My Life Without You

Disclaimer: Todos los personajes de Kuroshitsuji le pertenecen a Toboso Yana

Advertencias: OC, OOC, yaoi, [ai & obsession]. SebastianxCiel. CielxSebastian. OCxCiel.

Aclaraciones:

-Pensamientos.-

-Diálogo.-

Narración Normal.

Capítulo 7: "Ese Mayordomo, Derrota."

Estaba sentado ante el comedor, aparentemente tranquilo. Sin embargo, por dentro sentía tal nerviosismo y temor que dudaba ser capaz de continuar con aquella máscara de seguridad. Sus dedos recorrían, insistentemente, el borde de la mesa, expectante a la aparición del Marqués o de Sebastian. Prefería mil veces la del último. Mas todo lo que deseaba siempre salía al revés, por lo que Harville fue quien apareció ante él.

-Buenas noches, mi querido Conde.-le saludó, acercándose a él y tomándole la mano para, posteriormente, besársela. ¿En qué momento se había tomado tanta confianza como para llamarle "querido"? Además, se atrevía a besarle la mano como si fuera una dama. -Lamento haberlo hecho esperar.-se disculpó, con galantería, antes de irse a su asiento, del otro lado de la mesa.

-No hay problema, Marqués.-respondió Ciel, aún algo perplejo y molesto.

-¿Y cómo ha estado?-inquirió el castaño, mientras la mirada azulada del muchacho buscaba, con insistencia, la presencia de Sebastian. ¿Acaso estaría merodeando, listo para recibir órdenes del noble que estaba ante él? ¿O de verdad un demonio podía llegar a sentirse mal?

-Bien. -contesta, con sequedad, sin prestarle atención.

-Veo que está algo distraído ésta noche. ¿Acaso mi compañía no es de su agrado?-preguntó, con una sonrisa que denotaba no creer que aquello fuese posible.

-No es nada.-dice Ciel, desistiendo en su búsqueda.

-Me alegra. ¿Por qué no cenamos?-propuso, mientras Arthur y un sirviente desconocido aparecían con bandejas de comida y bebida.

-Claro.-musitó, inseguro y preocupado.-¿Dónde estará Sebastian?


Estaba recostado. Apenas podía abrir los ojos. El dolor era algo desconocido para él, al menos en su persona. Su situación empeoraba minuto a minuto. Jamás creyó que por el simple hecho de enviar una nota, a pesar de haber cumplido la orden original, estaba traicionando a su contratista de tal manera que el sello ahora le hacía pagar. Empeoraba. Por cada acción que realizaba, el contrato se disolvía, alejándole de su objetivo original: el alma del Marqués. Dentro de poco no podría reclamarla como suya, lo que provocaría su, casi inevitable, desaparición. Y todo aquello era su culpa. Bien pudo haber acatado las órdenes de Harville sin reclamos ni traiciones, pero el amor que sentía hacia el Conde le impedía realizar aquellas acciones nefastas. ¿Qué más daba si sufría o si desaparecía mientras Ciel Phantomhive conservara su dignidad y seguridad?

-¿Quiere un poco más de vino, Ciel?-escuchó decir al Marqués, como si fuese un sueño, desde el comedor. Con gran esfuerzo, se incorporó en la cama, aunque el dolor le estuviera obligando a dejarse caer. Pero debía saber qué sucedía. No quería dejar desprotegido al obstinado Conde Phantomhive.

-Me temo que he bebido más de lo que debería.-se quejaba Ciel, con la voz un tanto extraña debido al licor. Sebastian no pudo evitar imaginar la sonrisa que Harville estaría mostrando en aquellos momentos, al darse cuenta que, dentro de poco, Ciel Phantomhive caería presa de la ebriedad y él podría aprovecharse de ello. Golpeó la mesita de noche, sin mucha fuerza, pero logrando que el jarrón cayera y se hiciera añicos al lado de su mano. Ahora no solo estaba débil, sino también sangrando. La situación empeoraba.

-¿Por qué tenías que haber venido, Ciel?-murmuró, enfadado y preocupado.


Su ojo azul estaba entrecerrado, signo de la somnolencia en que había caído gracias al vino. Ya no se encontraba tan consciente de lo que hacía. Todo había empezado con una simple copa de vino y la preocupación sobre el paradero de Sebastian.¿Dónde podía encontrarse? ¿Realmente se había puesto mal? Eran cosas que no comprendía pero que deseaba le respondieran pronto. Sin embargo, el Marqués se dedicó a hablar de sí mismo y de cosas vanas que no le interesaron en lo absoluto. Tan solo pensaba en su antiguo demonio, bebía y asentía a cualquier pregunta que era dirigida haca él. Mejor debía irse antes de que algo malo le sucediera. Sabía lo que pasaría esa noche. Si no salía pronto de allí, nadie podría salvarlo del cruel destino. Y no podría culpar a nadie más que a él, ya que había ignorado la advertencia de Sebastian.

-Eh… Marqués.-llamó, con la voz bastante deformada por el alcohol, obteniendo su atención.

-Dime, querido Conde.-expresó el otro, con cierto brillo malicioso en sus ojos. -¿Desea más vino?-inquirió, dando la señal a Arthur de que le sirviera más.

-No, no es eso. -alejó su copa casi vacía, luego de recuperarse del escalofrío que lo recorrió al escuchar al Marqués decirle "querido" una vez más.-Creo que debería retirarme. No me siento muy bien.-se puso en pie alejándose de la mesa, mientras Arthur le daba vía libre para salir del comedor.

-No tiene por qué irse, Conde.-dijo Harville, apresurándose a llegar hasta la puerta para cerrarle el paso.-Puede quedarse en una de las habitaciones de la mansión, Conde.-le acarició una mejilla, provocando que Phantomhive se alejase, instintivamente, un poco.-Vamos, Ciel. Quédese aquí. Será más seguro.-su mirada denotaba lo contrario.-Además, yo mismo me encargaré de cuidarle.

-No, gracias. -respondió, con rapidez, acercándose más hacia la puerta, con cierto temor recorriendo sus venas, además del alcohol que seguía presente. -Prefiero estar en mi mansión donde mis sirvientes se encargarán de todo.-su mirada era dura.

-Lo siento, Conde mío. Pero no lo dejaré irse hoy.


Jalaba y jalaba, con toda la fuerza con que era capaz, pero el agarre del Marqués lo superaba por mucho. No vislumbraba a Sebastian por ningún lado, y eso le desesperaba más. Decidió que, al estar utilizando en vano la fuerza, tendría que utilizar el cerebro, pero el estado en que su mente se encontraba no ayudaba demasiado, así que no pudo pensar en mejor solución que pisar con fuerza a Harville.

-¡Maldito!-masculló el aristócrata, soltando al Conde debido al dolor de su pie.

Ciel Phantomhive aprovechó aquél momento para correr hacia la puerta principal. Pero, al intentar abrirla, notó que ésta tenía el seguro puesto, por lo que le sería imposible salir por allí. Se alejó, sin rumbo alguno, esperando que Harville no lo alcanzara. A lo lejos, vislumbró las escaleras. Sin pensárselo, las subió de dos en dos. Recorrió largos pasillos sin saber exactamente por dónde iba, hasta que se encontró frente a una ventana cerrada, sin salida. Escuchaba los pasos del aristócrata, sabía que se acercaba. Sin saber si era la mejor o peor de sus decisiones, abrió la puerta que tenía al lado e ingresó a la habitación oscura, cerrando tras de sí.

Colocó su mano sobre su boca, para que sus jadeos no fueran escuchados. No podía más, aquello era demasiado para él. ¿Dónde rayos estaba Sebastian? Sabía que no podía reclamarle ni obligarlo a protegerlo, pero el simple hecho de que su antiguo mayordomo estuviera presente, le daba algo de esperanzas. Decidió alejarse de la puerta y buscar dónde esconderse. Entre la oscuridad, chocó con algo blando, una cama, probablemente.

-¿Qué… hace aquí?-preguntó una voz, que se le hacía un tanto conocida, sin embargo, no recordaba haberla escuchado con aquél tono lastimero. Giró su cabeza un poco, tan solo observando una silueta conocida que yacía recostada sobre la cama.

-¿Se-Sebastian?-susurró, sin poder evitar que su ojo visible se abriera inmensurablemente por la sorpresa. -¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estabas abajo?-inquiere, regresando a su tono frío de siempre, aunque con un toque de preocupación mal escondida.

-Eso… no le incumbe.-respondió, a duras penas. -¿Siempre tan… orgulloso como para no aceptar una advertencia?-inquirió, respirando con algo de dificultad.

-…-silencio fue su única respuesta. -¿Qué te sucede? ¿Ni siquiera fuiste capaz de salir y darme la cara por el simple hecho de que ignoré tu advertencia?

-Siempre tan egocéntrico.-apenas y pudo esbozar una sonrisa. -No es esa… la razón por la que no me presenté.

-¿Entonces cuál es?-preguntó, serio, acercándose más. Se quitó el parche, para poder observar mejor. Al haberse habituado a la oscuridad, logró ver más detalles en los que no se había fijado. Sus ojos se posaron en el pecho de Sebastian, donde yacían sus manos. Una mancha oscura lograba vislumbrarse sobre ellas. -¿Eso es… sangre?-preguntó, un tanto asustado. -¿Qué te pasó?

-Nada.-respondió, alejando sus manos de la vista del joven, mientras se incorporaba en la cama.

-Sebastian, ¿qué te está pasando?-preguntó, asustado, acercándose más a él.

-No le incumbe. Y será mejor… que no diga nada más o lo descubrirán.-susurró, con cierta dificultad, sentándose en la orilla del lecho más cercano al joven Phantomhive.

-Pero…-una de las manos del demonio cubrió su boca, impidiéndole hablar. El olor y sabor de la sangre inundó sus sentidos. Antes, cuando Sebastian era su mayordomo, pudo oler su sangre, y había notado de inmediato que no era como la de un humano común y corriente, sino más poderosa. Sin embargo, ésta vez le era bastante difícil diferenciar entre sangre humana y de demonio. ¿Qué rayos estaba pasándole a Sebastian como para que hasta su sangre pareciera tan común? Definitivamente, algo grave.

Llevó sus manos delgadas hacia la que aún le impedía hablar, no para hacerla a un lado, sino para sentir un poco más lo que tanto añoraba. Cerró sus ojos, sin dejar de recorrer la mano ensangrentada ni aspirar aquél aroma tan poco común en el demonio. Quiso darse la vuelta y suplantar aquella extremidad con los labios del mayor. Pero al intentar girarse, el demonio se lo impidió, susurrándole al oído que no debía hacer movimiento alguno.

-Está cerca, será mejor que no hagas ruido.-murmuró, tan cerca que su aliento casi abofeteó, suavemente, al Conde. Justo después de haber dicho eso, Sebastian emitió un gemido ahogado, señal del dolor que le escocía. Ciel abrió los ojos, solo para ver cómo el sello, que estaba tatuado en la mano de su ex demonio, emitía un brillo extraño. No era el morado que siempre había visto, éste era bastante distinto, era de un tono bastante parecido a la sangre.

Sus ojos volvieron a abrirse desmesuradamente, poco antes de que su demonio retirara la mano por el dolor, acallando los gritos que deseaban salir de su garganta. No pudo hacer más que observar. Se había quedado estático. Jamás había visto a Sebastian en aquél estado tan deplorable. Pero, ¿por qué le estaba pasando eso?

-¿Qué está pasándote?-preguntó. Una ligera sonrisa de culpabilidad se extendió por el rostro del de ojos carmesíes, antes de disponerse a responder.

-Incumplo el contrato con Harville. Lo estoy protegiendo a usted en lugar de actuar en beneficio de él. -musitó.

Justo cuando acababa de decirlo, la puerta fue abierta, dejando a la vista al Marqués, quien les miró, primeramente, con expresión estupefacta, pues no esperaba encontrar a su Conde en la habitación de su demonio. Pero, al recapacitar un poco, no pudo evitar soltar una maléfica sonrisa.

-Vaya, vaya, sí que eres eficiente, Charles. Apenas venía a ordenarte que lo atraparas cuando ya lo habías hecho. Fantástico. -se acerca a ellos. -Muy bien, Conde, creo que el juego de las escondidillas ha terminado. -se acerca más, dispuesto a tomar a Ciel consigo.

Disimuladamente, Sebastian toma al Phantomhive de la cintura, pegándolo más hacia él. No podía permitir que se lo llevara el Marqués.

-No iré con usted, Harville.-sentenció el menor, tomando confianza en el acto de su ex mayordomo.

-Será mejor que te dejes de tonterías, niño. Lo quieras o no, vendrás conmigo. -su mirada era un tanto escalofriante. -Charles, trae al Conde.-se dio la vuelta, comenzando a caminar. Sin embargo, el demonio no se movió de su sitio, aunque el dolor incrementaba al punto de poder dejarle inconsciente. -Charles, te dí una orden.-repitió el Marqués. -una vez más, no hubo respuesta, pero ésta vez, el estado en que el mayordomo se encontraba, empeoró considerablemente.

Ciel pudo observar claramente cuánto le dolía todo eso a Sebastian. Inclusive comenzó a emanar sangre del sello, el cual ahora brillaba en tono negro. Sus ojos color zafiro se dirigieron de nuevo al rostro de su protector. ¿Por qué lo hacía? La posibilidad de que le odiara o de que lo hiciera por Harville no se adecuaban a aquél sacrificio que hacía. Entonces, ¿acaso sí le protegía porque lo amaba? Siempre había sido eso, y él, tan necio como siempre, se había empeñado en descartar aquella opción. Pero, aunque le alegraba el hecho de ser, posiblemente, correspondido, no podía permitir que Sebastian fuera directo a su ruina con tal de salvarle de algo en lo que él mismo se había metido.

Sus ojos se conectaron. Zafiros y rubíes en una misma sintonía. Aquél segundo fue lo único que necesitó Ciel para darse cuenta de la realidad de todo. Había sido un completo idiota y, por sus estupideces estaba matando al único ser al que podría amar jamás. Una segunda mirada le hizo ver que su amado demonio caía lentamente en la inconsciencia, todo gracias al dolor que el contrato le emitía. Sin duda, estaban perdidos. Harville obtendría lo que deseaba.


Notas de la autora:

Siento mucho el haberme retrasado demasiado en la realización de éste capítulo. Todo gracias a proyectos y exámenes ------

Pero, sin duda, debéis agradecerle a mi hija-socia Koroshi Death .D quien me ayudó supervisando que escribiera, diciéndome qué cosas se verían bien y cuáles no y dándome muy buenas ideas .D

Bueno, me temo que si éste no es el penúltimo capítulo, sí será de los últimos. El fic llegará pronto a su fin U---U Pero espero pronto regresar (en vacaciones ¬¬) con algún AU CielBastian o uno normal de ésta pareja .D

cuidaos

ja ne!

GRACIAS A TODOS POR SUS REVIEWS!!