Puedes llamarlo acoso...
Décimo primer acoso
Sakura caminó con cautela a través de la oscura y vacía oficina. Después de prácticamente dormir todo el día se había despertado recordando que al día siguiente Eriol tenía una reunión, por lo que tenía que preparar varias cosas y sin embargo no había hecho nada aun.
Por ese motivo a pesar de las horas estaba ahí, en aquella espeluznante oficina que empezaba a darle miedo de lo silenciosa que estaba.
- Vamos, Sakura...- Se dijo a si misma.- Los fantasmas no existen, recuérdalo.
Llegó al frente de la sala de juntas y giró a la izquierda para ir a su despacho, sin embargo no acabó de dar dos pasos cuando dio media vuelta para mirar al fondo del pasillo.
Como ya le había parecido en un principio, efectivamente allí había luz. Alzó una ceja desconcertada. No podía ser que Syaoran estuviera aun en su despacho, ¿verdad? Era ya muy tarde y al contrario que ella, él no había dormido prácticamente nada.
- Tendría que ir a mirar... si hay alguien... -.Tragó saliva.- ¿no?
Respiró hondo un par de veces y empezó a caminar hacia la puerta abierta de donde salía la luz. Se acercó de puntillas mientras contenía la respiración y se recordaba por enésima vez que no existían los fantasmas. No se atrevía a mirar pero tras unos segundos reunió el valor y finalmente asomó la cabeza por la puerta.
Suspiró hondo al ver que sólo era Syaoran y que del fantasma no había ni rastro.
- ¿Qué hace aun...? – Se calló y se asomó un poco más.- ¿Señor Li?
La castaña no pudo disimular su sorpresa al darse cuenta de que estaba placidamente dormido. Estaba recostado hacia atrás en el sillón y tenía la cabeza ligeramente ladeada, una de sus manos descansaba sobre su abdomen y la otra estaba sobre la mesa, manteniendo sujeto una pluma entre sus dedos.
Caminó despacio para acercarse un poco más. El pecho de Syaoran subía y bajaba lentamente al respirar y al verlo más de cerca Sakura se encontró sonriendo al ver que, a pesar de la expresión tranquila, el hombre seguía con su eterno ceño fruncido.
- ¿Señor Li? –Lo llamó.- Debería irse a casa... Señor Li.
Resopló mientras negaba con la cabeza. Luego decía que ella era dormilona, pero él tenía un sueño bien pesado. Bordeó la gran mesa y se puso a su lado para tocarle el hombro ligeramente e intentar despertarlo así.
- Señor Li, despierte... Señor...
Sakura soltó una leve exclamación cuando, al tropezar con algo, acabó por terminar encima de su jefe. Literalmente. Aunque por suerte había podido frenar el golpe sujetándose a la mesa como buenamente pudo así que, haciendo equilibrios con una mano en la mesa y la otra en el respaldo de la silla, había quedado a escasos centímetros de su cuerpo.
Tras la impresión inicial levantó la cabeza lentamente, temerosa de haberlo despertado, sin embargo con alivio pudo ver que él seguía dormido. Respiró hondo y al instante se arrepintió ya que con ello se dio cuenta de lo bien que olía su camisa, una mezcla de perfume y el olor característico de él que ya había podido apreciar cuando jugaron al streap poker. Por no hablar de que por algún motivo tenía los primeros botones desabrochados, dejando parte de su torso al descubierto.
"¿¡Y por qué narices me tengo que acordar de eso precisamente!?" Pensó completamente sonrojada por recordar el cuerpo desnudo -o casi- de su jefe y obligando a sus ojos a dejar de curiosear por la camisa abierta. Se incorporó con lentitud para evitar despertarle y de reojo miró lo que tenía enrollado en los pies, que no resultó ser otra cosa que la americana del hombre. Alzó una ceja mientras intentaba deshacerse de la trampa con los pies, temiendo tropezar de nuevo si se movía.
La pluma cayó al suelo con un leve tintineo cuando la mano de Syaoran se movió y acabó alrededor del cuerpo de Sakura, a quien por poco no le da un ataque al corazón.
Miró el brazo a su alrededor y dudó entre si apartarlo o despertarlo primero, claro que si despertaba así aun sería capaz de acusarla de acoso sexual. Aunque él fuera el acosador. Soltó un gruñido y le agarró de la camisa para mover el brazo inerte sin necesidad de tocarlo mucho. Sin embargo el hombre no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácilmente ya que en lugar de soltarla apretó más su agarre, atrayéndola hacia él hasta que acabo encima de nuevo. "Ni que fuera un osito de peluche." Pensó soltando un bufido.
- Eh, Syaoran... –Murmuró hastiada.- Syao...ran...
Había alzado la cabeza para que le escuchase mejor pero no había pensado en la distancia. De repente se encontró demasiado cerca del rostro de él, más cerca de lo que había estado nunca, más cerca incluso de lo que hubiese querido, cerca, muy, muy cerca.
Parpadeó y se removió incómoda, advirtiendo los brazos fuertes de él alrededor de su cintura, sintiendo como su pecho palpitaba tranquilamente bajo el suyo, que estaba empezando a desbocarse mientras notaba un repentino escalofrío en su espalda.
Logró incorporarse un poco y, justo cuando iba a soltarse del agarre, se quedó completamente inmóvil mirando su rostro. Sakura se quedó sin respiración durante un instante al verlo.
Se mordió el labio mientras la curiosidad podía con ella y alzaba una mano lentamente, acercándola a la frente de él y tocando con la yema de sus dedos la piel que quedaba justo encima de la nariz, allí donde por primera vez no había un ceño fruncido. Sus dedos se movieron delineando una de sus cejas, pasando por debajo de aquel rebelde flequillo color chocolate, bajando luego hasta su mejilla...
Sakura se levantó de golpe cuando uno de sus dedos rozó el labio de Syaoran. ¡¿Qué se suponía que estaba haciendo?!
-.-.-.-.-
- Me imaginaba que aun estarías aquí.
Syaoran abrió los ojos al escuchar esa voz a su lado. La mujer que acababa de hablarle estaba abriendo las cortinas en ese momento y la luz del exterior lo cegó por completo, provocando que se moviera molesto para intentar evitar la luz.
- ¿Mei Ling, qué...? –Hizo una mueca de dolor al advertir que tenía todo el cuerpo entumecido por dormir en la silla.- ¿Qué hora es?
- Las siete y media.- Informó la mujer, acercándose hasta él y tendiéndole una bolsa.- Te he traído ropa de recambio, tu madre te espera dentro de media hora en el restaurante del edificio, será mejor que te des prisa porque no parece muy contenta.- Se inclinó hacía él y pasó una mano por su mejilla.- También te haría falta un buen afeitado, debí pensar en ello.
- ¿Qué quiere mi madre? -El hombre se puso de pie evitando la proximidad de Mei Ling, quien hizo un mohín y se apartó mientras se encogía de hombros como respuesta a la pregunta.
Se estiró haciendo que toda su espalda crujiera por la mala posición. ¿Cómo se había acabado durmiendo en la silla? Miró encima de su mesa y suspiró abatido, ni siquiera había acabado la mitad del trabajo. Notó algo bajo su pie y al mirar de reojo se encontró con su americana toda arrugada, suspirando se agachó a cogerla y la extendió frente si. ¿Por qué parecía que un maratón entero había pasado por encima, pisoteándola sin ningún cuidado?
- ¿Te traigo un café?
- No, desayunaré con mi madre.- Contestó, dejando la chaqueta y cogiendo la ropa.- Lo que si... ¿crees que podrías organizar un poco todo eso para que lo termine antes de media mañana?
Mei Ling miró el escritorio lleno de documentos con una ceja alzada, escéptica, pero finalmente soltó una risilla y asintió con la cabeza, ya vería lo que podía hacer con todo eso.
Syaoran salió del despacho y pasó por la zona de empleados donde aun faltaban la mitad de ellos, saludó a una chica que acababa de llegar y justo cuando iba a girar para dirigirse al lavabo se encontró con algo más interesante.
Su sonrisa arrogante se plantó en su cara de nuevo mientras se dirigía hacia la máquina de cafés donde una embobada Sakura Kinomoto miraba la pared como si fuera de lo más interesante. La máquina emitió un pitido y ella se dispuso a servirse una taza que justamente acababa de llenar cuando Syaoran llegó a su lado.
- Gracias.- Sonrió altivamente haciéndose con la taza.
La castaña se lo quedó completamente estática mientras él se alejaba bebiendo de su café y, para cuando salió de su ensimismamiento, Syaoran ya había desaparecido por la puerta del baño. Apretó la mandíbula y gruñendo empezó a caminar dispuesta a recuperar su taza con su café.
El hombre dejó la camisa que acababa de quitarse junto a la humeante taza. Pagaría por poder darse una ducha pero su madre le esperaba, así que no había tiempo para ir a casa y volver. Suspirando cogió la camisa limpia y se la puso, dejándola desabrochada empezó a rebuscar en la bolsa que le había dado Mei Ling, encontró el desodorante y justo cuando estaba apretando el botón del spray la puerta se abrió de sopetón.
- Exijo que me devuelva... mi... café.
Sakura se quedó mirando a su jefe con evidente sorpresa, sin embargo él pasó completamente y siguió a lo suyo, llenando el baño con el fuerte aroma de su desodorante que embotó los sentidos de la mujer.
- Lo siento pero tendrás que prepararte otro.- Contestó, abrochándose la camisa despreocupadamente.
La chica parpadeó volviendo a la realidad y lo miró con enfado.
- ¿Ya le han echado de la mansión de los Li? –Preguntó burlonamente.
Syaoran la miró con su eterno ceño fruncido pero sin embargo no respondió a la burla, simplemente volvió a mirar dentro de la bolsa.
- Joder, si también se ha dejado el cepillo de dientes.- Gruñó por lo bajo.
- He escuchado que se suele quedar en la oficina por las noches.- Comentó Sakura, dirigiéndose a la puerta de nuevo.- Me sorprende que no haya pensado en dejar una bolsa aquí con un cepillo de dientes y...- Se giró a mirarlo y sonrió burlonamente.- ...una maquinilla de afeitar.
Se quedaron mirando durante unos segundos y finalmente ella abrió la puerta, Syaoran negó con la cabeza mientras sonreía. Tenía que admitir que aquella era una buena idea.
- Saku... Kinomoto.- La llamó y ella se paró para mirarle.- Tengo una cita dentro de veinte minutos, consígueme una maquinilla y un cepillo de dientes.
- ¿Perdón? –Preguntó, frunciendo el ceño.- ¿Usted no tiene ya una secretaria para esos recados?
- Sí, pero me divierte más tocarte la moral a ti.- Se sinceró, ganándose una mirada iracunda por parte de la castaña.- Así que demuéstrame lo buena secretaria que eres, rápido.
La mujer soltó un bufido de frustración y salió cerrando la puerta de un portazo. No le quedaba otra que cumplir el recado, ¿verdad? Al fin y al cabo él era su jefe y además casi había sonado como si pusiera en juego su eficiencia como secretaria y no pensaba dejarse vencer.
Por muchas ganas que tuviera de meterle lo que le había pedido por...
Se plantó frente el ascensor y cogió su móvil mientras lo esperaba. Marcó el número de información e intentó distraerse con los tonos de llamada para no pensar en posibles formas de homicidio contra su jefe.
- Hola Kinomoto.
La aludida se giró para ver a Mei Ling, quien venía cargada con una pila de archivadores. Justo cuando iba a saludarla las puertas del ascensor se abrieron a la vez que una voz le daba los buenos días al otro lado de la línea.
Ambas subieron al ascensor mientras Sakura preguntaba por el número de la tienda de electrodomésticos más cercana a la oficina. Miró el reloj esperando a que le buscaran la información y sus ojos se cruzaron con los de Mei Ling un momento.
- Buenos días, necesito que me preparen una... sí, lo iré a buscar ahora pero necesito que me lo vaya... –Sakura frunció el entrecejo mientras escuchaba al hombre que le había atendido al teléfono.- No, señor, necesito que me lo prepare y lo necesito para ahora, me importa muy poco que hayan acabado de abrir o que no admitan encargos, llamo de parte del señor Li y espero que entienda que no aceptaré un no por respuesta.
Mei Ling miró con una ceja alzada a la muchacha y ésta le sonrió nerviosamente, quizá se había emocionado un poco y había acabado pagando su enfado con el pobre empleado, pero parecía que al menos estaba dispuesto a acceder a su petición.
- Yo bajo aquí.- Escuchó cuando las puertas del ascensor se abrieron, Sakura la saludó con la mano y siguió pendiente del teléfono.
- Sí, necesito que me preparen una maquinilla de afeitar y un cepillo de dientes eléctrico.
La morena se giró rápidamente al escuchar la petición pero sólo se encontró con las puertas del ascensor.
-.-.-.-.-
Como era costumbre a esa hora, el restaurante del edificio estaba prácticamente desierto y sólo unas pocas mesas estaban ocupadas por algunos madrugadores, que medio somnolientos, habían decidido darse un buen desayuno antes de empezar con su rutina diaria.
Syaoran no tardó en localizar a su madre. Era como si la rodeara una aura de grandeza pues a su alrededor había un vacío considerable, como si todo el mundo intentara mantener las distancias con la fría mujer.
Aunque posiblemente fuera la cara de mal humor que llevaba la que había ahuyentado a la gente. Y es que, en cuando sus miradas se cruzaron, el hombre supo que le esperaba una buena.
- Buenos días, madre.
La mujer le saludó de manera escueta y estuvieron un momento sin decirse nada hasta que finalmente Syaoran suspiró abatido y llamó al camarero. No sabía que quería su madre pero tenía una ligera idea sobre el tema que la tenía de tan mal humor, al fin y al cabo no se acordó de avisar de su ausencia hasta que decidieron volver a Tokyo, y para aquel entonces ya era demasiado tarde.
El camarero se marchó con la petición de ambos y entonces Ieran clavó sus fríos ojos en él, haciéndolo estremecerse.
- Seré sincera, Syaoran, pensé que eras más responsable.
El hombre suspiró interiormente, ahí venía la reprimenda de su madre. No era la primera vez que la mujer le regañaba, podría decirse que estaba acostumbrado, pero siempre se había tomado muy en serio esas charlas con su madre, siempre había atendido a cada palabra suya, a cada gesto, siempre la observaba con el ceño fruncido y una expresión de completa seriedad.
Sin embargo en esa ocasión no tenía ganas de soportar esa bronca.
Estaba de acuerdo en que había sido culpa suya no avisar, como muy bien le estaba reprochando Ieran en esos momentos, pero no entendía porque tenía que ponerse así. ¿A caso no daba siempre lo máximo, no se esforzaba en cada cosa que hacía? Él creía que sí, pero al parecer su esfuerzo no era suficiente para contentar a la estricta y exigente Ieran Li, quien siempre esperaba más y más de él.
Miró a su alrededor. Toda la gente del restaurante estaba mirándolos y sin embargo la mujer no paraba en su regañina. Seguramente había decidido quedar ahí precisamente para eso, si lo abochornaba en frente de otra gente él se lo tomaría más en serio. Syaoran estaba seguro de que ella pensaba así y sin embargo no podía estar más equivocada.
- ¿Me estás escuchando? –El ceño de Ieran era tan o más pronunciado que el del propio Syaoran y sus labios estaban cruzados en una mueca de disgusto.- En serio... –Suspiró y esta vez su expresión fue de decepción.- No sé que te pasa, pero últimamente estás muy distraído.
- Lo siento, madre.
La mujer lo miró un instante y finalmente negó con la cabeza, sin embargo siguió con su charla, aunque dudaba que Syaoran estuviera escuchando nada de lo que decía.
Por su parte el castaño tenía la mirada perdida sobre el mantel mientras su mente divagaba sobre su último encuentro con Sakura, minutos antes. Aunque se pensaba que no lograría lo que le había pedido en tan poco tiempo, una vez más la chica había demostrado su eficiencia y se lo había traído todo con una sonrisa. Una sonrisa algo forzada, pero una sonrisa al fin y al cabo. No pudo evitar sonreír él también ante el recuerdo y eso provocó que Ieran se callara de golpe, advirtiendo que no le estaba haciendo el más mínimo caso. La mujer carraspeó y decidió dar un paso más.
- Hace un momento me he encontrado con Mei Ling.
Syaoran apartó la vista de la mesa, aunque la encontraba infinitamente más interesante que el discurso de su madre, sin embargo el tono en que había dicho esa frase no le había dado buena espina.
- ¿Y qué...?
- Me ha dicho que sigues dando recados a Kinomoto.- Le cortó.- Me preguntaba porqué.
El castaño apartó la mirada de nuevo, sabía que la mujer esperaba una respuesta pero se sentía como un niño al que acababan de pillar haciendo una travesura. Y en cierto modo así era, pues la razón de haberle pedido el recado a Sakura había sido en gran parte fastidiarla. Como siempre que le pedía algo, de hecho.
- Mei Ling es tú secretaria.- Continuó ella.- Comprendo que te incomode pedir ciertas cosas a tu futura esposa, pero...
Soltó una risita. No pudo evitarlo pero al instante se arrepintió pues Ieran lo miraba con severidad, logrando amedrentarlo. Pero es que ni se le había pasado por la cabeza semejante motivo.
- A Mei Ling ya le había pedido otra cosa y Sa... Kinomoto simplemente pasaba por ahí. Eso es todo.- Dijo seriamente, dando un sorbo a la amarga bebida.
No le había gustado que Ieran sacase el tema de su compromiso, era algo que no soportaba y, por algún motivo, el hecho de que Sakura se encontrase en medio de la conversación tampoco le había hecho gracia.
La mujer cogió su taza y miró a su hijo por encima del borde humeante. No le había pasado desapercibido lo incómodo que se había puesto el chico ante la mención de aquel tema, el tono amargo en su voz y lo serio que se había puesto al decir esas tres palabras: "tu futura esposa".
Suspiró y el humo se removió en el aire. El compromiso seguía resultando un tema delicado, así que llegó a la conclusión de que aun no era el momento para hablar de boda... al menos con él.
-.-.-.-.-
Sakura grapó las hojas que tenía en la mano y cogió la otra copia mientras se ponía de pie pesadamente. Entró en el despacho de Eriol tarareando una canción y sin molestarse en picar, pues él se había ido hacía unos minutos a una comida importante. Dejó una copia sobre el escritorio y aprovechó para ordenar un poco el caos que había ahí encima. No le importaba tener su propia mesa hecha un desastre, pero ella sólo era una secretaria y Eriol en cambio –y pese a que a veces no se comportara como tal- era el subpresidente de esa empresa.
Minutos más tarde sonreía satisfecha con su trabajo, aquello ya parecía un despacho, asintió con la cabeza y salió rumbo al otro despacho. Miró el reloj, se había hecho algo tarde así que le daría la otra copia a Mei Ling y se iría a comer, que su estómago estaba empezando a quejarse.
Cruzó el edificio pensando en donde podría ir a comer, al llegar se encontró con la puerta abierta y entró sin más, alzando el informe en el aire y a punto de llamar a Mei Ling. Sin embargo se quedó con la palabra en sus labios. Volvió rápidamente sobre sus pasos y se escondió detrás del marco de la puerta.
Un instante después un estruendo dentro del despacho, seguido de una serie de gruñidos y maldiciones, le hicieron sonreír ligeramente.
Volvió a asomar la cabeza por la puerta, intentando no ser vista. En un principio no vio a nadie pero en seguida apareció Syaoran de detrás del escritorio, con un montón de archivadores en los brazos. Los dejó con un gruñido sobre la mesa y se giró de nuevo hacia la estantería, que ahora estaba un poco más vacía.
Sakura volvió a reír para sus adentros cuando, al estirar el brazo para coger uno de los archivadores que estaba más alto, por poco se le cae en la cabeza. El hombre logró evitar que se cayera pero con eso sólo consiguió meterlo más adentro en el estante, provocando que ahora sí que no llegase. Bufando desistió en su empeño y se giró haciendo que Sakura se volviera a esconder.
Pero, ¿por qué se escondía?
Respiró hondo para tratar de tranquilizarse, había estado a punto de pillarla espiándole y por eso se había puesto nerviosa y se había vuelto a esconder. Así de simple. No importaba el hecho de que llevaba toda la semana nerviosa y que, para ser sinceros, esa situación estaba empezando a acabar con su paciencia.
Desde el fin de semana en la cabaña de Tomoyo, cada vez que tenía a Syaoran delante no podía evitar imaginar el cuerpo que cubría la ropa. Desde entonces, cada vez que se cruzaba con él no podía evitar respirar hondo para captar su aroma y, desde el otro día, a todo eso se le había sumado que no pudiera apartar la mirada de sus labios cada vez que lo veía hablando.
Una y otra vez por su mente pasaban los recuerdos de la tarde jugando al streap poker junto con la peculiar imagen que descubrió el otro día, de su rostro adormecido, sereno y sin ceño. Además del encontronazo en el lavabo cuando él se estaba cambiando... y a todo eso se le sumaba los extraños sueños que últimamente tenía y que estaban provocándole verdadero insomnio. Por no hablar de que todo eso la hastiaba y le crispaba los nervios, a pesar de que intentaba autoconvencerse de que aquello simplemente pasaba por una serie de casualidades consecutivas que le habían llevado a esa situación desesperante.
Porque ella no deseaba a Syaoran Li.
Se asomó de nuevo y lo encontró intentando encaramarse a la estantería, con el brazo alargado y la palma de la mano abierta intentando agarrar el esquivo archivador. Sakura recorrió con sus ojos verdes la figura del hombre, el musculoso brazo que permanecía estirado en el aire, sus anchos hombros, deleitándose con la vista a medida que iba bajando por la amplia espalda del hombre... Se mordió el labio y volvió a esconderse para negar fuertemente con la cabeza, intentando serenarse y dejar de pensar en estupideces.
Volvió a asomarse. Syaoran finalmente había alcanzado el dichoso archivador y lo estaba hojeando rápidamente, llegó al final y soltó un gruñido antes de revisarlo de nuevo. Sakura respiró hondo y aprovechó para salir de su escondite.
- ¿No está Mei Ling? –Preguntó, sonriendo para sí al ver el salto que había dado el hombre.
- No.- Contestó secamente, visiblemente molesto.- ¿Querías algo?
-Venía a darle el resumen de cuentas de esta semana.- Agitó en el aire los papeles que llevaba en la mano.- Pero supongo que se lo puedo dar directamente a usted.
- Sí, claro.
La castaña estaba segura de que no le había hecho ni caso ya que seguía buscando en el interior del archivador, pasando hojas rápidamente mientras su ceño fruncido reflejaba lo fastidiado que estaba.
- ¿Busca algo?
- Mei Ling es demasiado ordenada.- Se quejó.- Al menos con tu desorden sabía que, si algo no estaba en su sitio, estaba en algún lugar del océano de inmundicia que tienes por escritorio.- Rió ligeramente ante el gruñido de ella-. Pero llevo un buen rato buscando el contrato con importaciones Fuuma y no hay manera.
Sakura se acercó hasta colocarse delante de él para mirar los documentos que tenía en las manos, Syaoran se movió para permitirle mirar mejor, quedando hombro con hombro. La castaña agarró rápidamente el archivador y se apartó ligeramente.
- Esto... parece que está por orden cronológico.- Murmuró, pasando páginas.- ¿Cuándo hicisteis el contrato?
- ¿Pero seguía algún orden? –Preguntó incrédulo, sorprendido porque ella hubiese encontrado sentido al orden de Mei Ling con tanta rapidez, sin embargo Sakura lo miró esperando una respuesta.- Eh... El mes pasado.
- Este sólo llega hasta hace tres meses, lo del mes pasado debe de estar en el otro...
Dejó el archivador sobre la mesa y miró a la estantería, como era de esperarse el que buscaba estaba situado en la parte más alta. Se acercó al armario y se puso de puntillas pero, obviamente no llegó, quedándose a una distancia considerable de su objetivo. Syaoran rió a sus espaldas.
- Creo que mi prima es bastante más alta que tú. De hecho yo soy más alto que las dos y a duras penas llego.
La castaña se giró con expresión enfuruñada y lo miró unos segundos antes de volverlo a intentar. Él arqueó las cejas antes de reprimir una nueva risotada, de veras que a veces no entendía como aquella mujer podía llegar a ser tan cabezota.
Syaoran era una persona que solía pensar antes de actuar, analizaba la situación y sopesaba los pros y las contras de sus acciones antes de realizarlas, teniendo en cuenta siempre las consecuencias que podía ocasionar. Siempre se había considerado una persona cauta y poco impulsiva, por eso cuando se sorprendió a si mismo agarrando la pequeña cintura de Sakura entre sus dos manos no pudo más que tensarse tanto o más que la mujer.
Durante un instante ninguno de los dos se movió ni dijo nada y posiblemente ni tan siquiera respiraron, estaban demasiado sorprendidos para hacerlo.
En el último mes Syaoran había cometido una y mil estupideces y todas ellas en presencia de Sakura Kinomoto, pero lo que acababa de hacer sin embargo se llevaba el primer premio. Miró la nuca e la chica que tenía a escasos centímetros y se preguntó porque había actuado tan repentinamente, acercándose sin más a ella y agarrándole la cintura como si eso no fuera nada malo. La había visto tan pequeñita en comparación con la estantería que, simplemente, había actuado pero...
¿Y ahora, qué?
Podía notar en sus manos la tibieza del cuerpo de Sakura, la estrechez de su cintura que resultó ser más pequeña de lo que había supuesto, podía ver lo grandes que eran sus manos en comparación... podía sentirla y eso estaba impidiendo que pensara con claridad.
Por algún motivo no consideró la opción de apartar las manos y simplemente alejarse, pero tampoco podía quedarse ahí sin hacer nada más que sujetarla de la cintura así que, cuando vio que ella se giraba para ver que estaba haciendo –seguramente para gritarle alguna cosa bien merecida-, simplemente reaccionó y la alzó tal y como quería hacer en un principio.
Sakura soltó un grito ahogado al verse levantada del suelo. Agitó los pies en el aire y se removió para intentar soltarse, balbuceando palabras ininteligibles que muy probablemente eran algún tipo de insulto, demasiado nerviosa y confundida para hacer nada más.
- Estate quieta.- Gruñó él, con la voz ronca tan cerca de su oído que logró detenerla al instante.- Coge el archivador.
La castaña estaba completamente rígida por sentir las grandes manos de su jefe rodeándole la cintura, así que tardó uno segundos en moverse pero se las arregló para estirar el brazo y coger el problemático archivador. Tan rápido como se hizo con él, Syaoran la dejó de nuevo en el suelo y se apartó de ella. Sakura se giró y le dio el archivador evitando mirarle a los ojos, notaba su cara arder y estaba tan abrumada que por primera vez no sabía como reaccionar.
Unas semanas atrás muy posiblemente le hubiera pegado un par de gritos e incluso posiblemente le hubiera dado una bofetada, pero ahora simplemente se encontró sin saber que hacer. Abrió la boca para decir algo pero notaba su garganta seca.
- Ah, aquí está.
Syaoran había empezado a buscar entre los documentos, intentando huir de ese ambiente tan enrarecido que él mismo había creado, Sakura lo vio darle la espalda sin dirigirle la mirada y ella simplemente hizo lo propio saliendo de su despacho. Cuando la puerta se cerró, el hombre soltó el aire que había estando reteniendo si darse cuenta.
Era increíble, pero había vuelto a huir de la situación y él siempre había odiado a la gente que adquiría esa reacción tan cobarde y era por eso, y no por otra cosa, que se odiaba a si mismo.
-.-.-.-.-
Mei Ling entró a otra tienda sin molestarse en devolver el saludo a la empleada. Miró a su alrededor y empezó a mirar prendas al azar, sin molestarse especialmente en observarlas con atención. Era la quinta tienda en la que entraba y realmente no era que quisiera comprar nada, simplemente buscaba algo con que distraerse e ir de compras siempre le había distraído.
Aunque parecía que hoy no funcionaba.
Intercambió unas palabras con la empleada que había ido a atenderle y aceptó el vestido que ella le tendía, dirigiéndose a los probadores para ver que tal le estaba pero sin ningunas ganas de ello.
Mientras se desnudaba las palabras de aquella mujer volvieron a dar vueltas en su cabeza.
- Mei Ling.- Sonrió Ieran, sentada en el cómodo sillón de su despacho.- Siéntate, por favor.
- ¿De qué quería hablar conmigo, señora Li? –Preguntó sin poder disimular cierta curiosidad.- Me ha sorprendido que me llamará.
- ¿Le has dicho a Syaoran que venías?
Mei Ling negó con la cabeza y Ieran sonrió complacida. No entendía porqué la mujer le había pedido expresamente que no le comentará nada a su prometido sobre ese encuentro, pero si era una petición de Ieran Li no podía negarse. Aun así pronto descubrió el porqué Syaoran no debía enterarse.
- ¿Conoces a Kaho Mitsuki?
Mei Ling se abrochó el vestido y empezó a mirarse en el espejo, aun no se podía creer lo que le había contado su futura suegra. Era increíble porque, ¿quién no conocía a Kaho Mitsuki? Era una mujer más que conocida por organizar las bodas de numerosos famosos, llegando incluso a preparar las ceremonias de algunos príncipes extranjeros.
Por ello no pudo disimular su asombro en cuanto Ieran le habló de ella.
- Es una vieja amiga.- Se explicó la mujer.- Me debe un favor y le he pedido que sea ella quien organice la boda, además en estos momentos está en Inglaterra con una de sus discípulas, quizá la conozcas también, se llama...
- Nakuru Akizuki... –Murmuró mientras se apoyaba en el espejo.
Era increíble pero al parecer sería ella quien diseñara el vestido que llevaría el día de su boda. De su boda organizada por Kaho Mitsuki. Suspiró y el cristal se empañó con su aliento. No podía evitar pensar que todo eso le quedaba grande, por no hablar de que se le estaba empezando a escapar todo de las manos.
- ¿Y Syaoran...?
Ieran frunció el ceño ante la sola mención de su hijo. Se puso de pie y empezó a caminar por la sala mientras Mei Ling empezaba a dudar de que Syaoran siquiera supiera que su madre estaba empezando a organizar ya los preparativos.
- He estado pensando y creo... que lo mejor es no decirle nada. Por el momento.
La morena miró a la mujer con asombro ¿pretendía preparar la boda a espaldas del novio?
- Pero...
- Estoy segura de que si se entera sólo pondrá impedimentos.- Afirmó, completamente seria.- Será más un estorbo que algo útil en la organización de todo el evento, cuando lo tengamos todo planeado entonces se lo diremos, pero hasta ese momento te pido que no le digas nada.
El vestido cayó limpiamente al suelo cuando se lo desabrochó para quitárselo, ese tampoco le había gustado. Se vistió y salió de la tienda sin comprar nada, caminó un par de calles más y se paró frente el escaparate de una pequeña tienda, donde un vestido de corte chino le llamó la atención.
- Bienvenida.- Dijo una voz nada más entrar en la tienda.- Un momentito...
Mei Ling miró con sorpresa entre la fila de estantes llenas de ropa, buscando a la dependienta con curiosidad pues había reconocido la voz. Y la mujer de piel pálida y larga melena que salió con un par de vestidos en sus manos se lo confirmó.
- ¿Tomoyo? –Preguntó alzando una ceja.- ¿Trabajas aquí?
- Oh, Mei Ling.- Sonrió la mujer.- ¿Vienes a comprar o... prefieres un café?
La china alzó una ceja pero no dijo nada cuando ella dejó los vestidos en un estante y se fue detrás del mostrador para servir la bebida de una pequeña cafetera. Tomoyo se sentó sobre un taburete y cogió una de las dos humeantes tazas, le dio un sorbo y sonrió a Mei Ling, quien finalmente se acercó para coger la bebida restante.
- Pareces sorprendida de verme aquí. ¿No lo sabías? -Ella negó con la cabeza, bebiendo un pequeño sorbo mientras ojeaba la tienda.- No es muy grande, ¿verdad? Pero es tranquila, mucho más que las enormes oficinas de mi madre. Al principio se negó, pero a mi siempre me ha gustado la costura y finalmente conseguí que me permitiera abrir la tienda.
- ¿Es tuya? –Se sorprendió Mei Ling.- ¿Y la ropa?
Tomoyo asintió con la cabeza. Mostrando una orgullosa sonrisa dejó la taza sobre el mostrador y empezó a caminar por la tienda, cogió una camiseta al azar de entre toda la ropa y se la mostró a Mei Ling. La china tragó saliva y sus ojos pasaron de la prenda a la mujer que la sostenía y que ahora lucía una expresión ligeramente entristecida. Volvió a mirar la camiseta, negra, de corte sencillo y con un simple estampado de flores de sakura en color blanco.
- Aunque la mayoría de prendas que hay aquí no son mías, sí que hay algunas que he hecho yo.- Se explicó la morena, volviendo la camiseta a su lugar.- Supongo que son fáciles de distinguir. Pero dime, ¿qué te trae por aquí? Normalmente no entra mucha gente.
Mei Ling dio otro trago a su café y miró hacia el aparador. Había entrado porque le había gustado el vestido, pero ahora no recordaba el estampado que tenía, eran flores pero, ¿eran de cerezo? No estaba segura y si resultaba que era una prenda que Tomoyo había hecho para Sakura, no estaría bien que se la probase ella.
- Estaba... de compras.- Titubeó un momento.- He visto el vestido de la entrada y...
El rostro de Tomoyo le indicó que había metido la pata, así que calló al instante. La miraba con sorpresa y ella se sintió estúpida por haber siquiera comentado el vestido, estaba claro que no era para ella.
- Vaya, me sorprende... –Rió ella, aunque la china no le veía la gracia.- Un momento, ahora te lo traigo.
Era un vestido rojo, de corte chino y con un estampado simple de color negro que provocó que los ojos rojizos de Mei Ling se abrieran sorprendidos, al ver que no eran flores de cerezo sino lotos los que decoraban la parte baja, el pecho y la espalda del vestido, pero sin llegar a ser recargado.
- Oh, ¿no es tuyo?
Tomoyo no contestó y simplemente la guió a un probador. La morena empezó a probarse el vestido y justo cuando iba a ponérselo la voz de la chica la sobresaltó.
- ¿Ha ocurrido algo? –Preguntó desde el otro lado de la cortina.- Cuando has entrado tenías una cara muy seria.
Apretó el vestido entre sus manos y cerró los ojos mientras empezaba a temblar ligeramente. Al sentirse descubierta se había dado cuenta de la presión que tenía en el estómago desde que había salido de la reunión con Ieran.
Tomo aire y se dispuso a hablar. No sabía porqué pero tenía que desahogarse un poco, y Tomoyo parecía la persona perfecta.
- Vengo de hablar con Ieran Li. Quiere empezar a preparar la boda. - La chica no dijo nada y ella agradeció su silencio.- Pe... Pensaba que tardaría más... que tendría más tiempo para... conquistar a Syaoran pero... pero...
La cortina se descorrió y Tomoyo la contempló un momento, con el vestido apretado fuertemente entre sus manos y aguantando a duras penas el llanto. Se acercó hasta ella y la rodeó con sus brazos.
- Todo está yendo muy rápido, ¿verdad? – Susurró, acariciándole el pelo.- Es difícil aceptar los cambios tan repentinos.
En esos momentos la puerta de la tienda volvió a abrirse y Mei Ling se apartó de los brazos de Tomoyo, quien ahora miraba hacia el exterior de la tienda. Los ojos amatistas de ella le lanzaron una última mirada y luego salió para atender al nuevo cliente.
- ¿Tomoyo?
La aludida miró con sorpresa a la persona que acababa de entrar en la tienda y que aun desde la entrada la miraba con una expresión imposible de descifrar.
- Sakura... ¿Qué haces aquí, querías algo?
- Vengo...–Parecía confundida, miró a su alrededor con los ojos verdes titubeando.- ...necesito...
La morena la miró con asombro y se acercó a ella con preocupación, le parecía un gatito asustado, confundido, como si no lograra entender nada de lo que tenía a su alrededor.
- ¿Kinomoto?
En esos momentos salió Mei Ling de la trastienda, con el vestido ya puesto y que le quedaba perfectamente adaptado a su cuerpo, como si estuviera hecho a su medida. Tomoyo no pudo evitar mirarla y Sakura al verla dio un paso hacia atrás.
- Oh, veo que estás ocupada.- Dijo atropelladamente.- Bueno, no era nada importante así que ya... ya hablaremos luego. Adiós.
La castaña salió apresuradamente de la tienda dejando a las dos mujeres completamente sorprendidas, mirando la puerta con una expresión de desconcierto.
To be continued...
Notitas varias: Uf... la cosa se pone un pelín complicada y yo cada vez tardo más en actualizar ¿verdad? Lo siento ñ.ñU pero mi tiempo libre se ha visto drásticamente reducido y mi inspiración parece que es puñetera y sólo vuelve cuando no puedo escribir XD Aun así procuraré mantener un ritmo.. será más lento que al principio pero no desesperéis, en compensación los capítulos son un poco más largos y.. y venga va, la cosa se está poniendo calentita, calentita ¿o no?
Por cierto, sobre el capítulo, aclarar que en la última escena los párrafos en cursiva son recuerdos de Mei Ling.. por si alguien no lo había pillado xD
Y aunque parezca mentira me gustaría saber lo que opináis sinceramente de la historia, los personajes, como se está llevando todo, la forma de escribir... nunca he sido de letras por eso vuestros comentarios (y mi beta, Hikari Katsuragi xD) me ayudan a querer mejorar u3u además me preocupa hacer ooc xD es algo que no soporto.
Así pues, gracias a los reviews del cap anterior n.n!
Bye bee!! (este saludo se está poniendo de moda, y eso que en un principio la gente me miraba raro cuando lo decía xD)
