Realidad incorpórea

By Hermachis

Disclaimer: D gray-man no me pertenece. Si me perteneciese yo sería japonesa, o en su defecto sería alguna empresa con muchas ansias de dinero. Ansias de dinero tengo, pero cara de empresa no, y creo que tampoco soy japonesa. En fin, todos los derechos pertenecen a Katsura Hoshino o cualquiera de los que han comprado la licencia del manga o el anime, y aunque tenga ansias de dinero, con esto no gano un céntimo. De este fanfic me pertenece la historia que desarrollo, que es una patata pero es mía :D (Como diría Internet explore: Weeee!(?))

Adevertencias: OOC, violencia, shonen-ai , mal vocabulario.

Gracias especiales a mi querida beta Meroko, por corregir mi esbozo de cosa y por ayudarme a encontrara a mi Kanda interior (?), que había decidido irse de vacaciones a la Polinesia francesa.

Capítulo 4

Salté de tejado en tejado, sin el menor temor a perderme en la oscuridad que envolvía la ciudad. Corrí más rápido, manteniéndome ojo avizor por si veía algo fuera de lo común que me pudiese indicar donde se había metido la causa de que yo estuviera trotando por las azoteas de las casas y edificios en plena noche.

Después de que aquel sueño me impidiese volver a dormir, había estado tumbado en la cama sin cerrar los ojos siquiera, ya que cada vez que lo hacía, miles de imágenes volaban por mi mente, atormentándome, por lo cual opté por mantener alejado cualquier pensamiento y concentrarme solamente en las sombras que se proyectaban en el techo debido a la mortecina luz de la luna.

Sin previo aviso, el Moyashi despertó de pronto y comenzó a gritar algo que no pude llegar a entender, momentos antes de que varios akumas de nivel tres volaran la fachada del hotel con un ruido ensordecedor. A penas tuvimos tiempo a saltar de la cama y cargar contra ellos.

Después de aquello, el Moyashi y yo nos habíamos dividido para poder seguir a los monstruos, los cuales habían tomado caminos diferentes.

El akuma al que yo seguía la pista parecía haberse esfumado. Lo más probable es que él y sus amiguitos habían tenido el plan de acabar con nosotros mientras dormíamos, pero al fallar y no tener otra opción que la de enfrentarse cara a cara a las que iban a ser sus supuestas víctimas, habían puesto pies en polvorosa.

El viento frío me golpeaba con fuerza en la cara. Sentir la adrenalina correr por mis venas me hizo olvidarme momentáneamente de las miles de preocupaciones que golpeaban con fuerza en mi cabeza. Nada como una persecución para aclararme las ideas. Siempre funcionaba.

Bueno, se hubiera podido considerar persecución si hubiera tenido la más mínima idea de donde se encontraba aquello a lo que yo estaba persiguiendo.

Detuve mi carrera en seco. Error. Había sido tan estúpido como para caer en una trampa tan simple. No estaban huyendo, su estrategia desde el primer momento había sido provocar que Allen y yo nos separásemos. Maldita sea. Era más que probable que el akuma me hubiese dado esquinazo y, ya que ni él ni sus compañeros me estaban atacando a mí, tenían que estar luchando contra el enano ahora que se encontraba relativamente solo, debido a que seguramente no había mucho que el dos puntos pudiese hacer para ser de ayuda.

Di media vuelta y corrí a toda prisa hacia la dirección que el Moyashi había tomado.

Normalmente no le habría dado la menor importancia y hubiera dejado que él se las apañara como pudiera. Pero a pesar de que para él cinco akumas de nivel tres no debían resultar un problema, gracias al poder que ahora su inocencia le otorgaba, estuve totalmente seguro de que no podría con ellos, ya que no había comido nada desde el día anterior y apenas le había dado tiempo a dormir. No tendría la suficiente energía como para mantener activada su inocencia durante mucho tiempo.

No sabía que significaba ese nuevo nudo en la garganta que se había creado encima de los que ya tenía anteriormente, o más bien, no quería saber el significado. La imagen exánime de Allen, pálido como el mármol y adornado de aquel macabro color escarlata me vino a la mente. No pude evitar aumentar la velocidad. Odiaba mis sueños con todas mis fuerzas.

Sabía que solo eran tonterías creadas por mi subconsciente y que no debía hacerles el menos caso. ¡Y mucho menos debía dejar que me hicieran preocuparme por ese mocoso! Él estaría bien. O eso quería creer.

Contuve el aliento cuando escuché un estallido a unos cuantos metros de mi posición. Las luces me indicaron donde el Moyashi acababa de derrotar a uno de los akuma.

Observé desde el tejado como Allen, ataviado con esa extraña capa blanca esquivaba y atacaba con agilidad y soltura. Me contuve para no soltar un suspiro de alivio. Había sacado conclusiones precipitadas.

Justo cuando pensé que el canijo lo tenía todo bajo control y que no me necesitaba, las tornas de combate cambiaron.

La capa del Moyashi desapareció de pronto, y él quedó arrinconado contra una pared, mientras uno de los akuma le agarraba fuertemente por el cuello. Trató de defenderse, pero toda resistencia fue inútil. Y supe que empezaba a faltarle el aire. Sí aquello continuaba así, ese monstruo le asfixiaría.

Sin apenas pararme a pensar en lo que hacía, arremetí contra el akuma que tenía sujeto a Allen tras activar mi inocencia. El bicho estalló en mil pedazos, mientras que el Moyashi se daba de bruces contra el suelo, luchando por respirar.

Estaba a punto de acercarme a comprobar si seguía con vida cuando los tres akuma que aun quedaban en pie se abalanzaron contra mí.

No tuve mayor problema en esquivarlos y derribar sin mucho esfuerzo a uno de ellos. Por un momento no fui capaz de localizar a los dos akumas que quedaban. Hasta que vi que volaban en dirección hacia a Allen, el cual aun no se había levantado y seguía sobándose el cuello ahí donde el akuma le había aprisionado con sus garras.

- ¡Moyashi! - Traté de avisarle, pero sabía que no le daría tiempo a esquivar el ataque.

Con un par de zancadas, logré adelantar a los akuma y colocarme delante de Allen. Asesté un golpe mortal contra uno de ellos, pero mientras tanto un dolor lacerante hizo que se me nublase la vista por unos segundo cuando el último akuma clavó sus garras en mi costado.

Apreté los dientes para evitar gritar de dolor cuando sus zarpas se clavaron con más fuerza en mi interior.

Los akuma eran tan estúpidos. Esa agonía que ahora me provocaba era la que me daría la victoria.

Blandí a Mugen con las dos manos y atravesé el pecho del akuma sin piedad. Mientras el monstruo se desintegraba, sentí una leve sensación de bienestar. Pero cuando desapareció por completo, tuve que ponerme de rodillas con la mano en el costado, tratando de no desangrarme.

Sentí como una mano se apoyaba en mi hombro.

- Kanda ¿Estás bien? - Giré la cabeza para ver la mirada de preocupación de unos enormes ojos grises.

- Analiza la situación y deduce si estoy bien o no, idiota.

El Moyashi me tendió una mano para ayudarme a levantarme. Yo hice como si no la hubiese visto y me incorporé solo. Aquella herida no era para tanto, podía soportarlo.

- Deberías ir al hospital. - Una vez más, el Moyashi se acercó a ayudarme. Esta vez no lo rechacé, aunque fue únicamente porque no tenía ganas de lidiar con él.

- Chorradas. No lo necesito.

- Pero esa herida...

- Mañana estará curada. No exageres. Solo necesito vendarla y ya está.

Me observó con un gesto de duda.

- Tal vez...

Estaba comenzando a mosquearme, aunque no supe bien la razón.

- Tal vez nada. Vamos a buscar otro hotel y se acabó el asunto.

- ¿Vas a ser capaz de llegar?

Chasqueé la lengua. Ni siquiera iba a molestarme en contestarle a eso. Comencé a caminar, pero antes de que pudiese dar dos pasos, Allen ya me había obligado a que me apoyara en él.

- Lo siento mucho – Se disculpó en un susurro cuando ya habíamos andado un buen trecho.

- ¿Ves? Parece que has aprendido cuando tienes la culpa de las cosas. Te felicito.

Bajó la cabeza mientras apretaba los dientes. ¿Qué esperaba? ¿Qué le dijese que la culpa no era suya? ¿Qué la culpa la tenía yo por ser un imbécil? Que lo pensase no significaba que fuese a decirlo en voz alta.

- Podrías haber dejado que ese akuma me matara. Siendo como eres, odio tener que deberte nada.

- No me parece una opción viable.

- ¿Por qué no? Si no me equivoco fuiste tú el que me dijiste una vez que no te importaría que me matasen mientras cumplirás tu misión.

- Las cosas son distintas ahora.

- ¿De veras? ¿Distintas por qué?

Dios, otra vez me encontré a mí mismo hablando más de la cuenta. Tenía que pensar rápido en algo que no diera lugar a réplicas, o me metería en el mismo lío en el que me metí la noche pasada.

- No tenía necesidad de dejarte morir porque la misión no estaba en peligro. - Estaba comenzando a marearme un poco. Maldita perdida de sangre – Además, la orden te necesita. Ya casi no hay exorcistas y hubiera sido muy irresponsable por mi parte dejar morir a uno mientras pudiese haberlo evitado.

Bingo. No podría continuar con sus intentos de hacer que mi cerebro explotase. Me miró un momento y me sonrió.

- Supongo que esa es tú manera de decir "te aprecio"

¿Pero qué demonios...?

- Yo no he dicho eso, Moyashi. No pongas palabras en mi boca.

- Tampoco has dicho que no me aprecias...

- Oh, Dios. Cállate de una maldita vez.

Él se rió y yo ladeé la cabeza con el ceño fruncido. Niñito infantil.

Poco después llegamos a unas puertas que rezaban en ruso "Hotel Moscú". Me di cuenta entonces de que estaba comenzando a amanecer.

- Gracias por salvarme, Kanda. Ya te pagaré el favor en alguna ocasión.

- Yo no necesito nada de ti, canijo.

El Moyashi hizo una pedorreta con la boca y abrió la puerta. Supe que iba a comenzar a berrear en un idioma que la pobre recepcionista no podría entender. Así que hablé yo en ruso antes de que montara un circo.

- ¿Podrías darnos una habitación triple? - Recordé entonces que supuestamente el dos punto venía con nosotros, pero que no estaba allí. Ya le preguntaría luego al Moyashi donde se había metido. - Y unas vendas también, si es posible.

La chica se escandalizó al ver la herida de mi costado. Me dijo que podíamos quedarnos en una habitación del piso de abajo y que enseguida nos llevaba unas vendas. Dijo también que llamaría a un médico. Quise decirle que al médico podía metérselo por el culo, pero me conforme con decirle que no era necesario que llamase a nadie. Ella asintió y se fue corriendo.

- Hablas muy bien ruso. - Me comentó sorprendido el enano mientras se empeñaba aun en ayudarme a llegar a la habitación.

- Es lo que pasa si viajas mucho. Terminas aprendiendo idiomas.

- Sí, supongo que tienes razón.

Nos paramos frente a la puerta. Él la abrió y se volvió para servirme de apoyo, pero yo pasé de él.

- No soy ningún inválido, Moyashi. Déjame respirar.

Él giró la cabeza e hizo un mohín.

- Ahora deberías caerte al suelo y desangrarte. Como lo hagas, te prometo que te dejaré ahí tirado.

Chasqueé la lengua. No sería capaz de hacer nada semejante. Me dieron ganas de tirarme al suelo solo para ver su reacción, pero mis acciones últimamente rozaban el colmo de la estupidez, así que decidí comportarme.

Alcancé la cama y me senté en ella, tratando de contener la hemorragia con mi mano para no ponerlo todo perdido de sangre. Para mí esa herida no era más que un rasguño, pero aun así resultaba terriblemente molesta. Suerte que en un par de días ni siquiera quedaría la cicatriz.

La chica que atendía la recepción entró en la habitación unos minutos más tarde con un balde de agua caliente, un paño limpio y un puñado de vendas. Tras dejarlo todo sobre una de las mesillas de noche, me miró fijamente e insistió en llamar a un doctor. La ignoré sin mucha delicadeza, más que nada porque odiaba tener que repetir las cosas dos veces. Después de un rato, se cansó de esperar una respuesta y dijo en un susurro que si necesitábamos algo la llamásemos, para después salir de allí.

El Moyashi se acercó a la mesilla y cogió el paño. Oh, eso sí que no.

- Trae eso aquí, Moyashi. Puedo hacerlo solo.

Frunció el entrecejo en una mueca que pretendía ser de enfado.

- Tú solo no lo harás bien.

- Yo tuve que aprender a curar mis propias heridas cuando tú aun te chupabas el dedo. Se lo que hago.

Se echó el paño al hombro y se arremangó.

- No me ignores cuando te estoy hablando, canijo.

- Lo siento, pero es que he tenido un buen maestro del que aprender sobre las relaciones interpersonales. ¿Te suena de algo la palabra cállate? Estoy seguro de que sí. Deja de gruñir y aplícatela un ratito, anda.

Le envié una de mis mejores miradas asesinas, pero le bastó con evitar mi vista y seguir en sus trece. Estaba comenzando a hartarme.

- Creo que aun no te has dado cuenta, pero me estoy desangrando. ¿Podrías dejar de jugar y darme de una vez el maldito paño?

Él ladeo la cabeza, ofuscado. La herida estaba comenzando a quemarme y el dolor se volvió un poco más intenso. La madre que le...

- ¡Está bien! Haz lo que quieras. Pero hazlo ya.

El crío me dedicó una sonrisa triunfal. Tuve que apretar los dientes mientras me quitaba la chaqueta, tratando de recurrir al poco autocontrol que me quedaba para no olvidarme de mi lesión y coger a Mugen para rebanarle el pescuezo.

Mojó el paño en agua caliente y limpió con delicadeza mi herida. Unos cuantos minutos después dejó de sangrar, quedando solo una llaga enrojecida.

Cuando el Moyashi terminó, le quité el trapo para poder limpiarme la mano.

- ¿Te duele mucho? - Me preguntó mientras iba a coger las vendas.

- Esto es una patada de un mosquito. No es algo que no pueda soportar.

Me miró como si acabase de convertirme en un perro verde de tres cabezas.

- Esa "patada de mosquito" hubiera matado a cualquier persona normal. Tendrías que tomártelo más en serio.

- Pero resulta que yo no soy cualquier persona normal.

Se acercó a mí. Antes de que pudiera comenzar a soltarme un sermón, levanté los brazos para que pudiese colocar las vendas.

Sus dedos rozaron mi abdomen de forma sutil. Por un momento, contuve la respiración sin querer.

- Oye, Kanda ¿Puedo preguntarte...?

- No, no puedes.

- Pues me da igual, pienso preguntártelo.

- Haz lo que quieras, no entra en mis planes responderte.

Me terminó de apretar el vendaje, antes de alejarse de mí un poco.

- ¿Cómo es posible que sanes tan rápido?

Me quedé callado. No iba a contestarle, por supuesto. Ojala no tuviera ese extraño poder de recuperación , entre otras cosas. Hubiera preferido mil veces estar en cama dos meses antes que estar metido en el lío en el que me encontraba.

- ¿Y bien? - Me instó a que contestara. Sonreí con una mueca irónica.

- Pensé que te había dicho que no me iba a molestar en responderte ¿Tengo que volver a decírtelo?

-No, da igual. No es necesario. - Allen suspiró y cerró un momento los ojos, para luego volver a abrirlos antes de salir con toda naturalidad de la habitación sin darme una explicación siquiera.

Me recosté en la cama, con cuidado de no rozar la herida con el colchón.

Supuse que el canijo se habría ido a buscar al dos puntos, el cual, se habría escondido en cualquier callejón cuando los akuma atacaron. La idea de que aquel niño saliese en busca del rubio no me hizo ni pizca de gracia, pero era simplemente porque odiaba a ese tipo. Era un auténtico plasta, todo el día detrás del Moyashi, sin dejarle a penas respirar. Pero claro, eso a mí no me importaba lo más mínimo. El problema era de Allen, no mío.

Por suerte para aquel acosador. Porque me habría presentado a él a ostias el mismo día que me hubiesen dicho que ese pelma iba a vigilarme. Para mi fortuna, yo no estaba en el pellejo del Moyashi.

Pasó casi una hora hasta que al fin el enano se molestó en regresar. Pude oírle avanzar a través de los pasillos, acompañado de un aroma que me resulto familiar. Era como...

Abrió la puerta con algo de dificultad, para después saludarme con una sonrisa y dejar un plato de soba en la mesilla de noche que estaba justo a mi lado. No podía dar crédito. ¿De dónde leches lo habría sacado?

- ¿Y... esto? - Pregunté luego de observar la comida durante un minuto. Él se sentó en la cama contigua a la mía.

- Bueno, pensé que necesitabas recuperar fuerzas. Y como a la mayoría de los platos los sueles mirar como si te diesen asco, pues pensé que lo mejor sería que comieras algo que te gustase.

- ¿Y de dónde lo has sacado? - Puede que estuviésemos relativamente cerca de Japón, pero seguíamos en Rusia, donde la mayor parte de la gastronomía consistía en un montón de sopas de aspecto bastante parecido al que tendría el agua de un barrizal servida en un plato hondo.

- La mujer del dueño de la posada sabe inglés, así que le pedí los ingredientes y que me dejase utilizar la cocina. Ha sido muy amable.

- ¿Lo has hecho tú? - Olía realmente bien, pero que el cocinero hubiera sido el Moyashi me parecía pega suficiente para no comérmelo – No pienso probarlo. A saber que has echado.

- Pues debí echarle mata ratas y un poco de cianuro, pero como supuse que no te haría nada, pues solo eché los condimentos normales que lleva la soba. No voy a obligarte a que te lo comas, pero si se enfría, perderás tu oportunidad y se lo daré a los gatos callejeros, que son más agradecidos que tú.

Me incorporé para poder coger el plato y el tenedor y observé la comida como si esta se hubiese convertido en un enemigo mortal. Pero nada, mi estómago le había ganado la batalla a mi orgullo.

- Que sepas que solo me lo como porque no está bien tirar la comida. Pero yo no te he pedido que hagas nada.

- Ya, vale. Me alegro por ti.

Enrollé los fideos de alforfón(1) en el tenedor y me lo llevé la boca como si no estuviera muy seguro de que aquello fuera realmente apto para el consumo humano.

No llegaba al nivel de la comida de Jerry, pero tenía que admitir que sabía bastante bien, aunque solo lo admitiera internamente.

- Comestible. - Dije lacónicamente, para luego continuar comiendo.

- Vale, eso es más de lo que podía esperar de ti. Así que supongo que debería darte las gracias.

No volví a pronunciar palabra hasta que terminé con toda la comida del plato. El Moyashi me habló cuando dejé el plato sobre la mesilla de noche.

- Se que no podemos pagarle al dueño del otro hotel todos los desperfectos que ha sufrido. Pero me gustaría al menos ir a pagarle nuestra estancia. Después de todo, nosotros somos los causantes indirectos de los destrozos.

Le miré un segundo, antes de fruncir el entrecejo.

- Eres un iluso, Moyashi. Lo más probable es que tanto el dueño del hotel como el resto de huéspedes murieran cuando los akuma derribaron la fachada. Si vas allí no encontrarás más que polvo. - Suspiré hondo y me acomodé con cuidado en la cama - Bueno, miento. Encontrarás nuestras maletas. Sería más útil que fueras a buscarlas que estar lamentándote por chorradas.

Sus ojos grises me miraron fijamente, abiertos de par en par.

- ¿Cómo puedes decir cosas tan horribles de esa manera? ¿Es que tiene el corazón hecho de piedra o qué?

- Solo soy realista. Y no pongas esa cara. Si tuvieras que sufrir por la muerte de todas las personas que no conoces, te volverías loco.

- De acuerdo, perdóname por no ser un bastardo insensible. No todos podemos ser como tú

Vi como se dirigió hacia la salida, indignado, pero antes de que pudiese dar dos pasos, comenzó a tambalearse y tuvo que sentarse en el suelo para no caer de bruces.

- Serás estúpido. ¿Es que todavía no has comido nada? - Él negó con la cabeza, mientras se llevaba la mano a la frente. - No se pude ser más idiota. Vete a comer ahora mismo. No tienes conocimiento ninguno.

El Moyashi se levantó como buenamente pudo y se acercó a la puerta con paso sosegado. Antes de abrirla, clavó sus orbes del color de la plata en los míos.

- No hace falta que se preocupe por las maletas, señor témpano de hielo. Link ya ha ido a buscarlas.

Salió de la habitación dando un fuerte portazo. Esta vez se había cabreado en serio. Lo que me faltaba en aquel momento.

Pero aquello no debía afectarme. Había sido sensato. No me parecía que aquello fuese como para disgustarse de la forma en la que el Moyashi lo había hecho. Me dije que yo no tenía una razón por la que sentirme culpable, y sin embargo, el malestar que acababa de aparecer en la boca de mi estómago me decía otra cosa bastante diferente.

Traté de no soltar un suspiro. Yo no tendría que sentirme culpable por nada que el dijese si simplemente no le dijese nada. Los dos nos ahorraríamos bastantes problemas. De todas formas, tendría que hacer algo para calmarle cuando regresara.

Me revolví en la cama, tratando de buscar una postura más cómoda. Hasta que el crío volviera, decidí olvidarme del tema.

Era asqueroso tener que quedarme ahí tumbado sin hacer nada. Me crispaba los nervios, pero sabía que no tenía otra opción. La recuperación de mi cuerpo era casi milagrosa, pero tampoco debía forzarme. Solo serían un par de días. Podría soportarlo.

De todas formas, para estar sin hacer nada, era más conveniente que durmiera un rato, ya que aquella noche la única hora de sueño que había tenido no es que fuese demasiado reparadora.

Cerré los ojos y me dormí sin dificultad, para poder despertarme tres cuartos de hora más tarde, abriendo los ojos de par en par, con unas ganas terribles de darme cabezazos contra la pared.

Definitivamente, odiaba soñar. Era la habilidad más inútil e incongruente que poseía el maldito cerebro humano. Aunque mi cerebro tenía una cualidad aun peor: La de sacarme de mis casillas.

No había sido una pesadilla (dependiendo de como se interpretase, ya que para mí en cierto modo, sí que lo había sido), pero ese sueño resultó ser mil veces más molesto que una, al menos en aquel momento, consciente de las mil y una chorradas que aquellas imágenes oníricas me habían mostrado, y como estas martilleaban mi cabeza y golpeaban mi pecho logrando, para mi horror, que los latidos de mi corazón se acelerasen más de lo que lo hubieran hecho durante la más largas de las carreras que yo hubiese llevado a cabo.

Traté de tranquilizarme y de pensar que solo había sido un sueño, pero supe que eso no era ningún consuelo, ya que según había leído era mi propia mente la que, partiendo de experiencias personales, recreaba esas escenas mientras yo dormía.

¿Experiencias personales? ¡Y una mierda! ¡Qué me partiese un rayo si acaso yo había pensado, o incluso llegaba a desear alguna vez, besar a aquel niño de cabellos de anciano!

Permanecí tumbado tras volver a cerrar los ojos, tratando por todos los medios de sacar aquellas imágenes de mi cabeza, pero parecían tan claras, tan reales, como si realmente lo hubiese vivido.

No se cuanto tiempo pasé sin moverme ni un ápice, luchando conmigo mismo para no pensar en nada y fracasando estrepitosamente, sin que pudiese hacer que sus enormes y brillantes ojos grises desaparecieran de mi cabeza.

Debía calmarme. Estaba demasiado agobiado por todo lo ocurrido en aquellas tres semanas, por aquel maldito viaje y por la presencia del jodido Moyashi. Ese condenado niño había sido demasiado atento últimamente, tratando de entenderme y cuidándome ahora que estaba herido. Y lo peor de todo es que sus atenciones no me habían resultado molestas...

No, no podía ser. Aquello no podía estar ocurriéndome a mí. Tuve que incorporarme como pude, porque me faltaba el aire. Me lleve la mano a la frente y comprobé que estaba cubierta de sudor frío. Tenía palpitaciones y estaba comenzando a marearme.

Cuando me di cuenta de lo que me ocurría , traté de regular mi respiración y de convencerme a mí mismo de que no iba a morir de un infarto. Santo cielo, tanto pavor me daba llegar a sentir algo por alguien que solo de pensar que podría estar enamorándome de ese crío me había dado un ataque de ansiedad.

Respiré hondo varias veces, dejando mi mente en blanco. Aun sentía una enorme presión en el pecho, pero al menos mis pulsaciones se habían regulado.

Me quedé mirando a la mano que se encontraba en mi torso, la cual se movía de forma acompasaba, acompañando a mi respiración, hasta que una mano pálida se posó sobre la mía.

- ¿Estás bien, Kan...?

Atrapé su muñeca con fuerza desmedida, retorciéndola. Una mueca de dolor se dibujo en su rostro.

- ¿¡Qué coño crees que estás haciendo, Moyashi!?

Él se soltó de mi agarre con un tirón. Y con su mano negra como el carbón se sobó la muñeca.

- ¿Se puede saber que te pasa? ¿Te has vuelto loco o qué?

Me levanté de la cama, mientras él retrocedía un paso, sorprendido.

- ¿Que qué me pasa? Eso querría yo saber.

No sabía bien lo que estaba haciendo, solo avanzaba paso a paso hacia su dirección, mientras el se alejaba de mí, dominado por aquel malestar en mi pecho, que me hacía sentirme inseguro y a punto de estallar.

Finalmente, le arrinconé contra la pared y tras apoyar un puño en el tabique, le miré directamente a los ojos. Tenía los labios levemente separados, probablemente porque estaba pensando en decir algo. Tuve un impulso y entonces comencé a asustarme. Tenía que dejar las cosas claras cuanto antes. Alejarle de mí a cualquier precio.

- ¡No vuelvas a acercarte a mí! ¿Me estás oyendo? No quiero que me hables, que trates de ser amable conmigo, ni siquiera que me mires. Estoy harto de ti. ¡Si vuelves a inmiscuirte en mis asuntos lo vas a pagar muy caro! ¿¡Lo has entendido!?

Me miró fijamente, apretando la mandíbula.

- No se te ocurra volver a chillarme. No eres nadie para tratarme así. Si tienes problemas es cosa tuya, pero no lo pagues conmigo.

- ¡Yo lo pago con quien me da la gana, crío del demonio!

- ¡Dejame en paz! ¡Y no me grites!

Había perdido por completo los estribos. Él era el causante de que estuviese así en aquel momento, entonces él pagaría las consecuencias. Quise hacerle daño, que sufriera el mismo dolor que a mí ahora me atacaba el pecho. Quería que llorase, que me odiara, que se alejara de mí para siempre. Me daba autentico terror la idea de sentir cualquier clase de afecto por él. Sí se empeñaba en volverse una obstáculo, entonces tendría que eliminarle de mi vida a como diera lugar.

Así su muñeca otra vez, y él forcejeó para soltarse. Vi la molestia en su rostro, mientras luchaba por apartarse de mí.

- ¡Suéltame! ¡Ahora mismo!

Comenzó a tirarme del pelo, tratando a la desesperada de no tener que utilizar su inocencia para acabar con aquello, ya que mi fuerza física era muy superior a la suya.

Me detuve de repente y el Moyashi se quedó quieto también, sorprendido de mis reacciones. En medio de aquel tira y afloja, no me había dado cuenta de que estaba demasiado cerca de él. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas por el esfuerzo de tratar de liberarse de mí. Sus ojos refulgían con la fuerza de dos enormes estrellas y su respiración era entrecortada.

Me acerqué más a él sin darme cuenta, como si estuviera preso de un hechizo del que no podía liberarme por más que lo intentara. Quedé apenas a unos cuantos centímetros de su rostro, tan cerca que podía notar la calidez y el aroma de su aliento. Él se había quedado totalmente paralizado. Parecía estar esperando algo.

No debía hacer aquello. Si había hablado al Moyashi de esa manera era para que ese momento no ocurriera. Pero al final, ahí estaba yo, a punto de perder el control y, lo que era aun peor, muriéndome de ganas por perderlo.

Sin pensarlo siquiera, roce mis labios con los suyos durante un instante que para mí se volvió eterno. Un contacto dulce y amable, justo como eran las cosas que a mí jamás me habían gustado, y aun así, aquella sensación me estaba pareciendo maravillosa.

Él no reaccionaba. Había dejado sus labios entreabiertos debido al asombro del que parecía no poder salir, lo cual aproveché para profundizar más el beso.

Aun tenía agarrada su muñeca, pero había olvidado someterla a la fuerza con la que antes la sujetaba, así que aquel asimiento parecía más bien una caricia, aunque esta fuera algo torpe y burda. Y su mano izquierda estaba en la misma situación: Aun sostenía mis cabellos, pero ya sin tirar de ellos, solo los retenía entre sus dedos con mucha suavidad.

Mi corazón latía de forma desbocada, cerca del suyo, el cual parecía estar al borde del colapso.

Unos cuantos golpes sonaron en la puerta. Me separé de él con brusquedad y me fui al otro extremo de la habitación, al borde de un nuevo ataque de ansiedad por lo que acababa de hacer.

No le miré ni un instante, traté de convencerme a mí mismo de que el Moyashi no estaba ahí, que él no era más que un mueble que formaba parte de la habitación.

Pasaron unos cuantos minutos, y a excepción de los golpes de la puerta, el silencio era sepulcral. Al final el Moyashi logro decir en un susurro un tenue "adelante", mientras probablemente aun luchaba por comprender que había ocurrido.

El dos puntos entró en la habitación, cargando con tres maletas. Miró a Allen, luego a mí, y luego de nuevo a Allen.

- ¿Ha ocurrido algo que deba saber, Walker?

Tanto el enano como yo negamos con la cabeza. Allen comenzó a andar hacia la puerta.

- Yo... creo que me voy a tomar el aire un rato.

Salió de la habitación con tranquilidad, arrastrando los pies. Link me dedicó una mueca mientras fruncía el ceño.

- Tengo unas cuantas preguntas que hacerte, Yuu Kanda. Y más vale que cuando llegue el momento des una respuesta convincente.

Y se marchó detrás del Moyashi, quedándome entonces yosolo en aquella luminosa habitación de hotel, con los nervios de punta, viendo como la luz del mediodía penetraba por la ventana.

Continuará..

El rincón de las estupideces de Hermachis.

Glosario:

(1) Alforfón: Trigo sarraceno. Es el trigo con el que están hechos los fideos de soba. Tiene sentido que Allen pudiese encontrar esos fideos porque Rusia es el segundo país del mundo en la producción de esa clase de trigo.

Se acabó el capítulo cuatro, el cual es un enorme monstruo de cinco mil palabras o.o Creo que es el capítulo más largo que he escrito jamás, y lo más divertido, es que en realidad tendría que ser el doble de largo (otra vez me pasa lo mismo, no se como me las apaño xD)

En fin, tengo deberes (bastantes), además de que estoy cansada. Asique no creo que a nadie le importe si no me quedo a contar mi vida xD En otro capítulo será. Solo una cosa (en realidad dos xP) Parece que los diálogos filosóficamente paranoicos han tenido buena aceptación. Uf, menos mal n.n Pensé que habría logrado que terminaran sobadas hasta las rocas (aunque lo verdaderamente impactante sería ver a una roca leyendo un fic o.o) lol Y bueno, parece que Allen más o menos ha vuelto a ser Allen, pero Kanda se ha perdido por los cerros de Úbeda. En fin, para el próximo capítulo iré a buscarlo xD

Gracias a Ichi-Ichi, Sinlen, Meroko, hinata, Dircray, jicalazuxil, Lissy Aquarius y Pat Peeves por sus comentarios ^^ Los reviews anónimos están contestados en mi perfil.

Y gracias también a los que leen el fic y les gusta, aunque no deje comentario por razones que desconozco xP

¡Hasta pronto!