Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: Ni D Gray-Man ni ninguno de sus personajes me pertenecen. Son propiedad de Katsura Hoshino-sensei y de aquellos que compraron la licencia del manga y el anime por el ansia viva (?) Yo solo los tomo prestados para hacer mis paridas mentales. Soy pobre y seguiré siendo pobre porque por este fic no me dan ni billetes del monopoly (el papel es caro, ya se sabe) Es mío, aunque parezca increíble, el argumento que desarrollo. Así que pediría por favor que no me plagiara nadie, aunque no se quien es el imbécil que iba a querer plagiar algo de este esbozo de cosa o.o
Advertencias: OOC (... ¿Hace falta que comente algo? Si has leído hasta este capítulo ya sabes de que va la cosa xD) Violencia, leves retazos de Shonen-ai, y... una sorpresa (es que si lo digo no tiene gracia. Y no, no es un lemon )
Gracias a mi querida beta Meroko , primero por soportarme xD Luego por leer y finalmente por corregir, que últimamente tiene la pobre mucho trabajo porque me ha dado por escribir como un mono borracho.
Capítulo 5
Las olas del Mar de Japón chocaban con vehemencia contra el casco del barco en el que yo viajaba desde hacía ya casi tres horas.
Había pasado las dos primeras horas dando vueltas por el barco, ya que todo el navío estaba atestado de gente. Traté de buscar a la desesperada un sitio donde conseguir algo de tranquilidad, aunque no la logré hasta que me quedé quieto en un lugar, con cara de pocos amigos. Probablemente eso y el hecho de llevar una katana a la espalda influyera en los viajeros para que se mantuvieran alejados de mí.
Me alegré de que toda aquella gente tuviera dos dedos de frente y no se le ocurriera a nadie ni tan siquiera mirarme, porque habría estado dispuesto a sacar a pasear a Mugen contra cualquiera que se acercase a más de veinte metros, incluso aunque solo hubiese querido preguntar la hora.
Estaba de un humor de perros, y no parecía que mi estado anímico fuese a mejorar en algún momento. Y todo porque yo había sido tan rematadamente imbécil como para cometer la mayor estupidez que jamás había hecho.
Si tan solo fuera eso, podría haberlo dejado pasar. Incluso yo cometía errores. Pero aquello iba más allá, y es que por más que lo intentara no podía borrar la sensación que aquella estupidez había dejado en mí. Ni el recuerdo del sabor de sus labios, ni del aroma de sus cabellos, ni del calor de sus mejillas ante aquel efímero contacto, nada de lo que viví en aquel momento había remitido un ápice. Todo seguía en mi pecho, como si se hubiese grabado a fuego, por más que yo intentara con todas mis fuerzas olvidarlo como fuese.
Respiré hondo, inhalando el aire húmedo que traía la brisa, y traté una vez más de dejar la mente en blanco. Me di cuenta entonces de que todos mis años de meditación intensiva no habían servido para nada, ya que ni siquiera era capaz de no pensar en nada durante un par de minutos.
Me llevé las manos a las sienes y las apreté con cuidado. Recordé los últimos días, que habían sido de todo menos agradables.
Después de aquel pequeño incidente, el silencio entre Allen y yo era tan tenso que prácticamente se podía cortar. Él a veces se me quedaba mirando, pero yo con ignorarlo tenía suficiente.
Al día siguiente, mi herida estaba casi curada, por lo que decidí esforzarme un poco para poder ponernos en camino lo más rápido posible, ya que cuanto antes acabase ese viaje, mejor para mi salud mental.
El dos puntos comentó que la Orden se había puesto en contacto con él para decirle que ya teníamos un medio de transporte con el que llegar a Japón. Aunque él ni siquiera explicó de que se trataba, cogimos un barco rumbo a Nakhodka(1) sin hacer preguntas, más que nada porque ni el Moyashi ni yo estábamos dispuestos a hablar, no fuera a ser que nos viésemos obligados a cruzar la palabra.
Me levanté del lugar en el suelo en el que me había acomodado y me acerqué a la barandilla para poder observar si faltaba mucho para estar en tierra firme.
En ese momento, algo que volaba a toda velocidad chocó contra mi cara, para luego alejarse y volver a arremeter contra mí, con más fuerza incluso. Detuve al maldito golem del enano antes de que pudiese saltarme un ojo. Lo agarré por el rabo y miré hacia donde debían estar su inexistentes ojos.
- Esfúmate. Ahora – Dije sin mucha delicadeza. El golem se liberó de mi agarre y abrió la boca para poder proyectar algo en el aire.
La escena me resultó tan familiar como desagradable. Traté de capturar a la criatura, esta vez para borrarla de la faz de la tierra, cuando me di cuenta, abochornado, de que había grabado mi encontronazo con su dueño en la habitación del hotel.
- ¡Borra eso ahora mismo, bicho inmundo!
El golem se negó, y volvió a abrir la boca para proyectar algo más.
Esta vez me mostró una imagen de Allen, con la mirada perdida en el horizonte azul. Vi la misma barandilla que tenía delante, así que supuse que esa imagen había sido grabada hacía poco. El niño llevó disimuladamente su mano derecha a uno de sus ojos, para restregárselo. Trataba de sonreír, pero gracias a aquella lágrima que acaba de limpiarse no podía engañar a nadie.
Después de eso, la esfera dorada trató de golpearme una vez más. Yo la detuve como pude.
- Eso no tiene nada que ver conmigo, cárgale el muerto al enano. La culpa la tiene él, por ser tan jodidamente sentimental.
Cielos santo, había perdido el juicio. Estaba tratando de razonar con un golem, el cual me estaba acusando de haber hecho que el Moyashi estuviera triste.
Aquella cosa me mostró sus dientes, totalmente dispuesta a atacarme.
-¿Qué coño quieres que haga?
Me volvió a mostrar la imagen de Allen.
- Se te ha cruzado un cable si piensas que voy a disculparme con él, golem.
Ya no se contentó con enseñarme los dientes, si no que me los clavó en el brazo.
Traté de arrancármelo, pero no había manera, se había enganchado a mí con todas sus fuerzas. Justo cuando empecé a creer que iba a tener un adorno dorado eternamente en el brazo, una mano enguantada lo agarró y el golem se soltó.
- Timcanpy, te dije que no volvieras a hacer eso. - Aun desde las manos del Moyashi, el golem me mostró su hilera de colmillos afilados, de la cual resbalaban unas cuantas gotas de sangre.
Se hizo un silencio terriblemente incómodo entre los dos. ¿Qué se suponía que debía decirle? ¿Gracias? ¿Piérdete? ¿Tu golem es un puto psicópata? La verdad, es que para mí ninguna de las palabras o frases que pasaban por mi cerebro en aquel momento tenían sentido alguno.
- Kanda... - Miró hacia otro lado mientras respiraba hondo. Vi por encima de su hombro que el acosador rubio nos observaba con atención. - ¿Es cierto lo que me dijiste? Lo de que no me quieres cerca y eso...
Traté de no mirarle a los ojos, mientras convertía mi rostro en una máscara helada.
- Es cierto hasta la última palabra. Tómalo en cuenta de una maldita vez y déjame en paz.
Aquello era el colmo. El golem me estaba gruñendo.
- Si eso es lo que quieres, de acuerdo. Prometo no volver a molestarte más.
- Sabia decisión. - Repliqué sin pensar. Aquel "Si eso es lo que quieres" se me había quedado atascado a la altura de la boca del estómago. Pero aunque me molestase a sobremanera, yo sabía bien que no era eso lo que yo quería, pero que era lo mejor para los dos.
Comencé a oír el barullo típico de un puerto y me di cuenta de que estábamos a punto de llegar a nuestro destino. Guardé un suspiro en lo más hondo de mi garganta. Me sentí aliviado al poder liberarme un poco de aquella incómoda situación.
Ignoré al Moyashi, al estúpido golem y, por supuesto, al idiota del acosador. Supe que me había dedicado una mirada inquisitiva, pero poco me importó. Aunque sí que tenía curiosidad por saber que tenía que decirme aquel hombre, aunque suponía que no sería nada bueno.
Me quedé cerca del lugar donde pondrían la plataforma por la que desalojaríamos el barco, manteniendo las distancias con el resto de personas que esperaban allí el final de viaje.
Bajamos de la nave por separado, para encontrarnos más tarde en el muelle, sin que nadie dijese nada. Mientras buscamos un carruaje que nos llevara fuera de la ciudad, el Moyashi permaneció pensativo, mirando al frente. Yo desvié sin querer la vista hacia él, para verme en realidad a mí mismo, confuso y enojado, al darme cuenta de que deseaba poder entrar en su cabeza para ver que era lo que cruzaba por ella.
El golem del niño dejó el lugar que había tomado en su hombro para volar lejos de él y comenzar a revolotear a mi alrededor, mostrándome los dientes cada vez que pasaba ante mis ojos. Supe que me estaba echando la culpa otra vez.
Miré hacia delante, totalmente seguro de que la calma que parecía rodearnos era ficticia, y de que tarde o temprano tendría que rebajarme a hablar con el niño seriamente si quería salvar la poca cordura que podía quedarme. Pero en aquel momento lo dejé pasar. Ignoré a Allen y disfrute de mi falsa tranquilidad. Después de todo, ya tendría tiempo para que ese golem con instintos homicidas, defensor irracional de la integridad del Moyashi, viniera a recordarme a dentelladas cual era la auténtica realidad.
OoOoOoOoO
Di un paso más, hundiendo las plantas de los pies en el barro, manchando de agua y lodo la parte inferior del uniforme de exorcista.
El dos puntos, que iba delante indicando el camino, se detuvo. Mantuvo su cara inexpresiva, pero yo sabía que no tenía ni la más remota idea de dónde nos habíamos metido.
Conseguimos un carruaje que nos llevo, por orden de aquel estúpido alemán, hasta las afueras de la ciudad, donde terminaba el camino y empezaba un llano y enorme pastizal, accidentado solo por dos pequeños montes que se erigían en medio de la nada, casi como si alguien los hubiese puesto allí aposta.
Habíamos comenzado a caminar por aquel lugar desierto, adornado de vez en cuando con algún animalito molesto al que tuve ganas de patear, sin que yo tuviese ni la más remota idea de a donde nos dirigíamos.
- ¿Falta mucho? - Preguntó el Moyashi después de media hora caminando sobre la hierba húmeda - ¿Por qué no nos has dicho a dónde vamos?
- No es necesario. Estamos a punto de llegar.
¿A dónde coño se supone que íbamos a llegar si allí no había más que pasto y tierra? Estuve tentado a gritárselo a la cara cuando levantó un brazo y señaló hacia el frente.
En al lejanía comenzaba a verse una extraña masa blanca, que se fue haciendo más grande según avanzamos, hasta que al fin pude distinguir un globo dirigible a una distancia considerable de nosotros.
- No vamos a subir a esa cosa ¿Cierto? - Dije con el ceño fruncido.
- ¿Se te ocurre una forma mejor de llegar hasta Japón, Yuu Kanda ?
- Cualquier forma es mejor que ir en eso.
- ¿Y que es "eso" exactamente? - Preguntó el enano al ver que no se estaba enterando de nada.
El dos puntos le explicó lo que era un dirigible y al Moyashi se le iluminaron los ojos.
- ¿Vamos a ir volando?
- Es la forma más rápida de viajar. Llegaremos a Osaka en un par de días
- Eso si es que llegamos... - Repuse sin mucho ánimo, evitando que en mi rostro se mostrara una mueca.
- ¿Acaso no te gustan las alturas? - El rubio fijó sus ojos en mí. El tono que utilizó para hablarme había sido tan hostil que incluso me hizo gracia. Que pena que en lugar de reírme tuviera ganas de quitarle esa cara de idiota a patadas.
- No me gustan las cosas que suelen estrellarse. Sería más seguro cruzar el mar subido en un tronco que ir en ese cacharro.
- No tienes que montar si no quieres. Siempre puedes llegar a nado.
- Me parece una mejor opción.
Me miró con una mueca y el ceño fruncido. Supe que quería contestarme, pero no tuvo la oportunidad. Estábamos a escasos metros de la aeronave. Cerca de la escalera de acceso nos esperaba un hombre rubio con bigote que debía estar cerca de los cincuenta años.
- Bienvenidos exorcistas – Hizo una leve inclinación de cabeza cuando nos detuvimos a su lado – Soy James Owen, el piloto de esta belleza.
El Moyashi se adelantó y le tendió la mano.
- Encantado de conocerle. Soy Allen Walker.
- Igualmente, hijo. - Señaló al rubio, que permaneció estoico. - Tú debes ser Howard Link y él...
Las tres cabezas dirigieron su vista hacia mí.
- Digamos que seré tú peor pesadilla si este trasto falla. Es todo lo que necesitas saber.
Me dedicó un gesto de confusión.
- Eso está bien, supongo. Entonces en marcha. Aun quedan muchos kilómetros que recorrer.
Subimos al aparato y despegamos sin ningún contratiempo. En media hora ya habíamos volado lo suficientemente lejos como para perder de vista la costa.
La cabina en la que nos encontrábamos no era demasiado grande. Había un pequeño puente en el que se encontraba el piloto y el Moyashi, que no paraba de hacerle preguntas sobre como funcionaba el dirigible y de si podía pilotarlo, recibiendo como respuesta (por suerte) una sonora carcajada y un "cuando tengas licencia de pilotaje para aeronaves ligeras ya veremos" El dos puntos se encontraba sentado en la escalera que comunicaba el puente con el resto de la nave, sin perder de vista al Moyashi. Yo me había apoyado en la pared de metal y miraba por las ventanas que había al frente del aparato(2)
Pasó el tiempo y finalmente se hizo de noche. La nave continuó rumbo Japón a pesar de que el piloto debía guiarse en la más absoluta oscuridad. La única luz que había era una bombilla poco luminosa sobre el puente, que dejaba el resto del cubículo en semipenumbra.
Cuando comenzó a hacerse tarde, el enano empezó a cabecear, luchando por no quedarse dormido. Link le dijo que debía irse a dormir por que no era saludable para alguien de su edad estar despierto a esas horas.
- ¿Y qué pasa con usted señor Owen? ¿Va a estar en vela toda la noche?
- No te preocupes por mí. Una noche sin dormir no es nada para un viejo.
Allen asintió, para luego irse a un rincón y acurrucarse en el suelo, quedando dormido casi al instante.
Cuando la respiración del Moyashi se reguló, el dos punto bajó las escaleras y quedó justo delante de mí.
- Eres un enfermo.
- ¿Perdón?
Levanté la mirada, sin dar crédito a lo que acababa de oír. Lo había dicho en voz baja, para que no se enterasen ni el piloto ni el canijo.
- Eres un depravado por inducir a un niño a semejantes perversiones.
- ¿Qué coño me estás contando?
- Vi como besabas a Walker ayer.
¿Pero qué...? Mierda. Eso era justo lo que me faltaba.
- Métete en tus asuntos.
- No puedo permitir que haya semejantes inmoralidades frente a mis ojos y quedarme callado. Eres un exorcista, por el amor del cielo. Tener un contacto así con una persona de tu mismo sexo...
- A mí no me vengas con rollos puritanos. No soy yo el que se pasa las veinticuatro horas detrás de él.
Vi que le acababa de dar un tic en el ojo.
- No se trata ni mucho menos del mismo contexto. Yo nunca he tenido esa clase de intenciones hacia Walker. Si le sigo es solo porque se trata de mi trabajo.
- Gran trabajo el tuyo, sin duda. Violar la intimidad de Allen...
- ¿Estás tratando de acusarme de algo, Yuu Kanda? Porque no eres el más indicado para hacerlo, maldito monstruo.
- ¿Cómo me has llamado?
Estuve a punto de arrearle un puñetazo cuando una voz cansada nos habló desde el otro lado de la cabina.
- ¿Pasa algo? - Preguntó el Moyashi restregándose los ojos. Nos miró confundido, tratando de averiguar cual era el tema de nuestra discusión.
- Duérmete, Walker. Estamos hablando los adultos. - Me miró con el ceño fruncido antes de dedicarme una mueca – Si es que se te puede considerar un adulto.
- No me trates como si fuera un niño. - Allen se levantó y se acercó a nosotros - ¿Por qué discutís?
Ninguno de los dos dijo nada, yo sobre todo porque no quería hablar con él.
- Me voy a dormir.
Los dejé allí plantados y me tumbé lejos de ellos. Reduje mi respiración al mínimo, pero me quedé despierto. Link le dijo algo Allen en un tono muy bajo, pero que yo pude oír con total claridad. Le observé con los ojos entrecerrados
- Si vuelve a tratar de propasarse contigo, Walker, atácale. La Orden entenderá que se trata solo de defensa propia hacia un acto tan deplorable. - Pude ver como las mejillas del Moyashi se teñían de rojo ante ese comentario. - De todas maneras, informaré a la Orden de su comportamiento y me aseguraré de que se le castigue.
- No creo que eso sea necesario. Estoy seguro de que no lo volverá a hacer.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Pues... porque es Kanda. Seguro que se arrepiente de haberme besado y no volverá a hacerlo. Ni siquiera se porqué lo hizo en primer lugar.
- Está claro que tiene una mente demasiado retorcida. No es de fiar.
Aprovechándose de que estaba supuestamente dormido para ponerme a caldo. Ese rubio estirado se estaba ganando a pulso una paliza.
- Tampoco es eso. No sabe tratar con la gente, pero no es mala persona. Solo un poco irascible.
- Confías demasiado en las personas. Voy a darte un consejo: si no quieres que se sospeche más de ti, mejor mantente alejado de él.
El enano ladeó la cabeza.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Tú simplemente tenlo en cuenta.
El dos puntosse alejó y regresó a la escalera, mientras el Moyashi se quedó un rato de pie, observando fijamente las estrellas. Cerré los ojos del todo y me dormí.
El día siguiente no fue mejor que el anterior. Yo me quedé sentado en un rincón, con los ojos cerrados, tratando de ignorar todo lo que me rodeaba a pesar de que hacerlo fuese tarea imposible.
El ambiente estaba tan tenso que me golpeaba en al cara, pero yo traté de mantenerme sereno y de aparentar que todo me resbalaba, aunque en el fondo estaba deseando montar una batalla campal con derramamiento de sangre incluido, teniendo un muy claro contendiente de pelo rubio.
Después de unas cuantas horas de insostenible silencio, roto solo a veces cuando el Moyashi preguntaba alguna chorrada sobre el dirigible, vimos por fin la isla de Honshu, la más grande de Japón. En unas cuantas horas llegaríamos a Osaka y habríamos hecho la mitad del trabajo, ya que aun nos quedaba regresar a la Orden.
Cada vez que pensaba que habíamos recorrido tantos kilómetros y había tenido que pasar por tantas cosas, probablemente solo para encontrarnos con una ciudad infestada de akumas en la que en realidad no había nada fuera de lo común, me hervía la sangre.
Abrí los ojos y miré por la ventanilla. Habíamos descendido y podía verse con más precisión las ciudades que íbamos sobrevolando. Pude observar, por fin, la ciudad de Osaka a unos cuantos kilómetros de nosotros. El aparato descendió más aun para preparar el aterrizaje.
Tuve un mal presentimiento. Giré la cabeza y vi que Allen estaba tenso, atento. Él también lo había notado. Su ojo izquierdo cambió de formas y yo, sin dudarlo ni un momento, me tiré de bruces al suelo justo cuando un brusco movimiento desestabilizó la nave y comenzamos a caer en picado. Varios agujeros se abrieron en la cabina de metal, dejando ver las garras que en ella se habían clavado.
La velocidad de la nave aumento vertiginosamente, pero el piloto logro realizar un milagroso aterrizaje de emergencia. A pesar de las muchas contusiones, seguíamos vivos, pero no tendríamos la suerte de mantener ese estado si nos quedábamos allí metidos, y la puerta de salida había decidido atrancarse justo en ese momento.
Desenvainé a Mugen y destrocé la puerta. Fui el primero en abandonar el aparato. Miré a mi alrededor, en busca del ser que nos había atacado. Me llegaba su olor, sentía su presencia, pero no pude verle. Akuma cobarde que se escondía a las primeras de cambio.
Allen se encontraba detrás de mí, ataviado con su capa blanca y sosteniendo en su mano derecha una enorme espada.
- ¿Dónde está? - Le pregunté cuando vi que no se movía.
- No puedo notarle. Debe de haberse alejado.
- Jodido bicho. - Link y el piloto salieron de la nave – Vosotros dos, si no queréis que ese akuma os convierta en polvo, más vale que os quedéis dentro. Solo vais a molestar.
- No me subestimes, exorcista – Me contestó el rubio, sacando del bolsillo lo que parecían ser unas estampas de papel grabadas con varios símbolos – Yo también puedo luchar. Yo me encargo de proteger al señor Owen.
- Suerte con lo tuyo. Yo he avisado. No quiero saber nada de vosotros dos. Me desentiendo.
Comencé a caminar, seguido por el Moyashi, que se mantenía a unos metros de mí. Ese akuma volvería. No sabía porqué, pero estaba seguro de que trataría de rematarnos. Estábamos en medio de la nada, aunque a lo lejos pude ver el tejado verde del imponente castillo de Osaka sobresaliendo entre los árboles, y hacia allí me dirigí. Ya tendría tiempo después de revisar el lugar y pensar en la manera de salir de aquella isla.
No sabía cual era la razón, pero no me sentía bien. Era como si algo en mi interior estuviese fallando, pero no podía identificar de que se trataba. No era dolor, no se trataba de un malestar físico, pero eso no lo hacía más llevadero.
Quizás era parte de aquellos recuerdos encerrados que a veces luchaban por salir. Yo había nacido y vivido allí un tiempo. Sabía que había sido así, pero no podía recordarlo. Probablemente era eso lo que me hacía sentir esa especie de angustia que me apresaba.
Tan absorto estaba en mis pensamientos que no me di cuenta hasta después de un rato que había dejado de oír los pasos que hasta hacía un momento me seguían.
- ¿Moyashi?
Me di la vuelta y le vi mirando hacia arriba, totalmente pálido. Antes de que pusiese decirle algo más, cayó de rodillas, sin desviar la vista del cielo.
- ¿Qué coño te ocurre? - Sacudí su hombro esperando una respuesta, pero él se limitó a soltar su espada y señalar a lo que estaba mirando.
No supe a que atenerme cuando vi a lo que parecía ser un enorme dragón negro volando sobre nuestras cabezas. Tenía las garras afiladas como cuchillos, al igual que sus colmillos, los cuales nos dejo ver cuando abrió la boca para emitir una sonora carcajada.
- ¿¡Qué demonios es eso!?
Allen abrió la boca para contestarme, pero la cerró de nuevo, luchando por no vomitar.
Mire a los profundos ojos negros de la criatura, la cual me mostró una mueca que pretendía parecerse a una sonrisa. Agarré a Allen como pude para saltar lejos, evitando que las llamaradas púrpuras que acababa de soltar nos alcanzaran. Las plantas a las que alcanzó el fuego, marchitaron y murieron al instante.
- Aku… akuma... - Me dijo sujetándose de mi brazo, aun mareado – Ese monstruo es un akuma.
¿Un akuma? Me fijé entonces en el pentáculo que había en su garra derecha.
- ¿Qué nivel es?
- No... no lo se.
- ¿¡Cómo que no lo sabes!?
Se separó de mí, manteniéndose en pie a duras penas, ya que le temblaban las rodillas.
- Es horrible - Sus lágrimas rodaban sin consuelo por sus mejillas - ¿Cómo es posible que exista algo semejante?
Volvió a levantar la vista para observar al akuma. Finalmente no pudo evitarlo y se hincó de nuevo en el suelo para devolver.
Entonces comprendí que le ocurría: La vista del alma de aquel monstruo era tan horrenda que le hacía vomitar. ¿De qué nivel debía ser aquella criatura para que le provocara aquello?
Allen se limpió con el dorso de la mano, mientras yo me preparaba para arremeter contra aquel bicho diabólico.
- ¡No! - Me tomó por la manga justo cuando iba a lanzar mi ataque – Te matará.
- Lo hará de todas maneras si no le destruimos.
- No podemos. Tenemos que huir.
- ¡Una mierda vamos a huir! ¡No seas cobarde!
Le tomé por el brazo y le obligué a ponerse en pie. El dragón se posó entonces en el suelo y volvió a soltar una carcajada. Clavó su atención en mí y habló con una voz hueca, metalizada, que habría podido jurar que había oído antes. Mantuve a Allen detrás de mí, sacándole del campo de visión del monstruo.
- Me suena tu cara ¿Dónde te he visto yo antes? – Dio un paso hacia nosotros. Tenía que abatirle. Si no lo hacía nos mataría. Pero no podía dejar a Allen en ese estado. Él tenía que entrar en razón y luchar también. Avanzó un paso más y el Moyashi seguía sin reaccionar. Estaba más pálido incluso y parecía estar a punto de desmayarse. Los ojos negros de la bestia se fijaron en la rosa de los vientos de mi uniforme - ¿Exorcistas? Esto va a ser divertido.
Y atacó. Empujé a Allen lejos, haciéndole caer, para blandir mi espada contra el akuma. Golpeé su lomo con todas mis fuerzas, sin lograr siquiera hacerle un rasguño. Evité un zarpado y salté hacia otra dirección. Lo único que tenía en mente era alejar a la criatura de Allen. No podía permitir que fuese a por él.
Dios ¡Estúpido Moyashi! Siempre me metía en líos por su culpa. Si salíamos de esa iba a darle la paliza de su vida.
Activé la segunda ilusión de Mugen, pero ni siquiera con Nigentou pude hacerle herida alguna. Parecía estar cubierto por una coraza inexpugnable. Pero eso no me detendría. Iba a matarlo, como fuese. Incluso si no tenía la ayuda del Moyashi.
Me defendí de sus ataques con cierta dificultad, pero sin ser dañado en ningún momento. Era demasiado grande como para tener la rapidez suficiente que le pudiese permitir rozarme siquiera. Yo no podría herirle, pero él no podría alcanzarme. Aquella batalla iba a ser larga.
O eso creía. La criatura se detuvo de repente, para luego girar la cabeza y volar en otra dirección. Busque entonces sin querer a Allen con la mirada. Estaba lejos del monstruo, se había puesto de pie y tenía mejor color. Y el akuma no se estaba dirigiendo hacia él. Traté de encontrarle, pero otra vez aquella mala bestia se había esfumado.
El Moyashi corrió hacia mí y quedó a mi lado.
- ¿Estás bien?
- Sí, pero no gracias a ti, desde luego.
Bajó la mirada y se mordió el labio.
- Lo siento... No puedo. De verdad que no puedo.
- Puedes enfrentarte cara a cara a cualquier Noah e incluso al Conde... ¿Y me estás diciendo que no puedes con un misero akuma?
- No es un mísero akuma. - Frunció el ceño, como si se le acabara de revolver el estómago – Tú no lo has visto. Si existe el infierno, te aseguro que el alma de ese akuma era su representación más fiel. Nunca he visto nada parecido.
- A mí no me jodas. ¿Vas a dejar que eso te afecte? Eras tú el imbécil que quería salvar a los akumas. Pues ese akuma también necesita ser salvado, por si no te has dado cuenta.
- Lo sé... Pero esta vez voy a luchar. Debo hacerlo.
- Sí, más te vale que lo hagas. - Aun sentía la presencia del monstruo, no debía estar muy lejos. - ¿Dónde está?
Me indicó con el brazo la dirección correcta. Corrimos hacia allí.
- Me preocupan Link y el señor Owen. No debimos dejarlos atrás.
- Les avisé de que se mantuviesen a salvo y no me hicieron caso. Cualquier cosa que les ocurra no tendrá nada que ver con nosotros.
- Eso que dices no me hace sentir mejor. ¿Podemos volver a por ellos?
Le miré con una mueca.
- ¿Y dejar que se escape el akuma? ¿Te has vuelto loco?
- Por favor - Me dedicó una mirada suplicante – Casi no hay gente en este país. No hay nadie a quien ese akuma pueda hacer daño excepto a ellos.
- Lárgate tú solo si tanto deseas regresar. Yo pienso ir a por ese akuma ahora.
Se detuvo y respiró hondo. Creí que iba a comenzar a correr en dirección contraria para buscar a esos inútiles, pero no lo hizo.
- Ya no está. Le he perdido la pista.
Me quedé mirando hacia el frente, dándole la espalda. Traté de percibir al akuma pero no saqué nada en claro. Había las misma posibilidades de que aquel monstruo siguiera allí como de que se hubiera marchado.
- Es mentira. Solo lo haces para que vaya contigo. - Dije casi sin darme cuenta. No se que esperaba que él me respondiese.
- No tengo ninguna necesidad de obligar a alguien que me detesta a permanecer a mi lado. El akuma ya no está allí, pero si quieres ir es decisión tuya. No pienso detenerte. - Suspiró con fuerza – Además, prometí no volver a molestarte. Y siempre cumplo mis promesas.
Comenzó a correr hacia el otro lado. Yo permanecí allí quieto, pensando rápido sobre lo que debería hacer.
Al parecer al fin había logrado que Allen no quisiera tener nada que ver conmigo. Normalmente hubiera calificado aquello como una victoria, pero no lo sentía como tal. Sentí un nudo fuerte aprentándome en la boca del estómago, sobre todo al girarme y ver que ya se encontraba fuera de mi vista.
Estaba bien. Él elegía lo que quería hacer. Comencé a caminar hacia donde había estado el akuma. Si ya no se encontraba ahí, al menos podría tratar de encontrar algún rastro que me indicase su paradero.
Así que Allen creía que yo le despreciaba. No pude evitar dedicarle una mueca al aire.
No era así, y yo a esas alturas lo sabía demasiado bien. Pero tampoco iba a contradecirle. Después de todo, había logrado el objetivo de alejarle de mí. Y ni siquiera había necesitado hacerle demasiado daño.
Alejarle de mí... Como si acaso él quisiera estar conmigo. Ignoré el malestar en mi pecho y apreté el paso. Él trataba de convivir conmigo porque tenía la absurda idea de que debía llevarse bien con todo el mundo, pero no porque viera algo en mí distinto al resto de las personas. Algo que yo sí veía en él.
Tratando de alejarle, claro, pero sin dudar un segundo en protegerle cuando la situación lo requería. Otra vez, como ya lo había hecho varias veces antes. Aunque más tarde dijese que él no me importaba.
Me puse a pensar, y me di cuenta de que quizás me había precipitado. Allen podría volver a sentirse mal si el akuma aparecía ante él, y sin nadie que distrajese a esa bestia...
Me quedé quieto, dominado por una lucha interna que no supe como resolver. Estaba harto de esa situación. Todo era tan sencillo cuando solo tenía que preocuparme por mí mismo. En que mala hora me tenía que ocurrir todo aquello.
Otra vez los malditos pinchazos en el pecho, debidos a uno de los poco sentimientos que sabía reconocer, y del cual más me avergonzaba. Miedo.
Tenía miedo solo de pensar que podría ocurrirle algo. Miedo de no estar allí en el momento justo, de no poder ayudarle. Miedo de fallar. Pero sobre todo, me atemorizaba mi propio miedo, porque me demostraba que por más que luchase, por más que tratara de sacar aquello de mí, no había podido evitarlo. Aunque me horrorizara y me negara a ceder ante esa situación, estaba comenzando a querer a Allen.
No había solución, y si la había yo no la encontraba. Si él estaba cerca me sentía mal, pero si estaba lejos me sentía aun peor. Entre las dos opciones, elegí la primera, aunque no me di cuenta de ello hasta que me vi a mí mismo corriendo hacia el lugar al que el Moyashi se había dirigido.
No tardé mucho en encontrarle. Estaba junto al dos puntos y al piloto, el cual estaba sentado en el suelo, totalmente pálido.
Allen me miró con un brillo extraño en sus ojos y una media sonrisa, pero no dijo nada. Se puso de rodillas junto al señor Owen.
- ¿Está usted bien?
- Sigo vivo. - Se llevó la mano a pecho, como si estuviese a punto de darle un infarto. - He visto muchas cosas en mi vida, pero la última que esperaba ver es un dragón. Este mundo jamás dejará de sorprenderme.
- No es un dragón – Dije con el ceño fruncido – No es más que un akuma con una forma extraña. Los dragones no existen.
El dos puntos susurró entre dientes un "Tú que sabrás". Di media vuelta y le encaré.
- ¿Sabes algo que yo no sepa? Porque no me gustaría tener que sacártelo a golpes.
- No estoy autorizado a decir nada. Pregunta a Komui cuando regresemos.
Dejé escapar una mueca ¿Qué chorrada era aquella?
- Sabes lo que es ese akuma ¿Cierto?
- Probablemente.
- Dilo.
- No estoy autorizado.
- ¿Quieres que te autorice yo a patadas?
El Moyashi se interpuso entre los dos.
- Calmaos. Discutiendo no arreglaremos nada.
- Este imbécil sabe algo sobre ese akuma y no quiere decirlo.
Allen bajó la cabeza mientras retorcía uno de sus mechones blancos entre sus dedos.
- Supongo que tendrá sus razones...
- ¿Te pones de su lado? ¿No te das cuenta que cuanta más información tengamos de esa bestia más fácil será destruirla?
- Pero no puedes obligarlo a hablar si él no quiere.
Hice crujir mis nudillos.
- Claro que puedo hacerlo.
Allen me agarró por la muñeca antes de que me diera tiempo a levantar el puño para amenazar al dos puntos. Mi corazón comenzó a latir de forma irregular. Le miré con el ceño fruncido, pero él miraba hacia otro lado, distraído.
La luz brillante de una llama se abalanzó sobre nosotros. Allen tiró de mí, logrando que los dos nos diésemos de bruces contra el suelo.
¡Demonios! ¿¡Cómo no me había dado cuenta de que el akuma había regresado!?
Me puse de pie de un salto para ver como el dragón se lanzaba en picado hacia Allen y le atacaba con sus mandíbulas. Me dirigí hacia uno de los lados de la criatura, tratando de llevar cabo un ataque directo. Quitó su atención del Moyashi para dedicarme una mueca y darme un coletazo en las costillas que me dejó en el suelo, luchando por volver a ponerme de pie, atacado por un dolor lacerante en el pecho.
Genial, un solo movimiento que no había podido esquivar me iba a costar un par de huesos rotos.
Tras esquivar el ataque de aquellos colmillos, Allen blandió con fuerza su espada y se precipitó hacia el akuma.
Si lograba purificar parte del akuma, aun teníamos una oportunidad de ganar.
Pero Allen no llegó ni siquiera a acercarse a él. Se detuvo en seco, no creyéndose lo que tenía ante sus ojos, mientras que el akuma le observaba con la barbilla levantada y una sonrisa altiva.
Había cambiado de forma. Se encerró en lo que debía ser su cascarón humano. Una fachada adornada de largo cabello oscuro y ojos negros.
Se giró hacia a mí y yo contuve la respiración. Llevaba una especie de kimono y el cabello suelto, pero a pesar de eso no había confusión posible. Era como si estuviese mirando mi reflejo en un espejo.
Aquel monstruo señaló al piloto, que aun se encontraba tirado en el suelo. El brazo de la criatura se desfiguró y se convirtió en una especie de ametralladora.
Traté de incorporarme al ver que Allen se había quedado paralizado, y que a pesar de su mirada de horror no era capaz de ir a socorrerle, pero no fui capaz de levantarme todo lo rápido que quería. Aquellos pinchazos de dolor agudo solo podían significar que una costilla debía de haberme perforado algún órgano. Sentía el sabor metalizado de la sangre subir por mi garganta, pero aquello no era nada. No podía detenerme.
Comencé a correr, ignorando aquel dolor lacerante. Unas cuantas zancadas más y estaría junto al akuma. No podría matarlo, pero me bastaría con mantenerlo ocupado y que desviase su atención del hombre.
Pero algo se movió justo al otro lado del monstruo. Distinguí a Link corriendo a toda velocidad. Yo atacaría al akuma y Link se llevaría al señor Owen. Aun podíamos salvarlo. O eso creía.
Antes de que pusiese darme cuenta, el akuma había vuelto su atención hacia el dos puntos. Era el momento. Aun estaba lejos, pero activé mi inocencia.
Justo cuando iba arremeter contra él, su otra mano se convirtió también en un arma de fuego, y con la expresión templada, disparó a Link a bocajarro, para luego hacer lo mismo con el brazo con el que apuntaba al piloto.
Los dos cuerpos quedaron en el suelo, cubriéndose rápidamente de pentáculos. Cuando se convirtieron el polvo, el akuma se giró para volver a convertirse en un dragón y comenzar a volar hacia Allen, el cual tenía sus ojos enfocados hacia delante, atentos a las ropas llenas de polvo que había en el suelo, pero que no parecían ver nada.
Una vez más, volví a evitar que el akuma lo despedazase, aferrándome a él y ganándome otro duro coletazo en la espalda.
Allen cayó sobre mí, haciendo que mi herida interna empeorara y no pudiera hacer otra cosa que escupir sangre.
Al ver como aquel líquido se escurría por mis labios, Allen reaccionó. Me miró aterrado, buscando mi herida con la vista.
- Abre una puerta, Moyashi. - Dije al ver que el monstruo nos había localizado.
Me miró confundido, mordiéndose el labio inferior, hasta que al fin se dio cuenta de a que me refería.
Cerró los ojos, concentrándose. Unos segundos después apareció una puerta del arca detrás de nosotros.
Me puse de pie notando como la sangre regresaba a mi boca. Allen se incorporó también y los dos corrimos hacia la puerta, seguidos por el enorme dragón que nos pisaba los talones.
Podía notar como sus garras estaban a apenas medio metro de mí. Podía notar su aliento en mi nuca, anunciando que estaba dispuesto a abrasarnos en ese preciso instante.
Aumente el ritmo, aunque sentía como si mi pecho estuviese a punto de partirse por la mitad.
El dragón lanzó una bocanada de fuego. Allen, que había sido más rápido, me esperaba impaciente al lado de la puerta. Aceleré y entré al arca, seguido de Allen, el cual cerró la puerta al instante, logrando que el fuego no nos alcanzara.
Me apoyé contra al puerta de madera, llevándome una mano al pecho con la esperanza de que remitiera un poco el dolor.
Allen estaba justo a mi lado, en el suelo, con al cabeza entre sus rodillas.
- ¡Soy un inútil! - Pegó con un puño en el suelo, mientras su cara se llenaba de lágrimas – ¡Estaba ahí delante y no he hecho nada! ¡Podría haberlos salvado y no lo hice! No sirvo para nada...
Continuó llorando desgarradoramente, dando golpes cada vez con más fuerza, hasta que logró partirse la mano, haciendo que esta comenzase a sangrar.
Me senté a su lado sin decirle nada, mirando al frente y dejando que él se desahogase. Pude notar que el dolor se intensificaba y supuse que las costillas volvían a su sitio y la perforación provocada comenzaba a cicatrizar. Tomé la mano herida de Allen para que dejase de golpearla.
Nos quedamos allí un rato. Él lamentándose de no haber hecho nada debido a la confusión, y yo pensando en silencio, sabiendo que si las cosas estaban mal en aquel momento, probablemente solo podrían ir a peor.
Continuará...
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Glosario:
(1) Nakhodka : Ciudad rusa que se encuentra a 85 Kilómetros al este de Vladivostok.
(2) La descripción que he hecho del dirigible es en realidad de un dirigible de la Segunda Guerra Mundial (casi 50 años más tarde que los acontecimientos de D gray-man) , ya que los dirigibles del siglo XIX no estaban tan desarrollados como para permitir un viaje de tal calibre. Si Hoshino puede poner robots "inteligentes" que beben café y quieren cambiar de sexo a la gente, yo puedo poner un dirigible de la Segunda Guerra Mundial, no pasa nada. XD
Bueno, y se acabó el capítulo 5. Un capítulo de 6500 palabras. Se lleva la palma al capítulo más largo que jamás he escrito, ganando al anterior en unas 1500 palabras. Por suerte o por desgracia, el próximo capítulo no va a ser tan largo (o eso creo, una nunca sabe o.o)
Hay un par de cosas que quiero comentar, antes de que mis libros de texto me absorban y se me termine de quemar el cerebro.
La primera: Aunque nadie lo crea, no tengo nada en contra de Link xD Él me cae bien. Dude entre si avisar o no del asunto, pero después de arduas deliberaciones (lo eché a cara o cruz :D) decidí que avisar significaba soltar un spoiler. Así que... Mmm... ¿Sorpresa? XD
La segunda es... En realidad creo que no hay una segunda cosa que comentar o.o ...
...
Bueno, sí. Me gustan los dragones XD Lo se, es extraño, pero todo tiene su razón de ser. (yo todo lo hago siguiendo las leyes de la lógica. O al menos casi todo xP) En fin, espero que tengáis la suficiente paciencia como para esperar la explicación "lógica" xP
Oh, el final no me ha gustado u.u Pero estoy super agobiada, por lo que decidí que se quedara así, ya que por más que lo mirara no se me ocurría nada mejor y no tengo el tiempo suficiente para reescribirlo
Y una última cosa antes de que me largue de una vez. Una persona me ha dicho que haga un lemon. Lo cierto es que no pensaba hacerlo, más que nada porque lo tendría que escribir en primera persona y... me da algo de corte u///u Pero en fin, yo lo someto a coalición popular. Si la gente que lee mi fic lo quiere, yo lo escribo. Si no, pues me quito de líos porque nunca he escrito uno y no se como va a salir xP Eso sí, no tengo ni idea de para que capítulo será o.o Puede ser para el siguiente o para dentro de 10 capítulos, todo dependerá de si el momento es propicio. No quiero meter las cosas con calzador
Y para terminar, agradezco de corazón a Gravity Girl, Pat Peeves, Lissy Aquarius, moyashi-pon, Dircray y Jicalazuxil por sus comentarios n.n El review de Dircray está contestado en mi perfil.
Y también gracias a todos por leer n_n
¡Hasta pronto! ^0^
