Puedes llamarlo acoso...
Décimo séptimo acoso
Eriol parpadeó completamente sorprendido cuando fue a entrar por la puerta. Normalmente cuando él llegaba aún no había señales de Sakura, por eso le extrañó verla en su escritorio, trabajando, tan pronto. Pero lo más sorprendente era la especie de aura asesina que emanaba de ella. No que nunca hubiera tenido la capacidad para ver las auras, era simplemente que esa se sentía de tal forma que por poco le hace salir corriendo de ahí.
La mujer grapó un par de folios, con tanta fuerza, que hizo dar un pequeño bote al hombre que la observaba sin atreverse aún a entrar en el cuarto. Dejó las hojas a un lado y cogió otras para repetir el proceso con igual violencia. Un montoncito de papeles grapados después, Sakura alzó la cabeza y miró al hombre, que seguía estático en el umbral.
- ¿Qué? –Preguntó con fastidio.- ¿Va a trabajar o piensa seguir mirándome mucho más?
Él parpadeó de nuevo. Al parecer Sakura estaba realmente de mal humor esa mañana. Fue a preguntar por el motivo de su enfado cuando una voz lo llamó desde el fondo del pasillo.
- ¿Has visto a Mei Ling? –Preguntó Syaoran, acercándose hasta donde estaba.- Necesito que me haga copias de esto.
El moreno miró el sobre que su hermano agitaba en el aire y negó con la cabeza. Lanzó una mirada rápida por la puerta y sonrió al ver como la mujer agarraba con más fuerza de la debida la grapadora.
- Pero te las puede hacer ella.
Si las miradas matasen, él estaría muerto un par de veces. Pero peor estaría Syaoran, quien recibía todo el odio contenido en los ojos de la castaña. Eriol soltó un silbido mientras veía la escena. Estaba seguro de que Syaoran saltaría por aquella mirada furiosa, por eso alzó las cejas confundido cuando su hermano apartó la mirada y se alejó murmurando que ya podía hacerlo él mismo.
Cerró la boca que se le había quedado abierta ante esa extraña reacción y se rascó la cabeza sin entender qué había ocurrido ahí. Dio un paso al frente pero se detuvo en el umbral, sin llegar a decidirse a entrar en el despacho.
- ¿Ha ocurrido algo? –La chica no le hizo ni caso, se limitó a coger lo que acababa de grapar y juntarlo con otro montón de hojas.- ¿Sakura? –Ni se inmutó.- ¿Ha ocurrido algo con Syaoran?
Alzó una ceja al ver como se quedaba inmóvil, con la mano sobre una carpeta que parecía dispuesta a coger. Eriol suspiró, consciente de que había acertado de pleno con el motivo del repentino mal humor de su secretaría. Por si la escenita de hacía unos momentos no había sido suficientemente aclaratoria.
Sakura se mantenía quieta, muy quieta, como si toda su concentración estuviera centrada en controlarse para no gritar. Finalmente cogió la carpeta y giró su cabeza para ver al hombre. Al topar con la intensidad de su mirada, Eriol dio un paso atrás. Parecía hielo, hielo verde que intentaba perforarle sólo por tenerlo delante. Hielo esmeralda sin una pizca de vida.
Ella abrió la boca, sus labios se separaron muy lentamente y él temió al grito que vendría a continuación. Se encogió ligeramente, preparándose para la furia, pero sin embargo en lugar de un grito, de los labios de Sakura escapó un susurro helado que le hizo tragar saliva.
- No.
Un no seco, suave, cargado de frialdad y que le hizo comprender que mejor no volvía a nombrar a su hermano en lo que quedaba de día. O de semana. O de mes....
Suspiró resignado cuando la chica siguió a lo suyo sin prestarle más atención, estaba claro que no lograría enterarse de lo que había pasado. Pero podía hacer un par de suposiciones.
Una mano en su hombro lo sacó de sus pensamientos y le hizo dar un pequeño bote, al girarse se encontró con la sonrisa de Tomoyo.
- ¿Qué haces aquí parado? –Preguntó la morena.
Eriol sonrió de medio lado e hizo un gesto hacia el interior del despacho. La sonrisa de la recién llegada desapareció tan buen punto vio la expresión sombría de su prima. Por encima del hombro de Tomoyo pudo ver aparecer a Mei Ling, que se acercaba con expresión desconcertada mientras señalaba hacia el final del pasillo, el hombre supo qué era lo que probablemente le había sorprendido, así que sólo negó con la cabeza.
El agarre sobre su hombro se apretó un segundo y al volver a mirar a Tomoyo se la encontró con expresión completamente seria, con la vista fija sobre la castaña.
- Tienes mala cara.- Comentó él al percatarse de sus ojeras.- ¿No has dormido bien?
La morena lo miró unos segundos antes de volver sus ojos a Sakura. Era cierto, no había pegado ojo.
- No.- Contestó.- Pero seguro que tengo mejor cara que ella.
- Lo suyo no creo que sea por insomnio.
Eriol sonrió y las dos morenas compartieron una mirada cómplice, entendiendo a qué se refería. Un golpe sordo desde la mesa les sobresaltó.
- ¿Queréis parar de hablar de mi como si no estuviera? – Protestó Sakura.- ¿Qué querías?
Sus ojos verdes se posaron sobre su prima, quien se acercó a ella con paso decidido.
- Quiero hablar contigo.- Ni el tono de voz, ni el agarre sobre su muñeca permitían ninguna excusa.- Eriol, te la rapto.
- Toda tuya.
Tiró de ella y, pese las protestas de la castaña, la levantó de la silla para sacarla de ahí casi arrastras. Cuando hubieron desaparecido por el pasillo Eriol soltó de un suspiro todo el aire y al fin entró en su despacho. Mei Ling lo siguió en silencio, lo vio dejar su abrigo y abrir el maletín mientras se sentaba en su silla. Él sacó un par de carpetas y al fin miró a la mujer frente sí.
- ¿Habéis venido juntas? –Preguntó, alzando una ceja.- Tú también tienes mala cara.
- No eres el más indicado para decir eso.
El moreno sonrió y dejó su maletín a un lado para abrir una de las carpetas. Sí, seguramente él también tenía expresión cansada, a fin de cuentas tampoco había logrado dormir.
- Ha sido una mala noche para todos, supongo.
Mei Ling apartó la mirada y se quedaron en silencio un largo rato.
- ¿Qué le pasaba a Sakura? –Preguntó al fin ella. Eriol se encogió de hombros.
- No tengo ni idea, cuando he llegado ya estaba de mal humor.
- ¿Y Syaoran? –El hombre esbozó una sonrisa al verla repetir el gesto con el que había aparecido, señalando hacia atrás por encima de su hombro y con expresión completamente aturdida.- Estaba haciendo fotocopias, ¡él mismo! Los empleados estaban tan sorprendidos como yo.
- ¡Vaya! –Soltó una risotada al imaginárselo.- La verdad es que tampoco sé que le pasa, ¿sabes algo?
- Ayer lo vi con Sakura.- Eriol alzó las cejas ante eso.- No sé más.
Se quedaron mirando unos segundos y ambos suspiraron a la vez, igual de cansados y abatidos. No hacía falta ser muy listo para unir todos los datos y darse cuenta de que algo había ocurrido entre los dos. Algo grave. Sin duda habían perdido la partida y ahora sólo les quedaba esperar a ver cómo acababa todo.
-.-.-.-.-
Sakura miró a su alrededor con desinterés. Había sido arrastrada hasta una cafetería y ahora un empleado le servía su pedido mientras intentaba coquetear con Tomoyo, quien rápidamente lo despachó. Miró el trozo de pastel que tenía delante, su prima lo había pedido por ella aunque en realidad no tenía hambre. Miró la taza de té que humeaba al lado del dulce, seguramente quemaría. Miró el servilletero y su vista siguió vagando sin encontrar nada interesante.
La morena puso el azúcar en su café y removió la bebida durante un buen rato. Dejó la cucharilla a un lado del platillo y cogió la taza para dar un corto sorbo antes de volverla a dejar. Sin más agarró su propio pastel y probó un trozo.
Los ojos verdes de Sakura finalmente se cansaron de pasear por la cafetería y se posaron en ella. Se preguntaba cuando dejaría su prima de guardar silencio. No es que le agradara la idea de aguantar el interrogatorio que seguro tenía preparado Tomoyo, pero su silencio estaba empezando a ponerla nerviosa.
- ¿Para qué me has traído aquí? –Preguntó al fin.
Tomoyo la miró mientras acababa de degustar el trozo de pastel. Tragó y dio otro pequeño sorbo de su café. Sakura frunció el ceño, advirtiendo que la mujer no había dicho nada porque sabía que sería ella quien empezaría la conversación.
- No sé.- Se encogió de hombros.- Pensé que tendrías algo que decirme.
- ¿Como qué? –Preguntó de mala gana.
- Como qué te tiene de ese humor de perros, por ejemplo.
La castaña cerró los ojos y se llevó una mano a la sien para darse un pequeño masaje. Estaba empezando a pillar dolor de cabeza y esto sólo había empezado. A veces su prima lograba sacarle de sus casillas, con esa actitud suya. Aunque en realidad la morena no había dicho nada, Sakura sabía que con sus preguntas y sus jueguecitos la llevaría justamente donde ella quería.
Frunció el ceño. Realmente no quería recordar lo que había ocurrido para estuviera de ese mal humor. Era consciente de que no conseguía nada comportándose así, pero estaba enfadada y en su opinión tenía todo el derecho a fulminar con la mirada a todo el que se le cruzara por delante. Porque estaba de mal humor. Porque si no se desquitaba de esa forma muy probablemente iría a la fuente del mal y cometería un homicidio.
Y Dios sabía que matar a Syaoran Li sólo traería más complicaciones a su vida.
- Mira, Tomoyo…- Suspiró, abriendo los ojos para verla.- No quiero hablar de eso. En realidad no ha pasado nada pero, sinceramente, prefiero olvidar todo lo ocurrido y seguir con mi vida.
- Claro, permíteme decirte que lo estás consiguiendo.- Sakura captó la ironía al instante.- Vamos, cualquiera diría que te ha pasado algo, si estás como siempre…
- Ya vale.- Le cortó molesta.- Si digo que no quiero hablar, no quiero hablar. Me da igual lo que penséis, tengo derecho a estar enfadada si quiero.
- Eeeeh.- Tomoyo alzó las manos en señal de defensa.- Para el carro, conmigo no lo pagues.
- Pues déjame.
- ¿Tan importante es lo que ha pasado?
Sakura cerró los ojos con un suspiro cansado. ¿Importante? En realidad las cosas no tenían más importancia de la que uno mismo quería darle. ¿Y qué importaba lo que había sentido? En realidad, ¿qué había sentido?
El escalofrío que le recorría cada vez que su piel rozaba contra la de él. Sus alientos entremezclándose segundos antes de unirse en un profundo y húmedo beso que los dejaba sin aliento. Su cuerpo estremeciéndose por el placer. Su piel erizándose por las sensaciones. Su cabeza volviéndose loca mientras un nombre salía de sus labios.
Abrió los ojos de golpe, abrumada por la intensidad de los recuerdos. Tenía que admitir que, al menos para ella sí lo era, sí era importante. Aún podía notar claramente las manos de Syaoran sobre su cuerpo y eso la volvía loca de placer y a la vez le enfurecía. Para ella lo que había ocurrido tenía una importancia notable, no podía olvidarse de ello como si nada, por mucho que lo deseara. Pero estaba claro que la otra parte implicada no pensaba lo mismo.
Tomoyo parpadeó con asombro. Los ojos verdes de Sakura brillaban casi de una manera febril y la intensidad de su mirada logró sonrojarla ligeramente. La morena se obligó a esconder el rostro tras su taza de café.
- Desearía que no fuera importante.- Admitió al fin la castaña y cogió el tenedor para juguetear con el pastel de su plato.- Pero es... difícil.
Era difícil. Sakura sabía que no podía hacer como Syaoran y simplemente hacer como si nada hubiera ocurrido. Le era imposible.
- Sakura… ¿Qué ha ocurrido?
La miró con seriedad. La chica simplemente se quedó en silencio, con la vista fija en su plato, cortando pequeños trozos de su pastel sin ninguna intención aparente de comérselos.
- No quiero hablar de eso, Tomoyo.- Alzó la mirada y esta vez no había nada más que tristeza en sus ojos.- Por favor.
No le hizo falta decir nada más, Tomoyo accedió a la petición y bajó la mirada mientras asentía. Si había algo que no quería la morena era hacer sentir mal a Sakura, aunque en realidad tampoco quería sentirse mal ella misma. Empezó a dar vueltas a la taza que tenía entre sus manos mientras intentaba olvidarse de la desagradable sensación en la boca de su estomago y del presentimiento que le decía que, en el fondo, sabía que había ocurrido entre Sakura y Syaoran la pasada noche. Finalmente dejo la taza y alzó de nuevo la mirada para ver a su prima.
- Está bien, pero dime una cosa…- Sakura la miró con fastidio.- Explícame que es todo eso de buscar piso a mis espaldas.
El rostro de la castaña palideció al sentirse pillada. Lo primero que hizo fue balbucear que no sabía a que se refería pero Tomoyo la miraba con tal seriedad que no le dejó duda acerca de que sabía más de lo que aparentaba, así que con un suspiro se dio por vencida y pasó a contárselo todo. A fin de cuentas tendría que hacerlo tarde o temprano.
- Lo tengo prácticamente arreglado.- Se decidió a darle un sorbo a su té.- Supongo que empezaré a llevarme mis cosas hoy y en unos días me iré a vivir ahí.
- ¿Por qué no me lo habías dicho?
La voz de Tomoyo sonó molesta y al mirarla Sakura pudo ver algo parecido a decepción en sus ojos. Suspiró y negó con la cabeza.
- ¿Me habrías dejado buscarlo por mi cuenta?
- ¡Claro que no!
Tomoyo se calló de golpe al entender el punto, Sakura no se lo había dicho porque sabía que ella se metería en medio y la ayudaría, le buscaría el mejor piso de la zona, se lo compraría ella misma y se lo arreglaría con los mejores muebles. A veces odiaba que su prima fuera tan autosuficiente.
- ¿Ves? Por eso no te dije nada, Tomoyo.- Rió.- Seguro que me buscarías alguna mansión ostentosa.
- Pero podría haberte ayudado… -Dijo en un murmullo.- Sólo quiero lo mejor para ti.
- Lo sé, pero era algo que quería hacer por mi misma. Quiero demostrarme que puedo salir adelante por mis propios medios. Lo siento, Tomoyo, pero no quiero ayuda.
Los ojos amatistas relampaguearon durante un segundo ante esa última frase. Algo en el pecho de la morena se removió y por un momento tuvo que luchar para no empezar a gritarle que era una mentirosa. ¿Cómo podía decir que no quería ayuda cuando era evidente que Syaoran la había estado ayudando? Sakura volvía a jugar con su pastel mientras se mordía el labio y Tomoyo supo que estaba pensando en él. Cogió aire y lo soltó muy lentamente.
- ¿No me lo vas a contar, verdad?
La castaña negó con la cabeza y Tomoyo cerró los ojos sintiéndose superada por la situación. Cogió la taza de café y le dio un lago sorbo. Su prima podía ser tan cabezota como el propio Syaoran y eso le sacaba de quicio.
-.-.-.-.-
Mei Ling salió del ascensor con un par de carpetas bajo el brazo, atendió las dudas de un empleado y se dirigió a su despacho sin demasiadas ganas. Al abrir la puerta escuchó una melodía familiar y se apresuró a coger el móvil antes de que dejase de sonar.
- ¿Sí? Mei Ling Li al habla.
- Soy yo.- La morena cerró los ojos al reconocer la voz.- ¿Cómo estás?
- Como si me hubiera pasado una apisonadora por encima.- Bromeó y sonrió al escuchar la risa de su interlocutor.- ¿Y tú?
- Yo… No sé.
- ¿Has logrado sacarle algo?
Durante un momento no se escuchó nada y la chica aprovechó para dejar las carpetas sobre la mesa y sentarse en su silla. Justo cuando se acabó de acomodar pudo oír un suspiro cansado al otro lado de la línea.
- No.- Se escuchó al fin.- ¿Y tú?
- Nada, está imposible.
- Sakura también.- Hubo otra pausa.- No ha querido contarme nada pero creo que… que ha pasado algo bastante fuerte entre los dos. Puede que…
- Lo sé Tomoyo, lo sé...
No dejó terminar la frase, Mei Ling también sabía que algo muy grave había tenido que ocurrir para que estuvieran así. Había hecho sus propias deducciones y, aunque no le gustase la idea, la posibilidad de que aquellos dos se hubieran acostado juntos era muy elevada. Y seguramente Tomoyo había llegado a la misma conclusión que ella.
- ¿Dices que está imposible?
La morena asintió y recostó la cabeza en el respaldo. Luego se dio cuenta de que no podía verla.
- Sí.- Contestó en voz alta.- Normalmente es un gruñón y cuando se enfada es un verdadero ogro. Pero…- La puerta del despacho a su lado se abrió haciendo que se callase apresuradamente. Syaoran le dirigió una escueta mirada antes de salir de la habitación y Mei Ling soltó un suspiro al encontrarse de nuevo sola.- Se acaba de ir.- Informó.- Está impasible, silencioso, se mantiene apático y no contesta a nada. Me está empezando a hartar.
- Sakura igual, estaba enfadada pero en el fondo parecía abatida.- Mei Ling se llevó una mano a la sien, todo eso le daba dolor de cabeza.- Oye, sobre lo que hablamos ayer…
- No quiero hablar de eso, Tomoyo.
- Deberías considerarlo.- Mei Ling suspiró ante su insistente amiga.- A mi no me gusta mentirle a Sakura y sé que tú tampoco disfrutas al engañar a Syaoran.
Se acomodó mejor en la silla, dejando que su espalda resbalara ligeramente por el respaldo hasta quedar medio tumbada, prácticamente desparramada sobre el asiento. Todo se había complicado tanto que empezaba a estar cansada. No tenía ganas de hacer o decir nada, si de ella dependiese se iría a casa a encerrarse en su habitación para dormir un par de meses.
Pero sabía que no podía huir sin más, eso era más propio de Syaoran que de ella. Y en el fondo sabía que Tomoyo tenía razón.
- Pero decírselo todo… Me matará cuando se entere.
- Te dije que te daría mi apoyo.- Muy a su pesar se encontró sonriendo ante eso.- Si se lo vas a decir, yo estaré allí para ayudarte. Pero las cosas no se pueden quedar así, Mei Ling, te estás hiriendo a ti misma con todo esto… Y Syaoran y Sakura también están saliendo heridos.
- Si sólo no fueran tan cabezotas.- Se cubrió la cara con una mano, empezaba a tener ganas de llorar.- Si sólo pudiera vivir en esta mentira sin sentirme mal…
- Mei Ling…
Notó como se le erizó la piel ante el tono suave de la voz de Tomoyo. Se incorporó de golpe y carraspeó, no quería la compasión de nadie, ella misma se había metido en todo ese lío y ahora tendría que asumir las consecuencias. Ieran se enfadaría con ella, estaba completamente segura y eso provocó que un escalofrió recorriera su espalda, la mujer se enfadaría ante lo que pensaba hacer. Pero no podía más.
- Gracias.- Murmuró con completa sinceridad.- De veras, gracias.
- De nada.- Dijo con una pequeña risilla y Mei Ling esbozó una sonrisa.- Entonces, ¿cuándo piensas decírselo?
La puerta se abrió de nuevo y Syaoran entró con una taza de café en la mano, volvió a dirigirle una mirada y sin más se adentró en su despacho. La puerta se cerró con un ligero golpe que hizo estremecer a la morena. Tragó el nudo que se había formado en su garganta al verlo y se inclinó hasta esconder su cabeza entre los brazos, sobre la mesa.
- ¿Cómo lo tienes esta noche?
-.-.-.-.-
Nakuru contemplaba con orgullo su obra, con las manos en las caderas y una expresión satisfecha asintió con aprobación. Cuando un vestido quedaba como ella lo había imaginado se sentía realizada y sentía que podía crear cualquier cosa.
Unos golpecitos se escucharon en la puerta de su estudio y ella permitió el paso sin dejar de mirar los maniquíes, vestidos con espectaculares trajes blancos. La persona que entró en la habitación se colocó a su lado y ambas pasaron unos minutos mirando las prendas.
- Son geniales ¿verdad? –Dijo con orgullo.- Tengo unas ganas de llamar a sus propietarias para que los vean… Seguro que se ven formidables en ellas, me he dado prisa en acabarlos porque no puedo esperar a que se los prueben…
- ¿Para quienes son los otros dos?
Kaho miró a Nakuru, quien se rió y se acercó al primer vestido, colocándose detrás para pasar una mano por la larga cola del traje.
- Este es el de Mei Ling, ¿perfecto para ella, verdad? Creo que quedará precioso con el pelo tan largo que tiene… -Se acercó al segundo y cogió uno de los volantes de la falda para ondearlo en el aire.- Este es para Tomoyo, creo que parecerá una muñequita de porcelana con esto. ¿Qué opinas?
- Uno de estilo oriental para una muñeca ningyō y uno occidental para una de porcelana…- Kaho sonrió de medio lado.- Muy apropiado. ¿Y el tercero?
Nakuru dio una palmada y se acercó al último vestido, completamente emocionada. Era el menos ostentoso de los tres, sin demasiados adornos. Un vestido de corte sencillo pero elegante. La chica acarició la tela que caía por la falda, una tela tan suave y blanca que sin duda daba una impresión de pureza.
- Para una flor de cerezo.
Kaho negó con la cabeza, con aquella sonrisa aún en el rostro. Ya se imaginaba que ese era para Sakura.
- ¿Por qué has hecho uno para ellas también? Ieran sólo pidió el de Mei Ling.
- Hacer el vestido perfecto para las personas que considero interesantes es todo un reto para mí.- Se encogió de hombros.- Además, si he de hacer vestidos para que no se utilicen, prefiero que sea porque me apetezca, no porque me lo digan.
Ambas se sonrieron y se quedaron un instante en silencio, de nuevo contemplando los tres vestidos de novia, tan diferentes entre ellos pero tan similares en el fondo.
- Se lo he contado todo a Eriol.
La mirada de Nakuru viajó rápidamente hacia la mujer. Abrió la boca pero no pudo decir nada debido al asombro. Finalmente soltó una risilla mientras negaba con la cabeza y Kaho cerró los ojos, divertida por la reacción de su ayudante.
- Ieran se enfadará.- Comentó Nakuru.- Pero supongo que a ti eso te da igual.
- Él ya se había dado cuenta de que algo no cuadraba.- Empezó a caminar hacia la puerta.- Es muy listo.
- Y muy atractivo.
Kaho se detuvo bajo el umbral de la puerta y se giró ligeramente para ver a la chica, quien sonreía con inocencia. Aunque ella sabía que en el fondo Nakuru era de todo menos inocente. Salió de la habitación y cerró la puerta tras de ella.
- Y muy atractivo.- Admitió sólo para ella misma.
-.-.-.-.-
Sakura dejó la caja sobre la mesa y se secó el sudor de la frente con la manga. Le habían traído ya los muebles y tras colocarlo todo en su lugar aquello empezaba a parecer una casa. Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos, sintiéndose completamente agotada. Segundos después abrió los ojos al advertir lo cómodo que resultaba aquel sofá. Pasó una mano por el tapizado y se encontró sonriendo a pesar de todo.
Enterró su cara en los cojines y aguantó las ganas de gritar, porque sabía que aunque gritase de rabia en el fondo lo que quería era llorar por ser una completa idiota.
No pudiendo aguantar más se puso de pie y miró con frustración aquel sofá. La casa aún no estaba del todo arreglada y ya le resultaba doloroso estar ahí. El sofá le recordaba a Syaoran, la mesa le recordaba a Syaoran, las paredes le recordaban a Syaoran…
- ¡¡Estúpido, estúpido, estúpido!!- Gritó, propinándole una patada al sofá con todas sus fuerzas. Acto seguido acabó en el suelo mientras se agarraba el pie debido al dolor.- …Estúpida.
El teléfono empezó a sonar y sin demasiadas ganas se puso de pie y fue medio cojeando para buscarlo entre el desorden de su bolso.
- ¿Sí?
- ¿Sakura? Soy Nakuru. Te llamaba porque necesito que tú, Mei Ling y Tomoyo vengáis mañana a mi taller.
La castaña notó un nudo en la garganta. Si Nakuru le pedía que fuera con Mei Ling sería para tratar algo de su vestido de novia. La sola idea le revolvió el estomago, pero se obligó a hacer de tripas corazón.
- ¿Mañana? Entiendo…
- ¿Eh? ¿Te ocurre algo?
Sakura se maldijo por no haber sabido disimular la desilusión y tristeza que le provocaba tener que ir a ver el vestido de Mei Ling. Su voz había sonado tan angustiada que incluso Nakuru se había dado cuenta.
- No, claro que no, estoy bien.- Rió pero la carcajada le sonó falsa incluso a ella.- Nos vemos mañana.
- Claro… Ahora avisaré a Mei Ling, por favor avisa tú a Tomoyo, no tengo su número.
- Oh… ¿Ella también? –Preguntó curiosa.
- Sí.- Nakuru rió al darse cuenta que antes no le había hecho caso.- Ella también.
- Puede ir en mi lugar… yo tengo varias cosas que hacer y sus trajes son muy buenos, seguro que le será de más utilidad que yo.
- Ah, ¿también diseña?
- ¿No lo sabía? -Sakura alzó una ceja.- ¿No es para pedir su opinión?
- Sí, sí, algo así…- Rió al otro lado de la línea.- Pero te necesito a ti también. Asegúrate de venir las tres.
La línea se cortó y la castaña miró con confusión el aparato, lo colgó y lo dejó sobre la mesa. Se quedó ahí de pie un instante y pasó la mano sobre la madera barnizada antes de girarse para seguir arreglando las cosas.
-.-.-.-.-
Aún no sabía cómo había logrado convencerlo pero, después de pasarse todo el día insistiendo, Syaoran había accedido a cenar con ella. Mei Ling frotó sus manos de manera nerviosa mientras el hombre hablaba con el camarero. Buscó con la mirada por todo el local pero no encontró a la persona que esperaba.
- ¿Mei Ling? –Ella se volvió a ver a Syaoran quien se había alejado tras el métré y la había llamado al ver que no los seguía.- Vamos.
Se apresuró a colocarse a su lado. Tenía que relajarse. Estaba segura de que sería una velada difícil pero los nervios lo empeorarían todo, así que tenía que relajarse. Se sentó en su lugar e intercambió unas palabras con el camarero, indicándole que esperaban a una tercera persona. Syaoran la miró con curiosidad pero ella decidió refugiarse detrás de la carta en cuanto el empleado se la dio.
¿Dónde estaba Tomoyo? Dijo que le estaría esperando en la puerta para no dejarla sola con Syaoran, pero aún no había ni rastro de ella. Asomó la cabeza por encima del menú y observó como el hombre miraba a la gente del restaurante sin demasiado interés, con la barbilla apoyada en la mano y la expresión ausente que había lucido durante todo el día.
- Oye, Mei Ling… -La nombrada alzó las cejar al ver que al fin parecía querer decir algo, aunque se mantuviera con el rostro mirando a alguna mesa, que le dirigiese la palabra ya era un gran paso.- ¿Crees en el destino?
Si no fuera porque había puesto toda su atención a lo que Syaoran iba a decir, Mei Ling juraría que había escuchado mal y de hecho a poco estuvo de pedir que lo repitiera. Dejó la carta sobre la mesa y miró al hombre con atención. Parecía pensativo y al ver que ella no contestaba había desviado la mirada para mirarla de reojo, aparentemente pendiente de su respuesta.
- ¿Por qué lo preguntas?
Syaoran frunció aún más su entrecejo mientras volvía a desviar la mirada.
- Me han contado una historia… Déjalo, es una chorrada.
- No, en serio, cuéntamelo.- Rió.- Ahora me dejas con la curiosidad.
Pareció dudar durante un instante hasta que finalmente se giró para encararla. Recostó los brazos sobre la mesa y empezó a jugar con la servilleta entre sus manos mientras Mei Ling lo observaba con disimulada curiosidad.
- ¿Crees en aquello que dicen de que dos personas están unidad por un hilo rojo? –Preguntó y arrugó con más fuerza la servilleta.- La historia iba de dos amantes que debido a ese vínculo acaban muriendo… No me acuerdo muy bien de cómo iba pero se enfrentaban a un Dios malvado y, pese vencerlo, los dos acaban moribundos… Como gratitud un Dios les da la opción de romper ese vínculo para que uno de ellos sobreviva…
- ¿Y por eso preguntabas lo del destino?
Él asintió y se dedicó a alisar las arrugas de su servilleta. Mei Ling lo seguía observando con curiosidad, al escuchar lo del hilo rojo un nudo se había formado en su garganta y, aunque no sabía a dónde quería ir a parar con aquello, supo quién le había explicado esa historia.
- ¿Qué harías tú? –Ella alzó las cejas sin comprender y Syaoran hizo un gesto con la mano.- Es decir, ¿cortarías ese vínculo? Así se salvaría uno de los dos… ¿lo cortarías? ¿Aunque ese vínculo es lo que os ha… permitido vivir?
Después de formular la pregunta Syaoran se sintió el hombre más estúpido del mundo y fue incapaz de seguir mirando a Mei Ling. Aquella era una simple leyenda que le habían contado, no tenía nada de real y desde luego no le ayudaría a solucionar el desastre en el que se había convertido su vida. Sin embargo no podía sacársela de la cabeza.
Volvió su vista a la servilleta. Él cortaría el vínculo. Cuando había contestado la noche anterior no había dudado ni un momento y seguía pensando que cortarlo era lo mejor, seguía completamente convencido de que ese vínculo volvería a formarse.
Cuando estás enamorado de alguien es difícil olvidarlo.
Arrugó la servilleta de nuevo, ahora con más fuerza. En aquel momento todo había sido posible, por un instante pensó en que los amantes del cuento eran ellos dos y supo que no importaba cómo ni dónde ni cuándo, supo que si volvía a encontrarse con Sakura volvería a sentir eso hacia ella. Aquella sensación, aquella chispa, aquella atracción que bloqueaba su razón.
Y cuando la razón había vuelto a aparecer Syaoran se asustó. Sintió pánico, verdadero pavor. Tuvo que huir.
Salió huyendo porque es lo único que podía hacer, se apartó de al lado de Sakura y se vistió en silencio. La contempló dormir unos segundos mientras notaba su corazón latir de manera desenfrenada. Una sensación de vértigo lo invadió al darse cuenta de que lo que sentía por Sakura era más fuerte incluso que su razón y no poder controlar la situación le provocó un miedo tremendo. Salió del piso y cerró la puerta tras de él, esperando que con eso todos sus actos se borrarían.
Pero no se habían borrado. Llevaba todo el día pensando en la leyenda, pensando en la noche anterior y pensando en Sakura, en qué haría ella. Pero no había llegado a ninguna conclusión.
Quizá ella no cortaría el vínculo y por eso había decidido no decírselo, porque se sentía decepcionada de que Syaoran sí lo cortara. O tal vez también lo cortaría... No podía saberlo y por eso había acabado preguntándoselo a Mei Ling. Pero ahora se daba cuenta de que la opinión de su prima no le importaba, él quería saber qué haría Sakura.
Y no sabía por qué quería saberlo con tantas ansias.
Alzó la vista y al ver que la morena aparentemente seguía pensando en una respuesta volvió a bajarla. ¿Por qué estaba tan angustiado? Sakura no era nadie, se llevaban mal y no paraban de pelear. No entendía nada. No entendía siquiera por qué habían acabado así el día anterior o por qué se había sentido tan ruin cuando se había encontrado con ella por la mañana. Cuando sus ojos se cruzaron y pudo ver el dolor, la decepción y el rencor que sentía la castaña hacia él, Syaoran se había sentido miserable y no había podido más que evitarla para no sentirse así. Aunque aún sin verla seguía sintiéndose mal.
El nudo en su estómago no había desaparecido en todo el día y él no entendía por qué. ¿Tan fuerte era lo que sentía por Sakura? Y en cualquier caso, ¿qué era lo que sentía por ella?
- No lo cortaría.- La voz de Mei Ling le sobresaltó y alzó la cabeza con rapidez.- Si lo cortase ella se… -Dudó un momento y apartó la mirada algo cohibida.- Si lo cortase esa persona se salvaría. ¿Dices que el vínculo me ha permitido vivir? Entonces es que el vínculo es lo más importante para mí, ¿no? Si lo cortase uno de los dos viviría, tal vez fuera yo, yo viviría y esa persona moriría… No sé, no querría vivir sin esa persona, si la quiero tanto no quiero separarme de ella. No lo cortaría.
Syaoran frunció aún más su entrecejo. El razonamiento de Mei Ling tenía lógica y sin embargo lo encontraba absurdo.
- Pero si lo cortases tal vez fuera esa persona quien sobreviviría. ¿No te haría feliz eso?
- Si me quiere tanto cómo lo hago yo, no.
- Es egoísta.- Gruñó Syaoran.- ¿No quieres que sea feliz aunque no sea a tu lado?
- No lo digo por eso, sino porque no creo que sea feliz si no está a mi lado. Al menos yo no lo sería.
- Es egoísta.- Repitió y apartó la mirada con enfado.- Prefieres morir los dos…
- Sí.
Mei Ling también frunció el ceño, no entendiendo a qué venía tanto alboroto. Le había pedido su opinión y ahora se enfadaba por la respuesta que le había dado. Syaoran estaba más raro de lo que pensaba pero sobre todo estaba más estúpido. Bufó y miró a su alrededor. ¿Dónde se había metido Tomoyo? Como siguieran así se acabaría cansando y se iría sin contarle nada.
- Pongamos que sobrevives tú.- La morena lo miró sin demasiado interés, pendiente del argumento del hombre.- Sobrevives tú y sabes que esa persona morirá, pero renacerá de nuevo. Y te pones a buscarla… La encuentras, debes encontrarla, ¿no crees? Estoy seguro que la encontrarías.
- No si has roto el vínculo.- Dijo con fastidio.- Syaoran, has cortado el vínculo para salvarte… o salvarla, es igual, lo has cortado y no hay nada que os una.
- Pero la encontrarías.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Por que el vínculo que os unía era tan poderoso como para derrotar un Dios, es tan poderoso que incluso hará que muráis los dos, es tan poderoso que no podrás olvidarla nunca y sabes que ella no podrá olvidarte a ti
- ¡Pero está muerta y ese vínculo ya no os une!
- ¡Pero se volverá a formar!
Golpeó la mesa con fuerza y las copas tintinearon. La gente a su alrededor empezaba a mirarlos y Syaoran se obligó a tranquilizarse, respiró hondo y se reacomodó en la silla. Mei Ling seguía mirándolo con fastidio y esperó hasta que pareció que el ambiente se había calmado.
- ¿Por qué es tan importante ese vínculo, Syaoran?
El hombre apoyó los codos en la mesa y colocó la frente entre sus puños, sin decir nada. Mei Ling lo contempló en silencio, estaba segura de que ni él mismo sabía por qué era tan importante aquella tontería. Le parecía increíble que se llegara a sobresaltar de esa manera por defender su opinión y tenía la ligera impresión de que aquello en el fondo escondía algo más importante.
Tamborileó sus uñas contra la mesa mientras pensaba en lo que le había dicho. Tal vez se refería al vínculo que le unía con Sakura… Suspiró. Seguro que era eso, tal vez era su manera retorcida de buscar una excusa y no sentirse mal por sentir lo que quiera que sintiera hacia la castaña.
- Yo lo cortaría, pero tu puedes hacer lo que quieras.- Negó con la cabeza.- Le das demasiadas vueltas a todo.
- ¿A qué le da demasiadas vueltas?
Mei Ling se sobresaltó y se puso bruscamente de pie cuando Tomoyo apareció a sus espaldas. Tanto Syaoran como la recién llegada alzaron las cejas mientras la china se sonrojaba ante la reacción que acababa de tener.
- Llegas tarde.- Refunfuñó, sentándose como si no hubiera pasado nada.- Pensábamos empezar sin ti.
- No podrías empezar sin mí.- Le guiñó un ojo y le pasó un dedo por la mejilla descaradamente antes de sentarse en la silla desocupada a su lado. Mei Ling gruñó algo y le dio la espalda.- Y bien, ¿de qué hablabais?
- De nada.
Esta vez fue el turno de Syaoran de gruñir y Mei Ling se rió ante eso.
- Ayer le contaron una historia rara… No sé quien.- Sonrió a Tomoyo y ésta abrió la boca entendiendo algo más.- Algo sobre unos amantes y un vínculo.
- ¿La de los gemelos?
Tomoyo miró con sorpresa y curiosidad a Syaoran y éste asintió con fastidio. Mei Ling pasó la mirada de uno a otro sin comprender y luego sonrió al ver como la chica empezaba a carcajearse, aparentemente por un chiste que sólo ella entendía.
- ¿La conoces? –Preguntó.
- Claro, claro… Sakura y yo no dejábamos de discutir por ella.- Sonrió.- Su padre nos la contó para que durmiéramos pero sólo provocó que nos desveláramos durante horas. ¡Creó verdadera polémica!
Mei Ling soltó también una pequeña risilla. Sin duda alguna se lo creía, ella ni siquiera conocía la historia entera y ya había discutido por su causa.
- ¿Y qué decías de unos gemelos?
Tomoyo miró de reojo a Syaoran pero sin embargo contestó a la pregunta de la morena.
- En la leyenda, ellos no rompen el vínculo y al renacer lo hacen como gemelos.
- ¡Que putada!
- ¡Síiiii!
Ambas volvieron a reír, pera fastidio del hombre que se mantenía con la cabeza apoyada en una mano y mirando a algún punto indefinido del restaurante. El camarero se acercó algo temeroso pero los tres se apresuraron a pedir mientras ellas se calmaban, para alivio de Syaoran.
- ¿Y tú qué decías? –Preguntó Mei Ling cuando el camarero se hubo ido.- ¿Lo cortarías?
- ¿Yo? –Tomoyo sonrió y miró con malicia al hombre.- ¿Y tú, Syaoran? –Él la miró con fastidio pero no contestó.- Seguro que dijiste que no lo cortarías y por eso hoy estáis los dos de tan mal humor.- El castaño abrió mucho los ojos y miró con mayor atención a la chica.- Sakura puede ser muy cabezota, después de tantos años yo sigo diciendo que no lo cortaría y ella se pone hecha una furia cada vez.
Syaoran se quedó completamente estático, con la mirada fija en el mantel y el puño fuertemente apretado, aturdido por la respuesta que había estado buscando durante todo el día. Tomoyo miró de reojo a Mei Ling, ligeramente sorprendida por la actitud del chico.
- ¿Entonces… qué haría Sakura?
La china sonrió con cansancio y Tomoyo negó con la cabeza mientras suspiraba con fastidio. Empezaba a hacerse una ligera idea de cuál era la opinión de Syaoran en ese tema.
- Ella lo cortaría.- Los puños de Syaoran se apretaron aún más.- Siempre dice que lo cortaría, está convencida de que el vínculo es suficientemente fuerte como para volverse a formar.
La silla cayó al suelo cuando Syaoran se puso de pie de manera brusca. Todos los ojos del restaurante se posaron sobre él, quien no apartaba la vista del mantel. Los nudillos se le pusieron blancos de la presión y las chicas se miraron sin saber qué hacer mientras los rumores empezaban a oírse por la sala.
- …¿Syaoran?
- He de irme.
Y sin más salió prácticamente corriendo de ahí, esquivando al camarero que les traía el vino que habían pedido. Lo vieron cruzar el local a zancadas y salir por la puerta ante la atenta mirada de los comensales.
- Él también lo cortaría, ¿me equivoco?
Mei Ling se llevó una mano a la frente y empezó a carcajearse. Tomoyo volvió a negar con la cabeza y le dio unas palmadas en el hombro para apoyarla. El camarero les sirvió la bebida y se alejó lo más rápido que pudo.
- Opinan igual.- Dijo Mei Ling entre risas.- Y son igual de cabezotas.- Soltó una nueva carcajada.- ¡Son idiotas!
Esta vez Tomoyo también se unió a la risotada. Tras algunos minutos empezaron a calmarse pero para entonces el restaurante ya estaba lleno de cotilleos sobre lo que había sucedido. Mei Ling cogió su copa y empezó a beber, Tomoyo se secó con un dedo una lágrima que se le había escapado de la risa.
- Son idiotas… -Repitió Tomoyo.
- No he podido decírselo… -Movió la copa en su mano y el líquido borgoña empezó a ondular.- Era mi oportunidad para lavarme las manos y olvidarme de este condenado plan.
- Tranquila, no creo que haga falta.
- Tal vez no…
Se quedaron en silencio. Si Syaoran no huía cómo hacía siempre tal vez había una pequeña posibilidad de que todo se solucionase. Quedaban dos semanas para la boda y Mei Ling se encontró rogando porque su prometido no fuera tan cobarde y no dejara escapar esta oportunidad. Porque temía que no volvería a reunir el valor para contárselo todo y enfrentarse a Ieran.
- ¿Tú qué harías?
La voz de Tomoyo fue un susurro y los ojos rojizos de Mei Ling la miraron por encima de la copa durante unos instantes. Cuando se separó el vidrio de los labios éstos estaban curvados en una sonrisa.
- Yo no lo cortaría.- Dijo con firmeza.- Por nada del mundo.
Alzó la copa y la morena no tardó en bridar con ella.
-.-.-.-.-
Respiró hondo para intentar recuperar el aliento. Le dolía los pies por correr con aquellos zapatos que, a pesar de ser tan caros, eran absolutamente incómodos. Su americana estaba completamente arrugada en su mano izquierda y llevaba la corbata aflojada y la camisa con un par de botones abiertos.
No entendía qué le había impulsado a correr de esa manera hasta ahí, pero no había parado hasta llegar. Apoyó su mano en la pared y recostó la frente contra la puerta, sintiéndose completamente exhausto.
Alzó la cabeza y llevó su mano al timbre. Dudó. Se mordió el labio y su ceño se frunció más que nunca. ¿Por qué estaba ahí? Gruñó y se reprendió mentalmente por ser tan estúpido a veces.
Picó.
La noche anterior había salido huyendo de ahí y ahora volvía. Era un suicida. Un estúpido suicida.
La puerta se abrió.
Sus ojos se encontraron con dos pupilas verdes que relampaguearon al reconocerle. Abrió la boca para decir algo…
La puerta se cerró.
Syaoran se quedó con la boca abierta y parpadeó un par de veces. ¿Le acababan de cerrar la puerta en las narices? Cerró la boca y frunció de nuevo el ceño mientras acribillaba el timbre de manera compulsiva.
- ¡Para! –Se escuchó desde dentro.- ¡Lárgate!
- Abre.- Ordenó mientras seguía acosando al pobre timbre.- Abre, Sakura. Ábreme.
- No quiero.- Syaoran sonrió ante lo infantil que había sonado eso.
- No pienso irme hasta que abras la puerta.
La puerta se abrió y se volvió a cerrar al instante.
- Ya la he abierto. Ahora, ¡lárgate!
El hombre volvió a parpadear y empezó a carcajearse. Una mujer que subía con su hijo en esos momentos por la escalera lo miró con desaprobación mientras el niño lo señalaba con una sonrisa divertida. Syaoran se apoyó en la pared y siguió riéndose ajeno a ellos.
Sakura se maldijo por encontrarse sonriendo al escuchar la risotada del castaño. Se dio un golpe en la cabeza contra la pared del recibidor y se apoyó contra la puerta. ¿Qué hacía Syaoran ahí? Se preguntaba. ¿Qué quería esta vez?
Su cuerpo se estremeció cuando la risa se acalló al otro lado de la madera y cerró los ojos al pensar que se había ido. Dio un pequeño bote cuando el timbre volvió a sonar repetidamente y de forma estridente.
- ¡Vete! –Gritó mientras se tapaba las orejas con las manos.- ¡Vete, Syaoran!
Syaoran dejó de picar y se quedó mirando la puerta con tristeza. Entendía que no quisiera verle pero en cambio él necesitaba verla. Acarició la madera con su mano y soltó un suspiro.
- Sakura, por favor.- Murmuró.- Abre…
Esperó unos segundos y, cuando empezaba a darse por vencido, la puerta se abrió de nuevo. Sólo se abrió unos centímetros, los suficientes para ver los ojos de Sakura mirarlo fijamente.
- ¿Has venido a tirarte a tu secretaría para salir huyendo de nuevo? –Preguntó de manera cortante. Syaoran bajó la mirada avergonzado ante tal acusación.- Vete, Syaoran. No quiero verte.
Sus miradas se encontraron unos segundos en los que él no supo qué decir. Finalmente Sakura suspiró y cerró la puerta, dejándolo afuera con el corazón en un puño.
To be continued…
Notitas varias:
Waaaaala! Cuanto tiempo, ¿no? ¿Os acordáis aún de mí? No, no estáis soñando u_u Incluso a mi me emociona actualizar XD y me temo que querréis matarme por tardar tanto, realmente lo entiendo pero os pido un poco de comprensión, la musa viene, se va… aparece cuando estás de exámenes… ya sabéis como funciona esto XD y yo soy una persona bastante inconstante, pero cabezota, ¡así que tranquilos que lo acabaré!
El cap es un bodrio y lo sé. Lo dejo mal y es casi casi uno de transición osea, un asco XD al menos a mi no me acaba de convencer y precisamente por eso me ha costado tanto, tanto, TANTO escribirlo. Por eso y porque me he dado cuenta de que me he alejado completamente del argumento principal del fic y que la línea de sucesos que pensaba llevar se ha convertido en un zigzag…U Así que lo que tenía planeado se ha ido al traste y siempre me paso más tiempo de lo que me gusta replanteándomelo todo. Pero está en la recta final y aunque tarde espero acabarlo.
Gracias a quienes aun a pesar del tiempo os habéis molestado en leer este cap, a quienes aún confían en mí aunque tarde tanto en actualizar y a los que me habéis dejado review a pesar de todo. Le tengo especial cariño a esta historia y estoy segura de que poco a poco saldrá lo que queda hasta llegar al final y espero no decepcionaros. Gracias una vez más y, sé que no merezco decir nada, pero si me dejáis un review con alguna critica constructiva a lo mejor eso alimenta a mi musa XD
Bye bee!
PD.- Me he dado cuenta de que han cambiado el formato para dejar reviews así que aquello de 'al botoncito del GO!' que tanto me gustaba decir ya no lo puedo usar ;_;
