Puedes llamarlo acoso...
Décimo quinto acoso
Syaoran recogió los papeles que tenía esparcidos delante de él y los apiló todos para guardarlos, sin prestar demasiada atención en si estaban ordenados o no. La reunión se había alargado más de lo imaginado y ahora tendría que ir con prisas si quería acabar todo lo verdaderamente importaba. Porque a él los preparativos de la boda no le interesaban lo más mínimo. Mei Ling se situó detrás y empezó a decirle el horario que tendría que seguir si quería dar abasto. Se dirigió hacia la puerta y pasó por al lado de Kaho Mitsuki haciéndole una pequeña reverencia antes de disponerse a salir del despacho, sin embargo se paró en seco para no chocar contra Sakura, quien también había decidido salir lo más rápido posible de ahí.
Los dos se quedaron estáticos un momento e intercambiaron una mirada antes de que Syaoran cediera el paso a Sakura y ésta pasara por la puerta.
- ¿Por qué estás tan tenso? –La voz de Kaho Mitsuki a su espalda le hizo dar un respingo.- ¿Pasa algo?
- No estoy tenso.- Gruñó Syaoran y por el rabillo del ojo le pareció ver como la mujer disimulaba una sonrisa.
Él no estaba tenso. Y no pasaba nada. ¿Vale? Vale. Que llevara dos días tensándose y poniéndose tan nervioso como un adolescente no tenía nada que ver con Sakura, que siempre se comportará así cuando ella estaba presente era simple casualidad. Aunque tenía que admitir que Sakura tampoco ayudaba mucho, cada vez que lo veía se quedaba completamente rígida y buscaba cualquier excusa para salir corriendo.
Syaoran maldijo el momento en que perdió la cordura y decidió investigar a qué sabían los labios de la castaña.
- ¿Seguro que estás bien? –Preguntó esta vez Mei Ling cuando vio como él titubeaba un segundo al ver a Sakura parada en medio del pasillo hablando con Eriol.- ¿Ha ocurrido algo?
- Pero a veces es divertido dejarse llevar por...
La vio cerrar los ojos y Syaoran no pudo hacer más que entrecerrar los suyos, su mano se movió por instinto hasta la suave mejilla de la chica para apartarle con cuidado un mechón de pelo castaño. Instinto, ¿sería eso a lo que se refería Sakura?
- ¿Por el instinto? –Cuestionó, prácticamente rozando sus labios con los de ella.
Sakura simplemente asintió ligeramente con la cabeza. Fue un leve roce al principio. Ninguno de los dos entendía como sus cuerpos se habían movido hasta que sus labios se rozaron, quizá, como ya había dicho antes, fuera el instinto. O al menos pensar en eso hizo que Syaoran no se sintiera tan culpable. Sí, el instinto tenía la culpa de que sus labios se hubieran encontrado y aquel escalofrío, que le impulsó a recorrer el labio superior de Sakura con su lengua, también era culpa suya. Fue el instinto quien le pidió más de ese sabor que tan sólo acababa de probar y fue ese mismo instinto el que le obligó a capturar la boca de la chica con una ferocidad inusitada.
Sí, no era culpa de él porque él no podía siquiera pensar en nada.
Aunque, bien pensado, Syaoran Li nunca fue consciente de que tuviera tal instinto... al menos no hasta ese momento. O tal vez sí lo conocía y era contra eso precisamente contra lo que luchaba su razón cada vez que Sakura Kinomoto estaba cerca.
- ¿Syaoran?
La voz de Mei Ling volvió a sobresaltarle y él la miró con reproche pese a que era culpa suya por perderse en un recuero que más le valía olvidar. La mirada rojiza de su prometida era clara, empezaba a sospechar y Syaoran se vio obligado a tragarse sus preocupaciones junto con su vergüenza. Se armó de valor y avanzó hacia su hermano.
- El tema de la boda me está matando.- Dijo cuando llegó a su lado.- No sé como lo aguantas, Kinimoto.
Quería actuar con normalidad pero estaba claro que no lo acababa de conseguir, menos cuando en un intento por parecer tranquilo le puso una mano sobre el hombro, consiguiendo que ella se tensase y lo mirase con desconcierto.
Se separaron. Jadeantes. El frío de la noche había quedado en el olvido, Sakura tenía las mejillas sonrojadas y los ojos verdes más brillantes y profundos que nunca. Y en esos ojos Syaoran pudo ver la razón y la duda de la chica. "¿Qué hacemos?" preguntaban sus ojos. "Eres mi jefe" decían. "Estás prometido" le recordaban. O quizá fueran sus propios ojos reflejados en los de ella quienes se lo recordaban, pero el instinto apartó esas frases con brusquedad y ferocidad, la misma con la que sus labios volvieron a encontrarse.
Y ahí volvían a estar los dos, pero está vez la razón se imponía frente el instinto y de hecho así tendría que haber sido siempre. Por eso Syaoran se maldecía, por dejarse llevar o por ser demasiado terco para admitir que el instinto no tenía nada que ver en aquello.
Sakura parpadeó y se apartó discretamente de él, para quitarse la mano de su hombro antes de volverse a Eriol, como si le pareciera normal el comportamiento de Syaoran. Aunque por la mirada intrigada y las cejas alzadas del moreno sabía que a él sí que le había parecido rara la actitud de su hermano.
- ¿Entonces? –Preguntó la castaña y su jefe volvió a prestarle atención.
- Supongo que no hay ningún problema.- Se encogió de hombros.- Esta tarde es la fiesta de cumpleaños de la directora Ichihara así que estaré ocupado. Por mi puedes irte.
Los ojos miel de Syaoran miraron al hombre y luego a la chica, finalmente se giraron a Mei Ling quien negó con la cabeza para dejar claro que no sabía de qué hablaban. Se intentó tragar la pregunta, no le importaba, no le interesaba el porqué Sakura se tenía que tomar el día libre pero algo le decía que debía preguntar, una corazonada.
- ¿Qué ocurre? –Preguntó finalmente, y todos lo miraron.
- Sakura me ha pedido la tarde libre.- Resumió Eriol.
- Ya, pero, ¿por qué? –Sus ojos se clavaron en los verdes de ella, y ésta apartó la mirada. Lo sabía. Frunció su ceño como sólo él sabía hacer y se acercó de nuevo a la castaña para cogerle del hombro, esta vez instándola a que fuera con él, apartándola de su hermano y su prometida para poder hablar con ella a solas. La llevó hasta la pared y se puso frente a ella con los brazos cruzados.- Y bien, señorita Kinomoto, ¿A dónde va esta tarde?
La chica lo miró un segundo antes de suspirar y bajar la mirada. ¿Por qué la había tenido que pillar? Ella quería irse tranquilamente y arreglar las cosas sin que Syaoran se enterase de nada, vale que le había prometido tiempo atrás que le avisaría cuando tuviera un piso, pero tal y como estaban últimamente el ambiente entre los dos prefirió no decir nada. Más aún cuando tan sólo dos días atrás él la había... porque había sido él quien la había besado, desde luego ella no tenía nada que ver. Volvió a alzar la vista.
Sus brazos eran fuertes y cuando los notó estrechando firmemente su cintura se estremeció por completo. Su espalda era ancha y cuando se volvieron a besar tuvo que agarrarse a ella para no caerse, a pesar de seguir sentada en el banco. Los labios de Syaoran eran tan exigentes como él, su lengua tan indiscriminada que no le dejaba tregua y su cuerpo tan caliente que le abrasaba aun a través del frío de la noche.
Sakura no recordaba que la hubieran besado nunca con tanto fervor, ni siquiera podía comparar aquello con un beso de Eriol. Si alguna vez había llegado a pensar que el moreno besaba bien, su hermano lo ganaba con creces.
Se separaron para respirar, dos segundos y una mirada intensa de por medio fueron lo único que separó un beso del otro. No lo entendía, ¿de donde salían esas ansias por besarle? No lo sabía, pero tampoco es que quisiera pensar en ello. O más bien no podía pensar en ello porque simplemente no podía pensar en nada.
Se obligó a dejar de recordar en la multitud de sensaciones que sintió aquella noche y a volver a la realidad. Syaoran la seguía mirando esperando una explicación y Sakura sabía que no podía mentirle porque seguramente no la creería.
- Voy a comprar algunos muebles.- No le sorprendió que el ceño de Syaoran se acentuara.- El otro día firmé el contrato y ya tengo piso... como esta tarde tenéis que asistir a la fiesta pensaba aprovechar para comprar los muebles más importantes y pintar las paredes.- Por un momento se preguntó porqué tenía que darle explicaciones.- Por eso no le dije nada.
- ¿Por eso? –Rió él sin humor.- No sé porqué, pero no me lo creo.
Sakura abrió la boca para protestar pero se calló al ver a Eriol y Mei Ling por encima del hombro de su jefe, mirándolos con curiosidad. Syaoran se giró con su ceño aun fruncido, miró a su hermano y luego a su prometida, los dos alzaron una ceja pero estaba claro que no pensaban irse de ahí. Se separó de Sakura y se acercó a la china, sonrió.
- Mei Ling, me ha salido un imprevisto, ¿puedes ir a la fiesta de Ichihara por mí?
Ella abrió la boca, Eriol alzo las cejas, Sakura soltó un gritito ahogado. ¿Qué estaba haciendo? Sabía que esa fiesta era importante, era el cumpleaños de Yuuko Ichihara, directora de una de las más prestigiosas empresas y socia del grupo Clow desde hacía años. Sabía que no podía faltar y que si lo hacía su madre se enfadaría. Pero sin embargo el ir a ayudar a Sakura con su mudanza le pareció más importante.
La castaña intentó protestar cuando se vio arrastrada de la muñeca, rumbo al despacho de Syaoran. Eriol parpadeó. Mei Ling parpadeó. Ambos parpadearon mirando aun por donde se habían ido. El moreno se inclinó un poco hacia la chica.
- ¿Sabes lo que ha ocurrido? –Preguntó, y Mei Ling negó con la cabeza.
No, no lo sabía pero estaba claro que algo había ocurrido.
Un poco más lejos Sakura aun intentaba soltarse del agarre de su jefe, fue a gritarle pero cuando alzó la vista y se encontró con la mirada enfurecida de Syaoran desechó la idea. Estaba claro que le había molestado muchísimo aquello, pero Sakura no entendía porqué, a fin de cuentas era su piso y era él el entrometido. Frunció el ceño y finalmente estiró el brazo con brusquedad hasta zafarse, Syaoran se paró para mirarle y ella lo miró con reproche mientras se frotaba la muñeca adolorida por el agarre. El hombre miró a su alrededor y comprobó que no había nadie cerca, suspiró y se cruzó de brazos para mirarla con fijeza.
- Tenemos que hablar. Y lo sabes.
Sakura suspiró también y dejó caer los brazos, abatida. Tenían que hablar y lo sabía. Cuando Syaoran vio que no protestaba empezó a caminar de nuevo y ella no tardó en seguirlo. Llegaron a su despacho y tomaron asiento, durante un momento ninguno dijo nada pero finalmente fue él quien habló primero.
- ¿Por qué no me avisaste? Teníamos un trato.- Le reprochó.
- Es mi piso, Syaoran.- La formalidad olvidada fuera del despacho.- Soy yo quien debe preocuparse por él.
- Pero te dije que te ayudaría en la mudanza.- Sakura fue a contestarle pero no le permitió hablar.- Me dijiste que no se lo dijera a nadie, que era algo que querías hacer por ti misma y respeté tu decisión. Te ofrecí mi ayuda y la rechazaste pero no dije nada, quedamos en que al menos te ayudaría para la mudanza y me contenté con eso, esperaba que cumplieras tu palabra tal como hice yo con la mía. Por lo visto me equivocaba, tu palabra no vale mucho, ¿verdad?
El brillo en los ojos de Sakura al escuchar esa última frase no pasó desapercibido por Syaoran, había dado donde más dolía, en su orgullo. Pero aun así la castaña se obligó a mantenerse tranquila. Cogió aire y lo soltó lentamente mientras pensaba que decir.
- No quería molestarte con tonterías.
- Me molesta más que no confíes en mí.
- ¡Es que no confío! –Syaoran tuvo un tic en la ceja ante esa revelación.- Eres mi jefe, y por eso no voy a decir lo que pienso de ti, pero eres mi jefe, única y exclusivamente eso. Me has fastidiado desde que entré a trabajar aquí, ¿cómo esperas que confíe en ti? –Sakura se llevó una mano a la sien.- Esto es una tontería, no deberías meterte en los asuntos personales de tus trabajadores.
- No me importa tu vida personal.- Sentenció.- Pero teníamos un trato, tú accediste y ahora te echas atrás.
- Accedí porque no me quedaba otro remedió si no quería que Tomoyo se enterase.
- ¿Tengo pinta de chivato? –Preguntó alzando una ceja.- Obviamente no iba a decirle nada si tú me lo pedías, como tú has dicho son tus asuntos, pero te propuse eso y tú aceptaste. Sólo pretendía ayudar, me pillaste de buenas e intenté ser amable. Ya veo que no se puede ser amable contigo. ¿Por qué te empeñas en intentar hacerlo todo tú sola? Pide ayuda si la necesitas, Sakura, nadie te reprochará nada por ello.
Sakura no supo que decir. Se quedó callada mirándolo y finalmente apartó sus ojos para posarlos en algún punto inconcreto del suelo. No había pensado en pedir ayuda, la ayuda simplemente llegó y ella la rechazó. Pero ahí seguía Syaoran con su cabezonería, ofreciéndole su ayuda a pesar de que no la había pedido, a pesar de que no paraba de fastidiarla en el trabajo, a pesar de que ella había rechazado su ofrecimiento. Y lo mismo se podía aplicar a Tomoyo y a Eriol, ambos le habían ofrecido su ayuda y ella la había rechazado sin pensárselo siquiera.
Tragó saliva, no tenía argumentos para rebatirle nada a Syaoran porque tenía razón, él había sido más listo y en lugar de ofrecerle su ayuda le propuso un trato para que no fuera capaz de rechazarla. Habían hecho un trato y ella lo había incumplido. Pero tal y como estaban las cosas... tenía que admitir que había faltado a su promesa porque quería huir de esa situación que no le gustaba para nada. Pero un momento.
- Tú tampoco pides ayuda nunca.- Observó Sakura y él alzó las cejas antes de murmurar "Touchè".- Además no soy la única que falla a sus promesas, te recuerdo que hace dos noches decidimos que haríamos como si nada. ¡Y no me digas que tú actúas como si nada!
Se escuchó un sonido monótono, ninguno de los dos supo que era pero la insistencia del timbre provocó que separaran sus labios. Se miraron un instante y al segundo después estaban bajando la mirada hacia el bolso de la castaña, lugar de donde provenía el sonido. Sakura rebuscó dentro del bolso y sacó su móvil nuevo, miró a la pantalla y reconoció el número de Tomoyo, le parecía raro que la llamara pero luego recordó que su número seguía siendo el mismo.
Titubeó sin saber que hacer... miró a Syaoran y sus ojos ámbares fijos en ella le hicieron apretar el botón de colgado sin pensárselo dos veces. Syaoran sonrió con esa sonrisa arrogante que ella tanto odiaba y esta vez sí pudo borrársela de la cara, pero en lugar de emplear la violencia, como siempre había querido hacer, le besó.
El timbre del teléfono volvió a sonar y esta vez fue Syaoran el que cogió el móvil, se puso de pie y con un gruñido lo lanzó tan lejos como pudo, provocando que el pobre aparato acabara cayendo en el estanque con un chapoteo. Se volvió a Sakura y ésta lo miró con la boca abierta justo antes de echarse a reír. Él también se puso a reír.
- Me has dejado sin móvil de nuevo.- Comentó ella entre risas.
- Sí, no te ha durado mucho.
Se volvieron a mirar y ambos pararon de reír, el teléfono les había vuelto a la realidad y ahora se daban cuenta de qué estaban haciendo. Los dos se sonrojaron con violencia justo antes de apartar la mirada. Ninguno supo qué decir o qué hacer, Sakura sólo quería salir corriendo de ahí y Syaoran sólo quería huir lejos.
- Será... –Murmuró ella, poniéndose de pie.- Será mejor que me vaya.- Syaoran no dijo nada, sólo asintió aun sin mirarla.- Y... Y que olvidemos esto.
Esta vez Syaoran sí que la miró, sus ojos se encontraron y él acabó asintiendo. Sería lo mejor, que olvidaran eso, que olvidaran el beso y las miles de sensaciones que acababan de sentir. Y sobre todo que no volvieran a hacer algo semejante, ninguno estaba en posición de permitirse algo como aquello.
- Aquí no ha pasado nada.- Afirmó Syaoran.- Olvidémoslo y hagamos como si nada.
Sakura asintió con determinación y dio media vuelta para irse.
- ¿Así pues, no actúo con naturalidad?
Ahí volvía a estar la sonrisa arrogante y Sakura volvía a querer borrársela de la cara con un puñetazo... o quizá con la nueva forma que había descubierto aquella noche. Negó con la cabeza para olvidar ese pensamiento y ya de paso contestar a su jefe.
- Aunque Eriol empezara a bailar la conga en medio de la fiesta de esta tarde, quedaría más natural que tu comportamiento. ¡Eres tímido!
Syaoran hizo una mueca ante tal comparación. ¿Tan extraño actuaba? Tampoco pensaba que lo estuviera haciendo tan mal, no le resultaba fácil hacer como si nada ya que le daba demasiada vergüenza aquella situación. No pudo aguantar más la mirada acusadora de la castaña y acabó por apartar la vista. Vale, quizá sí que estaba actuando raro pues, sin ir más lejos, Syaoran Li nunca apartaba la mirada de esa forma. Frunció el ceño y volvió a mirarla, también era cierto que si ella dejara de rehuirlo no le resultaría tan difícil actuar con naturalidad.
- ¡Pero es que tú me evitas! –le reprochó.
- ¡Porque te comportas raro! –Se defendió ella.
Sakura se cruzó de brazos y él hizo lo propio, recostándose en el sillón mientras se miraban con fijeza. Estaba claro que ninguno de los dos pensaba admitir que la culpa de esa extraña situación era suya. Aunque fuera de los dos.
- ¡Ah, claro! –Dijo él como si acabara de entender algo.- Prefieres que me comporte mal y sea el jefe cabrón que no para de hacerte la vida imposible. Como hasta ahora, ¿no? –Sakura abrió la boca para llevarle la contraria pero no le salieron las palabras, básicamente le estaba pidiendo eso, sí, pero... Él apoyó los brazos en la mesa para inclinarse y acercarse más a ella mientras su voz se volvía apenas un susurro.- ¿Te gusta que sea malo, Kinomoto?
- ¡NO! –Se sonrojó violentamente, se había puesto de pie completamente abochornada y Syaoran no había podido aguantarse más la risa.- ¡No te rías! –Protestó mientras se sentaba de nuevo.- Sólo digo que te comportes con naturalidad, que seas tú mismo y no una versión tímida de Syaoran Li que deja a todo el mundo desconcertado. Tampoco pasó nada importante.- Sakura apartó la mirada y Syaoran encajó la mandíbula ante eso.- Si te comportas raro sólo harás que saquen conclusiones precipitadas, como ahora, ¿crees que Mei Ling y Eriol no se han dado cuenta de que tengo algo que ver con tu repentina falta a la fiesta de Ichihara? Por favor, Syaoran, ¡piensa antes de actuar! Ahora tu prometida muy posiblemente me quiera ver muerta.
Por un momento se quedaron en silencio, Sakura esperaba alguna contestación pero él simplemente la miró con el rostro completamente serio, tanto que un escalofrío recorrió la espalda de la chica. Syaoran se recostó en su sillón y alargó la mano para coger el auricular del teléfono, marcó un número y una sonrisa se formó en su rostro, tan maliciosa que provocó que Sakura tragara saliva, teniendo de repente un mal presentimiento.
- No te librarás tan fácilmente de mi.- Murmuró el hombre mientras esperaba a que le contestaran al teléfono.- Dije que te ayudaría y pienso hacerlo y si no te lo crees, sólo mira.
-.-.-.-.-
La fiesta se estaba llevando con tranquilidad y todo salía tal y como estaba preparado, no había ocurrido ningún accidente y después de que todos se reunieran la anfitriona -una mujer de largo pelo moreno y abundante busto que iba ataviada con un impresionante vestido- dio un pequeño discurso que mereció el aplauso de todos sus invitados. Segundos antes de que exclamara que ya podían empezar a beber todos y la música comenzara a sonar.
Mei Ling parpadeó cuando se encontró a Yuuko Ichihara sentada en un diván con una copa de sake en la mano. ¿Cuántos años se suponía que tenía esa mujer? Ya le habían comentado que sus fiestas solían ser así, pero igualmente le sorprendió.
Miró a su alrededor. Toda la gente parecía estar pasándolo bien, el ambiente era relajado y casi despreocupado, no como en cualquiera de las fiestas a las que ella había llegado a asistir donde el protocolo se anteponía a al diversión. Aprovechó que en esos momentos pasaba un camarero con bebidas y cogió una copa. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Ella nunca había asistido a esa fiesta y, a diferencia de en China, aquí no conocía a nadie. Por no hablar de que se encontraba ahí como sustituta de Syaoran... sólo esperaba no encontrarse con Ieran. Eriol le había dicho que intentaría distraer a su madre y ella se lo agradeció, porque no tenía ningunas ganas de explicarle porque su hijo no había asistido a esa importante velada y en cambio había mandado a su prometida. Sonrió con ironía y dio un trago de la copa, no sabía a quien quería engañar, ni ella misma conocía la razón por la que Syaoran no había venido.
No sabía cuanto llevaban de fiesta. ¿Qué hora era? Miró su muñeca, ah, se había quitado el reloj para ponerse una pulsera. Miró a su alrededor y localizó a otro camarero, le hizo una seña y él se acercó para tenderle otra copa. ¿Cuántas llevaba ya? Dos. No, esa era la tercera.
- Si sigues bebiendo de ese modo acabarás montando un espectáculo.
Era una voz suave que había sonado detrás suyo. Ahora, cuando se girara, se encontraría con otro hombre de negocios que intentaría ligar con ella hasta que le dijera que estaba prometida con el heredero del clan Li y entonces él saldría corriendo con una disculpa. Se conocía la historia, le había pasado ya al menos una docena de veces. Dio un sorbo de su copa.
- No voy... –Las palabras murieron en su boca cuando se giró. ¿Cómo no se había dado cuenta de quien era esa voz?
- Llevo un raro mirándote.- Le informó con una risilla.- Esa es la tercera y creo recordar que no toleras demasiado bien el alcohol, así que con tu permiso... -Alargó una fina mano para quitarle la copa y bebió un pequeño trago.- Sabía que te quedaría bien el vestido.
Mei Ling parpadeó saliendo de su asombro, se había quedado un poco descolocada al no reconocer a Tomoyo, quizá sí que era verdad que llevaba demasiadas copas ya. Sonrió y dio una vuelta sobre si misma para mostrar el vestido, aquel que se compró precisamente en la tienda de su amiga. Tomoyo soltó una risita divertida cuando hizo una mueca ante el repentino mareo que le había venido por culpa de la vuelta.
- La verdad es que me está como un guante.- Afirmó la china.- No pensé en encontrarte en... –Se calló a media frase ante la mirada incrédula de su amiga. Obviamente que ella estaría ahí, los Daidouji también eran una importante familia y no era de extrañar que tuvieran contactos con Ichihara.- Vale, déjalo.- Rieron.- Pero me alegra verte, ya me estaba empezando a aburrir de la fiesta.
Tomoyo sonrió y empezaron a charlar animadamente. Por lo que le contó la chica, en las fiestas de esa mujer siempre corría el alcohol y mucha gente acababa más que contenta, sobre todo la anfitriona. Mei Ling dio gracias por encontrar a alguien conocido y poder hablar despreocupadamente, sin embargo cuando la morena le preguntó por Syaoran su rostro se ensombreció notablemente.
Le contó lo que sabía, que al hombre le había salido un imprevisto y la había mandado a ella en su lugar. Tal y como se imaginaba Tomoyo se sorprendió, no era de extrañar teniendo en cuenta que Syaoran acudía a esa fiesta cada año y que no era precisamente una persona que descuidara sus compromisos.
Se llevó una mano a la sien, las copas que había bebido antes y el tema de conversación habían logrado provocarle dolor de cabeza. Se disculpó con Tomoyo y se dirigió al baño, sin embargo ella insistió en acompañarle. Fue precisamente de camino al baño cuando vio por primera vez a Ieran Li, al lado de Eriol y hablando con un hombre rechoncho y que no paraba de parlotear. La mujer la miró con sorpresa mal disimulada y ella hizo una leve inclinación que Ieran correspondió cortésmente, aun hablando con el empresario.
- Supongo que luego querrá hablar contigo.- Murmuró Tomoyo cuando entraron en el baño. Mei Ling soltó un gruñido y se dirigió al lavamanos para refrescarse un poco.- Pero oye, tú ya has cumplido con tu cometido, has hecho acto de presencia en nombre de Syaoran y su madre ya te ha visto. Además, la fiesta se está empezando a hacer pesada.- La china la miró sin saber muy bien donde quería ir a parar, Tomoyo hizo una pausa para repintarse los labios.- Quiero decir, que si lo prefieres podemos irnos a otro lado.
Mei Ling la miró con una ceja alzada a través del reflejo del espejo. ¿Lo decía en broma, verdad? No creía que se pudieran ir en medio de una fiesta como esa. Sin embargo la mirada traviesa de Tomoyo y la sonrisa que vio en sus labios antes de que la cogiera por la muñeca y la sacara prácticamente a rastras del baño, no le dejó lugar a duda.
Lo próximo que supo Mei Ling era que caminaban por alguna calle céntrica de Tokyo, bajo el frío del invierno y entre risas y bromas. No se lo podía creer. Eriol las había visto salir y las miró con las cejas alzadas claramente sorprendido, por suerte cuando su madre se fue a girar hacia ellas el hombre la distrajo. Tenía que acordarse luego de agradecérselo. Tomoyo reía a su lado, su madre también las había visto salir, pero no dijo nada.
- Y bien.- Dijo parando de reír.- ¿Dónde quieres ir?
Ella miró a su alrededor. No tenía muy claro donde estaban, aun no conocía del todo la ciudad y al salir corriendo se había acabado de desubicar, así que se encogió de hombros.
- Me da igual... Creo que he bebido demasiado.- Soltó una pequeña risilla.- Hace frió, ¿qué tal si nos sentamos a tomar un poco de té? Además así quizá todo deje de darme vueltas.
- Claro... -Tomoyo miró a su alrededor y señaló hacia el final de la calle.- Si no recuerdo mal por ahí hay un restaurante de Okonomiyaki que no está nada mal. Es pronto, pero si comes algo te encontrarás mejor.
La china empezó a reír tontamente, quizá fuera consecuencia del alcohol pero soltó una sonora carcajada. Acababa de salir de una lujosa fiesta para ir a comer Okonomiyaki en un pequeño restaurante, eso sí que era inesperado, pero desde luego prefería ese plan a tener que aguantar aquella fiesta con un montón de gente que no conocía. Tomoyo negó con la cabeza mientras ella seguía riéndose, la cogió del brazo y pusieron rumbo al local. Fue al doblar la esquina cuando dejaron de reírse de golpe al ver a la chica que en esos momentos salía de una tienda con un par de bolsas en las manos.
- Oh, es Sakura.- Tomoyo sonrió y alzó la mano dispuesta a saludarla.
Una segunda persona salió de la tienda en el momento en que la morena fue a llamarla, provocando que enmudeciera. Antes de que pudiera reaccionar Mei Ling le cogió de la muñeca y estiró de ella hasta quedar escondidas por la pared de la esquina. Las dos morenas se miraron completamente sorprendidas, incluso Mei Ling parecía haberse olvidado de las copas de más. Asomaron ligeramente la cabeza para poder ver.
Syaoran caminaba al lado de Sakura, cargando una caja y charlando con ella mientras caminaban. Se detuvieron cerca de ellas para poder cruzar la calle, el semáforo estaba en rojo y Syaoran se reacomodó la caja sobre los brazos.
- Aun no me puedo creer que te hayas comprado ese sofá.- Desde donde estaban las dos chicas incluso escucharon el gruñido de fastidio del castaño.- Tiene un estampado horrible.
- A mi me gusta.- Sakura se encogió de hombros.- Además, el que te gustaba a ti era demasiado caro.
- ¡Ya te he dicho que te pagaba la diferencia! –Exclamó Syaoran con exasperación y ella lo miró con reproche.
- No quiero que me ayudes.
Sakura frunció el ceño cuando el hombre dijo esa misma frase al unísono, rodando los ojos y soltando un bufido al final. Las dos mujeres que seguían escondidas intercambiaron una mirada incrédula al ver la expresión entre aburrida y burlona que tenía Syaoran en su cara. La castaña se giró para mirar el semáforo, los coches seguían pasando y Tomoyo pudo ver como la mano de su prima agarraba con más fuerza el asa de las bolsas.
- Pero no pretendo ayudarte.- Sakura soltó un "¡Ja!" irónico ante eso.- Es por el bien de la humanidad, ¡permitir que te compres ese sofá es un crimen! -La chica lo miró con exasperación pero no pudo evitar una ligera sonrisa. Syaoran sonrió arrogante.- Así que me da igual lo que digas.
Sin más se dio media vuelta y volvió a la tienda. Sakura lo miró con sorpresa y lo llamó pero como era de esperarse él no le hizo el más mínimo caso. La gente a su alrededor empezó a caminar y al mirar detrás vio que el semáforo se había puesto en verde, soltó un gruñido y se apresuró a seguirle, por ahora tenía que pararle los pies al cabezota de su jefe antes de que cometiera alguna tontería.
- No me lo puedo creer.- Murmuró Tomoyo, mirando a Mei Ling.- ¿Syaoran no ha ido a la fiesta... para irse de compras?
La china se recostó contra la pared y bajó la mirada hasta sus zapatos. Sabía que Sakura tenía algo que ver con el "imprevisto urgente" que le había surgido a Syaoran, lo sabía porque era demasiado evidente, pero le parecía increíble que aquello tan importante fuera ir a comprar con la castaña. Cogió aire y lo soltó en un largo suspiro, encima se había ofrecido a pagarle parte de la compra.
Bueno, a decir verdad ya no le sorprendía que Syaoran hiciera cualquier cosa por Sakura. Miró a Tomoyo y parpadeó al verla con una expresión seria en el rostro y mirando con fijeza algún punto perdido de la calle. Ella tampoco entendía nada. Si el hecho de que Syaoran acompañara a Sakura a hacer algunas compras ya le parecía suficientemente extraño, a eso se le sumaba el detalle del que estaban comprando.
- ¿Para qué quiere Sakura un sofá nuevo?
Se volvieron a mirar, la pregunta era simple y la respuesta era clara, sin embargo ninguna de las dos se atrevió a decirlo.
- ¿No te ha dicho nada? –Tomoyo negó con la cabeza y Mei Ling frunció el ceño.- No entiendo porqué lo tiene que mantener en secreto.
En cambio ella tenía una ligera idea, y la frase que los dos habían dicho a la vez se lo confirmaba, su prima siempre había sido demasiado testaruda y siempre le gustaba hacer las cosas por si misma, si tenía que pedir ayuda sólo sería en algún caso extremo en el que no le quedara más remedio que aceptar esa mano amiga a regañadientes. Sin embargo le dolía que aquella mano fuera la de Syaoran.
- Es muy independiente.- Suspiró Tomoyo.- Ya has visto que no quería la ayuda de Syaoran, pero me temo que ha ido a dar con la horma de su zapato. Lo que no entiendo es porque no me ha dicho... que quería mudarse.
- Porque la hubieras ayudado.
Los ojos amatistas de Tomoyo se encontraron con la sonrisa de Mei Ling y sonrió tristemente también. Sí, sin duda sería por eso, seguramente Sakura sabía que ella le ayudaría en todo lo que le pidiera con todo lo que estuviera a su alcance. Y de igual modo seguramente también sabía que no le dejaría irse, ¿acaso no estaba cómoda en su casa? Sinceramente podía entender eso, pero lo que no entendía era porqué Syaoran sí lo sabía. Las dos se quedaron en silencio y suspiraron.
- Y Syaoran... –Tomoyo negó con la cabeza, Mei Ling cerró los ojos con una sonrisa resignada.- No sé en que está pensando. Entiendo que quiera ayudar a Sakura, pero sus responsabilidades... y además estás tú, eres su prometida, ¿no?
La china la miró con una expresión tan triste que provocó que Tomoyo tragara saliva. Si a ella le dolía la actitud de su prima, tendría que haberse dado cuenta de que a Mei Ling le dolería muchísimo más la de Syaoran, tan frío con ella y tan atento con Sakura... A fin de cuentas ella no tenía nada con Sakura, pero no podía ni imaginarse el dolor de Mei Ling por ver como su prometido elegía a otra.
- Si algo he aprendido de ti es que las responsabilidades no están por encima de los sentimientos.- Tomoyo alzó las cejas. ¿Ella había dicho eso?- Ven, vamos a tomar ese té... he de contarte algo.
Pasaron por delante de la tienda de muebles y no pudieron evitar mirar de reojo al escaparate, en su interior vieron a Sakura y Syaoran discutiendo con el pobre comprador provocándoles unas risillas mientras seguían su camino.
-.-.-.-.-
- No me puedo creer que te hayas salido con la tuya.- Comentó incrédula mientras cruzaban la calle.
- Sakura, siempre me salgo con la mía.
La castaña le lanzó una mirada llena de odio al hombre, odiaba cuando se ponía así de testarudo y aun no sabía como había logrado que ella cediera a su capricho, cosa de lo que ahora se arrepentía. ¿Por qué había cedido? ¡Era su casa! Syaoran no tenía ningún derecho a decidir nada y menos algo tan importante como el sofá. ¡Sería ella quien se pasaría sus horas libres tumbada en él! Seguramente Syaoran ya tenía los sofás, sillones, butacas, divanes y camas más cómodas y prestigiosas que había pero a ella todo eso le daba igual porque simplemente quería ese sofá, le había parecido cómodo, era asequible a su bolsillo y le cabía perfectamente en el comedor. No como aquel.
- Es demasiado grande, ahora tendré que redistribuir todos los muebles.
- Bueno, si quieres te ayudo a elegir donde poner cada cosa...
- ¡No!
Syaoran soltó una risotada ante el grito precipitado de su empleada, a veces le resultaba demasiado divertido meterse con ella. Aunque aun no sabía como había logrado ganarle le parecía que aquello era un gran paso en la relación que mantenía con Sakura. Un momento. Se paró en medio de la calle y parpadeó sorprendido, ¿qué clase de relación se suponía que tenía con ella? La chica se paró al ver que se había detenido y le cuestionó con la mirada, él negó con la cabeza y se volvió a recolocar la caja sobre los brazos. Se puso a su lado y miró a Sakura de reojo mientras empezaban a caminar de nuevo. La chica se había puesto un gorro que le ocultaba prácticamente todo el pelo castaño y sobre su nariz rojiza por el frío tenía sus ojos verdes, fijos en una libreta que acababa de sacar y en la que garabateaba algo que parecía un croquis de su piso.
El hombre dejó de mirarla y soltó su aliento para ver como se volvía blanco ante la baja temperatura. Se paró al ver el semáforo en rojo pero la chica a su lado no lo hizo, la vio seguir caminando mientras miraba la libreta, ajena a la señal. Tuvo que alargar la mano para cogerle del brazo, haciéndola frenar en seco de un tirón, justo antes de que pusiera un pie en la calle por donde los coches ya habían empezado a circular.
- Vigila.- Protestó Syaoran.
Sakura miró a la calle y luego al hombre, que seguía sujetando su brazo con la mano mientras hacía malabarismos para que la caja no se le cayera al tenerla sujeta con un único brazo. Tenía su ceño fruncido pero esta vez más que arrogancia o enfado pudo ver un deje de preocupación en su rostro, o quizá sólo se lo pareciese. Se sonrojó y murmuró un gracias al tiempo que él le dejaba ir.
- Ya casi llegamos.- Murmuró mientras miraba el reloj.- Y aun es pronto. Te invitaría a un té, pero todavía no me va el gas así que paremos a comprar unos refrescos, ¿te va bien o prefieres otra cosa? -Él se encogió de hombros.- Refrescos pues.
Como bien había dicho Sakura, no tardaron mucho en llegar. Por lo que le había dicho sobre el precio del alquiler, era una autentica ganga pero además tenía que reconocer que era una buena zona. La chica le comentó que el metro estaba a un par de calles de distancia y desde ahí sólo tenía unas cinco paradas hasta la oficina, Syaoran no pudo evitar bromear sobre eso, estaba seguro de que a pesar de la cercanía ella seguiría llegando con el tiempo justo al trabajo. Cogieron el ascensor y subieron a la segunda planta, Sakura abrió la puerta y lo dejó pasar.
- No es muy grande.- Comentó Syaoran al entrar al salón, dejando el abrigo sobre una de las dos sillas que había.
- Comparado con tu mansión o la de Tomoyo, nada lo es.- Rió ella.- Sólo tiene una habitación pero la cocina y el comedor son bastante espaciosos, además está muy bien iluminado y por si no te has fijado abajo tengo una pastelería y hacen unos pasteles que tienen una pinta...
Cogió las botellas para llevarlas a la nevera y dejó las bolsas en una pequeña mesa que había en el centro de la sala. Era lo único que había a parte de las dos sillas y una estantería que estaba medio descolgada, pero estaban tan viejas que daban algo de pena. Miró las paredes, estaban en buenas condiciones pero tenían varias manchas y estaban desconchadas en algunas zonas, en un rincón había un par de bolsas con basura y unas cuantas cajas cerradas. Syaoran pensó que ahí había mucho trabajo por hacer.
- ¿En serio pretendías arreglar esto tú sola?
- Bueno, puede que esté un poco dejado, pero el baño y la cocina están perfectos. Ayer acabé de limpiar y poco a poco...- Volvió de la cocina y empezó a sacar un par de rodillos y pinceles de la bolsa.- Ahora sólo queda pintar porque mañana vendrán con los muebles. Deja la caja por ahí, por favor.
Syaoran le hizo caso y abrió la caja, dentro había una lata de barniz, una lijadora y unas cuantas cosas más. Cogió el barniz y lo miró, luego se giró para ver como Sakura enchufaba un alargo y cruzaba media sala hasta llegar al lado de la mesa, se acercó a la caja, cogió la lijadora y desenrolló el cable. Él alzó las cejas.
- ¿Vas a arreglar la mesa? –La castaña asintió mientras enchufaba el aparato al alargo.- ¿Por qué no te compras una nueva? Acabarás antes.
- Me gusta esta, tiene unas patas bonitas... sólo necesita una capa de barniz y listos.- Se puso los guantes y unas gafas y sonrió a Syaoran, con la lijadora en las manos.- Me la ha dejado el jardinero de Tomoyo ¿A que impongo? –Rió.- La pintura está en la habitación contigua, también hay una escalera, ¿puedes empezar por ahí? Quiero lijar esto antes para que el polvo no se pegue a la pintura.
Syaoran se la quedó mirando con la boca abierta, completamente incrédulo. No entendía porqué quería arreglar esas cosas viejas, con lo fácil que sería tirarlo e ir a comprar algo nuevo. Igual pasaba con ese piso, con lo dejado que estaba sería más conveniente buscarse otro o al menos contratar a unos profesionales que te hicieran todo el trabajo.
La lijadora se puso en marcha y Sakura soltó una exclamación cuando al ponerla sobre la superficie de la mesa comenzó a salir el barniz desgastado que tenía. Syaoran negó con la cabeza mientras disimulaba una sonrisa, esa mujer era imposible.
-.-.-.-.-
Ieran Li estaba segura de que se había recorrido toda el salón de fiestas pero aun no había encontrado a Mei Ling, según Eriol la había visto antes cerca de una ventana junto con Tomoyo, pero ahí no estaban y se estaba cansando de buscarla. Necesitaba saber qué hacía ella ahí y porqué su hijo no se había presentado.
Una figura familiar le llamó la atención, estaba en el balcón, apoyada en la barandilla mientras bebía una copa de champán. Se acercó hasta ella, no era quien buscaba pero le serviría.
- Sonomi.- La voz salió tranquila de su boca pero logró sobresaltarla.- Siento asustarte... ¿Has visto a Mei Ling?
La mujer se giró para quedar cara a cara y dio un sorbo antes de sonreírle.
- La vi antes junto a Tomoyo.- Ieran soltó un gruñido, eso ya se lo habían dicho.- Mi hija no soporta estas fiestas así que seguramente a estar horas ya se habrá ido. Probablemente Mei Ling la acompañó, no creo que aquí conociera a demasiada gente.
Suspiró mientras se apartaba un mechón de pelo negro que le hacía cosquillas en el cuello debido a la brisa. Ahora se quedaría sin saber las respuestas a sus preguntas. Daba igual, cuando llegase a casa se encargaría de preguntárselo a su hijo personalmente, así podría reprocharle el haber faltado a una de las fiestas más importantes para su empresa. Le parecía increíble que Syaoran hubiese decidido faltar pero aun más que no se lo hubiera comunicado y, en lugar de eso, hubiera mandado a su prometida en su sitio, desde luego era algo increíble viniendo de él.
Se dejó caer en una de las sillas que había en el balcón y se masajeó las sienes. Odiaba tener unos hijos tan problemáticos. Una copa apareció delante suyo y al alzar la mirada se encontró con la sonrisa de Sonomi, tendiéndole aquella copa que acababa de ir a buscar. Ieran la cogió sonriendo en agradecimiento, por el momento tendría que esperar.
-.-.-.-.-
Varías horas y litros de pintura después, la habitación estaba lista y después de acabar con una de las paredes del comedor se disponía a pintar otra. Sakura había terminado de lijar los muebles y ahora barnizaba la última pata que le quedaba de la mesa, tarareando una canción que se escuchaba desde la pequeña radio que había instalado en la cocina. A un lado las sillas y la estantería se estaban secando después de ser barnizadas, Syaoran tenía que admitir que los muebles habían quedado lo bastante bien como para que no pareciesen los mismos.
Suspiró y mojó el rodillo en el bote de pintura. Cuando se ofreció a ayudar en la mudanza él se refería a ayudar a comprar los muebles, a instalarlo todo... no ha hacer de manitas de la casa, pintando las paredes o colgando estanterías. Pero tenía que admitir que estaba siendo una tarde divertida.
- Y con esto ya está.- Sakura se puso de pie y se pasó una mano por la frente para quitarse el sudor, llenándose con un poco de barniz mientras miraba con orgullo su obra.- ¿Cómo vas?
Se giró para mirar al hombre y sonrió al verlo lleno de pintura, a parte de la camiseta negra que estaba salpicada de blanco, su cara y pelo también lucían alguna que otra mancha. Estaba claro que no solía hacer eso a menudo. Se puso a su lado y cogió otro rodillo sonriendo antes de empezar a pintar la pared.
- Puedo terminarlo solo.- Protestó él.
- Seguro, pero así iremos más rápido.- Lo miró de reojo y tuvo que contener las ganas de reírse al encontrar que su camiseta tenía una gran huella de mano blanca en un costado.- Deberías haberte puesto algo más apropiado para pintar.
Syaoran la miró a ella, con una camiseta vieja y medio rota, unos tejanos descoloridos, y un pañuelo en el pelo, todo ello lleno de manchas. Sí, quizás hubiera sido más inteligente, pero por orgullo no dijo nada y se centró en seguir pintando la pared. Sakura soltó una risilla a su lado.
Centraron su atención en pintar, los rodillos se deslizaban por la pared dándole una capa blanca y dejándola como nueva. Charlaban de cosas triviales, cosas sin importancia, una conversación informal que en el trabajo no podían tener. De vez en cuando los ojos verdes de ella se desviaban hacia él, mirándolo de reojo mientras seguía aplicando la pintura y hablaba despreocupadamente. En ocasiones los ojos ámbares de él miraban disimuladamente a la chica y un instante después se fijaban en la pared que estaba pintando, riéndose de los comentarios de ella.
De repente ambos se callaron y se miraron con sorpresa un instante justo antes de desviar la mirada. Se habían estado evitando durante dos días porque después de aquella noche el ambiente entre ellos estaba enrarecido así que no querían provocar ninguna situación incómoda, llena de tensión e incertidumbre. Pero ahora estaban el uno al lado del otro, a solas en esa pequeña casa y, a pesar de que aquello podría resultar violento, en realidad no estaban incómodos sino al contrario, hablaban animadamente y se reían de forma despreocupada.
Sinceramente ninguno de los dos lo entendía, pero era suficientemente agradable.
Syaoran se agachó y cogió un pincel para hacer la juntura del suelo, Sakura se sentó encima de la escalera para poder llegar más alto y deslizó el rodillo una vez más antes de detenerse para mirarlo. Hacía tiempo que una pregunta le pasaba por la cabeza, sabía que probablemente él no contestaría pero, ahora que el ambiente entre ellos estaba lo suficientemente relajado como para hablar sin tensión, era un buen momento para hacerla.
Syaoran notó la mirada sobre él y alzó la cabeza. Él ámbar chocó contra la esmeralda.
- Oye... ¿Porqué estás prometido con Mei Ling?
To be continued...
Notitas: Oooooh- siento varias auras asesinas acechándome en estos momentos- chan chaaan xDDD
Bueno, sé que he tardado pero hago lo que puedo, con esta calor es imposible concentraaaarse... y mi musa se ha ido de vacaciones o algo xD aun así el cap es suficientemente largo, o no? Además está lo que pasó en el anterior, en modo flashback salteado, pero está fufufufu- en cuanto al cap... pocas cosas pasan pero muchas cosas a medias se quedan, lo sé, en el cap que viene intentaré resolver algunas... he de aclarar que sólo tengo planeado dos caps más.. así que o mi musa vuelve o no sé.. Presiento un final precipitado... ups?
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