Puedes llamarlo acoso...
Décimo sexto acoso
El sol se estaba poniendo y la ciudad se empezaba a llenar poco a poco con las luces de neón que se reflejaban en el vidrio de su copa. A los pies del edificio la ciudad burbujeaba llena de vida y ella miraba a los centenares de puntitos que a esa distancia eran las personas, auque no tenía ni el más mínimo interés en ellas. Sonomi se puso a su lado y recargó los brazos en la baranda, compartiendo con ella la vista en silencio, dándole tiempo para pensar.
Ieran no era una persona que soliera montar una estrategia sin estudiar concienzudamente todos los factores implicados, pero empezaba a pensar que eso sólo servía para la vida bursátil y no para la vida social.
- No sé si estoy haciendo bien.- A su lado Sonomi la miró esperando a que se explicase.- Empiezo a pensar que montar todo esto ha sido excesivo, quizá estoy forzando demasiado las cosas.
- Vaya, ¿Ieran Li está insegura de un plan suyo? –Bromeó la mujer.- A ti nunca te ha preocupado forzar las cosas. Si no es como a ti te gusta lo moldeas y punto.
- Visto así parezco una manipuladora.- Observó Ieran.
- Y de las más grandes.
La morena dio un trago de su copa mientras miraba a su amiga con una ceja alzada. Hacía tiempo que tenía asumido que era una manipuladora, sus hijos también lo eran y la verdad es que no le extrañaba... Además también puede que fuera un poco metomentodo pues sino dejaría a sus hijos hacer su vida sin intervenir. Pero eso era demasiado lento y aburrido.
- ¡Yaaaaaaaaaai! –Una figura apareció a sus espaldas y se abalanzó sobre ellas como una fiera, colgándose de los hombros de las dos y quedando en medio mientras reía a carcajada limpia. Ninguna se asustó, ya estaban acostumbradas a las entradas de Yuuko.- ¿Qué hacen mis dos grandes socias aquí tan solitas?
- Hablando de manipuladoras...- Bromeó Sonomi y Ieran sonrió de lado.- Hablábamos de la boda de Syaoran.
La sonrisa se esfumó del rostro de Yuuko y giró la cabeza para ver a la mujer que tenía a su derecha, Ieran la miró con igual seriedad y por un momento el ambiente se volvió algo tenso. Yuuko se incorporó separándose de ellas y miró el cielo que empezaba a oscurecer, en su rostro no quedaba ni pizca del sonrojo que llevaba momentos antes debido al alcohol. Sonomi volvió a girarse para contemplar la vista de la ciudad.
- Forzar las cosas es algo que te gusta demasiado. –Se giró y miró a Ieran con fijeza.- Aunque tú no hagas nada, cuando madure, la manzana caerá por su propio peso.
Sonomi soltó un suspiro. Ya estaba con sus frases rebuscadas y llenas de filosofía y significados ocultos, con lo fácil que es hablar sin usar tantas metáforas. Y, como no, seguro que Ieran no se quedaría atrás y empezarían una conversación de la que ella no pillaría ni la mitad.
- Tú frase preferida es que el sueño debe acabar, ¿no? –Ieran la miraba con fijeza.- Syaoran ha estado demasiado tiempo soñando, debe despertarse y actuar. Y si él no se despierta, lo despertaré yo.
- Entiendo que te preocupes por él, le diste a elegir y él prefirió huir, eso demuestra que aun es un niño... No debes presionarlo de esta forma.- Yuuko se giró a un camarero que esperaba en la puerta y le hizo una seña, al instante tuvo una copa de sake en la mano.- ¿Una boda? Yo soy él y salgo huyendo.
- Ya lo hiciste.- Comentó Sonomi y se ganó una mirada furiosa por parte de la mujer.
- Si hubiera huido de la boda lo entendería.- Ieran suspiró y bajó la mirada.- Pero en lugar de eso huyó de tomar una decisión sobre su vida. Como siempre...
El rumor y la música de la fiesta las acompañaba pero ellas se quedaron en silencio. Yuuko se bebió su licor de un tirón y se quedó mirando la copa vacía mientras Sonomi seguía contemplando la ciudad a sus pies.
Quizá si que había hecho mal al montar todo eso de la boda, Yuuko se lo había advertido, incluso Sonomi le dijo que era demasiado retorcido, pero como siempre ella no las escuchó y por eso se encontraba en esa situación. Pero ahora no había marcha atrás, la partida había empezado hacía tiempo.
- Con un poco de suerte no tarde mucho en darse cuenta.- Murmuró Sonomi.- No asistir a la fiesta de hoy ya es un gran paso para él, ¿no? Por una vez ha decidido que hacer por él mismo.
- Quizá no lo haya decidido él.- Admitió Ieran.- A lo mejor sólo sea una casualidad.
- Las casualidades no existen, sólo lo inevitable.- Musitó Yuuko, dejando la copa sobre la baranda.- Lo que tenga que pasar, pasará. Y lo que has planeado únicamente hará que las cosas vayan más rápido porque, por lo que me habéis dicho, el destino ya ha movido ficha.
El viento sopló alrededor de ellas y Ieran tuvo que llevarse una mano a un mechón que le cruzaba la cara. Yuuko alzó la vista y miró el cielo donde, a pesar de toda la luz de la ciudad, empezaban a vislumbrarse las primeras estrellas.
- Y ahora... ¡Volvamos al a fiesta!
-.-.-.-.-
Syaoran seguía agachado, con el pincel en una mano y mirando a Sakura, quien tampoco había apartado la mirada aunque empezaba a sentirse incómoda por aquellos ojos ámbares fijos en ella. La chica quería una respuesta y ahora que se había atrevido a preguntar no permitiría que él evadiera la cuestión.
- ¿Porqué estás prometido con Mei Ling? – Volvió a decir.
Esta vez el rostro impasible de Syaoran se volvió una mueca de fastidio, al parecer sí que había escuchado bien la primera vez. Apartó la mirada y siguió pintando la pared a pesar de que sentía los ojos de la mujer fijos en su nuca, incomodándole más de lo que le gustaría.
Sakura soltó un bufido ante la actitud del hombre, ¿cómo podía simplemente ignorar ese tema? A veces no entendía como podía ser tan obstinado... Pero ella era más terca de lo que él se imaginaba. Dejó el rodillo en el cubo de pintura que estaba colgado de la escalera y se reacomodó en su sitio para cruzar los brazos sobre su pecho.
Al principio Syaoran no pareció advertir la mirada molesta que le mandaba la castaña pero, tras unos segundos de silencio, finalmente él cometió el fatídico error de mirarla de reojo para comprobar si seguía mirándole. Y en cuanto sus ojos se cruzaron supo que no había manera de que pudiera evitar esa conversación.
- ¿Qué más da? –Preguntó hastiado.- Estoy prometido con ella y punto.
- ¿Cómo que qué más da? –Sakura soltó un nuevo bufido.- Me parece increíble, es decir, ¿hola? ¡Te vas a casar con ella!
- ¡Ya lo sé, gracias! –Gruñó poniéndose de pie y tirando el pincel al suelo.- Por si no se nota no me hace mucha ilusión.
- ¡Pues por eso mismo! –Se bajó de un salto de la escalera que se tambaleó peligrosamente y el cubo no se cayó por poco.- Por eso mismo pregunto, porque sé que no te hace ilusión, porque eres mi jefe y estos últimos meses he estado a tu lado lo suficiente como para saber que no te quieres casar, ¡que no la quieres!
- ¿¡Y tú cómo sabes que no la quiero!? –Bramó el chico.
- ¡Porque si no te querrías casar!
Ambos se quedaron en silencio, encarados el uno al otro y respirando con dificultad. No sabían cuantas veces habían discutido de ese modo y siempre acababan igual, gritándose mutuamente para acabar callados mirándose con ferocidad mientras pensaban que la persona que tenían delante era la más testaruda e insoportable del mundo. Esta vez fue Syaoran el que se rindió primero, no era un tema que quisiera tocar así que, simplemente, apartó la vista y suspiró mientras se pasaba una mano por el pelo.
- Mira, me tengo que casar con ella y punto.- Murmuró recogiendo el pincel del suelo.- Tú no lo entiendes.
- Si me lo explicaras podría entenderlo.
El hombre la miró con extrañeza. ¿Por qué quería que se lo explicara? ¿Qué le importaba a ella si se casaba? Sakura tenía sus ojos fijos en él, esperando que se decidiera a contarle toda la historia. ¿Por qué quería entenderlo? Syaoran titubeó un segundo antes de soltar un suspiro y dejarse caer en el suelo, sin ánimos para seguir discutiendo. Sabía que ella no pensaba darse por vencida y de algún modo él quería hablar sobre esa situación con alguien así que, si tenía que hablar, prefería hacerlo antes de que la mujer le pusiera de más mal humor.
- Venimos de mundos distintos, Sakura.- Murmuró, apoyando su espalda en la pared.
- Lo sé.- Susurró ella.
Eso lo sabía, desde pequeña se había dado cuenta de que el mundo en que ella vivía era distinto al de Tomoyo, aunque su prima dijera que no. Y ahora sabía que el mundo de Tomoyo era también el mundo de Syaoran, un mundo distinto al suyo y donde nunca encajaría.
- En mi mundo el deber es lo principal y, si eres el heredero de un clan tan importante como el mío, se encargan de enseñarte ese deber desde muy pequeño. ¿Has hablado con Mei Ling? A ella la educaron como la mujer del futuro líder del clan y nos prometieron incluso antes de que entendiéramos que era 'casarse'.
El hombre se pasó de nuevo la mano por la cabeza, estaba exasperado de todo aquello, odiaba el mundo en el que vivía, detestaba las reglas que le imponían y aborrecía todo aquel rollo de las apariencias. Sakura se agachó a su lado, con la vista fija en el suelo.
- A mi me educaron como "el futuro líder del clan Li" –Siguió él, poniendo voz grave para remarcar el titulo.- Y no sabes lo agotador que es. Un verdadero líder va a todas las fiestas y eventos de la aristocracia, un verdadero líder tiene que tener unos modales impecables y una elegancia inigualable, un verdadero líder ha de saber hablar, leer y escribir en un montón de lenguas y tocar como poco cuatro instrumentos musicales además de ser bueno en al menos cinco deportes y tener como mínimo dos carreras, que se debe de sacar a la vez y que, por supuesto, deben ser derecho y económicas. No importa que tú quieras ser historiador, ¡a un líder no le sirve la historia!
Sakura vio con asombro como Syaoran alzaba poco a poco la voz mientras seguía su discurso. La chica se había quedado con la boca abierta después de escuchar semejante curriculum mientras él seguía quejándose sobre todas las responsabilidades que tenía que asumir por ser quien era. Sabía que no tenía que ser muy agradable tener tantas responsabilidades, pero aquello era increíble. Al cabo de unos segundos advirtió un pequeño detalle y carraspeó ligeramente.
- Syaoran...
- ¿¡Qué!?
- Acababas de pintar ese trozo.
El hombre se la quedó mirando sin entender a qué se refería hasta que algo hizo click en su cabeza y se levantó de un salto, dándose la vuelta para comprobar que se había llevado buena parte de la pintura que acababa de poner en la pared. Sakura soltó una carcajada mientras lo veía hacer contorsionismo para mirarse la espalda, donde la camiseta ahora era más blanca que negra. Syaoran soltó un bufido y se giró para verla reír, contagiándose una sonrisa.
- Podrías avisar antes, ¿no? –Protestó, sentándose de nuevo, esta vez alejado de la pared.
- Me daba pena cortarte. -Bromeó ella, omitiendo el hecho de que acababa de darse cuenta.- Por lo que has dicho ser tú debe de ser un coñazo.- Él sonrió de medio lado murmurando un 'gracias' dolido mientras Sakura sacaba un trapo de su bolsillo.- Ven, te has manchado también el pelo, si no te lo quitas rápido luego será peor.
Syaoran inclinó la cabeza hacía abajo para permitir que le intentara limpiar el estropicio de pintura. Cerró los ojos mientras sentía las manos de ella trabajar entre sus mechones, tenía que admitir que era una sensación agradable y extrañamente tranquilizadora. Respiró hondo y el perfume dulce de la chica le embotó los sentidos, soltó el aire en un suspiró y apoyó la frente contra el pecho de ella, quien se tensó un momento antes de volverse a relajar.
- ...¿Qué debería hacer? –Preguntó él en un susurro.
- ¿Qué quieres hacer? –Preguntó ella en respuesta.
Se quedaron en silencio mientras Sakura seguía jugueteando con el pelo de él entre sus dedos, la labor de quitarle la pintura había quedado en el olvido y simplemente se dedicaba a enterrar sus dedos en aquella indomable melena. Alzó la vista para mirar el techo, pensando en todo lo que él acababa de decirle, omitiendo la voz en su cabeza que le gritaba que el hecho de tener la cabeza de su jefe apoyada en su pecho no era una situación como para sentirse tranquila. Volvió a mirar al pelo achocolatado que tenía en frente, la verdad es que pensándolo un poco, sí que se sentía algo incómoda por aquella situación. Pero también se sentía extrañamente relajada.
- Lo siento.- Dijo él, apartándose.
Sakura disimuló una sonrisa al verlo completamente abochornado. Syaoran miró hacia otro lado con el ceño fruncido, él no era ningún niño asustado que llorase en las faldas de su madre. Aunque Sakura no fuera su madre.
- No me has contestado.- Observó la chica.
- Sí lo he hecho.- Suspiró mientras se levantaba y le cogía el trapo para limpiarse él mismo.- Me caso porque soy el heredero y es mi responsabilidad.
- ¿Responsabilidad? –Lo miró con incredulidad y se puso de pie para quitarle el trapo.- Es una boda, será tu esposa... y tú no la quieres, ¿o sí?
- Es Mei Ling.- Frunció el ceño y de nuevo le quitó el trapo de un tirón.
- ¿Y eso qué quiere decir? –Sakura hizo una mueca y le arrancó el trapo de las manos.- ¿La quieres?
- Es... Oye, ¿y a ti que más te da? –Le volvió a quitar el trapo con un gruñido.
- ¿¡Me quieres dar el dichoso trapo!?
Sakura cogió el extremo del disputado trozo de tela y empezó a tirar de él, pero esta vez Syaoran lo mantuvo fuertemente cogido así que ambos se pusieron a tirar cada uno de una punta. Él la miró con fijeza, sonriendo de medio lado al ver esa expresión de rabia y frustración en su rostro, con el ceño fruncido y los dientes apretados.
- Pareces celosa.
Syaoran se encontró trastabillando y cayendo de espaldas contra la pared cuando Sakura dejó de hacer fuerza y soltó el trapo de golpe. Puso las manos en las caderas y lo miró desde arriba con determinación.
- ¿Celosa? No estoy celosa. –Sentenció.- Eres mi jefe, no tengo motivo para estar celosa.
- Para de decir que soy tu jefe.- Gruñó cogiendo el pincel que había quedado abandonado en el suelo cerca suyo antes de ponerse de pie.- Ahora no estamos en la oficina, ahora no soy tu jefe y tú no eres mi secretaria. De hecho ahora soy yo quien está trabajando para ti.
Se levantó de golpe y la castaña no pudo reaccionar a tiempo. Pese a que dio un paso hacia atrás se encontró con que él le pasaba el pincel por la mejilla, manchándola de pintura blanca y haciendo que soltara un grito ahogado. Syaoran se puso a reír pero paró pronto al ver como ella lo miraba con enfado, gruñendo antes de abalanzarse a por el rodillo que seguía en el cubo y empezar a clamar venganza mientras lo blandía contra él.
El hombre se vio retrocediendo entre risas, con las manos alzadas intentó convencer a la chica de que no era una buena idea mancharle ya que él era su jefe, cosa que quedaba poco convincente si teníamos en cuenta lo que había dicho segundos antes. Sakura lo miró con una sonrisa casi sádica y un brillo medio demencial en sus ojos, o eso era lo que pensó Syaoran al verla con el rodillo en la mano como si fuera un arma blanca.
- No huyas, te prometo que no te dolerá... –Dijo ella con una risa psicópata.
Syaoran tragó saliva cuando topó contra una de las cajas que había en el suelo. Miró a sus pies un momento y luego a Sakura, quien seguía acercándose amenazadoramente, calculó la distancia y sonrió de medio lado. El resto pasó muy rápido. Sakura pisó fuertemente en el suelo y se lanzó contra él dispuesta a mancharle con el rodillo, justo en ese momento Syaoran se agachó rápidamente, cogió la caja y, esquivando la primera estocada, le dio la vuelta provocando que el contenido se esparciera por el suelo segundos antes de capturar a Sakura con el cartón.
- ¡Te pillé! –Exclamó el hombre tras ponerle la caja en la cabeza.
La castaña no se rindió y empezó a blandir su arma a ciegas, dándole en el brazo y consiguiendo su propósito de mancharle pero provocando que el rodillo se le cayese de las manos y acabase en el suelo. Syaoran la cogió de la cintura cargándola casi como un saco sobre su hombro y empezó a dar vueltas sobre si mismo mientras escuchaba la risa cantarina de Sakura, a pesar de estar amortiguada por la caja de cartón.
- Para... ¡Syaoran! –Protestaba ella.
Tras un rato dando vueltas finalmente la dejó en el suelo, más mareado de lo que le hubiera gustado. La chica se levantó la caja para mirarlo, igual de mareada, dio un paso intentando mantener el equilibrio pero trastabilló y acabó por chocar contra él.
La caja cayó al suelo con un ruido sordo y Syaoran se quedó completamente estático, con los brazos a los costados, mirando a la mujer que acababa de golpear contra su pecho. Sakura mantuvo la cabeza agachada, tenía la frente pegada al pecho de él junto con la mano que había estirado para detener el golpe. Miró los zapatos del hombre y notó que sus propios pies estaban demasiado cerca de los de él... y no sólo los pies, toda ella estaba demasiado cerca de Syaoran. Notó claramente como él tragaba saliva y ella cogió aire para tranquilizarse, consiguiendo únicamente advertir aquel perfume masculino que ya había notado con anterioridad.
Alzó la cabeza, la diferencia de estaturas la obligó a alzar también la vista para poder encontrarse con los ojos ámbares. Syaoran se encontró perdiéndose de nuevo en aquel mar esmeralda, odiaba la sensación tan abrumadora que sentía cada vez que veía a la chica a los ojos. Por muy agradable que fuera. O tal vez odiaba el hecho de no poder pelear contra aquella sensación.
Sakura se sonrojó cuando notó como él movía los brazos hasta agarrarla por los hombros, pegándola a su cuerpo aun más mientras sus ojos seguían conectados. ¿Por qué volvía a pasar? Se suponía que lo de aquella noche no debía repetirse, se suponía que ninguno de los dos debía dejarse llevar por el instinto nunca más, se suponía que tenían que seguir actuando con naturalidad, sin ir más allá de la relación de jefe y empleada que tenían. Entonces, ¿por qué volvía a pasar? ¿Por qué sus labios se habían vuelto a unir?
Syaoran se separó ligeramente y ella soltó el aire que había estado conteniendo. Ambos abrieron los ojos y se miraron un segundo, segundo que bastó para hacer a un lado la razón y para recuperar el aliento antes de volver a abalanzarse a por los labios del otro. Sus lenguas se encontraron y se exploraron con apremio, sus labios se separaron sólo para volverse a unir de nuevo, sus alientos chocaron y sus salivas se mezclaron.
Él intentó separarse pero los labios de Sakura se lo impidieron. Momentos después era ella quien se arrepintió e intentó alejarse dando un paso atrás, pero Syaoran la siguió sin dale tregua alguna. Era como si, a pesar de saber que aquello estaba mal y que tenían que detenerse, una fuerza les impidiera separarse, siendo atraídos como un imán. Se separaron ligeramente, respirando jadeantes, mirándose con un brillo febril en los ojos y las mejillas sonrojadas mitad por la vergüenza, mitad por el calor sofocante al que les había conducido aquel beso.
Las piernas de Sakura flaquearon por un momento, no sabía como era posible que aquel hombre la enloqueciera de ese modo sólo con un beso. Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando sintió la mano de él bajar lentamente por su espalda hasta llegar al borde de la ropa donde titubeó un instante. Syaoran empezó juguetear por el borde de la camiseta, pasando sus dedos por la ropa y de vez en cuando tocando la cálida piel de Sakura con la yema de sus dedos en una caricia que estaba empezando a exasperar a la chica.
Sakura soltó un gruñido cargado de frustración cuando notó un ligero roce en su cintura. Aun a pesar de estar besándose, o precisamente por ello, pudo sentir la sonrisa descarada de Syaoran quien, al parecer, estaba disfrutando provocándola de aquella manera. Subió rápidamente sus manos por la ancha espalda de su jefe, apretando ligeramente para poder sentir cada uno de sus músculos, llegó a los hombros y clavó las uñas sin consideración, consiguiendo un quejido que murió en el beso. Syaoran contestó aquel gesto agarrándola firmemente de la cintura y empujándola para buscar algún punto de apoyo donde poder acorralarla, lo que no contaba era con los objetos que había tirado antes al girar la caja y que les hizo perder el equilibrio al topar con ellos a ciegas.
Pudo detener la caída por los pelos, atrayéndola contra su cuerpo se dejó caer de rodillas y ella acabó sentada sobre sus muslos. El nombre la miró fijamente y ella le devolvió una mirada sorprendida por la peripecia que acababan de hacer, justo antes de sonrojarse violentamente por la nueva posición en la que se encontraban. Él sonrió, pasándole una mano por la mejilla y aprovechando para quitarle el pañuelo lleno de pintura que tenía en la cabeza. Sakura cerró los ojos cuando notó como el pelo se desparramaba alrededor de su cara.
- Yo... –Susurró abochornada, sin saber muy bien qué decir.
- Shhhh...- Siseó él, mandándola a callar y enterrando la cara en su cuello para empezar a dejar pequeños besos por toda su piel.- Es igual, Sakura... Ya es igual.
Se estremeció cuando su aliento rozó su oído, soltó un suspiro al notar los labios de él presionándose en su cuello y enloqueció al sentir su gran mano deslizándose desde su cintura a su pecho. Sí, tenía razón, ya era igual, ya nada importaba. Agarró con fuerza la camiseta negra de él, estrujándola entre sus dedos mientras empezaba a no poder respirar correctamente debido a aquellas caricias enloquecedoras. Syaoran siguió atendiendo su cuello, besando, lamiendo, mordiendo todo trozo de piel que tenía delante mientras su mano se deleitaba con el pecho de la chica, deslizando la otra por debajo de la camiseta para poder sentir plenamente la suavidad de aquella zona.
Sakura sintió un escalofrió ante el tacto frío de su mano y enterró la cara en el cuello del hombre, sintiendo repentinamente demasiadas cosas, como si sus sentidos se hubieran despertado todos de golpe. Los dedos de él resbalaron por la tela hasta su cintura donde con habilidad desabrocharon el botón de los tejanos. La castaña soltó un gemido cuando notó como Syaoran jugueteaba con su pezón mientras deslizaba la cremallera hacia abajo, permitiéndole adentrarse dentro de la tela y provocando que arqueara la espalda hacia atrás, dejándole más espacio para maniobrar.
- Syaoran... –Su voz fue más bien un jadeo que lo envalentonó y excitó aun más.
Deslizó sus dedos por encima de la fina tela de su ropa interior, tanteando la zona. Sonrió cuando Sakura soltó un gemido cuando hizo un poco más de presión y se vio sorprendido cuando ella volvió a cerrar el espacio entre los dos para besarlo profundamente, agarrando con ferocidad la tela de su camiseta y tironeando de ella dispuesta a quitársela. Syaoran no se hizo de rogar y apartó un momento sus manos para poder facilitar la labor. La camiseta negra acabó en el suelo mientras las manos de ella se enredaban en su pelo alborotado, tirando ligeramente de él a la vez que sus lenguas se encontraban cada vez más sedientas.
Las manos de ella dejaron su pelo para perderse por su espalda, pasaron por sus brazos y acabaron en sus pectorales. Sakura abrió los ojos sorprendida y se apartó para mirar lo que sus manos no paraban de tocar, abrió la boca al ver su musculado torso y se mordió el labio ante la visión. Ya había tenido opción de verlo sin camiseta en la cabaña de Tomoyo, pero no se había permitido fijarse demasiado, mucho menos tocar. Syaoran sonrió de medio lado al ver el brillo de deseo en los ojos esmeraldas y jadeó cuando ella deslizó sus dedos con firmeza por su piel.
- ¿Te matas en el gimnasio? –Preguntó con una sonrisa juguetona justo antes de gemir al notar como las manos de Syaoran volvían a su labor.
- Entreno varias horas al día.- Susurró muy cerca de sus labios.- Supongo que no te lo imaginabas, al fin y al cabo soy un empresario.
- Sí que me lo imaginaba.- Tuvo que hacer una pausa para borrarle la sonrisa burlona con un nuevo beso.- Pero no me imaginaba esto.
Se inclinó para besar su cuello y le arañó el hombro sin miramientos cuando la mano de él se deslizó bajo su ropa interior. Jadeando capturó de nuevo los labios del hombre en un beso aun más urgente que los anteriores. Syaoran soltó un gruñido de excitación y sus manos se apartaron para ir a parar a los muslos de ella, instándola a que se alzara. Sakura se medio incorporó y gimió al sentir los labios del hombre sus pechos por encima de la tela, notó como él agarraba el borde del pantalón tejano y daba un tirón bajándolos sin miramientos antes de agarrar sus nalgas con firmeza y ponerse bruscamente de pie. Sakura soltó un grito ahogado por la sorpresa y enroscó las piernas a la cintura de él, advirtiendo con total claridad su erección. Besándose todavía y a tientas llegaron hasta la mesa y la dejó sentada en el borde. Ella apoyó las manos en la madera y dio gracias porque el barniz ya se hubiera secado a esas alturas a la vez que movía los pies para deshacerse de los pantalones.
- Sakura... –Murmuró, ahora con la voz más grave que nunca.- Sakura...
La recostó con cuidado sobre la mesa y se inclinó para besarle el vientre, deslizando sus manos por las piernas y los muslos de ella con parsimonia. Sakura gimió cuando él le alzó las piernas y le rozó la piel con su lengua, con infinita suavidad, empezando un camino que ardía a cada beso que ascendía por su muslo. Syaoran entreabrió los ojos e inspiró hondo al ver el premio frente sus ojos. Nunca había tenido tan poco autocontrol y nunca había perdiendo la razón de aquel modo ante una mujer. Deslizó su mano por su muslo hasta llegar a su premio, húmedo, caliente, anhelante. Sakura soltó un gemido que le hizo casi enloquecer mientras arqueaba la espalda sobre la pulida madera de la mesa.
- ¡Aah!- Gritó con sorpresa y excitación al notar la respiración entrecortada de Syaoran en su entrepierna.
- Sakura... –Susurró él, besando muy, muy cerca de su objetivo.- Por favor... –Nunca había deseado tanto a una mujer como para suplicar por su permiso.- Por favor...
Ella se levantó de golpe, sobresaltándolo. Syaoran la miró con expresión abatida al pensar que a pesar de todo ella no pensaba dejarle llegar más allá, sin embargo Sakura llevó las manos a la hebilla de su cinturón, abriéndolo sin demasiadas ceremonias y atacando luego al botón. Hizo una pausa para acceder a la petición de él de quitarle la camiseta y pronto el sujetador siguió el mismo camino a la vez que bajaba la cremallera del pantalón de Syaoran con un desquiciante sonido que les volvió locos a ambos.
Syaoran se acomodó entre ella y la miró con cuidado de no perder detalle. Sus ojos cerrados, su voz jadeante, su respiración entrecortada, su pelo revuelto, el sonrojo en sus mejillas y su expresión de placer.
Sakura abrió los ojos para mirarlo fijamente, grabando en su memoria la imagen del rostro de él, llena de placer pero extrañamente dulce. Se aferró a su espalda clavándole las uñas mientras intentaba mantenerlo todo lo cerca posible.
Ya no había vuelta atrás, estaban demasiado excitados, demasiado aturdidos por el placer, estaban fuera de control y ninguno podía ni quería parar.
-.-.-.-.-
Tomoyo suspiró mientras cerraba la puerta de su cuarto. Se masajeó las sienes y caminó por el pasillo a oscuras rumbo a la cocina por hacer algo, estaba segura de que aquella noche no podría pegar ojo. Bajó las escaleras con lentitud mientras su mente no paraba de darle vueltas a los hechos a una velocidad demencial, pasó por el amplio vestíbulo y giró para ir a parar a la enorme cocina.
Se sorprendió al ver la luz encendida a aquellas horas y a una persona sentada en la mesa, con una taza humeante en las manos.
- ¿Tomoyo? –Preguntó Sonomi mientras alzaba la vista.- Pensé que estarías durmiendo.
- ¿Qué tal la fiesta? –Cogió una taza y se sirvió un té para ella misma.
- Bien, acabo de llegar.- La vio sentarse a su lado y sonrió.- Tú te has escaqueado, como siempre.- Ella se limitó a corresponder la sonrisa.- ¿Mei Ling se fue contigo?
La morena asintió escuetamente con la cabeza y se removió incómoda en su asiento, no quería hablar del tema con nadie, menos con su madre así que se apresuró a terminar la bebida ante la atenta mirada de Sonomi. Cuando minutos después dejó la taza vacía sobre la mesa advirtió la mirada expectante de la mujer y supo que tendría que explicarle algo o no la dejaría marchar.
Tomoyo se puso de pie dispuesta a irse y tal como pensaba su madre hizo lo propio, dejando la taza a medias aun. Ambas mujeres salieron en silencio de la cocina y caminaron por el vestíbulo.
- Está en mi habitación. Ella... - Suspiró cansada y Sonomi alzó una ceja ante eso.- Ella no se encuentra muy bien.
- ¿Ha pasado algo?
- Aun no lo sé.- Se sinceró.
Sonomi se quedó quieta y vio alejarse a su hija por las escaleras, cuando la perdió de vista cerró los ojos y se acercó a uno de los amplios ventanales que había en la sala, apoyando su mano soltó un largo suspiro mientras miraba el cielo nocturno.
Tomoyo llegó más rápido de lo que hubiera querido a su habitación. Sin saber qué más hacer abrió la puerta con lentitud y asomó la cabeza para comprobar que Mei Ling seguía soñando plácidamente. Se acercó a la cama y se sentó en el borde para mirarla. Se había destapado un poco y llevó sus manos al edredón para volverla a cubrir, sin embargo se desviaron hacia su larga melena que descansaba desparramada por la almohada. Apartó un mechón con cuidado de su frente, pronto apartó uno más que descendía por su cuello hasta llegar a su pecho. Al moverlo dejó al descubierto el hombro desnudo por el camisón que le había dejado.
Tragó saliva y deslizó los dedos con cuidado por la clavícula de la chica subiendo luego por su cuello y yendo a parar a su mejilla. Mei Ling suspiró en sueños. Apoyó la mano en la almohada y se inclinó lentamente sin ser muy consciente de lo que hacía.
Su pelo se deslizó desde sus hombros y fue a parar sobre la frente de la chica, quien hizo un mohín y se despertó, sobresaltándose al ver a Tomoyo tan cerca de ella.
- ¿Tomoyo? –Peguntó asustada.
La joven Daidouji se separó bruscamente y ambas se miraron con sorpresa. Mei Ling se apartó cubriéndose con las sábanas y miró a su alrededor completamente nerviosa.
- Lo siento, te he despertado.
- Debería... Debería irme, sí.
Se puso de pie y cruzó el cuarto rápidamente. Cuando llegó a la puerta Tomoyo estaba allí, barrándole el paso con un brazo. Mei Ling la miró dubitativa, completamente incómoda.
- Son las cinco de la madrugada.- Informó.- No te dejaré irte, así que vuelve a la cama.- La china apartó la mirada confundida ante la actitud repentinamente fría de la morena.- Estaré en el cuarto de invitados, descansa.
La puerta se cerró y cuando Mei Ling volvió a alzar la vista del suelo estaba sola en la habitación. Suspiró largamente y se dejó caer de rodillas.
-.-.-.-.-
Sakura abrió los ojos y miró a su alrededor. Se preguntó en qué momento se había quedado dormida y cómo había llegado allí, sobre un par de mantas que intentaban suavizar la dureza del suelo para poder dormir. Miró frente suyo y enfocó la vista en la estufa que calentaba la habitación, estaba demasiado lejos y sin embargo no tenía ni pizca de frío. Alzó la manta que tenía por encima y dio media vuelta para encontrarse con el hombre que dormía a su lado. Parpadeó unos segundos sorprendida y luego se acordó de todo de repente, sonrojándose violentamente.
- ...Vaya.- Murmuró.
Se lo quedó mirando unos segundos y una sonrisa boba se posó en sus labios. Parecía mentira que aquel rostro siempre severo se suavizara tanto al dormir. Curiosa, alargó la mano para rozarle la mejilla con suavidad justo antes de subir a su frente. Le encantaba ver su rostro sin aquel eterno entrecejo fruncido.
Syaoran hizo una mueca y abrió los ojos con lentitud. Cómo ella, se sorprendió unos momentos pero luego sonrió tiernamente, logrando que Sakura le devolviera el gesto.
- Lo siento, te he despertado.
- No... Tranquila.- Su voz era un susurro cansado.- ¿Qué hacías?
- Pues...- Sakura rió y él la miró con sospecha.- Me sorprende que tu ceño se suavice cuando duermes.
El hombre parpadeó con sincera sorpresa y abrió la boca para decir algo pero la cerró al instante mientras su ceño se fruncía de nuevo.
- ¿En serio? –Preguntó al fin.- Todo el mundo se burla porque siempre estoy ceñudo, aunque duerma.- Ella alzó una ceja.- Mi madre dice que empecé a dormir con el entrecejo fruncido cuando dejó de contarme cuentos antes de dormir... y de eso hace mucho tiempo.
Sakura se quedó en silencio unos instantes y sonrió para desconcierto del hombre.
- Pues ahora dormías sin una sola arruga en la frente.
Syaoran cerró los ojos no queriendo pensar en lo que eso podría significar si fuera verdad. Se quedaron un momento en silencio y justo cuando él se estaba empezando a dormir de nuevo escuchó la voz suave de la chica.
- Entonces... ¿Tu madre te contaba cuentos antes de dormir? –Syaoran abrió un ojo y asintió en silencio.- La mía también.- Él abrió ambos ojos para prestarle atención.- Bueno, lo hacía mi padre pero ella se unía al cuento... una vez me explicó uno que más que un cuento era una leyenda o una historia, no sé... la verdad es que era bastante raro y el final es un tanto traumante...
- ¿Me lo cuentas?
- ¿Qué? –Preguntó sorprendida.
- Cuéntamelo.- Sonrió él y Sakura se encontró sin una excusa creíble para negarse.
"Mucho tiempo atrás, hace muchos años, incluso tal vez hace milenios, en la época en la que Dioses y mortales convivían en la tierra, un par de simples humanos vivían sus jóvenes vidas riendo y saltando, ajenos al hecho de que la vida nunca es agradable eternamente.
Ambos sólo tenían ojos el uno para el otro, él sólo la miraba a ella y ella sólo lo veía a él. Vivían para ellos, sin importarles nada más... pero al destino tampoco le importa nada.
Las disputas por poder eran algo frecuente y en medio de una batalla la familia de ella fue asesinada. La chica, tras quedar huérfana, acabó siendo capturada como esclava y sin poder hacer nada él perdió la pista de su único amor.
No pasó demasiado tiempo hasta que se reencontraron. El padre de él la trajo a casa y la presentó a su hijo con una amplia sonrisa en el rostro. El chico estaba exultante, la abrazó con alegría pero notó que algo no iba bien, ella tenía la mirada perdida en el suelo y no parecía alegre. Entonces su padre habló y a él se le cayó el alma a los pies.
"Te presento a mi futura esposa."
Pese las protestas, los gritos y las peleas nada pudieron hacer para cambiar el destino de la pobre chica y con impotencia vieron como el día de la boda llegaba más pronto de lo que les hubiera gustado. Los ojos de ambos jóvenes se cruzaron en una mirada cargada de dolor, ellos se amaban, pero quien juraba sus votos con ella no era él.
La noche no tardó en llegar, los recién casados se despidieron y el pobre chico quedó destrozado en un rincón al advertir lo que ocurriría a continuación. Consumiéndose en celos, cegado por la ira, no dudó ni un segundo en seguirles a su alcoba. Abrió la puerta con brusquedad y se quedó congelado en el umbral, mirando con ojos desorbitados como su padre forzaba a su amor, que lloraba en un rincón con la ropa desgarrada.
Él soltó un grito y se abalanzó contra su progenitor, cuchillo en mano. El hombre lo esquivó e intentó huir escondiéndose tras su nueva esposa, sólo para ver como ella alzaba uno de los candelabros para atestarle un certero golpe que lo desplomó en el suelo, al alcance de la fría hoja del cuchillo que se clavó una y otra vez en su cuerpo.
En medio de un charco de sangre el cuerpo inerte del hombre les hizo ver la gravedad de sus actos. La ira desapareció y dio paso al miedo y entonces ambos intercambiaron una mirada desesperada, comprendiendo al instante que únicamente les quedaba huir.
Se internaron en un bosque al que no acudía nadie, un bosque maldito donde merodeaba un espíritu maligno, un Dios malvado que había quedado en el olvido. Sin embargo a ellos no les importó, sólo buscaban un refugio de la gente y aquel era un buen lugar, pero tendrían que haber hecho caso de las advertencias pues un Dios malvado no puede traer nada bueno.
El Dios los encontró y los persiguió hasta arrinconarlos, los observó con una mirada desquiciada y los atacó sin preámbulos, devorando sus cuerpos y sus almas, gustoso de encontrar a personas que se quisieran tanto como para llorar y suplicar por la vida del otro. Eso hacía que sus almas tuvieran un gusto exquisito.
Pero, por ironías de la vida, no contó con que ese mismo amor que tanto quería devorar sería perjudicial para su ser corrupto. Por muy extraño que suene los dos amantes consiguieron destruir a aquel malvado Dios reduciéndolo a un montón de huesos dorados. Pero ellos ya estaban heridos de muerte.
Moribundos, a punto de volverse un par de almas que se perderían en el inframundo, el Dios más poderoso de todos los encontró y decidió concederles un último deseo por liberar al mundo de aquel mal Dios que él mismo había creado. La pareja se miró mientras escuchaba la poderosa voz del Dios de Dioses:
'El vinculo que os une es tan poderoso que ha matado incluso a un Dios, ese vinculo os mantiene fuertemente unidos hasta el punto de que si uno muere, morirá el otro. Tal y como estáis moriréis los dos, pero si separo ese lazo que os une puede que os salvéis ambos.'
'Déjanos morir.' Dijo ella.
'No quiero separarme de ella.' Dijo él.
Él los miró con asombro por la petición pero accedió a sus deseos y poco a poco la vida que les quedaba se consumió como una vela hasta extinguirse...
Pero las almas renacen, y ellos renacieron también. Sin embargo el no romper el lazo que los mantenía unidos en su anterior vida les había hecho una mala pasada.
Les había condenado a vivir una vida juntos... como gemelos."
Sakura se rió ante la cara expectante de Syaoran por saber como seguía el cuento. El hombre suspiró al ver que aquello era el final, se movió hasta quedar boca arriba, apoyándose en su brazo mientras ella se acurrucaba de nuevo, bostezando medio dormida.
- Aquí era donde Tomoyo y yo empezábamos a discutir siempre.- Susurró, sonriendo ante el recuerdo.- Dime, ¿tú que harías?
- Yo... –Dudó unos segundos y giró la cabeza para mirarla, viéndola con los ojos casi cerrados.- Cortaría el vinculo.- Sakura sonrió tristemente.- Si el vinculo era tan poderoso estoy seguro de que volvería a formarse. ¿Y tú? ¿Qué crees?
La chica lo miró con sorpresa, su sonrisa había desaparecido y en cambio estaba con la boca abierta de asombro. Syaoran la miró con curiosidad pero ella volvió a acurrucarse y cerró los ojos.
- ¿Sakura? –Preguntó él, pero no obtuvo respuesta.- ...Tramposa.
Se dio media vuelta dándole la espalda enfuruñado. Ahora había picado su curiosidad.
-.-.-.-.-
Miró la puerta negra con fijeza. Llevaba ahí un buen raro mirándola y si realmente hubiera prestado un poco de atención incluso se podría haber aprendido cada una de las betas que hacía la madera. Suspiró y miró el reloj, era muy tarde, demasiado tarde de hecho, era bien entrada la madrugada y dentro de unas pocas horas empezaría su jornada laboral. Sin embargo ahí estaba, plantado delante de aquella puerta sin saber si picar o no por que estaba seguro de que molestaría. No había ido a casa después de la fiesta, se había quedado merodeando por la ciudad a sabiendas de que no podría dormir debido a los miles de pensamientos desordenados que tenía en su cabeza, así que necesitaba aclararse o no encontraría descanso. Por eso estaba ahí a esas horas.
Cogió aire y lo soltó lentamente. Alzó la mano y titubeó delante del timbre hasta que finalmente pasó de largo y cerró la mano en un puño para dar unos toquecitos. Si estaba despierta contestaría, si dormía simplemente no oiría su demanda.
Estaba seguro de que ocurriría lo segundo, por eso cuando la puerta se abrió con un chasquido y se hizo a un lado para dejar ver a la mujer de su interior, Eriol tragó saliva. Más aun cuando al ver quien era la mujer abrió la puerta del todo, revelando su cuerpo cubierto únicamente por un pequeño camisón rojo y una bata atada a la cintura. Se encontró devorándola con la mirada, cosa que provocó una pequeña risilla por parte de la mujer.
- ¿Eriol? –Preguntó, alzándole la barbilla con su delicada mano para llamar su atención.- ¿Qué haces aquí a estas horas?
- Pensé que estarías... –Carraspeó, buscando su voz.- ...durmiendo.
Ella alzó una ceja y su sonrisa felina hizo sonreír al propio Eriol. La verdad es que la excusa había quedado un poco pobre... de hecho, no llegaba ni a excusa.
- Pegas de tener el trabajo a nueve horas de diferencia horaria.- Se encogió de hombros.- Pero si creyeras que estaría durmiendo no hubieras venido.
El hombre negó con la cabeza. Como siempre no podía engañar a esa mujer, pero así como había cosas que no cambiaban él si lo había hecho. Se puso serio y la sonrisa se borró también del rostro femenino, normalmente trataría de solucionar sus problemas de una forma indirecta, pero aquello estaba empezando a hartarle.
- Quería hablar contigo.
- ¿Se trata de problemas amorosos? –Preguntó con tono burlón, provocando que incluso él se olvidara de su seriedad inicial.- ¿Has conseguido ligarte a tu amiguita?
- No, ha resultado ser lesbiana.- Sonrió de medio lado ante la cara de asombro de la mujer.- Pero no era eso... –Se ajustó las gafas con un dedo y la miró con detenimiento.- ¿Por qué estás aquí, Kaho?
Ella se apoyó en el marco de la muerta, cruzando sus brazos en un intento por resguardarse del frío que hacía en el pasillo.
- He venido a preparar la boda.- Contestó lo obvio.
- No, me refiero...- Su mirada se volvió más intensa y ella desvió la mirada temerosa de la pregunta.- ¿Por qué ayudas en una boda que sabes que no se llevará a cabo?
Kaho suspiró, dejando ir todo el aire que había retenido en esos pocos segundos. Cerró los ojos y se hizo a un lado.
- Pasa.
-.-.-.-.-
La noche era fría y su cuerpo lo notaba a pesar de llevar una manta por encima de los hombros. La puerta del balcón se abrió a sus espaldas y un hombre mayor entró hasta situarse detrás suyo, a una distancia que marcaba la diferencia de estatus.
- Ninguno de los tres ha venido a dormir, señora.
Ieran asintió distraídamente con la cabeza y el mayordomo se retiró dejándola sola de nuevo. Una brisa sopló colándose por debajo de su abrigo y provocándole un escalofrío mientras su ceño se fruncía con determinación.
- Jaque mate.- Dijo al cielo nocturno.
-.-.-.-.-
Syaoran abrió los ojos con brusquedad, despertándose del sueño en el que había estado las últimas horas. Un sueño en el que había olvidado quien era, donde no recordaba su posición, la situación en la que se encontraba ni lo que se esperaba de él. Pero como todo sueño eso termina cuando te despiertas.
Miró al cuerpo femenino que descansaba a su lado, acurrucado entre las mantas con total tranquilidad. Sintiendo un extraño quemazón en el pecho se llevó las manos a la cara y ahogó un grito que quería salir del fondo de su alma.
Él era Syaoran Li, el presidente de una de las empresas más importantes de Asia. Era el heredero de su familia y se casaría en unos meses. Y ese era el punto más importante: se casaría. Con otra mujer. No con la que yacía a su lado, ni con la que le había hecho ver que la vida era algo más que trabajo. No se casaría con la mujer que le sacaba de quicio por su cabezonería ni con la que lograba hacerle sonreír por cualquier tontería. Se casaba con otra mujer, no con su secretaria.
No con Sakura.
To be continued...
Notitas varias: Bua... Antes que nada, que sepáis que sigo viva XD! Agonizando porque falta menos de una semana para el salón del manga de Barcelona y me pilla el toro con el cosplay sumado a la uni y demases dolores de cabeza que me han tenido bastante estresada y apartada de la musa. Bueno, sí, es cierto que he subido algún que otro relato corto, pero Acoso se merece su tiempo. ¿O no? Más con este cap, porque que sepáis que la primera mitad la tengo escrita desde agosto pero hay una escena que me dejó estancada hasta hace poco... no sé si sabéis a cual me refiero XD
A ver... el rating no era por adornar. Esa escena estaba planeada desde un principio (no así, pero estaba planeada) y aquí está al fin. Me ha costado horrores terminarla porque quería que quedase bien, quien quisiera roce entre Sakura y Syaoran ya puede estar contento. ¿No queríais roce? tomar dos tazas XD aunque se ha hecho de esperar, sinceramente no pensaba tardar 16 caps para llegar a eso, en mi plan inicial estaba por allá el cap 10, pero claro... la cosa nunca sale como lo planeo... de hecho sigo sin saber muy bien como irá a partir de ahora y además como estoy algo liada os aviso que puedo tardar en actualizar, así que de antemano: lo siento ñ.ñU es lo que hay por poco que nos guste.
Referente al cuento que he soltado ahí en medio porque sí, decir que tiene su papel en el fic... no estaba planeado pero tuve un sueño que era básicamente eso y pensé 'oh, para un fic' pero claro, suficiente con este... entonces pensé en ponerlo en el mismo Acoso y se me ocurrió una cosa que podría ir bien, ya lo veréis. Tampoco es un cuento tan malo, no? (vale, sí, es infumable xD es igual)
Pero mejor dejo de contaros mi vida y me voy a seguir el cosplay de las narices XD el cap siguiente se presentará movidito, que Syaoran haya despertado del sueño no es nada bueno... y las demás conversaciones que se ven en este cap (La Yuuko-Ieran-Sonomi a mi parecer es épica, por cierto XD) también tendrán sus consecuencias... algunas más que otras kukukukukukuku...
Como siempre...
Comentarios y críticas constructivas, al botoncito de Go
Amenazas y críticas destructivas, al botoncito de Go también XD
