Realidad incorpórea

By Hermachis

Disclaimer: D gray man no me pertenece. Si se diera ese caso, primero las cosas habrían tomado un rumbo muy diferente xP Y segundo no tendría que estar muriendo poco a poco al ver que a un mes escaso de la Japan weekend solo tengo 10 euros para todos mis gastos T.T En fin, todos los derechos pertenecen a Hoshino Katsura, y a todos los serecillos infernales que compraron la licencia, entre los cuales no me incluyo. Solo uso los personajes para hacer cosas malvadas sin ningún ánimo de lucro x3

Adevertencias: OOC (La, la, la...), shonen-ai , mal vocabulario, relleno, más relleno XP Lime (OH MY DOG! xP) aunque es una patata, no es nada explícito y no se sabe ni lo que ocurre lol (El lime también cuenta como relleno xD) Comienzo del Semi-AU (Es buena idea mentalizarse de esto ya, puesto que al siguiente capítulo se volverá extremo xP)

Y en un alarde de originalidad por mi parte XD, gracias a Meroko por betear, por ayudarme a salir de los baches y por no patearme el culo por escribirle tonterías en el msn a las cinco de la mañana x3 Sin su ayuda ya me habría arrancado todos los pelos de la cabeza por el estrés xD

Capítulo 11

Levanté la vista un momento, para encontrarme con algo que hubiera preferido no ver. Se me fue el poco apetito que tenía, dejando los palillos sobre aquel plato aun lleno de comida. Ni siquiera tenía hambre, así que hubiera sido mucho más inteligente quedarme en mi cuarto.

No quise observarle, pero mis ojos se movieron inconscientemente hacia su posición. Allen se había quedado quieto en medio del espacio que había entre las mesas. Por un momento, hizo un amago de ir hacia donde yo me encontraba, pero finalmente dio media vuelta y se sentó en otra mesa, bajando la cabeza para concentrarse solo en el cargamento de comida que tenía delante.

Los tres días que habían pasado desde que echara al Moyashi de mi cuarto habían sido así. Él me había hecho caso y no había vuelto a dirigirse a mí, lo cual no supe si era un alivio o un auténtico tormento. Estaba tan confuso que no era capaz de entender nada de lo que estaba pasando.

Por no saber, ya ni sabía como debía sentirme, así que había dejado que fuera la desgana la que guiara las pocas acciones que llevaba durante el día. Era mejor eso que el malestar que me embargaba cada vez que pensaba en Allen.

Pero no tenía derecho a quejarme. Tenía razones para sentirme traicionado, eso desde luego. Mi reacción había sido bastante justificada, y sin lugar a dudas, él tenía toda la culpa de aquello. Sin embargo, fui yo el que le dijo que no volviera a acercarse a mí, así que por doloroso que fuera, debía soportar la mutua indiferencia ficticia que acatábamos, ya que no tenía ninguna intención de hablar con él para arreglar las cosas.

Al final había ocurrido justo lo que imaginaba. Por la clase de persona que yo era, no podía mantenerle a mí lado. No estaba hecho para interactuar con otras personas, ni siquiera aunque lo intentara.

Y Allen se había cansado de mi actitud, ya que si realmente hubiera querido estar conmigo, habría venido a buscarme a pesar de todo.

Sentí como si me retorcieran el corazón mientras pensaba en aquello. Vi como el Bookman junior se sentaba al lado de Allen y le daba una palmada en la espalda. Allen respondió a eso con una sonrisa bastante triste. Al ver como aumentaban mis ganas de desenfundar a Mugen y hacer que rodaran cabezas, me levanté y salí del comedor, guiando mis pasos de nuevo hacia mi cuarto.

Así era mejor. Yo no había podido apartarlo de mi lado porque no pude luchar contra mis propios sentimientos, pero finalmente él había tomado la decisión correcta y se había alejado de mí. Ya no tenía que preocuparme más por él. Él solito se había encargado de desviarse de la profecía.

Eso era lo que había pretendido desde el principio. Yo no me había acercado a él buscando su compañía, si no su seguridad.

¿Entonces por qué demonios todo aquello me estaba destrozando por dentro? ¿Por qué deseaba desesperadamente que volviera pidiéndome perdón si así era mucho más fácil librarle del cruel destino que le esperaba?

Quizás solo quería poder protegerlo a mi manera, mientras él permanecía a mi lado.

Pero tampoco fui capaz de eso. Daba igual lo que me propusiera con respecto a él, nada salía bien.

Ignoré los fuertes pinchazos que me atravesaban el pecho. Si al final Allen se decidía por ese conejo, todo sería mucho más sencillo, y si dolía, si tenía ganas de matar a ese pelirrojo, ya no importaba. Allen no estaba conmigo, por lo cual no tenía nada que reclamar. La furia y los celos pasarían, me valía con saber que él estaría bien.

Mierda. Odiaba haberme vuelto tan débil. Se suponía que debía de estar enfadado con ese imbécil de cabellos blancos, y sin embargo, solo podía preocuparme por él. Había bajado demasiado la guardia y me estaba costando caro.

Cuestión de tiempo. Aquello también pasaría, o eso quise creer. Ya que cada vez que pensaba que esa asquerosa situación en la que me encontraba podría durar, corría el riesgo de volverme loco.

Desde aquella discusión, los sueños extraños y las pesadillas se habían hecho más presentes cada noche, jodiéndome aun más la vida.

Después del Moyashi, aquel asunto era la segunda cosa que más lugar ocupaba en mis pensamientos, y no era para menos.

Aquello era demasiada casualidad, y visto lo visto, ya no podía ampararme en el hecho de que fuera una coincidencia. Soñé con algo bastante claro y ocurrió. Puede que no supiera si había sido como yo lo había visto, ya que tampoco tenía la intención de preguntar ninguna clase de detalles. Pero eso no lo hacía menos inquietante y lograba que no supiera a que demonios atenerme.

Recordé sucesos anteriores y los fui relacionando poco a poco. Muchas veces había tenido la sensación de que ciertas cosas que había vivido las había soñado antes de que sucedieran. Tendría a penas trece años cuando se me ocurrió preguntar a Komui sobre ello, pero él me contesto que a ese fenómeno se le llamaba dejà vu y que no tenía que darle importancia.

Ahora podía comprobar que Komui estaba equivocado. Era algo mucho más complicado que eso. Bufé ante la idea que en aquel momento tenía más sentido, aunque fuera totalmente estúpida.

Era absurdo. ¿Por qué demonios se suponía que yo era capaz de ver el futuro? ¿A qué coño se debía esa habilidad?

A esas alturas ya había sido capaz de darme cuenta de que yo no era una persona normal. Estaba maldito desde que tenía memoria, y eso era algo que no solo estaba consumiendo mi cuerpo poco a poco, si no que además me daba habilidades especiales.

La curación precoz podía ser útil, pero eso ya era suficientemente extraño. No necesitaba convertirme en ninguna especie de fenómeno capaz de tener premoniciones.

Sobre todo porque si pensaba que todos los sueños que había tenido iban a hacerse realidad, ya podía buscar una buena manera de suicidarme antes de que todos esos acontecimientos me atropellasen.

No quería saber el futuro. Ya había tenido esa experiencia al conocer la profecía y me había llevado a una situación nada agradable. Prefería vivir el presente a mi modo que estar todo el rato preocupado por lo que iba a ocurrir, tal y como había estado haciendo esas últimas semanas.

Las cosas extrañas que ocurrían a mi alrededor comenzaban a acumularse de forma sospechosa, haciéndome sentir cada vez más molesto, ya que no podía darle explicación a nada.

Tan enfrascado estaba en mis pensamientos que no me di cuenta de que un montón de gente se había apilado ahí sin orden lógico, impidiendo el paso. ¿Qué coño le ocurría ahora a esa panda de imbéciles?

Quise abrirme camino a puntapiés, ya que no estaba de humor para lidiar con nadie ni para aguantar las estupideces de aquellos idiotas. Solo quería regresar a mi cuarto y aislarme de ellos. Mi mal humor no mejoraba cuando estaba solo, pero al menos me sentía tranquilo, lo cual ya era mucho pedir al estar encerrado en aquel lugar infestado de locos.

Traté de llegar a las escaleras sorteando a un par de personas, cabreándome al verme rodeado de toda aquella muchedumbre. Pero cuando estaba a punto de llegar, vi que cuatro formas extrañamente vestidas bloqueaban el acceso tanto a las escaleras como al elevador.

Solo tuve que ver sus ropas oscuras y las máscaras que llevaban para darme cuenta. Formaban parte de la unidad de combate especial de central, los Crown. ¿Qué demonios hacían ellos allí?

Un quinto hombre apareció detrás de los otros, levantando sus brazos cubiertos por aquellas enormes mangas para dirigirse a la multitud.

- Despejen la zona – Ordenó con voz fuerte y clara – Nadie puede abandonar este piso. Regresen al comedor.

Pero nadie se movió de allí. Los comentarios comenzaron a extenderse rápidamente, preguntándose a qué se debía todo eso.

Me giré un momento, para ver como más personas aparecía por allí, alertadas por el bullicio. Pude reconocer a una cabeza albina bastante llamativa a pesar de su poca altura. El pelirrojo que iba al lado de Allen le comentó algo, para luego perderse entre la marea de gente.

Atento como estaba al crío que acababa de llegar, no fui capaz de advertir que alguien se había abierto paso hasta más allá de donde yo me encontraba, quedando justo delante de uno de los cuatro hombres que formaban aquella barrera humana, el cual alzó los brazos, obligándole a detenerse.

- El paso está restringido. Retrocede. - Indicó en voz monocorde, mientras aquella persona a la que yo no podía ver no se movía ni un ápice.

- Dejadme pasar. – Reconocí la voz de inmediato. Las personas que había alrededor se alejaron, dejándome ver como Reever miraba directamente a aquel Crown que tenía delante. - ¿Es que os habéis vuelto locos?

- Te lo diré solo una vez más: Retrocede ahora.

- ¿Y dejar que matéis a Lenalee? ¿No entendéis que si forzáis su sincronización con la inocencia, ella podría convertirse en un caído? ¡No podéis hacer algo así!

Abrí los ojos ante aquella declaración ¿Qué iban a hacer qué? ¿De verdad iban a hacer semejante estupidez? Lenalee había permanecido inactiva todo ese tiempo porque su sincronización con la inocencia era tan baja que podía resultar peligroso que volviese a calzar las botas oscuras, al menos en aquel momento. Si algo salía mal, podría ocurrir cualquier cosa.

Tanto la Orden como Central habían decidido que era mejor dejarlo estar, ya que no podían arriesgarse a perder a una exorcista ¿Por qué de repente tenían tanta prisa? ¿Tanto les urgía recuperar aquel poder que estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para ello, incluso a arriesgar la vida de Lenalee?

Sin previo aviso, una especie de papel, el cual reconocí como un sello, se asomó bajó la manga del Crown, y con un simple movimiento, Reever salió volando para terminar estampado contra la pared más cercana.

- Última advertencia. Despejad todos la zona en este preciso instante. Repito, que todo el mundo abandone esta zona.

Todos los buscadores y científicos que formaban parte de aquella masa de gente retrocedieron, sabiéndose incapaces de poder hacer nada ante semejante situación.

Pero sin embargo cierta persona hizo todo lo contrario y corrió entre la gente hacia donde se encontraba Reever, logrando que la atención de los cinco enmascarados se posara sobre él.

Vi como otro sello se deslizaba desde las mangas de uno de los Crown. Sin pensar siquiera lo que hacía, alcancé al chico en un par de zancadas y le agarré del brazo para retenerle. Los ojos grises del Moyashi me miraron con sorpresa.

- ¡Suéltame, Bakanda! ¡Está herido!

- Tú sí que vas a salir herido como hagas alguna de tus gilipolleces.

Observe como Reever se levantaba con cierta dificultad y confuso, pero perfectamente sano.

Si conocía a ese crío como creía conocerle, él también había entendido en que situación se encontraba Lenalee, y seguro que no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados.

Allen se resistió, tratando soltarse de mi agarre, pero no se lo permití.

Unos segundos después, pude ver como al final del pasillo el elevador bajaba, y sobre él se encontraba Leverrie, sujetando a Lenalee por la muñeca, mientras ésta intentaba en vano llegar hasta su hermano, el cual se encontraba apenas a un par de metros, con las dos manos esposadas a la barandilla, probablemente para así tenerle vigilado y que no pudiera intervenir.

Una vez más, el Moyashi trato de zafarse de mí, esta vez con mucha más ímpetu. Cuando vi que el Crown que aun tenía el sello en la mano estaba a punto de agitarlo, agarré con más fuerza a Allen para arrastrarle lejos de allí.

- ¿Qué haces? ¡Déjame! ¡Tengo que ir a ayudarla! - Me gritó con todas sus fuerzas, mientras yo buscaba un lugar al que ir.

- Cállate, imbécil ¿Es que quieres tener más problemas con Central? Lo último que necesitas es darles más razones para que piensen que eres un traidor.

Allen se calló un momento, aceptado que tenía razón. Entré entonces en la primera habitación que vi, la cual resulto ser un almacén oscuro y lleno de polvo. Solté al enano para luego girarme hacia la puerta y ver una llave en el ojo de la cerradura, la cual giré un par de veces, para luego guardarla en el bolsillo de mi pantalón.

- Dame esa llave – Me dijo de forma imperativa, perdiendo las formas - ¡Déjame salir de este sitio!

- Ni de broma. Si sales irás a por Lenalee.

Él afiló su mirada, como si intentara parecer amenazante. Yo me apoyé contra la puerta, cruzándome de brazos.

- Es lógico ¿No? Está en peligro. Tengo que hacer algo. Incluso si piensan que soy un traidor. No me importa.

- Deja de hacerte el mártir, estúpido. Ella es mucho más fuerte de lo que piensas. Estará bien. Pero si tú apareces por allí y tratas de detenerle, Leverrie nunca te lo perdonará.

Apretó los puños, conteniendo las ganas de apartarme a golpes. Hubiera sido divertido ver como lo intentaba.

- ¿A que viene esto ahora? ¿Por qué haces como si te preocuparas por mí?

- Porque no puedo dejar que hagas una tontería y que salgas herido por ello.

- ¡Eres un cínico! ¡No hagas como si yo te importase! ¡Me dijiste que no volviera a acercarme a ti...!

Torcí el gesto, mientras me llevaba una mano a la frente. Ese crío me daba dolor de cabeza.

- ¿Y no has podido pensar que si te dije eso es porque tú vas por ahí besándote con cualquiera? ¿Entonces qué es lo que se supone que querías que hiciese? ¿Que te diera unas palmaditas en la espalda? Las cosas no son así. No puedo dejarlo pasar como si nada hubiera ocurrido.

Allen parpadeó un par de veces, incrédulo. Sus ojos brillaron de repente, como si acabase de resolver un rompecabezas.

- ¿Me dijiste eso solo porque estabas celoso?

Fruncí el ceño, mientras tenía la sensación de que una flecha me había perforado la sien. Ese había sido un golpe bajo. Me quedé callado y él interpretó mi silencio como un sí.

- Entonces... ¿No me odias?

Dejé escapar un suspiro de exasperación.

- Ya te dije una vez que no, pesado. Ojala pudiera odiarte. Todo hubiera sido mucho más sencillo para mí. Hubiera dolido menos.

Me miró, no sabiendo como interpretar aquella frase. Yo giré mi cabeza para dirigir mi vista hacia otro lado, arrepentido de haber dicho algo tan estúpido.

- Lo siento, Kanda. Yo no pretendía...

- Ya se que no. – Le dije en tono monocorde – Fue él quien te besó ¿Verdad?

Allen abrió levemente la boca, sorprendido.

- ¿Cómo... cómo lo sabes?

Rodé los ojos. Bien, definitivamente podía ver el futuro. Era tan estupendo que no entendía como no me había puesto a dar saltos de alegría. Oh, claro, quizás porque esa habilidad me parecía una auténtica basura y no la necesitaba para nada.

- Eso es lo de menos. Aquí lo que importa es que en lugar de decirme lo que había ocurrido realmente, trataste de echarte encima parte de las culpas para protegerle. Eso fue lo que realmente me jodió. - Allen bajó la vista, entendiendo que había cometido un error – ¿Qué sientes por ese estúpido?

- ¿Te refieres a Lavi? - Asentí. ¿A que otro estúpido, de los muchos que había en ese lugar, podía referirme? - Yo... le quería...

Como si acabara de darme una bofetada, cerré los ojos sin darme cuenta. Al ver mi gesto, Allen se apresuró a aclarar sus palabras.

- ... Pero ahora él para mí es solo un amigo, al que aprecio mucho, pero por el que no siento nada más. - El hizo una breve pausa, para luego mirarme con atención – Y dime ¿Qué es lo que sientes tú por mí?

Alcé una ceja. ¿No podía pretender realmente que yo...?

Me molestaba, pero su pregunta probablemente era bastante lógica. Cuando empezamos con aquella locura, él me dijo claramente que estaba enamorado de mí. Sin embargo yo solo le di a entender lo que sentía, pero no le demostré nada.

Decirle que le quería era absurdo. Allen ya lo sabía, pero él quería oírlo de mis labios. Maldito niñato chantajista. No pensaba darle el gusto de burlarse de mí.

Así que hice algo que no se esperaba: Recorrí en un par de pasos la poca distancia que nos separaba y le agarré con fuerza por el mentón, obligándole a levantar la cabeza, para después besarle con furia.

Mi corazón dio un vuelco cuando al fin él se dio cuenta de lo que ocurría. Separó sus labios, para luego rozar su lengua con la mía.

Intentó con una de sus manos librarse del agarre al que le sometía, demandándome algo de libertad.

Cuando finalmente cedí, rodeó mi cuello con sus brazos, separándose levemente de mí, para después volver a rozar mis labios, convirtiendo después aquel contacto en una cadena de besos cortos pero apasionados.

Y entonces fue cuando me pregunté porqué demonios le había dejado el control a él.

Me separé del niño, levantando una ceja. Allen continuó sin apartarse, aprovechando la posición en la que estaba para apoyar su cabeza sobre mi hombro.

- Sí, definitivamente esa era la clase de respuesta que esperaba de ti. - Su tono divertido me indicó que a pesar de todo se estaba burlando. Jodido crío... - ¿Esto significa que me perdonas?

Clavé mi vista en una de las sucias estanterías que había al fondo de la habitación.

- ¿Tengo otra opción?

Allen me sonrió en una mueca de satisfacción.

- No, supongo que no.

Por supuesto que no. Posé mis manos en su cintura, mientras él se aferraba más a mí. Después de todo, estábamos destinados a estar juntos. No había forma de huir de él.

- Bien ¿Podemos ir ahora a ayudar a Lenalee?

Si se supone que estaba tratando de hacerme reír, como payaso era un fracaso.

- No – Respondí lacónicamente, ganándome una mirada de enfado por su parte – Solo podemos esperar.

Allen suspiró, sabiendo perfectamente que no me iba a convencer.

- ¿Podemos al menos esperar en otro sitio? Creo que desde que estoy aquí he respirado más polvo que oxígeno.

Me encogí de hombros. Bueno, al menos podría tenerlo controlado, así que no se le ocurriría meterse donde no debía.

Saqué la llave, pero a pesar de eso, Allen no se apartó de mí.

- Moyashi... - Le llamé, pero no me hizo caso, ya que se había quedado ensimismado mirando la tela de mi camisa.

Carraspeé con fuerza, tratando de devolverle a la realidad. Cuando se dio cuenta, me soltó con una sonrisa avergonzada y un leve sonrojo.

- Lo siento. Es que yo... - Ladeó la cabeza, algo apocado. - Te quiero, Kanda.

Me quedé sin saber que responder a eso, con los ojos abierto debido a la sorpresa. Nunca me había dicho algo así, al menos no de manera tan directa. Sentí aquel cosquilleo en el estómago que me resultaba tan agradable. Posé mi mano sobre su cabeza, revolviéndole el cabello levemente, ganándome una tenue sonrisa por su parte.

- Venga, vámonos de aquí.

Giré la llave dentro de la cerradura, para segundos después poder abandonar la estancia.

No había ninguna manera de abandonar ese piso, por lo que lo único que se nos ocurrió fue regresar al comedor.

Allí nos encontramos con un panorama bastante extraño. Tras atacar a Reever, los Crown habían acometido contra todo aquel que se había acercado por allí, lo cual había hecho que se formaran pequeños grupos en la enorme sala para atender a las confusas víctimas, entre las cuales no parecía haber ningún herido de gravedad.

Sobre una de las mesas se encontraba sentado Reever, mientras sostenía sobre su cabeza una bolsa con hielo que acababa de llevarle Jeryy. Al verlo, Allen avanzó con rapidez hacia él.

- ¿Estás bien? - Preguntó el Moyashi con un deje de preocupación.

Reever asintió, sin levantar la vista.

- Solo ha sido un golpe. No es nada. - Observó entonces lo que había a su alrededor y no pudo contener un suspiro – Al parecer han enclaustrado a la mayor parte de la Orden aquí. Lo tenían todo muy bien planeado.

- ¿Por que han hecho todo esto? ¿Por qué Lenalee...?

Allen se calló de pronto, como si no estuviera seguro de querer saber la respuesta.

- La necesitan. Al igual que os necesita a todos. Leverrie esta planeando algo y no quiere dejar ningún cabo suelto, por lo que se le ocurre hacer tonterías como la de jugar con la vida de Lenalee.

- ¿Planeando? - Pregunté sin mucho interés, cruzándome de brazos.

- Una misión. Enviará a todos los exorcistas para que destruyan a un akuma.

- ¿Leverrie está haciendo todo esto por un simple akuma? - Soltó el crío, anonadado.

- Por lo visto, este es un asunto realmente difícil. El akuma se encuentra en Japón y ha evolucionado tanto que ni puede saberse de que nivel es. Es demasiado peligroso, así que para asegurar la victoria a decidido enviar a todos los exorcistas para exterminarle.

- El dragón. - Dije en un susurro, sin que otra cosa pudiera venir a mi mente ante esa descripción.

- ¿Dragón? - El científico me miró con gesto de desconcierto.

- Ese monstruo tiene forma de dragón ¿Cierto? - Me aventuré a cuestionar, seguro de que no me equivocaba.

- Sí, ahora que lo dices, eso ponía en el informe que Komui recibió de Central.

Allen me miró algo confuso.

- ¿Habláis de ese akuma que era igual que tú? - Ladeé la cabeza, como si ese dato fuese lo de menos. Le hice un ademán con la mano para que entendiera que estaba en lo cierto. - ¿Por qué van a por él ahora?

Desde luego, era bastante obvio, por lo menos para mí, ya que gracias a es jodido conejo traidor que se había dedicado a explicarme todo aquel asunto, tenía las ideas bastante claras.

Recordé como la molesta voz del conejo me contaba lo que había ocurrido con los primeros dragones que fueron víctimas de la profecía, mucho antes de que nosotros existiéramos, y como después de tanto luchar para que el mundo no fuera destruido, el dragón blanco había muerto para restablecer el equilibrio de fuerzas que mantenía al universo.

La desesperación del único dragón que quedaba vivo, junto a las pocas fuerzas que al Conde podían quedarle después de perder la batalla, terminaron por formar aquel akuma del que estábamos hablando en ese momento, el cual tenía la fachada del dragón negro, pero el alma del dragón blanco, aunque esta había quedado presa solo de forma parcial.

Junto al espíritu, había quedado encerrado aquella extraña forma incorpórea a la que el conejo había llamado ente, el cual había hecho que la creación del akuma no fuera perfecta debido a su simple naturaleza, heredada del mismo universo que lo había creado para luchar contra el Conde. Aquello produjo que el alma quedara dividida en dos partes: la que alimentaba al akuma y la que poseía Allen, ya que él era la reencarnación del dragón blanco.

Y puesto que era el ente y la mitad de ese alma lo que proporcionaría al Moyashi el poder del que hablaba la profecía, sin él, Allen no era más que un exorcista cualquiera.

Eso era lo que Leverrie quería lograr. Si el akuma era destruido, ya que él había podido observar como Allen y yo estábamos dispuestos a estar juntos, solo faltaba el ente en esa ecuación para poder seguir ese camino que supuestamente destruiría al Conde.

O eso se creía ese estúpido, ya que yo no iba a permitir algo así. Ahora que Allen volvía a estar conmigo, solo me quedaba la opción de desviarme de aquella profecía, y justo tenía la oportunidad para lograr eso al alcance de mis dedos.

No tenía ni la más remota idea de como podría deshacerme yo del ente con el que me había tocado cargar tras la muerte y posterior reencarnación del primer dragón negro, pero aun así podría ocuparme de ese asunto por el lado que correspondía a ese jodido akuma de nivel indeterminado.

Dejar vivo a semejante monstruo era algo bastante peligroso, pero si con ello podía proteger al Moyashi, no iba a dejar que nadie se acercase a ese dragón. Boicotearía esa misión aunque tuviera que lograr que todos los exorcistas tuvieran que permanecer en cama debido a unos cuantos huesos rotos que yo mismo me encargaría de romper.

- Kanda – Me llamó el crío al ver que no le estaba prestando ninguna atención. Cuando me digné a mirarle, señaló al lugar hacia el que todo el mundo había vuelto la cabeza.

Pude ver como los cinco Crown avanzaban por el pasillo, ignorando a toda la gente que los miraba desde el interior del comedor, siguiendo su camino como si nada.

Antes de que nadie pudiera comentar cualquier cosa, Allen ya había atravesado el comedor, dirigiéndose a la puerta. Sin aquellos hombres cortando el paso, estaba muy claro a donde iría ese crío. Le seguí con paso moderado, preguntándome qué era lo que estábamos a punto de ver.

OoOoOoOoO

Dejé escapar un suspiro, mientras mis músculos se relajaban al contacto con el agua caliente. Pude notar como mi mente se despejaba por primera vez en mucho tiempo. Realmente fue un alivio que ningún pensamiento destrozara la poca tranquilidad que había podido obtener, ya que los intentos de meditación ya no me servían de nada, puesto que en realidad lo único que conseguía era ponerme más nervioso.

Antes de entrar a los baños había dejado a Mugen en un sitio estratégico, a la vista de todo aquel que pretendiera entrar, dejando claro el futuro que le esperaba a cualquiera que osara molestarme. Y por suerte, como había esperado, nadie se había acercado por allí.

Pasé mi mano por mis cabellos recogidos. Se me hacía extraño sentirme bien estando en soledad, a pesar de que hacía apenas unos meses aquella había sido la forma más sencilla de calmar mis ánimos. Quizás me estaba acostumbrando demasiado a la presencia del Moyashi, aunque si bien él me daba demasiados quebraderos de cabeza, por lo menos también me daba algo de paz.

Maldiciendo entre dientes, pude darme cuenta de que en cuanto aquel criajo de cabello blanco apareció en mi mente, miles de ideas más se agolparon luchando por regresar a mi cabeza, haciéndome perder el poco bienestar que había conseguido.

Apoyé la espalda en la cálida piedra que formaba aquellas extrañas termas. Quizás el construir esos baños era una de las pocas ideas buenas que el demente de Komui había tenido.

Al final, había resultado que ese científico era un estúpido con suerte, tanto él como su hermana. Claro que sabiendo quien era Lenalee, yo no había podido esperar otra cosa.

Después de que saliéramos del comedor, fuimos al laboratorio de Komui para encontrarnos a la joven exorcista sentada en una silla, con la mirada perdida en la pared, mientras unos cuantos científicos examinaban con detenimiento dos aros escarlata que rodeaban sus tobillos.

Noté como Allen ardía de indignación al ver la sonrisa de satisfacción de Leverrie, el cual finalmente había conseguido lo que se proponía.

Lenalee estaba a salvo, como era de imaginar, la inocencia la había aceptado de nuevo, evolucionando de una forma nunca vista antes, ya que ahora utilizaba la sangre de su portadora para forjar las botas con las que debía luchar.

Ladeé la cabeza, estirando el cuello, preguntándome que pasaría si Mugen evolucionara de esa misma manera.

Ciertamente, me gustaba demasiado la presencia física de mi katana, más que nada por razones sentimentales, las cuales, por supuesto, jamás le diría a nadie, ya que en realidad era una de mis pocas posesiones. Si algo así ocurriera, me sería difícil acostumbrarme a no tener el peso que la espada suponía y el cual me daba seguridad. Incluso si de aquella forma el arma se volvía más poderosa, prefería que Mugen se quedara como estaba. Mi fuerza actual era suficiente, así que no necesitaba más. Aunque Central no pensaba lo mismo.

Leverrie había propuesto la genial idea de forzar de alguna forma a todas las inocencias de tipo equipamiento para que evolucionaran al nuevo tipo denominado cristalización.

Como era lógico, todo el mundo había pensado que era demasiado peligroso y que sería una locura someter al exorcista y a la inocencia a semejante riesgo. Claro que, viendo como habían obligado a Lenalee a sincronizarse, y teniendo en cuenta la nueva misión que iban a encomendarnos, podía ser solo cuestión de tiempo que Central, especialmente Leverrie, terminara poniéndose en contacto con el Vaticano para agilizar la situación, equilibrando la balanza a su favor.

Al parecer aquellos estúpidos no entendían la gravedad de la situación. Ellos solo querían ganar la guerra, sin ni siquiera entender lo que esa lucha suponía, ya que ninguno de esos imbéciles podía ni quería darse cuenta de que era lo que en realidad estaba ocurriendo. Solo los que estábamos en el campo de batalla entendíamos la magnitud de los acontecimientos que nos rodeaban y la fuerza destructiva que podía llegar a tener una inocencia. Debíamos dejar que aquel poder fluyera a su gusto, ya que esa la única manera que había para poder controlarlo.

Cerré los ojos, para luego sumergirme aun más, logrando que el agua me llegara hasta los hombros. En fin, que importaba ya a esas alturas. El jodido Papa decidiría lo que le diera la real gana, incluso si nosotros salíamos perjudicados. Con que el Conde fuera destruido, a él le bastaba. Total, como eran los demás los que tenían que arriesgar sus vidas por el bien común.(..)

Bien común. Me contuve para no soltar una carcajada sardónica. Solo deseaban salvar sus pellejos y recuperar la influencia que la Iglesia había ido perdiendo con el paso de los años. Solo por eso apoyaban a la Orden Oscura. Las vidas de la gente, incluidas las nuestras, no les importaba una mierda. Y estando al corriente de los experimentos que la Orden había realizado instados por Central, podía estar seguro de que las personas que estábamos bajo ese techo valíamos muy poco para aquella gente. Éramos simples medios para alcanzar la deseada victoria.

Me encontraba tan ensimismado que no escuché los pasos que se fueron acercando poco a poco, ni siquiera el pequeño chapoteo que se produjo cuando otra persona entró en la misma bañera de piedra en la que yo me encontraba.

- ¿Qué se supone que significa la katana en medio del vestidor? ¿Prohibido el paso, versión Bakanda?

Abrí los ojos de golpe, para encontrarme con dos orbes grises que me observaron con cierta diversión.

- ¿Qué haces aquí, enano?

- Nada. Solo quería saber donde estabas.

Allen me sonrió levemente, aunque pude ver un extraño deje de preocupación en sus gestos. Se acomodó a mi lado, para poder apoyar la cabeza en mi hombro.

Desde luego, ese crío era idiota. Sabía que no había parado de darle vueltas al plan de Leverrie, así que el muy estúpido al no encontrarme, probablemente había pensado que estarían intentando convertir mi inocencia en una de tipo cristalización.

- Idiota... - Mascullé entre dientes, ganándome una mirada de extrañeza por su parte. - Deja de preocuparte por gilipolleces. Incluso si mi inocencia evolucionara a la fuerza ¿Qué es lo peor que podría pasarme?

Allen apretó los labios con fuerza, como si le indignara que le dijese algo así.

- No se... ¿Quizás tú inocencia podría rechazarte y tú podrías morir? Va, tonterías ¿No?

A pesar de su tono sarcástico, pude notar una leve mueca de malestar en su rostro al imaginarse que algo así podía ocurrir.

Comenzó a jugar con el agua, chapoteando de forma casual, mientras ponía toda su atención en ese gesto, evitando así mirarme a los ojos.

- No puedo evitar preocuparme por ti. De todas formas, aunque no hubiera riesgo ninguno, yo probablemente seguiría intranquilo. - Suspiró para luego mirarme por fin con cierta tristeza – Se que te es molesto. Lo siento.

- Estúpido crío. Lo que no quiero es que te sientas mal por estupideces.

Allen alzó una ceja con una sonrisa tenue dibujada en sus labios.

- Vaya, jamás pensé que viviría lo suficiente como para verte preocupado por mí.

- Cierra el pico, Moyashi. – Contesté irritado, tratando de ignorar su mirada burlona. ¿Y qué? Yo no tenía la culpa de que por alguna estúpida razón sus sentimientos me importaran.

Desde que habíamos arreglado las cosas, ese enano se había tomado unas confianzas que yo no le había otorgado. Hasta ahora había respetado bastante bien mi nula capacidad para demostrar mis sentimientos, pero ahora parecía querer arrancarme alguna palabra cursi a toda costa.

Bien, no le iba a dar esa satisfacción. En realidad, ni siquiera estaba seguro de conocer alguna palabra de ese tipo, así que la posibilidad de que terminara soltándole alguna ñoñería vomitiva era bastante limitada.

Allen se rió. Desde hacía algún tiempo la mayor parte de mis comentarios bordes se los tomaba a broma. Probablemente esa era la estrategia que había decidido adoptar para no terminar arrancándome la cabeza.

Puesto que yo no era una persona demasiado flexible, él había decidido adaptarse a mí, ya que esa era la única manera de que pudiéramos permanecer juntos sin matarnos. Era increíble lo que eran capaces de hacer en las personas unos cuantos sentimientos.

Yo probablemente era el ejemplo más claro de eso, ya que si no era inexplicable que ese crío al que tanto asco había tenido se encontrara ahora sentado junto a mí, con un gesto apacible en su rostro, disfrutando de mi compañía tanto como yo disfrutaba de la suya.

Hacía tiempo que había dejado de buscarle explicación a esas sensaciones, probablemente porque podría encontrar el origen de ellas en algún lugar, y eso estropearía todo el misticismo que rodeaba a aquel extraño sentimiento.

No lo decía, ni lo diría nunca, por supuesto, pero eso no significaba que no lo sintiera. Al final me había enamorado del crío más estúpido, débil y masoquista que podía existir.

Aunque quizás era eso lo que lo hacía tan interesante.

Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, saqué una de mis manos del agua y la deslicé por su mejilla. Al ser consciente de la estupidez que estaba haciendo, intenté apartarla, pero Allen me lo impidió.

En aquel momento fue como si de repente algo dentro de mí se hubiera perdido, probablemente debía ser mi cordura, ya que no era normal que por más que intentara retirar la vista de sus ojos plateados, me fuera imposible.

Mi mente se había bloqueado y mi corazón latía sin orden lógico, mientras yo buscaba las palabras adecuadas para salir de aquello, probablemente alguna frase hiriente, pero esta se había quedado atorada en mi garganta, incapaz de ser pronunciada.

Él aun encerraba mi mano entre las suyas, en una sutil caricia que no pude descifrar. Quizás no tenía ningún significado. Tal vez Allen solo quería mantener el contacto conmigo, sin darle importancia a lo demás.

En sus ojos se reflejó un brillo extraño, mientras se inclinaba, acercándose a mí, como si pretendiera quedarse mirando mis ojos durante el resto de la tarde.

Y fue en ese momento como terminé de perder el juicio por completo. Con la mano que tenía libre agarré su cintura y tiré de él, logrando que sus ojos se ensancharan por al sorpresa cuando quedó a escasos centímetros de mi pecho. Afilé mi mirada, y antes de que le diera tiempo a decir nada más, mis labios ya se habían posado en los suyos de forma agresiva.

Con la mente totalmente en blanco, olvidé donde estábamos, el calor y la humedad del agua me pasaron desapercibidos, ya que lo único que parecía existir en aquel momento era el cuerpo que estaba junto a mí.

Allen soltó mi mano para abrazarme, cómo si no estuviésemos ya lo suficientemente cerca. Y cuando él empezó a corresponderme, perfilando mis labios con su lengua, se separó de pronto, mientras yo intentaba recordar porque estaba allí, junto con otros datos que se había perdido en cuanto había rozado su piel.

Él fue el que intentó esta vez soltarse de mi agarre, pero en contra de sus deseos, mantuve mis brazos firmes para no dejar que se escapase. No podía provocarme mirándome de esa forma y luego echarse atrás cuando las cosas escapaban a su control.

- Kanda... - Me dijo mientras sus mejillas se sonrojaban a cada intento de huida, con los cuales solo lograba rozar mi abdomen sin darse cuenta, haciendo que las pocas neuronas que habían decidido seguir trabajando me guiaran a una cadena de pensamientos nada adecuada - ¿Te parece este un lugar para...?

Me encogí de hombros con un aparente desinterés.

- Aquí, allí... No encuentro la diferencia.

Se mordió entonces el labio inferior, totalmente ruborizado.

- ¡No digas tonterías! Cualquiera podría vernos.

Volví a encogerme de hombros. Probablemente eso era lo que menos podía importarme.

- Mugen. - Le recordé lacónicamente, mientras acariciaba toscamente la parte baja de su espalda. Mientras la gente supiera que estaba allí, nadie sería tan estúpido como para entrar.

- No es suficiente. Sé de gente a la que no le importaría ignorar tu sutil amenaza.

- El único idiota que sería capaz de eso es el jodido conejo. Y tal vez le vendría bien ver esto. Puede que incluso entendiera porque puede estar en peligro de muerte si se vuelve a acercar demasiado a ti...

Allen me respondió con un leve gesto de intranquilidad, bajando la mirada avergonzado. Podía estar seguro de que se sentía culpable. Chasqueé la lengua para luego mirar a otro lado.

- Deja de poner esa cara. No es como si fuera a obligarte a nada, estúpido.

Le dejé libre entonces, dispuesto a marcharme de allí y olvidar aquella locura. Quizás eso era lo mejor después de todo. Esa situación se me había escapado de las manos.

Justo cuando hice un amago de abandonar la bañera de piedra, Allen agarró mi muñeca, mientras no apartaba la mirada de la superficie del agua. Soltó un leve suspiro, para acto seguido abalanzarse sobre mí y besarme de nuevo, dejándome sin saber a que demonios atenerme.

Se acomodó sobre mí, obligándome a que me sentara de nuevo. Sin apartarse ni un centímetro, dejó que sus manos llegaran hasta la cuerda que mantenía mi cabello recogido, soltándola para dejarlo caer, haciendo que se empapase. Sus dedos se enredaron en mi pelo, como si intentara de alguna forma evitar que me separase de él.

Cerré los ojos, no teniendo necesidad de utilizar la vista para ver toda la piel suave que se encontraba frente a mí, y por la cual paseaban mis dedos, teniendo la impresión de que estaba entrando en terreno peligroso y que tal vez Allen terminaría mostrándome de manera no demasiado amable que algunas cosas era mejor no tocarlas, como ya hiciera la otra vez que intenté ir demasiado lejos.

Pero como respuesta a cada una de mis caricias solo recibí leves gemidos, los cuales fueron creciendo en intensidad conforme mis manos descendían.

Y entonces aquello se convirtió en un juego, quizás el más extraño en el que me había visto envuelto. No hice preguntas, ninguno de los dos dijo nada. Me abstraje de toda la realidad, incapaz de ver más allá del rostro que mis ojos entrecerrados me mostraban.

Sus mejillas habían tomado un intenso color carmesí, mientras que por su boca entreabierta escapaban jadeos involuntarios, los cuales acompañaban a mis movimientos. Era difícil resistirse, así que ni siquiera lo intenté.

Acabé metido en un espiral de sensaciones sin sentido, las cuales eran mucho más fuertes de lo que había podido imaginar nunca, quedando atrapado en el calor febril que me inundaba conforme más unía mi cuerpo al suyo.

La tensión se adueño por completo de mí, y a partir de ese momento me vi incapaz de entender nada más. Los latidos de mi corazón machacaban mis costillas, mientras mi respiración se volvió aun más errática en cuanto sentí los brazos de Allen rodeando mi cuello, aferrándose a mí como si se le fuera la vida.

Traté de oponerme a la corriente que recorrió todo mi cuerpo, pero mi resistencia desapareció en cuanto un cúmulo de sensaciones, que más bien se asemejaban a corrientes eléctricas, me recorrieron de arriba a abajo, haciendo que fuera incapaz de contener un gemido ronco. El cuerpo del chico que se encontraba sobre mí no estaba en una situación muy diferente. Por su frente resbalaban varias gotas de sudor que pasaron más o menos desapercibidas entre todo el agua que nos rodeaba, aunque él se había abandonado totalmente a todo lo que yo le estaba provocando.

Y en cuanto oí su voz respondiendo a mis sonidos involuntarios, algo dentro de mi que era completamente extraño e incomprensible, explotó. Me quedé entonces con la mente totalmente en blanco, alcanzando un punto de no retorno que era demasiado bueno para ser cierto. Y así estuve durante unos segundos, rozando el cielo, hasta que fui capaz de recobrar poco a poco la consciencia, para encontrarme con Allen aun en mi regazo con su cabeza descansando sobre mi hombro.

Ni siquiera hice el amago de moverme, centrando mi atención únicamente en como Allen trataba de regular su respiración. Permanecí algún tiempo de ese modo, sintiéndome incapaz de romper la atmósfera que se había creado a nuestro alrededor, al menos hasta que observé su rostro, y pude ver entonces como luchaba por permanecer con los ojos abiertos.

- Moyashi, te estás quedando dormido. - Le espeté de la forma más digna que pude, pensando que tenía la garganta seca y que no entendía siquiera como era capaz de hablar en condiciones.

Me respondió mascullando un par de palabras ininteligibles, obligándome a fruncir el ceño.

Yo por mi parte, sentía como si un chute de adrenalina corriera por mis venas. Estaba bastante nervioso y la paciencia no era una de mis mejores virtudes, y menos pensando que el corazón me latía a mil por hora y que parecía no querer recobrar su ritmo natural al menos por un rato.

Traté de calmarme, pero no lo conseguí, ya que por alguna razón me sentía demasiado hiperactivo. Llamé su atención de la mejor forma que sabía: dándole un fuerte pellizco en la mejilla, quizás incluso demasiado fuerte.

Abrió los ojos con un quejido, mirándome como si fuese un monstruo.

- ¿Es que no puedes ser un poco romántico ni siquiera en este momento?

Alcé una ceja, gesto por el cual él ladeó la cabeza exasperado, para luego continuar hablando en tono cansino. Joder, ni que acabase de darle una paliza.

- Supongo que no puedo pedir cosas imposibles -Soltó un suspiro dramático que supuse que era de resignación – En fin, tendré que conformarme con lo que hay.

Dejé de sentir el contacto con su piel por unos segundos. Bien, había vuelto a cabrearle mi actitud, o al menos eso pensaba hasta que sin previo aviso sus labios se posaron en los míos de forma suave.

Allen me sonrió para luego decirme mientras salía de la bañera:

- ¿Sabes? Creo que te quiero demasiado. Si no fuera por eso no se cómo podría soportarte.

Se puso una toalla a la cintura y se dirigió a los vestuarios, y tras un breve momento de estupefacción, escurrí mi pelo para luego hacer lo mismo que él.

Después de habernos vestido y tras recuperar a Mugen, nos dirigimos hacia las habitaciones, Allen caminando con demasiado sosiego, mientras que mi paso era más apresurado de lo que debería.

- Kanda... - Me llamó débilmente, haciéndome girar la cabeza, molesto. Me sentía demasiado irascible. - Espera...

- ¿Qué? - Le insistí, con los nervios a flor de piel ¿Ese crío era siempre así de lento o solo era mi impresión? - ¿Qué coño te pasa ahora?

Me volteé por completo al ver su cara de cansancio.

- Yo solo...creo que tengo algo de sueño...

Y antes de que el enano pudiera pronunciar una palabra más, se le cerraron los ojos y las piernas le fallaron, haciéndole caer. Reaccioné rápido y le atrapé sin demasiada dificultad, antes de que se diera de bruces contra el suelo.

- ¿Moyashi?

Pero la única respuesta que recibí fue su respiración acompasada. Increíble, ese crío se había quedado dormido mientras hablaba.

Miré a mi alrededor mientras sostenía a Allen. No había nadie por allí y mi habitación estaba bastante cerca. Rodé los ojos, irritado, antes de cargar con el enano y alejarme a paso ligero.

Llegué a mi cuarto tan deprisa que yo mismo me sorprendí. Abrí la puerta como buenamente pude y la cerré con una patada, para luego depositar el enano sobre la cama, el cual se acurrucó inconscientemente contra el colchón. Sonrió en sueños, mientras tomaba la postura más cómoda en la que poder permanecer el resto de la noche.

Le quité las botas sin que él se resistiera lo más mínimo, para luego sacar una manta de debajo de la cama y echársela por encima.

Observé entonces durante un momento, a pesar de la poca luz, la grieta de la vidriera que se encontraba junto a mí. Había tapado el hueco como buenamente había podido después de que Allen me pidiese perdón. No me molestaba demasiado el hecho de que el ventanal estuviese en ese estado, pero con lo torpe que era ese crío, seguro que terminaba cortándose con cualquier pequeño resto de cristal que pudiese quedar sin romper. No quería que me montase ningún drama por alguna gilipollez semejante.

La herida que me había hecho debido a aquel momento de furia había desaparecido poco después, nuevamente sin dejar marcas. Ni siquiera me hice preguntas con respecto a eso, ya que en aquel momento estaba demasiado ocupado en mantener mi rabia canalizada.

Di unos cuantos pasos por la habitación, bastante alterado. Tumbarme en la cama no era una opción. Tenía la sensación de que si me quedaba quieto por más de un minuto, mi pulso acelerado se detendría totalmente por culpa de la presión.

Solo sería un rato, me desharía de aquel extraño desequilibrio nervioso y volvería antes de que Allen se despertase. Agarré con fuerza la empuñadura de Mugen y salí de allí rápido como un rayo, rumbo a la sala de entrenamientos.

Al llegar allí, unos cuantos buscadores distraídos me observaron entrar como un ciclón en la estancia, y sin dudarlo ni un momento, salieron de allí a toda prisa, sabiendo bien que si normalmente su insignificante presencia me molestaba, en aquel momento, que tenía los nervios bastante crispados, huir de mí era la mejor opción si querías conservar la cabeza sobre los hombros.

Desenfundé a Mugen y comencé a realizar varios movimientos ofensivos con bastante fluidez. Me resulto raro que me fuera tan sencillo blandir mi espada con maestría después de tanto tiempo. Es más, me resultaba insultantemente más sencillo, como si mi espada se hubiese vuelto más ligera.

Mi pelo aun suelto se adhería a mis mejillas, húmedas por el sudor, pero yo ni siquiera me di cuenta. Estaba demasiado ocupado en seguir un ritmo que tendría que haber sido imposible de mantener para cualquiera, pero que para mí resultó de lo más sencillo. Podría tirarme días así sin notar ninguna clase de cansancio.

Poco a poco, noté como empezaba a calmarme, regresando a una aparente normalidad. Mi corazón se reguló hasta alcanzar un ritmo más estable, a pesar incluso del ejercicio físico.

Aunque ya me sentía mejor, no me detuve. Aquella sesión intensiva de entrenamiento me serviría para recuperar el tiempo que había perdido durante las últimas semanas.

Continué ocupado solo en los movimientos que realizaba, hasta que oí pasos acercándose. Instintivamente, amenacé al recién llegado con el filo de Mugen, quedando la katana a escasos centímetros de su rostro. Él quedó arrinconado contra una columna, levantando las manos en señal de rendición. Alcé una ceja al percatarme de la familiaridad de aquella escena. Después de todo, era así como le había conocido.

- ¿Qué haces aquí? Es tarde, regresa a la habitación y vuelve a dormirte.

Allen me dedicó una mueca.

- ¿Podrías apartar tu espada de mi cara, por favor? - Hice lo que me pidió, mientras él soltaba un pequeño suspiro de alivio – Así mejor. ¿Y cómo que tarde? Supongo que querías decir temprano ¿No? Porque son las nueve de la mañana...

Parpadeé con incredulidad ¿Me había pasado toda la noche allí?

No tenía ninguna necesidad de dormir en ese momento, así que tampoco es que me importase demasiado.

- ¿Y qué? Ayer te desmayaste. Tendrías que estar descansando y no aquí haciendo el imbécil.

- Estoy perfectamente, descuida. Solo necesitaba dormir un poco.

Me dedicó una de sus más dulces sonrisas, mientras sus ojos me observaban con un extraño brillo de lo que intuía que podía ser algo parecido a la felicidad. Giré la cabeza, intentando parecer indiferente, tratando así de no hacer alguna tontería.

Enfundé a Mugen mientras él seguía sin dejar de mirarme, logrando que terminara dibujando en mi cara una mueca de incomodidad.

- Y hablando de cosas que ocurrieron ayer... - Se llevó una mano al mentón, tratando de hacerse el interesante. Yo seguí sin hacerle demasiado caso – Aun no me puedo creer que pudiera existir una faceta así en ti...

Fruncí el ceño, creyendo saber a que se refería. Si él quería divertirse a mi costa, no le iba a poner las cosas fáciles.

- Puntualiza – Le indiqué en tono monocorde, como quien habla del tiempo.

Yo sabía que no se esperaba esa respuesta, y me lo confirmó su notable sonrojo.

- Pues... Pensé que cuando tú y yo... - Carraspeó mientras hablaba, de forma que a penas pude reconocer un "lo hiciéramos" pronunciado de carrerilla entre aquel sonido. No supe si hacía eso por vergüenza o por seguridad, para que nadie se enterara de lo que pasaba entre nosotros, pero lo cierto es que fuera lo que fuese, para mí el gesto siguió siendo igual de extraño. - Tú... serías un egoísta que solo se preocuparía por si mismo, pero la verdad es que fuiste... ¿Cómo decirlo?... bastante amable.

Alcé una ceja. ¿Lo fui? No podía recordarlo. Había estado tan sumergido en mis propias sensaciones que en aquel momento no sabía ni como me llamaba. Probablemente mi instinto me ayudó a sobrellevar la situación. Después de todo, no quería que Allen sufriera algún daño.

- Y... no se, empecé a darle vueltas a todo lo que ha ocurrido entre nosotros, y creo que puedo decir que ha valido la pena. Al final elegí a la persona acertada.

No entendí del todo aquel comentario, pero algo me dijo que no quería saber el significado concreto de esa frase, así que traté de hacer como si no hubiese dicho nada.

Mientras yo miraba la empuñadura de mi espada como si fuera lo más interesante que pudiese haber, sus brazos me rodearon, para segundos después posar su cabeza sobre mi pecho.

- Eres el chico más borde y más asqueroso que puede existir. Pero me alegro de haberte conocido, Yuu.

Como un rayo perforando mis sienes el sonido de ese nombre me trajo una desagradable sensación que permaneció en mí en forma de dolor de cabeza. Miles de imágenes habían pasado por mi mente, para luego desaparecer tan rápido como habían venido.

- No... no vuelvas a llamarme así. - Dije, tratando de recuperar el control de mis pensamientos, que aun divagaban sin rumbo fijo.

Allen me dedicó una mirada de desazón, levemente ofendido. Me habló bastante más alto de lo que era necesario.

- ¿Por qué? ¿Tan poca confianza me tienes aun que no puedo ni llamarte por tu nombre de pila?

- Odio ese nombre – Dije tajante, en un tono moderado que le sorprendió – Me trae malas sensaciones.

Él parpadeó, bajando la cabeza, como si estuviera avergonzado de su reacción.

- ¿Algún mal recuerdo?

- Eso creo. Y por alguna razón ha sido incluso más doloroso que seas tú el que me llamara de ese modo. No vuelvas a hacerlo.

- Claro. Está bien. - Sonrió tristemente. – ¿Por eso te molesta tanto que Lavi te llame así?

- Obviamente.

Esta vez, el enano me sonrió de verdad.

- Bien, le diré a Lavi que se deje de juegos y te llame Kanda. Él seguro que no sabe que te hace daño.

Por alguna razón, yo creía saber que el conejo no ignoraba que la mención de ese maldito nombre me causaba aquella extraña amargura que me envolvía el pecho. Si me llamaba por mi nombre de pila, era para torturarme, no me cabía la menor duda.

Allen se aferró con más fuerza a mí, obligándome, con un suspiro casi imperceptible a soltar a Mugen, logrando que ésta cayese al suelo, para después corresponder su abrazo.

Mientras mi corazón respondía ante el ya usual aroma que desprendían sus cabellos, pude notar como mis sentidos se agudizaban casi de forma automática, levanté la vista con rapidez. Nos estaban observando.

Allen ni se percato de que cuatro hombres enmascarados entraron en la estancia con orden, acompañados de una persona bastante desagradable.

- Yuu Kanda, aparta en este instante tus manos de ese chico.

El Moyashi se retorció entre mis brazos, avergonzado. Trató de soltarse de mi agarre, pero no se lo permití, en un gesto que supe bien que Leverrie se tomaría como una clara provocación. Cuando me decidí a hablarle, le dedique uno de mis mejores tonos de desdén.

- ¿Por qué debería hacerlo?

Noté como la mirada del inspector inglés se afilaba, como un ave rapaz que acaba de localizar a su presa.

- No te conviene desobedecer una orden. Estás en una situación muy delicada, traidor.

Allen giró la cabeza de inmediato, y se sorprendió al darse cuenta de la situación. Aquella acusación que Leverrie había soltado no iba dirigida a él, sino a mí.

- ¿Ahora te dedicas a llamar traidores a vuestros aliados? Sabía que eras un estúpido, pero no que lo eras hasta tal punto.

Alcé una ceja cuando en lugar de la mueca de enfado que supuse que se formaría en sus labios, apareció una sonrisa de superioridad bastante inquietante.

Debido a mi sorpresa, no pude evitar que Allen me soltara, bastante confuso por todo aquello.

Traté de dar un paso al frente, pero no fui capaz. Mi cuerpo estaba totalmente paralizado y ninguno de mis músculos respondía. Con la vista clavada en el frente, pude vislumbrar como uno de los Crown mantenía un sello alzado, provocando mi inmovilidad.

Observé con impotencia como el segundo Crown se acercaba hacia mí, para coger la espada que estaba justo a mi lado, mientras que un tercero agarraba a Allen por la muñeca y tiraba de él, arrastrándole hacia la entrada ante la mueca de estupefacción del niño.

El último Crown se acercó a mí e inmovilizó mis brazos, antes de que el otro volviera a guardar el sello. Al fin podía moverme, pero las restricciones que habían usado sobre mí eran tan pesadas que me vi incapaz de hacer nada.

Fui guiado hacia donde estaba Leverrie a empujones, no sin que soltara un bufido que mi captor ignoró.

- Yuu Kanda, estás acusado de traición e infiltración dentro de la Orden Oscura por orden del Conde Milenario ¿Alguna pregunta?

Fruncí el ceño, sin acabar de entender todas las estupideces que aquel imbécil acababa de soltarme. Cuando pensé que aquel inspector no podía ser más idiota de lo que ya era, se había superado a sí mismo.

- ¿Qué tal si dejas de decir gilipolleces? Nada de eso es cierto.

- ¿Ah, no? Ya veremos si es cierto o no.

- ¡Eso es una locura! - Gritó Allen, incluso más sorprendido que yo. - ¿Cómo iba Kanda a estar pasándole información al Conde? Su inocencia le habría rechazado ¡Él se habría convertido en un caído!

Leverrie miró al niño con asco. El Crown que retenía su muñeca la apretó con más fuerza, haciéndole soltar un leve quejido de dolor.

- No hables de lo que no sabes, imbécil. Mantén la boca cerrada si no quieres empeorar tu situación. Bastantes cargos tienes tú encima como para añadirte más. - Comenzó a acercase a Allen, pero con un movimiento forzado, logré captar su atención, haciendo que se olvidase del crío, al menos por un momento. Miró a todos los enmascarados y asintió. - Vamos. Los comandantes-jefe nos están esperando.

Salimos de allí a marchas forzadas. Yo iba delante de la comitiva, vigilado a sol y a sombra por los dos Crown que me se mantenían a mi lado. Allen iba justo por detrás de mí, observándome sin perder detalle, con un gesto de aflicción dibujado en su rostro. Apreté los dientes con furia.

Era mi culpa que él estuviese metido en esto. Probablemente habían descubierto mi intención de desviarme de la profecía, ya que esa era la única explicación que encontraba para aquello. Al final todo mi esfuerzo había sido en vano. Mientras nos dirigíamos hacia la plataforma elevadora, supe que no había sido capaz de proteger a Allen. Ya solo me quedaba saber cual sería mi castigo por hacer lo que no debía, aunque ya podía imaginarme que sería algo que no sería capaz de olvidar jamás.

Continuará...

El rincón de las estupideces de Hermachis.

Bueno, ante de ponerme a soltar tonterías, quería decir que al genial Noriko ha hecho unos dibujos hermosos basados en mi fic ¡Muchas gracias! n0n Me hizo muchísima ilusión n.n Y En fin, dejo los links por si queréis verlos. Realmente están muy trabajados.

h t t p : / / i m g 2 9 . i m a g e s h a c k . u s / i m g 2 9 / 3 2 7 3 / a l l e n r e a l i d a d i n c o r p o r e a . j p g

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Y los mismos pero a color x3

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Recordar que para ver las imágenes es necesario quitar los espacios que he puesto entre cada letra, barra, número... etc, ya que si no hago eso, fanfiction borra el link para así evitar el spam xP De todas las formas, pondré los links también en mi perfil, que por alguna razón allí no me dan problemas xP

Ahora sí, comienzo con mis estupideces xD.

¡Diez mil palabras! x3 Wow. He superado mi propio record xD Y otro capítulo sin llegar donde quería... lo mío no tiene nombre XP Para el siguiente capítulo seguro que llego al maldito punto que quería tratar de una vez (tan seguro como que esa parte ya la tengo escrita ¡Por fin! xD)

Conseguiré desvelar la mayor parte de las dudas (creo, a lo mejor solo consigo crear más T.T) aunque eso sí, hay que mentalizarse de que esto es un semi- AU y que empecé a escribirlo mucho antes de que se supiera nada del pasado de Kanda, así que los nuevos datos no los puedo tomar en cuenta x.x Me duele salirme del canon pero es eso o dejar el fic, por que no hay manera de adaptar las cosas... En fin, ya me preocuparé de eso en el siguiente capítulo.

Bueno, se que el pseudo-lime no es algo que se deba tener en cuenta, porque ha sido una pequeña basura x.x Me cuesta mucho escribir esas cosas normalmente, así que escribirlo bajo el punto de vista de Kanda, en primera persona, pues ha sido un circo xP Aun así, lo intenté x.x No me tiréis piedras, que duele T.T Si os queréis desahogar tirarme esponjas, que al menos están blanditas xD (os diría que me tirarais dinero, pero supongo que a vosotros tampoco os sobra. Esto de la crisis... xDD)

En fin, como esa cosa es tan poco explícita, creo que no es necesario cambiar el rating a M, así que sigue siendo T a no ser que alguien opine que no es correcto. Entonces me pensaré si cambiarlo o no XP

En fin, muchas gracias a todos los que leyeron y gracias especiales a Dircray, Yuuram-neko, Meroko, NIKONIKO-CHAN, LunnVic, Noriko, Sakura_Saku, Lissy Aquarius, jicalazuxil, Itsuka.~ , Tsuu-kun, kurayami-Miko por sus comentarios x3 Los comentarios de Meroko, Noriko, Sakura_Saku e Itsuka.~ están contestados en mi perfil n.n

Bueno, preguntas, dudas, sugerencias, palabras de aliento o de desaliento (las de desaliento sin referirse a mi madre por favor xP Ella no tiene la culpa de que yo saliese así xDD) pues eso, en un Review, que me hace muy feliz n.n

¡Hasta pronto!