Realidad incorpórea

By Hermachis

Disclaimer: D gray man no es mio, es más, probablemente si Hoshino Katsura, la diosa que creo esta serie, viera lo que le estoy haciendo a sus pobres personajes, me llevaría a los tribunales porque el simple hecho de hacer este coso es un crimen lol Por suerte, como no gano nada con eso, no puede denunciarme xD Ésto es por diversión y por una extraño fetiche que me obliga a hacer cosas que nadie pueda entender x3

Advertencias: OOC (Kanda!?What the is wrong with you now?), shonen-ai , Semi-AU a bocajarro, alta posibilidad de no enterarse de nada, tres mil palabras de explicaciones extrañas y otras seis mil de relleno x3, Leverrie (Es como Lavi, ese hombre merece una advertencia propia o.ò)

Gracias a Meroko por ser como el editor del anuncio del vodafone (alias:"levántate y escribe, pedazo de trozo de cacho de mula" lol), regañándome para que escriba, corrigiendo mis desastres y regañándome de nuevo porque una vez corregido el capítulo no actualicé por pereza x.x

Esté capítulo se lo dedico a LunnVic porque fue su cumpleaños hace ya bastante xD En fin, como no pude escribirle nada, pues le dedico esto XP (Qué bien se salir de pasoooo~ xDD)

Capítulo 12

Varios ojos, escondidos cobardemente bajo aquellas capuchas negras, me observaron con total atención, mientras un silencio aplastante se había adueñado de aquella atmósfera solemne.

Examiné todo lo que me rodeaba con ojos analíticos. Los comandantes-jefe permanecían en su lugar de siempre, expectantes, mientras que yo estaba de pie en el centro del elevador, aun con aquel sello bloqueando el movimiento de mis brazos. Estaba bajo la vigilancia constante de los dos Crown que me habían custodiado hasta llegar allí, y los cuales tomaron un lugar a cada uno de mis laterales, como si yo no fuera más que un criminal que estaría dispuesto a cualquier cosa con tal de verse libre. Un tercer Crown se encontraba a un lado, cerca de Leverrie.

Al otro lado de la plataforma se encontraba Allen, igualmente supervisado por un enmascarado, tan confuso que no paraba de pedir explicaciones al hombre que se encontraba a su lado, y el cual le contesto con un silencio nervioso.

Komui mantenía el ceño fruncido y las facciones tensas, como si supiera que lo que estaba por venir no era para nada agradable. Después de obligar al hombre a subir al ascensor a la misma vez que nosotros, le arrinconaron junto con el Moyashi en una esquina sin mediar palabra alguna.

Como un taladro, la mirada penetrante de Leverrie se clavaba en mi nuca, poniéndome de un mal humor inimaginable. Aquella situación me resultó vagamente conocida, como si ya hubiera vivido aquello antes...

Mierda, por supuesto. Estaba totalmente seguro de que lo había soñado. Un sudor frío resbaló por mi sien. Ahora podía saber sin duda alguna que nada de lo que ocurriese a partir de ese momento podría salir bien. Estaba metido hasta el cuello en un lodo del que no se podía escapar. Me mantuve quieto y esperé. No había otra cosa que pudiera hacer más que endurecer las facciones de mi rostro y aguantar todo lo que me echasen encima.

Leverrie caminó unos cuantos pasos, pretendiendo que la atención de todos los presentes se centrase en él. Una vez logrado su objetivo, comenzó a hablar:

- Bien, antes de comenzar... Komui Lee ¿No hay algo que quiera explicarnos? - El nombrado miró hacia otro lado, como si aquello no fuera con él – Le advierto que tanto su puesto de supervisor como su propia seguridad personal están en riesgo. Puesto que ya lo se todo ¿No sería más inteligente decir toda la verdad y demostrar así su lealtad a la Orden?

Komui emitió la misma respuesta: Un largo silencio que logró crispar los nervios de Leverrie, haciéndole curvar los labios en una mueca de molestia.

- Bien, me acordaré de esto. - Vi como apretaba con fuerza unos cuantos papeles que tenía entre sus manos, arrugándolos sin querer. Apartó la vista del científico y la clavo en las alturas, justo donde se encontraban los comandantes-jefe – Como todos ustedes saben, Yuu Kanda fue encontrado por el general Tiedoll hace más de ocho años durante una de sus misiones en la costa de Japón, y desde entonces estábamos convencidos de que por fin habíamos encontrado a una de las partes que haría posible la salvación del mundo, ya que él era físicamente igual en su forma humana al dragón negro que describía la profecía...

Los comandantes-jefe asintieron, algo tensos, preguntándose probablemente a dónde quería ir a parar Leverrie con aquello. Podía sentir los ojos grises de Allen observándome sin ser capaz de entender nada de lo que acababa de oír. Quise gritar y detener aquella estupidez. No podía dejar que Allen se enterase de aquello, no todavía.

- ... Siempre hubo discrepancias entre todos nosotros con respecto a este tema por diversos motivos. Pero esta vez, caballeros, voy a despejar todas las dudas que halla, y les demostraré el imperdonable error que todos nosotros hemos cometido. Por suerte, aun estamos a tiempo de subsanarlo...

Leverrie comenzó a caminar, pensando las siguientes palabras que debía soltar.

- ... Con la llegada de este chico a la Orden – Me señaló con desdén, como quien hablaba de un mueble viejo – Surgieron las primeras dudas. Era lógico pensar que él podría ser la persona de la que hablaba la profecía, claro que había una pregunta a la que no logramos encontrar respuesta, y nuestras dudas se acrecentaron cuando apareció hace poco la otra parte de la profecía. El dragón blanco...

Solo tuve que observar las facciones de Allen un segundo para ver lo perdido que estaba. Todos aquellos datos no tenían el más mínimo sentido para él. Claro que, hasta aquel momento había pensado que yo comprendía aquello, y sin embargo estaba empezando a sentirme confuso también. ¿Dudaban que yo fuera el dragón negro? ¿Quién coño iba a serlo si no? Yo había leído la profecía y no me cabía duda alguna. Nadie más encajaba en ese perfil. Leverrie se aclaró la voz para luego continuar.

- ...La forma primitiva de la inocencia de Allen Walker reabrió el debate. Una enorme garra blanca, justo como la que formaba parte del primer dragón blanco. Después de varias investigaciones, y tras conocer la existencia de aquel akuma en forma de dragón que se encontraba en Osaka, concluimos que la inocencia de Walker no se desarrolló en forma de dragón debido a que en el interior de ese chico no se encontraba el ente que ayudaba a la inocencia a estabilizar al dragón completo, y por eso solo podía manifestarla en forma de garra...

Parpadeé incrédulo. Aquello tenía demasiado sentido. Pero entonces ¿Por qué yo..?.

- ...Hasta entonces habíamos pensado debido a Yuu Kanda que aquello del dragón no era más que una metáfora, pero sin embargo, a pesar de que la inocencia de Walker se modificó y evolucionó para poder llegar a estabilizarse por si misma sin ayuda del ente, Walker habría podido manifestar su inocencia convirtiéndose en un dragón si hubiéramos destruido al akuma en forma de dragón negro y hubiésemos recuperado el ente. Y esa era la gran duda ¿En que se parece la espada Mugen, una inocencia de tipo equipamiento, a un dragón? Creo que la respuesta es obvia...

Tragué saliva, notando como las cosas se habían complicado más de lo que yo creía. En ningún momento había esperado escuchar algo semejante.

- ... Hasta hoy, también le restamos importancia a ese hecho, y ahora señores, demostraré hasta que punto hemos metido la pata ignorando las señales que habíamos descubierto hace tiempo, pero que en realidad nunca quisimos ver, ya que era un golpe muy duro tras pensar que al fin habíamos reunido a las dos partes de la profecía. Pero ahora ya no podemos hacer otra cosa que redimirnos...

Leverrié mostró los documentos que había estado sosteniendo hasta ahora, y los cuales estaban cubiertos por una fina carpeta. Un sudor frío comenzó a recorrer mi nuca cuando reconocí aquella carpeta como la que Komui había escondido en aquel video que el golem nos enseñó antes de que el Moyashi se marchara a su misión: Era aquella que contenía los resultados de las pruebas médicas que me había hecho Komui, y de los cuales no había vuelto a tener noticia.

- ... Hace algo más de un mes Kanda acudió a Komui para que le realizase una serie de pruebas. Todos sabíamos de la maldición a la que ese chico estaba sujeto, sí bien nadie sabía de donde procedía. Solo sabíamos que le daba una serie de habilidades pero que a la vez estaba consumiendo su vida. Supusimos que el símbolo que hay en su pecho no era más que la marca que había dejado esa maldición. - Bien, no todo el mundo lo sabía, claro que para cierta persona de cabellos blancos había sido una oportunidad para enterarse. Allen me miraba horrorizado, no pudiéndose creer que no le hubiese contado aquello. Mierda - Por eso, cuando tras una misión sus heridas dejaron de curarse, Komui se encargó, como llevaba haciéndolo desde que ingresó a la Orden Oscura...

Abrió la carpeta y comenzó a consultar datos. Joder, eso era justo lo que me faltaba ya.

- ...Según este informe, se le realizó un análisis de sangre en el que aparecían anomalías demasiado extrañas, hasta el punto de que se llegó a pensar que en algún momento la muestra había sido contaminada de alguna forma con sangre de akuma. Como nunca se había presentado algo semejante, Komui repitió las pruebas, esta vez utilizando también una muestra de tejido, y a pesar del cuidado que se puso en la conservación de la muestra, el resultado fue él mismo: Se parecía más a algo extraído de un akuma que de un ser humano...

Mi corazón latía de forma atropellada. Todo aquello era una estupidez. No tenía ningún sentido.

- ...Fue entonces cuando el jefe de la sección científica, Komui Lee, comenzó una investigación, que a pesar de que está aquí incluida, no nos comunicó en ningún momento. Se dedicó a consultar todos los informes médicos que se habían hecho tras varias pruebas realizadas en el pasado a Yuu Kanda. En ellos encontró que se habían dado las mismas anomalías que había detectado él mismo al analizar la sangre de Kanda, aunque en menor medida. Aquello había sido achacado a su contacto constante con los akuma debido a su posición como exorcista, pero los niveles de materia negra encontrados en su sangre eran demasiado altos para tratarse de algo así, además de que no parecía haber ningún rastro del virus que poseen los akuma...

A esas alturas, Allen ya no era capaz de prestar atención, probablemente porque no quería seguir escuchando. Solo me miraba intensamente, como si luchara por no dirigirse hacia donde yo me encontraba.

- ... Al final resultó que el pequeño corte incurable, que curiosamente se había realizado por accidente con el arma anti-akuma de Yuu Kanda, terminó sanando después de que Komui retirara la piel dañada que utilizó para la investigación. - Carraspeó una vez, antes de cerrar la carpeta - Bien, podría seguir hablando, pero hay algo que quiero que vean, y que explicará mucho mejor lo que quiero decir.

El único Crown que no estaba ocupado le entregó a Leverrie una cuchilla de acero, fina y bien labrada, para que segundos después se dibujase una diminuta sonrisa sádica en el rostro de aquel inglés estirado ¿En que coño estaba pensando? ¿Es que iba a abrirme en canal?

Él se acercó con tranquilidad, mientras yo le enviaba una mirada envenenada, retándole a que diera un paso más. Supe que él se sintió levemente intimidado por la sombra que cruzó su rostro, pero confió en que los dos enmascarados me detendrían si intentaba moverme siquiera. Evite chasquear la lengua mientras aquel hombre se paraba frente a mí.

Con los brazos inmovilizados, me vi incapaz siquiera de oponer resistencia alguna cuando Leverrie alzó mis manos. Ante mi mirada de incredulidad, me obligó a cerrar el puño de la mano derecha y con un corte limpio y certero, rebanó la piel de mis nudillos, obligándome a apretar los dientes para no darle la satisfacción de delinear en mi rostro ni la más mínima mueca de dolor.

Pero la máscara imperturbable que había cubierto mi semblante hasta aquel momento se derrumbo por la consternación al ver, entre la sangre que había comenzado a brotar de la herida, un brillo metálico inexplicable donde tenían que encontrarse los huesos de mis nudillos.

De repente, los comandantes-jefe, que hasta aquel instante no habían abierto la boca en ningún momento, comenzaron a comentar miles de cosas en voz alta, indignados. Sabían tan bien como yo que demonios era eso, solo que yo no quería creérmelo.

Mi respiración comenzó a hacerse pesada y dolorosa, pero no podía apartar la vista de aquel macabro metal que se suponía que formaba mi esqueleto, y el cual era el mismo material con el que se fabricaban aquellos seres que había estado erradicando durante toda mi vida.

- ¿¡Cómo es esto posible!? - Saltó uno de los Comandantes-jefe, levantándose de su asiento - ¿¡Hemos tenido a un akuma entre nuestras filas todo este tiempo!? ¡Imposible!¡Es una locura!¡El guardián de la puerta se habría dado cuenta! ¿¡Qué clase de broma es ésta, inspector Leverrie!?

- El guardián solo detecta la presencia de pentáculos, no a la materia negra. Sin el virus de los akuma, esos símbolos no fluyen por su cuerpo, por lo que vuestro inútil guardián no podría haberlo desenmascarado – Leverrie finalmente me soltó, dirigiendo una mirada triunfal a su audiencia- Y no, este chico no es un akuma. Es algo mucho más sofisticado que eso. Es una reproducción perfecta de un ser humano, realizada con materia negra. Una copia exacta del dragón negro. Un señuelo que el Conde nos ha colado y con el que nos ha engañado a todos. Él ha estado todo este tiempo buscando al auténtico dragón negro mientras nos mantenía ocupados con este vulgar doble que él mismo había creado...

Tras aquello, fue como si mi mente colapsara totalmente. Era capaz de oír la voz de Leverrie, pero sus palabras ya no me afectaban. Simplemente, me llegaba un mensaje que me resultaba ajeno, como si no estuviese hablando de mí, como si no fuese yo la persona a la que estaban acusando de ser un monstruo.

Comenzó a explicar como lo que todos (hasta yo mismo) habíamos creído que era una simple maldición, se trataba en realidad de algo mucho más retorcido. Mientras clavaba la vista en la sangre que resbalaba por mi mano, viendo como el metal de mis nudillos desaparecía en cuanto la piel que los cubría comenzó a regenerarse, Leverrie había regresado al informe que había hecho Komui, exponiendo que el científico, el cual seguía callado como un muerto, había deducido que en realidad el símbolo que estaba sobre mi pecho era la marca que simbolizaba la unión entre aquel cuerpo infernal y un alma humana que no tenía un origen claro, la cual de alguna forma daba "vida" a aquel amasijo de materia negra.

Continué sin levantar la vista, oyendo a aquel hombre afirmar que aquella maldición de la que siempre había estado intentando liberarme no era más que el efecto que tenía el uso de Mugen sobre aquel cuerpo, el cual notaba poco a poco las consecuencias de la sincronización con la inocencia, destruyéndose como si de un akuma más se tratase. Esa era la razón por la que aquella herida hecha con el filo de la katana no se curó hasta que no fue retirada la parte que había sido dañada por la inocencia.

La única razón que había para que Mugen no me hubiese abrasado cada vez que la tocaba era que mi propia piel estaba preparada para trasmitir los daños hacia dentro de mi cuerpo, daño que se reflejaba en el lugar que era sensible a esos cambios: la señal que permanecía sobre mi corazón, el cual era el único órgano que necesitaba para mantenerme con vida, y justo el que se pararía en cuanto el deterioro de la materia negra llegase a su límite.

El propio Conde había buscado la manera de que me fuese autodestruyendo para librarse de mí después de un tiempo y así no tener el riesgo de que me convirtiese en una molestia. Sin embargo, el hecho de que algo como yo fuera capaz de sincronizarse con la inocencia era todo un misterio.

- ¡Eso es imposible! - Reaccioné finalmente al oír aquella voz alzarse desde el otro lado de la plataforma. No podía levantar la vista y encontrarme con su rostro, probablemente lleno de lágrimas. El muy estúpido se atrevía a defenderme aun cuando le habían tirado todas las evidencias a la cara. Claro que él sería la única persona capaz de luchar por una causa perdida - Incluso si todo eso es verdad, yo le conozco y se que tiene sentimientos. ¡Esas acusaciones no son justas!

Vi como Leverrie se volvió hacia Allen, yendo hacia él con paso enérgico.

- ¿Sentimientos? Estúpido, eso que ves allí no es más que un monstruo, no puede tener sentimientos. Te has dejado engañar como el idiota que eres.

Allen bajó la vista, supuse que derrotado, mientras Komui posaba una mano en su hombro, tratando de darle apoyo, pero el Moyashi volvió a mirar directamente a Leverrie sin una pizca de duda en sus ojos grises.

- "Eso que ves allí" es mucho más humano de lo que usted podrá serlo jamás, inspector. El único monstruo que hay en este lugar es usted.

Lleno de rabia, Leverrie levantó su mano, totalmente dispuesto a abofetear a aquel niño. Yo mismo me vi gritando de forma automática, ganándome sin querer la atención de todos.

- ¡Ni se te ocurra ponerle la mano encima, hijo de puta! ¿No soy yo tu objetivo? ¡Entonces ven a por mí!

El inspector se tensó ante la clara provocación, pero finalmente dejó de mirar a Allen para regresar al centro de la plataforma, dibujando en su rostro una mueca de superioridad.

- Como desees – Dijo con sorna, mientras se volvía a mirar a los comandantes-jefe. - Vista la situación en la que nos encontramos, creo que lo más lógico sería que busquemos al auténtico dragón negro y que tengamos a Allen Walker bajo custodia hasta entonces para que no estorbe. Y en cuanto a este ser, creo que estarán de acuerdo conmigo en que lo mejor que podemos hacer es exterminarlo No será difícil si destruimos el sello que mantiene ese alma unida a su cuerpo. Un exorcista puede encargarse de ello sin muchos problemas.

Aquellos encapuchados, algo más calmados, cuchichearon entre sí, hasta que uno finalmente se levantó en representación de todos los demás. Habló con una voz masculina de forma totalmente firme, tratando de que no quedara duda alguna que la decisión tomada era irrevocable.

- Que así se haga. Encontraremos al exorcista adecuado y mañana a primera hora llevaremos a cabo la sentencia. Mantened a Yuu Kanda bajo vigilancia intensiva hasta entonces y no dejéis que se acerque al dragón blanco. Por otro lado, creemos conveniente un castigo excepcional para Komui Lee por ocultar esta información, por lo cual quedará relevado de su función como jefe de la sección científica y será puesto bajo custodia hasta que decidamos que hacer con él. Eso es todo.

El hombre volvió a sentarse, ignorando el leve sollozo que sus palabras habían provocado en aquel crío de pelo blanco. Después de unos instantes, la plataforma comenzó a ascender, perdiéndonos así de la vista de los comandantes-jefe y de Hevlaska, la cual había estado observando toda aquella escena sin hacer comentario alguno, acatando cada palabra en silencio como si nada tuviese que ver con ella.

No fui consciente de nada hasta que el movimiento del elevador se detuvo y los Crown me empujaron con rudeza para sacarme de allí. Ni siquiera me molesté en oponer resistencia, aun tratando de digerir todo lo que acababa de suceder. Todo parecía algo completamente ajeno e incomprensible. Solo eran escenas dibujadas con trazo fino y cubiertas por una niebla espesa que me dificultaba aun más entender aquello.

Definitivamente, era una pesadilla, incluso aunque estuviera despierto. Los sueños, incluso siendo desagradables, no eran más que eso, imágenes sin mayor significado. Por eso se trataba de una pesadilla, porque era realidad. Podía oír mis propios pasos resonando en aquel corredor vacío, sentir como un sudor frío resbalaba por mi sien, y como un nudo había aparecido en mi garganta, ahogándome.

Pero sobre todo, llegaban hasta mí los gritos de desesperación que nacían de algún otro lugar, en ese mismo piso. Allen se resistía, se negaba a ser encerrado y luchaba contra los Crown que trataban de cumplir las órdenes que acababan de recibir. Entre aquel escándalo, fui capaz de distinguir mi nombre.

Ese niño se dirigía a mí, lo sabía. Así era como me habían llamado todo ese tiempo. Mientras los Crown abrían la puerta más recóndita de aquel lugar, comencé a preguntarme si también ese nombre sería mentira, como el resto de lo que había creído que era mi vida. Solo eran engaños, uno detrás de otro. Incluso mi propio ser era uno, al igual que todo lo que estuviese relacionado conmigo.

Por primera vez en aquel periodo de tiempo al que yo había llamado vida, me pregunté cuál era la razón de mi existencia, y por qué me había empeñado tanto en vivir si todo iba a acabar de ese modo.

Mi cuerpo, que funcionaba más por inercia que por una razón concreta, no sintió siquiera el fuerte empujón con el que me metieron en una habitación estrecha que hacía las veces de calabozo. Tras de mí, la puerta se cerró, dejándome sólo con los pequeños rayos de sol que podían colarse a través de los barrotes. Los miré, apático, sin ganas de acercarme siquiera a ver que había en el exterior. Si iba a terminar todo, era mejor rendirse y esperar sentado. Solo viendo pasar el tiempo hasta que este por fin se me acabase de una vez por todas.

OoOoOoOoO

Observé una vez más las frías paredes de aquella celda ya iluminada. Debían ser las ocho de la mañana, tal vez más tarde, aunque aun seguía sin importarme. Los primeros rayos del amanecer penetraron a través de la ventana enrejada, reflejando macabras sombras que observé con detenimiento. Conté los segundos. Ya era solo cuestión de tiempo.

Me había pasado toda la noche pensando, a falta de algo mejor que hacer. Ya que iban a quitarme la vida por ser un monstruo que yo nunca quise ser, y puesto que dejaría aquel asqueroso mundo sin poder despedirme, había decidido pasar mis últimas horas rememorando el pasado, acordándome de Allen y de lo estúpido que yo había sido por caer en la trampa de mis propios sentimientos.

Por primera vez, fui capaz de pensar las cosas con la cabeza fría, y entonces vi que me había comportado como un idiota.

Al conocer la profecía, había asumido que yo era el dragón negro, la persona que estaba destinada para Allen. Aquella había sido la forma menos cruel de aceptar que realmente me había enamorado, porque así no era yo el culpable de tal metedura de pata.

Pero yo no era ese dragón. No tenía nada que ver con la profecía, y menos aun con ese crío. El Conde me había creado para entretener a la Orden ¿No? Simplemente una carnaza sin valor real.

Mis estúpidos sentimientos habían aparecido en algún punto que no era capaz de discernir, y habían ido aumentando, porque mi estúpida mente auto-sugestiva me había obligado a estar pensando en Allen más de lo que debería, y por culpa de eso estaba así, a pesar de todo, y una vez más, con ese crío albino entre ceja y ceja. Preocupado y harto de aquella situación. ¿Cuándo vendrían a ejecutar esa jodida sentencia? ¿Acaso ese periodo de reflexión no era más que una tortura antes del golpe de gracia?

Bastardos, la Orden Oscura estaba infestada de ellos. Todo el Vaticano también, sanguijuelas repelentes. Ojala muriesen todos. Había perdido mi tiempo sirviéndoles, tratando de deshacerme de una maldición que nunca había existido. Esos hijos de puta me habían utilizado como habían querido para luego deshacerse de mí cuando vieron que la situación no les era favorable, y mientras tanto, el Conde había cumplido lo que se proponía. Y sin embargo, el único que salía perdiendo allí era yo.

Lo Orden había estado al tanto de mi situación, o al menos tenían ciertas nociones sobre lo que yo era. Eso es lo que pensé al recordar las palabras que aquel difunto supervisor rubio me había dedicado en el viaje a Osaka.

Link me había llamado monstruo. En aquel momento pensé que me lo había dicho por besar a Allen, pero había otra razón, una mucho más literal. Era bastante probable que alguien le hubiera mandado vigilar mis movimientos, tal vez porque ya sospechaban que yo no era humano. ¿Habría sido esa la razón por la que había dicho que estaba en la mira de los Comandantes-jefe? Probablemente sí. Era bastante lógico pensar que ya se imaginaban que estaban equivocados por considerarme el dragón negro, y querrían comprobar si sus sospechas eran ciertas.

Respiré hondo. En aquel lugar el aire olía a humedad ¿Donde estaría Allen en esos momentos?¿Qué demonios estaría pensando de mí? Seguramente me odiaba. En realidad, esperaba que me odiase. Ya no podía hacer nada por él. Puesto que yo no era humano, aquello era lo mejor que podía pasarle. Así él no lo sentiría cuando me matasen.

Que estupidez. De todas formas, tarde o temprano se terminaría olvidando de aquello. El Moyashi estaba destinado a otra persona. Al auténtico dragón negro. Cuando lo encontrase, él sería feliz. Aunque solo fuera por un tiempo. Y eso era lo único que debía importarme.

Apoyé la cabeza sobre mis rodillas. Era verano, pero hacía frío. O tal vez era solo sensación mía. Cerré los ojos y me permití adormilarme un poco. No tenía sueño en realidad, pero mi mente, abrumada, parecía pedirme a gritos un descanso. El único consuelo que me quedaba es que al menos todo terminaría pronto.

O eso quería creer. Esos inútiles seguro que serían ineficientes hasta para algo de esa índole. Me permití soltar un suspiro leve, prácticamente imperceptible. Aquello era más de lo que yo podía soportar. Demasiados datos, demasiadas revelaciones y desengaños. Estaba convencido de que el pecho terminaría reventándome debido a la ansiedad.

Después de un rato más de extremo silencio, fui capaz de discernir varios ruidos en el pasillo que conectaba mi celda con el resto de la Orden. Los pasos atropellados de varias personas que corrían de un lado para otro y gritos de alarma se oían al otro lado. En mi estado de duermevela pude darme cuenta apenas de que aquella gente estaba buscando algo.

No me molesté en levantar la cabeza a pesar de todo, hasta que noté que algo estaba justo a mi lado. Antes de que pudiera siquiera abrir los ojos, unas manos agarraron mi brazo y tiraron de mí, obligándome a ponerme de pie a pesar de que aun estaba adormilado.

- ¿Pero qué demonios...? - Fui capaz de decir a duras penas cuando pude ver a la persona que mantenía agarrado mi brazo, aunque no pude decir más porque me había quedado con la boca abierta.

- No hay tiempo para explicaciones. Tenemos que irnos de aquí ya.

Me detuve en seco a pesar de sus palabras. Sus ojos grises me miraron de forma interrogante. ¿Cómo había logrado escaparse? ¿Y cómo coño había entrado allí?

Parpadeé un par de veces, y me di cuenta de que hacia a penas unos segundos estaba siendo guiado hacia la puerta del arca que estaba bajo el control del Moyashi.

Vi las facciones de Allen contraerse, muy tenso. Desde luego, no parecía sentirse de humor para lidiar conmigo, así que sin molestarse en decirme nada más, me empujó con rapidez hacia aquella puerta luminosa. Justo cuando iba a protestar, la puerta de la celda se abrió de una patada. El niño se apresuró entonces a cerrar la puerta del arca ante las narices de los Crown que acababan de entrar en la estancia.

Mientras el me guiaba por aquella especie de pueblo blanco, mi mente era un revoltijo de ideas sin sentido. Allen no abrió la boca para nada, y yo simplemente no sabía que decir. No podía asimilar que en aquel momento estaba escapando de la Orden, acompañado de aquel crío que en realidad tenía que odiarme. ¿Qué coño se supone que iba a decirle?

Aun estupefacto, dejé que él abriese una puerta y que me hiciese cruzarla, para encontrarme segundos después en una amplia sala en ruinas, llena de suciedad y escombros. Yo me quedé quieto, observando como Allen avanzó unos pasos para luego maldecir entre dientes.

- Esto está mal. Yo quería ir a algún lugar más lejano... - Dijo mordiéndose el labio inferior, como si hubiese cometido un grave error y se sintiera culpable.

Vi por primera vez en bastante tiempo al golem dorado, mordisqueándole uno de aquellos mechones blancos, tratando de llamar su atención.

Allen se volvió hacía mí, y yo no pude hacer otra cosa más que observarle. Se había vuelto loco. Ese crío definitivamente había perdido la razón ¿Por qué había hecho algo tan estúpido? ¿Cómo coño se le había ocurrido? Había renunciado a la última oportunidad que tenía de ser un exorcista. Probablemente él no se daba cuanta de la gravedad de la situación. Me dedicó una sonrisa despreocupada que me puso de los nervios, aunque pude ver en sus ojos un leve brillo de aflicción.

- Bueno, he cometido un error de cálculo y aun estamos en Londres. No tenemos demasiado tiempo ¿Qué propones que hagamos?

Él se había acercado a mí con una expresión amable en su rostro, como si estuviera tratando de transmitirme serenidad.

- Es una estupidez lo que has hecho ¿Lo sabes?

Allen se encogió de hombros, ladeando la cabeza.

- Es posible. Pero tenía que...

- Y si lo sabes – Le corté con frialdad, haciendo que su máscara de amabilidad desapareciera un poco, aliviándome de aquella presión. Odiaba que Allen actuase como si nada hubiera ocurrido. - ¿Por qué aun piensas que debes venir conmigo?

Me dedicó un mohín de molestia. ¿Por qué? ¿Por qué demonios seguía actuando así? Él sabía la verdad. Yo era un monstruo. ¿Y sin embargo aun continuaba con esa actitud?

- ¿Pretendes que te deje solo?

Él estaba intentando ablandarme. Simplemente increíble. Ese crío no podía ser más tonto. Le contesté en tono monocorde.

- Lo harás. Márchate ahora. La Orden te necesita. Si regresas puede que te perdonen.

Allen me observó como si acabase de hablarle en alguna especie de idioma inventado. Mantuvo la calma aunque supe que tanta presión también estaba haciendo impacto sobre él. Afiló su mirada, tratando de parecer más fuerte de lo que en realidad era.

- Eres idiota. No voy a volver a la Orden, y de ninguna manera voy a irme de aquí sin ti ¿Me estás oyendo? Quiero estar contigo, y si realmente piensas que me importa todo lo que esa gente ha dicho de ti, es que me conoces muy poco.

Ignoré su enfado y crucé aquel lugar para apoyar mi espalda sobre una de las paredes de piedra, sentándome en el suelo después.

- Dices todo eso, y luego se supone que aquí el idiota soy yo. - Le espeté sin mucha delicadeza. Él no podía quedarse a mi lado. Sería un suicidio para él. Estaría mucho mejor sin mí.

Allen avanzó con rapidez hasta quedar en frente de mí, tirándose al suelo de rodillas, clavando después su mirada en mis ojos.

- ¿Por qué tienes que ser así? ¡Deja de hacerte el duro! ¿Qué ganas con hacerme pensar que esto no te afecta? ¿Crees que eres el único que está sufriendo?

Se apartó levemente de mí, para pasar el dorso de su mano por sus parpados, tratando de limpiar las pequeñas lágrimas que se habían agolpado en sus ojos. Algo en mi interior se removió, obligándome a apretar los dientes para así no cambiar la expresión de mi rostro.

- Yo soy el que se tiene que hacer cargo. Si lo que quieres es no sufrir, entonces no te metas. Ya me has sacado de allí y te has hecho el héroe ¿No? Entonces vete y no estropees más las cosas.

Su mano apretó mi hombro con más fuerza de la necesaria. Ahora su llanto de rabia escapaba de sus ojos sin remedio alguno.

- ¡Otra vez! ¡Siempre haces lo mismo! Yo también estoy metido hasta el cuello en este asunto. Puede que fuera culpa mía por enamorarme de ti. ¿Qué quieres que haga con respecto a eso? ¿Qué lo deje pasar? ¿Se supone que debería haber dejado que te mataran, estúpido bastardo insensible? ¡No puedes hacerlo todo solo! ¡Déjame ayudarte, demonios! ¡No te encierres en ti mismo!

De repente, sus brazos me apresaron, acercándome a él de forma desesperada. Noté cada latido resonar en mi garganta. Si yo no era humano, realmente era algo muy parecido a uno, porque sentía el mismo dolor que seguramente tenían que sentir ellos en una situación parecida. Incluso si Allen pensaba que yo era de piedra, en aquel momento estaba a punto de derrumbarme. Rodeé su cintura con firmeza, logrando así que se tranquilizara un poco.

- Si te quedas conmigo, el Vaticano te considerara su enemigo. No volverás a ver a ninguna de las personas de la Orden.

- Lo sé... - Me contestó con algo de tristeza. Probablemente eso era lo que más le importaba – Pero ellos estarán bien. Se tienen los unos a los otros. No me necesitan ahora.

Yo continué hablando, sin comentar el hecho de que pensase que yo le necesitaba. Observé a la bola alada que daba vueltas sobre nuestras cabezas.

- No podrás conservar ese golem. Si se queda con nosotros, cabe la posibilidad de que nos localicen a través de él. Tendrás que dejarlo atrás.

Allen me miró horrorizado. Probablemente no se esperaba eso.

- Timcanpy... ¿Es... totalmente necesario?

Asentí, haciendo con eso que él se mordiera el labio inferior. Hacer que se separara de su golem mascota probablemente debía ser un golpe muy duro para él.

- Por supuesto, habría que irse del país, a algún lugar lejano. - Al parecer el hecho de que le resaltase los contras de su decisión no le estaba gustando demasiado, tal y como me indicaba su cabeza gacha. - Y tú mismo lo vistes. Ni siquiera soy humano. ¿Estás dispuesto a renunciar a toda tu vida por mí?

Me miró fijamente y al momento me contestó.

- Sí, totalmente. No he llegado tan lejos para rendirme ahora.

- Tienes mucho que perder y poco que ganar. No es una decisión sabia.

Allen me sonrió, para luego acercarse más a mí y dejar que sus labios se posasen sobre mi mejilla.

- Bueno, nunca he sido una persona muy lista. Así que no creo que importe en realidad. - Acarició con mimo mis cabellos sueltos, haciéndome olvidar por un momento todas mis preocupaciones - ¿Por qué sigues tratando de separarme de ti? Ya lo intentaste una vez y no lo lograste. Y créeme, cuando me empeño en algo, puedo ser realmente persistente. No conseguirás que te deje en paz.

Junté mi frente con la suya sin pensar demasiado. ¿Por qué demonios el contacto con su piel me transmitía esa tranquilidad?

- Lo sé. Eres un pesado. - Me separé levemente de él, cerrando los ojos para poder pensar con mayor claridad – Hay algo que necesito dejar claro ya.

Noté como se apartaba un poco, para luego acomodarse sin ningún apuro sobre mi regazo. Yo traté de no hacer caso a ese gesto y seguir buscando las palabras adecuadas para expresarme. Era algo que necesitaba decirle.

- ¿Y bien? - Preguntó después de un rato de extraño silencio que había pasado inadvertido para mí, pero que por lo visto a él le molestaba.

- Lo primero de todo, creo que mereces una explicación. Supongo que tenías derecho a saber lo de la profecía.

Cuando abrí los ojos de nuevo, pude darme cuenta de que Allen había estado con la atención puesta sobre mí en todo momento. Enlacé en mi explicación todas las cosas que él había descubierto en el juicio con aquellas que yo ya sabía. Después de todo, Allen terminaría preguntándome tarde o temprano sobre ese tema, así que mejor acabar con ese mal trago cuanto antes.

Después de que le contara todo lo necesario, una mueca extraña se dibujó en su rostro.

- Así que según esa profecía yo estoy destinado a alguien que no eres tú...

Asentí con firmeza. Dolía como mil demonios desgarrándome el pecho desde dentro, pero esa era la realidad a la que tendría que enfrentarme a partir de ahora. En cualquier momento Allen encontraría al verdadero dragón negro y yo ya no pintaría nada en su vida. Él ni siquiera tendría que estar enamorado de mí, de todos modos.

Cuando notó que yo bajaba la mirada Allen me dio un golpe en la cabeza, logrando que le mirase con el ceño fruncido.

- Eso son tonterías. No entiendo bien eso de los dragones, pero ten por seguro que no me voy a enamorar del primer idiota que se me ponga por delante. Ya tengo suficiente contigo. Eres el único idiota que necesito.

- Hablas como si tú pudieras hacer algo al respecto. - Él parpadeó un par de veces, nada convencido – Es el destino. Si tiene que ocurrir, ocurrirá. Tu buena voluntad no sirve de nada...

Allen intentó contestarme, pero yo me limité a hacerle un gesto para que se callara.

- ... Por eso quería decirte esto. Voy a estar contigo mientras tú quieras. En el momento que te hartes, seré yo el primero en irme, descuida. No te culparé por ello. A cambio, solo quiero que te olvides de mí y hagas como si yo no hubiese existido. No creo que te sea muy difícil.

Allen hizo como si no me hubiese oído. No le interesaba lo que estaba diciendo. Susurró un "tonterías", para luego levantarse e ir a la otra punta de la habitación. Era bastante curioso, él no parecía querer enamorarse de otra persona. Podía llegar a ser más tonto de lo que yo creía.

En parte, aquello era un alivio. Él no moriría si estaba alejado del dragón negro, y puesto que yo al final no lo era, podríamos luchar contra el Conde sin tener que dar su vida a cambio.

O al menos, el podría luchar, puesto que en aquellos momentos yo estaba indefenso. A saber dónde demonios estaría Mugen. Quizás los científicos la habían destruido y la inocencia ya estaba a cargo de Hevlaska. Aquello era asqueroso. Tendría que quedarme de brazos cruzados mientras el Moyashi arriesgaba el culo. No, ni hablar. No iba a dejar que él me defendiese. Mataría a los akumas a patadas si era preciso.

Respiré hondo, llenando mis pulmones del polvo que volaba por aquel lugar. Olía a dolor y veneno. ¿A dónde coño nos había llevado ese crío? Clavé la vista es su inconfundible pelo blanco, para luego darme cuenta de que acababa de coger algo que había dejado apoyado en la pared antes de venir hacia mí. Observé el objeto un momento y me levanté de golpe. Había estado tan ocupado en entender que estaba ocurriendo cuando Allen había aparecido en mi celda que ni me había percatado de que llevaba algo en su mano.

Prácticamente le arrebaté la espada, consiguiendo así una mirada de molestia ante el brusco gesto. Me quedé embelesado con la empuñadura de Mugen, prácticamente como si jamás hubiese visto una katana.

- La cogí antes de ir a por ti – Me explicó con calma, mirando con atención el muro de piedra que tenía delante - Pensé que tendrías cariño a esa espada.

Alcé una ceja ante el tono ambiguo con el que había pronunciado ese último comentario. Puede que le tuviese cariño, pero eso era lo de menos. Mugen no dejaba de ser un arma como otra cualquiera, y servía para luchar. Esa era su función más importante. El hecho de que fuese un objeto preciado no era más que algo secundario.

- ¿Qué coño te preocupa ahora? Escúpelo – le dije con malas formas, sabiendo que su extraña cabecita estaba dándole vueltas a algo.

Allen suspiró abatido, casi como si se sintiera descubierto.

- Simplemente... No quiero que la uses. Ese arma te hace daño ¿No es cierto? Si sigues luchando con ella...

- ¿Me matará? - Completé su frase tras un breve momento de silencio. Él cerró los ojos, casi como si le doliese pensarlo. - Moriré de todas formas si no puedo defenderme.

- Yo podría...

- Ni lo pienses, Moyashi. - Allen se cruzó de brazos, comenzando a mosquearse de verdad. Traté de calmarme un poco. Tampoco necesitaba en ese instante que se enfadase por mi actitud – Tengo el poder para luchar y una razón por la que hacerlo y eso es todo. No hay más que hablar sobre ese asunto.

Una sonrisa curiosa apareció entonces adornando su rostro pálido. Había hablado demasiado, y él ahora no dejaría pasar mis palabras, claro que yo no estaba dispuesto a oír ninguna estupidez.

Antes de que le diera tiempo a abrir la boca siquiera, hablé en tono claro e impositivo.

- Si estás pensando en burlarte de mí, me parece que no es el mejor momento para eso. - Allen rodó los ojos. Recordarle la situación era la única forma de salir del paso - ¿Qué lugar es este?

- Una iglesia...

Me ahorré un gesto de hastío. Un lugar en el que había crucifijos colgados, un altar y lo que debían ser varios bancos de madera destrozados no podía ser otra cosa. Aunque bueno, en realidad si que podría relacionarse con un escenario recién salido de alguna novela de terror.

- ... Estamos a las afueras de Londres. Traté de pensar algún sitio más lejano, pero estaba nervioso y me equivoqué.

Soltó un suspiro, repasando cada resquicio del lugar con la vista, como si le trajese viejos recuerdos. No supe que era lo que pasaba por su cabeza, pero tampoco era el momento de preguntarle.

- Tenemos que irnos de aquí. Aun estamos demasiado cerca.

Allen sacudió la cabeza levemente, dándose cuenta de hasta que punto eran ciertas mis palabras. El Vaticano probablemente nos había puesto ya en busca y captura, así que era esencial actuar rápido.

Cerró los ojos, como si estuviese recitando algo en su cabeza, para que unos cuantos segundos después una puerta del arca apareciera frente a nosotros.

- Aquí no podrán encontrarnos, al menos de momento. Ya pensaremos después en lo que haremos.

Caminó hacia aquella entrada sin decir nada más, probablemente reflexionando seriamente sobre el siguiente paso que deberíamos dar. Yo le imité, siguiendo sus pasos en silencio.

OoOoOoOoO

Caminó con soltura por aquellas calles empedradas, como si la experiencia le hubiese enseñado a moverse por lugares peligrosos y desconocidos. Si no se le prestaba demasiada atención, sus cabellos blancos podían ser confundidos con el rubio platino que adornaba la mayor parte de las cabezas de los habitantes de aquella ciudad. No se entretuvo, mantuvo un paso ligero mientras observaba una bolsita que tenía entre sus manos, con una sonrisa bastante oscura que jamás había visto en su rostro.

Sin que se diera cuenta, algo se le cruzó, logrando que se chocara de bruces contra aquel aparecido, tirándole al suelo.

- Lo siento mucho – Se disculpó Allen mientras guardaba la bolsa, algo avergonzado. El chico al que acababa de derribar solo se sobó la cabeza, allí donde acababa de golpearse – Nos hemos visto antes ¿Cierto?

El otro joven alzó la mirada de golpe, haciendo que Allen dibujase una mueca en su rostro.

- Eres el chico de aquella estación. ¿Verdad? Te vi en Vyatka...

El adolescente, aterrorizado, negó fervientemente con la cabeza, agitando sus cabellos rizados, tan oscuros como sus ojos. Le contestó en inglés, con un acento ruso bastante marcado.

- Yo no se nada de ninguna estación. Solo se que estamos en verano – Allen alzó una ceja, sin entender lo que ese crió acababa de soltarle. Dio un paso hacia él, haciendo que el escuálido muchacho se alejase a gatas – No... no te acerques... Yo...¡Lo siento!

Antes que Allen pudiese decirle algo más, el otro chico se levantó y se largó corriendo a una velocidad ridícula, pero a pesar de eso el Moyashi no le detuvo. Solo observó como el otro se perdía entre las callejuelas estrechas, para después de un rato, retirar sus cabellos blancos de la cara y volver a caminar, actuando como si nada hubiese ocurrido.

Abrí los ojos y me encontré con el techo de aquella habitación que ya tan familiar se me hacía. Parpadeé un par de veces, algo confundido. Me giré sin incorporarme todavía, tratando de huir de la luz que entraba por la ventana, logrando con aquel gesto que mi piel desnuda rozase contra las sábanas. Cerré los ojos y pensé en las imágenes que acababan de pasar por mi mente.

No había sido más que un sueño. Claro... un sueño...

... quizás uno como los que había tenido anteriormente. Justo los que me enseñaban cosas que yo no necesitaba ver.

Palpé el colchón un momento para darme cuenta de que Allen no estaba allí tumbado. Solté un bufido, mientras trataba de ordenar mis pensamientos.

Entreabrí los ojos un poco, intentando acostumbrarme a los rayos del sol. Solo tuve que observar la claridad que se reflejaba sobre la pared para deducir que debía ser por lo menos la una de la tarde. Me llevé dos dedos al puente de la nariz, ahorrándome un suspiro.

¿Cuándo demonios me había dormido? Recordaba haber visto como comenzaba a amanecer, así que debí caer rendido antes de que Allen se despertara y se largase sin decir ni una palabra. Fruncí el ceño, algo molesto.

Era la primera vez en algo más de una semana que estaba solo en aquella habitación. Desde que habíamos llegado, Allen no se había apartado de mí ni a sol ni a sombra. Me pasaba las noches enredado a su cuerpo, para que inmediatamente después él cayese dormido, casi como si acabase de pegarle una paliza, mientras que yo, con los ojos abiertos como platos, no era capaz de dormir en toda la noche, convencido de que en algún momento yo tenía que haber ingerido algún tipo de cafeína en cantidades industriales, y no era hasta el amanecer que el sueño finalmente me vencía a horas bastante irregulares.

Había intentado explicarle a Allen que aquello no era normal y que quizás podía ser peligroso para él. Después de todo, yo no era humano. No sabíamos exactamente que ocurría cuando su cuerpo entraba en contacto con el mío, y realmente temía que pudiese terminar haciéndole daño.

Pero él no me escuchaba, le restaba importancia y se excusaba en el hecho de que se encontraba bien. Pero esa no era una razón para no hacerme el más mínimo caso cada vez que le sacase ese tema. Y lo que más me jodía de todo aquello es que yo no podía evitar el ser arrastrado por sus caprichos. Cada vez que él me rozaba me sentía como si fuese un estúpido adolescente pervertido y lujurioso, justo lo que ese Moyashi había resultado ser.

Pero algo estaba claro, y es que tampoco podía dejar que hiciera conmigo lo que le diese la gana. No tenía intención de convertirme en ninguna especie de juguete sexual que él pudiese utilizar a su antojo. Solo pensarlo era ridículo y humillante.

Me levanté sin mucho ánimo y busqué mi ropa, la cual estaba tirada por el suelo de mala manera. Me vestí y desenredé mi cabello con los dedos, para luego dirigirme a la ventana abierta y observar por ella como la catedral de San Basilio se erguía imponente y colorida desde su posición en la Plaza Roja. Pude notar el aire templado del verano de Moscú colarse desde la calle.

Dejé descansar mi codo sobre el poyete, antes de respirar con fuerza. Y pensar que aquel lugar infestado de gente era nuestro mejor escondite. Parecía una autentica estupidez, pero de todas las posibilidades que habíamos barajado esa era la menos mala. Al menos al ser Rusia un país de influencia cristiano-ortodoxa, el Vaticano no podría meter sus narices allí, con lo cual ya teníamos algo ganado, aunque yo sabía bien que eso no sería suficiente.

Yo seguía opinando que hubiera sido mejor algún sitio despoblado donde ni la iglesia ni sus borregos lacayos pudieran localizarnos jamás, pero eso era algo a lo que Allen se había cerrado en banda. Después de todo, ese crío no podía ser feliz si no estaba rodeado de akumas, y puesto que estos estaban donde había personas a las que aniquilar, una gran ciudad sería un hervidero perfecto para esos monstruos. Y puesto que él ya había estado en Moscú, no nos fue difícil llegar con el Arca. Al menos de momento podríamos estar allí sin tener que preocuparnos demasiado.

Cerré la ventana y me senté en la cama a esperar ¿Cuánto pensaba tardar ese jodido niño? ¿Y por qué demonios yo me quedaba ahí quieto como una mascota abandonada en lugar de largarme como había hecho él? Bien, puede que quizás no tuviera ánimo suficiente como para salir a ningún sitio. Había estado tanto tiempo ocupado con Allen que no me había vuelto a preocupar por mi condición de monstruo. Pero ahora que no había nadie a mi alrededor la realidad me golpeaba al ritmo de las agujas de un reloj antiguo que estaba colgado en la pared de enfrente, machacándome como si cada movimiento de aquellas manecillas fuera un golpe contra mi cabeza.

Me quedé mirando a la nada, hastiado, consciente del transcurrir del tiempo y de mi propia respiración suave, la cual ahora sabía que era totalmente innecesaria.

Por una parte deseaba saber que era yo exactamente, que mecanismos eran los que daban vida a aquel amasijo de materia negra. De dónde había salido exactamente, y si alguna vez yo había sido una persona.

Tenía recuerdos inconexos de una infancia que ya no estaba seguro de haber tenido, pero que de vez en cuando aparecían y no podía ignorarlos. Algo me decía que no siempre había sido así, y que las cosas habían cambiado. Quería creer, de forma prácticamente desesperada, que yo era un alma humana encerrada en un monstruo, pero que no por eso había perdido su función original.

Porque si no me creía eso, tendría que pensar que yo solo era algo artificial, tanto el contenedor como la mente contenida, y que quizás ésta había sido moldeada por el Conde para...

No, de ninguna manera iba a pensar eso. E incluso aunque ese fuese el caso, yo sabía muy bien lo que estaba haciendo. Mi conciencia estaba muy lúcida y nadie me controlaba. Aquel descubrimiento no había cambiado nada.

Seguía siendo yo mismo, y le jodiera a quien le jodiera, eso nunca sería diferente. Seguía teniendo las mismas obstinadas ganas de vivir que tenía antes, aunque solo fuera para que todas las personas que me querían ver muerto no tuviesen esa satisfacción. Seguiría adelante, aunque no solo por mí. Tampoco quería apartarme de Allen. Era demasiado egoísta como para hacerlo, incluso si yo le había prometido que me iría si él ya no me quería cerca. Claro, que tampoco tenía ni la más remota idea de a dónde podría ir.

Era como mirar hacia el fondo de una fosa oscura, sin saber cuanto tiempo durará la caída ni si existía algún saliente al que agarrarme. Me había acostumbrado demasiado pronto a no estar solo, pero eso no duraría para siempre. Dios, o el maldito universo, como yo prefería llamarlo, era mucho más que traicionero, como ya me había demostrado. Si éste quería alejar a Allen de mí, lo haría sin duda. Tenía armas suficientes para lograrlo.

Como lo eran por ejemplo aquellos ojos negros con los que el Moyashi se había encontrado en el sueño que yo acababa de tener. Él le había visto antes, y yo también. Lo que yo había pensado que no era más que aquel dragón en forma de akuma en realidad era...

Sacudí la cabeza. No tenía pruebas de ello. El auténtico dragón negro podría estar en cualquier parte del mundo ¿Por qué iba a estar justo en Moscú?

Bueno, quizás porque el destino le había guiado hasta allí. Probablemente era eso lo que había hecho que se encontrase con Allen. Apreté los puños, tratando de conservar la suficiente sangre fría como para no coger a Mugen y buscar a ese criajo de ojos negros y empalarlo de la forma más dolorosa posible. Había creído que odiaba al conejo, pero eso era un juego de niños comparado a la fúrica aversión que había desarrollado contra aquel completo desconocido. Más le valía desaparecer del mapa si quería conservar sus entrañas.

Algo, una especie de voz molesta y asquerosa a la que hubiera querido callar a hostias si no fuera porque venía de mi interior me dijo que aquella furia desmedida no tenía razón de ser, ya que era Allen el que debía elegir, puesto que yo mismo le había dicho que tomase una decisión llegado el momento.

Y tal vez ya la había tomado. Puede que se hubiera marchado sin más. Quizás nunca regresaría.

Justo cuando un nudo comenzaba a formarse en la boca de mi estómago, la puerta de la habitación se abrió. Antes de que pudiera reaccionar, me encontraba atrapado entre el colchón y el cuerpo de aquel enano albino, el cual me había derribado con un placaje que de haber sido yo otra persona me habría destrozado las costillas. Me dedicó una sonrisa dulce, sin preocuparse por el hecho de que me estaba aplastando.

- Perdón por haberme ido sin decirte nada. Me daba pena despertarte.

Ignoré sus disculpas y me incorporé como pude, sin ser capaz de quitármelo de encima.

- ¿A dónde coño has ido?

Su estúpida sonrisa no desapareció de su rostro mientras se sentaba a mi lado y me dejaba respirar al fin.

- El hotel no nos lo regalan ¿Sabes? Necesitábamos dinero, así que fui a buscarlo.

Parpadeé un momento, tratando de que una mueca de extrañeza no deformase mi cara. Buscarlo... como si el dinero creciera en los árboles. Vi como tenía un saquito entre sus manos. El mismo que había visto en sueños.

- ¿Cómo demonios...?

Antes de que pudiera formular la pregunta, el chico sacó una baraja francesa y me la tendió.

- Puedo enseñarte como lo hice, si quieres. ¿Qué me das si gano?

Ni siquiera me molesté en coger las cartas. Ya sabía como se las gastaba ese crío tramposo jugando al póker. Una vez me convenció para que jugara con él. Una y no más. No sería yo quien perdiera el tiempo en eso otra vez.

- Ahórratelo, me hago una idea. Esas apuestas son ilegales. Lo sabes ¿Verdad?

- No creo que sea más ilegal que ser un fugitivo de la institución religiosa más poderosa del planeta, así que eso no me preocupa. Es una forma tan digna de ganar dinero como otra cualquiera.

Allen se tumbó en la cama para poder mirar al techo con fijación.

- ¿Cómo demonios te has entendido con esa gente? Tú no sabes ruso.

Hizo un gesto con la mano, como si el hecho de no conocer el idioma no fuese más que una nimiedad.

- El idioma del póker es universal. No hace falta ser un licenciado para desplumar a esa gente.

Una gota de sudor resbaló por mi sien. Cuando hablaba de ese modo no se parecía en nada a aquel crío absurdamente amable que tanto quería a todo el mundo. Parecía otra persona cuando se le nombraba ese tema.

Giró la cabeza hacia mi posición y se quedó en silencio, solo observándome. Se incorporó de nuevo y clavo sus ojos en los míos, como si nunca jamás los hubiese visto.

- ¿Qué miras? - Pregunté después de un rato bastante largo.

Allen sacudió la cabeza y me dedicó una sonrisa nerviosa muy mal preparada.

- Nada. No es nada. Cosas mías. - Centró su atención entonces en la pared, avergonzado – Tus ojos... ¿Siempre han sido de ese color?

- Sí, que yo recuerde ¿A qué viene eso ahora?

- ¿Eh? A nada, ya te lo he dicho. Simple curiosidad.

No estuve seguro de por donde viajaban sus pensamientos, pero supe que algo rondaba su mente. En seguida negó con la cabeza, como si su mente le estuviera jugando una mala pasada y la expresión de alegría que se posó en su rostro volvió a ser sincera. Estuve a punto de exigirle que me costase lo que le ocurría, pero al final no lo hice. Probablemente no quería saberlo, y tampoco sería demasiado grave si ni se molestaba en contármelo.

- Kanda... yo ... se que no confías en mí pero... estamos juntos en esto ¿Vale? No lo olvides.

Me atrajo entonces hasta él con un movimiento rápido que ni vi venir y me abrazó con cariño. Aquella frase me había descolocado un poco, pero no me molesté en responder, ya que fue suficiente con mantener aquella unión y asentir. De algún modo ese niño acababa de asegurarme que no iba a dejarme solo.

Y yo, realmente, quise creérmelo. Tampoco estaba mal ser ingenuo por una vez, aunque fuera por un periodo corto de tiempo. Aspiré el aroma de sus cabellos y me relajé. Ya tendría tiempo de preocuparme más tarde, cuando realmente tuviese una razón para desesperarme de verdad. Hasta entonces seguiría mirando hacia el presente, ya que solo eso y ese criajo albino debían importarme.

Continuará...

El rincón de las estupideces de Hermachis.

En fin, voy a dejaros cierto tiempo de reflexión para que os relajéis.

...

...

...

Bien, ya podía lanzar improperios contra mi persona x3 Por no actualizar, por escribir algo menos de lo normal y por haber montado la que he montado. Si el concepto de Kanda como un ser de materia negra creado por el Conde para suplantar al dragón negro es raro, explicado por mí ya es la leche en bote xD

Cuando se me ocurrió la idea la autora aun no había avanzado la historia hasta el punto de los segundos y terceros exorcistas, por lo que ésto en su tiempo podría haber tenido sentido (si no le hubiese dado tantas vueltas, supongo xD) Pero en estos momentos es algo totalmente desvinculado del manga, así que si alguien a pesar de todo quiere seguir leyendo este fic, que sea bienvenido a la gran aventura del semi-au n0n

De todas formas, si alguien se ha perdido con el giro que ha dado el argumento, respondo dudas encantada. Yo ya sé que me explico fatal xD Es más, estuve pensando en hacer un croquis para que la cosa quedase clara y no hubiera dudas, pero bueno. Si veo que me explico tan mal que no se ha entendido nada, para el capítulo siguiente haré un resumen o algo parecido.

Bueno, muchas gracias a todos los que me han leído y en especial a Noriko, Dircray, Pink Nymphetamine, Meroko, Shizuru, Kagurihime, Yu Okawa, kurayami-Miko, NIKONIKO-CHAN, Riznao, Sakura_saku, Jicalazuxil y a 00-Itsuka-00 por sus comentarios que tan feliz me hacen x3 Ahora no tengo tiempo de contestarlos x.x Espero poder hacerlo poco a poco, pero ya nos conocemos, así que pido perdón por si no puedo contestarlos al final xP El maldito instituto me absorbe T.T

Preguntas sobre la rallada mental que he montado, dudas sobre lo mismo u otras cosas, críticas constructivas, opiniones y demás cosinas en un reviews. Alegradme el día, anda x3 xD

¡Hasta pronto!

P.D: Oh cierto xP Gracias especiales por los 100 reviews T.T Primer fic en el que tengo un número de tres dígitos en los comentarios. Simplemente no puedo creermelo T0T Gracias a todos por vuestro apoyo x3 Me anima mucho a seguir escribiendo n.n