Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: D gray-man no me pertenece, y la verdad es que eso está bastante bien, por que mis dibujos son una patata. Los argumentos principales y los personajes pertenecen a Hoshino Katsura- Sensei (la cual regresa a al carga en Abril ¡Bien!) Y a todos aquellos que han comprado la licencia del manga y el anime. Sí es mío sin embargo el argumento que aquí desarrollo, ya que lo inventé yo. Si lo hubiese inventado Manolo, pues sería de Manolo, pero no, es mío lol. Aunque da igual porque no me pagan por el. Trabajo gratis porque adoro D gray-many y el Yullen, porque me podrían denunciar si cobrara por ello y porque, sinceramente, ni yo pagaría por esto xD Creo que con esto ya he conseguido librarme de los abogados (de momento)
Advertencias del capítulo: OOC (todo lo que sea decir más de tres o cuatros palabras juntas, ya podría considerarse OOC viniendo de Kanda xP) Mal vocabulario (Kanda again) y una pequeña, diminuta mención de yaoi (relaciónes chico x chico) aunque para ver eso, hay que tener un pelín de imaginación xD
Gracias especiales a mi querida Meroko por revisarme el fic. No se que haría sin ella xD
Capítulo 2
Desde que podía recordar había tratado de mantener todo aquello que pasaba por mi mente ahí mismo, sin dejar que absolutamente nada de lo que pudiese ocurrirme se reflejara en mi rostro. Pero si me hubiese quitado mi mascara inexpresiva por un momento, hubiera aparecido una más que notable mueca de hastío, debido al profundo y soberano aburrimiento al que estaba siendo sometido en esos momentos.
El Moyashi, su pelota con alas, el perro guardián y yo llevábamos más de tres horas sentados en aquel banco, mirando el ir y venir de las olas. El barco no llegaría hasta después de otras tres horas. Ese imbécil de Komui, tantas prisas solo para lograr hacerme perder seis horas de mi vida, y no es que yo estuviera como para ir regalando mi tiempo.
Ojala hubieran dejado al Moyashi utilizar el arca. Habríamos ido y regresado en menos tiempo del que empleamos solo para llegar hasta el puerto de Dover (1) . Estúpidos comandantes-jefe.
No solo tendría que realizar un viaje larguísimo a la otra punta del mundo para comprobar algo que bien podría ser un rumor falso (De hecho, yo estaba totalmente convencido de que algún imbécil se había inventado aquella mierda para hacerme perder el tiempo. Ya que desde lo de Edo, yo no había vuelto a poner un pie en Japón) si no que además, tenía que aguantar a aquel hombre que se había convertido en la sombra del Moyashi. No es que fuera molesto, ya que ni hablaba (por suerte) Pero era como ser seguido por un poste de teléfono. Resultaba bastante incómodo.
- Me aburro – Dijo el niñato mientras se estiraba y casi me echa del banco de un manotazo. Le aparté de mí con una mano, logrando que tanto el Moyashi como el rubio casi se cayeran de bruces. Aquel tal Link puso mala cara, pero ninguno de los dos dijo nada. Supongo que pensaron en su propio bienestar físico y acallaron cualquier posible comentario por su bien. - ¿Tú no, Kanda?
Todo el mundo sabe que estar tres horas sentado sin hacer nada es la actividad más interesante del mundo. Estúpido Moyashi. Me limité a chasquear la lengua y a contestarle de malos modos.
- A lo tuyo, Moyashi. Enseñale trucos a tu perro faldero, o juega a la pelota con tu golem, pero a mi no me molestes.
- ¿Cómo me ha llamado, exorcista Yuu Kanda? - El imbécil de los dos lunares se había ofendido. Que pena. Le ignoré y me quedé viendo el vuelo de las gaviotas, que ya iban a refugiarse. Comenzaba a hacerse de noche.
- No se ni porque intento ser amable contigo. Está visto que no... -El Moyashi se calló cuando surgió de su estomago un rugido nada musical. Oh, genial. - Esto, Kanda ¿Podríamos...?
Me levanté sin mediar palabra y le miré fijamente.
- Te doy una hora para que llenes el buche, pero ni un minuto más. Si no has terminado en ese plazo te arrastraré de los pelos hasta aquí ¿Lo has entendido? Y pobre de ti como perdamos el barco por tu culpa.
Comencé a caminar sin fijarme si quiera en si el enano me seguía, aunque unos segundos después pude oír varios pasos detrás de mí. Entré a uno de los primeros restaurantes que encontré, seguido por el Moyashi. Me quedé un momento observando el lugar. Acaba de entrar a un autentico antro.
Me ahorré un gesto de disgusto mientras observaba como el enano iba a la barra y soltaba una lista kilométrica de alimentos que al camarero a penas le dio tiempo a apuntar. Quince minutos después el Moyashi devoraba la torre de comida que tenía delante, el dos puntos se mantenía ocupado con un cargamento de dulces e incluso el maldito golem se comía un bocadillo. Yo observaba el espectáculo circense con un té de hierbas en la mano desde otra mesa. No quería de ningún modo que me relacionaran con ellos. Aun me quedaba un poco de dignidad.
Había más exorcistas en la puñetera orden ¿Por qué siempre me tenían que enviar con el estúpido Moyashi? En aquel momento la imagen de Komui bailando la danza de la victoria se cruzó por mi mente. Supuse que creería que así lograría que el enano y yo nos llevásemos mejor. Una de dos, o aquel hombre era muy ingenuo o era lerdo. Yo me inclinaba más por la segunda opción.
Tres cuartos de hora después (para mi sorpresa) salimos de aquel antro de mala muerte y esperamos otras largas dos horas hasta que al fin llegó nuestro barco. En una hora aproximada llegaríamos a Calais(2)
Salí a la cubierta y observé las estrellas. Tantos puntos luminosos por encima de mi cabeza me mareaban. Tantos soles, tantos universos distintos. Sin saber porqué, como un rayo, los recuerdos de una noche estrellada pasaron fugazmente por mi mente, y tal como vinieron, se marcharon, dejándome en ascuas y con un considerable dolor de cabeza.
Ocurría a veces, ya debería estar acostumbrado. Yo no tenía ni un solo recuerdo de mi vida antes de que entrara a la Orden Oscura. Pero a veces, como un pequeño tormento, aquellos recuerdos regresaban, tomaban forma durante un instante y, tal y como habían venido, desaparecían. Era terriblemente frustrante, porque yo sabía que en esos malditos recuerdos estaba la clave que yo necesitaba. Eran la guía que me llevarían hasta esa persona.
Pero ahí estaba otra vez, mirando al cielo, tratando de traer de nuevo a mi mente lo que había quedado, una vez más, guardado en mi subconsciente. Me odié por no ser capaz de vislumbrar nada en aquella espesa niebla que era mi pasado.
- Vaya, no pensé que fueras del tipo de personas que se quedaría embobado mirando las estrellas. - Los pocos avances que pude haber logrado se fueron al garete por la pérdida de concentración. Maldito Moyashi – Que noche más bonita.
Vi que el enano se quedaba a mi lado observando igualmente las estrellas, dejando que la brisa marina meciera sus cabellos. Estaba muy cerca, demasiado cerca para mi gusto.
Observé un momento como las estrellas se reflejaban en sus ojos claros, antes de que los cerrara con una sonrisa apacible. Aquel niño parecía aun más suave y delicado a la luz de la luna, como si estuviera hecho de porcelana.
Desvié la mirada de inmediato al darme cuenta de todos los disparates que se me cruzaban por la mente. Estar rodeado de idiotas quizás me había afectado un poco.
- ¿Cuanto tiempo piensas quedarte ahí, Moyashi? Me molestas.
- El tiempo que me plazca. No eres dueño del barco. Pagué mi billete así que puedo quedarme donde quiera.
- No podrás quedarte en ningún sitio si te tiro por la borda. Lárgate antes de que agotes mi paciencia.
Lo quería lejos, cuanto antes. O se largaba o terminaría perdiendo el control, aunque no supiera muy bien de que manera. Pero el muy estúpido no se movió. Se quedó en su sitio con la cabeza ladeada.
Bien, si él no se iba, me marcharía yo. Me dirigí hacia el interior del barco.
- ¿Por qué huyes de la gente, Kanda?
- Porque toda la gente es como tú, irritante. - No sabía muy bien porque demonios le había contestado.
- Quizás piensas eso porque no nos conoces.
- Ni quiero hacerlo. No tengo ninguna razón por la que tendría que querer estar cerca de alguien como tú.
El crío bajó la vista. ¿Le había ofendido? Como si a mí pudiese importarme.
- En el fondo, estoy seguro de que no eres así.
- Si lo soy o no, es algo que tú nunca vas a averiguar.
Debía mantener las distancias. No tenía otra opción. Incluso aunque en aquel momento una pequeña y casi imperceptible espinita se me clavara en el pecho al ver su mirada de desilusión. Tenía que seguir mi camino, yo solo. Si no lo hacía así, jamás podría salir vivo. Los demás solo eran lastres. Y él, ese chico de pelo blanco, debía de tratarse del lastre más pesado de todos. Solo me causaría problemas, como siempre había hecho. Eso es ¿Por qué tendría que querer yo tener algo que ver con ese niño? Él era solamente un inútil al que me tocaba soportar, nada más.
- Si piensas así, quizás si sea mejor que no averigüe nada de ti. No vale la pena. Y tranquilo, ya me marcho. No tengo ninguna intención de estar donde no se me quiere.
No me afectaba en absoluto. No me importaba nada lo que aquel crío pensase de mí. Yo tenía mis motivos. Y si actuaba así era por que así era yo y punto. No me importaba nadie, ni siquiera él. Yo solo me preocupaba de mí mismo. Y así me lo repetía siempre. Toda aquella estúpida gente no valía la pena. Mi vida, seguir en aquel mundo si que la valía. Incluso aunque aquel jodido mundo no me mereciera. Yo vivía por y para la lucha. Así había sido desde que tenía memoria y así seguiría siendo, incluso cuando me deshiciera de aquella maldición. Continuaría luchando hasta el final.
Volví a mirar las estrellas otra vez, tratando de recordar algo de mi pasado. Pero en lugar de eso, escuche la voz de Moyashi resonando en mi cabeza, una y otra vez. Me dije de nuevo que no me afectaba, aunque estaba empezando a no creerme del todo mi propia afirmación.
OoOoOoOoO
Abandonamos Calais aquella misma noche. Nada más desembarcar, tomamos el primer tren que salía hacia el norte y durante el tiempo que duró el trayecto, nadie dijo absolutamente nada.
El viaje se me hizo terriblemente largo, más de lo normal. Estaba acostumbrado a los interminables viajes en tren. Pero los casi cuatro días que tardamos en llegar a Moscú se me hicieron eternos.
Probablemente fuera porque había demasiada tensión en el ambiente. El estúpido Moyashi seguía molesto y por alguna razón su incomodidad se reflejaba en la atmósfera de aquel compartimento de primera clase. Incluso el dos puntos, el cual seguro que había nacido ya con un palo en el culo, parecía más tieso de lo normal, si es que acaso era eso posible.
Esperaba que se le pasara pronto el cabreo. Si aquello no mejoraba lo suficiente no podría aguantar los trece días que tardaríamos en cruzar la estepa rusa sin sacar a pasear a Mugen.
Solté un bufido cuando la solución a aquella situación cruzó mi cabeza. Ni loco me disculparía con el Moyashi. Era culpa suya por no meterse en sus asuntos. Yo no le hablaría mal si él simplemente me ignorara, tal y como estaba haciendo en aquel momento. Claro, que también en aquel momento me sentía capaz de saltar a la yugular de cualquiera debido a la irritabilidad general. Menudo panorama.
Nunca había deseado con tantas fuerzas terminar con una misión en el periodo de tiempo más corto que fuese posible. Normalmente me gustaba estar cuanto más lejos mejor de la orden, destrozando akumas.
Otra de las causas de mi mal humor. No habíamos encontrado ni un solo akuma durante todo el trayecto. Tenía demasiada presión sobre mis hombros, y ni siquiera había podido desatar mi violencia contra esos monstruos y, de paso desahogarme, por lo que me sentía como una bomba de relojería a punto de estallar Y los efectos de la explosión serían devastadores. Pero debía calmarme y mantener el tipo. Yo no me dejaba llevar por ese tipo de cosas. Y si destrozaba un pueblo me harían pagarlo. Así que mejor aguantar todo lo que fuese posible.
En cuanto nos bajamos del tren, comencé a sentirme un poco mejor. Aunque aun podía prácticamente ver el aura de irritabilidad que rodeaba al enano. Y entonces me di cuenta: Aquel maldito niño me estaba poniendo a prueba. Estaba tratando de hacerme explotar, y lo peor es que iba a lograrlo. ¿Qué coño pretendía ese niño?
- Deja de comportarte de esa forma, idiota. Me estás sacando de mis casillas – Le dije mientras íbamos de camino al centro de la ciudad. Aun quedaba bastante tiempo hasta que saliera el tren Transiberiano(3) que nos llevaría a Vladivostok(4) ,una de las últimas etapas de nuestro viaje.
- No me estoy comportando de ninguna manera – El Moyashi habló de una forma hostil que nunca habría esperado de él. - Déjame en paz.
Por un momento estuve a punto de perder la compostura. ¿Qué le dejara en paz? No podía creérmelo. ¿Que demonios había pasado con el niño asquerosamente educado que era antes?
- ¿Te molesta? Pues a ver si te enteras que así es como le sienta a la gente que te comportes así.
Por un momento me quedé sin habla. ¿Quería darme a probar de mi propia medicina? Y encima yo había dejado que me afectara. Comencé a rifar una cita con Mugen y aquel imbécil se había quedado con todas las papeletas. Muy inteligente por su parte.
- Pensé que no podrías ser más imbécil, pero está visto que por una vez me he equivocado. Te has superado a ti mismo, Moyashi.
- ¡Mi nombre es Allen!
Y otra vez volvíamos a lo mismo. Aun nos quedaba una semana y media de viaje, era mejor estar bien por el momento, por mi salud mental. Hice algo que nunca habría pensado hacer y de lo que luego probablemente iba a arrepentirme.
- Si es por lo del barco, no pretendía ser tan brusco contigo – No era una disculpa en toda regla, pero para mí tuvo el mismo efecto que si lo fuera. Logró que prácticamente notara como mi orgullo resbalaba por mi garganta, haciéndome sentir terriblemente estúpido – Tregua ¿Vale?
Noté como el niño del pelo blanco clavaba su mirada en mi nuca. No me había molestado en girarme a verle ni una sola vez mientras le decía aquello, de modo que no tenía mucha idea de cual sería su expresión. Si se atrevía a comentar algo, pensaba mandar el tratado de paz a otra dimensión de una patada, al cual le seguiría poco después el Moyashi.
- Vale – Me contestó en tono monocorde. De acuerdo, solucionado. Bueno, no del todo. Ahora era yo el que estaba notablemente molesto. No solo porque el enano había ganado aquella batalla, si no porque además ahora su aura oscura se había intercambiado por una de felicidad, lo cual resultó incluso más irritante. Si sabía yo que tenía que haberme callado.
Me fijé entonces que para ser primavera, parecía hacer bastante frío. El Moyashi comenzó a castañear los dientes y el rubio temblaba imperceptiblemente. Eso sin contar a la gente de la calle, que iba cubierta hasta las orejas. Y yo, curiosamente, sentía algo de frío, pero nada comparado a lo que todos demostraban. Contuve un suspiro, eran todos unos exagerados.
- ¡Qué bonito! - Exclamó el Moyashi cuando entramos en la plaza roja. Señaló a la catedral de San Basilio.
Él decía que era bonito, yo lo nombraba con el calificativo de extraño, simplemente extraño. Demasiado colorido para mi gusto. Había estado allí un par de veces pero nunca me había parado realmente a observar aquel templo. Yo no iba a los lugares a observar el paisaje.
- ¿Podemos entrar? - Me preguntó entonces el niño, con una sonrisa esperanzada.
- Ni hablar. No estamos aquí de turismo.
- Puf, aguafiestas. -Hizo un mohín lastimero y yo utilicé toda mi fuerza de voluntad para no decirle "Ahora te jodes".
- Si dejáis vuestros juegos de críos, me gustaría buscar un teléfono.
Aquel rubio se me quedó mirando fijamente. Otra vez pensé que ese imbécil se acaba de convertir en un ave nocturna. Me contuve para no darle un puntapié y que así buscara su puñetero teléfono al otro lado de la ciudad, donde no tuviese que aguantar su molesta presencia.
El dos puntos comenzó a andar y el Moyashi le siguió. Me di cuenta de que algo fallaba en esa estampa. ¿No se suponía que era aquel acosador el que debía seguir al enano y no al revés? No supe porqué, pero aquello me dio una mala sensación que se tradujo como una pequeña molestia en el estómago y en ganas reiteradas de patear a aquel estirado alemán.
Salimos de la plaza y entramos al primer bar que encontramos. Mientras que el perro faldero hacía sus llamadas, el Moyashi aprovecho para intentar llevar a la quiebra al restaurante y de paso asustar al resto de comensales. El enano me dirigió entonces la mirada, por detrás de su ya acostumbrada torre de platos.
- Oye, Kanda. No te he visto comer nada desde que salimos de la Orden ¿Estás bien?
Era cierto, llevaba cuatro días sin probar bocado. Quizás a eso se debía aquella extraña sensación que había sentido antes en el estómago. Aun así, tampoco me sentía tan mal. Probablemente ni siquiera me habría acordado de comer si el enano no me lo hubiese mentado.
Como era de esperar, en aquel sitio no había soba, por lo que después de ojear el menú, terminé pidiendo un plato de jarcho(5), ya que me pareció lo único comestible de aquel restaurante. En realidad, viendo todos los platos que devoraba el Moyashi (ya que aquel pozo sin fondo había pedido todo el menú), hasta las cortinas y los platos de cerámica parecían más apetecibles.
Los dos terminamos de comer antes de que el dos puntos regresara. Me quedé entonces observando al plato vacío, hasta que oí al Moyashi hablando. Pensé que se estaba dirigiendo a su golem, hasta que me di cuenta de que hablaba con la camarera, una chica rubia de ojos azules, la cual mostraba atención con una sonrisa deslumbrante.
Reía de vez en cuando y seguía sonriendo. Estuve seguro entonces de dos cosas. Una de ellas era que la chica no se estaba enterando de nada, porque el enano le estaba hablando en ingles y yo ya había comprobado que ella no lo entendía, ya que después de intentar tres veces hacerme entender con un ingles sencillo, tuve que hablarle con mis limitados conocimientos de ruso para que me cogiera el pedido.
Y la segunda cosa fue que a la mujer lo que menos le importaba era lo que le estuviese diciendo el Moyashi, ya que estaba demasiado ocupada comiéndoselo con los ojos como para escuchar lo que el niño le contaba, incluso aunque este hubiese estado hablando en su idioma.
Pude entender como la chica le decía al Moyashi algo sobre cuando terminaba su jornada de trabajo. Suficiente. Le dije en su idioma, bastante irritado, que nos trajera la cuenta y se llevara los platos, que para eso la pagaban y no para ligar con los clientes. La chica me llamó algo parecido a gilipollas y se marchó con la torre de platos del enano.
- ¿Por qué tenías que ahuyentarla? Era una chica muy amable...
- Tú eres tonto. - Le dije, ya estaba bastante cabreado por las miradas de asco que me enviaba la camarera como para que encima el enano me recriminara nada - ¿Es que no te has dado cuenta de que estaba intentando ligar contigo?
- ¿A sí? - Preguntó incrédulo.
- Si, ala. Corre a los brazos de la rusa de metro ochenta. Vais a parece el punto y la i.
¿Por qué demonios me sentía tan molesto? ¿Por qué la tía esa era una zorra? No era una razón contundente... Oh no. No podía ser lo que estaba pensando. Ni hablar.
- Estás celoso porque se ha fijado en mí en vez de en ti.
- Ya te he dicho que es toda tuya. Es una puta.
- ¡Kanda! ¿Cómo se te ocurre decir eso de una señorita? ¡Pídele perdón ahora mismo!
- Lo digo porque lo es y punto. Y no voy a pedirle perdón, primero porque no me da la gana y segundo porque no se va a enterar. Por si no te has dado cuenta, no sabe ingles, imbécil.
Di un golpe en al mesa y me levanté, casi tirando la silla en el proceso. Abandoné el restaurante y me dirigí a paso ligero hacia la estación. Me quedaría allí hasta que llegara el maldito tren.
Me senté en uno de los bancos, cruzando las piernas y los brazos, con los ojos cerrados.
Diez minutos después, aparecieron el Moyashi y su perrito faldero.
- Tú actuación en el restaurante ha sido deplorable, Yuu Kanda. Un exorcista, alguien que representa a Dios, no debería comportarse de esa manera.
Lo que me faltaba, que el rubio ese me echase la charla.
- Me importa un bledo, dos puntos.
Abrí un ojo, solo para observar como aquel acosador a tiempo completo prácticamente echaba humo por las orejas.
- ¿Qué clase de exorcista eres tú?
Me resultó tan aburrido que esta vez no hice ni por responderle. El Moyashi observaba en silencio, con las manos unidas.
- Debería avisar a los altos mandos de tu actitud. No te vendría nada mal un castigo.
- Ya, claro ¿Y que me van a hacer? ¿Dejarme sin postre? No seas ridículo.
- Estás en la mira de los comandantes-jefe, Yuu Kanda. Si yo fuera tú, tendría cuidado.
- ¿Eso es una amenaza?
Oí como un tren entraba a la estación en el mismo momento que el dos puntos trataba de contestarme. Era nuestro tren, así que en el momento en el que la máquina detuvo por completo su movimiento, subí.
Otra vez, la tensión se adueño del vagón. Aunque esta vez no me resultó tan molesta. Era fácil ignorar a aquel hombre con complejo de búho, por lo que los primeros días del viaje resultaron tranquilos.
Recordé de vez en cuando ir al vagón restaurante a comer algo. En cualquier momento podría haber una batalla y no podía arriesgarme a no tener la suficiente energía. Debido a eso, a pesar de no tener hambre, me obligaba a comer.
Pasaron dos días sin mayores novedades. Yo me pasaba la mayor parte del tiempo mirando por la ventana, mientras que el enano y el dos puntos jugaban a las cartas. Observé como el Moyashi no había perdido ni una sola partida, además de que de vez en cuando me parecía que desprendía un aura oscura.
En el segundo día, el tren se detuvo en una ciudad llamada Vyatka(6) . El Moyashi había salido un momento a comprar no se que cosa, seguido por su perro faldero y por su golem. Aunque solo fuera por unos minutos, pude respirar tranquilo. Tener gente alrededor durante tanto tiempo era una auténtica prueba de fuego para mí.
Me quedé sentado en el mismo sitio que había ocupado durante aquellos dos días y miré por la ventanilla.
Había una gran actividad en aquella estación. Había muchísima gente yendo y viniendo de un lado para otro. Había hecho bien en quedarme donde estaba. Aquella multitud me habría puesto de los nervios.
De repente, una de las cabezas de aquella masa de personas me llamó la atención, sobretodo porque me di cuenta que había clavado su mirada en mí. Me miraba con sus profundos ojos de color ébano.
No podía ser. Yo había visto esos ojos antes. ¡Por supuesto que los había visto! Me puse en pie, pero antes de que me diera tiempo a ver algo más, el tren se puso en marcha.
- Kanda ¿Te encuentras bien? Estás pálido... - Preguntó el Moyashi, que acaba de entrar al compartimento junto con el dos puntos.
¿Solo pálido? No podía entender como aun me podía mantener en pie. Aquellos ojos desaparecieron en la lejanía. A cambio, ahora podía observar el reflejo en el cristal de unos ojos exactamente iguales a los que se habían quedado en aquella ciudad: Los míos propios.
Continuará...
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Para empezar:
Glosario:
(1) Dover: Ciudad portuaria inglesa. A unos 118 Km de Londres.
(2) Calais: Ciudad portuaria del norte de Francia. Punto más estrecho del Canal de la Mancha.
(3) Transiberiano: Red ferroviaria rusa. Está red no se acabó hasta el 1905, por lo que en el momento que viven los personajes (1891), el transiberiano no estaba terminado aun. Es un pequeño anacronismo que me permito poner para agilizar el viaje.
(4) Vladivostok: Ciudad portuaria rusa situada en las costas del Mar de Japón., a 9.302 Kilómetros de Moscú.
(5) Jarcho: Sopa rusa compuesta principalmente por carne de vaca, arroz y ciruelas, entre otros ingredientes.
(6) Vyatka: Ciudad Rusa, situada al oeste de los Montes Urales. Actualmente se llama Kirov.
Si, puede que me haya pasado un poco, pero es que investigué en serio para decidir los lugares por los que pasarían, quizás a veces demasiado en serio. No os imagináis el dilema interno que he tenido para decidir si ponía o no el Transiberiano xP A eso hay que añadir el circo que fue investigar la gastronomía rusa e incluso (esto ya es extremo. No lo hagáis, por vuestra salud mental) averiguar cuantos kilómetros separaban cada ciudad para poder calcular, teniendo en cuenta la velocidad de los trenes y barcos de aquella época, cuanto debían durar los viajes. Fue una comida de coco considerable, pero bueno, es que yo soy así ^^U
Por cierto, a nadie le importa, pero me encantaría ir a Rusia. Es el tercer país que me gustaría visitar (Por delante en la lista están Japón y Egipto) Lástima que sea menor y que no tenga dinero xD
Bueno, muchas gracias también a Lissy Aquarius, Nithael, Sinlen, Meroko, Melodische Erdbeere, y Subby-EgoistVampire por todos vuestros hermosos comentarios. Los contestaré en cuando el instituto me deje un poco de libertad. (Vamos, que le quitaré un hueco mañana a mi estudio para contestarlos xD Es lo suyo después de que os habéis tomado la molestia de dejarme un review ^^)
Bueno, espero saber si os ha gustado y gracias por leer.
Bye!
