My Life Without You
Disclaimer: Todos los personajes de Kuroshitsuji le pertenecen a Toboso Yana
Advertencias: OC, OOC, yaoi. SebastianxCiel. CielxSebastian. OCxCiel.
Aclaraciones:
-Pensamientos.-
-Diálogo.-
Narración Normal.
Capítulo 8: "Ese Mayordomo, Cae"
Caminaba tras el marqués, quien le llevaba preso de la muñeca. Sentía como si estuviera traicionando a su amado demonio, como si todo el sufrimiento y sacrificio que había hecho y soportado por él, hubiese sido en vano. Por voluntad propia se estaba entregando a las garras de Harville. Pero no le quedaba otra opción. Quisiera o no, acabaría de la misma manera. Tan solo podía elegir entre hacerlo de la manera más fácil o la más difícil. Además, tenía más probabilidades de salvar a Sebastian de lo que sea que le estuviera sucediendo. Lo menos que podía hacer era devolverle el favor. Aún cuando el sacrificio que tendría que hacer conllevara tanto la humillación como la pérdida de su integridad. Estaba claro, no volvería a ser el mismo, pero al menos aquello no acabaría con Sebastian.
-Esto me pasa por haber sido tan imbécil. Si le hubiera hecho caso, no estaría en ese estado. Y ahora, me entrego a éste tipo cual zorra para que Sebastian no empeore. Lo siento, Sebastian. Después de todo, Harville acabará logrando lo que se propuso.-pensó, mirando hacia la ya lejana habitación, donde su demonio se encontraba inconsciente.
-Hemos llegado, Conde.-anunció Harville, mientras abría una puerta frente a ellos.
-Debo hacerlo. No hay otra opción. -se adentró al sitio, resignado.
Arthur caminaba por los pasillos, en busca del joven Phantomhive, para ayudarle, si es que le era posible. Jamás creyó que aquél chico pudiese ser tan idiota como para haber ido voluntariamente a la mansión, aún sabiendo lo que sucedería, inclusive ignorando la advertencia que Charles le había dado.
-Seguramente pretendía sacar algo del Marqués. Nadie hace esto sin una razón así de poderosa.-llegó a la habitación que le pertenecía al mayordomo.-¿Charles-san?-llamó, tocando tres veces. Mas no obtuvo respuesta.-¿Habrá salido?-se preguntó.-No, recuerdo que no podía ni moverse de la cama. Tal vez necesite mi ayuda para algo.-se dijo.-Charles-san, voy a entrar.-anunció, abriendo la puerta. Mas lo que encontró, no era nada de lo que se estaba imaginando.-¡Charles-san!-ingresó al recinto, bastante alarmado ante la visión que se le presentaba. Se agachó, a su lado, para tomarle el pulso y ver si respiraba. Pero eso solo lo hizo darse cuenta de que había sangre en sus manos. -Esto está muy mal.
Las manos del Marqués se encargaban de deshacerse de sus zapatos y prendas, mientras él tan solo intentaba convencerse a sí mismo de que debía hacerlo. Las dudas habían decidido asaltarle justo antes de comenzar con aquél asqueroso acto. Asqueroso porque sería con el marqués. Sus ojos azules se encontraban fijos en la ventana, donde la luna brillaba por su ausencia, pues grandes nubes negras la ocultaban en aquella noche que deparaba tormenta. ¿Acaso algo más podría empeorar su situación? Cómo deseaba que un incendio consumiera aquella mansión desde sus cimientos, como había sucedido a la suya años atrás. Pero la mala suerte no estaba sobre Harville. Al contrario, se empeñaba en no separarse de Ciel. Lo sabía. Nadie podría ayudarle. Él solo, por sus estupideces, había caído en esa situación. Así que solo le quedaba asumir las consecuencias y salvar a otros de ellas. No había más remedio que ese. Además, sólo sería una vez, ¿no? No había por qué preocuparse. Tan solo tenía que mantener su mente lo más alejada posible y, después, reprimir todo recuerdo de aquél día.
-Pero será casi imposible hacer algo así. -pensó, cerrando sus ojos. Mas la "calma" no duró mucho, pues unos labios en su cuello le sacaron de su ensimismamiento. El momento había llegado más pronto de lo que temía.
Sobre la cama yacía Sebastian, una vez más. Su rostro estaba inexpresivo y demasiado pálido. Sobre su pecho estaban sus manos, ambas vendadas por el otro sirviente, quien estaba a su lado, bastante preocupado por su deplorable estado de salud. No comprendía lo que le pasaba, pero estaba seguro de que era casi imposible de que librara aquello. Jamás pensó que aquél mayordomo tan eficaz y agradable, aunque estricto, caería tan enfermo de la noche a la mañana, mucho menos imaginó que se encontraría al borde de la muerte. Lo peor era que no sabía nada de su familia, no tenía idea de a quién debería llamar.
-Charles-san, espero que no muera. Debe ser fuerte, como siempre me dijo que fuera.-susurró, lamentando la casi inevitable pérdida. Le dolía aquello, pues en esa solitaria mansión él había sido su único amigo, o al menos lo más parecido a ello.
Labios ásperos y húmedos en abundancia atacaban su cuello y barbilla, mientras manos desconocidas le arrancaban, prácticamente, sus finos ropajes. Su piel nívea quedaba al descubierto con mayor rapidez. Sus ojos se empeñaban en mirar hacia el techo o la ventana, mientras su mente intentaba distraerse con algo, lo que fuera, mas era lo que menos lograba estando en aquella situación. Sus manos formaban puños, mientras sus uñas se encajaban en su delicada piel. Sus labios permanecían tan cerrados como le era posible. Sin embargo, aquél silencio comenzó a desquiciar al Marqués.
-Mas te vale gemir, gruñir o gritar.-le amenazó, con una mirada tan fría que podía helarle la sangre, al menos estando en su posición. -Incluso no me importa que digas el nombre de mi mayordomo.-una sonrisa cínica apareció en su rostro, mientras que Ciel mostraba una mueca de total sorpresa. -¿Qué? ¿Acaso crees que no me dí cuenta que me intentaste utilizar para acercarte a él? -inquirió, lanzándolo a la cama y colocándose sobre él.-Pero no te salió bien tu plan, ¿cierto?-sonrió, burlonamente.-Y ahora, estás en mi cama, casi completamente desnudo, con un hombre al que no amas, mientras tu "amado" se encuentra cerca y creo que a punto de morir.-comentó, quitado de la pena, con la clara intención de dominarlo al darle tanto sufrimiento. -Así que, si no quieres que esto acabe siendo en vano, será mejor que lo "disfrutes".-enfatizó la última palabra, claramente diciéndole que no le importaba si de verdad lo sentía así o no. -¿Entendió, Conde Phantomhive?
No le quedó más remedio que asentir. Los labios fueron cambiados por rudos lengüetazos, mientras la última prenda caía sobre las sábanas del Marqués. Sus manos comenzaron a recorrer su cuerpo con ansiedad, mientras aquella lengua llegaba a la boca del Conde, luchando por hacerse paso entre sus labios. Pero al no lograr separarlos para adentrar su lengua, le asestó un golpe en la parte interna del muslo, cercano a sus virginales partes. Un breve grito escapó de sus labios, siendo acallado por la cavidad bucal del Marqués. Sus ojos azules se encontraron con los de aquél hombre, quien tan solo le miraba como si fuera un objeto que sólo él merecía obtener. Sus manos se interpusieron entre el pecho del Marqués y su propio cuerpo, intentando impedirle, a toda costa, que continuara. Mas su cometido fue un fracaso, pues Harville le obligó a retirar sus manos con otro golpe en sus muslos, ésta vez más fuerte.
-Te lo advertí, Phantomhive. Más te vale hacer esto por las buenas antes de que tu cuerpo quede moreteado y magullado.-le miró, enojado, antes de volver a besarle, con mayor brutalidad.
Ahora, las manos del Marqués se hallaban recorriendo el cuerpo del muchacho, quien no podía hacer otra cosa que permanecer inmóvil. No podía resistirse, o le golpearía de nuevo, pero era difícil no hacerlo. Le daba asco aquella situación, los labios del aristócrata sobre su piel blanca una vez que dejó su boca en paz. Ante su negativa rotunda de disfrutar lo que Harville le hacía teniéndolo a él en la mente, optó por la salida más segura: imaginar que era Sebastian quien estaba allí. Después de todo, el otro no podía golpearle si decía el nombre del mayordomo, ya que él mismo se lo había sugerido.
-Sebastian…-decía en su mente, mientras sus ojos dejaban de enfocar al Marqués y colocaban sobre éste una escena mucho más aceptable. Ahora, quien le besaba el cuerpo y lo recorría con sus manos no era otro más que su demonio. Los brutales besos y lengüetazos fueron reemplazados por suaves roces y delicadas lamidas de su ex mayordomo. Cuando la dura mano del aristócrata llegó a donde sus testículos descansaban, sintió las suaves manos de Sebastian tocándole aquella parte tan sensible. Casi al instante, el aliento del Marqués estaba sobre su miembro, el cual se puso erecto ante la visión de Sebastian tocándoselo. Una boca fue lo siguiente que sintió alrededor de su pene, donde una lengua le aguardaba, ansiosa. Su miembro fue atendido por aquella lengua, la cual lo lamía de arriba a abajo, mientras unas manos jugueteaban con sus testículos. No pudo evitar comenzar a gemir ante aquellos actos, mucho menos al hecho de que Sebastian era quien aparecía en sus pensamientos.-Aaahhh… Se…Sebastian…-gemía, mientras sus manos tomaban la sábana con fuerza. -¡Aaaaahhhh!-inclusive aumentaron de intensidad cuando la lengua del Marqués realizó algo distinto, pero aún más placentero. -Aaaah…aahh…m…me…me corro…-musitó, entre gemidos. Justo en aquél momento, sin preámbulos, la boca del aristócrata se retiró, dejando libre al miembro de Ciel, del cual, segundos después, comenzó a salir semen. Ante aquél acto, el Phantomhive no pudo evitar mirarle, con cierta sorpresa. Mas la máscara que mantenía sobre el Marqués, desapareció, dejando ante él a Harville y no a su demonio.
-Veo que lo disfrutaste mucho, Ciel. -se burló el aristócrata, limpiando con sus manos unas gotas de semen que lograron caerle en el rostro.-Sin embargo, ahora es tu turno.-se puso en pie, para poder quitarse el pantalón y la ropa interior. Los ojos azules del Conde se abrieron desmesuradamente. No estaba preparado para eso. Harville se colocó de rodillas en la cama, esperando que el Phantomhive comenzara con su labor. -Vamos, que no te de pena, Conde mío. Después de todo, puedes imaginarte de nuevo que tu querido… ¿cómo lo llamaste? Oh, sí, Sebastian. Puedes imaginarte chupándoselo a él. -sonrió, burlonamente, como le encantaba hacerlo para humillar al joven Conde.-Comienza ahora. -una mirada de advertencia se clavó en Ciel.
Con manos un poco temblorosas y sintiendo toda la humillación por la que le hacía pasar el Marqués, Ciel no tuvo más remedio que acercarse al latente miembro del aristócrata. Al mirar aquella parte de su cuerpo, el joven se ruborizó, más por la vergüenza de lo que estaba a punto de hacer con aquél hombre que por otra cosa. Además, en cierto modo, le intimidaba ver el tamaño de aquello, pues en el fondo sabía dónde acabaría metido. Haciendo acopio de toda la concentración de la que era posible, tomó el pene entre sus manos, acercando su temblorosa boca a la punta del miembro. Cerró sus ojos, tan solo para no arruinar la imagen mental que había logrado obtener: su Sebastian, arrodillado frente a él, completamente desnudo, dejando cada pedazo de su piel nívea a la vista, para deleite de Ciel. Sacó la lengua, deseoso de probar el miembro de su supuesto Sebastian, quien no era otro que el Marqués. Mas Ciel lo veía todo distinto en su mente. Y así estaba mucho mejor.
Comenzó a mover la lengua, de arriba abajo, de un lado a otro, formando círculos y trazos sin sentido, los cuales comenzaron a hacer mella en Harville, pues su pene se puso erecto y duro en las manos del menor, quien no dejaba de lamerle, como si de una paleta se tratara. Además, pronto las manos del Phantomhive comenzaron a juguetear con los testículos del Marqués, dándole más placer a aquél hombre, mas en su mente era el rostro de gozo de Sebastian el que aparecía. Aquella visión tan solo logró excitarle a él también, por lo que decidió darle más placer a su acompañante. Adentró el miembro del hombre a su boca, sin dejar de lamer cada parte de él.
Los gemidos del Marqués eran escuchados por toda la habitación; de verdad el Conde Phantomhive le estaba dando el placer que él le había ordenado. Sin embargo, él quería más, por lo que tomó la cabeza del joven entre sus manos, acercándole más, para que la boca del menor abarcara toda la longitud de su miembro. Aquello sorprendió tanto a Ciel que, de la sorpresa, abrió sus ojos, esfumando toda la visión que había conseguido crear. De inmediato, al notar lo que estaba haciendo con el Marqués, soltó sus testículos e intentó retirar su boca del pene del mayor, completamente asqueado, mas éste no se lo permitió. Las manos de Harville seguían empujando su cabeza contra su miembro, por lo que no podía sacarlo de su boca. Con sus manos intentó empujarle, mas no podía contra él, mucho menos en aquella posición donde apenas y podía respirar. Los gemidos del Marqués, a pesar de todo, no disminuyeron. Mas bien, aumentaron, como si el hecho de que Ciel lo hiciera en contra de su voluntad le extasiara. El Conde sintió cómo el mayor estaba a punto de correrse en su boca, por lo que, desesperadamente, intentó alejar las manos que lo mantenían preso. Pero eso no detuvo el río de semen que se desbordó en su boca. Aunque se negó a tragarlo al principio, no tuvo mayor opción que hacerlo, pues comenzaba a ahogarse.
-Lo hiciste bien, mocoso.-comentó Harville, una vez hubo sacado su pene de la boca del menor, quien tosía y se la limpiaba con las manos. Estaba realmente asqueado.-¿Acaso ya habías hecho esto antes?-inquirió.-¿De casualidad fue con "tu amado" Sebastian?-rió, burlándose de él. Una mirada de odio fue lo único que recibió por parte de Ciel.-Nunca hicieron esto entonces, ¿eh? Pero, por lo que veo, ganas nunca te faltaron.-soltó una carcajada.
-Cállate.-exclamó el ojiazul, enfadado. No podía más con eso. Le estaba humillando, burlándose de él y de sus sentimientos. En aquél instante, lo único que quería hacer, era matar a ese hombre. Antes de que siguiera con aquél juego donde jamás debió haberse metido.
-Bien, no más palabras. Es hora de la acción. Veo que estás muy ansioso, Conde.-volvió a sonreír con crueldad, antes de tomarle por la cintura y colocarle bocabajo, dejando su trasero más levantado. Con ojos aterrorizados, Ciel Phantomhive vio cómo dos dedos se acercaban, peligrosamente, a su angosta entrada. -Es hora de ver si eres capaz de seguir mi ritmo, querido Conde.-de inmediato, sin delicadeza, introdujo aquellos dedos largos en su entrada, causándole un dolor que no había sentido jamás. Quiso gritar, pero el hecho de que aquello fuera también un acto para humillarle le obligó a acallar cada grito mientras mordía las sábanas y las apretaba entre sus manos. No podía darle también aquél gusto. Permanecería tan callado como le fuera posible. -Vaya, no sabía que eso de "callarse"…-comenzó a mover los dedos de manera circular, para que la entrada del menor se ensanchara.-…se aplicara también a ti, Ciel.-una mirada asesina, escondida entre una capa de lágrimas que deseaban salir, fue lo único que el Phantomhive pudo dar a modo de respuesta. -Bien, ya veo. Permanecerás en silencio, ¿eh?-retiró sus dedos de la entrada del joven, dándole un respiro.-Ya veremos cuánto duras, Conde.-sin delicadeza, introdujo su pene, aún cuando el espacio no era suficiente para que pudiera introducirlo. Al instante, un grito salió de la boca del menor, quien no pudo aguantárselo por el hecho de que el dolor era el triple que el de los dedos. Lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mientras sus ojos miraban con ira al Marqués. Los cerró por un instante, maldiciéndose por dentro, pues él había sido el único culpable de aquello.
Ciel Phantomhive sintió cómo Harville comenzaba a moverse hacia adelante y hacia atrás, sin la más mínima intención de hacerlo menos doloroso para él. Sus ojos azules lograron captar el rostro de placer que mantenía el otro. Aquello le dio más rabia. Con cada movimiento que el marqués hacia, Ciel sentía más dolor, mas no lo mostraría de nuevo. No debía dejarlo irse con la suya, aún cuando ya lo estaba haciendo.
-Es tan angosto…-murmuraba, con voz jadeante y excitada. Era repugnante verlo y escucharlo, pero no se comparaba con sentirlo. -Oh, sí… esto es una delicia.-seguía musitando, mientras aumentaba el ritmo de las embestidas que le daba a Ciel. Éste siguió apretando los puños y mordiendo la sábana, pues no podía hacer nada más en aquél estado. Tan solo suplicar le faltaba. Y ni todo su orgullo podía evitar que lo hiciera.
-Déjame…-susurraba, con rabia y dolor, mas el Marqués ya no era capaz de escuchar nada estando en aquél nivel de excitación tan cercano del orgasmo. -Déjame…-repitió, mas nunca sería escuchada su súplica, por más humillante que ésta fuera.
En una de las habitaciones de aquella gran mansión, donde la oscuridad y el silencio reinaban, se podía observar, con dificultad, tan solo a dos siluetas: una de ellas recostada sobre la cama y la otra sentada a su lado. El mayordomo tenía el rostro inquieto y la respiración entrecortada. Su acompañante y cuidador se acercó más a él.
-¿Charles-san?-musitó, observando cómo los párpados del aludido se movían. Unas orbes rojizas hicieron acto de presencia en el rostro del mayordomo, quien pestañeó en varias ocasiones para enfocar la vista. Cuando al fin lo logró, lo primero que vio fue a Arthur, a su lado.
-¿A…rthur?-preguntó, incorporándose con gran dificultad.
-Me tenía preocupado, Charles-san.-comentó, con algo de alivio, el sirviente.-¿Está mejor?
-Sí. Pero esto no es buena señal.-se dijo a sí mismo.-¿Dónde está Ciel?-preguntó, sin importarle el hecho de no haber guardado las apariencias frente al sirviente.
-El… joven Phantomhive está…-miró hacia la puerta, que yacía cerrada. -Está con el Marqués.-los ojos del mayordomo se abrieron de sobremanera. Él lo sabía, sabía que Ciel debía estar con Harville, ya que él estaba mejor, físicamente. Mas no lo quería aceptar. Ahora, ya era una realidad que el Marqués y el pequeño Conde estaban teniendo relaciones sexuales.
-Tengo que… detenerlo. Ayudar a Ciel.-susurró.-¿Cuánto llevan allí?-inquirió, esperando que no fuera demasiado.
-Unos… diez o quince minutos.-respondió el sirviente.
-Esto no puede ser.-murmuró, enfadado, antes de intentar incorporarse de la cama.-Arthur, ayúdame a ir a la habitación del Marqués. -ordenó.-Tenemos que hacer algo.
-Claro.-pasó un brazo por debajo de los de Sebastian, tomándole por la espalda.
Sentía cómo un líquido caliente corría por sus piernas. Ya se imaginaba qué era, pues desde que le había penetrado el Marqués había sentido algo cálido emanando de su entrada. Al ver el hilillo carmesí y las gotas en la sábana tan solo confirmó su creencia. Sangre. No tenía caso seguir suplicando, así que se concentró en no gritar. El orgasmo estaba a pocos segundos, lo podía sentir. Pero, aún cuando éste llegó, le sorprendió mucho. Ahora, no solo emanaba algo de sangre de su entrada, también había semen ésta vez. Sintió cómo el pene de Harville se ponía menos duro, y casi se alegró de que aquello ya hubiera terminado. Mas una cosa captó la atención de ambos, pues algo que consideraban imposible, o que ni siquiera habían imaginado que podría pasar, sucedió.
La puerta de la habitación fue abierta, dejando frente a ellos la imagen del demonio, siendo llevado por el otro sirviente.
Los ojos de todos se abrieron, desmesuradamente, mas los primeros en cambiar de expresión fueron los del mayordomo, quien entrecerró los ojos, en señal de furia. Los ojos de Ciel se cerraron, intentando esconder todo el dolor que estaba sintiendo y la vergüenza de lo que había hecho. Se sentía mal, pero el hecho de que Sebastian lo hubiera visto lo puso peor. El único en realizar un movimiento fue el Marqués, quien salió, por fin, de la entrada del Phantomhive y se dispuso a ponerse de nuevo sus pantalones, mientras Ciel se cubría con las sábanas manchadas tan solo para no seguir mostrándose ante los presentes.
-Qué lástima que llegaras tarde, Charles. O, quiero decir, Sebastian.-le miró el marqués, burlonamente.-Habrías disfrutado de la visión del Conde y yo. -pasó una mano sobre el cuerpo del menor, quien se estremeció y derramó lágrimas silenciosas, escondido de todos ellos.-Aunque no lo creas, lo disfrutó tanto como yo.-comentó, causando una mueca de sorpresa y, quizás, decepción, en el demonio.-Sí, o al menos al principio. ¿Sabes lo que hizo?-inquirió, mientras se colocaba la camisa.-Decía tu nombre. Estaba conmigo, pero decía tu nombre. -se rió de nuevo.-Dime, ¿te suena "tierno" o repugnante el hecho de que alguien piense en ti mientras se entrega a otro?
El silencio reinó en la habitación, mientras Harville sonreía con autosuficiencia. Tan solo podían escucharse la respiración entrecortada de Sebastian, y, levemente, los sollozos de Ciel. La última pregunta seguía volando en el aire, mientras el demonio pensaba en ello y el Conde maldecía a quien había echado aquél maleficio. ¿Sería capaz el mayordomo de hacerle más caso al comentario malintencionado del Marqués o creerle a él, aún con todos los errores que había cometido, pero que, a pesar de ello, siempre había sido claro con sus intenciones?
Notas de la autora:
Agradezco mucho a todas las personas que me enviaron sus reviews, pero, en especial, le agradezco a mi hija-socia porque ella fue quien me obligó a escribir al menos todas las veces que nos veíamos por msn, y vaya que son muchas .D gracias hija mía de mi corazón .D
Bueno, lamento informarles que el siguiente capítulo, definitivamente, será el final de ésta historia.
Espero haber hecho un buen trabajo hasta ahora, como autora. Y si no creen eso, díganmelo .D
Hasta el siguiente capítulo .D
