Realidad incorpórea

By Hermachis

Disclaimer: D gray man no es mío, y no creo que nadie piense que lo es. Si lo fuera, ahora mismo yo estaría en paradero desconocido después de dejar a los fans tirándose de los pelos (Eso no se hace, Hoshino T.T) Bueno, lo de siempre, no soy Hoshino Katsura, ni ninguna empresa con licencia, ni nada de nada. Soy una pobre fan que hace cosas raras. No cobro por esto. Si no gano dinero, no podéis culparme de nada. Ñañañaña (añadir nota musical lol)

Adevertencias: OOC (Kanda... Allen... Hablando... Emm lol?), shonen-ai , mal vocabulario,chorradas gordas para rellenar (añadir silbido xDD) Explicación larga de cosas sin sentido ya al principio del cap, para alegraros la vida a todos lol

Gracias infinitas a Meroko, que empezó siendo aquella que curaba al diccionario cada vez que me dedicaba a darle patadas (lol), y ha terminado siendo prácticamente la co-autora de este fic, ya que aporta tanto, o incluso más que yo o.o Arregla mis desarreglos, me da buenas ideas y repara escenas en las que Allen parece que se va a poner a matar gente a cabezazos o.o . Y me pega vía msn cuando quiero dejar el fic (a no ser que mi salud esté en peligro xD Entonces me perdona)

Capítulo 8

El bookman junior me dedicó una media sonrisa que no me pasó desapercibida. Era como si estuviese intentando burlarse de mí por pedir explicaciones tras haberme negado rotundamente a recibirlas. Por su seguridad, más le valía no hacer comentarios, porque simplemente no pensaba permitirlos. Me dirigí de nuevo a él, aun no demasiado seguro de querer saber lo que estaba a punto de contarme.

- Antes que nada, respóndeme a algo ¿Qué ganas tú con todo esto? ¿Por qué tanta insistencia? Y más te vale que no sueltes alguna chorrada.

Se encogió de hombros, mirando a otro lado.

- Mucho me temo que no puedo darte datos sobre eso. Te diré simplemente que lo hago por darte un poco de ventaja. - Se rascó la cabeza para luego continuar hablando – Si eso es todo, pregunta lo que quieras saber y yo te responderé.

No entendí que demonios pretendía decirme con la primera parte de aquella frase, pero no repliqué. Incluso si no me contaba el porqué de sus acciones, yo terminaría descubriéndolo tarde o temprano.

- ¿Por qué coño se supone que Allen tiene que morir?

- Bueno, si has leído la profecía, creo que eso ya lo sabes. El dragón blanco utilizará su energía para destruir los poderes del Conde, auto-destruyéndose en el proceso.

Bien, hasta ahí yo también había llegado.

- Me refiero a porqué tiene que ser él. Allen no es más poderoso que cualquier otro exorcista.

Negó con la cabeza, como si estuviese tratando con un imbécil. Todavía iba a terminar ganándose dos ostias.

- Está claro ¿No? Tú tienes un papel fundamental en todo esto.

- ¿Por qué?

Lavi soltó un leve suspiro, antes de pasarse la mano por la frente.

- Verás, hay una regla universal que dice que las dos partes de un todo están en equilibrio, el bien y el mal, el día y la noche...

- Déjate de estupideces y ve al grano.

Volvió de nuevo a negar con la cabeza, logrando que me exasperara cada vez más.

- Que insensible, Yuu. Yo intentando pintarte las cosas bonitas y tú... - Fruncí el ceño, indicándole que toda aquella parafernalia me importaba una mierda – De acuerdo, ya voy. El mundo tiene un equilibrio, y cuando este se rompe, tiene que arreglarse para que el mundo no entre en caos.

Más y más broza. Me apoyé en el marco de la ventana, cada vez más mosqueado.

- El Conde a roto ese equilibrio, el mal predomina sobre le bien. Y por eso existimos los exorcistas y la inocencia, para devolver el mundo a su cauce. Pero con nosotros no es suficiente.

¿Era estrictamente necesario oír toda aquella explicación? ¿Por qué no podía responderme a lo que le había preguntado?

- No pongas esa cara, ya llego al eje de la cuestión. - Se aclaró la garganta, como si fuese a decir algo muy importante – Ahí es donde entráis vosotros. Allen y tú también sois medios, con la diferencia de que hay un poder dentro de vosotros mucho más fuerte.

- ¿Poder? - Fruncí el ceño. Parecía que me estuviese contando una historia de viejas.

- ¿Has oído hablar del Tao? - Claro, la imagen de un Tiedoll bailarín pasó por mi mente, haciendo que no pudiese evitar una mueca. - La lucha de contrarios, el universo en si mismo, desequilibrado por culpa del Conde. Eso es lo que yace en vuestro interior. Ese es el poder al que me refiero.

Era la primera vez que a pesar de comprender todas las palabras de una frase, no tenía ni la más remota idea de lo que acababan de decirme. Al ver mi mirada pensativa, Lavi sonrió.

- Bien, trataré de ser más claro. Aquello a lo que la Orden Oscura llama "Dios", y a lo que yo llamo universo, os ha dado un poder especial, dividido entre Allen y tú, por el cual podéis destruir al Conde. No se sabe exactamente en que consiste, pero parece ser que se trata de una especie de ser incorpóreo capaz de canalizar el poder de la persona que la contiene, y al cual nosotros denominamos ente. Por eso solo Allen puede llevar esto a cabo.

No estaba seguro de haberlo entendido del todo. Aquello solo era una sarta de estupideces, una detrás de otra.

- Si yo también tengo esa mierda ¿Por qué solo Allen puede hacerlo?

- Kanda... te consideraba más listo. Tú y él simbolizáis la lucha de contrarios. Y sois vosotros dos, luchando juntos, los que acabareis con el desequilibrio. El problema es que una vez se terminé con el Conde, nosotros seguimos aquí, haciendo que el bien predomine, cosa que el universo tampoco puede permitir...

Ignoré el hecho de que acabase de llamarme imbécil y continué escuchando. Ya me lo cobraría después.

- ... Si el Conde desaparece, las inocencias también lo harían, pero ¿Qué pasaría entonces con el poder que tenéis vosotros dos?

No terminaban de encajarme las piezas.

- Entonces yo tendría que morir también. Para que eso desapareciera del todo, los dos tendríamos que morir.

- ¿Para qué? Solo hay que separaros para que no podáis usar ese poder. Y Como Allen es el dragón que representa al bien, es él el que debe morir. Tan simple como eso. Si Allen muere, el ente se separa y permanece de forma incompleta, hasta que sea necesario otra vez y entonces regrese a la tierra acompañado de un alma humana y de una forma corpórea...

El conejo continuó hablando en un monólogo que yo solo pude entender a medias, en el cual cada palabra me parecía más incoherente que la anterior. Poco a poco toda la información quedó dando vueltas en mi mente, pidiendo a gritos ser asentada. No quise pensar que no había sido una buena idea preguntar, pero odiaba arrepentirme de lo que hacía, lo cual era algo que desde hacía algún tiempo me había tomado por costumbre.

Seguí escuchando con atención, interrumpiendo solo para realizar alguna pregunta, mientras que el traqueteo del tren continuaba monótono, acompañado por los colores anaranjados de la puesta de sol.

OoOoOoOoO

Miré mi reflejo en el agua, apenas visible debido a la poca luz que había en el canal subterráneo.

Lavi remaba mientras yo pasaba de él. Después de que se callase tras soltarme una retahíla de frases (la mayoría de ellas sin demasiado sentido), no volvimos a dirigirnos la palabra. Él tarareaba una canción cuyas notas yo ya me sabía de memoria, debido sobretodo a que aquel imbécil llevaba casi tres horas con su improvisado concierto, lo cual estaba creando en mí unas ganas importantes de darle una patada y tirarlo al agua.

- ¡Dios! ¡Cállate de una maldita vez! - Le grité cuando vi que aun no llegábamos, comenzando a exasperarme bastante. Para que luego dijeran que yo no tenía paciencia. Ja, si no la tuviera ya me habría convertido en un asesino de masas, y ese conejo hubiera sido la primera de mis víctimas.

- ¿Qué más te da? Si ya casi...

- Me da igual. Como vuelva a oír esa jodida canción te arrancaré el cuello. Tendrás la carrera de canta-autor más corta de la historia.

- Que susceptible. Si no te gustaba me podrías haber dicho que cantase otra.

Estuve a punto de levantarme y darle un capón, pero me contuve al notar que ya había terminado el trayecto. Una persona se encontraba en el embarcadero, con una expresión seria dibujada en su rostro.

- Hola, Reever – Dijo Lavi tras bajarse de la barca - ¿Qué haces aquí? Si Komui ve que estás perdiendo el tiempo te enviará a un Komurín.

La mueca que le dedicó me dejó bastante claro lo que iba a responder.

- Como si le importase eso. Está demasiado ocupado durmiendo como para darse cuenta de si trabajamos o no. - Se aclaró la garganta, para luego mirarme fijamente – Además, estoy aquí por que el supervisor me ha dicho que le de un mensaje a Kanda. Dice que le está esperando en el laboratorio.

Contesté con una inclinación de cabeza para luego dirigirme hacia el interior de la Orden.

Me sentí aliviado cuando comprobé que el estúpido conejo, que caminaba por detrás de mí, tomaba un camino diferente, no sin despedirse antes con un par de palabras que yo ignoré. Solo era capaz de pensar en lo que me esperaba, aunque era algo que yo ya sabía bien.

Llegué al laboratorio, al cual entré sin llamar, para encontrarme a Komui de pie con una expresión tensa.

- Déjame ver esa herida – Dijo sin miramientos, logrando que me sorprendiera de que ni siquiera él recordase que debía saludar.

Le tendí mi mano derecha para que pudiese ver el corte que había en mis dedos, aun abierto, como si acabase de hacérmelo en ese instante.

Estudió la herida con atención.

- Es todo tan extraño... - Comenzó Komui, mirando el revés de mi mano, comos si esperase encontrar algo más. - Hace apenas dos semanas te recuperaste perfectamente. Y no ha ocurrido nada raro desde entonces ¿Por qué ahora?

- Eso me pregunto yo también.

Me soltó para dirigirse a su mesa y comenzar a rellenar unos documentos.

- No estoy seguro de que sirva de algo, pero voy a hacerte unos análisis. Puede que al menos nos den una noción de lo que está ocurriendo.

Asentí sin decir nada. Por supuesto, a mí ni se me pasaba por la cabeza que aquello fuese a tener alguna utilidad.

Esperé paciente mientras Komui me sacaba sangre.

- Lo siento – Dijo mirando fijamente al tubo de cristal que gota a gota iba llenándose de líquido carmesí. - No importa lo mucho que luche para que no traten a los exorcistas como armas. A sus ojos parece que no sois seres humanos...

Ladeé la cabeza.

- ¿A que coño viene eso ahora?

Continuó atentó al tubo, adornando su faz con una media sonrisa desesperanzada.

- Si te conozco como creo que lo hago, ya debes saber cual es el destino que os espera a Allen y a ti.

Apreté los puños con fuerza.

- Siento no habéroslo dicho. Pero la Orden es bastante estricta con respecto a ese tema. Están tan empeñados en que la profecía se cumpla que no permiten que nadie se entere de ella por miedo a que alguien intente cambiarla.

Traté de no chasquear la lengua. Bien, eso significaba que si alguien se enteraba de que yo pretendía desviarme de mi destino, tendría a toda una Orden religiosa detrás de mí para hacerme cambiar amablemente de parecer. Simplemente genial.

- Puedo preguntarte... ¿Qué piensas hacer?

Apreté aun más los puños, hasta clavarme las uñas en las palmas.

- ¿Otro con la misma historia? ¿Os dan una moneda cada vez que os metéis en mi vida o qué?

Komui no se alteró, a pesar de que yo estaba luchando por no meterle un guantazo. No era su pregunta lo que me había molestado, sino el hecho de que había pasado más de tres días aguantando la misma cuestión que realizaba aquel estúpido conejo cada vez que tenía ocasión, por lo cual mis nervios se encontraban bastante crispados.

¿Qué hacer...? Como si tuviera opciones entre las que escoger. En aquel momento solo tenía segura una cosa, y es que no podía dejar solo a Allen. A partir de ahí, veía el futuro bastante negro. Permanecer a su lado significaba arriesgarme. Bien, pondría su vida en peligro por mi falta de autocontrol, pero a esas alturas no había nada más que pudiese hacer.

De todas formas, si yo moría antes de que la profecía se cumpliese y no se usaba el poder de los entes, Allen todavía tenía la oportunidad de sobrevivir. Claro que entonces tampoco sabía como iban a vencer al Conde. Maldita sea.

- Solo te diré una cosa, Komui. Estoy empezando a cansarme de luchar por los demás. Quien sabe si en cualquier momento opto solo por preocuparme por mí mismo. Mira a que punto me ha traído luchar por la Orden en lugar de buscar a la persona que me maldijo. - Me miró con los ojos abiertos, no demasiado sorprendido por lo que oía. - Yo no comparto vuestra visión de "salvemos todos a la humanidad". No es justo que yo tenga que sacrificar algo por salvar a toda esa chusma, la cual en su mayoría ni siquiera merece ser salvada.

Me dedicó una sonrisa, como si estuviese seguro de que podía ver a través del brillo amenazante de mis orbes oscuras.

- Se bien que no piensas eso. Estás demasiado agobiado. - Suspiró mientras me quitaba la aguja y ponía un tapón en el recipiente que contenía mi sangre. - Y supongo que el hecho de que ese "algo" esté en peligro también te afecta. Relájate y ya se verá como se desarrollan los acontecimientos.

Me coloqué la manga de la camisa para luego coger la chaqueta y echármela al hombro. Me dirigí a la salida del laboratorio sin despedirme siquiera.

- Yo tampoco quiero que Allen muera. Tarde o temprano encontraremos otra solución. No te desesperes.

Me giré para fulminarle con la mirada.

- Que fácil es decir eso cuando no estás en mi pellejo.

Komui me dedicó una extraña sonrisa que trató de ser de ánimo, pero para mí no resulto ser más que una mueca. Cerré los ojos y me permití un corto suspiro, para luego girar el picaporte de la puerta. Vi a duras penas como algo caía hacia mi dirección, en un acto reflejo agarré aquel cuerpo por los hombros, evitando que nos diésemos los dos de bruces contra el suelo.

- ¿Allen? - Komui se acercó a ver que ocurría. - ¿Qué hacías apoyado en la puerta?

Él se separó levemente de mí, mientras yo simplemente no podía dar crédito. ¿Había estado escuchando a escondidas? No, él no debía saber nada de lo que habíamos hablado en ese laboratorio. Era justo lo último que quería.

- ¿Qué coño has oído? - Me miró fijamente, como si no hubiese entendido la pregunta, para luego dedicarme un leve gesto de molestia.

- Yo no voy por ahí espiando las conversaciones ajenas, Bakanda. - Desvió la vista hacia el hombre que se encontraba tras de mí. - Lo siento, Komui. No quería molestar.

- No pasa nada. Además, Kanda ya se iba ¿Verdad?

Ni siquiera me moleste en responder. Era obvio que el Moyashi había mentido. Solo podía esperar que no se hubiera enterado de nada importante.

Comencé a caminar, ignorando a los otros dos. Debía hablar con Allen, pero necesitaba algo más de tiempo. Ni siquiera había pensado en que iba a decirle. Y desde luego, tampoco era el tipo de conversación que podíamos tener delante de Komui. Quizás ese hombre sabía más de lo que yo pensaba, pero tampoco era necesario restregarle la información por la cara.

Tal y como me esperaba, unos pasos comenzaron a seguirme. No tuve siquiera que girarme para saber de quien se trataba. No tenía otra opción entonces. Tendría que afrontar la situación tal y como me venía, aunque no sería yo el que diera el primer paso. Una vez más, sin que fallase a mis cálculos, fue él quien empezó a hablar.

- ¿Estás bien? - Preguntó en un tono despreocupado. Que predecible. Quizás demasiado. Definitivamente, ese maldito crío era un desastre disimulando.

- Ya te respondí a eso ayer. - Dije tratando de no parecer demasiado agresivo. No sabía muy bien como debía comportarme. Ya no era mi intención ahuyentarle después de todo. - No tienes porque...

- ¿Entonces por qué Komui te estaba haciendo una revisión? ¿Ha ocurrido algo?

Definitivamente, no tenía ni la más remota idea de como comportarme. En mi boca se acumulaban miles de maldiciones que no soltaba para no hacerle daño. Jamás me había preocupado en medir el alcance de mis palabras. Era más complicado de lo que yo creía.

Me giré para mirarle y me encontré de bruces con un extraño brillo en sus ojos grises. Él se preocupaba por mí, y aquello me molestaba bastante. No quería que supiese más de lo que necesitaba saber. Claro que si había estado escuchando tras la puerta no habría mucho que pudiera ocultarle.

- Pensé que dijiste que no nos habías estado espiando...

Un leve rubor se instaló en sus mejillas, mientras su mirada de preocupación se convirtió en una de enfado. Luché con todas mis fuerzas para no reírme de su actitud infantil.

- ¡Y no lo he hecho! Lavi me lo dijo. - Por supuesto, ese bocazas. No sería capaz nunca de meterse en sus propios asuntos. - Me contó que Komui te esperaba en el laboratorio y que probablemente sería para una revisión.

Oh, genial. Maldito bookman y sus ganas de meter las narices en todo.

Comencé a sentir que algo se removía en mi interior a cada pensamiento que cruzaba mi mente. Allen me alcanzó en un par de zancadas y caminó a mi lado, respetando el extraño silencio que se había formado entre nosotros. Le miré por el rabillo del ojo, mientras él continuaba caminando con las manos tras la espalda, probablemente sin darse cuenta de que no íbamos hacia ningún sitio.

No podía saber cual era la influencia real que Lavi tenía sobre Allen, pero estaba claro que era demasiado alta. Debido a la amabilidad de Allen y al carácter extrovertido del bookman junior, habían sido amigos prácticamente desde que se habían conocido, lo cual por alguna razón, no me hacía demasiada gracia. Pero aquello dejaba una cosa clara, y es que ese mocoso confiaba en Lavi.

Pero las palabras y los actos del conejo no hablaban a su favor. Temía que ese imbécil tocase el botón inadecuado y mandase a Allen al abismo del que yo intentaba salvarle.

Si realmente esa era su intención... ¿Por qué querría él algo así? ¿Por qué demonios querría un bookman algo así? ¿Qué clase de espectador se suponía que era?

Pero entonces... ¿Por qué diablos había puesto empeño en explicarme todo aquello? ¿Qué razón tenía él para...?

Me llevé la mano a la frente. Pensar en todo aquel asunto me daba dolor de cabeza.

- Al final no me has contestado... - Dijo bastante bajo, casi como si estuviera hablando con el aire en lugar de conmigo.

- ¿Qué demonios quieres que te diga?

Evitó mi mirada girando la cabeza. No lo podía creer ¿Se había enfadado por eso?

- Nada, déjalo. Si la culpa la tengo yo por preocuparme por ti...

Cerré los ojos, mordiéndome el labio inferior para no soltarle algún comentario desagradable.

- Si estás tratando de que me sienta culpable, mejor deja esa táctica. Me gustaría poder hablar contigo sin que tengamos que tirarnos los trastos a la cabeza.

Su expresión triste desapareció, para mostrarme una de total desconcierto.

- ¿Te refieres a tener una charla civilizada? Dudo que tú sepas como mantener una.

Traté de no chirriar los dientes.

- Si me sacas de mis casillas, seguro que no. Estoy tratando de ceder. Pon un poco de tu parte.

Aquello era demasiado humillante. Si se le ocurría decir las palabras inadecuadas, mandaría a la mierda todo el esfuerzo que había tenido que hacer para llegar a ese punto, y otra vez terminaría haciéndole daño, aunque no quisiera.

Pero Allen se calló. Al parecer había entendido que no era fácil para mí tener que tragarme mi orgullo y lidiar con él y con la situación que estaba por venir. Eso era un punto a su favor.

Continuamos andando sin rumbo fijo hasta que él de repente se detuvo.

- ¿Qué? - Pregunté al ver que no se movía.

El Moyashi llevó la mano a la perilla de la puerta junto a la que se encontraba y la abrió. Así que ese era su dormitorio...

- Pasa. Si de verdad vamos a hablar seriamente, este es un buen sitio.

Él entró después de que yo cruzara el umbral de la puerta, para encontrarme con una habitación sencilla, aunque bastante menos espartana que la mía. Miré de refilón el extraño retrato que estaba colgado en una de las paredes, al cual ignoré segundo después. A saber por qué leches ese niño tenía eso ahí.

Se sentó sobre la cama, mientras yo hacía lo mismo en la silla que había cerca del cabecero, cruzándome de brazos. Miré su rostro y me di cuenta de que estaba luchando por decirme algo, por lo que me mantuve en silencio hasta que se dirigió a mí, evitando establecer cualquier tipo de contacto visual conmigo.

- Estoy harto de que te burles de mí. Un día me besas y al siguiente me dices que solo soy un error en tu vida. Por más que lo intento, no logro entenderlo. Si lo que quieres es jugar conmigo, preferiría que me lo dijeras sin más.

Noté un sutil tono de resentimiento en su voz. Estaba dolido. Bien, no podía quejarme. No sería humano si no lo estuviera. Traté de encontrar el color gris de sus ojos, pero él centraba toda su atención en las sábanas. Tendría que conformarme con hablarle a la nada entonces. A eso era a lo que yo llamaba una conversación seria.

- Puede que haya cometido algún error, pero aunque no lo creas, he tenido mis razones para hacerlo. No pretendía burlarme de ti - No dio signo alguno de que me estuviera escuchando. - Joder ¿Te importaría mirarme a los ojos cuando te estoy hablando?

Levantó la cabeza, y sus ojos claros se clavaron en los míos, haciendo que el corazón me diese un vuelco. Un brillo de aflicción se reflejó en su mirada.

No pude contener un suspiro. Eso era lo que había logrado. Si echaba tierra sobre mi propio tejado, algún día el techo se me caería encima. Aquello iba a ser más complicado de lo que yo pensaba.

- Yo... Solo quiero comprender que está pasando... - Comentó en un susurro. Vi como bajaba el rostro, para fijar esta vez su vista en el suelo. Aquella cuestión era algo a lo que yo no podía responder con exactitud, no porque no supiera lo que ocurría, si no porque me faltaban las palabras adecuadas para expresarlo.

Nos quedamos en silencio un buen rato, tanto que pensé que nos habíamos olvidado de como se hablaba. No tenía otra opción, tendría que ser yo el que continuara con aquello. De todas formas, así debía ser. Si iba a tener que pisotear mi orgullo de aquella manera, al menos debía caminar sobre seguro.

- Lo que me dijiste el otro día antes de que me marchase ¿Era verdad?

Sus ojos se abrieron de par en par, como si no pudiese creerse lo que acababa de preguntarle.

- Yo...

Otra vez silencio, solo roto por los golpeteos incesantes del corazón de Allen, que llegaban casi con total claridad a mis oídos.

Respiró hondo, preparándose para lo que estaba a punto de decirme.

- Antes de que nos enviasen a Osaka, me di cuenta de que no paraba de preguntarme el por qué de tu comportamiento. Siempre te he apreciado, por eso quería acercarme a ti. Pero después de que me besaras todo se complicó. No podía dejar de pensar en aquello. Cada vez que te veía, mi corazón se agitaba. No sabía que me ocurría...

Me sentí incapaz de apartar la vista de sus ojos, lo que hizo que se pusiera aun más nervioso de lo que ya estaba.

- … He tratado por todos los medios de no darle importancia, de hacer como si no pasase nada. Pero no importa, al final terminaba dándole vueltas todo el rato, y después de pensarlo mucho yo… - Me mantuve expectante mientras él soltaba un suspiro y miraba hacia otro lado- Supongo que a estas alturas no puedo negarlo. Y sí, supongo que al final he sido lo suficientemente tonto como para enamorarme de ti.

Sus mejillas se tiñeron de un leve tono rojizo mientras volvía a levantar la vista, a la espera de mi respuesta. Traté de separar los labios para decir algo, lo que fuese, pero las palabras se quedaron atascadas en mi garganta, justo a la altura a la que ahora se encontraba mi corazón, latiendo a toda pastilla. Una extraña sensación en el estómago hizo que me mordiera el labio inferior.

Miles de cosas pasaron por mi mente, una cantidad insana de impulsos que reprimí como pude, manteniéndome quieto y callado, tratando de aclarar mis pensamientos.

Entonces era cierto ¿Él realmente tenía esa clase de sentimientos por mí? Noté cada pulsación resonándome con fuerza en los oídos, haciendo que me desconcentrara por completo.

Después de un largo rato de silencio, Allen clavó su vista en el suelo. Una extraña mueca de tristeza que pretendía ser una sonrisa se dibujo en su rostro, mientras trataba de mantener la compostura.

- ¿Sabes? Mejor olvida todo lo que te he dicho. No importa. Esta claro que tú no sientes lo mismo.

Reaccioné al instante, y como si un rayo acabase de fulminarme, el bloqueo que sentía se disipó, haciendo que las palabras salieran de mi interior a borbotones, sin que pudiera pararme a pensar en lo que estaba diciendo

- ¿Qué coño te hace pensar que no siento lo mismo que tú, idiota?

Sus ojos se abrieron de par en par, tratando de procesar lo que acababa de oír. Yo me dediqué a la misma tarea, para darme cuenta entonces de que había hablado demasiado. Sentí como un sudor frío resbalaba por mi nuca, mientras trataba de que absolutamente ninguna de las sensaciones que me aprisionaban el pecho se reflejara en mi rostro.

- Kanda...

Allen esperó que continuara hablando, con sus orbes grises intentando leer lo que había más allá de mi mirada, sin lograrlo. Me paré a pensar seriamente en lo que iba a decir, y solté un leve suspiro de molestia mientras fruncía el ceño. En fin, que más daba ya.

- Eso sí, te advierto que yo no soy tierno, ni cariñoso. No me verás perder el culo por darte un beso. No me acordaré jamás ni de tu cumpleaños ni de ningún aniversario. No pienso ser amable con ninguno de tus asquerosos amigos...

Estiró un brazo, indicándome que me callase, para después levantarse de la cama y mirarme con un extraño mohín de molestia.

- Vale. No me esperaba menos de ti, señor témpano de hielo. Sino no serías tú después de todo.

En un solo movimiento, tan rápido que ni siquiera lo vi venir, sus brazos rodearon mi cuello y sus labios se posaron con suavidad sobre los míos. Pude observar por un momento sus mejillas, cubiertas por un furioso color rojizo y sus ojos cerrados, adornados por largas pestañas negras.

La sangre me ardía en las venas, impulsada por latidos feroces que luchaban por sacarme el corazón del pecho. Aunque en realidad aquello era demasiado sutil para mi gusto.

Con un brazo rodee su cintura, haciéndole caer sobre mi regazo, para luego sujetar su nuca, profundizando el beso hasta un límite que no supe si él podría aguantar. Recorrí cada rincón de su boca, rozando mi lengua con la suya en una caricia que le resultó abrumadora, ya que noté como la temperatura de su rostro aumentaba drásticamente.

Deslicé mi mano hasta la parte baja de su espalda, logrando que su respiración se acelerase, mientras que él comenzaba a jugar con el primer botón de mi camisa.

Escuché un tenue gruñido a lo lejos, lo cual me obligó a abrir los ojos con el ceño fruncido.

Aquella pequeña bola del demonio aleteó un momento, para luego mostrarme los dientes en señal de advertencia. Definitivamente odiaba con todas mis fuerzas a ese bicho.

Me separé de Allen, seguro de que en cualquier momento el golem se tiraría a mi yugular.

- ¿Qué pasa? - Preguntó el crío con un gesto de sorpresa dibujado en su rostro, el cual contrastaba notoriamente con el fuerte sonrojo de sus mejillas.

Hice un ademán con la cabeza para que se fijase en ese demonio diminuto en forma de esfera dorada.

- Tim....

Se alejó de mí para acercarse al golem. Este se subió a su cabeza y me miró desde arriba, comprobando con incredulidad que aquella cosa estaba tratando de sentirse superior.

- Últimamente está muy irascible. Me pregunto qué le ocurrirá.

No respondí, pero tenía bastante claro que era lo que le ocurría a ese jodido golem. Daba igual, de ahora en adelante pensaba pasar mucho tiempo con ese crío, así que más le valía acostumbrarse.

- ¿Ese bicho tiene que estar pegado a ti las veinticuatro horas? Échalo.

Hizo un mohín de molestia bastante infantil.

- No pienso hacer eso. Timcanpy también vive aquí. Esta también es su habitación.

Alcé una ceja, mientras aquel bicho agitaba las alas, sintiéndose ganador.

- En todo caso formaría parte del mobiliario. Es un golem, no una persona. Me pregunto si algún día te darás cuenta.

El Moyashi suspiró, hastiado.

- Ya está de vuelta el Kanda desagradable. Sabía yo que no podía durar mucho.

- ¿Soy desagradable por que no quiero que esa cosa nos grabe y se lo enseñe a todo el mundo?

Su sonrojo, que parecía haber bajado un poco, volvió a intensificarse.

- Él no...

Un par de golpes suaves sonaron en la puerta, haciendo que el niño se callase como un muerto.

- Allen ¿Estás ahí? - La voz de Lenalee llamó desde el otro lado.

El crío tardó algún tiempo en reaccionar. Cuando al fin habló, pude observar que su rostro estaba totalmente pálido.

- Sí, ahora te abro.

Me miró nervioso, para luego hablarme en un susurro.

- Lenalee no puede verte aquí. Escóndete.

Alcé la ceja por segunda vez en menos de cinco minutos.

- ¿Se supone que eso es una broma?

- ¿Ocurre algo? - La chica volvió a insistir. No se daría el caso de que se cansara y se fuese - ¿Puedo ayudarte?

- ¡No! Estoy bien. No pasa nada – Allen volvió a dirigirse a mí en voz baja, con un tono algo más hostil – No seas tonto. ¿Qué pensaría ella si te ve aquí?

- ¿Qué coño me importa? Que piense lo que quiera.

- Si alguien se entera de esto nos meteremos en un buen lío.

Ante su horror, sonreí con autosuficiencia. Había demasiadas cosas que él no sabía. Como si la Orden pudiese decirnos algo, cuando era justo eso lo que ellos querían que ocurriese.

- Pues tú sabrás lo que haces, pero yo no pienso esconderme en ningún sitio – Lenalee volvió golpear la puerta, preocupada - ¿No piensas abrir o qué?

Él se mordió el labio inferior, probablemente bastante enfadado. Trató de cambiar el semblante cuando fue a abrir, fingiendo una de sus mejores sonrisas, para luego girar el manillar y abrir la puerta.

- Hola Lenalee. Siento haberte hecho esperar.

Ella se asomó levemente para mirarme. Volvió los ojos hacia Allen y luego los clavó de nuevo en mí, sin terminar de entender que es lo que estaba ocurriendo.

- Buenas noches, chicos. - Sonrió alegremente, aunque supe que se había dado cuenta de que ocurría algo extraño. Miró un momento a Allen – Venía para ver si bajabas a cenar.

- Emm... Sí, claro. - El crío dejó de hacerme el vacío y se dirigió a mí – ¿Vienes?

Chasqueé la lengua, mirando hacia otro lado.

- Más quisieras – Contesté lacónicamente. Él se limitó a dedicarme un gesto de extrañeza. Me levanté de la silla y le hice un gesto a Lenalee para que se apartase, para después mirar al crío, que tenía cara de querer que la tierra se lo tragase.

Salí por la puerta. Ellos dos comenzaron a caminar hacia otra dirección. Pude oír, incluso estando ya alejado algunos metros, como la china comenzaba a acribillar a Allen a preguntas amigables pero bastante insistentes. Algo me decía que el enano me restregaría más tarde el haberle dejado solo ante esa situación.

Caminé con parsimonia hacia mi habitación. No tenía mucha hambre y tenía demasiadas cosas a las que dar orden dentro de mi cabeza, así que podría pasar la noche sin tener que bajar al comedor.

Crucé mis brazos mientras contenía un suspiro. Parecía que finalmente había olvidado cual era mi objetivo y lo que pretendía con Allen. Pero claro, solo lo parecía. Simplemente había fallado el plan A y tenía que recurrir a otra estrategia, pero eso ni significaba que me hubiese dejado ganar por mis estúpidos sentimientos. Yo jamás haría algo así.

Probablemente hacía tiempo que teníamos a los comandantes-jefe pisándonos los talones, tratando de que la maldita profecía se cumpliese. Uno de los pasos era que yo estuviera con Allen. Bien, primer punto cumplido ¿No? O al menos eso se creerían ellos.

Si mantenía a Allen a mi lado, pensarían que estábamos siendo guiados hacia el destino que debíamos cumplir. No podrían imaginarse que no podían estar más equivocados.

Al ver la superficie, no se harían más preguntas, y mientras yo aprovecharía para alejarme todo lo que pudiera de esa estúpida profecía. Si los comandantes-jefe se tomaban tantas molestias por ocultar aquello a ojos de todos, significaba que el futuro podía ser cambiado.

Claro que incluso ese plan podía fallar. Así que debía mantenerme a una distancia prudencial de ese crío. Si me dejaba llevar demasiado luego no podría mantener la razón si tenía que alejarme por completo de él. Si no había sido capaz de hacerlo cuando quise, no quería ni imaginarme el esfuerzo que sería tener que intentarlo cuando en realidad quería estar con él. Eso significaba que no debía inmiscuirme demasiado. Definitivamente, no quería ni pensar en lo mucho que podría llegar a doler eso.

Llegué a mi habitación y me encerré en ella, para acto seguido tirarme sobre la cama, bocarriba. Aun tenía una decisión que tomar, pero esperaría a los resultados de las pruebas de Komui para ello. Hasta entonces, me ocuparía del conflicto más cercano, el cual tenía los ojos grises y el pelo blanco.

Cerré los ojos y abandoné mi mente, dejándola volar hasta la causa más clara de la mayoría de mis problemas. Ese niño ocupó la mayor parte de mis pensamientos durante el resto de la noche, ya que por más que lo intenté, fui incapaz de pegar ojo.

OoOoOoOoO

Mantuve la mente en blanco todo el tiempo que pude, el cual no fue demasiado. Chasqué la lengua por tercera vez. Llevaba encerrado toda la mañana en la sala de entrenamientos y no había logrado ningún avance. Hice un nuevo intento, tratando por todos los medios de meditar, olvidando todo lo que me rodeaba.

Definitivamente, era imposible. Fruncí el ceño, abriendo levemente los ojos para ver hacia mi lateral. Así no había manera humana de concentrarse.

Desde que había entrado esa mañana a la sala de entrenamientos, y al ver que todas las demás personas se marchaban en cuanto yo llegué, Allen se había convertido en mi sombra.

Al principio él había permanecido en silencio, y a pesar de que su presencia me descentraba bastante, era capaz de mantener la calma.

Pero hacía un rato que se había aburrido de fingir que meditaba y se había puesto a jugar con su maldito golem.

Cuando finalmente perdí la paciencia y me giré para dedicarle una de mis mejores miradas asesinas, se encontraba sujetando al bicho por el rabo, balanceándolo como un péndulo, mientras el golem trataba de zafarse lanzando mordiscos al aire. Apreté los puños, tratando de serenarme.

- Deja de hacer eso. En este instante.

Soltó al golem, el cual comenzó a volar hacia mi dirección, le detuve apresándolo con una mano.

- Anda. Has logrado que no te muerda. - El crío comenzó a reírse sin que yo entendiese qué coño le hacía tanta gracia.

- Si te empeñas en que tu jodido golem me ataque, desarrollo mecanismos de defensa.

Habían pasado tres días, en los cuales cada vez que me había visto había hecho lo mismo: Lanzarme al golem como si fuera un perro de presa. Después de que ese pequeño monstruo casi me arrancase una oreja, supe que el jueguecito iba a seguir, pero yo no estaba dispuesto a tolerarlo.

La esfera, que aun permanecía encerrada en mi mano, me clavó los dientes en la mano, logrando así alcanzar la libertad.

- Odio a este puto bicho – El golem regresó al regazo de Allen, el cual le recibió con una leve sonrisa. Le miré fijamente, con el ceño fruncido. - ¿Ya te has divertido lo suficiente?

Él volvió a reírse. Yo no estaba seguro de querer entender su sentido del humor.

- Me encanta la cara que pones. Creo que puedo entender a Lavi. Es tan entretenido sacarte de quicio...

Me levanté dispuesto a marcharme. No podría realizar ninguna clase de entrenamiento en condiciones con ese crío delante. Me miré la mano derecha, que era con la que había sujetado al golem, y comprobé que este no me había dejado marca. Contuve un suspiro de alivio. Lo último que necesitaba era otra herida incurable que esconder.

Antes de que pudiese darme cuenta, Allen había tomado mi mano. Alcé una ceja mientras él observaba la zona en busca de alguna herida.

Traté de mantener la compostura, dándome cuenta de que su línea de visión se estaba acercando demasiado al pequeño corte que aun permanecía en mis dedos.

Para mi alivio, Allen me soltó de repente, como si mi piel le hubiese dado calambre. Fruncí el ceño al darme cuenta de que su mirada se había clavado en la puerta de entrada, a pesar de que allí no había nadie.

- ¿Qué coño te pasa? - Pregunté al darme cuenta de que parecía haberse olvidado de que yo seguía allí.

- ¿Eh? No, no es nada...

Sí, claro. Durante aquellos tres días había estado comportándose de esa forma, mirando hacia los lados cada vez que permanecía algún tiempo conmigo, probablemente temeroso de lo que pudiesen pensar los demás.

No se qué coño estaría pasando por su cabeza, pero su actitud era algo que definitivamente no me convenía.

Lo que necesitaba en aquel momento es que algún rumor sobre lo que ocurría entre nosotros se extendiese hasta llegar a los oídos de los comandantes-jefe. Pero resultaba que aquel niño era demasiado discreto.

Solo parecía ser efusivo cuando estábamos totalmente solos, en algún lugar donde nadie pudiera encontrarnos. Y yo no era capaz de ser efusivo en ningún momento, incluso con esa extraña sensación dando vueltas por la boca de mi estómago, me costaba horrores dedicarle algo más que palabras. Simplemente, ser cariñoso no estaba en mi naturaleza, y era poco probable que lo estuviera algún día. Incluso si no podía evitar quererle, esas cosas no iban conmigo.

De todas formas, si yo me comportase así delante de la gente solo para lograr que se hablase de nosotros, los únicos comentarios que probablemente correrían de boca en boca serían que yo me había vuelto loco, o que Komui había echado algo extraño en mi comida. Probablemente resultaría mucho más creíble si fuera ese crío el que dejase escapar alguna muestra de cariño demasiado sospechosa. Pero viendo su comportamiento, estaba seguro de que no lo haría.

Y no podía explicarle las razones por las que no debía temer las consecuencias de la iglesia. Él no debía saber absolutamente nada de su posible futuro sacrificio, lo cual me hacía las cosas más difíciles.

Traté de no mostrar una mueca de disgusto. Parecía que daba igual el camino que tomase, ninguno terminaba de venirme bien. Joder, tenía que haber algo que fuese más sencillo que todo eso.

-¿Podemos ir a comer algo? - Preguntó después de un rato de silencio durante el cual el niño se había quedado mirando a la nada.

Me dirigí a la salida sin responder, gesto que él interpretó como un , ya que me siguió sin hacer preguntas.

Caminamos hacia el comedor mientras él se mantenía a cierta distancia de mí, como si no estuviésemos yendo juntos.

Observando el panorama, lo cierto es que era extraño que se dignase a comer en la misma mesa que yo. Aunque no hubiera ningún acercamiento importante, si era verdad que al menos se mantenía cerca de mí.

Cierto que se comportaba como si yo fuese cualquiera de sus estúpidos amigos, aunque pensando que estaba tratando conmigo y que en teoría no podíamos estar ni en la misma sala sin amenazarnos de muerte, la verdad es que era un avance importante. Quizás eso fuera suficiente para que alguien se diese cuenta de que ocurría algo raro.

Y estaba casi seguro de saber quien sería ese alguien.

En cuanto entramos al comedor, la mirada de Lenalee, la cual estaba sentada en una de las mesas del fondo, se clavó sobre nosotros. Allen la saludó amablemente con la mano, con una sonrisa de incomodidad dibujada en su rostro.

Desde que me vio en la habitación de Allen, ella sospechaba algo. Justo Lenalee, la única persona del mundo que jamás nos delataría. Definitivamente, yo no podía tener peor suerte.

- Lo sabe. - Me dijo el Moyashi en un susurro, mientras nos sentábamos en una de las mesas que quedaban libres tras conseguir la comida – Estoy seguro de que lo sabe. Y todo porque eres un cabezota.

- ¿Te importa?

Me miró con extrañeza por detrás de su montaña de platos.

- ¿Qué clase de pregunta es esa?

Continué comiendo, sin hacer demasiado caso al hecho de que Allen estuviese ensayando para convertirse en búho y que yo era el objetivo de su mirada fija.

- Creo que hablo bastante claro. Aun no me ha dado por hablar con la boca llena como haces tú – Se sonrojó levemente, algo molesto - ¿Qué importa que ella lo sepa?

- Eres un inconsciente. Se supone que nadie debería saberlo. Es peligroso...

Alcé una ceja, no entendiendo del todo a qué se refería con eso.

- ¿Peligroso dices?

- Estamos en la cuerda floja. Tú y yo no deberíamos....

Se calló de pronto. Pude darme cuenta de que miraba nervioso a su alrededor, asegurándose de que nadie le había oído. Ese chico no podía ser más estúpido.

Tendría que meter baza en el asunto o jamás llegaríamos a nada. Si no lograba dar la impresión adecuada a los comandantes-jefe, terminarían enterándose de que deseaba desviarme de la profecía. Si eso ocurría, ese crío sí que tendría razones para estar preocupado.

- ¿Por qué coño te importa tanto lo que piense la gente? ¿Te avergüenzas de mí o qué?

Dudó un momento. Frunció el ceño levemente pero continuó devorando la comida que había sobre los platos, mientra se giraba de vez en cuando hacia el golem para darle algún trozo de carne. Estuve a punto de insistir, ya que él no parecía estar dispuesto a contestarme, pero tras un rato, soltó un suspiro, bastante exasperado.

- No es eso. Me preocupo por nosotros. - Miró uno de los platos vacíos como si en él estuviese escrito el gran secreto de la humanidad – Más bien, me preocupo por ti. No quiero que te metas en líos solo por estar conmigo. No sería la primera vez que sospechan de ti....

Ya, aun recordaba como esa panda de imbéciles había tenido el valor de acusarme de cómplice de asesinato. Pero eso ya no tenía importancia. Sabiendo cual era mi papel en aquella historia, nadie se atrevería a culparme de nada.

- Deja de decir estupideces. No necesito que te preocupes por mí.

Dejé los palillos sobre el plato, esperando a que me respondiera, pero él no lo hizo. Se dedicó a tirarle las sobras a su bicho alado, lo cual me resultó extraño, ya que cuando Allen estaba delante rara vez quedaba algún resto. Cuando se dirigió a mí, me habló en un susurro.

- No puedo entender qué es lo que pretendes. Siendo como eres, deberías ser tú el que no tendría que querer que nos vieran juntos. ¿A qué estas jugando, Kanda?

Ladeé la cabeza, manteniendo la vista fija sobre sus ojos. Él trató de intentar descubrir que era lo que se cocía en mi mente, sin lograrlo, como siempre. Para Allen yo era un libro cerrado a cal y canto. Sabía que eso le molestaba, pero así eran las cosas.

Aunque supuse que esa era la razón por la que no terminaba de confiar del todo en mí, no podía arreglarlo. Era incapaz de mostrar abiertamente lo que guardaba en mi interior.

- No estoy jugando a nada, estúpido. - Me levanté y esperé a que él hiciera lo mismo, pero se quedó donde estaba, sin moverse - ¿Vienes o qué?

Tardó en reaccionar, pero tras un momento, asintió. Dejamos atrás la mesa llena de platos, como si varios regimientos hubieran pasado por ella.

Estábamos a punto de salir cuando una figura menuda nos impidió el paso.

- ¿Podría hablar un momento con vosotros, por favor?

Allen comenzó a retorcer las manos sobre su regazo, mordiéndose el labio inferior mientras trataba de aparentar una sonrisa.

- ¿Por qué, Lenalee? ¿Ocurre algo?

La china dibujó un gesto amable, a pesar de que luchaba por no fruncir el ceño.

- Eso mismo estaba preguntándome yo. ¿Qué pasa con vosotros dos?

El enano comenzó a sudar la gota gorda, mientras yo mantenía la calma con bastante facilidad. Ella volvió a hablar cuando vio que ninguno de los dos íbamos a contestarle.

- Me alegro mucho de que os llevéis mejor, pero la verdad es que es algo bastante sospechoso. ¿Estáis tramando algo?

Otra prueba, una más de las innumerables que ya había encontrado, para corroborar que esa profecía era verdadera. Había tenido dudas sobre quien era el otro personaje de esa historia, ese al que nosotros debíamos defender, y por el cual Allen tenía ese poder que le acabaría llevando a la muerte, pero ahí estaba la respuesta.

Lo más preciado, el corazón de las inocencia, o más bien su portadora, controlaba a su guardianes como si fueran perritos falderos. Era el colmo del surrealismo.

- No estamos tramando nada... - Comenzó a decir el crío bajo la mirada inquisitiva de Lenalee – Solo es... que ya no peleamos tanto como antes. Nos hemos hecho amigos, eso es todo.

Ella se cruzó de brazos, no demasiado convencida. Yo fui incapaz de retener un gesto de extrañeza ante ese "nos hemos hecho amigos".

- No tenéis porque mentirme. Si pasa algo terminaré enterándome tarde o temprano.

Comencé a preguntarme por qué demonios hablaba en plural, si solo miraba a Allen mientras decía las cosas, como si únicamente se estuviera dirigiendo a él.

- Sabes perfectamente que es lo que está pasando. Deja de hacerte la tonta. Solo quieres que nosotros te lo confirmemos - Ella rodó los ojos. La cacé, mientras que el Moyashi se moría de vergüenza – Ahora ¿Podrías quitarte de en medio? Tenemos que ir ha hacer justo lo que sospechas que haremos.

Allen pasó del rojo al azul, tan rápido que pensé que iba a caer redondo.

- ¡Bakanda! ¿Qué leches estás diciendo?

Lenalee se rió levemente, como si el panorama que tuviese ante sus ojos fuera lo más divertido del mundo. Algo me hacía pensar que el Moyashi no opinaba lo mismo.

- ¡No es eso, Lenalee! No pienses nada raro. Kanda solo...

Ella se atusó el pelo, dedicándole algo parecido a una sonrisa cómplice.

- Déjalo, Allen. - La chica bajó el tono de voz, hablando en un susurro casi imperceptible -Ya se que vosotros dos estáis juntos.

El Moyashi luchó por no quedarse con la boca abierta. Tanto disimular para nada. Probablemente debía sentirse derrotado.

- ¿Có...cómo...?

Ella guiñó un ojo, completando mentalmente la frase que Allen no era capaz de pronunciar.

- ¿Qué cómo lo se? Es un secreto.

De repente vi como el golem del Moyashi comenzaba a revolotear nervioso, como si estuviese buscando un lugar donde esconderse. Alcé una ceja. Era tan retorcido que me parecía increíble que a un golem se le hubiese ocurrido hacer algo así, pero lo veía posible.

- Ha sido esa cosa ¿Verdad? - Me aventuré a decir, señalando al bicho, el cual trato de arrancarme el dedo de cuajo.

Antes de que pudiera quitármelo de encima, Allen ya lo había cogido y lo miró un momento, para luego levantar la vista hacia Lenalee.

- ¿Es eso cierto? ¿Cuándo? Él no se ha separado de mí ni un momento.

La china soltó un leve suspiro.

- Fue hace tres días, mientras bajábamos a cenar después de que os encontrara a los dos en tu cuarto. Tú fuiste un momento al baño y Tim...

Y luego Allen le defendía. Al final yo había tenido razón; el bicho nos había estado grabando.

Un fuerte sonrojo se extendió por su rostro cuando dedujo que era lo que el golem había mostrado.

- ¡Timcanpy! ¿¡Cómo se te ocurrido hacer algo así!?

El monstruito se encogió al verse regañado.

- Mira, tu propia arma se ha vuelto contra ti... - Dije al ver el mal rato que estaba pasando Allen. Él solo me miró con el ceño fruncido.

- No te enfades con Timcanpy, Allen. Él está preocupado por ti - El golem se posó sobre las manos de la chica. - Creo que piensa que Kanda no es una buena persona y que él no podría cuidarte. Es como si estuviese intentando avisarme para que te ayudara. Solo intentaba protegerte.

Allen miró al golem con los ojos vidriosos.

- ¿De verdad lo has hecho por eso? - El bicho respondió agitándose, tratando de asentir. - Gracias por preocuparte por mí, Tim.

La bola dorada voló hacia el regazo de Allen, el cual abrazó al golem ante la sonrisa de Lenalee y mi mirada de incredulidad. Ese jodido golem pensaba que yo no era bueno para Allen. Debería sentirme ofendido, aunque simplemente me había quedado pasmado. Estuve por decirle al Moyashi que perdonarle de esa forma era como darle la razón, y en ese caso me estaría insultando, pero me lo ahorre. Daba rabia, pero no valía la pena.

Cuando Allen se calmó, la chica volvió a hablarnos.

- Deberíais ser más cuidadosos. Podríais meteros en líos si alguien se entera. Sed más discretos.

¿Más? Pensé mientras enarcaba una ceja. Entonces Allen no se acercaría a mí en un radio de tres kilómetros.

- ¿No te parece mal? - Preguntó el Moyashi, no del todo seguro - ¿No piensas qué es... enfermizo?

Ella ladeó la cabeza, como si no hubiese entendido a que se refería el enano.

- ¿Enfermizo? Claro que no. Puede que sea extraño, pero al menos no estáis haciendo daño a nadie. Hay cosas mucho peores.

Allen soltó un suspiro de alivio. Supuse que era normal. No quería sentirse rechazado por sus amigos debido a eso.

- Gracias por comprenderlo, Lenalee.

- Tonto. Os aprecio a los dos. No puedo culparos porque intentéis ser felices.

La tranquilidad que comenzó a emanar de Allen me afecto a mí también. Supuse que no me gustaba verle afligido.

- Bien ¿Ahora puedes quitarte de la puerta, Lenalee? Estás obstruyendo el paso a todo el mundo. - Dije al ver que un par de buscadores que acababan de llegar nos miraban y comentaban entre ellos.

- Oh, lo siento mucho – Se disculpó la chica mientras salía al pasillo y permitía de nuevo la libre circulación al comedor.

Pode por fin salir, seguido de Allen, pero antes de que pudiera alejarme demasiado, Lenalee me llamó.

- Kanda. Una última cosa.

- ¿Qué bicho te ha picado ahora?

- ¿Has estado en alguna revisión o algo?

Allen me miró, esperando mi respuesta. Sabía que aun estaba preocupado por eso, y yo aun no estaba seguro de si Allen se había enterado de algo importante mientras espiaba tras la puerta.

- Sí ¿Por qué?

- Pues... llevo dos días viendo sobre la mesa de mi hermano una carpeta con tu nombre que parecía ser un informe médico. Supongo que se habrá olvidado de darte los resultados. Es tan despistado a veces...

Me quedé sin saber que decir. Hacia dos días que sabía los resultados y no me había dicho nada. Y simplemente no podía creerme que Komui lo hubiese olvidado. Era un incompetente, pero no hasta ese punto. Jamás olvidaría algo tan importante.

Si todavía no me había avisado, era por que la cosa era mucho más grave de lo que parecía. Quizás me quedaba menos tiempo del que yo esperaba.

- Deberías ir a preguntarle. Seguro que en cuento se lo recuerdes te lo da – Ella se despidió con la mano – Te pediría que lo hicieras pronto, por favor. Ya no caben más documentos sobre ese escritorio. Cuantas más cosas vayamos quitando, mejor. Bueno, cuidaros.

- Adiós, Lenalee. - Respondió el niño mientras ella se alejaba, para luego mirarme a mí - ¿Por qué tienes esa cara?

- Es la cara que tengo siempre. No puedo quitármela – Dije tajante, comenzando a caminar hacia mi habitación. Por suerte, él me siguió. No sabía por qué, pero necesitaba un rato a solas con él.

- ¿Seguro que estás bien?

- Creo haberte dicho ya alguna vez que no es necesario que te preocupes por mí. Estoy perfectamente.

No insistió más porque supo que sería inútil. Tarde o temprano tendría que decirle que era lo que me ocurría, pero optaría por el "tarde", ya que no tenía ni la más remota idea de como decírselo.

Continuamos caminando en silencio, él pendiente de mí, yo enfrascado en mis propios pensamientos, planeando, cada uno a su manera, la manera de enfrentarnos el uno al otro, ya que aunque habíamos dado un paso muy importante, aun nos quedaba un largo camino por recorrer.

El rincón de las estupideces de Hermachis.

Bien, dije que regresaría a eso del días 6 y estamos a 19, pero tengo una buena escusa xP Terminé mis exámenes, pero me adentré en un horrible bloqueo creativo del que pensé que no saldría u.u Ni yo, ni el fic lol

El peor de los momento fue un principio de ataque de ansiedad al ponerme frente al documento y ver que no lograba los resultados que buscaba. Ante eso, me planteé muy seriamente dejar de escribir, al menos por un tiempo.

Al final logré concienciarme de que esto es un fic, que no debo agobiarme tanto, y de que debo escribir por la razón por la que empecé. Me divierto con esto, y creo que divierto a los demás, eso es lo que debo lograr, pero siempre manteniendo la calma. No se me debe ir la vida por esto.

Así que de momento todo esta bien, pero si me vuelve a ocurrir algo así, creo que dejaré de escribir. No puedo dejarme la salud en esto, sería el colmo u.u

Bueno, después de contar cosas que a nadie le interesa, continuamos xD

Esto es otro enorme bicharraco de nueve mil palabras. Yo haciendo cosas que se le hagan livianas a los lectores, como podéis observar... x.x En fin, espero que aun así os haya gustado, y si no, pues nada xP trataré de mejorar para el próximo (siempre manteniendo la calma, Herm... XD)

Al final hubo reviews del cap 6 que no conteste. Matadme x.x No ocurrirá lo mismo con lo del 7, ya están todos contestados n0n

Bueno, muchas gracias a Meroko, Shizuru, Dircray, KISproductions, Haruhi Juliet-Pon, Jedah Sparda, Lissy Aquarius, Noriko, Naoky y sakura_saku por dejarme sus comentarios n.n

Los comentarios de Meroko, Shizuru, Noriko y sakura_saku están contestados en mi perfil.

Gracias a todos por aguantar mis paranoias y por leer n0n

¡Hasta pronto!