Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: D gray-man no me pertenece. Si me perteneciese yo sería Katsura Hoshino o cualquiera de los que han comprado la licencia del manga o el anime, y hasta donde yo se, no lo soy (creo lol A lo mejor alguna de mis múltiples personalidades lo sea. Nunca les he preguntado). Además, prefiero simplemente divertirme creando este pequeño esbozo de cosa. No gano nada con esto, pero es muy entretenido. Aun así el argumento que aquí desarrollo sí que es mío. Semejante paranoia solo se me podría haber ocurrido a mí XD y el único pago que recibo por este fic son vuestros hermosos reviews, aunque la verdad, para mí es bastante.
Advertencias: OOC (Está vez más que nunca ^^U Debido sobre todo a que muchas partes las he escrito con un sueño atroz o con un mareo considerable por culpa de mis gafas mal graduadas :D) Violencia (A bit) Shonen-ai (A bit también) Mal vocabulario (Kanda, maleducado... ains u.u) Diálogos filosóficos tirando a paranoicos (Se, esto entra dentro de advertencias porque son aburridos y confusos lol)
Las gracias y un abrazo de oso a Meroko por corregirme el capítulo y por sus sucesivas amenazas con Mugen para que continúe escribiendo ^^U (¿Doy las gracias por qué me amenacen? He perdido el norte o.o)
Capítulo 3
Miles de estrellas brillaban aquella noche, pero mis lágrimas me impedían verlas con claridad. Caminé por una pequeña calle, observando las ruinas. Conocía aquel lugar como la palma de mi mano, pero me sentía perdido.
La angustia me revolvía el pecho. Jamás me había sentido tan solo. Seguí caminando, buscando a alguna persona, a quien fuera. Pero yo debía ser el único superviviente. Las lágrimas rodaron otra vez por mis mejillas. Todo lo que había conocido hasta aquel momento había desaparecido. Todo había sido consumido por aquella ola de destrucción que había asolado la ciudad, la cual ya no era más que una montaña de escombros y cadáveres.
Me dejé caer, rendido y sin ganas de continuar.
- Si te quedas ahí, serás un blanco fácil para los akuma.
Aquella voz distorsionada resonó en mi cabeza.
- No me importa – Dije con una voz que no parecía mía.
- Si mueres, serás una deshonra para los habitantes de este pueblo. En ti queda su memoria – El hombre que me había hablado se inclinó a mirarme. Vi que era esbelto y desgarbado – Ven conmigo y vive por todos ellos.
Sentí entonces algo afilado que se clavaba en mi mejilla: una hilera de dientes.
Abrí los ojos de golpe, y pude ver justo delante de mí al estúpido golem del Moyashi.
- ¡Tim! Eso no se hace – El enano había agarrado a aquel bicho por el rabo y trataba de apartarlo de mí, pero ya era demasiado tarde para salvarlo. Los minutos de "vida" de aquella criatura estaban contados. - Siento que te haya despertado.
- Más lo va a sentir la bola esa cuando la pille. Dame a ese monstruito ahora mismo, Moyashi
El niño abrazó al golem con fuerza, intentando protegerle. Patético.
- No lo ha hecho con mala intención.
- Los golems no tienen intenciones. Ni buenas ni malas. Son objetos inanimados.
- ¡Eso no es cierto! Timcampy piensa y es muy listo. Si le conocieras lo entenderías.
El bicho se restregó entonces contra la mejilla del Moyashi.
- Es listo porque le han programado para que lo sea. Es como un akuma de nivel dos, si desarrolla una personalidad es porque le han programado para ello, pero eso no les hace seres inteligentes. No son humanos.
El Moyashi dejo libre al golem, el cual se acomodó en su cabeza. Bajó la mirada. No pudo contestarme porque sabía que yo tenía razón, a pesar de que él quería creer otra cosa. Al ver al Moyashi derrotado, mi ola de rabia contra la bolita mal nacida se disipo poco a poco. Me senté y traté de serenarme.
Por culpa de mi brusco despertar ya no recordaba que es lo que había estado soñando. Solo venían a mi mente un cielo nocturno y una voz, pero era como si esas imágenes estuvieran cubiertas por un velo de tul. Tuve que apartar aquellos pensamientos, ya que estaban empezando a darme dolor de cabeza.
Habían pasado casi doce días desde que habíamos salido de Moscú, de los cuales, diez de ellos habían sido un autentico infierno para mis neuronas .
Después de aquella desafortunada parada en Vyatka, no había dejado de rondar por mi cabeza una sola pregunta ¿A quién pertenecían esos ojos?
Tras mucho pensarlo y, al no llegar a una respuesta concluyente, supuse que simplemente le había dado demasiada importancia. Yo no era la única persona con ojos negros del planeta, aunque no se trataba exactamente de los ojos, si no de su mirada. No podía comprenderlo muy bien, pero no me daba buena espina.
Aunque no puedo negar que tuve ganas de saltar del tren en marcha e ir a averiguar que es lo que ocurría allí. Pero aquella no era mi misión. Yo debía ir a Osaka, a investigar sobre el hecho de que alguien, supuestamente, me había visto allí. A pesar que desde hacía diez días, un mal presentimiento se había instalado de forma permanente en mi pecho, no podía olvidar que yo solo acataba órdenes, y que investigar lo que a mí me viniese en gana no era una de ellas. Así que no tenía otra opción que aguantarme y seguir adelante.
Evité soltar un suspiro mientras me llevaba una mano a la mejilla y comprobaba que mis dedos se habían manchado de sangre. Maldito golem. Tenía suerte de que en un par de minutos esa herida habría desaparecido por completo, porque si hubiera sido de otra manera, ya habría reducido a aquella esfera a poco más que polvo, lo cual a corto plazo hubiese resultado frustrante, ya que por lo visto, tras ser destruido, el golem recuperaba su forma poco después. Solo me hubiese servido para ponerme de peor humor aun.
Antes de que pudiese darme cuenta, un pañuelo de tela suave frotaba mi mejilla con delicadeza.
- De veras lo siento. - El Moyashi agarró mi mano y limpió los restos de sangre ¿Qué demonios estaba haciendo ese niño? - Para una vez en todo el viaje que has dormido algo...
Yo había tenido razones para no poder pegar ojo. No como él, que se había tirado más de dos tercios del viaje durmiendo. Por lo que había tenido muchas ocasiones para darme cuenta de que dormido parecía incluso más pequeño, más frágil. Aunque no había podido mantener la vista durante mucho tiempo, ya que cuando observaba durante un rato al Moyashi, la molesta mirada de su perro faldero se clavaba en mí. Dios, como odiaba a ese hombre. No podía entender como el Moyashi podía soportar a aquel estoico alemán las veinticuatro horas del día.
Ah, claro, era Allen Walker. Aquel idiota amaba a todos los humanos, por molestos y cargantes que fuesen.
A todos excepto a mí, claro.
No supe porque pensé eso, pero me provocó una incomodidad considerable, sobre todo porque aquel chico tenía mi mano entre las suyas. Y el contacto resultaba molesto, incluso aunque sus manos estuviesen enguantadas.
Aparté su mano tratando de aparentar indiferencia. Era mejor que no sintiese aprecio por mí. Así aquel chico no se metería en mis asuntos.
- No tienes porque disculparte, idiota. Es el bicho el que me ha mordido, no tú. A ver si aprendes a responsabilizarte solo de tus acciones.
- Tim es un golem. Él no puede disculparse.
- Asunto zanjado entones. No pidas perdón por gilipollezes. Ten más dignidad.
- No pierdo la dignidad por disculparme, Bakanda, solo soy educado. Supongo que eso tú no lo sabes porque la educación no es algo que a ti te sobre ¿Verdad?
Regresó a su asiento con un mohín, mientras que yo simplemente chasqueé la lengua, apartando la vista. Aquel enano se disgustaba por nada.
¿Por qué le molestaba tanto que le hablase así? Yo me comportaba de esa manera con todo el mundo, pero solo a él parecía importarle. Si yo le fuera totalmente indiferente, ninguna palabra hiriente le afectaría. Sería posible que él...
- Moyashi ¿Tú me aprecias?
Me quedé un rato con al mente en blanco. No pude creer que se me hubiera ocurrido decir aquello en voz alta. Había perdido completamente el juicio. El niño solo me miró fijamente, sin creer que se lo preguntase en serio.
- Pues... claro que te aprecio, Kanda.
Supe que quería preguntarme a que había venido aquel arrebato, pero fue prudente y se contuvo. Hacía bien, porque en realidad yo no tenía una autentica respuesta a esa cuestión.
- Eres idiota, canijo. Deberías alejarte de las cosas que te hacen daño.
Él me miró un momento y vi pasar un pequeño destello de tristeza por sus ojos grises.
- Si tuviese que huir de todo lo que me hiciese daño, no podría vivir en ningún sitio. Es mejor quedarse y aprender a convivir con ello. Aunque duela.
- Si quieres aprender a convivir conmigo, lo tienes jodido.
- Lo se, ya lo has demostrado. No hace falta que me lo digas. -El chico soltó un suspiro, mientras acariciaba al golem que yacía en su cabeza – Pero no tengo elección.
Quería decirle más cosas, pero me di cuenta de que ya había dicho suficientes tonterías por aquel día, así que volví a quedarme en silencio hasta que, unas cuantas horas después, llegamos a la estación de trenes.
OoOoOoOoO
Cuando al fin pude abandonar aquel tren del demonio, me di cuenta de lo mucho que había extrañado el aire fresco.
La brisa traía consigo el olor salado del mar y podía oír los graznidos de las gaviotas a lo lejos. Aunque no podía verlo, el Océano Pacífico tenía que estar muy cerca de nosotros.
Llevábamos dos semanas y media fuera de la orden, y aun nos quedaba una semana en barco, más el tiempo que tardásemos en llegar hasta Osaka. Más valía que hubiese algo interesante, porque como no encontrásemos nada, iba a encargarme personalmente en averiguar cual había sido la fuente que había informado a Komui para poder arrancarle la lengua por no asegurar bien sus datos. Y de paso, le daría una paliza a aquel científico pirado, solo para desahogarme.
Observé como el Moyashi comenzaba a tallarse los ojos. El viaje debía haberle dejado agotado, a pesar de haber estado la mayor parte del tiempo en periodo de hibernación. Miré al cielo y observé que estaba teñido de tonos anaranjados, rosados y ocres que comenzaban a descolorarse, dando paso a un añil oscuro.
En aquella ocasión, no podríamos coger un barco directo a Osaka, ya que toda línea marítima que conectara con Japón había quedado cortada por razones obvias. Aquel lugar no era más que un nido de akumas. Nadie tendría interés alguno en ir allí si es que quería conservar su vida.
Todo aquello significaba una cosa: Problemas con el transporte. Tendríamos que buscarnos la vida, y para eso harían falta varios planes y mucha energía. Lo mejor sería descansar por el momento y comenzar por la mañana con la búsqueda de un barco con una tripulación lo suficientemente loca (o estúpida) como para que nos dejaran al menos a unos cuantos kilómetros de la costa japonesa, ya que tardaríamos demasiado en hacer todo el recorrido por nuestra cuenta.
- Vamos a buscar un sitio donde pasar la noche.
Nadie objeto nada, y el Moyashi solo asintió. Cada vez estaba más seguro de que en cualquier momento aquel crío iba a terminar cayendo rendido en medio de la calle. Tampoco tenía porque extrañarme. Por muy fuerte que aparentase ser, no era más que un niño.
Caminamos durante un rato por una de las calles principales de la ciudad, por la cual aun circulaban varios carruajes de caballos y algún que otro transeúnte, a pesar de que los últimos rayos del sol ya estaba difuminándose en el horizonte.
El Moyashi, que era el que iba primero, entró en un hotel llamado Vladivostok (1). Sin consultar nada con nadie, pidió en ingles una habitación triple. El hombre que estaba en la recepción le miró con extrañeza, probablemente sin entender una palabra. Al final el enano se hizo entender por medio de gestos y, tras pagar una pequeña fianza, agarró las llaves y ascendió las escaleras rumbo a la habitación sin mediar palabra.
Genial. Otra noche más en compañía de aquellos dos y del golem desquiciado. Tuve que contener mi malestar pensando que no tardaríamos mucho más en llegar a Osaka, que podría regresar a la Orden y partir nuevamente a otra misión, y en esa ocasión, me iría solo, porque por un poco de tranquilidad estaba dispuesto a deshacerme (discretamente o no) de mi futuro compañero de misión. No tendría la suficiente paciencia como para aguantar otro viaje como el que estaba soportando en aquellos momentos.
El dos puntos y yo nos habíamos quedado solos en la recepción. Me miró fijamente un momento y después preguntó en perfecto ruso al hombre que estaba tras el mostrador si podía usar su teléfono. Cuando el hombre asintió, el rubio me lanzó una mirada amenazante, yo me limité a chasquear la lengua y a largarme sin mirarle siquiera. Si iba a estar la próxima hora poniendo verde al enano (y probablemente a mí también, ya que estaba en su "punto de mira") me importaba muy poco. Que se divirtiese.
Subí las escaleras y entré en la única habitación que tenía la puerta abierta. Grata sorpresa al ver que el Moyashi no estaba dentro ¿Dónde demonios se había metido ahora?
Se deshizo el misterio cuando escuché el sonido de agua corriendo en el baño contiguo. De acuerdo, el enano se estaba duchando.
Cerré la puerta de la habitación y me quité la chaqueta del uniforme. Me acomodé bien la camisa antes de salir al balcón.
La oscuridad se había cernido casi por completo, pero aun quedaba la luz suficiente como para que pudiera observar el mar sin forzar la vista. No estaba casado, asique me quedé un rato allí, intentando buscar un momento, por breve que fuese, para estar un poco a solas. Pero como no podía ser de otra forma, mi pequeño aislamiento no podía durar mucho.
- Vas a resfriarte si te quedas ahí mucho rato. - El Moyashi salió al balcón, descalzo, con solo una camisa y unos pantalones. Aun tenía el pelo húmedo.
- Lo dudo mucho – Repliqué sin mucho interés – Con las pintas que llevas, es más probable que seas tú el que caiga enfermo.
- ¿Te importa?
Avanzó hasta quedar junto a la barandilla, para después sentarse sobre ella.
- En absoluto. Tú verás lo que haces. Pero ni se te ocurra quejarte después porque no voy a tolerar tus tonterías. Aun tenemos una misión que cumplir.
- Ya, vale. Eres tan simpático como siempre.
- Eres tú el que va buscando guerra, Moyashi. No tendría que ser desagradable si dejases de molestar.
- Yo no se porqué me esfuerzo...
El niño bajó la mirada mientras se mordía el labio inferior. Yo solo solté un suspiro que no fui capaz de contener mientras dirigía mi vista a otro lado.
- Eso digo yo. ¿Por qué coño insistes?
- Porqué se que te cubres tras una coraza de frialdad para esconderte de la gente. Porque tienes la estúpida idea de que la mejor defensa es un buen ataque. Piensas que todo en al vida es una batalla.
Ignoré el tema de la "coraza de frialdad". No era el primero que me decía algo así. Me lo habían repetido tantas veces que la frase en sí dejó de tener un sentido real para mí. Pero la última parte de su acusación sí me pareció interesante. Hice una mueca irónica antes de contestarle.
- Pues claro que la vida es una batalla. ¿A caso no has estado ya quince años en este mundo? No se como sigues vivo si no te has dado cuenta de que para sobrevivir hay que luchar.
El niño me miró fijamente mientras se bajaba de la barandilla. Habló con tono sosegado.
- Luchar para vivir y vivir para luchar son cosas muy distintas. Tú vives para luchar.
- ¿Qué chorradas estas diciendo? Pues claro que yo vivo para luchar. Todos en la Orden lo hacemos.
El chico negó con la cabeza.
- Lo único que todos queremos es vivir felices. Luchamos para lograr la paz, para proteger aquello que amamos. Solo buscamos acabar con todo este sufrimiento. Tú eres el único que piensa que la batalla es lo que te da fuerzas para seguir adelante. Solo luchar por luchar.
- Deja de hablar de aquello que no sabes, estúpido. Lucho para vivir.
El chico suspiró mientras apartaba la vista.
- ¿Y para que quieres vivir?
Me quedé un momento con la mente en blanco. Quería vivir para...
¿Para qué? Estaba claro. Quería vivir para poder seguir luchando. Comenzó a arderme la sangre en las venas. Fue un duro esfuerzo para mí admitirlo, pero aquel crío tenía razón.
Sus palabras no me afectaban. Que mí único propósito era luchar yo lo sabía muy bien. Lo que no me cabía en la cabeza era que él lo hubiese adivinado. Que supiese como me sentía con tanta exactitud. Fue como una bofetada mental.
- Se que tú no quieres estar solo. Pero te alejas porque no crees que los demás puedan entenderte.
- Pero tú...
Me callé de pronto. No podía darle la razón. Sería como aceptar que él había sido capaz de ver dentro de mí, de romper todas las barreras que yo había creado con tanto empeño para aislarme de todo. Y yo no era capaz de concebir algo semejante. No iba a admitir que él me entendía porque aquello sería un completo disparate. El colmo del surrealismo.
- Puede que yo no sea muy inteligente. Pero me importan mucho los sentimientos de los demás. Incluso los tuyos. - Me dedicó una sonrisa tímida, la cual se convirtió en una mueca cuando apartó la vista y miró hacia el mar - Supongo que tendrás tu propias razones para ser como eres. Pero a veces me sacas de quicio. Tratar de averiguar que ronda por tu cabeza es como mirar un baúl cerrado a cal y canto. Pero hay cosas que son obvias.
Miré al frente, sin decir nada. Logrando mantener mis ideas bajo control, guardándolas bajo una máscara serena.
Había muchísimas personas que adoraban al Moyashi. Todos se sentían bien en su compañía por que era amable y educado, lo mismo por lo cual yo no le quería cerca. Yo le había despreciado una y otra vez. Y aun así él insistía, aunque luego terminásemos convirtiendo cualquier cosa en una batalla campal.
Pero él ahora había cambiado de táctica: En lugar de enfrentarse a mí, trataba de ponerse de mi lado. Algo que nunca nadie había intentado antes. Y lo peor es que estaba tan confuso que yo no era capaz de saber cual había sido el resultado exacto de esa aventura.
Me había pillado con la guardia baja, pero eso no significaba nada. Que el canijo supiese esas cosas no quería decir que realmente me conociese.
Volvió a mirarme una vez más. El silencio de la noche me golpeo de lleno. Supe que él esperaba que le dijese algo, una queja, una replica. Cualquier cosa. Pero no tenía ni la más remota idea de que decirle. Así que esperé un rato más, observando fijamente sus ojos brillantes como la plata fina, hasta que el Moyashi bajó la cabeza y estudió el suelo con detenimiento, pensando en las palabras que debía escoger para llevar a cabo el siguiente golpe a mi cordura.
- Yo antes también era así. Me escondía en una burbuja para que nadie pudiese hacerme daño. Pero al final la burbuja se rompió. - Lanzó un suspiro, no me explicaba como, pero sabía que por su mente se había cruzado un recuerdo agridulce. - ¿Sabes? Creo que en el fondo tú y yo nos parecemos bastante.
Esbocé una mueca irónica ante el último comentario.
- ¿Qué nos parecemos bastante? Somos la noche y el día, Moyashi. Lo único en lo que nos parecemos es en que no nos parecemos en nada.
Le observé detenidamente para comprender del todo la verdad que reflejaban mis palabras. Aquel crío era mi completa antítesis. Solo hacía falta mirarle un segundo para ver que era, en todos los aspectos, lo más opuesto a mí que podía existir.
¡Demonios! Incluso físicamente. Su pelo y sus ojos claros contrastaban de manera contundente con mis cabellos y mis ojos oscuros. Éramos la luz más brillante y la oscuridad más absoluta.
Tan contrarios y tan dispares. Pero por alguna razón, parecía existir un punto de unión entre nosotros, como dos líneas paralelas que en teoría nunca deberían cruzarse, pero que terminan por unirse en el infinito.
Y mi mente voló hacía miles de tonterías orientales sobre el taoísmo (2) que el imbécil de Tiedoll se había empeñado en enseñarme. No me gustó para nada la temática en la que comenzaban a nadar mis pensamientos, así que lo corté de raíz, dejando la mente en blanco.
Escuché entonces un estornudo a mi lado.
- Te dije que te pondrías enfermo. ¿A quién coño se le ocurre salir a estas horas con el pelo mojado?
El Moyashi no me contestó, solo se giró para entrar a la habitación después de hacer una mueca y sacarme la lengua. Que crío más infantil.
- ¿Qué se supone que estabas hablando con Yuu Kanda, Walker?
Ahora sabía porque el enano había entrado de nuevo a la habitación. El perro guardián del Moyashi había regresado y yo ni me había dado cuenta. Estaba tan absorto en mis pensamientos que ni siquiera había oído la puerta.
- Nada importante. - Respondió en tono jovial. No le estaba mirando, pero sabía que estaba sonriendo. Aunque saber eso tampoco era una gran hazaña. Después de todo, aquel niño se pasaba la mayor parte del día con una sonrisa pintada en la cara. - Creo que me voy a ir a dormir. Estoy hecho polvo.
Noté entonces que el Moyashi se había colocado detrás de mí.
- Tú también deberías dormir un poco. Buenas noches, Kanda.
Chasqueé la lengua, pero entré tras cerrar la puerta que daba al balcón, para después tumbarme en una de las tres camas. El dos puntos apagó la luz y todo quedó en silencio, el cual solo erá interrumpido por nuestras respiraciones suaves y casi inaudibles.
No estaba cansado, pero aun así no me fue difícil conciliar el sueño.
Pude sentir un peso sobre mi regazo. No entendía bien que ocurría, pero me pareció algo natural. Escuché una música que acariciaba mis oídos con delicadeza. Sabía que la había escuchado antes, pero no era capaz de recordar donde. Miré al chico que me abrazaba y vi como una cabeza adornada con suave pelo blanco se apoyaba sobre mi hombro.
Rodeé su cintura con uno de mis brazos, mientras que con la mano que tenía libre acariciaba sus cabellos. No me miraba, pero supe que estaba sonriendo. Y eso me hizo sentir bien.
Pero de repente la atmósfera cambió.
La melodía de piano se detuvo de forma abrupta. Miré mi mano, y me di cuenta de que estaba manchada de sangre.
Aparté su cuerpo, solo para poder ver como un pálido mortecino se había apoderado de sus mejillas. Sus ojos estaban cerrados y un pequeño hilo de líquido carmesí brotaba de sus labios. El resto de su cuerpo, estaba cubierto por completo de sangre.
Podía notar el olor metálico del flujo que se escapaba de sus venas. Quise hacer algo, pero no podía. Una enorme angustia inundo mi pecho, hasta el punto de que no podía recordar bien como se respiraba.
Volví a mirar su rostro. Sus ojos estaban abiertos ahora, pero no eran de aquel color gris brillante al que estaba acostumbrado, si no dorados. Una mueca retorcida se dibujó en su rostro.
Un dolor atroz se expandió por mi pecho cuando comencé a sentir como mi propia sangre manaba a borbotones y subía por mi garganta, sin poder evitar que mis labios se tiñesen de rojo.
Desperté de golpe, justo al darme cuenta que Allen me había atravesado con su propia inocencia.
Aun sentía dolor en mi pecho, pero cuando llevé la mano allí me di cuenta de que no había nada fuera de lo usual. Suspiré aliviado.
Las sienes me latían con fuerza y tenía la garganta seca. Me llevé las manos a la frente, tratando de recuperarme.
Había tenido muchos sueños horribles (debido sobre todo a que solía soñar con bastante frecuencia), pero aquel se llevaba la palma, debido además a bastantes aspectos, y no sabía por cual de ellos preocuparme primero. Mi subconsciente me había jugado una broma muy sucia.
Me levanté de la cama y eché un vistazo al cielo a través de la ventana. Probablemente no había dormido más de una hora.
Quise regresar a la cama y dejar de pensar en el tema, pero no pude evitar quedarme apenas a medio metro de la cama del Moyashi, observándole dormir tranquilamente, ajeno a todo lo que se cocía en mi cabeza.
No sabía que demonios debía pensar, o si acaso tenía que hacer algo. Un fuerte nudo apareció en mi garganta, el cual parecía querer quedarse allí una buena temporada. Aparté la vista y comencé a caminar con lentitud hacia mi cama.
Me quedé tumbado allí, mirando el techo, y por más que lo intenté, no pude volver a pegar ojo en toda la noche.
Continuará...
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Y otra vez:
Glosario:
(1) Hotel Vladivostok: Uno de los tres primeros hoteles que hubo en la ciudad. Los otros dos eran el Moscú y el Louvre, pero elegí poner el otro porque es del único que logré conseguir información y su ubicación (a diez minutos del a estación de tren caminando hacia el norte y a unos quinientos metros del mar. Si alguien va por allí, que lo visite xD Todavía está en activo)
(2) Taoísmo: Sistema filosófico nacido en China aproximadamente durante el siglo VI a.c. y el cual más tarde se convertiría en un movimiento religioso. Se basa en tres fuerzas: El Yin (fuerza negativa), Yang (fuerza positiva) y el Tao (fuerza superior que contiene a las dos anteriores). Básicamente, el Yin y el Yang se oponen y complementan simultáneamente entre sí, mientras que el Tao es una especie de "ser" que rige el orden de ese universo que forman las otras dos fuerzas. Se que todo el mundo sabe lo que es el Yin y el Yang, pero no estaba segura de que todo el mundo supiese lo que significaba taoísmo (yo hasta hace dos días no lo sabía), asique supongo que tampoco está mal explicarlo.
Bueno, pues hasta aquí el capítulo 3. En realidad tenía planeado que fuera más largo, pero tuve que cortarlo aquí por que si no me habría salido un bicharraco de más de ocho mil palabras . Y sería una paliza para mí, para mi pobre beta, y para los lectores x_xU Asique preferí dejarlo por ahora, aunque al final he metido muchas cosas que no tenía pensado poner y todo lo que quería escribir se ha quedado para el capítulo siguiente. Ains, pero que mal me organizo u.ù
Lo diálogos filosóficamente paranoicos son tediosos y aburridos, lo se. x.X Sí os han hecho dormir sobre el teclado, decídmelo y trataré de evitarlos xP Aun me queda mucho por mejorar .
He intentado mejorarlo, y traté de reescribir un par de escenas porque los personajes decían cosas que en realidad nunca dirían (Yes, OOC power! lol) Sí me he salido demasiado de los personajes, por favor, decídmelo también para intentar mejorarlo. No quiero perder la senda que quería coger lol No me preocupa tanto Kanda como Allen, que siento como si cuando fuera a escribir, el personaje pasase de mi cara y dijera lo que le saliese de las narices. ¡Cielos! ¡Allen, hazme caso y sigue siendo Allen! ¡No tengo ningún interés en escribir sobre alguien que deje de ser Allen porque dice lo que le sale de los "·%/()&%$·! (?) *Se da cuenta de que le está gritando a un dibujo animado, además de que sabe que la culpa la tiene ella y se esconde bajo una roca* wU Cada día estoy peor de lo mío u.ù
Una vez más, como lo de Rusia, se que a nadie le importa, pero es un factor decisivo en mi vida. Me he graduado las gafas *Aplaude en un estadio vacío* Lo que significa que me libraré de los mareos y podré volver a escribir de nuevo en condiciones. Prometo compensar la dejadez de este capítulo u.u
Gracias infinitas a aquellas personas que me dejaron un comentario: Lissy Aquarius, Subby-EgoistVampire, Ichi – Ichi, jicalazuxil, Meroko y yuki-souma. ^^ Me han ayudado mucho a continuar escribiendo.
Gracias también a los que se han tomado la molestia de leer, y a los que les esté gustando, incluso aunque no dejen reviews. Puedo entenderlos porque yo a veces tampoco los dejo, ya sea por falta de tiempo o por pereza x.x Perola verdad es que un comentario no quita mucho tiempo, hace muy feliz y ayuda a saber si mi pequeño esbozo de cosa gusta a la gente. También para saber mis errores.
¡Hasta pronto!
