My Life Without You
Disclaimer: Todos los personajes de Kuroshitsuji le pertenecen a Toboso Yana
Advertencias: OC, OOC, yaoi. SebastianxCiel. OCxCiel.
Aclaraciones:
-Pensamientos.-
-Diálogo.-
Narración Normal.
Agradecimientos a:
tsukiko, laynad3, hikariuzumakipotter, Azura33, phileus, Duo V.P.V.M.,Rosette-no-Tabi.
Muchas gracias por continuar leyendo éste fanfic y por tomarse la molestia y el tiempo, para dejar sus comentarios. Críticas, sugerencias, consejos y comentarios son bien recibidos. Espero que éste capítulo les agrade. :D
Capítulo 4: "Ese Mayordomo, Reencuentro".
-Sebastian…-susurró, abriendo su ojo de sobremanera.
Sin pararse a pensar ni un segundo, comenzó a abrirse paso entre las personas que lo separaban de su tan añorado ex demonio-mayordomo. Sus modales habían quedado en alguna recóndita parte de su cerebro, por lo que no se disculpó ni pidió que le dejasen pasar, como se suponía que debía hacerlo. Pero, en aquellos instantes, la sociedad, sus normas y lo que fueran a decir de él le importaba un bledo. Ahora tan solo tenía una meta, y ésta era llegar hasta Sebastian y gritarle, golpearlo, besarlo, acariciarlo y jamás dejarlo ir otra vez. No permitiría que se alejara de él, incluso aunque éste no desease estar a su lado. Lo quería tener solo para él. Y lo iba a conseguir, aunque eso le costara el alma. Era un deseo bastante egoísta, masoquista y cualquiera le hubiese diagnosticado una grave enfermedad mental por, si quiera, pensar en eso. Pero, ¿quién querría, en su sano juicio, dejar ir a un demonio que poseía todas las cualidades de Sebastian? Era razonable, ¿no? Aunque al joven Conde Ciel Phantomive poco le interesaba si aquello era razonable o no; la lógica no existía ya para él.
Se detuvo, a la mitad del camino. Con pesar, notó que su objetivo había desaparecido entre la multitud que abarrotaba el salón. Su mirada azulada comenzó a recorrer el sitio, intentando, en vano, encontrarle. Con vacías esperanzas de verle de nuevo aquella noche, siguió su camino, dispuesto a quedarse junto a algún ventanal o en un rincón oscuro y esconderse un rato. En su recorrido, no se dio cuenta de qué tan cerca tenía a las personas, por lo que fue casi inevitable que acabase impactándose contra alguno de los demás invitados.
-Lo siento.-musitó, a regañadientes, pues ya había hecho gala de su mala educación ante otros, así que ya era momento de enmendarlo, aunque fuera un poco.
-No, descuide, fue mi culpa.-respondió aquella persona, con admiración en su masculina voz. Al levantar su, aún, aniñado rostro, se encontró con unos ojos castaños, que le miraban como si contemplara la más bella obra de arte del mundo o el ocaso más hermoso. Le dio un poco de escalofríos ver aquello, pues jamás deparaba nada bueno. -Temo que no nos han presentado.-comenzó a decir, tomando la mano de Ciel.- Soy el Marqués Frederick Harville. -besó su mano finamente enguantada, sin apartar su penetrante mirada castaña de él. Al instante, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, prácticamente avisándole que huyera lo más pronto posible de aquél tipo. Al separar sus delgados labios, de la tela blanca que le separaba de la piel, del dorso, de la mano del Phantomhive, no lo soltó.-¿Podría usted decirme su nombre?-inquirió, al notar que el otro no daba señales de vida.
-Eh…-recuperó la compostura, soltándose del firme agarre del Marqués.-Conde Ciel Phantomhive.-se limitó a decir.-Con su permiso.-se retiró de allí, lo más rápido que la multitud le permitía.
-Ciel Phantomhive…-murmuró Harville, mientras una extraña sonrisa aparecía en su, normalmente, inexpresivo rostro. Caminó hacia un rincón lo suficientemente oscuro y solitario, pasando desapercibido. Retiró un poco el cuello de su camisa, mostrando un sello extraño. -Charles, te ordeno que no la mates aún. Regresa.-el sello emitió un brillo intenso que, de no haberlo cubierto, hubiese sido perfectamente visto desde cualquier ángulo de aquél salón.
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Regresaba, a toda velocidad, a la mansión del Duque Musgrove, donde su amo se encontraba, esperándole. Justamente acababa de llegar al sitio donde "ella" se encontraba, más una orden inesperada le había detenido de asesinarla. Ahora, iba corriendo, sin ser visto por nadie, para saber cuál era la razón del drástico cambio de planes del Marqués Harville.
-Y yo que creí que no era espontáneo. A la mera hora me sale retractándose. ¿Qué diantres estará pensando en hacer ese Marqués?-se preguntaba, frustrado, pues el momento de saborear aquella alma estaba siendo retrasado.
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Se detuvo hasta haber llegado al otro lado del salón, completamente alejado de aquél Marqués. Se recargó en una de las paredes, junto a un ventanal, jadeando un poco, mientras recuperaba el aliento y la compostura. Aquél tipo no hacía más que asustarle con la actitud digna del Vizconde Druitt cuando intentaba ligar señoritas. Sin embargo, ya estando más calmado, logró recordar algo importante.
-Él era uno de los hombres con los que Sebastian estaba conversando cuando lo vi hace un rato. Con él y con el Duque Musgrove. ¿No será que… Musgrove sea el nuevo amo de Sebastian? ¿O tal vez… Harville?-su ojo visible se abrió de más por la sorpresa que le causaba aquella hipótesis. -De ser así… Tendré que acercarme a ellos para llegar hasta Sebastian. Espero que Musgrove sea su amo y no ese tal Harville.
-Bocchan.-dijo una voz suave, en su oído. De inmediato, volteó hacia aquél sitio, con el corazón palpitando como si se le fuese a salir del pecho.
-Ah, eres tú, Maylene. ¿Qué quieres? ¿Y por qué te acercaste tanto para hablarme?-inquirió, totalmente desilusionado, puesto que solo Sebastian hacía eso, por lo cual había creído, por una milésima de segundo, que su ex demonio le había hablado.
-Es que al fin le encontré. Se me perdió hace unos minutos, señorito. Creí lo peor.-admitió ella.-Y… m-me tuve que acercar mucho a usted para hablarle porque no me hizo caso alguno cuando le llamé. Perdone que le haya causado molestias.-realizó una reverencia, completamente arrepentida por su terrible error.
-Sí, como sea.-murmuró, dispuesto a ignorarla de nuevo.
-Bocchan, ¿qué hace aquí, tan aislado? La celebración está de lo más animada. ¿Por qué no saca a alguna señorita a bailar?-inquirió, con picardía en la voz.
-Maylene…-musitó, en un tono que no deparaba nada bueno, mientras un sonrojo tenue aparecía en sus mejillas.-No vine a eso.-se excusó.-Vine para hablar de negocios con todo aquél al que le interese.
-Pero si esa es la razón de su asistencia, ¿por qué no lo está haciendo? Estando así de retraído, no logrará nada, señorito.-le reprendió.
-Iré después. Sólo estaba… tomando un breve descanso, reordenando mis ideas.-mintió. -Ve y disfruta un poco. Pero, sobre todo, no provoques desastres. ¿Entendido?-le advirtió, con la mirada tan fría que le heló la sangre a la pobre sirvienta.
-C-Claro.-se giró, dispuesta a integrarse a la sociedad.-S-S…-sus mejillas se tiñeron de carmín, sudor frío comenzó a emanar de sus poros, tenía la lengua trabada y se había quedado casi petrificada.
-¿Qué sucede ahora, Maylene?-cuestionó Ciel, harto de que su sirvienta fuese tan susceptible a todo, mientras se masajeaba las sienes.
-S-S-S…-el tartamudeo no cesó, más un dedo suyo apuntó hacia cierta parte del salón.- S-Sebastian…-logró decir, al fin, provocando en Ciel una sacudida por parte de su estómago y su corazón, mientras que la desesperación volvía a hacer mella en él. Allí, junto al Marqués Frederick Harville, entrado en una conversación, se encontraba Sebastian, con el ceño ligeramente fruncido, señal de que algo no le estaba agradando del todo.
-¿Así que es él? ¿Harville es su nuevo amo?-se preguntó el Phantomhive, consternado y asustado a la vez, aunque jamás admitiría aquello. -No puede ser. No es posible. No él. Sebastian jamás accedería a servir a un aristócrata de pacotilla como él.
-Bocchan… ¿Iremos con él?-inquirió Maylene, sacándolo de sus pensamientos.
-No lo sé. Déjame pensar un poco en esto.-musitó, mientras cavilaba en la posibilidad de ir y hablar con él. -Pero, si voy, está ese Marqués idiota y no me dejará ni saludarlo. ¿Qué debo hacer?
-¡S-Señorito!-susurró, alarmada, la sirvienta, en su oído, asustándole.
-¿Qué quieres ahora, Maylene?-preguntó, sumamente molesto.
-¡S-Sebastian-san viene hacia acá!-su rostro mostraba gran nerviosismo y un sonrojo total, digno de las manzanas. Su ojo azul se dirigió hacia donde debía estar su ex demonio, encontrando tan solo a unas personas desconocidas. Buscó más cerca y, a unos cuantos metros, atisbó a Sebastian, justo detrás del Marqués Harville.
-No puede ser…-susurró.
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Sigilosamente, entró por uno de los ventanales que permanecían abiertos. Con rapidez, se adentró en la multitud, sin levantar sospecha alguna en los invitados. Se acercó hacia su amo, quien estaba sentado en un rincón oscuro, bebiendo una copa de champagne.
-¿Me llamó, mi señor? -inquirió, a modo de saludo, sin pasar por alto la sonrisa que adornaba el rostro del siempre indiferente Marqués Frederick Harville. Como respuesta, el aristócrata se puso en pie y comenzó a caminar hacia el centro del salón, saludando con un asentimiento de cabeza a todo aquél que se le cruzara.
-Charles, he decidido realizar unas pequeñas modificaciones a mi plan inicial.-informó, bebiendo un sorbo del líquido embriagante que sostenía en su mano derecha.-Antes de que la mates y te lleves mi alma, deseo hacer algo.-su mayordomo le miró, impaciente, pues no revelaba qué era exactamente lo que ahora deseaba.-Me he encontrado, fortuitamente, con alguien que me ha parecido por demás perfecto. Y deseo hacerlo mío antes de que devores mi alma, Charles. Sólo sería una vez, ya sabes que no me agrada repetir absolutamente nada, y eso no sería una excepción.
-Y, mi señor, ¿a quién desea de esa forma?-inquirió, no sin antes haber respirado hondo para no gritarle.
-Al Conde… -inició, exasperando más a 'Charles', pues no revelaba a cuál de las docenas de Condes se refería.-…Ciel Phantomhive.-concluyó, provocando que el otro frunciera el ceño y sintiera una oleada de asco y odio hacia su nuevo amo. ¿Cómo se atrevía, si quiera, a pensar en hacerle algo así al joven Phantomhive? ¿Cómo podía desear arrebatarle su inocencia por un simple capricho? Pero estaba completamente seguro de que Ciel jamás accedería a hacer aquello, por lo que ya veía venir su papel en aquél terrible plan. -Quiero que hagas todo lo posible para que Ciel Phantomhive sea mío. Mientras más pronto, mejor.-musitó, con una perversa sonrisa en el rostro.
-Como usted ordene.-espetó, entre dientes, furibundo. Antes que cualquier deseo propio, estaba el deber de cumplir con aquél estúpido contrato. Ahora es que se arrepentía, más que nunca, el haber eliminado el trato con Ciel.
-Sígueme. Deseo hacerle una invitación a mi casa para ésta noche.-reanudó su andar hacia uno de los rincones, el cual estaba algo alejado de ellos, donde se encontraba Ciel Phantomhive al lado de su sirvienta, Maylene.
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Ciel Phantomhive hizo acopio de toda la compostura y frialdad que lo caracterizaban, justo antes de que el dichoso Marqués y su ex mayordomo llegasen a donde se encontraba él, junto a una temblorosa sirvienta. Respiró hondo, decidido a no realizar ninguna acción por demás estúpida que pudiese llevarse por la borda su nuevo plan. Se acercaría cuanto le fuese posible a Harville, para, de esa forma, lograr que Sebastian volviese a su lado. Estaba claro que aún había muchos detalles que planear, pero eso ya vendría después del primer paso: agradarle al Marqués. Aunque, luego de su primer encuentro, tenía razones para pensar que eso estaba casi asegurado.
-Maylene, tranquilízate y no digas nada.-le susurró.-Mejor no hagas nada.
-C-como ordene, señorito.-dijo ella, tragando saliva e intentando respirar con normalidad.
Al fin, luego de unos minutos de suspenso, Harville y Sebastian llegaron a donde ellos estaban. La mirada azulada del Phantomhive no pudo evitar posarse primero en el mayordomo, mientras éste realizaba su pertinente reverencia. Notó cómo su, antiguamente, perenne rostro, ahora mostraba el ceño fruncido y una expresión un tanto dura. Ciel no sabía si era por el hecho de tener que estar cerca de él, o por otra razón.
-Conde Phantomhive.-saludó el Marqués, obteniendo un poco de su atención. -Espero que ésta vez no huya de mí.-sonrió, de manera galante, causándole un poco de escalofríos. Mas no se dejó dominar por el miedo; jamás lo haría. Y mucho menos cuando Harville se había convertido en una pieza relevante dentro de su juego, el cual estaba dispuesto a ganar. -¿Me complacería con unos minutos de su tiempo?-inquirió el hombre de cabello castaño, mientras, a su lado, Sebastian desviaba la mirada. El joven conde no pasó desapercibido cómo su ex demonio cerraba una de sus pálidas manos, formando un puño. Definitivamente, aquella situación le molestaba.
-Está bien.-contestó, ante la mirada sorprendida de su sirvienta, quien apenas volvía a prestarle atención. La mandíbula de Sebastian se endureció al escuchar ésas dos sencillas palabras. Phantomhive caía dentro de las redes del Marqués, y aquello le atormentaba, pues no podría detener nada. ¿O sí?
-Muchas gracias, Conde.-Harville sonrió, con autosuficiencia. -Quisiera invitarle a cenar, ésta noche, en mi mansión.
Ciel Phantomhive se quedó mudo de la sorpresa. No esperaba que aquél Marqués estuviese invitándole a entrar a su hogar. Aquello, sin duda alguna, le daba mala espina. Sabía que absolutamente nada bueno podría desprenderse de aquella invitación y que lo mejor era rechazarla. Pero el hecho de que estaba desesperado por recuperar a Sebastian y de que era una oportunidad que, fácilmente, no podría repetirse, le estaban haciendo mella a la hora de tomar su decisión. Durante una fracción de segundo, dirigió su vista hacia Sebastian, quien tenía una expresión expectante, con el rostro lívido.
-Sería un placer.-contestó, aún sin poder creérselo.
-Entonces, estaré esperándole más tarde, Conde.-Harville tomó la mano del Phantomhive, para besársela de nuevo, ante la mirada furibunda de su mayordomo, quien, casi a regañadientes, realizó una reverencia y se giró, esperando a su nuevo amo, quien, tras enviarle a Ciel una mirada para nada casta, también se dio la vuelta.
-¿En qué rayos me estoy metiendo?-se preguntó el ojiazul, viéndolos marcharse.
Notas de Say:
Como verán, el esperado reencuentro ya se dio. Ahora se complican las cosas para Ciel, Sebastian y ésta autora :S Sinceramente, ni yo misma sé cómo continuará éste fanfic, todo sale conforme la marcha xD Así que, cualquier sugerencia sobre el desarrollo de ésta situación, será bien recibida :D Ahora, votación:
¿Quieren que Harville logre su cometido o no?
En base a eso podría continuar con ésto. Si prefieren dejarlo a mi criterio, entonces está bien, no hay problema. Ya encontraré la manera :D
Ja ne!
Cuídense, queridos lectores xD
