My Life Without You
Disclaimer: Todos los personajes de Kuroshitsuji le pertenecen a Toboso Yana
Advertencias: OC, OOC, yaoi, [ai & obsession]. SebastianxCiel. CielxSebastian. OCxCiel.
Aclaraciones:
-Pensamientos.-
-Diálogo.-
Narración Normal.
CAPÍTULO DEDICADO A:
Koroshi Death
[hija mía del alma, de no ser por tí y por la valiosa información que me habeis proporcionado, éste capítulo seguiría a medias .D]
Capítulo 6: "Ese Mayordomo, Sentimientos Humanos"
Estaba sentado en la cama, abrazando sus piernas y con el rostro sobre sus rodillas. Había pasado la noche meditando sobre lo que había sucedido cuando Sebastian le había visitado. No había logrado dormir ni un solo instante, por más que lo hubiese intentado. Las palabras de su antiguo mayordomo no paraban de asaltarle. ¿Acaso estaba preocupado por él? ¿Cuál era la verdadera razón por la que le alertaba y le protegía en silencio de Harville?
-No puede amarme. Eso es seguro. No le importo, Tan solo lo hace para tener que ahorrarse la molestia de verme de nuevo. -se decía, sin demasiada convicción, ya que una parte de sí seguía con la esperanza de que eso no fuese realidad. -No seas estúpido, Ciel. Sabes que es un demonio y que jamás podría amarte.-se dio una pequeña bofetada para dejar atrás aquellas ilusiones. Se levantó de la cama, pues tenía que idear su próxima jugada.
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Del otro lado de aquella ciudad Londinense, se encontraba un hombre de castaños cabellos y ojos marrones, sentado en su estudio, con un vaso de whisky en una mano y la mirada perdida en el paisaje. La puerta del recinto se abrió, dejando pasar a un demonio alto y de buen parecer, engalanado en un traje negro con detalles carmesíes. Sus ojos escarlatas se fijaron en la figura de su amo, quien le daba la espalda.
-¿Me mandó llamar, Señor?-inquirió, con el tono más neutral que pudo encontrar dentro de sí, aunque en su condición apenas y le era posible. No dejaba de arrepentirse por lo que había sucedido la noche anterior con el joven Phantomhive. Cuánto había deseado tomarlo entre sus brazos y huir con él lejos de todo, dejando el contrato con Harville eliminado. Pero sabía que no podía. Si no se encontraba bajo un contrato o con un alma los suficientemente valiosa dentro de sí pronto, desaparecería por completo. Había visto a varios demonios perecer de aquella misma manera, por no alimentarse en un largo periodo de tiempo o por no tener contratista. Y el tener ambos requisitos no era para nada bueno. Sin duda, de no ser por ese contrato, ya habría desaparecido o estaría en camino de.
-Sí, te llamé, Charles.-se giró hacia él.-Me temo que no quedé satisfecho con la velada de anoche.-pronunció, recibiendo tan solo silencio por parte del demonio.-Quiero que le envíes una cordial e irresistible invitación al joven Phantomhive, para que venga a cenar ésta noche.-ordenó.
-Como desee, mi Señor.-realizó una reverencia a regañadientes, antes de retirarse con paso firme y rostro malhumorado. Aquello comenzaba a salirse de sus manos. Tenía que realizar algún movimiento contra Harville pronto o éste acabaría llevándose a Ciel Phantomhive a la cama. Desechó aquella imagen de su mente, sin dejar de mirar al frente. Algo tenía que hacer. ¿Pero qué? Con Harville dándole órdenes, sería bastante difícil lograr que el joven de ojos azules no cayera en las redes del Marqués.
Al dar la vuelta en una esquina, se topó casi de frente con Arthur, el joven sirviente.
-L-Lo siento, Charles-sama.-se disculpó éste, realizando varias reverencias. -Perdóneme, no sabía que usted venía.-comenzó a ponerse nervioso.-Por favor, no le diga al Marqués. Creo que solo busca algún pretexto para despedirme.-susurró, con temor.
-Deja eso Arthur. No le diré nada.-prometió el mayordomo. Al ver los ojos del joven, se quedó pensativo.-Arthur, necesito hablar contigo. Ven, sígueme.-comenzó a caminar por otro pasillo, hacia las habitaciones de los sirvientes.
-C-Claro, Charles-sama.-le siguió con rapidez.
Una vez que llegaron a la habitación del demonio, éste cerró la puerta tras ellos. El joven sirviente se veía igual de nervioso que cuando se lo encontró, tal vez estaba malpensado lo que dentro de ese sitio sucedería o dudaba aún de que no le acusaría con Harville. Un demonio solo lee los sentimientos mostrados y las acciones, no la mente.
-¿P-Para qué vinimos aquí?-inquirió Arthur.
-Mira, Arthur, seré sincero contigo, pero espero que no le digas nada al Marqués sobre esto. ¿Entendido?-inquirió, recibiendo un asentimiento por parte del otro.-Bueno, Harville quiere que le escriba una carta al Conde Phantomhive que éste no pueda rechazar, para que venga a cenar ésta noche. Tu sabes muy bien que sus intenciones no son nada buenas para con el joven Phantomhive.-le miró, recibiendo otro asentimiento.-Pues bien, yo escribiré la carta, ya que me lo ordenó y no puedo desobedecerlo. Pero también escribiré una nota que quiero le entregues personalmente a Ciel Phantomhive.
-Claro.-se apresuró a decir.
-Bien. Espero que hagas esto bien, porque de ti depende que ese joven no caiga en las garras de Harville.-fue lo último que dijo, antes de comenzar a escribir.
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Su ojo azul denotaba todo el aburrimiento que aquella actividad le producía. Leer las cartas que llegaban a la mansión jamás había sido su deber, pero no podía delegarle esa actividad poco placentera a alguno de sus sirvientes, no por el hecho de que fueran incompetentes o de que no tardarían en intentar convencerlo de asistir a innumerables y aburridas reuniones de sociedad. No, era el hecho de que, tarde o temprano, Sebastian se contactara con él una vez más. Aunque era demasiado absurdo pensarlo si quiera. Pero él no descartaba esa posibilidad, no después de lo sucedido la noche anterior.
-¿Por qué sigue protegiéndome?-se preguntó en un susurro. La puerta siendo suavemente aporreada le sacó de su ensimismamiento.
-Adelante.-la cabellera rojiza de Maylene apareció ante él.-¿Qué sucede?-preguntó, sin emoción en la voz, pues probablemente había ido allí para notificarle alguna catástrofe causada por ella o los demás sirvientes.
-Eh… Bocchan, el mensajero del Marqués Harville está aquí, y dice que tiene que entregarle algo en persona.-contestó, con nerviosismo. El joven amo suspiró. No podía ser nada bueno tratándose de aquél noble.
-Bien. Hazlo pasar.-dijo, a regañadientes, pues sabía perfectamente que el mensajero ya se encontraba detrás de ella.
-C-Claro.-se giró sobre sus talones un instante, antes de voltearse de nuevo y abrir la puerta por completo, mostrando a un sirviente joven con rostro nervioso, tan parecido al de su propia sirvienta. Nada podía ser peor que eso. -Con su permiso.-dijo ella, antes de retirarse, cerrando tras de sí.
-C-Conde Ciel Phantomhive.-atrajo su atención en hombre.-Mi nombre es Arthur y sirvo al Marqués…
-Eso ya lo sé. Solo dime a qué has venido.-le cortó Ciel, sin el mayor reparo en su actitud grosera, nada apta para alguien de su alcurnia.
-Sí…Bueno…-sacó de un bolsillo un sobre blanco, con el sello del remitente.-El Marqués Harville le envía esto.-se la entregó, con manos temblorosas, como si estuviese dudando en si eso era lo mejor. Ciel le miró, extrañado.
-¿Hay algún problema? ¿O qué es lo que le impide darme ese sobre?-inquirió, malhumorado, sin importarle que sus palabras sonasen agresivas.
-N-No. Tome.- se lo entregó, para luego volver a meter la mano en su bolsillo, donde una nota descansaba, pulcramente doblada por la mitad. Ciel tomó la carta, rompiendo el sello sin miramientos. Su ojo recorría a toda velocidad las frases que venían escritas.
-¿Quiere que cene de nuevo con él?-susurró, con una mueca de profundo desagrado que no pasó desapercibida por Arthur. -Como si fuera a aceptar.-musitó, doblando la hoja, dispuesto a echarla a la chimenea la próxima vez que pasase ante ella. -Un minuto.-miró al sirviente.-El mayordomo…-comenzó, parando la frase al no recordar el nombre que Harville le había puesto a su Sebastian.
-¿Charles?-preguntó el otro, ayudándole.
-Sí, ese. Estará allí, ¿cierto?-cuestionó, con una mirada un tanto maliciosa. Tan solo recibió un asentimiento por toda respuesta.-Entonces… iré.-anunció Phantomhive, dejando la carta en el escritorio como si no fuese más que un simple pedazo inservible de papel.
-Conde, hay… -comenzó el sirviente, para llamar su atención.-Hay algo más.-sususrró.
-¿Algo más? ¿Qué cosa? ¿Y por qué murmuras?-
-No le diga al Marqués, por favor. Pero Charles me pidió que viniera en persona y le entregara esto.-sacó la nota que, horas atrás, el mayordomo le había dado. Con toda la rapidez y brusquedad de la que era capaz, Ciel se la arrebató de las manos, en un desesperado intento de tener algo que Sebastian le hubiese enviado.
"Ciel. Espero que no seas tan terco como siempre y que hagas caso a lo que te digo por una vez en tu vida: NO vengas a casa de Harville. Sabes perfectamente lo que quiere hacerte. Si vienes, daré por hecho de que tu necedad te lleva directo a la idiotez. Dale una negativa rotunda a Harville ahora que puedes. Aléjate de él. Ya no te protegeré como antes, así que deja de arriesgarte de ésta manera tan estúpida. Vete del país y no le digas a nadie a dónde irás, de esa forma no podremos encontrarte."
La nota era muy clara: No debía ir con Harville, tenía que salir del país si le era posible, y actuaba como un imbécil. Pero lo que no le quedó en claro fue que en ciertas frases Sebastian sonaba frío y en otras parecía preocupado. Aquello tan solo le llevaba a pensar que la única manera de descubrir lo que de verdad pensaba aquél demonio era yendo justamente por el camino de la idiotez.
-Ya veo.- sonrió para sí.-Dile a Harville que estaré encantado de acudir ésta noche.
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La carne estaba siendo cortada con extrema delicadeza, a pesar de que quien sostenía el cuchillo mostraba el seño fruncido, en una mueca furiosa. Tenía ganas de golpear, destruir, lo que fuera, con tal de sacar un poco de la rabia que sentía. Estúpidos sentimientos humanos, dijo para sí, mentalmente. Cada vez se asemejaba más a aquellos frágiles y engañosos seres. No podía permitir seguir de aquella manera. Necesitaba devorar un alma pronto para volver a ser aquél demonio de antaño. Sentimientos y acciones humanas no eran más que uno de los síntomas del estado en que, dentro de poco, se encontraría. Un demonio no debería sentir enfado, furia, alegrías, tristezas. Amor y odio, esos eran los únicos aceptados, el segundo más que el primero, pero finalmente ambos aceptados. Ambos sentimientos iban, después de todo, más allá de la comprensión humana, por ello demonios y ángeles, por igual, podían manifestarlos con mayor derecho que los humanos. Pero, el sentirse frustrado, estresado, furioso, agotado, no tenían nada que ver con aquellos dos estados. Éstos no eran más que simples sentimientos humanos.
-¡Maldita sea, Ciel!-masculló, cortando la carne en dos trozos enormes, además de encajar el cuchillo en la tabla. Sus puños níveos estaban fuertemente cerrados, al igual que sus ojos. Por culpa de su amado joven, no, de la terquedad de su amado joven aristócrata, él pronto sucumbiría ante las garras del destino. Un demonio no puede permanecer demasiado tiempo sin probar un alma o tener contrato. Y, en su caso, el contrato no era de mucho valor ya, pues él mismo había comenzado a dejarlo de lado con tal de salvar a su Conde. Con razón decían tanto que el amor podía llegar a matar. Literalmente lo estaba haciendo con él. No pasaría mucho tiempo para que el contrato con Harville se volviera inválido. Eso pudiese haber sido una gran ventaja para él, pues de esa forma podría salvar a Ciel. Sin embargo, su estado era cada vez más deplorable, así que dudaba si quiera sobrevivir luego de que el contrato quedase imposibilitado. Su energía se iba con mayor rapidez conforme los días pasaban. Mas no planeaba decírselo a nadie. Mucho menos a Ciel.
Abrió los ojos, los cuales cada vez eran menos carmesíes. ¿Sería capaz de dejarse morir con tal de que su amado Conde escapara de Harville?
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Se encontraba de pie, frente a la puerta principal del Marqués. Hasta ese momento, no había sentido temor de ir solo a la mansión, ya que sabía que, por molestia o preocupación, Sebastian le protegería. Sin embargo, su confianza y estado de bienestar llegaron a su fin cuando la puerta fue abierta, mostrando al mensajero que aquella mañana había ido a su mansión. Casi se le sale el alma al no ver a su antiguo demonio parado frente a él, recibiéndole con una mirada fría o sin siquiera mirarlo, pero estando allí al menos.
-Bienvenido sea, Conde Phantomhive.-saludó Arthur, con una leve reverencia.-Pase, por favor.-señaló hacia el interior del recinto.
-¿Dónde está Seb… Charles?-preguntó, intentando no sonar demasiado preocupado o desesperado.
-Me temo que Charles-sama no se ha sentido bien el día de hoy, por lo que es posible que yo sea su mayordomo esta noche.-comentó.-Aunque, conociendo a Charles-sama, es más probable que aparezca.
-Ah.-fue lo único que pudo articular. ¿Qué se supone que era aquello? ¿Una treta del Marqués o de Sebastian? ¿Acaso se había hartado de él y ya no le interesaba en lo más mínimo lo que pudiera sucederle? ¿O era una orden de Harville? No sabía ni qué pensar, solo sabía que estaba en peligro y que había sido un imbécil al no haberle hecho caso a la nota de su amado demonio. Ahora, era tiempo de afrontar las terribles consecuencias de sus estúpidas acciones. -¿Cómo pude ser tan idiota?
Notas de la autora:
Siento mucho el haber tardado tanto en actualizar, pero el hecho de ésto cada vez se acerca más al final, hace que se me bloquee todo. Además, la universidad es agotante, agobiante y muchos proyectos u____u pero, para todo hay tiempo, así que tengan paciencia, por favor.
Espero haya sido de su agrado, porque es algo corto, a mi parecer, y hay cosas que escribí bajo los efectos de múltiples desveladas, café mega potente, y frío.. pero ¿a quién se le ocurre quedarse afuera a escribir cuando hace frío? Solo a mí, que no entré a una clase por llegar tarde...
Bueno, os dejo.
Cuidaos.
Por cierto, comentarios, quejas y sugerencias son bien recibidos. Si hay partes incoherentes o en lugar de ver "Marqués" aparece la palabra "Duque", lo siento.. pero cuando inicié a escribir el capítulo, juraba que Harville era Duque.. hasta que me fijé.
Ja ne
