Realidad incorpórea
By Hermachis
Disclaimer: D Gray man no es mío. Es de la genial Katsura Hoshino y de todos los que compraron la licencia, entre los cuales no me incluyo porque no tengo ni un euro. Mi cartera pide piedad de forma desesperada, porque por esto no gano dinero. Aunque sí amor n0n Sí me pertenece, sin embargo, la chorrada de argumento que desarrollo y algún que otro bicho que pulula por ahí...
Advertencias: Semi- AU (Por más que me duela, esto es continuo ya xP) Shonen-ai, discusiones estúpidas, restaurantes (?), mal vocabulario para no perder la costumbre,violencia muy violenta casi tirando a gore allá por el final del capítulo y algunos bichos que son... bichos lol Oh, y OOC, claro xD
Gracias a Meroko por corregir y ayudar, a pesar de que solo pueda pagar su esfuerzo con amor (lol) aunque sé que eso no es mucho xD E incluso aunque es mala, Mero merecería un monumento por soportarme LOL
Capítulo 13
Dejé que su cabeza se acomodase sobre mi pecho, mientras una sonrisa tenue aparecía en su rostro. No supe si ese acercamiento se debía al cariño o a la necesidad, puesto que la noche que se había hecho dueña de la ciudad era tan fría que probablemente ese crío debía estar helado hasta los huesos. Parecía mentira que fuese verano. Tenía suerte de que a mí ese tipo de cosas no me afectasen en absoluto.
La tenue luz de las lamparas de gas (1) iluminaban de manera parcial la Plaza Roja, dándole a aquel momento una atmósfera que me resultó bastante acogedora. Probablemente aquello se debía también a que a aquellas horas de la madrugada nadie en su sano juicio saldría a pasear sabiendo lo inhóspito que podía llegar a ser ese país, incluso en sus días más calurosos. Claro que nosotros no estábamos demasiado cuerdos, así que tampoco sabía de que me extrañaba.
Levanté la vista para encontrarme con las cúpulas de aquella extraña catedral que tanto había fascinado a ese niño. Ya me había exigido que le compensara por no dejarle entrar la primera vez que estuvimos en aquella ciudad, aunque de momento se contentaba con observar el imponente edificio desde su posición bajo la torre del Kremlin, una enorme fortaleza amurallada que apenas nos abrigaba del viento que recorría todo el lugar.
Rodeé sus hombros con un brazo, mientras que posé la mano que tenía libre en su mejilla, la cual estaba tan fría como supuse.
- Dejemos de hacer el idiota de una vez y regresemos. No quiero que termines llenando la cama de mocos. Así que más vale que no te pongas enfermo.
Allen alzó una ceja, pero no se movió un ápice.
- ¿Por qué te empeñas en cargarte siempre los momentos bonitos? Yo y mis mocos estamos bien, gracias. ¿Podrías ser un poco romántico y cerrar el pico un rato? Hasta ahora te estabas portando muy bien.
Sí, y yo mismo me preguntaba el porqué de eso, puesto que ese enano me había sacado de paseo a las tantas de la madrugada, con un frío de perros. Tendría que estar bastante cabreado, aunque en realidad no me sentía molesto. Pero tampoco le convenía tentar a la suerte. A mí todas esas cosas no me iban, a pesar de que tenía que admitir que estar junto a él en ese instante era bastante agradable. Como un fuego cálido que se había instalado en mi interior, manteniéndome sereno.
En un movimiento involuntario, acaricié sus cabellos con suavidad, logrando que su sonrisa se ensanchara. Lo ignoré, ya que sabía que estaba deseando burlarse de mí, pero le gustaba demasiado aquella situación como para destrozarla con un comentario inadecuado. Parecía disfrutar con el simple hecho de poder estar conmigo.
Él se estiró y besó mis labios, en un suave contacto que convertí en algo mío, rozándole como si el mundo a mi alrededor acabase de desvanecerse y no existiese nada más que él.
Cuando nos separamos y sus orbes grises me observaron fijamente, me sentí como un auténtico idiota, al notar como un par de palabras estúpidas se habían quedado entre mis labios, a punto de ser pronunciadas. Me tragué aquel ridículo "te quiero" como si nunca hubiese pasado por mi mente. Yo ya sabía lo que sentía por él y hasta qué punto se había convertido en el pilar maestro que ahora soportaba las bases de mi vida. Pero tampoco tenía porque mostrarle que le necesitaba. Aunque mi propio interior gruñera debido a aquella afirmación.
Ante el gesto agrio que cruzó mi rostro, Allen sonrió.
- ¿Y esa cara?
- Nada – Solté sin tener que pensarlo. Mis propios sentimientos me sacaban de quicio, a pesar de que en aquel momento solo por ellos seguía adelante.
El chico ladeó la cabeza para después acomodarse del todo en mi regazo.
- Te quiero. - Dijo entre risas mientras escondía su cara en mi cuello. ¿Pero qué coño...?
- Pues vale – Contesté con tono bastante frío, preguntándome cómo leches se las había apañado para saber en que estaba pensando.
- La gente normal en estas situaciones responde "Yo también"
- Pero yo no soy normal, así que perfecto. Fin del asunto.
Allen suspiró con un mohín.
- Me exasperas, en serio. Menos mal que tus ojos hablan más que tú.
Los cerré sin darme cuenta, lo que hizo que él volviera a reírse. Había aprendido a tomarse mis malas contestaciones con humor.
Sabía que no debería tratarle así, e incluso aunque a veces me sintiera miserable por ello, no podía evitarlo.
Claro que yo no tenía la culpa de que él fuera un tremendo idiota que decidió dejarlo todo por mí. Cada vez que lo pensaba, me parecía tan dramático que hasta me daba risa. Pero a él le gustaban todas esas cosas: hacerse el héroe, hacer gilipolleces por amor... era demasiado de su estilo, así que yo no era el más indicado para decirle nada. Aunque me jodía pensar que yo era el responsable de ello.
Pero él no lo estaba pasando precisamente mal tampoco. Era transparente como el cristal cuando se trataba de sus sentimientos, y yo podía estar seguro de que era bastante feliz. Es más, estaba convencido de que para él aquello era alguna especie de retorcida luna de miel en lugar de una huida. Ese chico siempre se tomaba las cosas con demasiado optimismo.
Aunque quizás por esa razón yo traté de hacer como si nada hubiese ocurrido, fingiendo ser humano solo para no herirle, ignorando a ese maldito destino ya escrito como si éste no estuviera a punto de golpearme sin piedad, recordándome una realidad que nunca debería haber olvidado.
Me quedé ensimismado, observando una de las lámparas más cercana. Me mantuve un par de minutos en silencio, sin moverme siquiera, hasta que sentí como algo pellizcaba mi mejilla y tiraba con fuerza.
Me volví, preparado para partir en dos a la bola-mascota del Moyashi. Tan despistado estaba que ni recordé que el golem se había quedado en Londres, en aquella iglesia semi-derruida. Al final Allen se dio cuenta de que no era seguro llevarlo consigo, aunque eso no significaba que no se quejase de vez en cuando, acordándose de ese bicho del demonio.
Vi entonces a aquel enano aun con un par de dedos sobre mi cara, mirándome con una cólera bastante impropia de él.
- Deja de hacer eso ahora mismo.
¿"Eso"? Tuve que pensarlo un rato para entender a que se refería, aunque fue el mismo Allen quien me lo aclaró.
- No quiero verte deprimido ¿De acuerdo? Las cosas son como son, así que dejalas pasar y punto. No ganas nada con obsesionarte.
- No estoy deprimido – Respondí claramente, como si el resto de la frase que me acababa de decir no tuviese importancia.
El crío negó con la cabeza, probablemente preguntándose porque soportaba todo eso. Trató de decirme algo, pero no le di la oportunidad.
- No quiero hablar del tema. Es complicado olvidarse de algo si te lo están recordando continuamente. Deja de preocuparte de una jodida vez. No tengo planeado suicidarme hoy – Encogí los hombros ante su mirada de consternación – Pero puede ser que sí lo haga mañana si no paras de decir gilipolleces. Quien sabe.
Un nuevo pellizco más contundente y doloroso hizo que tuviera que recurrir a todo mi auto-control para no devolverle el ataque y comenzar una batalla campal. Puede que aun no hubiese aprendido a respetarle, pero al menos tenía más paciencia con él. Unos meses atrás le habría partido la cara si hubiese hecho algo parecido.
- ¡No digas esa clase de tonterías, idiota! Ni siquiera en broma. No me hace ninguna gracia.
Le vi fruncir el ceño con una mueca de disgusto. Al observar su expresión, supe que ese crío pasaba demasiado tiempo conmigo.
- Dicen que todo lo malo se pega - El niño ladeó la cabeza, consternado – Vuelve a poner esa cara y juro que te la quitaré de un puntapié. No quiero que te comportes como yo. Me pones nervioso.
Conseguí que volviera su estúpida sonrisa, acompañada de una carcajada.
- Tienes el mismo tacto para animar a alguien que una lija de grano grueso. De todas formas, gracias por intentarlo. Ojala hubiese aprendido antes a traducir el "idioma Kanda" al inglés. Me hubiese ahorrado muchos disgustos.
Soltó un bostezo y volvió a convertir mi hombro en su cojín, haciéndose un ovillo. El muy estúpido tenía frío y se estaba muriendo de sueño, pero aun no accedía a moverse de aquel lugar. Le abracé con más ímpetu, tratando de servirle de cobijo frente al viento helado que había comenzado a soplar, ya que si ese idiota enfermaba terminaría sintiéndome culpable por no haberle sacado de allí.
Al final el crío cedió ante su propio cansancio y se quedó profundamente dormido. Yo observé el cielo nocturno durante largo rato, hasta que el azul oscuro se tornó en malva, naranja y añil, haciendo con esto que las personas más madrugadoras comenzaran a cruzar la plaza dirigiéndose hacia algún lugar que poco podía importarme.
Desperté al enano después de un rato, cuando unos desagradables sonidos provenientes de su estómago comenzaron a sacarme de quicio.
Le obligué a levantarse y le arrastré por las calles, no demasiado seguro de que Allen fuese a despejarse en algún momento. Pareció volver a la vida cuando después de un rato llegamos a la puerta de un restaurante y el olor a comida recién preparada le golpeó de lleno. Por fin se dignó a despertar después de que su estómago volviese a rugir con fuerza.
Antes de que tuviera tiempo de pedirme explicaciones, le empujé para que entrase al establecimiento, seguro de que en cualquier momento sus tripas cobrarían vida propia debido al hambre y terminarían arrancándome la yugular.
Cuando nos sentamos, Allen observó con los dientes largos los platos de las mesas vecinas.
- Oye, Kanda...
- Cállate, yo me encargo de pedir. Solo cierra el pico y espera.
Allen se hizo el ofendido, para no perder la costumbre, pero guardo silencio y dejó que yo hablase. Yo observé el restaurante en busca de algún camarero. Curiosamente, aquel sitio me resultaba extrañamente familiar.
En seguida acudió una mujer sonriente para atendernos. Yo solo pude soltar un gruñido nada disimulado al reconocer a aquella petarda de pelo rubio que había estado coqueteando meses atrás con el Moyashi.
Y por lo visto ella tampoco había podido olvidarse de mí, ya que vi como el brillo que se había instalado en sus ojos al ver al enano desaparecía de pronto al girarse y encontrarme allí. Sus dientes chirriaron de pronto casi imperceptiblemente. Entonces ella recurrió a la poca inteligencia que podía tener y se dio media vuelta ante la mirada confusa de Allen, y en su lugar acudió otra chica, instada por la rubia, la cual sin darse cuenta del todo de que ocurría, apuntó lo que le dije y se marchó de vuelta a la cocina sin mediar palabra.
Allen me observó un momento, sin entender que es lo que estaba ocurriendo.
- ¿Pero qué...?
- No preguntes.
- ¿Qué tienes en contra de esa chica? Ésta es la segunda vez que la asustas.
- ¿No te he dicho que no preguntes?
Se quedó en silencio un momento, para luego soltar en tono burlón, bastante venenoso.
- No me lo puedo creer ¿Por aquel entonces ya estabas celoso?
- ¡No eran celos! - Exploté, dándole una satisfacción que hubiera preferido no darle, ya que le di la oportunidad para que continuase. Eso y que todas las personas que nos rodeaban se pensaban que aquello era desayuno con espectáculo, ya que habían decidido centrar su atención en nosotros, a pesar de que ninguno de ellos debía enterarse de nada puesto que hablábamos en inglés.
- Kanda... ¿Yo te gustaba?
Sentí como si una flecha acabase de perforarme la sien. Miré hacia otro lado con el ceño fruncido, seguro de que esa pregunta que acababa de formularme era la más estúpida que había oído en mi vida.
- Jo, hijo, pues que bien lo disimulabas. Nadie lo hubiese pensado.
- Yo no te he dicho que sí. No sobreentiendas lo que te da la gana.
Por suerte, antes de que Allen pudiera continuar con la conversación, la camarera fue poniendo todos los platos en la mesa, preguntándose en voz baja si realmente existía un monstruo que fuera capaz de comerse todo aquello. Él se abstrajo con la comida y yo me quedé tranquilo un rato, ya que no tuve más que dedicar una mirada asesina a todos los observadores para que regresasen a sus asuntos. Puta casualidad haber ido a parar a aquel restaurante, como si no hubiesen más en toda la maldita ciudad.
Allen devoró toda la comida a la velocidad del rayo y solo se detuvo después de un rato, mirándome con el ceño fruncido.
- ¿Qué pasa contigo?
Solo por el tono que había usado, pude saber que estaba buscando bronca otra vez.
- ¿Qué pasa de qué?
- ¿No piensas comer nada?
Cerré los ojos momentáneamente. Así que se trataba de eso...
- No es necesario.
- Llevas tres días sin probar bocado...
- ¿Y qué? Ya te he dicho que no lo necesito.
Se asomó por detrás de su torre de platos, nada convencido.
- ¿No tienes hambre?
Mi estúpido cuerpo respondió por mí, haciendo que mi estómago soltara un gruñido lo suficientemente alto como para que Allen lo oyese. No necesitaba la comida ya que no era de ahí de donde yo sacaba la energía, pero si no hubiese comido nada, la Orden en seguida se habría dado cuenta de que yo no era humano. Por eso probablemente había en mi cuerpo un traicionero mecanismo que me obligaba a sentir hambre, de ese modo me obligaba a alimentarme y no levantaba sospechas.
Allen solo respondió tendiéndome uno de los muchos platos que aun no había tocado. Yo volví a dejarlo en su sitio. Era una estupidez desperdiciar comida en mí solo porque debía realizar actividades humanas para así sentirme menos monstruo ante sus ojos. Él ya había demostrado que no le importaba lo que yo fuese, por lo que era mucho más útil que ese enano llenase el buche.
- ¿Por qué eres tan crío? Solo es un plato. No me voy a morir de hambre si te lo comes.
Volvió a hacer el mismo movimiento, pero yo le ignoré. Afianzaba mi posición el hecho de que la comida rusa seguía pareciéndome asquerosa. Sinceramente, prefería seguir pasando hambre que comer esa basura.
- Termina de comer y mantente en silencio. No me trates como si no supiese lo que hago.
- ¿Por qué tienes que pasar hambre si hay comida? No lo entiendo.
- ¿Y por qué coño voy a comer si no lo necesito? Solo es una pérdida de tiempo.
Allen pareció ceder y volver a la comida a regañadientes, hasta que de pronto dejó de nuevo los cubiertos sobre la mesa y se levantó.
- Pues ala, yo también haré lo mismo. Si tú no comes, yo tampoco. Fin del asunto.
No, si la cuestión era llamar la atención allá donde fuésemos. Menos mal que se suponía que lo mejor que podíamos hacer era pasar desapercibidos. Yo traté de no alterarme, aunque ese crío no me lo estaba poniendo nada fácil.
- ¿Ahora quien coño es el crío? Siéntate y dejate de estupideces.- Pero él se negó. Si estaba intentando lidiar conmigo, tenía todas las de perder. Me levanté y le miré fijamente - ¿Eso es lo que quieres? Vale. Paga y vámonos.
Se dirigió a una de las camareras y le dio el dinero, para luego ir hacia la puerta del establecimiento y salir sin más. Yo le seguí, impresionado por el estúpido tira y afloja que acababa de empezar.
Caminó con rapidez, malgastado más energía de la que debería. Bien, en menos de un par de horas ese enano estaría arrastrándose por los suelos, rogando por un mendrugo de pan, así que tampoco me preocupaba demasiado.
Solo podía esperar que ningún jodido e inoportuno akuma apareciera durante ese momento de protesta irreflexiva que al Moyashi le había dado por tener. No necesitaba más problemas añadidos.
Regresamos al hotel juntos aunque como si hubiéramos ido por separado, mirando los dos hacia otro lado como si no nos conociésemos de nada. Bien, la magia de la noche romántica se había esfumado bastante rápido y no parecía volver a repetirse en algún momento cercano. Bastante tenía con la estúpida Guerra Fría que me iba a tocar soportar. Saber que al menos mi contrincante no tardaría en ceder era un consuelo. Solo era cuestión de tiempo.
OoOoOoOoO
Observé el borde de las sábanas, solo visibles gracias a la luz artificial que entraba desde la calle. Me abstuve de soltar un suspiro mientras escuchaba con atención la profunda respiración del chico que estaba tumbado a mi lado, tratando de hacerse el dormido.
Porque estaba seguro de que era completamente imposible que ese crío pudiese pegar ojo, primero porque sus tripas sonaban como un escandaloso concierto de gatos en celo, con lo cual nadie que no sufriera de sordera crónica hubiese podido dormir; y segundo, porque el dolor de estómago que debía sufrir tenía que tenerle destrozado, y podía hacerme una idea porque yo estaba pasando por una situación bastante parecida, aunque por suerte mucho menos escandalosa.
Pero a pesar de ello no me daba la gana que se saliese con la suya. Aun no comprendía como ese enano había aguantado tres días seguidos sin comer. Podía ser tan obstinado que realmente me sacaba de mis casillas. ¿Tan complicado le resultaba entender el porque yo no quería comer? Su estupidez tenía límites, o por lo menos eso creía yo. Estaba poniendo en peligro su salud física y mi salud mental por una estupidez, pero yo no sabía razonar con él, así que había sido más sencillo seguirle el juego y cabrearme con él por razones absurdas. Resoplé y traté de acomodarme mejor, hasta que un nuevo rugido proveniente del vientre de aquel crío me sacó totalmente de mis casillas.
- Ya basta. O comes y haces callar a tu jodido estómago o me largo de aquí.
Yo, que acababa de incorporarme, le miré desde arriba, esperando una respuesta que llegó en forma de bufido e indiferencia. El Moyashi giró sobre si mismo, aun tumbado, y me dio la espalda, ignorándome por completo.
- ¿Me has oído?
- Kanda ¿Podrías callarte, por favor? Algunos intentamos dormir.
- ¡Y una mierda con eso! No podrías dormir ni aunque te tomaras tú solo un cargamento de somníferos. Deja de hacer el gilipollas y ve a comer algo de una maldita vez.
Se sentó sobre la cama muy serio y me miró fijamente.
- ¿Vas a comer tú también?
Apreté los puños, alcanzando mi límite.
- No, no pienso comer. Y no como porque no me sale de los cojones que intentes hacerme chantaje emocional con esto. ¿Quién coño te has creído que eres?
- Me creo alguien que no sabe como lidiar contigo, porque te da igual que me preocupe por ti. Es como si yo no tuviera derecho a pensar en como te sientes tú.
A ese crío le encantaba discutir conmigo, definitivamente.
- No necesito que estés detrás de mí todo el día porque yo puedo cuidarme solo, por eso me jode que me dediques tu atención de ese modo cuanto tú eres más débil y es mucho más probable que acabes herido. Céntrate más en ti mismo.
- ¿Pero que tontería es esa? ¿Se supone que no deberías importarme porque eres más fuerte que yo? - Centré mi atención en el marco de la ventana, haciendo con eso que sus nervios saltasen – ¡No te soporto! ¡Pues ala, sigue comportándote así! Si realmente quieres quedarte solo, tranquilo porque al final vas a conseguirlo.
Vi como Allen salía de la cama y se vestía, pero aun así yo no hice nada por detenerle. Antes de que pudiese dejar de chirriar los dientes para soltarle algún grito, él ya se había marchado.
Se fue sin hacer ruido, probablemente para no despertar a los demás huéspedes del hotel, pero para mí había sido como si el Moyashi acabase de dar un portazo. Apreté los puños, conteniéndome para no golpear la pared. Joder, siempre pasaba lo mismo. Era como si él no quisiera comprender mi postura, siempre pensando en él mismo...
... Claro que yo hacía exactamente lo mismo. Era incapaz de ponerme en su lugar y entender como se sentía.
Me mantuve absorbido por una especie de trance que me dejó mirando a la nada con un nudo en el estómago. Si ni siquiera con cosas tan nimias como esas podíamos ponernos de acuerdo ¿Qué ocurriría con problemas realmente graves? ¿Cuánto tiempo lograríamos soportar nuestro mutuo desacuerdo? Aunque la pregunta era más bien, cuándo Allen se cansaría de lidiar conmigo y elegiría el camino fácil que su propio destino le dictaba.
Regresé a la realidad cuando el sonido del repicar de las gotas sobre el cristal de la ventana llegó hasta mí. Agité la cabeza, tratando de despejarme. No tendría que haber dejado que ese crío se marchase. Ahora probablemente estaría corriendo bajo la lluvia, triste, enfadado y muerto de hambre. Era el blanco perfecto para cualquier akuma que se le cruzase.
El nudo que tenía en el estómago subió hasta mi garganta. Sin pensar siquiera que con aquel gesto estaba cediendo a sus más que infantiles caprichos, me levanté y me vestí a toda prisa, para después salir del hotel rumbo Dios sabe donde. Mientras el agua fría mojaba mi cara, me sentí ridículo, pero aun así no me detuve. Si terminaba ocurriéndole algo por mi terquedad y su estupidez, no podría perdonármelo. Después de todo, mi propio deber auto-impuesto era cuidar de él.
Después de buscar sin descanso por todas las calles por las que podía haberse ido, pude ver una silueta sentada en medio de un callejón, observando al cielo. Me acerqué con paso lento, llamando su atención, pero sin conseguir con ello que sus ojos se fijasen en mí. Deje que la lluvia empapase mi pelo sin preocuparme demasiado por ella. Traté de que ni un solo gesto se reflejara en mi rostro, permaneciendo de pie hasta que al fin Allen se dignó a levantar la mirada y darse cuenta de mi presencia.
- Te enfadas por estupideces. - Espeté con una mueca, la cual no afectó un ápice al brillo de sus ojos, los cuales estaban opacos y fríos como la piedra caliza.
- Tal vez... - Susurró sin mucho ánimo, volviendo a clavar los ojos en los adoquines mojados sobre los que se encontraba sentado - Aunque creo que tenemos conceptos diferentes de estupidez.
- ¿Ah, si? ¿Y según tu cuales son?
Me acerqué un par de pasos a él, pero continué observándole desde mi posición erguida.
- Pues...probablemente para ti yo soy estúpido por salir corriendo. Y para mí el estúpido eres tú por ser tan obstinado.
- ¿Soy obstinado porqué no hago caso de tus chorradas?
- Sí, justo porque son chorradas no te costaría nada ceder un poco.
Endurecí mis facciones. Sabía perfectamente que tenía razón, pero la solución correcta era pedirle perdón y yo no me sentía capaz de admitir que estaba equivocado.
- No puedes obtener siempre lo que quieres.
- No, si ya. Está claro que nunca puedo obtener lo que quiero de ti.
¿Qué se supone que significaba eso? Algo me decía que lo mejor era cerrar el pico, pero no pude hacer caso a mi cerebro y callarme.
- ¿Y qué quieres de mi?
Me senté a su lado, observando comos sus cabellos mojados cubrían su rostro levemente sonrojado. Seguramente ese idiota se había puesto enfermo, así que esperé que su berrinche no durara mucho y entrara de una vez en razón.
- No sé... Quizás un compañero, alguien en quien confiar y que confíe en mi. Querría poder entenderme contigo. Pero tú ya lo has dicho. No se puede tener todo lo que se quiere.
Apreté los puños, cerrando los ojos mientras respiraba hondo.
- ¿Y qué se supone que tendría que hacer yo?
Sus ojos grises se levantaron de pronto con un brillo inexplicable.
- No tendría que decírtelo.- Me miró con el ceño fruncido, visiblemente molesto - Se supone que el adulto aquí eres tú ¿No? Deberías saberlo.
- Joder Allen, estoy intentando arreglar las cosas. Pon de tu parte también.
- ¿Estás dispuesto a escucharme? No puedo creerlo. ¿Va enserio?
Alcé una ceja, tratando de mantener la calma.
- Venga, escupe todos mis malditos defectos de una jodida vez. - Me miró un momento, extrañado - Eso es lo que quieres ¿No?
Allen suspiró, echando los hombros hacia atrás.
- Odio que te encierres en ti mismo y que no me dejes participar de tus problemas.- Vi como el enano empezaba a enumerar mis defectos con los dedos, como si fuera algo en lo que había pensado durante bastante tiempo- Eres un egoísta y un ególatra y crees que eres el único capaz de hacer las cosas bien. Tu orgullo no te deja ver cuando estás equivocado y aunque te dieras cuenta, no sabes pedir perdón. No confías en mi. Nunca te pones en mi lugar. Eres muy brusco y no me tratas bien. No sabes demostrar tus sentimientos...
- ¿Pero que coño...?- Le corté, impresionado.- ¿Te has hecho una puta lista?
- ...Oh, y además eres un mal hablado y no me gusta tu pelo largo.- Miró un momento al cielo, para luego concluir - Creo que eso es todo.
Traté de que no se notara mucho el tic que acababa de darme en el ojo, ignorando la referencia a mi lenguaje y a mi cabello. Suspiré tratando de reunir la poca calma que yo podía tener.
- ¿Y bien? ¿Qué quieres decir con eso?
- ¿Como que "y bien"? ¿Nunca te has planteado intentar cambiar?
- ¿Que pretendes? ¿Que me convierta en otra persona?
- No, pretendo no volverme loco por estar contigo. Solo quiero que entiendas como me haces sentir. Quiero que al menos te disculpes cuando me haces daño.
- ¡No lo hago adrede! Yo...
Me observó seriamente, con tal fuerza que no tuve más remedio que callarme.
- Algo falla entre nosotros y lo sabes. Y para arreglarlo los dos tenemos que poner de nuestra parte. Siempre intento comprenderte y apoyarte, pero no es suficiente. Necesito que te abras a mi, por favor.
- No soy el único que comete errores...
Allen se levantó, comenzando a enfadarse.
- ¡Ya sé que yo también tengo defectos! ¡Y sé que hay muchas cosas que no hago bien! Pero te quiero, por eso intento arreglarlo. Sin embargo tú en eso no te molestas.
- ¿Qué cojones estás intentando decirme?
- Pues la verdad, que si sientes algo por mi, muchas veces no lo parece.
- ¿¡Entonces qué coño estoy haciendo aquí!? ¿¡Por qué me molesto en hablar todo esto!?
- ¡Da igual!¡Déjalo!¡Sabía que era imposible llegar a algo contigo!
Con un par de lágrimas apiladas bajo sus parpados, intentó irse, pero me puse en pie con rapidez, sujetando su muñeca antes de que pudiese dar siquiera un paso.
Él, mordiéndose el labio inferior, trató de soltarse.
- Lo siento.- Allen detuvo su intento de fuga de inmediato y volvió su rostro hacia mi - He cometido un error. La culpa es mía. ¿De acuerdo?
- Kanda...
- No quería que llegásemos a está maldita situación. Si no he querido comer es porque tú lo necesitas mucho más. Solo quería que tú estuvieses bien.
- Idiota. ¿Y tú no lo necesitas o qué? Sé perfectamente que sientes hambre y eso es doloroso. Por eso no quería que hicieses algo así. Yo no quería que fueras tú el que sufriese por mí.- Abrí la boca para contestarle, pero él me cortó - ¡Y no me vengas con eso de que no tengo que preocuparme por ti!
- Pero...
- ¡Qué te calles! A eso me refería. Kanda, tengo que saber quien eres. Quiero conocer a la persona que amo. Tienes que confiar en mi.
- Pues empezamos bien. Ni siquiera estás enamorado de una persona...
- Yo...espera. ¿Qué has dicho?- Me agarró por el hombro con más fuerza de la necesaria - ¿Qué clase de tontería es esa? ¿Has estado pensado en eso todos estos días?.
Bajé la vista con el nudo de mi garganta prácticamente asfixiándome.
- Cuéntamelo.
- Yo no...
- Kanda, por favor.
Suspiré. Me jodía a sobremanera, pero no tenía otra opción que contárselo si realmente quería arreglar las cosas.
- Tú lo sabes mejor que nadie. Soy un monstruo. Con el paso de los días, tengo la impresión de que entiendo cada vez menos todo lo que ocurre a mi alrededor. No comprendo que hago aquí. - Me llevé la mano a la frente, retirándome el flequillo en un gesto de nerviosismo. Aun no había llegado a la parte más difícil - Yo... no quiero aceptar que solo fui creado para ser un lastre en la profecía. Cada vez que pienso que llegará el momento en el que te irás con la persona con la que debes estar tengo...
Allen agarró mi mano con firmeza cuando en ese momento me quedé sin voz. Me destrozaba pensar en todo aquello, así que confesárselo a él, mostrarle mi debilidad, era un autentico suplicio.
- ¿Tienes miedo? Bueno, eso demuestra que sí tienes algo de humano. Solo las personas sufren por ese tipo de cosas - Me sonrió, tratando de transmitirme tranquilidad, consiguiéndolo de algún modo - ¿Realmente quieres que esté contigo?
- Por supuesto que sí, estúpido.- Suspiré, sintiéndome como un idiota - Tú...ahora mismo...eres lo único que me ata a la realidad. Eres lo que me equilibra, lo que me ha hecho pensar que quizás merezca la pena continuar luchando. Pero cuando te vayas yo...no sé si podré soportarlo.
Se mantuvo en silencio, sabiendo que aun no había terminado.
- Por eso siento que tengo la obligación de cuidar de ti. Y como sé que eres un idiota, no puedo permitir que te preocupes por mi, justo porque te veo capaz de hacer alguna tontería innecesaria.
Me quedé observando el lazo rojo que adornaba su camisa, destacando sobre el resto de su ropa. Aquello se me estaba haciendo más complicado de lo que pensaba.
- Eso suena demasiado caballeroso y desinteresado para haberlo dicho tú.- Allen rió levemente, aunque con una rapidez casi abrumadora, una mueca triste se poso en su rostro - O quizás no. En realidad es tan egoísta como podía esperar. Es como si me vieses como un inútil.
- Correcto.- Solté sin pensar, ganándome un pellizco bastante agresivo en el brazo.
- ¿Quién te has creído que soy? ¿Una damisela en apuros?.- Se cruzó de brazos, fingiendo indignación - No necesito que nadie se sacrifique por mí.
- No todos somos mártires en potencia, Allen. Puedo protegerte si ningún alarde de heroísmo suicida.- Él bajó la mirada, algo avergonzado - ¿Ahora entiendes a qué me refiero? Tu idea de ayudar a alguien es sinónimo de sacrificio. Por eso no quiero que me ayudes. Porque si no serás tu el que cargue con todo.
Allen soltó un suspiro, para luego mirarme en un gesto cómplice.
- Así que eso es culpa mía ¿Eh?
- Ya te lo he dicho. Yo no soy el único que se equivoca.- Dejé que el aire húmedo y frío entrase en mis pulmones, el cual me atravesó como agujas de hielo - Yo lo que quiero evitar es que termines haciéndote daño a ti mismo. Todo lo demás, ser un monstruo, o quedarme solo, eso es lo de menos. Aunque me joda, si tú estás bien, si eres feliz, el resto no importa.
Apenas fui consciente de que sus brazos me habían rodeado hasta que sentí su cabeza apoyarse sobre mi hombro.
- Eres tan idiota...- Susurró levemente. Al parecer había tocado alguna de sus muchas fibras sensibles.
- Dicen que todo se pega.- Acaricié sus cabellos, pasando después la mano a su rostro, donde me permití devolverle el favor y estirar con fuerza su mejilla, logrando que soltase una leve queja - Eres una autentica molestia.
Se sobó la zona dañada, torciendo los labios en un gesto de molestia.
- Tal vez. Pero admite que no puedes vivir sin mí.
- Cierra el pico.- Fruncí el ceño ante su risa jovial, rechinando los dientes - Larguémonos de aquí o terminaras poniéndote enfermo.
Allen fue a decir algo, pero antes de ser capaz de abrir la boca, se sentó en el suelo, llevándose una mano a la frente.
- ¿Te encuentras bien?.- Le pregunté mientras me acuclillaba a su lado - Probablemente estés consumiendo la poca energía que te queda. Al final siempre te sales con la tuya. Venga, levanta y vamos a comer algo antes de que te desmayes. No quiero tener que cargar contigo.
- Pero si tuvieses que llevarme acuestas, lo harías ¿verdad?
Me incorporé, girando sobre mí mismo para mirar a la salida del callejón, dándole la espalda al enano.
- En realidad, te dejaría en algún sitio donde los cuervos puedan acceder bien a tu cadáver - Estuve seguro, sin necesidad de volver la cabeza, de que una gota de sudor mezclada con el agua de lluvia resbalaba por su sien - Y la próxima vez que intentes influenciarme para que diga alguna gilipollez romántica, te arrancaré la cabeza.
Allen soltó un bufido, levantándose y avanzando hasta quedar a mi lado.
- Creo que aun tenemos mucho que arreglar , Kanda. Seguimos a años luz el uno del otro.- Se estiró, acercándose a mi rostro para poder regalarme un beso suave que no me dejó profundizar, ya que comenzó a caminar, girándose después y mirándome un momento mientras dibujaba una sonrisa tranquila - Aunque bueno, tengo todo el tiempo del mundo para que entres en razón. No hay prisa.
Alcé una ceja ¿Qué entrase en razón? Le observé alejarse lentamente, esperando a que le alcanzase. Negué con la cabeza, evitando soltar un suspiro innecesario. Realmente, parecía imposible que pudiésemos alcanzar un punto común. Aunque bueno, tendría que hacer el intento. Allen lo había dicho, teníamos todo el tiempo del mundo para ello.
OoOoOoOoO
Levanté la cabeza, repasando con la mirada cada pequeño resquicio que adornaba el techo de aquel restaurante. Que largas se me hacían las horas de la comida. Tras acabarme el plato que Allen me obligaba a comer con mirada suplicante, solía dedicarme a fruncir el ceño, de manera suficientemente amenazante como para que los comensales de las demás mesas notasen mi aura asesina y volvieran a sus asuntos, ignorando a aquel albino suprahumano que devoraba todo lo que se le pusiera por delante, pero después de un rato largo me cansé, y me limité a esperar a que ese enano terminase.
Parecía que Allen estaba de bastante mejor humor, lo cual agradecí silenciosamente. Después de que la noche anterior acabase con las reservas del restaurante al que fuimos, dejando en el proceso al pobre dueño del local con la boca abierta, el crío se relajó bastante, dejándome más tranquilo. Bien, habíamos superado aquello. Por alguna razón me sentía algo más cercano a él a pesar de que en realidad todo seguía como antes. Quizás eso podía considerarse un avance. Para la próxima vez podría arreglar las cosas antes de que tuviésemos que llegar a alguna discusión innecesaria. Porque habría una próxima vez, eso no lo dudaba, puesto que era un esfuerzo importante intentar ponernos de acuerdo, después de todo.
Volví a mirar al frente, estirando el cuello. Vi entonces el brillo plateado de unos ojos curiosos que me observaban acompañados de una sonrisa simpática.
- ¿Qué tal?- Preguntó un momento, regresando después a la comida que tenía delante mientras yo alzaba una ceja.
- Hasta los cojones. Termina de una maldita vez y vayámonos de aquí. No me gusta tener que estar entre tanta gente.
- Oh. Me parece bien.- Comenzó a comer con más lentitud, retándome. Ignoré su provocación y esperé con una paciencia que no sabía ni que tenía. Quizás había aprendido a desarrollarla para no terminar cargándome a ese crío en algún ataque de nervios.
Me recosté sobre la mesa, dedicándole un gruñido molesto a una asquerosa señorita que no me había quitado ojo desde que habíamos llegado al local. Ella se sonrojó y fijó la vista en el plato de sopa que tenía delante, malentendiendo probablemente mi gesto. Me dio lo mismo, la próxima vez que me mirara no pensaba ser tan amable con ella.
- ¿Qué te pasa? ¿Estás aburrido?
- No, ya te lo he dicho. Estoy hasta los cojones. Vámonos ya, joder.
Volví a sentir la mirada de aquella pesada sobre mi, tuve que recurrir a todo mi autocontrol para que Allen no me volviese a tachar de maleducado. Para que luego ese crío dijese que no miraba por él.
- Oye, Kanda.- Levanté la vista, asqueado. Él señaló a la mujer que acababa de convertirse en búho, siendo yo la victima de su constante acoso visual – Esa chica no es rusa ¿verdad?
- Ni lo sé ni me importa. ¿Por qué?
Una sonrisa medio siniestra se instaló en su rostro mientras se levantaba.
- Bueno, vamos a averiguarlo.
Ante mi mueca de estupefacción, Allen se acercó a la mesa vecina con un gesto amigable muy mal fingido.
- Perdone, señorita.- La chica asintió, comprendiendo el idioma en el que el crío hablaba - ¿Podría, si no es mucha molestia, limpiarse la baba que se le está cayendo por observar a mi compañero? Está dejando el suelo perdido y alguien podría resbalarse.
Ante el gesto de indignación de la mujer, Allen pronunció un educado "gracias". Para luego regresar y continuar comiendo como si nada hubiese ocurrido.
- ¿Pero que coño...?
Sin eliminar su extraña sonrisa, me observó.
- Tengo paciencia hasta cierto límite, yo tampoco soy de piedra.- Terminó con el único plato que le quedaba, convirtiendo su sonrisa en una mueca - ¿Ves como se pueden arreglar las cosas hablando sin necesidad de agresiones verbales?
- Y una mierda. Probablemente le has hecho más daño con ese comentario que si le hubieses pegado dos gritos.
- Bueno, hablando en plata, y como tú probablemente dirías, que se joda.
Allen comenzó a hacer aspavientos, llamando la atención de la camarera para que nos trajese la cuenta.
Así que ese chico era celoso. Curioso a la vez que inquietante, aunque de alguna manera aquello hinchó un poco mi ego, haciendo que apareciera en mi cara una sonrisa leve de superioridad. Realmente quería a ese enano.
Sentí de repente como el ambiente cambiaba y se volvía extraño. Allen se había quedado tieso, observando hacia la nada mientras la camarera que acababa de llegar fruncía el ceño confundida ante la actitud del chico, el cual metió la mano en el bolsillo para dejar después sobre el platillo de metal el dinero de la cuenta, saliendo del restaurante a tal velocidad que a penas me dio tiempo a darme cuenta de que se había marchado. Fruncí el ceño y corrí tras él preguntándome que coño le pasaba ahora.
Le busqué con la vista, avanzando a toda velocidad por una de las calles, sin ser capaz de localizarle. Escuché una explosión cerca de allí. Tendría que habérmelo imaginado. Llevé una mano hacia la empuñadura de Mugen, dirigiéndome hacia el lugar del que provenía el ruido. Apreté la mandíbula, desenfundando mi espada. Ese maldito crío irracional...¿para qué molestarse en decirme que había sentido la presencia de algún akuma? Era mucho más sencillo salir corriendo y terminar divididos.
Llegué hasta el lugar del que provenían los sonidos de lucha; una calle que culminaba en una pequeña plazoleta infestada de akumas, pero en ella no había ni rastro de la capa blanca que portaba Allen cada vez que luchaba. En lugar de eso, pude ver una luz roja que voló a la velocidad del rayo, destrozando a cuatro akumas de nivel tres sin la menor dificultad. Una forma quedó entonces suspendida sobre el aire, sopesando la situación, sin darse cuenta de que otros dos akumas volaban hacia su dirección.
Respiré hondo y salté para destruir a los monstruos con un solo corte. Mientras limpiaba mi espada de sangre me gané la atención de la persona a la que acababa de salvar. La cual me hizo alzar una ceja ¿Pero qué demonios...?
- ¡Kanda!.- Exclamó una voz femenina, mientras unas botas rojas se posaban en el suelo con suma elegancia- Tú...estás...
- ¿Qué coño haces aquí? ¿Nos has estado siguiendo?
- No...solo...Me alegro de que estés bien. He llegado a tiempo.- Lenalee alzó la mirada, derribando de una patada a otro akuma que acababa de acercarse - ¿No estás con Allen?
- Nos separamos hace un momento.- Corrí hacia el otro lado de la plazoleta para despedazar al monstruo que acababa de aparecer.- No has respondido a mi pregunta ¿Por qué estás aquí?
Ella me miró fijamente con una mueca que me fue imposible descifrar. Un leve brillo de preocupación se reflejó en sus ojos amatistas.
- La Orden quiere eliminarte y obligar a Allen a que regrese a la sede. Estoy aquí porque quiero evitarlo.
Ante la ausencia de más akumas por los alrededores, las botas oscuras se desactivaron, dejándola más cerca del suelo. Parecía mucho más pequeña cuando no se valía del poder de la inocencia, aunque yo sabía bien que su fuerza no se reducía un ápice. Su capacidad para cuidar de su "mundo" alcanzaba fácilmente la estupidez
- Eso no es nada nuevo. ¿Por qué te crees que hemos venido hasta aquí? Es lógico que estamos huyendo...
... Y era lógico también que acababan de encontrarnos. Fruncí al ceño mirando a la chica que estaba frente a mí. Sabía perfectamente cuales eran las intenciones de Lenalee. Después de todo, ella era como un libro abierto. Ella no pretendía perjudicarnos ni a Allen ni a mí. Pero si Lenalee había podido dar con nuestro paradero, cualquiera podría hacerlo.
- ¿Quién cojones va tras nosotros?
Ella suspiró, pero evadió mi pregunta como si jamás la hubiese formulado.
- Eso da igual. Lo más importante es encontrar a Allen y que os marchéis de Moscú cuanto antes.
- ¿Pretendes que intente sacar a ese crío de aquí cuando esta maldita ciudad está infestada de akumas? ¡Eso es imposible!
- Pues tendrás que hacerlo. Tú le quieres ¿No? Pues cuida de él. Yo me encargo de los akumas.
Antes de que pudiera quejarme por ese comentario, las botas oscuras creadas con su propia sangre volvieron a rodear sus piernas, para que segundos después Lenalee ya estuviera flotando un par de metros por encima de mi cabeza.
- Buscaré por el sur de la ciudad. Tú ves por el norte. - Sacó del bolsillo un golem, el cual voló hasta colocarse a mi lado – No está conectado a central, así que no habrá problema en que nos comuniquemos a través de él. Avísame si encuentras a Allen.
- Oye ¡Espera!...
Pero no pude decir más, ya que Lenalee había salido volando a tal velocidad que prácticamente desapareció ante mis ojos. Chasqueé la lengua y comencé a correr hacia el norte, tal y como ella me había indicado. No me quedaba más que hacerle caso. Después de todo, tampoco era como si tuviese otra opción.
Continué avanzando por las callejuelas vacías con rapidez en busca de alguna señal que me indicase dónde podía estar ese enano, y a la lejanía pude escuchar el indicio que esperaba en forma de una importante explosión.
Había comenzado a ir más rápido cuando vi como algo salía de repente de una de las calles que estaba a mi derecha. A penas fui capaz de parar para evitar el golpe, frenando en seco. Observé entonces como la forma que acababa de aparecer se me quedaba mirando con lo ojos bien abiertos.
Fruncí el ceño cuando por culpa de su falta de atención se topo de bruces con la fachada de una casa, estampándose estrepitosamente contra ella. Se retorció un poco, mientras una gota de sudor resbalaba por mi sien. No podía perder ni un segundo con aquel lamentable espectáculo.
Alcé una ceja y me dispuse a irme como si nada hubiese ocurrido, hasta que el chico que acababa de estrellarse se incorporó, mirándome con un notable brillo de confusión en sus ojos oscuros. Me quedé entonces con los pies anclados en el suelo. ¿Pero qué demonios...?
Llegaron entonces hasta mí los ruidos estridentes de una pelea cercana, pero no pude desviar al atención de aquel niño de pelo negro.
Comencé a caminar de forma inconsciente hacia él, apretando con fuerza la empuñadura de mi espada mientras chirriaba los dientes. Si era quien yo creía... si realmente ese hijo de puta era quien yo creía...
Al darse cuenta de que mis intenciones no eran precisamente buenas, el crío se encogió sobre si mismo, totalmente aterrado.
Detuve mi avance de pronto, soltando un hondo suspiro ¿En qué coño estaba pensando? Observé el pequeño bulto humano que tenía frente a mí. Era patético, casi tanto como yo lo estaba siendo en aquel momento. Él no era más que un mocoso de mierda. Incluso si realmente mis sospechas eran ciertas, y resultaba ser el auténtico dragón negro ¿Cómo iba a sentirme inseguro con semejante competidor? ¿Cómo iba Allen a preferir a ese crío antes que a mí?
No, definitivamente debía ser un error. El parecido del color de sus ojos con los míos debía ser pura casualidad. Él era bajito y escuálido, con unos rasgos occidentales ridículamente aniñados. Parecía débil e indefenso. Un completo inútil. Algo como él nunca podría estar a la altura de Allen. El dragón negro al que yo tenía tantas ganas de moler a palos no podía ser él.
Le dediqué una mueca de desdén, que él recibió asustado, con los ojos vidriosos, concentrándose en observar las enormes mangas que cubrían sus manos. Me giré y chasqueé la lengua. Aun tenía que encontrar a Allen y sabía que el tiempo no corría precisamente a mi favor. Algún akuma se encargaría de ese criajo de ojos oscuros cuando se terciase la ocasión.
No me dio tiempo a dar un paso, cuando vi un resplandor que nacía en algún lugar detrás de mí y pude escuchar un gruñido ronco y fuerte. Demasiado fuerte, demasiado ronco, demasiado parecido a un... Mierda.
Fui lo suficientemente rápido como para tirarme al suelo, justo cuando un dragón de escamas negras y ojos opacados saltaba por encima de mi cabeza. Con un nudo en al garganta, observé como la bestia se alejaba corriendo por una callejuela, como empujado por una fuerza inexplicable que le incitaba a avanzar.
Yo me quedé atónito. Una parte de mí se auto-reprendió, asegurando que debería haberlo matado, mientras que la otra me gritaba que fuese a por Allen y me lo llevase de allí para alejarle de aquel ser, antes de que él y el destino decidieran arrebatarme mi principal razón para seguir adelante. Afilé la mirada y eché a correr hacia el lugar donde se estaba llevando a cabo la batalla que había escuchado minutos atrás.
Me guié por el sonido estridente de un edificio derrumbándose. No tardé más de un par de minutos en llegar a una zona prácticamente en ruinas, donde tuve que parpadear un par de veces para comprender lo que estaba ocurriendo.
Allen, con su inocencia desactivada y bastante magullado, se encontraba apoyado en una pared, con el tronco doblado y luchando con todas sus fuerzas para no vomitar. Me dispuse a acercarme a él, pero fue imposible que la escena que se desarrollaba al otro lado de la calle no llamase mi atención.
Un joven pelirrojo observaba atónito como aquel dragón con el que me había topado hacia escasos minutos luchaba en unas condiciones muy desiguales contra otro dragón, igualmente negro, con la diferencia de que este era el triple de grande. Casi palidecí al ver el pentáculo que se encontraba en la garra derecha de aquel bicho.
Tenía tantas preguntas en mi cabeza que mi mente colapso y solo fui capaz de pensar en sacar a Allen de aquel lugar y que tanto Lavi como aquella lagartija del demonio se las apañaran como pudiesen contra aquel akuma de nivel indefinido.
Corrí hacia Allen y traté de interponerme en su campo visual para que no alcanzase a ver al dragón-akuma, aunque sabía que eso no serviría de nada. Él podía sentir la presencia de esos monstruos a kilómetros de distancia.
Toqué su hombro, llamando su atención.
- Tenemos que largarnos de aquí.- Agarré su mano derecha y tiré de él, pero no se movió - ¡Vamos, joder!
Habló con dificultad, como si estuviera a punto de desmayarse.
- Pero... Yo no puedo... dejar a ese akuma en la ciudad...
- Olvídate de eso. Sabes que no podemos luchar contra ese monstruo ¿Quieres que muramos todos o qué?
En aquel instante, el akuma apartó al Dragón Negro con un golpe contundente, como quien aparta una mosca. Lavi, que no se había movido un ápice desde que yo había llegado, fue capaz de reaccionar cuando el Dragón volvió a convertirse en el mismo niño de pelo negro que era antes. El bookman junior corrió para llegar hasta aquel enano y cogerlo al vuelo para evitarle el golpe. Antes de que me diese cuenta, Lavi ya se encontraba junto a nosotros con aquel crío en brazos.
- Allen, abre una puerta del Arca y vámonos. - Lavi parecía estar casi tan desesperado como yo. El chico miró hacia el peso que cargaba y rechinó los dientes al comprobar que estaba inconsciente. Fruncí el ceño. Aquello me dio muy mala espina.
Allen negó fervientemente con la cabeza.
- No... no podemos dejar a esa cosa aquí. Matará a todos los habitantes...
- No estamos en posición de preocuparnos por los demás. - Contesté perdiendo la poca paciencia que me quedaba – Lo siento por ellos.
- Oh, yo sí que lo siento por ti – Noté como algo frió se apoyaba en uno de los laterales de mi cabeza, rozándome el hombro. Miré de reojo para encontrarme con una imagen de mi mismo apuntándome con su brazo deformado en forma de arma de fuego. - Muérete. Estás en medio.
Oí el disparo, pero no sentí ningún proyectil atravesando mi cabeza. Allen volvió a respirar después de haberse quedado un momento con el corazón en un puño y dirigí la vista hacia donde él miraba en ese momento con ojos aliviados.
Una luz roja y brillante había desviado el ataque del akuma hacia el cielo. Aquella ráfaga color carmesí pasó de largo un momento, para luego regresar y enfrentarse de nuevo a aquel monstruo, el cual bloqueó sin la menor dificultad la patada que Lenalee acababa de propinarle.
Ella no tuvo más remedio que retroceder, quedando suspendida en el aire mientras observaba como la carcasa humana de aquel ser se deformaba, convirtiéndole de nuevo en un dragón que se conformo con lanzarle una llamarada a la chica. Lenalee voló lejos, evitando el fuego a duras penas. Ni siquiera ella y su inocencia evolucionada podían hacer algo contra aquel monstruo.
- ¿¡Qué es esta cosa!? - Gritó la chica mientras el akuma dirigió su mirada hacia Allen.
No había otra opción. En cuanto vi cuales eran las intenciones de aquel bicho, agarré la muñeca de Allen y comencé a correr todo lo rápido que pude, arrastrando a ese crío hacia las afueras de la ciudad. Supe que Lavi había empezado a seguirnos sin soltar al enano que cargaba en sus brazos, aunque en aquel momento, ese era el menor de mis problemas.
El akuma había alzado el vuelo y nos perseguía, prácticamente sobrevolando nuestras cabezas.
- ¿Piensas qué voy a dejar que te escapes de nuevo, Dragón Blanco? - Al oír aquello aceleré inconscientemente, hasta el punto de que Allen no pudo seguir mi ritmo. - No te servirá de nada huir. Te perseguiré hasta que logre de una vez arrancarte las entrañas y me devuelvas lo que es mío.
- ¡Abre una puerta del Arca de una puta vez! - Habíamos salido de la ciudad, y continuábamos nuestra carrera a través de una explanada vacía.
Allen miró hacia atrás, mareado, y al comprobar que el akuma estaba lo suficientemente lejos del casco urbano de Moscú, se concentró un momento para que una puerta luminosa apareciera ante nuestras narices.
Chirrié los dientes con fuerza. Nada me jodía más que huir de esa forma tan cobarde por segunda vez. Pero aquel ser estaba persiguiendo a Allen. No podía anteponer mi orgullo y mis ansias de pelea a su seguridad.
Conseguimos tomar la suficiente ventaja del dragón como para llegar hasta el Arca sin que nos rozase siquiera, hasta que Allen tropezó. Tiré de él, desesperado, logrando que se levantara y que siguiera avanzando, hasta que el sonido de algo cayendo al suelo desde el bolsillo de Allen hizo que el chico se detuviese de nuevo, pálido como el mármol.
Un broche plateado en forma de libélula quedó sobre el terreno pedregoso, casi como si hubiese sido abandonado. Allen hizo el amago de regresar a por él, resistiéndose a mis tirones. Apreté la mandíbula, consciente de la estupidez que yo mismo tendría que hacer para salir de aquello.
Cuando vi que Lenalee y Lavi nos adelantaban y entraban en el Arca, con un movimiento brusco empujé al niño hacia la puerta luminosa, obligándole a cruzarla, para después resoplar y correr como alma que lleva el diablo hacia la joya que yacía en el suelo.
Logré alcanzar la libélula sin dificultad, pero cuando me incorporé para ir a toda prisa hacia la puerta, solo pude quedarme estático al ver los chorros de sangre que habían comenzado a manchar el suelo que me rodeaba, brotando al ritmo de los latidos de mi corazón. Fui consciente del dolor segundo después, cuando me di cuenta de que unas garras negras y afiladas estaban perforando mi garganta, atravesándola de lado a lado.
El sabor metálico y asqueroso que inundo mi boca me obligó a levantar la vista hacia aquel mal monstruo, el cual solo se reía a carcajadas. Y entonces reaccioné sin darme cuenta. En cuestión de segundos, desenfundé a Mugen con la mano que no mantenía sujeta la joya, y consciente de que sus escamas actuaban como un escudo, dirigí mi ataque al único punto flaco que pude encontrar, metiendo acto seguido la hoja de la espada entre sus fauces abiertas, clavándosela en la mandíbula.
Mi sangre se arremolinó en el suelo junto a la sangre de aquella bestia, la cual se alejó volando entre gritos y maldiciones, dejándome allí solo.
Las heridas me ardían, matándome de dolor mientras mi conciencia comenzaba a nublarse. Solo fui capaz de dar un paso más, logrando con ello entrar en el Arca. Abrí entonces sin querer la palma de mi mano, dejando que el broche de plata chocase contra el suelo del arca, amortiguando su caída un macabro charco de líquido carmesí que se formó a mis pies. Después de eso únicamente pude ver una forma borrosa corriendo hacia mí antes de que todo se convirtiera en una espiral confusa que terminaba en el vacío, donde no había más que una profunda e irremediable oscuridad.
El rincón de las estupideces de Hermachis.
Glosario:
(1) Lampara de gas: Desde 1730 ya existía iluminación permanente en Moscú, pero como hasta el 1879 no aparecieron las lámparas de filamento y no fue hasta algo más adelante que se usaron para iluminar por primera vez una ciudad en EEUU. Como yo suelo datar D gray man en el 1891, me parecía complicado que la bombilla hubiese llegado a Rusia para entonces, así que para la iluminación que solía darse en la época, consideré que podrían ser lámparas de gas las que iluminasen Moscú. Aunque solo son aproximaciones mías
Bien, antes que nada, perdón por el retraso xP Mi desanimo generalizado combinado con el instituto y mi trabajo en el cosplay de Lenalee me ha absorbido y me ha costado tanto escribir como contestar los comentarios xP ¡Pero lo conseguí! Aunque el resultado no sea todo lo bueno que debería T.T Espero no decepcionar a nadie u.u
Bueno, muchas gracias a todos por vuestro apoyo n0n Jamás en mi vida había recibido tantos comentarios. Sois geniales n.n Así que eso, estoy muy agradecida a Meroko, Riznao, Yuuram-neko, yuki-souma, whitepain, LunnVic, Pink Nymphetamine, tenma-chan, , Dircray, Kurayami-Miko, mikyra-chan, Noriko, Shizuru, Sakura-Saku, HaindiR, mikixsacm y anonimolol por sus reviews, que me animan mucho a continuar escribiendo n0n Los comentarios de Meroko, Noriko, Shizuru, Sakura-Saku y anonimolol están contestados en mi perfil.
Gracias también a todos aquellos que leen , que les gusta el fic, y que tienen la paciencia suficiente para esperar a esta vaga que actualiza de pascuas a ramos xP
Preguntas sobre el caos que estoy formando, sugerencias, opiniones, críticas constructivas y demás, en un reviews XD
¡Hasta pronto!
