Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: Nada es mío, ni D gray man, ni sus personajes ni nada, ya que si fueran míos yo tendría mucho más dinero del que dispongo, pero resulta que miro mi cartera y sigue vacía, así que esa es la prueba irrefutable de que no soy la dueña xP Todo pertenece a Katsura Hoshino y a su cruel dominio de la desesperación (¿¡Cuándo seguirá ese maldito manga!? T.T) Sí son míos los argumentos que desarrollo (Algo así, porque la verdad es que están algo trillados x.x) Pero bueno, es bonito ser dueña de algo, aunque sea algo como esto ¿No? xD
Advertencias: OOC (A estas alturas ya es inevitable xP), shonen-ai , mal vocabulario, relleno raro (O algo así) Allen haciendo cada día cosas más raras... en fin, nada nuevo XD
Gracias como siempre a Meroko por soportarme y por corregir, que es un más que duro trabajo por el cual no le pagan (pobre xP Lo que tiene que soportar xD), y porque no puedo dar dos pasos sin ella porque soy un desastre lol Su opinión y su apoyo son vitales para mí xP
Capítulo 9
Dejé que mis dedos resbalasen a través de sus cabellos, tan suaves como si fueran en realidad hebras de seda blanca que caían sobre su frente. Retiré con una caricia varios mechones que estaban sobre sus mejillas.
Sentía algo extraño mientras hacía eso. Yo no solía ser cariñoso con él porque era algo que no encajaba conmigo. Muchas veces lo había pensado. No me debería suponer un esfuerzo abrazarlo cuando eso era lo que quería hacer, y sin embargo, me veía incapaz de intentarlo siquiera.
Le había besado antes, pero eso no hacía las cosas más sencillas. En esas ocasiones había perdido el control, lo había hecho en contra de mi voluntad, y justo ahora que era totalmente consciente de mis actos, volver hacer algo parecido era como cruzar un océano a nado.
Creía saber a que se debía todo eso. Había pasado tanto tiempo alejando a los demás de mí que ahora no sabía como comportarme cuando tenía a alguien tan cerca. La misma coraza que había creado para protegerme de la gente, ahora me mantenía encerrado, y no estaba seguro de querer destrozarla para poder salir. Eso sería exponerse demasiado.
Por suerte, todo era mucho más fácil cuando él estaba dormido. Parecía que el muro invisible contra el que siempre me chocaba desaparecía, y podía hacer esa clase de cosas, de las que si bien Allen no tenía ni idea, al menos calmaban mi ánimo.
Acaricié su rostro con cuidado. Probablemente hacer eso con alevosía mientras el Moyashi no se enteraba de nada, me daba aires de pervertido. Fruncí el ceño. Tampoco era de la clase de personas que pensaban en ese tipo de cosas. Solo hacía lo que algo en mi interior, cierto sentimiento que todavía no era capaz de clasificar, me pedía.
Él permaneció acurrucado sobre mi pecho, sin moverse. Aparté unos cuantos mechones de su cuello y me incliné para tener acceso a él, pero cuando mi aliento choco con su piel sensible, Allen se estremeció. Me tensé sin querer. Sondeé entonces sus facciones y me di cuenta de que un casi imperceptible sonrojo comenzaba a manchar sus mejillas.
Me mantuve entonces a la altura de su rostro. Cada vez que respiré, sus pestañas templaron. Me acerqué lentamente a sus labios, mientras que su respiración se aceleraba.
Cuando mis labios estuvieron a milímetros de los suyos, una extraña ola de furia me invadió y, con todas las fuerzas que tenía, pellizque con saña su mejilla, logrando que emitiera un quejido de dolor y que al fin abriera los ojos.
- ¿Tú te piensas que yo soy imbécil o qué?
Él se sobó la zona dañada, dedicándome una leve mirada de desprecio.
- No puedes ser más bruto. Y yo que pensaba que tenías una faceta cariñosa...
Puede que la tuviera, pero no podía mostrársela, al menos no cuando él era consciente de lo que hacía. Aun conservaba algo de orgullo a pesar de todo. Me senté en la cama antes de hablar.
- Creí que te había avisado y que te habías hecho a la idea. Yo no hago esas cosas. Si no te gusta ahí tienes la puerta.
No se iría, eso lo tenía claro. Por alguna razón, él me conocía lo suficiente como para poder leer a través de mis palabras y fingir enfado aun cuando no lo sentía, simplemente para no dejar que yo quedase por encima de él. Al parecer él también conservaba su orgullo.
- Eres un borde asqueroso y no te mereces que haga lo que estoy a punto de hacer.
Le miré un momento, para ver como un Moyashi bastante decididose abalanzaba sobre mí y me derribaba, tirándome al suelo.
- ¿Qué coño crees que haces, enano? - Gruñí entre dientes mientras trataba de levantarme y recoger mi dignidad, que se había quedado como yo, esparcida por los suelos.
Pero antes de que pudiera moverme, se situó de rodillas a mi lado y agarró mi rostro para besarme de forma exageradamente dulce pensando que venía de alguien que en teoría estaba cabreado.
Cuando se separó de mí, fui incapaz de controlar una mirada de sorpresa.
- Así que no me merezco que casi me partas la crisma. Eso es un alivio.
Me dedicó un pequeño mohín de molestia, como si creyese que me estaba burlando de él.
- No mereces que te bese, imbécil. Y que sepas que solo lo hago porque yo quiero también.
- ¿"También"? ¿Qué demonios te hace pensar que yo quería?
Un gesto pensativo cruzó su rostro.
- Pues no se... ¿Tal vez el hecho de qué has estado metiéndome mano mientras dormía?
Como si un rayo acabase de atravesarme el pecho, me quedé con al boca semiabierta, incapaz de saber exactamente que contestar. Decir que no sería negar la evidencia. Pero no podía dejar que me pisotease de ese modo. Fruncí el ceño todo lo que pude y le dediqué media sonrisa torcida, mirándole con superioridad.
- ¿Y si es cierto qué? Lo he hecho porque me ha dado la gana y punto ¿Tienes algo que decir?
Él se sonrojó levemente, no creyéndose lo que acaba de soltarle.
- Claro que sí ¡Eres un pervertido!
Me levanté del suelo, sacudiéndome el polvo de la ropa.
- Di lo que quiera, pero eres tú el que ha venido a pasar la noche a mi habitación.
Allen me sacó la lengua de forma infantil mientras yo me volvía a tumbar en la cama. Estuve un rato sin dirigirle la mirada, centrándome solo en el techo, esperando a que se levantara y regresase a la cama.
- ¿Qué es esto? - Me preguntó, tendiéndome algo.
Giré entonces la cabeza, para ver que me mostraba aquella libélula plateada que había comprado en Francia días atrás. La había dejado junto a la flor de loto en cuanto llegué a mi cuarto y no había vuelto a pensar en ella, más que nada porque no sabía qué hacer con aquella cosa y no quería recordar el estúpido arrebato por el que la había comprado. Terminé por tomar la joya entre mis manos al ver que él no cambiaba de posición.
- Una libélula – Dije convencido. Porque desde luego, era mejor decir algo obvio que soltarle que la había comprado porque me recordaba a él.
- Eso ya lo veo – La revisó un momento tras alzar una ceja- ¿Te la han regalado? Porque anda que...
Me encogí de hombros, fingiendo que no tenía ni la más mínima idea de donde había salido.
- ¿Qué coño quieres decir con eso?
Me miró con una leve mueca, para luego acercarse más a la cama.
- Las piedras que tiene incrustada se llaman piedras de la luna. En la India son sagradas, así que cuando estuve allí oí hablar bastante de ellas...
Piedras de la luna... justo cuando ese crío me recordaba tanto a la luna llena. Si yo hubiera sido otra persona, realmente me hubiera sorprendido.
- ¿Y qué?
- Bueno, se supone que sobre todo sirven para calmar el ánimo, alcanzar la armonía y para que las personas reprimidas sean capaces de expresar mejor sus sentimientos. La persona que te dejó esto aquí sabía lo que hacía.
Abrí la boca con incredulidad, para cerrarla al instante, tratando de mantenerme sereno. Sabía que jamás debería haber comprado esa cosa. Odiaba tanta casualidad.
- Yo no necesito ninguna mierda de estas. - Le lancé el adorno, el cual a penas consiguió coger al vuelo – Puedes quedártelo.
Sonrió levemente.
- Que actitud la tuya. Creo que en realidad si que te haría bastante falta tener esto contigo, a ver si te vuelves un poco menos irascible.
- Deja de decir gilipolleces y dame las gracias.
Allen se sentó al borde de la cama, mientras su sonrisa se ensanchaba y sus ojos brillaban de una forma especial.
- Vale, gracias.
- ¿Esa es tu manera de agradecer las cosas?
Alcé una ceja ante su gesto interrogante, hasta que al fin lo comprendió y volvió a sonreír mientras se inclinaba para quedar a escasos centímetros de mi rostro.
- Serás imbécil...
Rompió la distancia que nos separaba besándome de nuevo con demasiada suavidad. Aproveché para llevar mi mano hasta sus cabellos, dejando que se enredaran entre mis dedos, mientras deslizaba mi lengua, rozando con lujuria la comisura de sus labios.
Bajé mi otra mano hasta su cintura, posándola allí sin que él se diese cuenta. Allen se acercó más, de manera instintiva, prácticamente tumbándose sobre mí.
Me tomé la molestia de marcar el ritmo del beso, convirtiéndolo en un contacto apasionado y fuerte. Perdí la noción de mis movimientos y simplemente mantuve los ojos cerrados, guiándome por el tacto, mientras trataba de colarme bajo su camisa, logrando así acariciar con un movimiento la piel de su abdomen, haciendo que se estremeciese.
Con la mente en blanco, mi mano se movió con voluntad propia hacia su espalda, descendiendo peligrosamente hasta donde comenzaba la tela de sus pantalones, a la cual ignoré, y sin mucho esfuerzo, las yemas de mis dedos pasearon por debajo de ella, buscando más piel suave que acariciar.
Con un movimiento brusco, Allen se separó de mí, mirándome de una forma que no supe clasificar, mientras se mordía el labio inferior, tratando de controlar su respiración errática. Yo no supe muy bien como reaccionar, ya que mi mente parecía seguir apagada.
- ¿¡Qué estás haciendo!? - Me preguntó, indignado. Su tono de voz contrastó cruelmente con la tonalidad rojiza de su rostro, lo cual le dio un aspecto demasiado cómico, a pesar de que la situación no tenía ni puta gracia.
Poco a poco, comencé a recobrar el razonamiento, y entonces me hice la misma pregunta que él me había hecho: ¿Qué coño estaba haciendo? ¿Acaso había perdido del todo la poca cordura que podía quedarme?
Allen se sentó en el borde de la cama con un gesto tenso, mientras yo me incorporaba. Lejos de disiparse, su sonrojo se intensificó.
- ¡Tienes que estar de broma si piensas que puedes hacer esas cosas cuando ni siquiera te dignas a darme un abrazo! ¡No es justo que hagas eso!
Apreté los dientes. Tampoco había sido como si yo me hubiese dado cuenta de lo que estaba haciendo, ya que por un momento había perdido la noción de todo y no era consciente de mis propios actos. Hubiera podido simplemente decirle eso, pero no lo hice.
Que me soltara aquello me había jodido. No era como si yo, por mi libre albedrío, evitara ese tipo de contactos con él. Allen no se daba cuenta del esfuerzo sobrehumano que debía hacer para lograr mantenerlo a mi lado sin herirle demasiado.
Yo no sabía como comportarme, e incluso si tenía nociones, ahí permanecía mi escudo impenetrable, obligándome a no ponerlas en práctica. No se trataba de que yo no quisiera abrazarle, si no de que no podía. Y que él, que tanto presumía de saber de que pie cojeaba yo, no se hubiese dado cuenta, me jodió a sobremanera.
Estuve a punto de perder los estribos y gritarle para que se largara, pero de repente su mirada se ablandó, apareciendo en ella un leve deje de tristeza. Bajó la cabeza un momento, como avergonzado.
- Lo siento. No quería hablarte de esa forma. - Sus ojos repasaron las piedras del suelo con atención – Tu me dijiste que no esperara que fueras cariñoso conmigo. Perdón por olvidarlo.
Mi ánimo se calmó poco a poco, aunque un leve resquemor se quedó en mi pecho. Reflexioné fríamente y tomé una decisión. No quería complicar más las cosas. Le hablé con cierta indiferencia.
- Ha sido una tontería. Olvidemos todo este asunto.
Él asintió levemente. Permaneció en la misma posición, haciendo como si yo no existiera.
La incomodidad podía palparse. Definitivamente, la noche de tranquilidad a su lado se había terminado. En que mala hora ese imbécil se había tenido que despertar.
Y el oír varios golpes fuertes en la puerta solo corroboró lo que había pensado.
Yo ignoré el sonido, ya que sabía muy bien de que se trataba, mirando hacia otro lado, lo cual hizo que Allen olvidara su aislamiento y me mirara fijamente.
- ¿No piensas siquiera preguntar quién es?
Dibujé sin querer una mueca ante ese comentario.
- Mira a tu alrededor, observa que te falta y deduce.
Tras echar un par de vistazos se dio cuenta de a que me refería.
- ¿Qué has hecho con Tim? ¿Por qué está ahí fuera?
Rodé los ojos. Obviamente, me había deshecho del bicho a mi manera. Jamás hubiera podido tocar a Allen sin llevarme un mordisco si es que esa bola estaba delante.
- Cuando te dormiste cogí al puto golem y, después de meterlo en un bote y agitarlo para que se desorientara, lo solté en el bosque. Pero esa mala bestia ha encontrado el camino de vuelta.
Allen se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza.
- Luego te extrañará que Timcanpy te desprecie. Si le tratas así jamás podréis llevaros bien.
- No tengo ninguna necesidad vital de llevarme bien con un golem. Por mí como si decide crearte un club de fans. Ese bicho me la sopla.
El Moyashi soltó un suspiro. El golem por su parte continuó montando escándalo fuera. Había dejado de dar golpes y se dedicaba a mordisquear el pomo de la puerta, tratando de girarlo para poder entrar. Si continuaba así, terminaría comiéndose el picaporte. El enano se levantó de la cama, mirándome de una forma bastante extraña.
- En fin, supongo que va siendo hora de que me vaya. Buenas noches, Kanda.
Le agarré de la muñeca con más fuerza de la necesaria.
- ¿Te vas a ir por esa estúpida bola con alas?
Se soltó con delicadeza, pretendiendo no ser descortés.
- Supongo que no lo querrás en tú cuarto, pero no me gusta la idea de que él se quede ahí solo toda la noche. Además... - Giró la cabeza, evitando encontrarse con mis ojos – Es mejor que me vaya.
- Y una mierda ¿De dónde sacas eso?
Se acercó un palmo a mí, para dedicarme una sonrisa divertida.
- ¿Quieres que me quede?
Chasqueé la lengua, hastiado.
- Odio tener que compartirte con un jodido golem.
Allen se rió con ganas.
- ¿Entonces puedo dejarle pasar?
- Haz lo que quieras, pero más vale que no rompa nada o se va a arrepentir de no haberse quedado en el bosque.
Finalmente, el mocoso fue a abrir la puerta. El golem entró como un rayo, comenzando a volar hacia mi dirección, abriendo la boca para enseñarme sus dientes con toda claridad. Pero antes de que aquel bicho pudiera acercarse a mí, Allen lo tomó entre sus manos.
- Pórtate bien, Tim. Esta es la habitación de Kanda y somos sus invitados ¿Vale?
No supe si el golem se había convencido o no, puesto que no tenía rostro, pero al menos permaneció quieto, como si hubiera sido capaz de entender las palabras del niño.
Allen regresó a la cama en la que yo aun permanecía tumbado, y dejó al golem sobre la almohada para poder acurrucarse junto a mí, abrazándose a mi cintura. Siempre era igual, parecía que los enfados se le iban con un soplido y enseguida volvía a buscarme. Era como si no pudiera vivir sin mí. Sonreí socarronamente ante ese comentario mental.
- ¿Ocurre algo? - Preguntó mientras sus enormes ojos grises se fijaban en los míos al ver mi mueca.
Con lo cerca que ese crío estaba de mí, me extrañaba que su golem aun no hubiera intentado apartarme de él a base de golpes contundentes. Al parecer sí que estaba dispuesto a obedecer.
- Duérmete.
Ante mi cortante evasiva, Allen no insistió.
En cuanto cerré los ojos, pude notar como algo se acomodaba en mi frente, lo cual me obligó a volver a abrirlos, para comprobar que tenía a un golem con sobrepeso sobre mi cabeza.
- Voy a contar hasta tres, y si cuando termine no has movido tu jodido culo de golem hasta la otra punta de la habitación, vas a saber lo que significa la palabra dolor.
Me sentí estúpido. Al final pasar tanto tiempo con ese Moyashi me había afectado lo suficiente como para acabar igual de loco que él, ya que esa era la única explicación para que le estuviera hablando a aquella cosa como si fuera una persona.
Allen apoyó su mejilla en mi pecho con suavidad.
- Déjalo. Creo que está intentando hacer las paces contigo.
Chasqueé la lengua mientras fruncía el ceño.
- Menuda estupidez.
Allen sonrió levemente mientras poco a poco se iba quedando dormido. Yo por alguna razón soporte que el golem permaneciera sobre mí, quizás con la esperanza de que dejase de intentar matarme, ya que suficientes problemas tenía ya como para tener que preocuparme también por el odio de esa bola psicópata.
Permanecí al lado de Allen, observado su rostro calmado hasta que salió el sol.
OoOoOoOoO
Vi como un par de gotas de sudor resbalaban por su rostro, antes de que otra patada se dirigiera con rapidez hacia mi cara. La esquivé sin mayor problema y me abalancé sobre él, pero Allen fue más rápido y antes de que pudiera darme cuenta, él ya estaba fuera de mi alcance. Me quedé con una rodilla hincada en el suelo, tal y como había aterrizado después de saltar, mientras él permanecía alejado de mí, tratando de recuperar el aliento.
Habíamos pasado todo el día así, entre puñetazos, patadas y de vez en cuando jugadas bastante sucias por parte de ese crío de cabellos de anciano. Había empezado siendo un simple entrenamiento rutinario y habíamos terminado así, a punto de arrancarnos los ojos.
El Moyashi se sentó en el suelo, estirando los brazos para pedirme un descanso. Yo me levanté y apoyé la espalda contra la columna que se encontraba más cerca de Allen.
- Déjalo de una vez. ¿Es que no sabes admitir una derrota? - Pregunté socarronamente mientra el trataba de regular su respiración.
- Tus ganas. Esto aun no ha empezado siquiera.
¿Qué no había empezado? ¿Entonces que demonios habíamos estado haciendo desde la mañana temprano hasta entonces, que ya debían ser más de las siete de la tarde?
Yo le ganaba en fuerza, pero él era más ágil y flexible, por lo que no hallamos un punto medio que le diera a alguno de los dos la victoria de esa extraña competencia que aun no estaba seguro de como había empezado, pero que no duraría mucho más.
Aquel crío estaba totalmente agotado y debido a su empeño en terminar con aquello, no había comido nada desde el desayuno. Era cuestión de tiempo que cayese rendido, cosa que no me hacía demasiada gracia. Tampoco tenía ninguna necesidad de que él acabase herido o enfermo por aquello.
Pero Allen era obstinado como él solo y no parecía dispuesto a rendirse. Y por muy preocupado que estuviese por él, yo tampoco lo haría. Una lucha era una lucha después de todo.
Intentaría una vez más hacerle entrar en razón, pero si él seguía en sus trece, no tendría más remedio que darle una paliza y llevarle a rastras al comedor.
- No digas estupideces. Estoy seguro de que ni siquiera eres capaz de ponerte en pie. Y no tengo ninguna intención de ir cargando contigo por los pasillos. Como te desmayes, te quedas aquí.
Levantó la cabeza para mirarme con el ceño fruncido.
- Gracias por tu amabilidad. Pero estoy perfectamente bien... - Un sonoro rugido salió de sus tripas. Él se sonrojó de rabia al ver lo obvio que era su organismo – Puede que tenga algo de hambre, pero eso es todo.
- Gran novedad... – Dije con tono sarcástico mientras alzaba una ceja – Pues tu verás lo que haces, pero cuando se cierre la cocina, olvídate de cenar.
Con un mohín, finalmente el crío se levantó del suelo y se dirigió hacia la salida sin mirarme siquiera. Si le conocía lo suficiente, podía estar seguro de que no iba a olvidar esa pequeña trifulca y que tendríamos que resolverla en otra ocasión. Claro que yo, por supuesto, estaría encantado de patearle el trasero.
Tras abandonar la sala de entrenamientos, caminamos juntos, mucho más cerca de lo que yo habría podido esperar. Al parecer el crío no seguiría los consejos de Lenalee, lo cual para mí era un alivio, ya que no necesitaba más cosas que entorpecieran mis expectativas.
Pero de todas formas, pude darme cuenta que Allen había bajado la guardia. Probablemente debía ser por el cansancio, ya que no parecía especialmente preocupado por el hecho de estar a mi lado.
Al verme pensativo, Allen cruzó su mirada con la mía. Siempre me preguntaría por qué al ver el tono gris de sus ojos sentía aquella extraña sensación. Era como si todas las preocupaciones desaparecieran de golpe.
- ¿Pasa algo? - Preguntó, clavando sus ojos en mí con curiosidad, mientras él seguía caminando sin mirar al frente.
Entonces me di cuenta de que no me había fijado por donde íbamos.
- Este no es el camino al comedor. - Solo tuve que abstraerme un momento para que ese imbécil se perdiera. Genial.
- Claro que no lo es. Quiero ir a darme una ducha. No me gusta sentirme pegajoso.
Me detuve de pronto, sin estar muy seguro de porqué.
- Nos vemos luego – Me di la vuelta y avancé con paso decidido hacia ninguna parte.
- ¿Por qué? ¿A dónde vas?
Como si yo lo supiera.
- ¿Por qué tengo que darte explicaciones de todo lo que hago? No eres mi madre.
Allen ladeó la cabeza. Recordé entonces que aun tenía algo que hacer. Ahora que ese crío no estaría pegado a mí, era mi oportunidad para pedirle a Komui los resultados de la prueba, y de paso un par de explicaciones por su ineptitud.
- No, y sinceramente me alegro de no serlo. - Sonrió levemente mientras rodaba los ojos. - ¿Vas a bajar a cenar conmigo entonces?
- Mejor baja solo y después vete a dormir.
- ¿Tardarás mucho en lo que sea que piensas hacer? Puedo esperarte...
- Te he dicho que no, joder.
Pensé que se enfadaría ante esa contestación, pero en lugar de eso, me miró inquisitivamente. Yo le di la espalda para seguir mi camino, creyendo que no me replicaría.
- Vas a ir a ver a Komui ¿Verdad? - Me quedé quieto por segunda vez - ¿Es por lo del los resultados de esa prueba médica que te hicieron? Lenalee dijo que fueras a buscarlos, pero aun no has ido...
Chasqueé la lengua. Al parecer el Moyashi no pensaba olvidarse de ello. Probablemente ese estúpido seguía preocupado.
- Tomaré ese gesto como un sí. - En esa ocasión fue Allen el que se dio la vuelta – Te esperaré en la sala de estar, así que más vale que vengas a buscarme. Quiero que me cuestes lo que te ocurre.
- No me ocurre nada, imbécil – Mentí, pero el no pudo escucharme, ya que antes de que me diera cuenta ya se había marchado.
Me di la vuelta, evitando en todo momento volver la vista atrás, a pesar de que sabía que ese crío ya no estaba al alcance de mi vista.
Caminé cada vez más deprisa, sin darme cuenta realmente de hacia donde se dirigían mis pies, tratando por todos los medios de permanecer con la mente en blanco, cosa que parecía totalmente imposible desde hacía ya algún tiempo. Y de igual manera, fallé de forma estrepitosa, trayendo de nuevo a mi mente las imágenes que hacía un momento me habían golpeado sin piedad.
Y es que esa era la verdadera razón por la que había dejado tirado a Allen. Podía haber sido útil hasta cierto punto, ya que gracias a eso no le tenía como una maldita mosca detrás de mi oreja mientras iba a hablar con Komui. No estaba de humor para soportar aquello.
Pero aun así, no dejaba de ser desconcertante ¿Por qué coño me ocurría a mí eso?
Desde hacía mucho tiempo, prácticamente desde siempre, yo había sabido mantener la cabeza fría en todo momento. Nunca dejé que nada me afectase, y siempre había sido capaz de actuar como me convenía, haciendo las cosas que debía hacer tras pensarlo todo un par de veces.
Pero por culpa de ese enano mi parte reflexiva parecía haberse ido de viaje a un lugar muy lejano y por lo visto no había forma de contactar con ella, ya que esa era la única explicación que encontraba a los pensamientos que cruzaron mi mente cuando Allen dijo que iba a bañarse.
Sacudí la cabeza, tratando de que no se notara mucho aquel gesto, a pesar de que intentaba de forma desesperada olvidar todo eso.
Pero no sirvió de nada. Caminé cada vez más deprisa, disfrazando en un gesto de enfado la incomodidad que comenzaba a embargarme al ver mentalmente la imagen de Allen bajo el agua de una de las duchas. Su piel blanca siendo recorrida por las gotas, mientras que su cuerpo menudo se empapaba, al igual que sus cabellos, que se pegaban a sus mejillas, adornadas por un leve sonrojo debido a la calidez del agua.
Bajé la cabeza irremediablemente, cubriéndome los ojos con una mano, dirigiéndome entonces hacia el despacho de Komui prácticamente a ciegas.
Aquel pensamiento cambió de pronto. Allen quedó contra la pared atrapado entre unos brazos que reconocí claramente, ya que eran los míos. Cuando mis labios tomaron los suyos de forma salvaje, yo no supe en qué agujero meterme.
Mis pasos se volvieron zancadas, pidiendo llegar cuanto antes al despacho de Komui, a ver si de esa forma dejaba de pensar ese tipo de cosas. Pero aquella especie de ensoñación continuó mientras bajaba a toda prisa las escaleras. Mis pensamientos continuaron volando hacia el cuerpo desnudo de Allen, el cual recorrí mentalmente con mis manos, mordiendo la piel sensible de su cuello, mientras el soltaba pequeños gemidos que trataron de ser ahogados, pero que finalmente salieron, ya que cada vez quedaba más encerrado entre mi cuerpo y la pared.
Abrí con un golpe la puerta del despacho de Komui, haciendo que este saltara de su silla, llenando el suelo de papeles variados. Yo aun mantenía la mente nublada, mientras mi cordura se desquebrajaba por el tira y afloja que había entre aquella extraña sensación que provocaba aquellas visiones y un cabreo bastante importante.
- ¡Dame los putos resultados, maldito científico demente!
Komui me miró con la boca abierta, sin entender qué demonios estaba ocurriendo. Tardó algún tiempo en reaccionar. Una leve sombra se dibujó por un momento en su rostro, haciendo que me calmase, pero sintiendo así cierta rabia navegar por mis venas. Su expresión cambio de pronto, convirtiéndose en una de completo júbilo.
- Buenas tardes ¿Qué tal ha ido todo? Bien ¿No?
Respiré hondo, tensando mis facciones.
- No me vengas con estupideces. Sé que tienes los resultados de los análisis. Así que dámelos ya.
El negó con la cabeza, sonriendo de manera despreocupada a pesar de que se encontraba igual o más tenso que yo.
- Siento decirte que los resultados no han sido claro. Seguro que hubo alguna contaminación en la muestra, así que creo que tendré que sacarte sangre de nuevo.
Se levantó de su silla y me indicó que le siguiera.
- No se como llegaste a supervisor con lo incompetente que eres.
Era increíble que las muestras se hubiesen contaminado. Al final, aquel hombre no era tan responsable como pensé que lo sería en una situación como aquella. Él solo hizo un ademán con la mano.
- Los demás candidatos eran peores. Así que creo que deberías sentirte afortunado.
Alcé una ceja mientras llegábamos al laboratorio.
- Dudo que hubiera más candidatos. Seguro que los mataste a todos con cualquiera de tus máquinas del demonio.
Él sonrió mientras susurraba muy bajo algo parecido a "Pareció un accidente. Nadie podrá demostrarlo" mientras silbaba, con las manos en los bolsillos.
Me alegré de ver de que tanta estupidez al menos había aclarado mi mente y que ningún pensamiento inadecuado volvió a invadirme, por lo cual agradecí. Tendría que aprender de nuevo a tener control sobre mi jodida mente, ya que no podía permitir que algo así ocurriese de nuevo, y menos si ese Moyashi estaba delante.
Cuando después de un rato llegamos al laboratorio, me senté en la silla que había ocupado la primera vez que me realizaron esos exámenes. Komui buscó todos los bártulos que necesitaba, para unos minutos después volver a sacarme sangre y guardar el tubo debidamente.
Tras levantarme, observé que aquel loco continuaba rebuscando en los cajones. Bien, aquel crío estúpido debía de estar esperándome, así que me dispuse a marcharme sin dignarme a despedirme siquiera.
- Espera, Kanda. Quiero hacerte una prueba más.
Me giré, para encontrarle sosteniendo una especie de herramienta que más bien parecía un instrumento de tortura.
- ¿Qué coño estás pensando?
Se formó en su cara una sonrisa medio torcida que hubiera hecho a cualquiera salir huyendo. Yo me limité a enviarle una mirada asesina ante la posible chorrada que se le hubiera ocurrido.
- Oh, tranquilo. Será rápido – No era eso lo que más me preocupaba. Lo que realmente me mosqueaba era la simple idea de tener que permanecer en manos de Komui más tiempo de lo necesario para asuntos de índole científico – Solo quiero una muestra de tejido. Puede que podamos obtener más información con ese método.
Le miré, no muy convencido, aunque finalmente volví a tomar asiento. Tomó mi brazo derecho, para dirigir hacia el una aguja de tamaño considerable.
- ¿Anestesia? – Él asintió mientras yo bufaba – Déjate de tonterías. Puedo soportarlo perfectamente.
Komui alzó una ceja mientras se colocaba las gafas con la mano que tenía libre.
- No te hagas el duro. Esto duele y no te va a pasar nada porque use esto.
- Duele bajo tu punto de vista, a mi me parece una memez. Haz lo que tengas que hacer ya y así nos ahorraremos tiempo.
Suspiró, aguantando aquello con paciencia.
- Ese tiempo lo estamos gastando en discutir. No seas cabezón y deja que te ponga la anestesia.
Me crucé de brazos, mostrándole que no estaba dispuesto de ningún modo. No quería tener que andar con la mano dormida ya que no lo veía necesario.
- Vale, está bien.
Finalmente se volvió para dejar la jeringuilla sobre la mesa. Dejé mi brazo libre al ver que ese imbécil había entrado en razón.
Pero antes de que pudiera darme cuenta, vi un dardo clavado sobre mi mano derecha. Levanté la vista para encontrarme a Komui con un canuto en la boca. Apreté los puños, luchando por no levantarme y meterle un puñetazo.
- ¿¡Es que te has vuelto más loco de lo que ya estabas o qué!? – Me quité el dardo y se lo lancé, con tan mala suerte que logró esquivarlo.
Él se encogió de hombros y sonrió ampliamente.
- Así es mejor. Puede que esa anestesia sea más fuerte, pero no había otra solución – Me miró fijamente mientras cogía de nuevo aquel instrumento metalizado que iba a utilizar para la prueba – En realidad ahora deberías estar tirado por los suelos y con la baba colgando ¿Puedes mover el brazo?
Traté de mover levemente lo dedos, los cuales respondían bien.
- Están paralizados. – Mentí, esperando que de una maldita vez me dejase en paz.
El asintió feliz y luego tomó mi mano. Utilizó aquella cosa de metal con forma de extraños alicates para coger una muestra allí donde aun permanecía el corte que me había hecho con Mugen. Hundió el instrumento hondo en mi piel.
Tal y como yo había esperado, aquel dolor no era nada. La anestesia finalmente no había hecho efecto, pero daba igual. Podía soportar aquello perfectamente sin que ni una sola muestra de dolor se asomase en mi semblante.
Cuando Komui guardó el tejido obtenido, miré la herida y evité mostrar un gesto de disgusto. Había sido capaz de que el Moyashi no se percatase de aquel corte, pero no podría ocultar eso. Tendría que pensar en una buena excusa.
La sangre resbaló hasta caer al suelo, creando un pequeño charco. Observé cada gota, una tras otra, adornando los azulejos blancos con un tétrico color carmesí. Menudo problema. Iba a terminar poniéndolo todo perdido.
El científico demente regresó con un hilo de sutura y una aguja entre sus manos.
- Me temo que esto es lo único que puedo hacer para que deje de sangrar. No es muy bonito pero es lo que hay. – Mantuve la mano quieta, como si realmente estuviera anestesiada, hasta que él la cogió y comenzó a cerrar la pequeña herida con un par de puntos. – Los comandantes-jefe se preocupan por ti.
- Que pena me da... – Dije con sorna, como si acaso pudiera importarme lo que esa panda de estúpidos pudieran ladrar.
- Ellos dicen que les importa tu salud y que eres una pieza clave, pero que la situación que vivimos no nos permite el lujo de tenerte inoperativo. De momento no se te asignará ninguna misión hasta que no termine con los análisis. Pero después...
Asentí con la cabeza mientras él seguía a lo suyo.
- No hubiera querido otra cosa. Esto no significa que no pueda luchar.
Hizo un pequeño nudo cuando terminó, para después dejar los instrumentos en la mesa con más fuerza de la necesaria.
- Una sola herida de gravedad y morirás ¿Eres consciente de eso?
Por supuesto que era consciente. Quizás por eso no podía quitarme la idea de la cabeza. Nunca tuve miedo a la muerte, puesto que no había necesidad. No tenía nada que dejar atrás, ya que incluso siendo la Orden lo más cercano que había tenido nunca a un hogar, tampoco regresar allí era algo que me importase demasiado. Yo quería vivir, aunque más por terquedad que por una razón verdadera.
Pero en algún momento las cosas habían cambiado, y supuse que todo empezó cuando aquellos extraños sentimientos por ese crío comenzaron a aparecer.
No podía ignorar aquella sensación de calidez que invadía mi pecho cada vez que despertaba y le veía a mi lado; o como con el simple hecho de tenerle cerca de mí, mi pulso se aceleraba, y aunque aquel crío me desesperaba demasiadas veces, solo junto a él había encontrado lo más parecido que podía existir a la felicidad, aquella que pensé que no era más que una estupidez creada por el ser humano para no desesperarse y poder seguir adelante.
- ¿Acaso piensas que yo quiero morir? – Dije fríamente, mirándole a los ojos.
Comenzó a vendarme el dedo mientras la expresión de su cara cambiaba levemente.
- Supongo que nadie quiere algo así. – Cortó la venda con cuidado y la fijó para que no se moviera. Después se levantó y me dio la espalda.
- Sabes tan bien como yo que no dejarán que me muera tan fácilmente. Me coserán mil veces si hace falta, pero mientras me necesiten me mantendrán con vida a toda costa.
Él asintió tristemente. Los exorcistas solo éramos un medio para lograr la victoria, y Allen y yo probablemente lo éramos más que ninguno. Proteger a Lenalee, la huésped del corazón de las inocencias, y destruir al Conde eran los objetivos finales. Y que importan los peones que luchan por ello si salvaguardábamos nuestro rey y destruíamos el del contrario.
- Eso suena bastante cruel....
- Atrévete a decir que es mentira.
Me levanté para dirigirme a la salida.
- Gracias por tu esfuerzo, Kanda.
- Idiota – Mascullé entre dientes antes de marcharme, mientras él me despedía con un gesto de su mano.
Subí las escaleras sin darme demasiada prisa, preocupándome más por lo que iba a decirle a ese crío que por fijarme por donde iba. Terminé llegando a la sala de estar instintivamente, decidiendo finalmente contestarle a Allen con la verdad cuando este me preguntase. O al menos con parte de la verdad.
Después de todo, solo debía decirle que habían tenido que repetir las pruebas. Nada comprometedor y que lograría que el enano no me diese la tabarra con el tema, al menos por un tiempo.
Las puertas de la sala de estar se encontraban entornadas y el completo silencio me hizo pensar que tal vez el Moyashi finalmente había entrado en razón y había dedido irse a su cuarto, ya que en ese lugar siempre había algún imbécil con el que Allen podía tener cualquier insulsa conversación.
Observé un momento por la rendija de la puerta, ya que si el crío no estaba allí podría dedicarme a cosas más productivas, como lo era por ejemplo cenar. Pero a pesar de lo que yo pensaba, solo tuve que ver sus cabellos de anciano, todavía húmedos, para descubrir que al final el muy imbécil no me había hecho el menor caso.
Él permanecía tumbado sobre uno de los sillones a rayas, profundamente dormido. Vestía unas ropas de estilo oriental las cuales sujetaba con un cinturon debido a que le estaban anchas, pero que sin embargo le quedaban demasiado bien. Y allí estaba ese estúpido, lo suficientemente cansado como para quedarse dormido en un lugar así, pero tan cabezota como siempre, esperandome aunque le dije claramente que no lo hiciera.
Probablemente me hubiera sentido afortunado si no hubiera sido porque ese niñato era un completo idiota.
Agarré el pomo de la puerta y justo cuando iba a abrirla, levanté la mirada para ver así que el Moyashi no estaba solo, ya que al otro lado de la sala, una persona mantenía la vista fija en él.
El único ojo visible del bookman junior observaba descarádamente por encima del libro que mantenía entre sus manos la silueta del enano albino, recorriéndole con la mirada de arriba a abajo, en un gesto medio lascivo que hizo que me hirviera la sangre hasta límites insospechados.
Cegado, abrí la puerta con un puñetazo, logrando así que Allen despertara con un bote, mientras que Lavi dejaba caer el libro debido a la impresión.
- ¿Pero que...? - Comezó a preguntarme el Moyashi con voz adormilada, hasta que vio que mis miradas de furia no se estaban dirigiendo hacia él. Siguió mi línea de visión, para luego sonreir, haciendo con ello que un extraño puñal inexistente me atravesase el pecho - Buenas noches, Lavi.
- Buenas, Moyashi-chan. - Contestó con aire distraido mientras recogía lo que había dejado caer.
Miré hacia el crío, el cual estaba tallandose los ojos, algo molesto por el brusco despertar.
- Vete, Moyashi.
- ¿Cómo dices? - Me preguntó mientras parpadeaba un par de veces, incrédulo.
- Te he dicho que te largues. ¿Es qué te estoy hablando en otro idioma o que?
Él me mostró una mueca de molestia debido a mis palabras, pero yo no era consciente de lo que decía. Solo quería que Allen estuviese lo más lejos posible de ese jodido conejo.
- ¿No querías que te contase lo de los análisis? Pues si te sigue interesando, espérame en mi habitación.
Creí que su enfado aumentaría por hablarle con esa "familiaridad" delante de una tercera persona, incluso si esta era el maldito aprendiz de bookman, pero sin embargo, Allen solo soltó un suspiro exasperado.
- Eso me suena a chantaje - Él se levantó y cuando pasó por mi lado volvió a hablarme en un susurro - Hasta ahora.
Allen se fue después de alzar la voz para despedirse de Lavi, el cual en cuanto nos quedamos solos trató de esconder la incomodidad bajo una sonrisa infantil, a pesar de que el brillo de su ojo me indicaba que sabía de la tormenta que estaba a punto de arrollarle.
- Hola Yuu. ¿Qué tal te ha ido? Parece que estás de malas pulgas ¿Te ha pasado algo?
Ignoré todas sus estupideces y fui directamente al grano escupiendo el comentario con voz envenenada.
- ¿Ahora tu trabajo consiste en comerte al Moyashi con los ojos, o se trata solo de un pasatiempo?
Su expresión no cambió un ápice, aunque yo sabía que él estaba sudando la gota gorda.
- ¿Cómo dices? Creo que no lo he entendido bien, porque no tengo ni idea de a qué te refieres.
Apreté los puños, luchando mentalmente por no partirle la cara, mientras me miraba de una forma inocente que no le pegaba nada después de lo que yo había visto.
- No te hagas el tonto. ¿Crees que no me he dado cuenta de como le mirabas?
Él negó con la cabeza, como si yo acabase de soltar una barbaridad.
- Te equivocas. Yo no le estaba mirando de ninguna forma. - Permaneció sentado, mirando fijamente a un punto que estaba por encima de mi hombro – Dicen que suelen ocurrir esas cosas cuando te enamoras: Te ciegan los celos y ves fantasmas donde no los hay...
- ¡Vete a la mierda, estúpido conejo! ¿Estás intentando hacerme creer que me lo he inventado?
- No, solo es sentido común. Creí que sabías que los bookman no tenemos sentimientos.
- Entonces eso significa que hasta como bookman eres un fracaso. No trates de hacerme quedar como un imbécil.
Sin duda, toqué una fibra sensible en su interior, ya que desapareció su expresión infantil para convertírse en una tensa, con el ceño fruncido. Él se mantuvo callado totalmente mientras yo continuaba hablando.
- Ya me he hartado de tu maldita actitud. ¿Por qué coño has estado todo este tiempo intentando que me acercase a Allen si cuando me doy la vuelta te dedicas a observarle como si se te fuera la vida en ello? ¿A qué coño estás jugando?
Pude ver como apretaba los puños con fuerza, mientras luchaba por no chirriar los dientes. Se puso en pie, dedicándome una mirada fúrica.
- Yo no estoy jugando a nada. Si estas celoso yo no tengo la culpa, tú sabrás lo que quieres pensar. -Pasó por mi lado como un vendaval, para luego hablarme sin dejar de mirar al frente - Si no tienes nada mejor que decir, me voy a la biblioteca. Tengo cosas importantes que hacer.
Estuve tentado a decirle que tal vez podría haberse dedicado a hacer esas cosas tan importante que tenía pendientes, en lugar de mirar lo que no debía; pero antes de que me diera cuenta, él ya se había largado, dejándome prácticamente con la palabra en la boca.
Pensé en seguirle y obligarle a que me contara qué era lo que estaba tramando, pero finalmente me abstuve, probablemente debido a que su comportamiento era demasiado extraño y no me daba buena espina. Lavi era el rey de la ficción. Nunca podías estar seguro de qué era lo que cruzaba por su cabeza, pero sin embargo, en aquel momento estaba seguro de una cosa, y es que él estaba bastante cabreado.
Bien, ya teníamos algo en común. Por muy estúpido que fuera ese conejo, al final había aprendido a tolerarlo hasta cierto punto. Pero en aquellos momentos estaba empezando a sentir un profundo desprecio por él.
Salí de la sala de estar. Me preocuparía por Lavi en otro momento, ya que yo también tenía cosas importantes que hacer.
Llegué a mí habitación después de caminar un rato. Pensé que ese crío se habría dormido de nuevo, pero cuando abrí la puerta me lo encontré sentado sobre la cama, mirando fijamente al plato de soba que tenía ante él. Reparé en un detalle en el que no me había fijado antes, y es que llevaba enganchado al pecho el broche en forma de libélula que le había dado. Ese crío era demasiado sentimental.
Ni siquiera me molesté en soltar un suspiro cuando él me saludo con una sonrisa radiante.
- ¿Y eso? - Pregunté señalando al plato de comida - ¿No has cenado o que?
- Claro que sí, después de ducharme. Perdón por no decirte nada, pero es que me moría de hambre. - Cogió los palillos y luego me los tendió - Cuando salí de la sala de estar fui a decirle a Jerry que lo preparara. Supuse que estabas de tan malas pulgas porque no habías comido nada. Y como fui yo el que no te dejó ir al comedor a mediodía...
Mascullé un leve "estúpido" mientras me sentaba y comenzaba a comer.
- De nada, Kanda - Dijo, riéndose levemente. - A parte de la falta de comida ¿Había alguna razón para que estuvieras tan borde o es que simplemente has recuperado tu toque?
- No era nada - Respondí lacónicamente para luego volver a llevarme los palillos a la boca. Nunca me daba cuenta de lo realmente hambriento que estaba hasta que me ponía a comer.
Sentí un leve peso contra mi brazo izquierdo. Cuando me giré vi al crío apoyado contra mi hombro, con los ojos cerrados. Le miré con el ceño fruncido.
- ¿A ti te parece que yo puedo comer así?
Volvió a reírse.
- Busca la manera de lograrlo, porque no me apetece apartarme. - Se recostó aun más contra mí, haciendo que soltara un bufido - ¿Qué ha ocurrido con lo de la revisión?
- Nada. La muestra de sangre se contaminó y Komui tendrá que repetir los análisis.
- Vaya... -Susurró levemente - ¿Y qué te ha pasado en el dedo?
Miré la mano con la que sujetaba los palillos, para fijar mi vista en mi dedo vendado.
- Cosa de los análisis. Nada importante.
- ¿Por qué llevas una venda si las heridas se te curan tan rápido?
Dejé de comer, mordiéndome el labio inferior. Ese crío se olía algo, seguro.
- Para que no se infecte mientras tanto. ¿A qué coño viene eso?
- A nada. Solo me preocupo por ti.
- Pues no lo hagas. Es molesto.
Terminé lo que me quedaba en el plato, para luego dejarlo en el suelo como buenamente pude, ya que Allen de verdad no estaba dispuesto a quitarse de encima.
Me tumbé sobre la cama, logrando así que el enano se apartarse un poco, mirándome de una forma extraña que no supe interpretar.
- Incluso si te molesta, no puedo dejarlo pasar. No quiero que te ocurra nada malo.
Chasqueé la lengua, para luego posar la mano sobre su cabeza.
- Deja de decir estupideces y duérmete. Mañana tengo una pelea que ganar y no sería entretenido si no ofreces resistencia.
- Idiota. - Murmuró antes de tirarse contra mi pecho, haciéndome daño en las costillas. Bufé con fuerza, pero él solo se acurrucó contra mí, buscando estar en contacto conmigo. - Oye, Kanda ¿Qué has hecho con Tim?
- ¿El golem? - El Moyashi asintió - Yo no le he hecho nada.
- No le he visto en todo el día. Estoy preocupado por él ¿Se lo habrá comido un gato?
Le miré fijamente, incrédulo.
- En este sitio no hay ningún gato. Si está desaparecido es porque quiere. Ya vendrá a tocarme las narices cuando le apetezca.
Él asintió, acercándose aun más a mí
- Que pesado eres. - Le dije mientra él abría los ojos de nuevo para mirarme.
- Se que a veces puedo ser un poco cargante, pero tú eres un insoportable y no te lo hecho en cara.
- No me refiero a eso. Sigues engullendo toda esa cantidad infrahumana de comida, pero ya solo te mueves si alguna vez te da por entrenar. Como sigas así, terminarás como una vaca.
Alzó una ceja.
- Eso no es verdad.
- ¿A no? ¿Entonces por qué demonios te has puesto esa ropa tan rara? Seguro que ya no te vale la que llevas siempre y por eso llevas esa.
Infló los mofletes en un gesto bastante infantil.
- No he engordado ni un gramo. Y si me he puesto esta ropa tan rara es simplemente porque pensé que te gustaría. Pero debí suponer que eras un insensible que no se fijaría en un detalle así.
Le miré con un gesto de extrañeza ¿Desde cuando hacía él esas cosas tan... femeninas?
- Cada día que pasa te pareces más a una mujer.
Ladeó la cabeza, para luego pellizcarme con fuerza en el brazo.
- Ser atento no es lo mismo que ser afeminado. A ver si te enteras de eso de una vez, Bakanda.
Se giró para quedar mirando a la pared. Suspiré exasperado.
- Te queda bien. Ponte esa ropa más a menudo - Susurré con desgana.
Volvió su vista hacia mí, para luego besarme tiernamente en la mejilla. Enseguida acomodó de nuevo la cabeza en mi pecho.
- Gracias, señor bastardo insensible. Tú sí que sabes como hacer que alguien se sienta querido.
Cerré los ojos, dolido al notar el leve tono sarcástico con el que había pronunciado la última parte de la frase.
Pasé uno de mis brazos alrededor de su cintura, mientras apretaba el puño de mi mano libre con tanta fuerza que pensé que terminaría dejando en la palma la marca de mis uñas.
Joder, yo no me comportaba así porque quisiera. Yo deseaba poder mostrarle lo que sentía, pero para mí no era tan sencillo como lo era para él.
Allen me dio las buenas noches, durmiéndose poco después. Yo estuve despierto, escuchando su tenue respiración hasta que rodeado por aquella cansina tranquilidad, terminé cayendo dormido.
Después de un rato de profunda oscuridad, un par de luces se encendieron a lo lejos. Observé a mí alrededor y pude ver aquella plataforma tan conocida. Había estado miles de veces en aquel lugar, y sin embargo esa era la primera vez que el ambiente allí me pareció amenazante.
Alcé la vista para encontrarme de frente con Hevlaska, que permanecía totalmente quieta, simplemente esperando. Dirigí mi mirada entonces hacia el otro lado, para encontrarme con los rostros encapuchados de los comandantes-jefe, los cuales tampoco se movieron ni un ápice.
En la plataforma, junto a mí pude oír una voz hablando en tono elevado, pero su voz me llegaba solo como un zumbido, ya que estaba demasiado concentrado en el charco de sangre que se había formado a mis pies. Mis nudillos en carne viva quemaban a fuego, mientras aquel líquido rojizo escapaba a borbotones.
Me sentía débil, opacado, dos hombres extrañamente vestidos me flanqueaban, temiendo que pudiera hacer algún movimiento que no me correspondía. Me vigilaban atentos, aunque yo ni siquiera me preocupé por ellos.
Solo un quejido, un leve llanto que no había querido ver la luz, se oyó desde el otro lado de la plataforma. Y al levantar la vista le vi allí.
Allen era retenido por Komui, el cual observaba todo lo que le rodeaba inexpresivo, a pesar de que en sus ojos se reflejaba una disculpa silenciosa dirigida a mí.
El Moyashi se resistía, tratando de llegar hasta a mí. Vi en sus ojos reflejada la desesperación, mientras que apretaba los puños con fuerza, como si no pudiera creer nada de lo que acababa de ver.
Sentí la garganta quemarme cuando traté de alzar la voz, pero cuando estaba a punto de hablar, de repente todo de volvió confuso.
Las imágenes empezaron a pasar sin orden lógico, distorsionadas, golpeandome con fuerza hasta el punto de que pensé que terminaría reventándome la cabeza.
- ¿Kanda?
Pude abrir los ojos al fin, encontrándome de pronto con el rostro de preocupación de Allen. Las sienes me latían con furia, mientras luchaba por recobrar el aliento.
- Kanda. - Repitió mi nombre mientras apartaba de mí el brazo izquierdo, con el que había estado agitando mi hombro para que despertase. - Fui un momento al baño y cuando regresé e intenté volver a tumbarme a tu lado comenzaste a agitarte ¿Estabas teniendo una pesadilla?
- Algo así... - Dije sin pensarlo mucho, aunque no sabía exáctamente qué demonios había sido eso.
- ¿Estás bien? - Preguntó mientras me apartaba unos cuantos mechones que se habían quedado sobre mi cara. Yo aun seguía luchando por regular mi respiración, dandome cuenta de que aun el dolor de cabeza no remitía.
- Solo ha sido un sueño, idiota. No es como si fuera a morirme por eso.
- Sí, supongo que sí.
Definitivamente, había sido muy extraño. Llevaba bastante tiempo sin tener esa clase de sueños inexplicables. ¿Por qué otra vez? ¿Y por qué de esa forma?
No entendía nada, pero por alguna razón, me sentía amenazado. Allen volvió a tumbarse otra vez, y de nuevo se hizo el silencio. Algo me decía que eso era como la calma antes de la tormenta.
Finalmente, logré respirar con tranquilidad de nuevo. El dolor desapareció poco a poco, pero a pesar de eso, ya no fui capaz de volver a dormir.
Continuará...
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Quería terminar este capítulo antes de irme de vacaciones, y al final lo conseguí, aunque por las razones equivocadas xD
Tenía que meter muchas más cosas en este capítulo, pero no hay sitio material para ello. Este mal bicho vuelve a ocupar casi nueve mil palabras, y como no me gusta hacer los capítulos más largos que eso, lo dejo aquí. En realidad si hubiera escrito todo lo que tengo que meter, hubiera ocupado el doble. En fin, lo dejo para el siguiente capítulo, no pasa nada. XD
En realidad no tengo mucho que decir, más que el verano me quema las neuronas y se me hace más difícil escribir (justo cuando más tiempo libre tengo, que injusticia XP) En fin, trataré de continuar escribiendo a buen ritmo, aunque ahora tengo una leve laguna argumental llena de OOC y pasteladas, así que puede que tarde en solucionar eso. Pero aun así seguiré adelante xP Aunque el siguiente capítulo es jorobado, un punto clave en el fic x.x Así que tengo que dedicarle mucho tiempo, porque si lo hago mal no se entenderá nada. Uf, cuanta responsabilidad xD
Muchas gracias a Meroko, Shizuru, Kagurihime, Jedah Sparda, Dircray, Naoky, Haruhi Juliet-Pon, Nyuu Ai, LunnVic, Lissy Aquarius, Amade Darcy, katy y Noriko por sus comentarios n_n
Los comentarios de Meroko, Shizuru, Dircray, katy y Noriko están contestados en mi perfil n0n Los demás los iré contestando poco a poco. Soy una ansias y tengo que subir el capítulo ya xP Espero poder contestarlos antes de que me vaya de vacaciones, si no me temo que se quedarán sin contestar x.x ¡Haré el esfuerzo! Es lo menos que puedo hacer encima que os molestáis en darme vuestra opinión n0n
Muchas gracias a todos por leer x3 Espero que os haya gustado n.n
¡Hasta pronto!
