Puedes llamarlo acoso...
Décimo octavo acoso
El sonido burbujeante de la cafetera le hizo apresurarse a llegar a la cocina, paró el fuego, se recolocó el albornoz y empezó a buscar en una de las cajas que quedaban a medio desempaquetar una taza para servirse un café bien cargado. Acababa de salir de la ducha y algunas gotitas resbalaron desde sus cabellos hasta su espalda, provocándole un escalofrío que ignoró mientras removía el azúcar que le había añadido. Le dio el primer sorbo a su bebida, hizo una mueca y se acercó a la nevera para buscar algo de leche. Preparar tantos cafés "sin demasiada leche, dos terrones de azúcar y procurando que tuviese espuma" la había acostumbrado a tomarlos así.
Hizo una mueca. Hasta en eso había afectado la llegada de ese hombre a su vida.
Salió de la cocina y paseó la vista de forma distraída por todo el comedor. Tenía pocas cosas y muchas de ellas seguían en casa de Tomoyo, pero la mayoría de las que se había traído ayer ya estaban colocadas y el piso parecía cómodo y acogedor, además de un lugar perfecto dónde esconderse. Bien temprano había llamado a Eriol para excusarse de ir a trabajar alegando que más tarde tendría que acompañar a Mei Ling a probarse su vestido. El hombre había protestado un poco pero, como él estaría ocupado con una reunión, finalmente le permitió faltar siempre que terminase un informe que tenía pendiente y mandase un par de documentos.
- Dichoso informe….
Se acercó a la mesa y contempló con desagrado todos los papeles que llenaban su superficie cubriendo incluso parte del portátil con el que trabajaba. Los hizo a un lado y cogió el ordenador para llevárselo al sofá y releer lo que llevaba toda la mañana escribiendo. Ese informe no era más que el resumen de las cuentas que le pasaban, sin embargo se le había complicado porque no lograba hacer cuadrar unos números, ni siquiera era su trabajo pero se había empeñado en terminarlo y no paró hasta que finalmente había encontrado el error. Ahora sólo le quedaba acabar de perfilar un poco el texto. Los de Administración se llevarían una buena reprimenda por ese fallo.
Bebió algo más de café y desplazó el cursor por la pantalla sin demasiado entusiasmo. No tenía ganas de mirar aquello así que hizo a un lado el ordenador y se acomodó en el sofá a degustar su humeante bebida. Cerró los ojos mientras el sabor a café se extendía por su boca. Estaba comodísima y agradecía haberse quedado en casa. Abrió los ojos y pasó la mano por la tapicería del sofá, gran parte de su comodidad se lo debía a aquel mueble que desde luego era una verdadera joya…
Chasqueó la lengua al recordar que ella quería otro sofá.
- Maldito cabezota… Pero he de admitir que tiene buen gusto.
Se levantó de golpe, de mal humor por haberse acordado de aquel hombre que había vuelto su vida un auténtico dolor de cabeza continuo. No quería pensar en él, no quería hablarle ni quería verle y por eso se había quedado en casa encerrada. Podría sonar cobarde, pero le importaba más bien poco mientras pudiese evitarle.
Dio una vuelta por el comedor mientras se terminaba la taza y la dejó sobre la mesa. El caos de papeles era tal que prefirió empezar a ordenar un poco todos aquellos resúmenes de cuentas, gráficos y papeles llenos de cálculos que ella misma se había obligado a repetir una y otra vez hasta que tuvieron sentido. Muy posiblemente para no pensar en otra cosa.
Su mano se detuvo sobre una pila de papeles llenos de anotaciones. Sus ojos se quedaron viendo como esa mano empezaba a temblar y poco a poco su cuerpo entero se convulsionó ligeramente al romper en llanto. ¿Cómo se le había podido ir tanto de las manos? Su vida ya era lo suficientemente complicada antes de conocer a Syaoran Li y conocerlo sólo le había ayudado a poner todo su mundo patas arriba, ¿por qué se había tiendo que enamorar de él además? Ya no podía negárselo, lo que sentía era demasiado abrumador para no hacerle caso y demasiado intenso como para no saber de qué se trataba. Se había enamorado de él a pesar de que nunca sería correspondida, pero sabía que aquello no era lo peor. Podría vivir con eso, sabía que era una estúpida y al parecer algo masoquista por tener esos sentimientos hacia un hombre comprometido, pero podría vivir con eso, resignarse y seguir adelante.
Lo que no soportaba era esa extraña sensación de que Syaoran sentía algo hacia ella. Esa incertidumbre era lo que la estaba angustiando tanto. Esa esperanza que sentía en el fondo de su corazón y que era pisoteada y destruida cada vez que algo le recordaba la inminente boda que ella misma estaba ayudando a preparar.
Ir a ver el vestido de la novia sólo sería un nuevo pisotón sobre esa maltratada y vana esperanza.
-.-.-.-.-
Eriol salió de la sala de juntas y se dirigió al despacho de su hermano con determinación. Tocó un par de veces en la puerta y la abrió para asomar la cabeza al interior. Mei Ling alzó la cabeza para encontrarse con los cuestionadores ojos azules y no les hizo falta intercambiar ninguna palabra; la morena simplemente negó con la cabeza contestando a la pregunta no formulada. El hombre suspiró, asintió con la cabeza y seguidamente cerró la puerta para dirigirse hacia su propio despacho.
Nadie sabía nada de Syaoran desde la noche anterior. Había desaparecido del mapa y lo último que sabían fue que abandonó el restaurante donde había quedado para cenar con Tomoyo y Mei Ling. A partir de ahí su rastro se esfumaba. Todos pensaron que estaba con Sakura pero, cuando la castaña había llamado esa mañana para pedirle el día libre, Eriol se dio cuenta de que no sabía nada de su hermano. Sakura no era buena mentirosa y su voz sonaba abatida e incluso angustiada, si había visto a Syaoran las cosas no habrían ido nada bien y dudaba que para aquel entonces él siguiera ahí con ella.
Se sentó en su sillón y se recolocó las gafas mientras pensaba. La reunión a la que acababa de asistir había sido un desastre. O lo hubiera sido si no fuera porque Ieran acudió ella misma para suplantar a su hijo desaparecido. Eriol nunca había visto a su madre tan preocupada, aunque el enfado por aquella irresponsabilidad también era bastante grande, Ieran estaba angustiada por no saber nada acerca de su primogénito. Durante toda la mañana no había hecho más que escuchar esa pregunta: ¿Dónde estaba? Quizá había ido todo tan mal con Sakura que Syaoran había vagabundeado por las calles de Tokyo, yendo de bar en bar, emborrachándose para terminar durmiendo en algún lugar de mala muerte. Soltó una risa ahogada, no podía imaginarse al responsable de Syaoran Li haciendo eso. Descolgó el teléfono y marcó el número que se sabía de memoria.
-.-.-.-.-
Sakura estaba cogiendo las cosas dispuesta a salir de su casa cuando escuchó el timbre de un teléfono. Abrió su bolso y rebuscó en él hasta encontrar el dichoso aparatito, sólo para alzar las cejas al ver que no era el suyo. Se encogió de hombros y lo volvió a guardar para dirigirse hacia la puerta. Entonces otra vez se escuchó una melodía que, ahora sí, era su móvil. Volvió a buscarlo en las profundidades de su bolso y descolgó.
- ¿Sí?
- ¿Sakura? Soy Eriol.- La castaña se apoyó en la pared del recibidor.- Algo me dice que me matarás si te lo pregunto, pero no sé qué hacer ya.
- ¿Qué ocurre? –Ladeó la cabeza mirando la blanca pared de en frente, ahí iría perfecto un espejo.- No espere que haga ningún otro informe imposible, con el que acabo de terminar ya he tenido más que suficiente. Y espero que no llame para ver si hago mi trabajo, por que aunque no vaya a la oficina lo hago perfectamente sin necesidad de que nadie me controle. Ante todo soy una profesional, Eriol. Iba a salir ahora para mandar los otros documentos y después de ver el vestido de Mei Ling me pasaré por el despacho a darle el…
- No, no.- Le cortó el hombre al ver que se había embalado a hablar sola.- No es nada de eso, tranquila. Sé que haces un trabajo excelente sin que nadie te lo diga, Sakura.
- ¿Entonces? Vaya al grano por favor, todavía he de mandar eso antes de ir al estudio de Nakuru y creo que ya voy tarde.
- Nadie se sorprenderá si llegas un poco tarde…
- Eriooool.- Dijo casi en un gruñido de advertencia, su fastidio le hizo olvidar los modales hacia su jefe.- Para de irte por las ramas. ¿Qué querías?
- ¿Sabes algo de Syaoran?
Durante unos segundos Sakura se quedó muda. Frunció el ceño y miró el teléfono con expresión enfurecida. ¿Por qué le preguntaba a ella?
- ¿Me ves cara de niñera? Soy tu secretaria, no su maldita…
- No, Sakura, no te enfades.- La castaña bufó.- Es que nadie sabe nada de él desde ayer y estamos preocupados. No coge su teléfono y… sólo me preguntaba si lo habías visto, pero supongo que no.
- Supones bien.
- De acuerdo.- Dijo al fin el hombre.- Pero si no da señales de vida en la próxima hora estoy seguro de que madre llamará a la policía. No ha llamado para decir dónde está y no ha acudido a la junta directiva de hoy, mi hermano puede ser muchas cosas, pero irresponsable no.
Sakura soltó una risotada amarga.
- Permíteme que lo dude.
Durante un instante nadie dijo nada. Sujetó el bolso entre sus piernas junto con la carpeta que llevaba y cogió la chaqueta del perchero para ponérsela. Se colgó el bolso al hombro y se puso la carpeta bajo el brazo. Tal vez un pequeño mueble auxiliar en el recibidor tampoco sería mala idea.
- Sakura, sé que estás enfadada con Syaoran… -Los ojos verdes rodaron, enfadada era un eufemismo.- Pero por favor, si sabes algo de él avisa.
- Está bien llamaré si...- Abrió la puerta y parpadeó antes de volverla a cerrar.- …¿Eriol?
- ¿Sí?
- No llames a la policía. Acabo de encontrarlo.
- ¿Eh?
Colgó el teléfono y lo guardó en su bolso. Frunció el ceño mientras miraba la madera delante de ella. ¿No podía habérselo imaginado, no? Cogió aire, lo soltó en un largo suspiro y contó hasta diez antes de abrir la puerta. No, definitivamente no se lo había imaginado: Syaoran Li estaba acurrucado en el suelo frente a su puerta. Tenía la americana arrugada encima de su cuerpo y descansaba con la cabeza apoyada sobre uno de sus brazos. Sakura cerró la puerta de nuevo y volvió a coger aire intentando tranquilizarse.
Ese hombre estaba loco. ¿Se había pasado toda la noche ahí? Los ojos verdes brillaron por un momento. No sabía si estaba increíblemente enfadada o extrañamente conmovida. Decidió que ganaba el enfado mientras abría de nuevo la puerta.
- Eh.- Dijo mientras le propinaba una pequeña patada.- ¿Eres un vagabundo o a caso un borracho?
Los ojos ámbares se abrieron con sorpresa y Syaoran se medio incorporó para ver a la chica frente él. Sakura alzó las cejas mientras esperaba a que reaccionara pero, por la cara de confusión, el hombre parecía estar aún medio dormido.
- Sakura…
La nombrada suspiró intentando con todas sus fuerzas no reírse ante aquella voz ronca por el sueño. En cambio negó con la cabeza y cerró la puerta tras ella para pasar por encima de Syaoran con un pequeño salto.
- Tu familia está preocupada por ti. Eriol me acaba de llamar, al parecer no te has presentado a la reunión de hoy.- Se giró y pudo ver la confusión de Syaoran mientras se abalanzaba a mirar el reloj.- Es cerca de mediodía, me sorprende que te hayas dormido.
- Pensé que… -Se llevó una mano a la nuca con una mueca y masajeó los músculos adoloridos.- Pensé que me despertaría cuando salieses hacia la oficina.
- He estado terminando un informe aquí.- Sakura apartó la mirada evitando comentar que si se había quedado en casa había sido precisamente para no verle a él.- Que por cierto, ya que estás aquí te lo puedes llevar para echarle un ojo.- Abrió la carpeta y sacó un dosier que prácticamente le lanzó encima.- Deberías ir allí cuanto antes y echarles bronca a los de Administración para que no vuelvan a cometer fallos. Ah, y si Eriol te vuelve a llamar, haznos un favor a todos y cógele el teléfono.
Llamó al ascensor mientras notaba como Syaoran se ponía de pie a sus espaldas. Sintió la alta figura detrás de ella y la presencia de Syaoran la envolvió de tal manera que tuvo que coger aire de forma entrecortada cuando un escalofrío le recorrió la espalda.
- Sakura, necesito hablar contigo.
El vello castaño de la nuca se le erizó al advertir cómo el tono grave de la voz de Syaoran sonaba todavía más profundo por aquella leve ronquera debida al sueño. Cogió aire y se giró para encararlo.
- Te lo dije ayer y te lo repito hoy: no quiero verte.- Hizo una pausa.- Y tampoco quiero oír nada de lo que me tengas que decir.
- Sakura…
Las puertas del ascensor se abrieron y la chica entró en él. Se giró para quedar de cara a Syaoran, quien parecía consternado y ligeramente desconcertado. Era como si quisiera decir algo y nada al mismo tiempo, miles de cosas y ninguna de ellas. Finalmente las puertas del ascensor empezaron a cerrarse y una mano las sujetó rápidamente. Sakura soltó un bufido cuando lo vio apoyado contra la puerta, mirándola fijamente pero todavía sin decir una palabra. Lo vio abrir la boca para volverla a cerrar y Sakura no pudo evitar fijarse en cómo se tensaba la mandíbula.
- Es curioso, dices que quieres hablar pero en cambio nunca dices lo que piensas.
Se giró hacia el panel de control y apretó de nuevo el botón de la planta baja. Syaoran se apartó de la puerta y la miró todavía con mayor intensidad. Los ojos verdes se perdieron durante un momento en aquellos ámbares. Las puertas volvieron a moverse.
- Te quiero.
Las puertas se cerraron y Sakura se quedó completamente rígida. Esas palabras susurradas se habían colado justo antes de que las puertas se cerrasen y para Sakura habían reverberado por todo el ascensor, completamente claras, nítidas. Las piernas le fallaron y tuvo que agarrarse a la pared para no hacerse daño al caer de rodillas. Su respiración se volvió entrecortada y el corazón le latía a mil por hora. No podía ser cierto. No podía ser verdad. Syaoran no podía quererla. Sólo lo había dicho para justificarse.
-.-.-.-.-
Nada más entrar en el estudio de Nakuru, Mei Ling supo que sería una agotadora y difícil reunión. La diseñadora la abordó con un ímpetu casi mareante y empezó a avasallarla con preguntas y comentarios acerca de moda y complementos. Los ojos de la china no pudieron evitar mirar a su alrededor en busca de una salida, maldiciéndose por haber sido la primera en llegar. Empezaba a buscar una excusa para poder marcharse de ahí cuando Kaho apareció por la puerta acompañada de Tomoyo.
- Nos hemos encontrado en la entrada.- Explicó la mujer mayor mientras dejaba el abrigo en un perchero.- Buenas tardes, Mei Ling, veo que todavía no ha llegado Sakura… ¿Preparada para la función?
- Sobre eso quería hablar.- Mei Ling cogió aire.- No creo que sea buena idea, Sakura está bastante alterada y…
- ¡Precisamente! –Nakuru dio una sonora palmada y sonrió a las dos morenas.- ¡Las cosas se están poniendo taaaaan interesantes! Syaoran sólo necesita un pequeño empujoncito más y quizá éste se lo pueda dar Sakura.
- No me hace gracia que lo pongas de ese modo.- El tono de Tomoyo fue severo.- Mi prima no es una zanahoria para que el caballo cobarde gane la carrera.
Nakuru fue a refutar tal cosa cuando el timbre volvió a sonar. Las cuatros mujeres intercambiaron una mirada y Kaho fue a abrir la puerta.
Si antes Mei Ling había pensado que la tarde sería complicada, al ver el rostro de Sakura supo que sería desastrosa.
La castaña tardó apenas un segundo en reaccionar en cuanto le abrieron la puerta y rápidamente puso una sonrisa en sus labios que ninguna de las presentes se tragó. Mei Ling miró de reojo a Tomoyo, quien parecía mortalmente preocupada, luego volvió a mirar a Sakura. Sólo había sido un instante antes de que se pusiera la máscara, pero todas habían podido ver aquellos impresionantes ojos verdes más turbados que nunca. Incluso ahora, con aquella sonrisa en sus labios y saludando animadamente, sus ojos mostraban una mezcla de tristeza y desconcierto que logró hacer tragar sonoramente a Mei Ling.
La cosa no fue a mejor en los siguientes minutos. Kaho había servido algo de té y las cinco se habían sentado en una pequeña mesa a charlar un poco antes de pasar a ver los vestidos. Nakuru y Tomoyo se habían enfrascado rápidamente en una conversación llena de telas y tejidos, combinaciones de colores e ideas para posibles futuros trajes. Sakura bebía de su taza en silencio y Mei Ling intercambió una mirada casi desesperada con Kaho al advertir que la castaña había evitado mirarla desde que había llegado.
- Bueno, quizá vaya siendo hora de ver esos vestidos, ¿no creéis?
La china agradeció poder escapar del ambiente tenso que sentía a su alrededor pero maldijo tener que ir a ver el dichoso vestido de boda. Un vestido que seguramente nunca sería utilizado.
- Sí, sí.- Estuvo de acuerdo Nakuru mientras se ponía de pie.- Vamos.
Siguieron a la entusiasmada diseñadora hacia la planta de arriba, donde se situaba el estudio. Mei Ling fue la primera en detenerse a media escalera al advertir lo que había allí delante. Tomoyo también se detuvo y alzó la vista al ver la cara confundida de la china. Sakura por poco se estampó contra la espalda de su prima, pero logró detenerse a tiempo y se asomó por encima del hombro de Tomoyo para ver qué ocurría.
La sorpresa era clara en los tres rostros. Nakuru casi no podía contener la emoción que sentía al verlas ahí paradas, mirando con perplejidad hacia el centro de la gran sala. En medio del estudio, sobre el pulido parqué y rodeados de espejos se alzaban tres maniquíes, uno al lado del otro y cada uno con su propio vestido. Las mujeres acabaron de subir y miraron con desconcierto hacía la diseñadora.
- ¿Tres?
- ¿No son magníficos? –Preguntó completamente extasiada y por un momento Sakura pensó que estaba ante una doble de Tomoyo.- Espero que os gusten, he puesto todo mi esfuerzo en ellos. ¡Seguro que estáis espléndidas con ellos puestos!
Tomoyo parpadeó confundida y miró a Mei Ling, quien se encogió de hombros dando a entender que ella tampoco sabía nada de todo aquello.
- Pero la única que necesita un vestido de novia es Mei Ling.- Apuntó Sakura, todavía demasiado sorprendida.- ¿Y los otros dos?
- Uno es para ti y el otro para Tomoyo, obviamente.- Dijo Nakuru, confirmando sus sospechas.- ¡Pero no os quedéis ahí plantadas, probáoslos!
Kaho lo observaba todo desde un lado de la sala, sonriendo ante las caras de las tres invitadas. Nakuru podía ser muy persistente cuando se lo proponía y ahora prácticamente las estaba arrastrando hacia los probadores que había a un lado. La mujer miró con cierta diversión cómo Tomoyo se rehusaba inútilmente y cómo Mei Ling se dirigía a su probador arrastrando los pies. Pero su sonrisa se esfumó al advertir la mirada perdida de la pequeña castaña. Se dirigió hacia el tercer maniquí y cogió el vestido que correspondía a Sakura antes de ir hacia su probador. Nakuru la vio y asintió mientras se dirigía rápidamente a por los otros dos.
- No pareces muy entusiasmada.- Observó la mujer mayor mientras ponía el vestido en una percha antes de colgarlo.- ¿No te gusta tu vestido?
- No… No entiendo por qué yo también tengo un… vestido de novia.- Los ojos castaños estaban fijos en la blanca tela.- Esto empieza a no tener gracia.
- A Nakuru sólo le gusta hacer vestidos para la gente que encuentra interesante. Me dijiste que Tomoyo era igual así que puedes entender que no lo ha hecho con mala intención.
- Lo sé, pero no quiero probármelo… -Alargó la mano y acarició la delicada tela.- No quiero…
"No quiero alimentar más mis fantasías. No quiero pensar que me gustaría ser yo quien fuera al lado de Syaoran, camino al altar y vistiendo este vestido. No quiero verme con un vestido que sé que no podré lucir para él. Y sobre todo no quiero creerme las palabras de Syaoran."
Suspiró, no podía decir todo eso. Syaoran se casaría con Mei Ling, ella misma estaba ayudando a preparar la boda y la verdadera novia estaba en el vestuario de al lado en esos momentos, probándose el vestido que luciría en la ceremonia. Por mucho vestido que ella misma tuviera nunca sería la novia y, por mucho que aún resonara la confesión de Syaoran en su cabeza, sabía que esas palabras no eran ciertas y que no significaban lo que ella quisiera. Porque Syaoran estaba comprometido con Mei Ling, porque Syaoran se casaría con Mei Ling.
- Sakura, ¿estás bien? –Las palabras de Kaho la hicieron volver bruscamente a la realidad. Se giró para dedicarle una falsa sonrisa a la mujer y asintió. Kaho suspiró.- Mira, sólo pruébatelo, ¿vale? –Pudo ver la duda en los ojos esmeraldas.- No sé cómo es Tomoyo, pero Nakuru puede ser muy insistente. Sólo pruébatelo. Deja que lo vea y luego te lo puedes quitar y no volverlo a ver nunca.
- ¿Cómo vais por aquí? –Nakuru asomó la cabeza y frunció el ceño al ver que todavía no se había empezado a desvestir.- ¿A qué esperas?
Mei Ling suspiró pesadamente en el probador de al lado al escuchar las protestas de Sakura. No sabía a qué jugaba Nakuru pero eso sólo podía empeorar las cosas, Sakura ya estaba demasiado inestable emocionalmente cómo para que encima le añadiesen un vestido de novia. La china pudo escuchar un hondo suspiro proveniente del otro lado y rió por lo bajo.
- ¿Problemas, Tomoyo?
- ¿Para qué demonios quiero yo un vestido de novia? –La escuchó preguntar.- Nunca lo voy a utilizar.
- Eh.- Dijo Mei Ling mientras se colocaba la ropa.- Nunca se sabe, quizá sí lo uses. ¿O no quieres casarte nunca?
- Aunque quisiera, en Japón no me podría casar.- Escuchó en un susurro.- No es… legal.
La china tragó sonoramente al advertir el problema. Fue a decir algo pero escuchó como Nakuru asomaba la cabeza en el probador de Tomoyo y empezaban a parlotear mientras la morena se ponía el vestido. Mei Ling suspiró con cansancio mientras se colocaba la prenda; al final todo aquello estaba resultando un mal trago para las tres y ninguna de ellas se podía librar.
- ¿Alguien me puede ayudar con el obi? –Preguntó desganada.
- ¿Kaho, puedes ir tú? –Se escuchó la voz de Nakuru.- Estoy ayudando a Tomoyo.
- Si este vestido no fuera tan complicado… -Protestó la nombrada.- Por Dios, ¡cuántos volantes!
Kaho miró a la castaña y le anudó el lazo de la espalda. Sakura se quedó estática frente el espejo.
- ¿Estarás bien? –Preguntó la mujer.
Sakura asintió ligeramente y Kaho soltó un suspiro antes de dirigirse al vestuario de a la lado para ayudar a Mei Ling. La china sonreía ante las protestas que se podían oír de Tomoyo, estaba segura de que las tres se sentían igual de fastidiadas respecto a esa situación pero parecía que, ya que ella no podía decir nada por ser "la verdadera novia" y que Sakura no pensaba abrir la boca más de lo estrictamente necesario, Tomoyo había asumido el papel de novia quejica.
- Vamos, Tomoyo.- Mei Ling se aguantaba a duras penas la risa.- No te quejes tanto.
- Claro.- Dijo ésta desde el otro lado.- Cómo el tuyo es bien sencillo.
Kaho sonrió mientras le colocaba la tela alrededor de la cintura de Mei Ling, quien miraba el traje con completa perplejidad: "sencillo" no era desde luego la palabra adecuada para referirse a ese traje.
- Más que sencillo...- Puntualizó la mujer mientras apretaba el obi.- Es que la base sigue el diseño de un kimono.
- Es verdad.- Tomoyo sonrió burlonamente a Nakuru, a pesar de que se dirigía a las personas del otro probador.- Ei, Mei Ling, ¿tampoco vas a llevar ropa interior debajo?
Nakuru empezó a reír sonoramente ante la pregunta mientras Kaho alzaba una ceja al ver el notable sonrojo en las mejillas de Mei Ling, que estaba más que abochornada. Apartó la cortina del probador y salieron de él. Tomoyo también salía en esos momentos y las dos se quedaron mirando, apreciando el vestido blanco encima del cuerpo de la otra en contraste con el largo y moreno pelo que tenían ambas. Kaho se dirigió hacia el vestuario de Sakura y Nakuru se alejó un momento para ir a por unos alfileres. Tomoyo se recogió la falda y caminó hasta situarse frente a la china para colocarle bien el cuello del vestido y apartarle un mechón que se había quedado por dentro.
- Si te quieres casar, siempre puedes ir a un país donde sí sea legal.- Los ojos amatistas se alzaron para ver cómo Mei Ling apartaba la mirada.- Sería un desperdicio que no usaras este vestido. Te queda muy bien.
- Gracias.- Tomoyo sonrió.- A ti también.
Kaho apartó la cortina del último probador y Sakura salió al fin de él. Por un momento todas las miradas se centraron en ella y la castaña se sintió algo cohibida por la atención. Nakuru asintió complacida con su trabajo. A diferencia del vestido claramente oriental de Mei Ling o del de Tomoyo que le hacía parecer una muñeca de porcelana, el de Sakura era sencillo pero no por ello menos impresionante. El corsé blanco roto se ceñía a su cuerpo realzando su pecho y marcando sus curvas, sus brazos estaban cubiertos por unas vaporosas mangas de gasa y la falda que caía desde su cintura tenía el vuelo adecuado para ser impresionante sin llegar a ser aparatosa. La primera en reaccionar fue Mei Ling al soltar un silbido de admiración que logró avergonzar aún más a Sakura.
- Estás estupenda.- Admitió.- ¿Verdad, Tomoyo?
La sonrisa titubeó en los labios de la china cuando se giró para ver a la otra morena. Tomoyo estaba boquiabierta, embelesada y no podía apartar la mirada de la castaña, sin embargo logró reaccionar y miró a Mei Ling para asentir con la cabeza, intentando disimular en una sonrisa la impresión que le había causado ver a la chica vestida de aquella forma. Sakura sólo lograba sentirse completamente cohibida mientras una emocionada Nakuru se acercaba a ella para colocarle bien la tela de la falda.
Tomoyo fue hasta el probador y rebuscó en sus pantalones para salir momentos después con el móvil en la mano. Mei Ling se acercó a ella por atrás y sonrió de medio lado cuando la vio alzar el teléfono para poder hacer una foto a su prima, quien en esos momentos alzaba las manos con dolorosa lentitud para rozar la tela blanca. La vieron titubear unos segundos en los cuales sus manos incluso llegaron a temblar de forma incontrolable. Clik, el momento fue capturado.
- No has podido resistirte a hacerle una foto, ¿eh? –Preguntó Mei Ling con voz burlona.
- No, pero no es para mí.- Los ojos borgoñas miraron con curiosidad como los dedos de Tomoyo se desplazaban por el teclado para adjuntar un pequeño texto a la imagen, antes de enviar el mensaje.- Listo.
- A veces creo que eres verdaderamente retorcida.
- No más que tú, mi querida señorita Li.- Soltó una risa cantarina dándole un toquecito en la nariz.- Ahora te toca a ti. No pienses que te vas a librar de que te haga una foto, Mei Ling. Vamos, ponte ahí.
-.-.-.-.-
Los directivos de los diferentes departamentos volvían a estar reunidos para retomar la reunión que había sido aplazada aquella mañana en vista de que el presidente no había acudido. En esos momentos el jefe de Administración y Finanzas echaba la culpa de un error a los de Marketing y éstos culpaban a los de Recursos Humanos. Syaoran ya ni siquiera se acordaba de qué error estaban hablando.
Se obligó a mantener la compostura aunque lo único que quería era estirarse perezosamente en el sillón, llevarse la mano a la nuca y masajear sus doloridos músculos para ver si lograba desentumecerlos. Dormir en el suelo no era una buena idea. Se cubrió la boca para disimular el bostezo que no había podido evitar retener y decidió que necesitaba algo más de cafeína en su organismo para mantenerse despierto durante lo que quedaba de reunión, así que alargó la mano para coger la taza del todavía humeante café que se había procurado antes de entrar a aquella sala.
Estaba dando el primer sorbo a la bebida cuando notó como el móvil vibraba en su bolsillo. Normalmente no prestaba la menor atención al aparato mientras estaba en una reunión, pero él no quería estar en esa reunión. No quiso preguntarse por qué no había podido esperar ni tan sólo a dejar de nuevo la taza sobre la mesa antes de llevarse la mano al bolsillo. Tampoco quiso advertir la esperanza que sentía ni pensar en la causante de ésta, sin embargo el pensamiento de que quizá fuera Sakura se coló en su cabeza sin permiso.
Alzó el móvil para mirarlo de reojo por encima de la taza y frunció el ceño al ver que era un mensaje de Tomoyo, pero pese a todo le dio a abrir.
Todos y cada uno de los presentes se callaron de golpe cuando Syaoran escupió el café que estaba bebiendo por encima de la mesa de juntas.
El silencio que se apoderó de la sala fue tal que parecía que nadie se atrevía siquiera a respirar. Ninguno podía apartar la mirada de su presidente, quien en esos momentos parecía intentar luchar para recuperar el aliento mientras tosía de forma descontrolada.
- ¿S-Syaoran…? –Preguntó Eriol a su lado.- ¿Estás bien?
El hombre sólo atinó a asentir mientras seguía tosiendo. Cuando logró recuperarse un poco volvió a mirar el teléfono y sintió como sus mejillas se sonrojaban con violencia, cosa que provocó que al fin se alzara un murmullo entre los presentes. Syaoran alzó la mirada para encontrarse con los rostros pasmados de sus empleados y la mesa cubierta con el café que él mismo había escupido y que había manchado varios papeles. Carraspeó incómodo.
- Lo siento.- Dijo con un hilo de voz.- Omitir este bochornoso accidente y continuad, por favor.
Quien estaba hablando antes de aquello retomó lo que estaba diciendo y poco a poco todos volvieron al asunto de la reunión. Syaoran suspiró mientras sacudía el informe que tenía delante y que ahora lucía una enorme mancha marrón. Notaba la mirada de Eriol a su lado y supo que no tardaría en preguntarle por lo ocurrido.
- ¿Syaoran? –El hombre soltó otro suspiro, ahí iba.- ¿Qué ha pasado?
- Nada de tu incumbencia.- Prácticamente gruñó.
Pero obviamente Eriol no podía darse por vencido, así que de un rápido movimiento se hizo con el teléfono de su hermano. La sala volvió a callarse cuando Syaoran se abalanzó sobre el moreno para quitarle el aparato. Pero ya era demasiado tarde. Eriol alzó las cejas por detrás de sus gafas al ver la foto que había en la pantalla y que mostraba a Sakura de espaldas luciendo un hermoso vestido blanco. Syaoran se cubrió la cara completamente abochornado cuando la carcajada del menor de los Li resonó en la sala de juntas al leer el texto que acompañaba a la imagen: "Quién pudiera ser el afortunado… o afortunada XD"
-.-.-.-.-
Después de lo que a Sakura le pareció una eternidad con el vestido puesto y, por lo tanto, soportando a Nakuru haciendo arreglos, a Tomoyo con su reportaje fotográfico y a Mei Ling aportando comentarios, finalmente se sentaron para comer algo. Nakuru había llamado al chino que había en la calle de atrás y ahora cada una devoraba su ración de chop-suey. Aunque a decir verdad la castaña lo único que hacía era marear la comida con sus palillos.
No podía dejar de pensar en lo que había sentido al ponerse el vestido. Con miedo había deslizado sus dedos por la suave tela y al momento le embargó una emoción abrumadora que fue creciendo con cada pasada que hacía con sus dedos, ya fuera alisando la falda, acariciando la suave tela de sus brazos o recorriendo el delicado bordado del corsé. Por un segundo la sensación llegó incluso a marearla y la sola visión de Mei Ling con su propio vestido le bastó para que toda esa emoción pasase a ser un dolor punzante en su estómago.
Ahora, rato después, ese dolor se había ido pero el nudo que seguía en su garganta le aseguraba que no podría tragar nada de lo que tenía delante.
Un brazo cruzó su campo de visión, seguramente en busca de uno de los rollitos de primavera que descansaban en medio de la mesa, no le dio importancia hasta que se fijó en que el miembro se había quedado estático. Alzó la cabeza y se encontró con que el brazo era de Mei Ling, quien se mantenía completamente quieta con un rollito de primavera entre sus palillos y mirando a Nakuru con verdadero pasmo. Sólo entonces Sakura fue consciente de que no había prestado la más minima atención a la conversación y que por tanto no sabía por qué el ambiente se había enrarecido de esa forma.
- No lo sé.- Dijo la morena cuando pareció recobrarse y pudo llevar el rollito hasta su propio plato.- ¿Por qué lo preguntas?
- ¿Cómo que por qué? –Nakuru alzó las cejas.- ¡Pensé que saber el destino de la luna de miel era tan importante como la boda misma!
Sakura agradeció no haberse llevado todavía nada a la boca porque de lo contrario se le hubiese caído de lo abierta que la mantuvo. No sabía si le sorprendía más que nadie hubiese pensado en la luna de miel o las impresionantes náuseas que sintió al pensar en lo que aquel viaje conllevaría. De repente advirtió que tres pares de ojos estaban fijos en ella y se obligó a cerrar la boca y a cambiar la cara de estúpida que de seguro se le había quedado. Cuando la siguieron mirando se maldijo al advertir que se había vuelto a perder parte de la conversación.
- Que si tú sabes algo.- Preguntó Nakuru como si le hubiese leído el pensamiento.
- ¿Yo? –Preguntó frunciendo el ceño.- ¿Por qué debería? Del viaje no me encargaba yo, que recuerde no estaban dentro de las responsabilidades que se me asignaron.
- No, tienes razón.- Kaho salió en su defensa.- Nadie había pensado en ese detalle.
La mujer frunció el ceño, ni siquiera Ieran Li había caído en ese pequeño detalle del viaje. Miró a su compañera, no sabía que se proponía Nakuru con todo aquello pero empezaba a pensar que Ieran no era la única a quien le gustaba dar un empujoncito a la gente. Sólo que la diseñadora más que un empujoncito en la espalda lo que daba era una patada en el trasero.
- Pues hay que espabilar.- Sentenció Nakuru girándose hacia Mei Ling.- ¿Dónde quieres ir?
La china palideció notablemente ante la pregunta, se sintió acorralada y no pudo más que mirar a Tomoyo en busca de ayuda.
- Quizás debas consultarlo con Syaoran antes.
- Sí, eso.- Convino contenta de poder escurrir el bulto.- Le preguntaré a Syaoran.
- Entonces cuanto antes mejor.- Nakuru volvió a mirar a Sakura y ésta frunció el ceño en anticipación.- ¿Le llamas tú?
- ¿Por qué yo? –Protestó.- La interesada es Mei Ling, deberían hablar las dos partes implicadas.
Sakura se obligó a aguantarse el gruñido que quería salir desde lo más hondo de su garganta para advertir a Nakuru de que dejase de meterla a ella en asuntos que ni le concernían ni le interesaban, así que simplemente la fulminó con una matadora mirada esmeralda… que no pareció causar el más mínimo efecto.
- Pero tú te encargarás de la reserva luego, ¿no?
La inocente sonrisa en el rostro de Nakuru sólo consiguió que el ceño sobre los ojos verdes se acentuara todavía más si cabía. Mei Ling se llevó la mano a la cara y Tomoyo la escuchó murmura algo parecido a "Esto no puede estar pasando".
La mente de Sakura se convirtió en un caos lleno de pensamientos contradictorios, las ganas de decirles a todas que la dejaran en paz se enfrentaban contra la cabezonería de demostrar que no le molestaba el tema. Llamar a Syaoran no estaba dentro de sus planes, lo único que quería era evitarlo pero parecía que no paraban de ocurrir cosas que la llevaban una y otra vez hacia él. Se giró para alcanzar su bolso y rebuscó el móvil.
- No tienes por qué llamarlo ahora, Sakura.
La voz de Tomoyo le hizo levantar la mirada del aparato. No, tenía que demostrar que no ocurría nada con Syaoran. Demostrárselo a ella misma. Negó con la cabeza y buscó el nombre en la agenda. Las palabras que el hombre le dijo mientras se cerraban las puertas del ascensor resonaron en su cabeza y un escalofrío recorrió su espalda mientras le daba al botón de llamada.
Un toque. Dos. Sakura se preguntó si estaría ocupado y repasó mentalmente la agenda de Eriol, miró el reloj y rogó porque la reunión que sabía que tenían sus jefes todavía durase. El tercer toque fue el último antes de que descolgasen al otro lado de la línea.
- …Sakura.
La nombrada agradeció mentalmente el estar sentada porque sus piernas temblaron ante aquella voz grave, que susurró su nombre de la misma manera que horas antes le había dicho aquel aturdidor "Te quiero". Se obligó a recordarse que aquellas palabras no eran más que una mentira desesperada por parte del hombre.
- Hola, señor Li.- Pudo escucharlo aguantando la respiración ante el calificativo que había empleado.- Le llamo para…
- Sakura.-Le cortó él.- No hace falta que seas tan cortante. ¿Por qué sigues a la defensiva?
Frunció el ceño mientras miraba a su alrededor, las cuatro mujeres la observaban con atención. ¿Su voz había sonado tan cortante como decía? Escuchó el ruido de una puerta cerrarse al otro lado de la línea. Casi lo pudo visualizar adentrándose en su despacho y sentándose en aquel cómodo sillón, recostando la espalda mientras se aflojaba la corbata con la mano libre. Negó con la cabeza, tenía que ser cortante.
- ¿Y aún se lo pregunta?
Le escuchó suspirar y el recuerdo de ese aliento en su piel le hizo cerrar los ojos. Los volvió a abrir consciente de que las demás la miraban.
- Sé que no nos conocimos de la mejor forma, pero eso se terminó.- Alzó una ceja ante esas palabras.- ¿No… No escuchaste lo que te dije antes?
- Sí.- Se sinceró.
- ¿Entonces? –Una pausa.- No me crees.
- No.
Tragó saliva. No le creía, no podía creerle.
- Lo decía en serio.
- Seguro.
Sakura vio como las otras mujeres la miraban con verdadera confusión y agradeció que no pudieran escuchar la conversación en su totalidad.
- ¿Dónde estás? Quiero hablar contigo.
- Yo no.
- Sakura.- Su voz se volvió una octava más grave.
- No.
- ¡Sakura no puedes simplemente ignorarme! –Exclamó Syaoran, completamente frustrado al otro lado de la línea.
Sakura frunció el ceño. "Puedo y es exactamente lo que pienso hacer" pensó. Mei Ling y Tomoyo intercambiaron una mirada. No podían saber de qué hablaban pero Sakura se iba poniendo tensa momento tras momento y Tomoyo estaba segura de que se estaba empezando a molestar lo suficiente como para que en cualquier momento saltase. Nakuru sólo podía sonreír de oreja a oreja.
- Le llamaba para preguntarle si sabe dónde quiere ir en su luna de miel.
- ¿Mi luna de…? ¡Me da igual! –Soltó un gruñido.- Sakura, quiero hablar contigo.
- Vale, pues se piensa un destino y me llama.
- ¡Escúchame!
Apretó el botón de colgado y se quedó mirando el móvil con verdadero odio. ¿Le daba igual dónde ir de luna de miel con Mei Ling y esperaba que creyese sus palabras? ¿Que escuchase un montón de excusas y frases vacías acerca de cómo la quería? Apretó los dientes, ¿qué clase de mujer se pensaba que era? ¿Creía que podía comprarla con palabras bonitas y así tenerla de amante? Pues por ella se podía meter esas palabras por donde le cupieran, porque no pensaba escuchar nada más. Alzó la cabeza y miró a Nakuru.
- Se lo está pensando.
La diseñadora asintió y tuvo que tragar saliva al ver el odio que brillaba en aquellos ojos esmeraldas. Miró de reojo hacia Kaho, quizá no había sido demasiada buena idea poner a Sakura en aquella situación. El ruido del teléfono les hizo dar un respingo a todas. Al menos esperaba que el tiro no le saliese por la culata.
- ¿Ya se lo ha pensado? –Preguntó la castaña nada más descolgar.
- Sakura, no puedes ignorarme de este…
Colgó de nuevo ante la pasmada mirada de las mujeres. Sakura se encogió de hombros quitándole importancia al hecho de que acababa de colgarle a su jefe, pero antes de que pudiera decir nada más el móvil volvió a sonar.
- ¿Ya?
- Sakura.- Gruñó.- No seas infantil.
Volvió a colgar e incluso sonrió de medio lado, empezaba a encontrar divertido aquello de dejar a Syaoran Li con la palabra en la boca. A esas alturas las cuatro mujeres se miraban con una cara de sorpresa absoluta. Tal y como esperaba, volvió a llamarla.
- ¿Y bien?
- Podrías tenerme algo de consideración.- Dijo en un susurro cansado.- No fue nada fácil decirte aquello cómo para que…
- Syaoran, no me hagas tirar también este móvil.- Le cortó exasperada.
- Pues escúchame, déjame explicarme, ¡créeme!
- No.- Negó con la cabeza.- No quiero hacer nada de eso, así que déjalo ya y dime algún destino para tu luna de miel. Mei Ling empieza a parecer impaciente.
Tomoyo alzó una ceja y miró a la nombrada, que más que impaciente parecía que le fuera a dar un ataque al corazón de la incertidumbre y la tensión que estaban viviendo. De hecho parecía a punto de hiperventilar.
- Sakura, no creo que… -Intentó intervenir, pero su prima le alzó una mano para silenciarla.
- ¿Y bien, a dónde?
- Me da igual.
Las cejas castañas se alzaron en asombro mientras escuchaba el sonido de la línea cortada. Apartó el aparato de su oreja y lo miró unos segundos antes de mirar a Mei Ling.
- Parece que tendrás que decidirlo tú.
-.-.-.-.-
Syaoran llegó a casa con el ánimo por los suelos. No se encontraba de buen humor. Ni siquiera se encontraba de mal humor. Estaba cansado, apático y lo único que quería era darse una ducha, comer un sándwich y meterse en la cama hasta el día siguiente. O mejor hasta que pasase todo el tema de la boda. O quizá podía dormir el resto de su vida.
Había sido un día especialmente confuso. Despertar delante de casa de Sakura ya había sido bastante surrealista y lo cierto era que no recordaba exactamente en qué momento decidió plantarse allí a esperar a que la castaña saliera. Ni siquiera sabía muy bien por qué lo había hecho… Y cuando despertó y pensaba que la mañana no podía ser más extraña, las palabras salieron de sus labios. "¿En qué demonios estaba pensando para decirle que la quería?" Fue la pregunta que se repitió a lo largo del resto de día. Y todavía no había dado con una respuesta.
Lo cierto es que ya no sabía qué pensar. Creía que Sakura estaba enfadada por salir huyendo de su casa después de acostarse con ella, cosa que por otra parte Syaoran veía normal que la enfadase, pero se imaginaba que con una disculpa se le pasaría. No siendo así, había pasado a palabras mayores. Por que, desde luego, un "Te quiero" eran palabras mayores para Syaoran Li. Pero ni eso había surtido efecto. Sakura se había ido y él simplemente se quedó plantado delante de la puerta del ascensor como un idiota. La había escuchado llegar al vestíbulo, escuchó el ruido de sus tacones reverberar a través del hueco de la escalera, unos pasos vacilantes que por un momento llenaron de esperanza al hombre. Pero tras el leve titubeo los pasos se habían alejado apresuradamente, casi como si huyera.
En ese entonces Syaoran pensó que tenía una oportunidad, que sus palabras no habían caído en oídos sordos y a fin de cuentas habían hecho mella en Sakura. Después de la conversación por teléfono que habían mantenido hacia unas horas, no lo veía tan claro.
- Xiao Lang.- El hombre dejó de aflojarse la corbata y giró sobre sus talones para ver a su madre parada al lado de la puerta de su estudio.- ¿Puedes venir un momento? Necesito hablar contigo.
Tuvo que reprimir un enorme suspiro de exasperación, pero asintió y se dirigió hacia la habitación. Cerró la puerta tras de él y miró a su madre mientras ella se sentaba en el cómodo sillón detrás de la gran mesa de ébano.
- ¿Qué quiere, madre? –Preguntó intentando no sonar demasiado hastiado.- ¿Hay algún problema con las invitaciones, o tal vez con el restaurante? ¿Quizá la iglesia se haya derrumbado y tengamos que posponer la boda?
- Parece que no te quieras casar, Xiao Lang.
Madre e hijo se sostuvieron la mirada durante un largo momento. Syaoran frunció el ceño todavía más de lo que era habitual en él. ¿A qué jugaba su madre? Casi parecía que le estuviera retando pero, ¿a qué? Ieran era quien había planeado su compromiso desde que era un niño así que no podía ser que ahora quisiera que lo echase todo a perder. No, seguramente quería ponerlo a prueba, comprobar si su hijo era lo suficientemente responsable para ser el próximo líder del clan Li.
Siempre era eso, nunca era Syaoran, siempre se trataba del clan.
Cómo le gustaría decirle que no, que no quería casarse, que no amaba a Mei Ling y que, aunque le pareciese una herejía, se había enamorado de una simple secretaria. Pero en cambio bajó la mirada y se guardó todo lo que pensaba, como siempre hacía. Sakura tenía razón, nunca decía lo que pensaba.
- ¿Qué quería, madre?
Si Syaoran hubiera alzado la vista podría haber visto la desilusión plantada en el rostro de Ieran Li. La mujer cerró los ojos y negó con la cabeza.
- Pareces abstraído últimamente, me preguntaba qué ocurre.- Apoyó el codo en el reposabrazos y recostó la barbilla en su mano.- Estás como distraído, ensimismado… Hoy te has saltado una junta directiva y ni siquiera has avisado o has dado un motivo por tu ausencia.- Hizo una pausa.- ¿Qué ocurre, Xiao Lang?
- Nada.
- Así no llegarás a ningún lado, hijo.
Los ojos ámbares del hombre se elevaron con un brillo de enfado reflejados en ellos ante esas palabras. Se mordió el labio intentando no perder la compostura, se obligó a respirar para tranquilizarse, pero la situación era demasiado para él.
- ¿Así cómo, madre? –Su voz fue un gruñido bajo, casi amenazador.
- Así.- Hizo un gesto de la mano señalándolo a él en general.- Siendo tan testarudo, tan estricto, tan… tan adicto al trabajo, tan conformista…
- ¿Adicto al trabajo? –Syaoran nunca antes había elevado el tono de voz ante su madre, pero no había sido su mejor día y las palabras de la mujer ya fueron demasiado.- ¡¿Y conformista!? –Repitió antes de soltar un bufido.- ¿Tengo acaso otra opción? Desde siempre me ha dicho lo que se espera del futuro líder, siempre me ha repetido que debo ser estricto en mis negocios, que debo ser un ejemplo a seguir para los demás. ¡Pues bien, lo soy! –Alzó los brazos y los dejó caer de nuevo a los lados.- Desde pequeño os he intentado contentar en todo… Pero parece que nunca le contenta lo que hago.
Bajó la vista, cansado de toda esa situación. El rostro de Ieran parecía compungido, no se imaginaba que su hijo pensara todo eso, ¿tan mala madre había resultado ser? Había puesto demasiadas responsabilidades sobre los hombros de su primogénito y no se había dado cuenta antes porque él no podía quejarse.
- Xiao Lang, yo no…- Carraspeó, esto era tan difícil para ella como para Syaoran, porque al fin y al cabo los dos eran igual de reacios a mostrar lo que verdaderamente sentían.- ¿Tú quieres casarte?
Una sonrisa torcida adornó los labios del hombre. Se encogió de hombros y se dirigió a la puerta, abriéndola antes de girarse de nuevo hacia su madre.
- Me prometió con Mei Ling cuando apenas era un crío y sé que mi futuro es casarme con ella. Puede llamarme conformista si quiere, madre, pero no me ha dejado otra opción.
Salió con el ánimo bastante más decaído que antes. Ahora ni siquiera quería ese sándwich, sólo quería esconderse bajo su edredón. Pero parecía que ese día estaba destinado a que todo le saliese mal. Tras la esquina del pasillo se encontró con Tomoyo acompañada de la única persona que no quería ver en ese momento, Mei Ling. Y por el rostro de ambas parecía que habían escuchado lo que acababa de decirle a su madre.
- Cobarde.- Dijo su prometida, confirmando sus sospechas.- ¿¡Por qué nunca dices lo que piensas!?
Hizo una mueca al recordar la voz de Sakura diciendo algo parecido. Pero a fin de cuentas era cierto; nunca decía lo que pensaba. Volvió a encogerse de hombros y la misma sonrisa ladeada se posó en su rostro, una sonrisa que no quedaba definida ni en la burla ni en la tristeza, una mueca cansada. Nunca decía lo que pensaba pero hoy había probado en hacerlo y no había servido de nada.
- Lo que yo piense no cambiará nada.
- O lo cambiará todo.- Mei Ling lo miró con fijeza.- No quieres casarte conmigo, Syaoran, nunca lo has querido y lo sé. Pero no pienso cancelar la boda a menos que lo hagas tú.
- Está todo en marcha.- Suspiró y empezó a caminar de nuevo.- Ya no hay vuelta atrás.
- No, pero siempre se puede parar. Y yo en tu lugar me daría prisa, sólo tienes dos semanas.
Tomoyo miró como el hombre se alejaba y entonces se volvió hacia la morena. Notó un sentimiento burbujeante crecer desde su estómago y pugnar por salir por su garganta. Rechinó los dientes y cogió a Mei Ling por un hombro, empujándola contra la pared. Los ojos rojizos la miraron con sorpresa mientras Tomoyo notaba la rabia burbujear con más fuerza en su ser.
- ¿Por qué no lo has cancelado? –Gruñó.- ¡Acabas de dejar pasar tu mejor oportunidad para librarte de todo esto!
Mei Ling parpadeó sorprendida por la repentina furia en su amiga. Nunca había visto a Tomoyo tan fuera de sí como en este momento. Se recobró de la impresión y notó como ella también se enfadaba.
- No es asunto tuyo.
- Claro que lo es.
- Tranquila.- Rió amargamente e intentó deshacerse del agarre.- Aún sin Syaoran tú Sakura saldrá adelante.
- No hablamos de ella.- Tomoyo frunció el ceño y colocó su mano libre en el otro hombro para evitar que escapase.- Ni de él, sino de ti. ¿Le quieres? ¿Por eso no vas a cancelar la boda?
- No es asunto tuyo.- Repitió forcejeando con más fuerza.
- Claro que lo es.
Ni siquiera se lo esperaba. Los ojos de Mei Ling se abrieron en sorpresa cuando notó los labios de Tomoyo posándose sobre los suyos, bruscos pero cálidos y con un toque suave. Seguía acorralada contra la pared y cerró los ojos mientras intentaba separarse, pero la mujer la mantenía fuertemente sujeta y no pensaba dejarla marchar tan fácilmente. Tomoyo dejó la brusquedad de lado y empezó a besarla de forma suave. Capturó el labio inferior de Mei Ling y ésta al fin dejó de forcejear mientras notaba como se estremecía ante aquella sensación. Los labios se movieron dubitativamente y Tomoyo soltó un suspiro al advertir que le correspondía el beso.
Eriol alzó una ceja y decidió dejarlas en sus asuntos mientras daba media vuelta para volver por donde había venido. Él también había escuchado lo que había dicho Syaoran y quería ir tras él para hablar, pero no creía oportuno molestar. Un gemido ahogado a sus espaldas le hizo sonreír mientras negaba con la cabeza.
Se detuvo delante del despacho de su madre y dudó un instante antes de picar. Ieran no tardó en permitirle el paso y suspiró al ver que era él mientras dejaba el libro que estaba leyendo encima de la mesa.
- Siento ser yo.- Bromeó mientras sonreía de medio lado, consciente de que Ieran esperaba que fuera Syaoran.- Parece que todo se le ha complicado, ¿no, madre? -Ieran alzó una ceja y la sonrisa de Eriol se ensanchó.- Sólo quedan dos semanas pero Syaoran sigue sin decidirse a dar la cara. Es una suerte que la boda sea una farsa, ¿verdad?
Ahora fue el turno de Ieran de sonreír de medio lado. Su hijo menor era el más astuto de todos, pero sospechaba que había tenido una ligera ayuda para enterarse de aquello.
- ¿Kaho? –La sonrisa de Eriol fue toda la respuesta que necesitó.- Por supuesto.- Suspiró.- Supongo que sí, es una suerte que todo sea una farsa. Pero sabes que si no hacemos nada Syaoran tampoco lo hará. He de admitir que mi plan era asustarlo con la boda… Pensé que tomaría su primera decisión personal. Pero ni eso.
- ¿No cree que está llevando todo esto demasiado lejos? –El rostro de Eriol perdió todo atisbo de sonrisa.- Syaoran es incapaz de hacer frente a su propia vida. Madre, con esto también está perjudicando a Mei Ling.
Ieran lo miró con seriedad, consciente de que su hijo menor tenía razón. Pero a la vez se dejaba un pequeño detalle. Una sonrisa apareció en los labios de la mujer de nuevo mientras se inclinaba sobre la mesa en una posición casi conspirativa.
- Dime que ves a tu hermano igual que siempre y cancelaré toda esta pantomima.- Eriol abrió la boca pero tuvo que cerrarla a regañadientes.- Quizá no sea por la boda, ha aparecido una ayuda inesperada… Pero Syaoran está cambiando. Antes sólo se preocupaba por el trabajo, ahora creo que incluso se preocupa demasiado poco.- Rió.- ¡Incluso falta a las juntas directivas!
- Puede que esté cambiando, pero a costa de utilizar a Sakura.- Suspiró.- Madre, la sonrisa de esa joven se ha borrado por culpa de todo esto.
- Si a ti te preocupa eso, estoy segura de que a Syaoran también. Mi hijo no es un insensible y tiene un gran aprecio por la señorita Kinomoto. En cuanto a Mei Ling… Ella conoce todo el plan desde el principio y estuvo de acuerdo. Quizá no sea la mejor manera para hacerle reaccionar pero, como debes saber, Kaho se ha ocupado de todo precisamente para que la farsa fuera eso, una farsa. Ni siquiera se han enviado las invitaciones. Syaoran piensa que hay boda pero, ¿tú has visto la noticia en alguna revista? Que se case el primogénito de los Li es algo importante.- Negó con la cabeza.- He de decir que tampoco pienso continuar con ello si veo que se desmadra demasiado, no soy tan frívola, Eriol. Pero tengo fe en que Syaoran actuará pronto.- Hizo una pausa pensando en todo lo que había pasado en los últimos días.- Es como si solamente ahora se hubiera puesto en marcha toda la función.
Se encogió de hombros y miró a su hijo con una sonrisa. Eriol suspiro, Ieran lo había dicho todo y él se encontró sin nada más que decir. Había pensado que si hacía ver a su madre que estaba yendo demasiado lejos lo dejaría correr todo, pero ahora veía que Ieran ya se había dado cuenta ella misma. Inclinó cortésmente la cabeza a su madre y simplemente se retiró dando por finalizada la conversación. Ieran borró la sonrisa en cuanto su hijo abandonó el despacho y se masajeó el puente de la nariz.
Ella sólo quería que el testarudo, mortalmente serio y responsable de su hijo mayor viera que no todo en la vida era trabajar y que, en ocasiones, el clan Li no importaba. Pero empezaba a pensar que no era ella quien tenía que hacérselo ver. Quizá con la ayuda de cierta castaña….
To be continued…
Notitas varias:
¡Ohdiosmiocuantotiempo! No merezco vuestro perdón, ni siquiera me merezco que me sigáis leyendo, pero sólo puedo arrastrarme rogando clemencia y pidiendo perdón por este ritmo condenadamente lento de actualizaciones que llevo xD Así que para compensar la tardanza os traigo un suculento –a mi parecer- capítulo con más longitud de lo normal, concretamente unas 5 paginas más, que parecen poco pero no lo son u_u
Y bueno fijo que os pasa como a mí y no os acordáis de qué narices va el fic y mucho menos qué pasaba en el capítulo anterior xD pero dejando eso a un lado ¿qué os ha parecido este? No está mal eh? Estoy contenta con él a pesar de lo mucho que me ha costado sacarlo, estoy orgullosa de que al fin vea la luz, con declaraciones, con broncas, con vestidos, con yuri, con revelaciones… Porque sí, la boda es una farsa =D ¡y Syaoran le ha dicho a Sakura que la quiere! Aunque no se lo crea, ¡se lo ha dicho! Es OMG muy fuerte XD
En fin, pido disculpas una vez más y no pienso enrollarme en las notas de autora, lo que seguramente queréis es una promesa de actualización rápida y a ser posible una fecha para el próximo cap, pero aunque a esto le queda poco no me voy a poner a hacer promesas que no sé cuando pueda cumplir… pero tranquilos, que el final de Acoso lo veréis… algún día espero no muy lejano XP
En cualquier caso, gracias a quienes os habéis incorporado ahora, mil agradecimientos a quienes seguís ahí tras todo este tiempo y mil y un gracias a quienes me dejáis un comentario pese a todo. ¡Un saludo!
