Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: Nada me pertenece. Si fuera dueña de D gray man no tendría que ver con sufrimiento como mi cartera tiene más telarañas que dinero xP No se como irá ella de pasta después de tantos meses sin dar un palo al agua, pero la poseedora de todo este cotarro es Katsura Hoshino y aquellos que compraron la licencia. Solo son mías las ideas que aquí desarrollo, y como no son nada del otro mundo, pues aquí seguimos. La vida es así de triste xD
Advertencias: OOC (Ains...), Shonen-ai, traiciones y desencantos (?), mal vocabulario, Kanda y sus tonterías... etc.
Gracias a mi querida beta Meroko por obligarme otra vez (una más xD) a que no abandone el fic. En que clase de vertedero cibernético habría terminado de no ser por ti XD Y por corregir, claro, que no se porque tengo la manía de poner "al" en vez de "la" o "diso" en vez de "dios" xD
Capítulo 10
El Moyashi giró la cabeza con una mueca triste, mientras yo trataba de ignorar el hecho de que no le quitase los ojos de encima a ese jodido conejo. Me mantuve ocupado con los restos de comida que quedaban en el plato, a pesar de que se me había quitado todo el apetito de golpe, siendo remplazado por alguna especie de impulso asesino.
Allen regresó su vista a la montaña de platos vacíos, percatándose de que yo aun estaba allí.
- No se que le ocurre a Lavi. Me preocupa bastante. Últimamente ha estado actuando de forma extraña...
Chasqueé la lengua, apretando los puños con bastante fuerza, sufriendo el riesgo de reducir los palillos que aun tenía en la mano a simples astillas de madera. ¿Por qué demonios me hablaba de él? Me crispaba los nervios.
Desde hacía un par de días, Lavi no era el único que actuaba de una forma extraña, ya que ese crío parecía tener el nombre del bookman junior todo el día en la boca. Como si yo no le hubiera cogido ya suficiente asco a ese maldito pelirrojo.
Mostré un gesto de indiferencia, dejando los palillos sobre la mesa.
- Si se trata de ese estúpido, seguro que no es nada importante.
Los ojos grises de aquel crío volvieron a dirigirse a la mesa en la que se encontraba Lavi. Desde que lo había encarado en la sala de estar, aquel idiota no había vuelto a acercarse a Allen, lo cual había sido un gesto inteligente por su parte.
Pero a causa de eso ahora el enano pensaba que le ocurría algo a ese conejo, y se pasaba el día hablando de él.
- ¿Seguro que no sabes lo que le ocurre?
Ahí estaba la jodida pregunta de nuevo.
- ¿Por qué coño iba yo a saberlo?
El ladeó la cabeza, para luego apoyarla sobre sus brazos, los cuales descansaban sobre la mesa.
- Tú le conoces desde hace más tiempo. Quizás tú...
- Odio a ese estúpido. No me interesa saber nada de él ¿De acuerdo?
Allen se río, como si no hubiese entendido el significado real de aquellas palabras.
- Él es tu amigo. Solo dices esas cosas para hacerte el duro. Pero a mí no me engañas.
Sonreí con sorna al darme cuenta de que el Moyashi no sabía lo equivocado que estaba. Yo no fingía ni intentaba aparentar nada. Realmente odiaba a ese conejo, y lo que menos podía imaginarse el enano de cabellos de anciano era que él tenía parte de culpa en eso.
- ¿Podrías preguntarle? - Levanté una ceja, como si acabase de pedirme que asesinara a alguien – No se porqué, pero creo que está huyendo de mí.
- Tengo mejores cosas que hacer. - Respondí simplemente, levantándome para salir de allí.
- Solo será un momento. Por favor... - Trató de convencerme con una mirada de cordero degollado que yo bien sabía que era fingida. Le ignoré, haciendo que su expresión se convirtiera en una de molestia – No puedo creer que no te preocupe.
- Cuando te lo encuentres con el cráneo partido y los sesos esparcidos por el suelo, entonces preocúpate. Él está bien. Si no viene a hablar contigo es porque no le da la gana y punto. Deja de darle vueltas.
- Ya, supongo que no podía esperar otra respuesta viniendo de ti.
Pensé que dejaría de seguirme y volvería al comedor a hablar con el conejo, pero por suerte para mí no lo hizo. No quería tener que rebajarme a retener al enano.
Permaneció en silencio, siguiéndome sin mirarme siquiera. Supe que estaba triste debido a esa situación, pero yo no podía hacer nada con eso. La única solución era que Allen hablase con Lavi, pero eso era lo último que yo quería. Incluso si a Allen le dolía separarse así de un amigo, yo seguiría empeñado en que pasaran juntos el menor tiempo posible. Ya me lo terminaría agradeciendo más tarde.
- Kanda – Me llamó después de un rato de silencio bastante incómodo. Cuando clavé mi vista en sus ojos, él continuó hablando - ¿Podríamos ir a ver a Komui?
- ¿También vas a darle el coñazo a él con lo del estúpido conejo?
Se cruzó de brazos, alzando una ceja.
- En realidad no, pero ahora que lo dices no es mala idea. - Contesté a aquello chasqueando la lengua - ¿Por qué estás tan molesto últimamente?
- No estoy molesto – Mentí descaradamente. Allen me miró sin creerme, pero no le dejé insistir - ¿Entonces que era lo que querías decirle?
- Oh, pues... Lo cierto es que no me parece bien que yo esté aquí sin hacer nada cuando puedo ser de utilidad, así que el otro día le pedí a Komui que interviniera por mí ante los comandantes-jefe para que vuelvan a asignarme misiones. Así que quiero saber que le han dicho.
Dibujé una mueca. "Ser de utilidad", como si esos capullos no le hubieran mantenido con vida por esa razón.
Pero yo sabía que no solo lo hacía por eso. A ese crío parecía dolerle no estar las veinticuatro horas del día destruyendo akumas, y no era solo metafóricamente.
Más de una vez se había despertado en medio de la noche con su ojo izquierdo activado, como si le instara a su dueño a levantarse de la cama y liberar a todas aquellas almas que se encontraban en la lejanía. Por sus quejidos supe que debía resultar doloroso. No le comenté nada porque probablemente él no querría contármelo. Aun había un bache enorme entre nosotros, abierto por la falta de confianza.
Pero tampoco podía arreglar eso. Incluso aunque yo quisiera saber más cosas de él, no era tan sencillo como ir y preguntarle. Además, si lo hacía, seguro que él haría lo mismo conmigo y yo me sentía incapaz de abrirme de esa manera a nadie, ni siquiera aunque fuera Allen, lo cual complicaba bastante las cosas.
Caí entonces en un detalle ¿Cuándo había ocurrido esa supuesta charla entre Komui y Allen? Yo había estado con el enano prácticamente todo el tiempo y no recordaba haber presenciado eso.
- ¿Cómo es que estuviste hablando con Komui y yo no me he enterado? - Pregunte, intentando parecer casual y desinteresado.
- Tú estabas durmiendo – Alcé una ceja. ¿Había ido en medio de la noche? Ladeó la cabeza, adivinando de alguna forma lo que estaba pensando – El otro día, cuando fui al baño, me lo encontré merodeando por los pasillos. Dijo que iba a por unos documentos, pero estaba claro que estaba haciendo tiempo para no volver al trabajo. Le comenté lo de las misiones y dijo que lo intentaría. Ojala haya tenido suerte.
Nos dirigimos al despacho de Komui sin intercambiar ninguna palabra más. Observé a Allen de refilón de vez en cuando y pude estar seguro de que era lo que cruzaba por su mente.
Yo no supe de qué lado ponerme. Por una parte no quería que Allen estuviera tan afligido y una misión ayudaría a que se sintiese mejor consigo mismo.
Pero sin embargo, puesto que aun no me asignarían misiones, él se marcharía mientras yo me quedaría allí, y eso no me hacía ni la menor gracia.
Cuando llegamos al despacho de Komui, Allen llamó educadamente a la puerta. Le miré alzando una ceja. Probablemente ese científico demente debía estar durmiendo sobre su escritorio, utilizando como almohada los miles de documentos que tenía que firmar.
Abrí la puerta sin esperar contestación, ganándome así un reproche por parte de Allen, al cual ignoré sin demasiada delicadeza.
Me encontré al complejo-de-hermana sentado sobre el único hueco de su escritorio que no estaba lleno de papeles, mientras miraba a Timcanpy, el cual se encontraba sobre una de las pilas de trabajo pendiente. Así que ese bicho había estado allí todo ese tiempo. Komui debía de haberlo retenido para que le mostrase algo. ¿Qué demonios estaría tramando ese loco?
Las acciones de ese hombre últimamente eran bastante sospechosas, aunque no estaba seguro de porqué, pero probablemente todo aquello estaba relacionado conmigo. Quizás estaba tratando de investigar la causa de que mis heridas no sanasen.
Pero si ese era el caso ¿Por qué demonios no me había dicho nada? Parecía como si estuviera llevando a cabo una conspiración contra mí. Fruncí el ceño ante ese pensamiento. No era posible que Komui estuviese haciendo algo así. Era una tontería.
Cuando el científico se percató de que la puerta del despacho estaba abierta, el golem voló hasta posarse en la cabeza de cierta persona que se encontraba sentada en el sofá, dándome la espalda. Solo tuve que observar sus cabellos cobrizos para saber de que estúpido se trataba.
Komui sonrió mientras yo no podía borrar de mi cara un gesto de disgusto.
- Hola chicos ¿Ocurre algo?
Lavi se giró tras oír el saludo del hombre. Le dediqué una mirada envenenada de la cual no hizo caso, ya que estaba demasiado ocupado centrando su atención en el chico que permanecía a mi lado.
Cuando Allen levantó la vista, probablemente sintiéndose observado, el conejo se dio la vuelta y miró a Komui como si no hubiese nadie más en la habitación, logrando con eso que un leve brillo de tristeza se reflejase en sus ojos grises. Yo me mordí levemente el labio inferior para no soltar alguna maldición.
- Buenos días, Komui. - Saludó Allen con una leve inclinación de cabeza. - Venía por lo que hablamos hace unos días.
Komui se paró a pensar un momento, para luego hacer un gesto con las manos, como si acabase de recordar algo importante.
- Oh, claro. Has venido en buen momento. Entra.
El Moyashi avanzó, dejándome atrás. A pesar de que yo no había sido invitado a permanecer allí, me quedé justo donde estaba, cruzándome de brazos.
Allen se sentó en el sofá, en el punto que se encontraba más alejado de Lavi. Cuando el enano trató de cruzar su mirada con la de él, el conejo miró hacia otro lado. Dibujé una mueca de satisfacción. Quizás ese pelirrojo no era tan tonto como parecía y al fin actuaba como debía hacerlo.
- Bueno ¿Y para que querías que viniera? - Preguntó el Bookman junior, probablemente bastante incómodo.
- Bueno, tienes una misión...
- ¿Podrías darme el informe ya? El panda me ha dicho que haga un par de cosas antes de irme, así que si pudieras...
- No te quitaré mucho tiempo, solo tengo que comentarle una cosa a Allen. - Komui se levantó para comenzar a pasearse alrededor de la estancia, buscando algo.
Cogió un par de documentos que rondaban por el suelo, para luego comenzar a abanicarse con ellos. Miró a Allen con cierto deje de seriedad.
- Los comandates-jefe te han dado el permiso. - Allen sonrió de forma triunfante pero se mantuvo en silencio, esperando la explicación de Komui - Pero se trata solo de algo extraordinario. Todos los demás exorcistas están ocupados, y como esta misión consiste en recuperar una inocencia, no me parece buena idea enviar solo a Lavi.
Aquellas palabras fueron como un jarro de agua fría sobre mi cabeza. Apreté los puños, maldiciendo una y mil veces mi suerte ¿Por qué? ¿Por qué coño tenía Allen que ir con ese estúpido? Traté de mantenerme sereno, pero fui incapaz de no chirriar los dientes.
Tuve la impresión de que si prestaba un poco de atención, podría escuchar las ideas de Lavi haciendo clic entre ellas, como si de engranajes se trataran, buscando la mejor forma de evadir aquella situación, probablemente alentado por el aura asesina que me cubría, y la cual le avisaba silenciosamente de que su vida se encontraba en grave peligro.
- Verás, Komui - Comenzó a decir el pelirrojo con un fingido tono de tranquilidad - No creo que sea una buena idea. Si algo saliese mal, la imagen de Allen saldría aun más perjudicada de lo que ya está. Además, no todos los exorcistas están ocupados ¿Qué hay de Yuu?
Era curioso que justo me nombrase ¿Tan desesperado estaba por alejarse de Allen que prefería tener que enfrentarse a mí antes que al Moyashi?
En fin, creí poder entenderlo. Las consecuencias de fastidiarme la vida no serían nada comparadas con las horribles torturas a las que sometería a ese conejo como se le ocurriera poner un solo dedo encima de Allen.
El enano giró la cabeza para dedicarme una mirada de confusión, a la cual respondí con una de indiferencia.
- Pero es que resulta que Kanda no puede ir - Aclaró Komui, tratando de quitarle importancia al asunto al pronunciar esa frase en tono infantil.
- ¿Por qué? - Preguntó Allen tratando de parecer desinteresado, pero fallando estrepitosamente.
Apuñalé al científico con la mirada, indicándole que no debía hablar más de lo que le correspondía.
- Son asuntos internos de la Orden.
Bien, una contestación demasiado misteriosa, por la cual el Moyashi seguro que me interrogaría después.
- Me temo que esto es lo único que puede hacerse. Así que os deseo suerte y lo siento si no os viene bien, pero la inocencia no va a esperar hasta que nosotros decidamos que es un buen momento para ir a recogerla. - Les tendió los informes de la misión. Cada cual cogió el suyo sin romper el silencio. - Bueno, id a hacer las maletas y partid cuanto antes, el tren saldrá dentro de poco.
Lavi se levantó entonces con un suspiro, dispuesto a marcharse. No, eso no terminaba ahí. No podía permitirlo.
- Komui - Alcé la voz, logrando convertirme en el centro de atención, a pesar de que hacía solo un momento nadie recordaba que yo seguía allí - Puedo remplazar a Lavi en esta misión. No me supone un problema.
Desde luego, si tenía que participar en lo que para mí podría ser mi última misión, estaba claro que prefería ir con Allen. No había color entre la compañía de ese niño y la del estúpido conejo.
- No - Contestó Komui rotundamente. Supuse que se opondría al principio, pero eso poco podía importarme. Al final él terminaría cediendo.
- Da igual si salgo a una misión ahora o dentro de una semana. El resultado será el mismo.
- Tú no lo entiendes... - Susurró para el mismo, tan bajo que Allen y Lavi probablemente no pudieron oír nada, aunque yo lo escuché con toda claridad. - El compañero de Allen en esta misión es Lavi. No hay más que hablar.
- Pero...
- Pero nada. No puedes salir de la Orden.
Abrí la boca para reclamarle ¿Cómo que no podía salir de la Orden? ¡Y una mierda! Ni que yo fuera un delincuente. Justo cuando iba a pronunciar la primera palabra de una sarta de maldiciones, sentí como una mano me agarraba la muñeca.
- Déjalo, Kanda. Da igual. - Allen se había levantado y permanecía a mi lado, mientras sus ojos grises permanecían atentos al suelo. El pelirrojo en algún momento había desaparecido de la sala, lo cual me ayudo bastante a recobrar la calma. - Gracias por todo, Komui.
El hombre se despidió agitando animadamente la mano.
- ¡Ánimo, Allen! Regresad pronto.
Él asintió, para luego aferrase a mí con más fuerza y sacarme prácticamente a rastras hasta el pasillo.
- ¿Qué te pasa, Kanda? - Me preguntó ese crío sin soltarme aun, con un gesto de impotencia, sin apartar la vista del suelo.
Le observé desde arriba. Él, al igual que yo, estaba preocupado, aunque por una razón muy diferente a la mía.
Supe que él ardía en deseos de preguntarme sobre el porqué yo no podía salir de la torre, pero yo tenía cosas más importantes en mente.
- No vayas con él. - Solté de repente, sin pensar dos veces lo que estaba diciendo.
El Moyashi me miró directamente a los ojos, para luego solo sonreír.
- ¿Sabes? Creo que te voy a echar de menos y todo.
Fruncí el ceño cuando me di cuenta de que se había tomado a broma mi petición. Supuse que eso era lo mejor, ya que si hubiera sabido que lo decía en serio probablemente se hubiese burlado de mí.
Enfrié de modo inconsciente mi mirada, para luego sentir que Allen volvía a tirar de mí, llevándome hacia alguna parte.
- Kanda... - Me llamó mientras caminábamos por el pasillo, probablemente hacia su habitación - ¿Por qué no confías en mí?
La pregunta me pilló totalmente por sorpresa, haciendo que tuviera problemas para no abrir la boca de la impresión.
- ¿Por qué preguntas eso? - Objeté de forma monocorde, como si el asunto no fuese conmigo.
- Sé que piensas que soy un idiota, y puede que lo sea, pero aun así me doy cuenta de las cosas. Y yo se que no estás bien.
- Pero qué estupidez...
- ¿De verás? ¿Entonces que pasa con tu dedo? ¿Por qué todavía lo tienes vendado?
En aquel momento fui incapaz de pronunciar palabra. Era obvio, tenía que darse cuenta. No podría ocultarlo para siempre.
Me detuve en seco. Tendría que enseñárselo. Al final, él debía comprender mi situación para saber a que atenerse. Comencé a quitar la venda que había cubierto mi dedo durante aquellos días, mientras él me miraba expectante.
Cuando Allen clavó la vista en la zona recién descubierta, frunció el ceño.
- ¿Así que lo único que te pasa es que se te olvidó quitártela? ¡Eres tonto! ¿Tú sabes lo preocupado que estaba por ti? Empezaba a pensar que tus heridas no se curaban, o yo que se...
Parpadeé incrédulo al observar como donde debería estar aquella herida cerrada con puntos no quedaba más que piel lisa y sin marcas. ¿Pero qué coño?
Allen sonrió aliviado, mientras yo pensaba que en cualquier momento me daría un tic en el ojo.
Seguimos caminando hasta que llegamos hasta la habitación del Moyashi, y nada más cerrar la puerta, me abrazó.
Yo no reaccioné. Supuestamente debería sentirme aliviado, ya que no iba a morir, pero nada más lejos de la realidad. Eso no debería ocurrir. Si un día mis heridas no curaban, no era posible que al siguiente ya ni quedaran marcas de ellas. Allí ocurría algo extraño, y estaba seguro de que Komui tenía la respuesta a aquello.
- Lo decía en serio, Kanda. Incluso aunque abrazarte sea como abrazar a una columna inanimada, te echaré de menos.
Alcé una ceja, correspondiendo su gesto al pasar un brazo tras sus hombros. Tal vez era el momento. Si iba a hablar con Komui, ya que mi cuerpo había vuelto a una relativa normalidad, no se negaría a que fuese con Allen. Pero sin embargo ahora era yo el que no estaba seguro de querer ir. Todo ese asunto era demasiado sospechoso, y no pensaba moverme de la Orden hasta saber que ocurría exactamente allí.
El enano se apartó de mí, para luego ir a por la maleta que se encontraba al otro lado de la habitación y comenzar a llenarla de cosas. Yo me apoyé contra la pared, cruzándome de brazos.
- Regresa con vida. - Le dije sin mirarle, aunque supe que él me dedicaba toda su atención - Y si puedes hacer algo para que el conejo no tenga esa suerte, mejor.
Soltó una carcajada. Otra vez pensó que estaba diciéndolo en broma. Quizás aun no se había dado cuenta de que yo no era el tipo de persona que iba por ahí contando chistes.
- Volveré, te lo aseguro. - Contestó, dejando lo que estaba haciendo para venir hacia mí. - Pero no te prometo nada con respecto a lo de Lavi.
Avanzó un par de pasos, hasta quedar justo frente a mí, a penas a un par de centímetros de mi rostro. Pasó sus brazos alrededor de mi cuello, para luego rozar su mejilla con la mía.
- Gracias por querer venir conmigo - Me susurró al oído, haciéndome fruncir el ceño - Se que si Lavi se empeña en hacerme el vacío será doloroso, pero podré con ello. Quizás de esta forma pueda descubrir que bicho le ha picado.
Lo cierto es que no había sido eso lo que había cruzado mi mente. Puede que sí me importaran los sentimientos de ese crío, pero mis razones para querer apartarlo de Lavi eran mucho más egoístas.
Yo estaba interesado en Allen, y algo me hacía pensar que Lavi también tenía un cierto interés en él. No había que hacer demasiados cálculos para llegar a una conclusión.
No me gustaba la idea, pero después de un par de días no pude seguir evadiéndolo. Al final había terminado por admitir que tal vez sentía una pizca de celos.
Yo era egoísta por naturaleza, solo pensaba en mí y en las cosas que a mí me importaban. No miraba a nadie más que no fuera Allen porque nadie más era importante para mí. Y yo me empeñaba en que él hiciese lo mismo.
Aunque no a aquella escala, no era la primera vez que aparecía esa sensación retorciéndome las vísceras con saña.
Cada vez que el Moyashi conversaba con alguien, saludaba a algún buscador o a cualquier imbécil de la sección científica; solo con que una sonrisa suya se dibujase en su cara, dedicada a alguien que no fuese yo, ya sentía aquellos molestos pinchazos que me pedían a gritos que me llevase a Allen lejos de aquella gente, donde nadie más que yo pudiera tenerlo a su lado.
Cuando Allen notó que yo me encontraba enfrascado en mis propios pensamientos, se movió para darme un beso tenue en los labios, el cual a penas me supo a nada.
Por una parte, quise insistirle, besarle con más furia, profundizando esos contactos en los que el Moyashi siempre se conformaba con lo más superficial.
Pero la otra parte había comenzado a gritarme que no le dejase salir por la puerta de esa habitación, que le esposara a la cama si era necesario. Lo que fuera para poder retenerlo junto a mí.
Ante esas tonterías, solo pude ignorar a las dos partes, mientras el crío se alejaba dejándome con la miel en los labios.
- ¿Me avisarás si ocurriese algo?
Fue una forma sutil de preguntarme de nuevo si estaba dispuesto a confiar en él. Yo solo le contesté con una evasiva, sin pensarlo mucho.
- Ya veremos. Además, si tu golem no está contigo ¿No? No se cómo coño voy a avisarte.
Allen abrió los ojos de sorpresa. Ahora se acordaba de la bola voladora, después de que pasaran un par de días sin nombrarla siquiera, preocupado solo por la actitud de Lavi.
- Estaba en el despacho de Komui ¿Verdad? Tengo que ir a buscar a Timcanpy- Cerró la maleta, para luego coger de la mesilla el broche que le había regalado y colgarlo de ella.
- ¿Otra vez estás con esa cosa? Al final lo vas a terminar perdiendo.
- Venga ya. No todos los días se recibe un regalo de Yuu Kanda. Tengo que llevarlo siempre conmigo y cuidarlo como si fuera un tesoro.
Salimos por la puerta, caminando otra vez hacia el despacho de Komui.
- No exageres. No te encariñes de un objeto. Es algo estúpido.
Me dedicó una media sonrisa juguetona.
- No me encariño del objeto, solo resulta que la persona que me lo dio significa mucho para mí y por eso este broche es valioso. ¿Te molesta mucho?
Chasqueé la lengua, mostrando todo el desinterés que pude reunir, aunque en realidad luchaba por mantener la compostura, después de que sus palabras lograran que mi corazón latiese más deprisa.
Yo sabía bien lo que ese enano sentía por mí, pero eso no significaba que el hecho de que me lo demostrase de esa manera fuese menos agradable.
- A mí me da igual. Haz lo que quieras. - Me crucé de brazos, tratando de no prestar atención a esa mirada divertida que me dedicaba. Al final, yo también iba a terminar echándole de menos. Iba a ser bastante complicado estar separado de él después de haberme acostumbrado a su presencia.
Antes de que nos diera tiempo a avanzar demasiado, una estela dorada pasó volando por encima de nuestras cabezas, para luego detenerse de pronto y posarse sobre la cabeza del Moyashi, acurrucándose como si jamás hubiese desaparecido.
- Hola, Tim ¿Dónde habías estado? - Saludó Allen, acariciando al golem con un dedo. Fruncí el ceño, suponiendo que probablemente el crío estaría esperando una respuesta por parte de su mascota alada. - ¿Qué hacías con Komui? ¿Eh?
Timcanpy aleteó un poco, alzándose frente a los ojos de Allen, para luego comenzar a proyectar algo.
En la imagen apareció Komui con un gesto de preocupación extrema, mientras se colocaba las gafas, como si hubiese descubierto algo que no querría ni haberse imaginado.
- ¿Eso era todo lo que podías enseñarme?
La imagen se movió de arriba a abajo, para luego volver a su posición, señal de que el golem había asentido.
- Ya veo. Entonces creo que no podré hacer nada. Solo puedo intentar que no salga a la luz. - Komui suspiró abatido, mientras comenzaba a escribir sobre un papel con rapidez, para después cerrar la carpeta en la que se encontraba. Continuó hablando consigo mismo en un susurro. - Tengo que pensar un buen lugar en el que esconder esto...
Comenzó a revolver entre una de las múltiples montañas de documentos, para poner la carpeta entre ellos, escondiéndola del ojo humano.
Después de eso, el golem cerró la boca, acomodándose de nuevo entre los cabellos de Allen.
- ¿Qué significa eso? - Preguntó Allen, intrigado - ¿Habrá ocurrido algo?
- Ni idea - Mentí sin muchos miramientos. Después de todo lo que había ocurrido, podía imaginarme que era lo que Komui le había pedido que le enseñase, aunque no supiese el porque.
- ¿Qué será lo que Komui quiere ocultar? ¿Por qué?
- Eso querría saber yo.
Bajó la vista, mordiéndose el labio inferior. Me contuve para no suspirar de alivio. Allen no sospechaba nada porque pensaba que el asunto iba con él. Probablemente debía pensar que Komui investigaba sobre esa supuesta conexión que Allen tenía con el Decimocuarto y la cual le permitía usar el Arca.
- No pienses en ello - Dije restándole importancia, ya que yo era el único que debía preocuparse por lo que el golem acababa de enseñarnos - Seguro que es alguna tontería de ese idiota. No será nada grave.
- Pero es que parecía tan serio...
- Komui es bipolar, así que no le hagas caso a eso. Tú concéntrate en la misión.
- Sí, seré un chico aplicado - Respondió Allen burlonamente.
Ignoré su sonrisa divertida, ya que yo tenía una razón para decirle eso: Si se concentraba solo en recuperar la inocencia, no estaría pendiente del estúpido conejo. Claro que siempre le quedarían los largos viajes en tren para poder hablar con él. Mierda, esperaba que al menos no le hubiesen enviado muy lejos.
Le vi revisando el informe mientras caminaba hacia el canal subterráneo, ya que puesto que su golem-mascota había regresado él solito, no había necesidad de ir al despacho de Komui.
- ¿A dónde vas? - Pregunté mientras comenzaba a leer por encima de su hombro.
- A Liverpool. Se han visto fenómenos extraños en el río Mersey, que pasa cerca de la ciudad. Dicen que todos los días cuanto llega el mediodía, sus aguas se convierten en sangre. Después de investigarlo se cree que hay una inocencia en el fondo.
Liverpool... Bueno, podría ser peor. Al menos no tendría que salir del país. Si todo iba bien, quizás en cuatro o cinco días Allen ya estaría de vuelta.
Llegamos hasta el canal subterráneo, donde una barca en la que ya se encontraban Lavi y un buscador estaba preparada para partir.
- No hagas ninguna estupidez, aunque se que eso para ti será un reto.
Alzó una ceja, para después acercarse a la barca y subir.
- Gracias por tu amabilidad, pero estaré bien. Contacta conmigo si ocurre algo ¿Vale?
Me encogí de hombros, como si no supiera de qué puñetas estaba hablándome. Él se despidió de mí con la mano, mientras yo veía la barca alejarse hasta perderse en la oscuridad de la caverna.
Permanecí un momento, observando el lugar en el que había navegado la barca, hasta que con un suspiro traté de no pensar en ellos y ocuparme de otros asuntos.
Quizás me había fiado demasiado de Komui, puesto que al confiar en él le había dado la opción de ocultarme información, y yo no estaba dispuesto a permitir eso.
Después de ver lo que me había enseñado el golem, y al descubrir mi herida curada, pude darme cuenta de que las cosas eran más complicadas de lo que parecían. Era como si miles de sombras se cerniesen sobre mí. Tenía un mal presentimiento.
Recordé aquel sueño que había tenido en el que yo estaba esposado ante los comandantes-jefe y agité la cabeza. Probablemente solo era mi propia paranoia la que me hacía soñar esas cosas.
Fui al despacho de Komui, el cual encontré vacío. Decidí entonces que sin el Moyashi en la torre no tenía nada con lo que entretenerme, así que no me importaría quedarme allí hasta que el científico regresase.
Atravesé la estancia para centrar mi atención en las torres de papeles que ocupaban todo el espacio que había en el escritorio. Si podía encontrar ese documento que Komui había escondido por allí probablemente muchas de mis dudas se aclararían. Buscar algo concreto en aquella leonera podía considerarse un auténtico reto, pero si había logrado encontrar la profecía en la habitación de Bookman, también podía hacer eso. Solo necesitaría algo de suerte.
Mientras rebuscaba por el lugar que el golem había mostrado en la grabación, escuché un par de pasos detrás de mí. No me preocupé, ya que estaba seguro de que era Komui, y lo cierto es que no me molesta que me preguntase sobre lo que andaba buscando, ya que esa sería la manera más rápida de sacar el tema.
- ¿Qué haces, exorcista Yuu Kanda?
No pude evitar girarme ante esa forma de dirigirse a mí. Vi entonces bajo el marco de la puerta al inspector Leverrie, tan estirado como siempre, con una sonrisa engañosa, justo esa que te hacía dudar sobre si iba a someterte a un interrogatorio o si te iba a dar un pastel. Para mí las dos opciones resultaban igual de asquerosas.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? - Me soltó en tono casual.
Bien, a mí me había tocado el interrogatorio. Gruñí como contestación, gesto que el tomó como una señal para continuar. Aunque si le hubiese dicho con Mugen en la mano que me dejase en paz, estaba seguro de que no lo habría hecho. De todas formas, no llevaba mi espada conmigo, y tampoco hubiese sido buena idea amenazar de muerte a un enviado de Central.
- ¿Has observado algún movimiento extraño por parte del jefe de la sección científica, Komui Lee?
Alcé una ceja. Por supuesto que había visto movimientos extraños, pero eso no era algo que a ese estúpido le importase. Esa historia estaba entre Komui y yo. Y no me daba la gana que Central metiese las narices en eso.
- No he visto nada. - Mentí en tono monocorde, y me quedé esperando una réplica que enseguida llegó.
- Verás, últimamente Komui ha estado haciendo ciertas investigaciones a espaldas de Central. Me temo que a estas alturas no puedo permitir algo tan sospechoso. Así que si te enteras de algo, házmelo saber, por favor.
¿Por qué demonios pensaba ese idiota que yo iba a decirle algo? Ni siquiera recordaba haber hablado con él antes y si conocía su nombre era solo por la situación que vivía el Moyashi. Así que decidí que la próxima vez que me hablase con tantas confianzas, le reventaría la cabeza. Ese hombre me caía demasiado gordo.
Cuando Leverrie se marchó por donde había venido, estuve un momento mirando a la nada, sin ser consciente de que me había quedado parado en medio del despacho, totalmente absorto.
Definitivamente, no era una buena idea seguir buscando. Las cosas pintaban mucho más peliagudas de lo que parecían. Hasta aquel momento estaba seguro de que todo estaba relacionado conmigo, pero a esas alturas no tuve más que creer que había algo más detrás de aquel asunto. Y ese algo era tan espinoso que realmente no quería tener nada que ver con eso.
Una cabeza se asomó por la puerta, para que después de unos segundos, Komui entrara al despacho sin apartar los ojos de la entrada. Se acercó peligrosamente y al final, el muy estúpido, chocó conmigo, casi cayendo al suelo.
- Oh, Kanda. No te había visto. ¿Quieres algo?
- ¿En qué coño andas metido, Komui?
Él me miró con un gesto que quiso ser de sorpresa, pero que se quedo en una simple mueca de incomodidad.
- No es nada importante. No te preocupes por eso.
Fruncí el ceño de forma amenazante. Estaba harto de tantos misterios y tantas estupideces.
- Trato de no hacerlo, pero no me lo pones fácil – Komui se sentó en su silla con un gesto de aparente tranquilidad. - Sea como sea, que sepas que Leverrie te está observando. No se que demonios estás tramando, pero que sepas que lo último que me faltaba es tener problemas con Central, así que más te vale que no me metas en esto.
Me miró seriamente por encima de sus gafas.
- Eso intento, pero... Por favor, solo confía en lo que hago.
- Y una mierda ¿Cómo coño voy a confiar si sé que has estado ocultándome información?
- Créeme, Kanda. Realmente no quieres saber nada de esto. Es lo mejor.
Traté de no parecer confundido, pero no fui capaz.
No, no insistiría más. Efectivamente, no quería saber nada. Si me iba a morir o no, ya daba lo mismo. No volvería a confiar en Komui. Tanto él como esa mierda de investigación secreta podían irse al diablo.
Sin decirle ni una palabra, me marché de allí. Todas esas incógnitas era justo lo que me faltaba para joderme del todo el humor, como si acaso no tuviese bastante con el hecho de que Allen se hubiese marchado con ese estúpido conejo.
De camino a mi habitación, pude estar seguro de algo, y es que los días siguientes me iban a parecer eternos.
OoOoOoOoO
Di otra vuelta sobre mi mismo, enredándome entre las sábanas, para quedar tumbado de lado, dándole la espalda a la pared de piedra.
Resoplé exasperado, abriendo los ojos para encontrarme con los tenues colores que se filtraban por la cristalera debido a la luz de la luna.
No era algo en lo que me hubiera fijado antes, pero el Moyashi probablemente había tenido razón al decir la primera vez que visitó mi habitación que el lugar era bastante tétrico, ya que al menos en aquel momento estaba de acuerdo con él.
Había permanecido largo rato así, buscando una postura cómoda en la que conciliar el sueño, pero solo había logrado estar durante horas dando vueltas en la cama. No estaba seguro de qué hora era, pero probablemente no importaba. Total, seguro que no sería capaz de dormir en toda la maldita noche.
Rodé los ojos, no pudiendo soportar la intranquilidad y el ambiente pesado que me envolvía. Finalmente me levanté de la cama y me atusé el pelo para poder recogerlo en una coleta alta.
Permanecer en ese cuarto era un agobio, así que salí de allí y comencé a pasear por los pasillos de la Orden, que eran igual o más tétricos que mi propia habitación.
No me gustaba buscar la razón de aquella desgana generalizada que sentía, ni del mal humor constante imposible de disipar, aunque yo sabía muy bien a qué se debía.
Desde que se había marchado ese enano hacía ya cuatro días, las noches habían sido todas así. No se ni por qué me molestaba en acostarme siquiera, sí sabía que sería incapaz de pegar ojo.
Me daba rabia pensar que mi intranquilidad se debía a ese crío, pero no existía otra razón contundente. Bufé cuando una extraña idea cruzó mi mente. Recordé lo que el Moyashi me había contado sobre la piedra de luna y como yo había comparado a la joya que las contenía con él.
Fruncí el ceño, aunque no era muy descabellado pensar que Allen se convirtió para mí en una especie de piedra de luna, que me estabilizaba y me daba calma, lo cual hacía incómodo estar en ese sitio sin él.
Gruñí casi para mis adentros. Puede que no fuera solo la estúpida ausencia del niño lo que me atormentase, si no que además se había largado con una muy mala compañía.
Contuve un nuevo gruñido, aunque la molestia se extendió sin remedio, añadiendo una nueva roca a la enorme montaña de desesperación que cargaba sobre mis hombros.
No había tenido noticias del Moyashi desde que se había marchado, lo cual en teoría era bueno, ya que eso significaba que todo iba bien y que no le había ocurrido nada. No se por qué demonios debería esperar que él me llamara solo para decirme como estaba, si yo tampoco lo había hecho...
Sentimentalismos, estúpidos sentimentalismos que últimamente ocupaban demasiado lugar en mis pensamientos. Había dejado que aquello me afectase demasiado. Era el colmo. Yo no podía depender de ese enano, al menos no de esa forma. No lo necesitaba para nada y podía perfectamente vivir sin él.
Continué caminando hacia ningún sitio, consciente de que era el orgullo el que me hacia pensar todo eso, y que a pesar de todo, de verdad extrañaba su presencia.
La idiotez se había hecho compañero inseparable mío, por lo visto. Ya que solo por eso podría pasarme los días pensando en Allen, el cual debía estar totalmente feliz y despreocupado con su querido amiguito, cuando yo tenía problemas mucho más graves de los que ocuparme.
No había vuelto a hablar con Komui desde que supe que estaba ocultándome algo. Yo le había ignorado y él había tratado de huir de mí, así que no sabía nada más sobre el científico y sus extraños asuntos.
Pero cada vez que pasaba cerca del despacho me encontraba a Leverrie fisgando por allí, lo cual había hecho que Lenalee se encontrara en paradero totalmente desconocido. Probablemente ella habría estado buscándome en la sala de entrenamientos, como cada vez que Leverrie aparecía por la Orden, pero aunque hasta cierto punto lo sentía por ella, yo en aquel momento no tenía la suficiente paciencia como para soportarla, así que trataba de mantenerme lejos de la chica y de sus estupideces. Ya se le pasaría.
Desde luego, la cosa pintaba mal. Y no sabía por qué, pero tenía la impresión de que algo gordo estaba a punto de, no solo cernirse sobre mí, lo cual tenía casi por seguro, si no que también sobre el resto de la Orden, probablemente metiendo al Moyashi en aquel asunto. Justo lo último que necesitaba.
Llegué hasta la sala de estar, desierta a aquellas horas de la madrugada y me senté en el sofá sobre el que Allen se había quedado dormido hacía ya varios días. Para no sentirme asfixiado, solía estar la mayor parte del tiempo dando vueltas por toda la torre, pero lo cierto es que aquello tampoco ayudaba.
Había pensado en que tal vez lo mejor que podía hacer era salir al bosque a entrenar. Un poco de aire fresco no me vendría mal, ya que hacía tiempo que no salía de aquella enorme jaula de piedra. Pero había decidido tomarme las palabras de Komui al pie de la letra y no abandonar el cuartel general de la Orden. No quería tentar a la suerte y meterme en un problema mayor, aunque me jodía sobremanera no saber por qué coño tenía que quedarme allí sin saber la razón.
Sin misiones, sin poder salir siquiera de la Orden y sin Allen, permanecer en ese lugar era un suplicio. Ahora sabía por qué el enano estaba deseando largarse de allí.
Probablemente debido a la luz tenue que inundaba la estancia, unida al tremendo aburrimiento que me golpeaba sin piedad, un sopor bastante inquietante se hizo conmigo, hasta que cerré los ojos y me quedé al fin profundamente dormido.
La luz de una lámpara de mesa inundaba la habitación, la cual era grande y poseía dos camas separadas por una mesilla. Las cortinas que debían cubrir la ventana que estaba al otro extremo del cuarto, caían a los lados dejando ver a través del cristal la noche estrellada de aquel lugar.
En una de las camas yacía tumbado un chico pelirrojo, el cual tenía abierto de par en par su único ojo visible, con una expresión de disgusto bastante notable.
Después de un rato de silencio se oyó chirriar la puerta que estaba al otro lado, abriéndose para que cierto Moyashi de ojos claros la cruzara.
- Ya le he dicho a Komui que hemos recuperado la inocencia y que estaremos allí en un par de días.
- Oh, muy bien. – Lavi se giró, evitando mirar a Allen, el cual respondió a ese gesto con una mueca de enfado.
Allen se acercó hasta donde estaba el conejo, sentándose en el borde de la cama que el pelirrojo ocupaba.
- ¿Qué te ocurre últimamente? ¿Por qué me tratas así?
Contestó dirigiendo la vista hacia Allen, con una sonrisa muy bien fingida.
- ¿Por qué dices eso? No te estoy tratando de ninguna forma, Allen.
- Exacto. Ni me has tratado porque te has dedicado a ignorarme ¿Por qué? ¿Te he hecho algo?
Aun no abandonó su gesto infantil, pero la incomodidad le jugó una mala pasada, haciendo que su nueva expresión de tranquilidad quedase algo forzada.
- No se trata de ti, Moyashi-chan...
- ¿Entonces?
Lavi se giró, tratando de dar el asunto por concluido
- No es nada que te interese, de verdad. ¿Por qué no mejor te vas a dormir? Debes de estar agotado.
- ¿Cómo que no es nada que me interese? ¡Eres mi amigo! Todo lo que tenga que ver contigo me interesa.
El pelirrojo comenzó a impacientarse, poniéndose un poco nervioso.
- Creo que quizás sería mejor que dejaras de preocuparte por mí y mirases más por ti mismo.- Espetó Lavi con tono monocorde que trato de no reflejar ninguna emoción, pero que terminó mostrando su creciente molestia, levemente oculta bajo su máscara amigable – Puede que te hayas acercado a la persona equivocada.
Allen alzó una ceja incapaz de entender nada.
- ¿A qué te refieres con eso?
- Quizás me esté refiriendo a cierto tío borde con el que últimamente pasas todas las noches...
Lavi retiró la vista de Allen, como si tratara de advertirle de que era mejor olvidarse de todo aquello y acabar con la conversación.
Pero el Moyashi no se rindió. Es más, continuó observando al otro chico, como si sus palabras le hubiesen indignado de verdad.
- ¿Qué demonios estás diciendo? ¡Pero si fuiste tú el que me dijo que me acercase a Kanda! ¿A qué viene eso ahora?
El pelirrojo se encogió de hombros, tratando de restarle importancia.
- Bueno, yo tampoco soy perfecto. Puede que cometiera un error al pensar que él sería bueno para ti.
- Lavi, no te entiendo...
El nombrado solo dejó que un leve gesto involuntario de indiferencia se dibujase en su rostro, pero no volvió a decir nada. Allen cerró los puños, exasperado, hasta que no pudo soportarlo más y agarró a Lavi de la pechera sin demasiada fuerza, pero aun así bastante enfadado.
- ¿Por qué, Lavi? ¿Por qué te comportas de ese modo? Yo...
El conejo agarró con decisión las muñecas de Allen. Y a pesar de que probablemente le estaba haciendo daño, el enano no se separó.
- No preguntes. Ni siquiera puedes imaginarte la razón por la que estoy así.
Allen pareció medio satisfecho al lograr aunque fuese solo esa clase de respuesta por parte del Bookman Junior, pero lo disimuló con una expresión de enfado.
- ¡Entonces dímelo, idiota!
El aura de Lavi cambió por completo, y todo el malestar que parecía haber estado conteniendo bajo sus bien ensayados gestos de bookman salió de pronto, haciendo que Allen parpadeara, levemente sorprendido por el cambio de actitud.
- ¿Crees que podrás entenderlo? – Replicó Lavi con sorna, como si estuviera hablándole a un imbécil.
- Claro que puedo.
Lavi dibujó en su rostro una media sonrisa extraña, para luego con una rapidez increíble tirar de Allen, haciéndole caer boca arriba sobre el colchón, y antes de que el enano pudiese reaccionar, el pelirrojo le besó con furia, mientras una mirada de susto se reflejaba en aquellos ojos grises aun abiertos. Instintivamente, el pelirrojo se acercó más al cuerpo de Allen, buscando profundizar el contacto, abrumando al otro chico en el proceso, arrebatándole debido a la sorpresa su capacidad para reaccionar.
Antes de que pudiera saber como había respondido Allen ante eso, me desperté de golpe, poniéndome de pie sin darme cuenta.
Sentí como un sudor frío rodó desde mi sien mientras chirriaba los dientes, tratando de que desapareciera el enorme nudo que había aparecido en mi garganta. No se como fui capaz de permanecer quieto, sin correr a toda velocidad para encontrar a ese jodido conejo y arrancarle la cabeza de cuajo, incluso aunque él estuviera a una distancia considerable del lugar en el que me encontraba.
Con bastante dificultad, conseguí serenarme para poder llevarme una mano a la frente. Solo había sido un sueño. No era real, no tenía de que preocuparme.
Porque no tenía que darle importancia ¿Cierto? No podía ser verdad, simplemente. Incluso aunque pareciera tan real, no podía haber ocurrido eso.
Debía ser solo cosa mía. Sí, probablemente era eso. Había dejado que aquellos estúpidos celos jugasen con mi salud mental y me indujeran a soñar con ese tipo de cosas. Evité suspirar con fuerza, sintiéndome tan estúpido que tenía ganas de darme cabezazos contra la pared.
- ¿Kanda?¿Te pasa algo? – Oí que me decía una voz cerca de mí.
Recobré la compostura del todo, para encontrarme con Lenalee, la cual estaba sentada en el sofá, mirándome fijamente.
- ¿Qué coño haces aquí? – Le dije de mala maneras, logrando que ella solo me mirase con cierto deje de diversión.
- Creo que podría preguntarte lo mismo.
- Leverrie ¿Verdad? – Espeté, bastante jodido. En aquel momento yo no quería hablar con nadie.
Vi como cambiaba su gesto, levemente avergonzada, para luego mirarme sin perder el brillo de sus ojos.
- Vale, a ver si lo adivino yo también ¿Se trata de Allen?
Me mantuve con la mirada helada, esperando que ese comentario no afectase a la expresión de mi rostro.
- No –Mentí sin complicarme demasiado.
- ¿Le echas de menos?
- ¿Podrías dejar de hablar de estupideces?
La chica se rió mientras yo volví a sentarme en el sofá. No quería regresar a mi cuarto.
- Eso viniendo de ti, significa que sí. Pero tranquilo, regresará pronto.
Fruncí el ceño ante esa afirmación.
- No necesitaba ese dato. –Dije con indiferencia, aunque sabía que a ella no podía engañarla. A saber como coño se terminaba enterando siempre de todo. Lenalee tenía un sexto sentido para esas cosas.
Ella me dedicó una sonrisa. No quería que continuara hablándome de Allen. Estaba tan cabreado por lo que había soñado que en aquel momento no quería ni oír su nombre.
Pero sin embargo ella no dijo nada. Me conocía bastante bien y sabía cuando debía mantener la boca cerrada. El silencio era vital si quería permanecer a mi lado para huir de Leverrie, así que había aprendido a adaptarse a esas situaciones.
Pasó el tiempo y Lenalee terminó durmiéndose profundamente, hecha un ovillo, probablemente más cerca de mí de lo que su hermano hubiera deseado, arriesgándome a recibir la visita de algún Komurin en el futuro.
Yo sin embargo permanecí mirando al frente, pensando en miles de cosas, cada cual más retorcida que la anterior, hasta que llegó el amanecer.
OoOoOoOoO
Por tercera vez en menos de diez minutos fulminé con la vista a otro buscador, el cual solo bajó la cabeza, bastante amedrentado y continuaba su camino hacia cualquier estúpido lugar al que tuviera que ir.
Llevaba ya un rato apoyado en la pared, con los brazos cruzados, dando pequeños paseos de vez en cuando, ojo avizor a cualquier persona que apareciera por el pasillo, gesto que me convirtió en el blanco de las miradas y de los comentarios de aquellos inútiles que pasaban por allí.
Continué esperando sin impacientarme. Daba lo mismo cuanto tardase, ya que era cuestión de tiempo. Allen no tenía más remedio que pasar por allí.
Estaba seguro de que ya había regresado. No estaba seguro de cuando, pero eso era lo de menos. Tampoco tenía nada mejor que hacer en aquellos momentos, así que podía pasarme el día entero allí, hasta que se dignase a aparecer.
Podría haber ido a buscarle. Probablemente hubiese sido más sencillo que estar allí de plantón, claro que también hubiera sido mucho más humillante.
Sin embargo, de esa manera podría encontrarme con él de forma casual, como si no llevase ya más de un cuarto de hora en aquel pasillo, atento por si el enano comenzaba a caminar por allí, saliendo del despacho de Komui tras entregar el informe de la misión.
Escuché varios pasos acercarse poco a poco hacia mi posición. Sin girar la cabeza, clavé la vista en las personas que venían, esperando no encontrar de nuevo a algún estúpido buscador.
Con un extraño nudo en el estómago vi a Allen doblar la esquina con una sonrisa en sus finos labios, la cual estaba dedicada al jodido y estúpido conejo que se encontraba a su lado.
Respiré hondo, tratando de alejar las imágenes que aquel extraño sueño había dejado grabadas en mi memoria, recordándome a mí mismo que no eran reales. Estaba comenzando a ponerme de muy mal humor.
Allen no reparó en mi presencia hasta que no estuvo a unos pasos de mí. Me miró entonces y su tenue sonrisa se borró, intercambiándose por una expresión seria que no supe como interpretar.
Lavi me ignoró por completo, posando una mano sobre el hombro de Allen.
- Bueno, Moyashi-chan. Ya nos veremos.
Allen asintió con la cabeza mientras el conejo pasaba por mi lado, tensándose de forma casi imperceptible, para luego alejarse de allí a paso ligero.
Entre los dos se hizo un silencio incómodo que me sentó como una patada. No era esa la reacción que esperaba de él, ni mucho menos. Estaba seguro de que en cuanto me viese sonreiría y se dedicaría a contarme como le había ido el viaje.
Pero ahora que estábamos solos, no hizo nada de lo que yo pensé que haría. Ni me saludó, ni me abrazó, ni siquiera se dignó a mirarme a los ojos. Mi humor de perros se convirtió en un enfado bastante peligroso.
- ¿Qué coño te pasa? - Pregunté en tono brusco, haciendo que al fin sus ojos grisáceos se clavaran en los míos. Pude ver a través de ellos la intranquilidad que le embargaba, lo cual solo logró que me pusiera más nervioso, perdiendo la poca paciencia que tenía, aquella que de por sí no era demasiada.
- Yo solo... tengo que hablar contigo. Es una tontería y sé que no le darás importancia, pero me gustaría decírtelo en algún lugar más privado.
Alcé una ceja. No me gustaba nada tanto secretismo, así que cuanto antes me dijese aquello, mejor para mi salud mental.
Comencé a caminar hacia mi habitación con Allen pisándome los talones. Él decía que solo se trataba de una tontería, pero sin embargo estaba preocupado. Parecía estar dándole vueltas al asunto, pensando en las palabras adecuadas que debía usar. Aligeré el paso, dejando al enano un poco atrás, haciendo que tuviera que alcanzarme en una carrera.
Cuando estuvimos frente a la puerta de mi habitación, la abrí y entramos. A pesar de ser de día estaba bastante oscuro, así que fui a encender una vela mientras que Allen dudaba, no estando seguro de si decidirse a hablar o callarse ahora que aun estaba a tiempo.
Cuando hubo un poco de luz en la habitación, me giré para mirarle. Allen aun no se había movido del lugar que había tomado nada más entrar, quedando justo al lado de la puerta. La vela dio un ambiente nada agradable debido a las sombras que emitían los pocos objetos del cuarto, creando una atmósfera bastante complicada.
Finalmente, Allen suspiró, intentando relajarse. Se sentó en la cama y cerró los ojos.
- Creo que le estoy dando demasiada importancia a esto.
Traté de no mostrar mi impaciencia, aunque él notó que estaba comenzando a hartarme. Me sonrió levemente, y entonces supe que el Allen que se había ido hacía a penas una semana había regresado, lo cual en cierto modo resultó un alivio.
- ¿Qué ocurre? - Pregunté, ya más calmado al ver que el enano no estaba tan tenso.
- Es una chorrada. Pero aun así creo que debo decírtelo. No me sentiría bien si te lo ocultase.
Tamborileé los dedos en la pared. Podía intuir que no me iba a gustar nada lo que estaba a punto de oír. Me mantuve inexpresivo para que ninguno de mis movimientos le hiciese sentir cohibido y que así pudiera continuar hablando.
- Bueno... Intente sonsacarle a Lavi que era lo que le ocurría, pero por más que trataba de que me contestara, siempre me salía con alguna evasiva. Al final las cosas escaparon de mi control y ... - hizo una breve pausa, tomando aire para reunir valor - ... Lavi y yo nos besamos.
Me quedé helado, estático junto a la mesita que sostenía la flor de loto, y a la cual por poco no mandé a volar de una patada cuando reaccioné y todo me organismo se llenó de un fuego furioso que me cegó por completo.
- Sé que no estuvo bien, pero...
- Lárgate.
Sus ojos brillaron de sorpresa. Mirarle era lo último que necesitaba, ya que cada vez tenía más ganas de darle un puñetazo.
- ¿Cómo? - Preguntó confuso, probablemente sin querer creerse que le estaba echando.
- ¿Eres sordo o solo imbécil? Te he dicho que te vayas. Ahora mismo.
Pero él no se movió. Cada vena de mi cuerpo latía con furia, machacándome por dentro, mientras que cada latido de mi corazón dolía, como si mil agujas acabaran de lacerarlo, haciendo que me ahogara en mi propia sangre.
- Espera, Kanda. Yo...
No quería oírle. En aquel momento ni siquiera quería saber que él existía. Solo deseaba que se marchase de mi vista en ese preciso instante. Y ya que él no ponía de su parte, tendría que sacarle de allí a la fuerza. Era eso o matarle a golpes, y desde luego ganas no me faltaban.
Le agarré con fuerza del brazo, sacándole con ello un leve quejido de dolor. Tiré de él y le levanté, para llevarle sin ninguna delicadeza hasta la salida.
Una vez más, abrió la boca intentando decir algo, pero no lo permití. No estaba dispuesto a oír nada más.
- No me cuentes ninguna gilipollez. Corre a los brazos de tu jodido conejo y moríos los dos. Y más te vale que no vuelvas a dirigirme la palabra, porque si no lo vas a pagar muy caro.
- ¡Kanda...!
Pero antes de que una sola palabra más pudiera salir de su boca, le empuje haciéndole caer aparatosamente al suelo, para luego cerrar con un portazo y echar el pestillo.
Su voz me llamó una y otra vez, golpeando la puerta, tratando de hacerme entrar en razón. Pero yo le ignoré, convenciéndome a mi mismo de que esos gritos de enfado no era más que el sonido del viento al chocar contra las paredes de piedra. Allen ya no estaba allí. Para mí él nunca había estado allí.
Perdí el control y tras apretar los puños con tanta fuerza que pensé que me partiría los dedos, di un fuerte puñetazo a la cristalera que hacía las veces de ventana, logrando que uno de los cuadrados que formaban la vidriera se hiciera añicos. Varios pedazos de cristal se clavaron en mis nudillos, y a pesar de que comenzaba a tener la mano llena de sangre, no le di importancia.
Al oír el golpe, el Moyashi se calló, para luego alejarse sin decir una palabra más, probablemente asustado por mi reacción.
Sentí como el aire se colaba a través del vidrio roto. Hacia ya algún tiempo que no sentía el ambiente tibio que había fuera de los muros de esa torre. En aquel momento, sentí extraña esa ráfaga, como si estuviera totalmente fuera de lugar.
Respiré con fuerza, inhalando el oxigeno que procedía del exterior. Me quedé un momento allí parado, mirando las copas de los árboles, mientras la sangre comenzó a gotear sin que yo me diese cuenta.
Permanecí un tiempo ensimismado, como si hiciera años que no viera ese paisaje, dejando la mente en blanco para que nada pudiera recordarme la razón por la cual yo podía ver el cielo en aquel momento. No pensar, en ese preciso instante, era la mejor opción para mí.
Continuará...
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Bien, y esto es a lo que se le suele llamar capítulo de relleno xD Absoltamente nada de lo que sale en estaba pensado de antemano xP Así que, en contra de mis predicciones (otra vez xP), será en el capítulo siguiente cuando ocurra lo que en realidad tenía planeado para este x.x Son cosas que suelen pasar xD
Bueno, solo decir a la personas que les disguste el Laven que...
...
¿Perdón? XP Ya lo dije, no estaba planeado realmente, así que ocurren cosas como esta lol Por si alguien lo dudaba, el fic sigue siendo Yullen xD
En fin, muchas gracias a todos por leer. Es difícil soportar las tontunas que a veces me da por escribir xD Así que de verdad, muchas gracias n0n
Gracias (por descontado xD) a Lunnvic, Meroko, Shizuru, Dircray, Kurayami_miko, charlotte, jicalazuxil por sus comentarios.
Los comentarios de Meroko, Shizuru, Kurayami_miko y charlotte están contestados en mi perfil (para variar, vamos lol)
Para dudas, sugerencia, preguntas sin respuesta, amenazas de muerte por no controlar a Lavi como debería (XP) y demás cosas, en un Reviews que siempre me alegra la vida y no cuesta tanto escribirlo xD
¡Hasta pronto!
