de Tomoyo de donde habían salido ambos corriendo por entre la nieve hasta parar ahí. Miró hacia arriba y se encontró con una preciosa vista nocturna con un cielo completamente estrellado y una enorme luna llena que iluminaba la blanca nieve de las montañas de alrededor. Volteó ligeramente y sonrió a la persona que estaba detrás suyo antes de que ésta se inclinara y acercara su rostro al de ella... hasta que por fin sus labios se rozaron.

Sakura contempló las facciones del hombre frente ella, la luna lo iluminaba por completo y ahora podía ver claramente su pelo rebelde, su ceño fruncido y aquella sonrisa que quedaba tan extraña en el rostro de Syaoran.

Pero volvamos atrás un momento. ¿Qué es lo que ha pasado? Os preguntaréis. ¿Qué hace Sakura, en mitad de la nieve y besándose con Syaoran? Desde luego, esa también es la pregunta que se estaba haciendo la castaña. ¿Qué hacía ella en mitad de la nieve y besando a... ¡¿Syaoran Li!?

Sus labios se separaron y en el rostro de él en lugar de la tímida sonrisa sincera ahora estaba aquella llena de arrogancia. Sakura lo miró aun más confundida y segundos después el hombre le estampó una bola de nieve en plena cara. Refunfuñando y completamente desconcertada, fue a apartarse la nieve que le había quedado sobre la nariz pero sin embargo la notó extraña ya que no estaba fría, al contrario y era suave y esponjosa...

- ¿Qué narices...?

Sakura agarró lo que resultó ser una almohada y la alzó unos centímetros para quedársela mirando con los ojos entrecerrados, intentando encontrar una explicación coherente al porqué tenía una almohada en la cabeza... y al porqué estaba tumbada... ¿en la cama? Se levantó de golpe y miró a su alrededor comprobando que, por suerte, no había rastro de Syaoran por ningún lado.

- Veo que aun te cuesta despertarte.- Escuchó a Mei Ling y ella se giró a mirarla, encontrándose con la luz cegadora que entraba por la ventana.- La última vez que dormimos juntas te tuve que despertar igual.

- Lo que provocó... – Tomoyo, quien estaba de pie al lado de la cama, cámara en mano y grabando "El despertar de Sakura", no acabó la frase que la almohada ya volaba hacia el rostro de Mei Ling.- ...una guerra de almohadas.

No hace falta decir que aquello se volvió poco menos que una batalla campal, aunque por suerte las almohadas no dolían tanto como las bolas de nieve y lo mejor de todo es que no estaban frías así que las tres chicas empezaron a perseguirse con los cojines en alto, atrincherándose tras las camas y riendo sin parar.

En uno de sus ataques Mei Ling tropezó y, en un intento por evitar el batacazo, estiró el brazo para agarrarse a lo primero que encontró, que resultó ser el pijama de Sakura. La castaña vio con horror como un par de botones de su blusa saltaban por los aires mientras la tela se le deslizaba hasta media espalda, pero eso no evitó que la otra chica cayera sobre la cama con un fuerte estruendo

- ¡Hoe! Por poco me desnudas...- Protestó Sakura, intentando recolocarse la ropa, sin embargo antes de conseguirlo recibió un almohadazo por parte de Tomoyo y acabó cayendo sobre Mei Ling.

Por un momento aquello fue un auténtico revoltijo de manos y pies mientras Tomoyo no paraba de golpearlas sin piedad con su cojín. Sakura logró incorporarse y aplicando la regla de "si no puedes con tu enemigo, únete a él" se puso a horcajadas encima de Mei Ling y empezó a ayudar a Tomoyo en su labor de golpearla con la almohada.

La puerta se abrió bruscamente justo en el momento en que Sakura alzaba de nuevo el cojín en el aire para darle otro golpe a la chica que tenía debajo suyo y, por un momento, fue como si hubiesen dado al pause.

Las tres se quedaron quietas y miraron hacia la puerta.

Syaoran se quedó con el grito que iba a dar en la garganta.

La escena frente suyo lo descolocó por completo y, aunque él no lo supiera aun, aquella imagen de Sakura quedaría durante una buena temporada grabada en su memoria, exactamente así, con ella sentada a horcajadas sobre otro cuerpo, inclinada hacia atrás, los hombros y media espalda al descubierto, el pelo revuelto, las mejillas sonrojadas y la respiración entrecortada por la repentina actividad.

Tras la sorpresa inicial sacudió la cabeza para no pensar en cosas raras y volvió a adoptar su expresión furiosa.

- ¿Es que no podéis ser menos escandalosas por la mañana? –Gruñó, mirando a las tres con su ceño fruncido.- Hay gente que aun intentaba dormir.

- No sabía que fueras tan dormilón.- Se burló Sakura, bajando los brazos y dejando el cojín.

- Y yo no sabía que fueras tan feroz en la cama.- Sonrió él, arrogantemente y cerró la puerta justo antes de que el cojín le diera de lleno en la cara.

Tomoyo miró de reojo Mei Ling. Parecía como si la sonrisa que tenía segundos antes hubiese sido borrada de un manotazo, sustituyéndola por una expresión seria, casi inexpresiva. Sus ojos azules pasaron a mirar a la castaña que miraba enfurecida hacia la puerta, la vio soltar un bufido y levantarse, rascándose la cabeza y despeinándose aun más con eso. La morena bajó la mirada.

- Voy al baño.- Informó Sakura, yendo hacia la puerta.

La interrupción de Syaoran había provocado que la diversión se esfumase, pero también había hecho que ella recordase el sueño que acababa de tener, más cuando se encontró con la mirada ambarina de él fija sobre su cuerpo. Había algo que le incomodaba desde la noche anterior, desde aquella partida al streap poker, desde que se había fijado en el musculoso torso de Syaoran Li.

Sakura se rascó más furiosamente la cabeza. ¿Qué diablos estaba pensando? En su sueño Syaoran parecía amable y dulce, hasta que volvió a ser el arrogante Li de siempre. Y eso era exactamente lo que pasaba en la realidad. Había momentos en que el hombre dejaba de ser tan prepotente y en esos momentos Sakura estaba empezando a bajar la guardia... y eso de seguro no podía tener ninguna consecuencia agradable.

-.-.-.-.-

Tomoyo abrió la ventana y se cruzó de brazos sobre el alfeizar, notando el frío viento chocando contra su piel hasta hacerla estremecer. Miró hacia el cielo matutino donde los copos de nieve seguían cayendo aunque ahora con menor intensidad y suspiró, comprobando como su aliento se volvía blanco ante el frío.

Se giró ligeramente para ver a Mei Ling tumbada en la cama, mirando el techo tal y como había quedado durante la pelea ya que ni siquiera se había movido. Volvió a mirar por la ventana y enterró la cabeza entre sus brazos. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Si podía alardear de algo era de darse cuenta siempre de las cosas, incluso de las más insignificantes. Darse cuenta de, por ejemplo, las miradas, las sonrisas... mucha gente entre Syaoran y Sakura sólo verían los constantes enfrentamientos entre ambos, pero ella veía más, mucho más, a pesar de que al parecer ni ellos mismos se daban cuenta. Y sin embargo ahí estaba...

- ¿Tomoyo? –La aludida se incorporó y vio que Mei Ling había girado la cabeza para mirarla.- ¿Qué haces, no tienes frío?

La morena negó con la cabeza y miró un momento hacia fuera de la ventana. En realidad ese viento helado de alguna manera la reconfortaba, pero entendía que podía parecer idiota, con la nevada que estaba cayendo y ella se dedicaba a abrir las ventanas.

- ¿Y tú?

- Pues sí.- Admitió Mei Ling, incorporándose hasta quedar sentada en la cama.- En este país hace demasiado frío.

- No se cuantas veces te he oído decir lo mismo.- Rió, arrancándole una pequeña sonrisa a ella también.

Se quedaron así, en silencio, la una mirando distraídamente la habitación desde la cama y la otra viendo como los copos caían desde el cielo. Tomoyo volvió a mirar de reojo a la chica. Estaba seria y su mirada volvía a estar fija en el techo, como si fuera lo más interesante del mundo.

- ¿Qué ocurre? –Preguntó Mei Ling.- ¿Por qué me miras?

- Eso me preguntaba yo.- Sonrió Tomoyo.- ¿Qué te ocurre?

La china bajó la mirada y dudó unos instantes, finalmente cogió aire dispuesta a decir algo pero fue callada por un fuerte portazo dentro de la casa, seguidos de algunos gritos de Sakura y la correspondiente risa de Syaoran. Ambas mujeres suspiraron y miraron hacia la puerta donde no tardó en aparecer una enfurecida castaña.

- ¡Me tiene hartísima! –Bramó mientras se dirigía al armario y empezaba a rebuscar en su mochila.- Se me ha colado en el baño.- Se explicó, girándose hacia la puerta para que se escuchara desde afuera.- ¡Que yo ya estaba dentro!

- ¿Y por qué has salido? –Preguntó Mei Ling, confusa.

- Me he dejado el cepillo de dientes.- Rebuscó un poco más en la bolsa y finalmente dio con él, bufó y salió de nuevo por la puerta mientras refunfuñaba algo.

Las dos morenas se miraron con una ceja alzada y suspiraron de nuevo a la vez.

- Y yo que en un principio había organizado una salida sólo para chicas... –Se quejó Tomoyo.- Se suponía que esos dos no vendrían, así seguro que no hubiesen habido estas discusiones.

- Pero está siendo divertido.- Intentó animarla, sin saber porqué.- Aunque lo sería más si tu prima se alejara de mi prometido.- Añadió por lo bajo.

- Tú también te has dado cuenta.- Tomoyo la miró con una sonrisa algo triste.- ¿verdad?

- No sé de que me hablas.

- Sí que lo sabes... –Sentenció Tomoyo.- Tú y yo siempre estamos pendientes de ellos, y te has dado cuenta, al igual que yo.

Mei Ling la miró unos segundos, preguntándose como podía ser tan aguda y adivinar tan exactamente sus pensamientos. ¿Tan evidente era? Soltó un gruñido y, prefiriendo no contestar, apartó la mirada.

Era cierto que nunca había visto a Syaoran así... Pero hacerse la desentendida le parecía más oportuno, ya que así aun le quedaba la pequeña esperanza de que todo fuera una mala broma de su imaginación.

Se quedó en silencio mirando el suelo de la habitación hasta que al cabo de unos segundos un pensamiento cruzó por su mente y miró de reojo a la mujer, dándose cuenta de que lo que escuchó aquella noche era cierto.

- ¿Desde cuando te gusta? –Preguntó, perdiendo estrepitosamente contra su curiosidad.

Tomoyo la miró sorprendida ya que no se esperaba esa pregunta y de hecho durante unos segundos pensó que había escuchado mal, pero era claro a qué se refería la chica, a quien se refería, más bien. Abrió un momento la boca pero no hizo falta hacer la pregunta. ¿Qué cómo lo sabía? Ella mismo se había delatado en aquella cena con Eriol. Maldito bocazas...

- Desde hace mucho tiempo.- Suspiró.- Pero no puedo decírselo.

La china la miró unos instantes y asintió con la cabeza, se podía hacer una ligera idea de los problemas que suponía ser la hija de los Daidouji y estar enamorada de Sakura.

- Por tú posición...

Tomoyo la miró un momento algo sorprendida y finalmente no pudo evitar carcajearse de lo lindo dejando a Mei Ling descolocada. ¿Había dicho algo gracioso? Pues al parecer sí ya que la morena parecía reírse de lo lindo a costa de su comentario. Sin embargo no pudo evitar pensar que parecía una risa vacía.

- ¿Por mi posición? –Preguntó Tomoyo, secándose una lágrima de la risa.- No, Mei, a mi no me importa eso.

- ¿Eh? –La miró incrédula, aún más aturdida que antes.- Pero eres una Daidouji y... bueno...

- Sí, soy lesbiana.- Asintió ella, apoyándose de espaldas al alfeizar para verla.- Pero mi apellido poco tiene que ver en ello. Podría llamarme Li y seguramente seguiría siendo como soy y seguiría enamorada de ella.- Se quedó un momento en silencio y alargó la mano hacia fuera para intentar coger un copo de nieve.- No me importa mi apellido o posición, tampoco me importa el estatus. Me importa ella y sé que no podría entenderlo.

Mei Ling la miró con incredulidad¿de qué hablaba? Se quedó pensando un instante en sus palabras pero no podía llegar a entenderla. Para ella lo más importante siempre había sido el apellido Li y su posición como prometida del heredero, así que no podía entender que para Tomoyo el estatus fuera tan poco importante.

- Pero... –Balbuceó.

- Sakura es muy inocente.- Le cortó, cerrando al fin la ventana.- Ya habrás visto que es muy terca y cabezota pero nunca... bueno, a excepción de Syaoran.- Rió.- Nunca desconfía de la gente, por eso desde pequeñas he estado a su lado, para evitar que se aprovechen de ella.

La mirada liliácea de Tomoyo se clavó en los ojos de Mei Ling y ella se vio obligada a apartar la mirada, captando al momento la indirecta que le había lanzado la morena. Era obvio que sabía que tenía alguna especie de plan con Eriol y desde luego no parecía muy contenta con ello, aquello más que un comentario había sonado a advertencia.

Se quedaron en silencio, Tomoyo dio unos pasos y apoyó una mano en el hombro de Mei Ling, sonriéndole. La china la miró confundida y la vio salir de la habitación alegando que prepararía algo para desayunar. En el fondo entendía que protegiera a Sakura. Si tenía que ser sincera, a pesar de lo de Syaoran no podía enfadarse con ella ya que realmente le caía bien, además, la veía tan ingenua que le era imposible estar celosa de ella.

Al fin y al cabo probablemente Syaoran nunca estuvo ni estará enamorado de ella.

Pero no pensaba rendirse, su orgullo se lo impedía.

- Mei Ling.- La voz de Eriol la sobresaltó.- Necesito hablar contigo.

El hombre entró a la habitación y se apoyó en la pared, justo frente suyo. Lucía la sonrisa de siempre pero algo en el tono de voz le dijo a la chica que algo no iba bien, y tenía una ligera sospecha de que podría ser.

- ¿Qué quieres?

- Se suponía que en esta salida tú te acercarías a Syaoran y yo conquistaría a Sakura, pero es obvio que ni tú ni yo estamos logrando lo que pretendíamos.- Se explicó, empezando a caminar por la habitación. Mei Ling no dijo nada y se limitó a seguirlo con la mirada.- Al contrario, parece que cada vez esos dos se llevan mejor, y me irrita.

- Ya sabes como es Syaoran. Si me acerco demasiado a él lo agobio y huye de mi, por eso ahora intentaba acercarme poco a poco... pero Sakura...

- Has de ayudarme con ella, necesito que distraigas a Tomoyo.

Los ojos azules de Eriol resplandecieron tras sus gafas cuando miró fijamente a Mei Ling y a la chica no le gustó aquella mirada.

- ¿Qué pretendes hacer?

- Para que mi plan funcione he de pasar más tiempo con Sakura a solas o no avanzaré. Le diré de dar una vuelta y la llevaré a la cabaña de los Li.

- ¿La que está en la otra cara de la montaña? –Eriol asintió y Mei Ling lo miró horrorizada.- ¿Pero no has visto la cantidad de nieve que hay? Antes he salido a comprobarlo con Tomoyo y lo hemos estado hablando, no se puede salir con el grosor que hay.- Sentenció.- ¿Y pretendes ir hasta allí¡Es casi un suicidio!

- Eso da igual. De hecho mi plan era quedarnos algunos días en la cabaña alegando que no podemos salir con la nieve, así que ya me va bien el grosor que hay. El problema está en que debemos estar ella y yo solos y entonces...

Mei Ling alzó una mano, acallándolo. Se puso de pie y lo miró con el ceño fruncido en una expresión tan dura que a Eriol le recordó ligeramente a su madre.

- Empiezo a pensar que estás loco.- Comentó ella, fríamente.- O eso u obsesionado, pero en cualquier caso lo estás llevando demasiado lejos. Tomoyo me cae bien y Sakura también, así que conmigo no cuentes para eso.- Se dirigió a la puerta y lo miró por encima del hombro.- Intentaré distraer a Tomoyo pero no os dejaré marchar de aquí. Aprovecha la mañana con ella, pero piensa un poco con la cabeza, Eriol.

El hombre se dejó caer en la cama cuando ella desapareció tras la puerta. Quizá era cierto y estaba empezando a perder el control... él no era así, Eriol siempre había sido calculador e incluso un poco manipulador. ¿Qué había pasado? Al parecer el tema de Sakura estaba afectándole más de lo que pensaba.

Se llevó una mano a la frente y suspiró. En realidad no sabía que pretendía con la castaña, la conquistaría... ¿y luego? Estaba seguro de que aquella chica no significaba nada para él, era interesante, sí, pero había miles de mujeres más accesibles que la joven Kinomoto, él lo sabía, llevaba años yendo de una a otra, entonces¿por qué Sakura?

Muy probablemente sabía la respuesta de aquella pregunta, igual que sabía el motivo por el que se había vuelto un mujeriego sin remedio.

- ¿Eriol? –El nombrado se incorporó para ver a Sakura entrando en la habitación e ir hacia su mochila.- ¿Qué haces aquí?

- Nada.- Sonrió y se puso de pie.- Iba a desayunar¿quieres acompañarme, princesa?

-.-.-.-.-

La mujer colgó el teléfono y suspiró mientras se recostaba sobre su cómodo sillón. Se quedó unos segundos en silencio y finalmente se levantó, yendo hasta una enorme habitación llena de espejos donde, en el centro, una mujer algo más joven que ella y de largo pelo castaño colocaba un elegante vestido sobre un maniquí, tarareando una animada canción de mientras.

- ¿Ya has acabado? –Preguntó en cuando la vio entrar, acabando de arreglar un pliegue de la tela.- ¿Con quien hablabas?

- Era una vieja conocida.- Caminó hasta el centro de la sala y empezó a observar el traje con ojo crítico.- Te ha quedado realmente hermoso, Nakuru, pero yo hubiera puesto un poco más de vuelo aquí.

- Tú le pondrías vuelo a todo, Kaho.- Se burló la chica.- Pero dime¿qué quería tú amiga? No pareces muy contenta.

La mujer la miró un instante antes de dar media vuelta y salir de la sala, Nakuru se encogió de hombros y la siguió con una sonrisa divertida. Como se esperaba la encontró en la cocina, preparando un poco de té. Canturreando de nuevo empezó a preparar las tazas y pronto las dos mujeres estaban disfrutando de un agradable té.

- Ya sabrás... –Empezó la mayor.- Lo que opino sobre las bodas por compromiso.

- Lo que opinamos.- Apuntó Nakuru, agarrando una pasta.

- Y supongo que conocerás a la familia Li.

La castaña se quedó mirando a su maestra con sorpresa, con la pasta a medio camino de la boca. Parpadeó un par de veces y se acabó comiendo la pasta, entendiendo a lo que se refería.

- Entonces, tu vieja conocida...

- Es Ieran Li, la líder del clan.- Afirmó Kaho.- Y me ha pedido un favor.

-.-.-.-.-

El sol empezaba a dar las primeras muestras de su inminente aparición tiñendo el horizonte con su luz. Syaoran miró por el retrovisor viendo como la mansión a sus espaldas se iba haciendo pequeña cuanto más avanzaban con el coche, Eriol conducía a su lado y parecía cansado, algo completamente normal después de las casi tres horas que habían tardado en llegar a Tokyo por culpa de la nieve y la niebla.

Al final no habían podido salir hasta las cinco de la madrugada y aunque todo el mundo le decía de esperar a mañana por la mañana, Syaoran se empeñó en volver a pesar de la hora que era. Ya había faltado el lunes al trabajo, no podía permitirse llegar tarde también el martes. Por eso tras discutir durante horas finalmente habían cargado las cosas al coche y habían puesto rumbo a la ciudad.

Mei Ling dormía en el asiento trasero, donde hasta hacía nada también estaban dormitando las otras dos mujeres que acababan de dejar en la mansión de los Daidouji. La china ni se había despertado para despedirse, pero Syaoran había visto tales ojeras en los ojos de Sakura que había decidido darles el día libre a los tres.

- Dormiremos un par de horas e iremos a trabajar.- Dijo Eriol.- No importa si llegamos un poco tarde.

- No, tú quédate en casa que llevas horas conduciendo, no hace falta que vengas.- Aseguró su hermano.- Yo me ducharé e iré hacia la oficina.

- Pero...

- En serio, no hace falta, Eriol.

El moreno lo miró de reojo pero no discutió, sabía que si intentaba llevarle la contraría a su hermano acabaría perdiendo pues Syaoran siempre se salía con la suya. Además, realmente estaba cansado después de tanto conducir, por lo que no le vendría mal tomarse el día libre. Sin embargo Syaoran se veía igual de cansado. A diferencia de las chicas él no había pegado ojo en todo el camino, siempre con los ojos abiertos, mirando por la ventanilla y con su ceño fruncido.

- Sakura se veía realmente mona durmiendo¿verdad? -Syaoran se giró a mirarlo y por un momento Eriol pudo ver la sorpresa en sus ojos, justo antes de que volviera a mirar por la ventanilla.- Estoy seguro de que te has pasado todo el camino mirando por el retrovisor... mirándola, más bien.

- ¿No serías tú quien la miraba?

- Ya lo he intentado, pero con el ángulo del espejo no podía verla, en cambio tú sí.

- No es cierto.

Syaoran miró por el retrovisor. Efectivamente se podía ver la parte trasera del coche y ahora no había nadie, pero minutos antes Sakura dormitaba justo ahí, con la cabeza apoyada contra el cristal, sus ojos verdes intentando mantenerse abiertos hasta que se cerraban y al cabo de un rato volvían a abrirse. Syaoran se había encontrado mirando entre divertido y curioso el reflejo de la castaña. ¿Cómo podía ser tan dormilona? Era una de las preguntas que pasaban por su cabeza. ¿Por qué intenta mantenerse despierta? Era otra.

Hasta que por su mente cruzaba fugazmente la imagen de la mañana anterior, con ella sentada a horcajadas sobre Mei Ling y el pijama medio bajado, y entonces Syaoran apartaba la mirada enfurecido. Sólo para volver a mirar al cabo de un rato.

- Syaoran... –La voz de Eriol había sonado tan seria que el nombrado no pudo evitar mirarlo.- ¿Qué opinas de Sakura?

El castaño lo miró con su ceño fruncido mientras el coche cruzaba las verjas de entrada a la mansión Li. No sabía que contestarle.

La primera impresión de la mujer fue mala, muy mala y en un principio le había caído realmente mal, tanto que hasta había decidido vengarse de ella. Sin embargo a medida que esa venganza se llevaba a cabo se daba cuenta de lo divertido que era fastidiar a la castaña y poco a poco empezó a molestarla sólo para ver aquel mohín en sus labios o el brillo fulminante en sus ojos verdes. La venganza había quedado prácticamente en el olvido y tras estos últimos días junto a ella, en un lugar que no fuera la oficina, Syaoran podía decir que se lo había pasado realmente bien. Sobre todo haciéndola enfadar.

- ¿Y tú? –Preguntó, evitando contestar y haciendo que Eriol soltará una risilla.

- Muy propio de ti contestar con otra pregunta.- Comentó aparcando el coche. Apagó el motor y miró a Syaoran fijamente- Espero que no te hayas enamorado de ella.

El castaño le devolvió la mirada antes de bajar del coche, se ajustó la chaqueta ante el frío de la mañana y empezó a caminar. Eriol suspiró y miró por el retrovisor, hacia la mujer que estaba en el asiento trasero.

- Parece que lo tenemos difícil, Mei Ling.

La morena abrió los ojos y giró la cabeza para mirar la figura de Syaoran alejándose rumbo a la casa.

-.-.-.-.-

Acababa de salir de la ducha e iba directo a meterse en la cama cuando unos toques en su puerta le hicieron detenerse, obligándolo a ponerse una bata e ir a abrir. Ieran Li lo miraba desde el otro lado de la puerta, con su rostro impasible y completamente erguida, demostrando toda la seriedad y frialdad que tenía. Eriol no pudo evitar tragar saliva al ver sus labios imperceptiblemente curvados en una mueca de disgusto.

- Buenos días, madre.- Saludó el moreno.- ¿Ocurre algo?

- Me preguntaba como era que tú y Mei Ling seguís en casa a pesar de ser un martes por la mañana y por lo tanto, horario laboral.

El hombre suspiró, advirtiendo que su descanso tendría que ser pospuesto hasta después de esa pequeña charla con su madre.

- ¿Le apetece desayunar juntos? –Sonrió y salió de la habitación cerrando la puerta tras de si.- He de decirle que la intención inicial era regresar ayer, pero las condiciones meteorológicas nos lo impidieron.

Ieran no dijo nada, caminando al lado del hombre bajaron hasta el salón, ordenando a uno de los criados que preparase un desayuno para dos mientras se sentaban en la amplia mesa, dispuestos a hablar en tanto que esperaban que les sirvieran.

- Comprendo que fue un compromiso con la señorita Daidouji.- Empezó la mujer.- Pero tú y tu hermano tenéis un papel más que importante en la empresa como para ir faltando al trabajo.

- Lo sé, y ambos lo lamentamos.- Se disculpó Eriol.- Syaoran mismo ha ido hacia la oficina nada más llegar, a mi me ha permitido quedarme ya que he sido yo quien ha conducido el camino de vuelta.

Un sirviente se acercó hasta ellos y empezó a preparar la mesa para los platos que traía en un carrito. Eriol miró como disponía un típico desayuno japonés frente a la mujer y luego se dirigía a poner uno igual para él. Ieran cogió los palillos y miró al hombre con seriedad.

- Entiendo que tú hayas faltado, pero¿y las chicas?

El moreno cogió sus propios palillos y empezó a comer mientras sopesaba que contestar. En realidad entendía porqué le había dado el día libre a Sakura, ya que cuando se despidieron la chica lucía tan cansada que él mismo se lo hubiese dicho. Si Syaoran no se le hubiese adelantado. En cambio Mei Ling había dormido lo suficiente, incluso ella misma quiso ir a la oficina, pero Syaoran se había negado alegando que tenía que descansar. Y no entendía porque.

- Lucían igual de cansadas que yo.- Dijo al fin.- No ha sido un viaje muy agradable.

- Bueno, en realidad eso no era lo que me importaba.- Ieran apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos de sus manos, mirando con seriedad al moreno.- Lo que me... irrita, es que sólo se me informó de que marchabais el domingo, no de que faltaríais el lunes.

- ¿Syaoran no se lo comunicó?- Eriol la miró sorprendido.

- No.- La expresión de Ieran le dio a entender a Eriol que aquello le había molestado más de lo que en un principio podía parecer.- Imagina mi sorpresa al recibir una llamada de un en cargado preguntándome qué tenía que hacer con un documento, ya que no encontraba ni al presidente, ni al sub-presidente, ni a las dos secretarias.

- Vaya, lo lamento... pensé que Syaoran le informaría.- Se ajustó las gafas y negó con la cabeza.- Este chico cada día está más distraído, me empieza a preocupar de veras, madre.

Ieran lo miró ante esas palabras y Eriol pudo ver un atisbo de curiosidad en sus fríos ojos. El hombre dejó los palillos sobre la mesa y miró con seriedad a su madre, su sonrisa desapareció y en cambio puso una expresión preocupada.

La mujer lo miró con igual seriedad, sin advertir que aquella preocupación era únicamente fachada y que, en su interior, Eriol se estaba riendo satisfecho por la oportunidad que acababa de presentársele.

Meditó las palabras. Si lograba convencer a la mujer de que Syaoran estaba "distraído" y no se concentraba lo suficiente en el trabajo, quizá Ieran investigaría la causa y si guiaba sus pasos adecuadamente le llevaría a Sakura y entonces seguro buscaría alguna solución para ello.

Alguna solución que le resultara beneficiosa a él.

Syaoran podría tener todo el poder del clan en un futuro, pero de momento ese poder lo tenía Ieran y era Eriol quien tenía la confianza de la mujer... y la suficiente habilidad manipulando a la gente.

- En realidad tienes razón.- El moreno no pudo evitar una mueca de sorpresa, pero si no había dicho nada aún.- Yo también lo he notado bastante distraído y eso merece una solución. Pensaba que eran imaginaciones mías pero me lo acabas de confirmar, así que será mejor que empiece a... tomar medidas.

-.-.-.-.-

Syaoran se levantó pesadamente del sillón y fue hacia la máquina de cafés. Sus empleados lo miraban con ligera sorpresa cuando lo vieron apretar el botón de la máquina, sin saber exactamente como iba aquel cacharro ya que siempre había alguien que le preparase el café. Cuando parecía que la máquina había entendido que quería un café bien cargado lo dejó preparándose y aprovechó para pasar por el baño.

Una de sus empleadas se estaba lavando las manos en ese momento y lo saludó con una reverencia antes de abandonar el baño. Syaoran se acercó al lavamanos y abrió el grifo, dejando el agua correr se miró en el espejo, advirtiendo el aspecto cansado que tenía en general y sus profundas ojeras en particular.

No pudo evitar un bostezo antes de volver su atención al agua, se mojó la cara para despejarse y aunque sirvió de poco, al menos estaba un poco más sereno y es que desde hacía días que tenía los nervios algo crispados.

Y la salida a esquiar no había ayudado para nada a relajarlo, más bien al contrario.

- ...Estás horrible, Syaoran.- Se dijo, soltando un bufido divertido.- Y además parece que ahora tú también te has vuelto esquizofrénico y le hablas a tu reflejo.

Salió del baño y pasó a recoger su café antes de dirigirse de nuevo a su despacho. Se dejó caer en su sillón y suspiró largamente antes de dar un trago a su café, arrepintiéndose al momento de haberlo hecho.

- ¿Qué diablos?

Miró la taza con repulsión y la dejó de mala gana sobre la mesa. No recordaba lo malo que estaba el café de esa máquina, debería pedir que instalasen otra... aunque en realidad se había acabado acostumbrando a ese sabor después de pedirle uno a Sakura cada pocos minutos durante el tiempo en que fue su secretaria, y es que era bastante divertido, sobre todo cuando se lo servía con esa expresión enfuruñada.

Claro que ahora ya no era ella quien le preparaba los cafés.

Se levantó y fue hasta la planta que había en un rincón, echó el café en el tiesto y le dio una palmadita a una hoja, como pidiéndole disculpas por regarla con eso. Se estiró perezosamente y no pudo evitar bostezar de nuevo. Tenía que despejarse, como fuera, y si el café no servía...

- Recuperaré el entrenamiento que no he podido hacer estos días.- Se dijo mientras se aflojaba la corbata y la dejaba sobre la mesa, junto con la chaqueta.- Y de paso me despejaré.

Syaoran se colocó en medio de su despacho y cerró los ojos para respirar hondo un par de veces, rápidamente se puso en posición de combate y empezó a hacer algunos movimientos de karate. Aunque pelear contra el aire era un poco aburrido.

-.-.-.-.-

- Buenos días, señora Li.

Ieran devolvió el saludo del empleado con una leve inclinación de cabeza pero no detuvo su paso firme. Sus zapatos repiqueteaban contra el suelo y era consciente de que todas las miradas se dirigían a ella cuando pasaba por delante. Que se presentara en la oficina de sus hijos era bastante raro, pero que lo hiciera cuando únicamente se encuentra uno de ellos, era aun más extraño.

Dobló una esquina pasando por delante de la sala de reuniones y dirigiéndose directamente al despacho de su hijo mayor, aquel que presidía esa empresa, aquel que se convertiría en su sucesor, en el líder del clan Li, quien recibiría un enorme poder y con ello una importante cantidad de responsabilidades.

Responsabilidades que parecía que empezaban a no preocuparle lo suficiente.

- Syaoran, soy yo.- Dijo tras picar en la puerta, sin embargo nadie contestó.- ¿Syaoran?

No dudó en hacer girar el pomo y lo que vio provocó que su ceño se frunciera tanto como el de su hijo.

Había pensado que eran imaginaciones suyas, que quizá no tenía que preocuparse, sólo sería una actitud pasajera y pronto volvería a ser el responsable Syaoran Li que ella conocía, que ella había educado.

Sin embargo ahora se daba cuenta de cuan equivocada estaba.

El hombre descansaba profundamente dormido, recostado en su sillón con la camisa abierta y el pelo más revuelto de lo normal. Su americana, al igual que su corbata, estaban tiradas por el suelo y una enorme pila de documentos estaba apilada descuidadamente sobre la mesa, como si aun quedase mucho trabajo por hacer.

Ieran suspiró y negó con la cabeza antes de cerrar la puerta.

To be continued...


Notitas varias: Ufff.. hasta que me paso por aquí, nee? Siento el retraso pero va a ser que definitivamente voy a tardar más o menos esto en poder actualizar... más que nada que me cuesta bastante tener un rato decente frente el pc y cuando lo tengo me cuesta bastante ponerme a escribir.

Pero prometo que me esforzaré para tener una ración nueva de acoso lo más rápido posible oó

En fin, a lo que iba... el capitulo está medio raro... quiero decir, no sé que quiero decir, estoy demasiado dormida XD A veeeeeer.. Weno, aquí vemos como acaba la salida a la nieve y a destacar que Tomoyo parece que le ha dado un poco de sentido común a Mei ¿qué más? Ah, atención, que Ieran se empieza a movilizar para poner medidas y recuperar a su siempre responsable Syaoran. Y es que el pobre empieza a distraerse mucho... Normal. XD

Y parece ser que para compensar la tardanza los caps son un poco más largos nee? Así que no os quejéis mucho y en cambio dejadme muchos comentarios y criticas constructivas XP

A todo esto, mil gracias a aquellos que se molestan en dejarme un review ¡ya tengo 150! y eso me pone tan happy que podría ponerme a dar saltitos ahora mismo, si no fuera porque me estoy durmiendo y... zzzzz

Byebee!