Realidad incorpórea

By Hermachis

Disclaimer: D Gray man no me pertenece. La dueña y señora de todo el imperio es Hoshino Katsura y todos aquellos que tienen la licencia. Yo no gano nada con esto que escribo, más que divertirme como una enana en un parque de bolas de colorines x3 Lo único que me pertenece son los hechos que acontecen, porque salieron de mi cerebro simple y minúsculo, y que ahora está seco como una pasa rancia lol. Hay más cosas que me pertenecen, pero... prefiero no pensar en ello D:

Advertencias: Semi-AU,OOC (Kanda ha decidido marcharse definitivamente, probablemente para no volver nunca jamás xP ¡Decidle Adiós, niños! XD), más relleno, más discusiones (para no perder la costumbre y eso), edificios que se mueven (?), mal vocabulario, un mal bicho (¡Huid, infelices! ¡Huid ahora que aun estáis a tiempo!), ¡Oh! Y medio lemon XD que no lime. Son cosas muy diferentes o.ó

Gracias a Meroko por seguir corrigiendo, ya que tiene un esfuerzo enorme, no sólo porque este capítulo es largo (quizás el más largo que he escrito), si no también porque es una bazofia y la pobre se lo tiene que tragar dos veces: una a cachos mientras lo voy escribiendo y otra para corregir. Ah, y gracias también por salvar una conversación xD por ella es que Kanda se ha salvado un poquito.

Capítulo 14

Sentí el viento tibio chocar contra mi piel, haciéndome cosquillas. Rodé hasta quedar bocabajo, abriendo los ojos para poder observar la hierba verde con una mueca de hastío.

-¿Qué estás haciendo, Yuu?

Al escuchar aquella voz, me puse de pie con calma. Por un momento, juré que todo lo que me

rodeaba era demasiado grande.

-Nada.- Contesté lacónicamente con voz aguda.

-Pues deberías dedicar tu tiempo a algo productivo. Si no te aburrirás.

Eso no me preocupaba demasiado. Tampoco tenía ganas de nada. Volví a sentarme, mirando hacia

el cielo.

-No estés tan desanimado.- El hombre alto avanzó hasta quedar a mí lado, para después revolverme

el cabello - Te he traído algo que creo que es importante para ti.

-¿Ah, sí?- Pregunté sin muchas ganas, soltando un suspiro.

-Sí, pero solo te lo daré si alegras esa cara.- Fruncí el ceño, dedicándole una mueca - Vamos,

sonríe.

-¿De verdad tengo que hacerlo? ¿No podrías dármelo simplemente?

Vi que guardaba algo tras su espalda. Curioso, traté de mostrarle una sonrisa, que se convirtió más bien en una mueca bastante extraña.

-Bueno, lo que cuenta es la intención, supongo.

Me mostró lo que escondía, y tuve que contenerme, mordiéndome el labio inferior para poder

reprimir las lágrimas.

Cuando fui a coger aquel objeto, lo apartó de mí en señal de reproche.

-He dicho que tienes que estar animado. Quiero que esto te traiga recuerdos buenos, no recuerdos

dolorosos ¿De acuerdo?

Al fin pude posar mis manos sobre el cristal, mirando maravillado como la flor de loto que estaba dentro de aquel reloj de arena seguía intacta.

-Gracias. Realmente... es importante para mi.

-De nada. Solo cuídala bien. Si dejas morir esa flor será como si dejases morir de nuevo a todas las

personas que te han querido.

No pude evitar sonreír, esta vez de verdad, observando en el cristal el brillo ambarino de mis ojos.

-Yo me encargaré de ella. Descuida.

De repente, abrí los ojos con cierta dificultad, sintiendo el sabor desagradable de la sangre que aun quedaba en mi boca.

Me llevé entonces inconscientemente las manos al cuello, encontrando solo la textura de unas vendas suaves puestas sobre unas heridas que habían comenzado a cicatrizar. Suspiré, casi con alivio. Por un momento había creído que iba a morir, pero por suerte me había subestimado a mi mismo. Después de todo, solo la Inocencia podría acabar conmigo.

Observé el techo que estaba sobre mi, blanco impoluto, como el resto de la habitación. Por culpa de eso resaltaba visiblemente el sendero carmesí que adornaba el suelo.

Me incorporé entonces y resoplé, sintiendo un molestar bastante importante pero que traté de ignorar. Solo tuve que ver aquel piano para saber donde me encontraba. Así que me habían llevado a la sala del músico.

Revisé la habitación con la vista, alzando una ceja al ver a mi lado a aquel chico que prácticamente se camuflaba con el decorado. Allen se encontraba profundamente dormido en una posición muy poco cómoda, sentado en el suelo, apoyando su cabeza en el sofá sobre el que yo estaba tumbado. Pasé mi mano sobre su cabeza, acariciándole para que sus cabellos suaves resbalasen entre mis dedos. Él mantenía el puño cerrado, apretando algo con fuerza a pesar de estar durmiendo.

Sonreí con una mueca torcida. Tomé uno de aquellos mechones blancos y tiré de ellos. Allen se despertó de golpe, soltando lo que tenía en la mano, dejando caer aquella libélula plateada aun cubierta de sangre.

-¡Kanda! ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien?

-Claro que sí. ¿Acaso lo dudabas?

Allen respiró hondo, aliviado, mirándome después tan fijamente que me vi obligado a fruncir el ceño. Sus labios se arquearon en un gesto de enfado.

-¿Pero qué cojones te...?

Ni siquiera me dejó pronunciar una palabra más. Allen abofeteó mi mejilla con fuerza, apretando la mandíbula. Abrí los ojos, realmente impresionado. Antes de que pudiera comenzar a soltar maldiciones contra su persona, él me habló a gritos, perdiendo los papeles.

-¿¡Pero cómo has podido hacer algo tan estúpido!? ¡Idiota! ¡Ese bicho podría haberte matado!

Tardé un poco en entender qué demonios me estaba reprochando. Claro, la razón por la que estaba postrado en aquel sofá. Era bastante lógico.

-¿Y qué querías que hiciese? ¿Qué te dejase regresar a por esa mierda para que terminaras convertido en picadillo? Prefería ser yo el que hiciese la gilipollez, antes de que la hicieras tú.

-Yo no...- Bajó la cabeza, avergonzado.

-¿Acaso no fuiste tú el que dijo que esa nimiedad era importante para ti? Seguro que habrías hecho alguna de tus tonterías para recuperarla.

Él soltó un suspiro, casi como si acabase de leerle la mente.

-Sólo es importante porque me lo regalaste tú. No quería que salieses herido...

Alcé una ceja, soltando un bufido.

-Yo no tenía planeado que el ataque de ese hijo de puta me alcanzase. Fue un error de cálculo.

Sentí los dedos finos de su mano humana acariciando la mejilla en la que minutos antes me había

golpeado.

-Lo siento, Kanda.

Rocé su mano con la mía, intentando que se calmase, puesto que sus ojos brillantes me indicaban

que en cualquier momento iba a romper a llorar.

-¿Qué es lo que sientes, Moyashi?

-Pues que te hayan hecho daño, el tortazo...lo siento todo.

-Olvidalo, no es nada. - Le abracé como pude, puesto que yo aun seguía sentado en el sillón y él

estaba de rodillas en el suelo - Pero como vuelvas a pegarme, te vas a arrepentir de haber nacido.

Allen me dedicó una mueca que terminó por convertirse en una sonrisa. Después de haber arriesgado mi vida por algo tan absurdo sólo por él, ese crío ya tenía que haberse hecho a la idea de que era incapaz de hacerle daño alguno. Claro que no había ningún problema en amenazarle de vez en cuando para que no olvidase con quien estaba tratando.

Peiné con una mano mis cabellos sueltos, agradecido de que fueran lo suficientemente oscuros como para que no se notara la sangre de la que aun estaban manchados. Si hubiese tenido el mismo color de pelo que ese enano, verme en aquellos momento hubiera sido un espectáculo bastante inquietante.

Puse los pies en el suelo, dispuesto a levantarme. Había varios asuntos que merecían atención y probablemente tendría que cometer al menos un par de asesinatos si no lograba sacar algo en claro, así que no podía quedarme ahí tumbado.

Aunque decidí que quizás no era tan mala idea permanecer algún tiempo parado, al sentir como el suelo comenzaba a moverse bajo mis pies y mi vista se nublaba.

-Kanda ¿Estás bien?

No, claro que no estaba bien. Me llevé la mano a la frente, tratando de calmar los mareos. Me sentía tan débil que hasta el último músculo de mi cuerpo parecía agarrotado ¿Qué coño me ocurría?

-Vuelve a tumbarte – Dijo Allen con tono imperativo, obligándome a reposar de nuevo sobre aquel sofá blanco – Has perdido mucha sangre. Deberías descansar.

-¿Perdida de sangre? Minucias – Bufé, aunque sin atreverme a levantar de nuevo la cabeza, solo por si acaso – No soy humano ¿Tengo que recordártelo? Esas cosas no me afectan.

Sentí su mano acariciando mi frente, bastante preocupado.

-Si no te afectara no te encontrarías mal. Necesitas recobrar energía.

Alcé una ceja. Ese crío no se enteraba de nada.

-Reposar no va a ayudarme. Déjate de gilipolleces.

-¿Dejo entonces que pulules a tus anchas hasta que tu propia debilidad te mate? ¿Eres tonto o qué? - Se cruzó de brazos, bastante serio – No dejaré que salgas de esta habitación hasta que yo lo vea conveniente. Y te aseguro que nadie puede entrar o salir de aquí si yo no quiero.

Preferí no comentar nada con respecto a eso. Sabía bien que Allen tenía plenos poderes sobre el Arca, y eso solo podía significar que estaba jugando en su terreno.

-¿Y bien? ¿Qué propones que haga? Dormir no hará que me sienta con más fuerzas.

Allen se paró a meditar un momento. Él sabía bien que yo llevaba la razón. Las necesidades fisiológicas básicas para la supervivencia de un ser humano para mí tenían poca importancia. Era normal en mí pasar días sin comer o dormir y no desfallecer a pesar de todo. Podía sentir hambre o sueño, pero mi cuerpo no era movido por los nutrientes o el descanso, incluso aunque no entendiese cual era el combustible del que me valía.

Observando entonces el rostro de Allen, vi un leve tono carmesí adornando sus mejillas.

-Supongo... que tengo un idea. Pero...

-¿En qué coño estás pensando?

El brillo de sus ojos me dio más información de la que Allen hubiese sido capaz de transmitirme con palabras.

Era obvio, solo tuve que recordar cual había sido el resultado de todos nuestros encuentros sexuales para hacerme una idea de qué era lo que cruzaba por su mente.

No era casualidad, y él también se había dado cuenta. Allen solía terminar tan agotado que dormía de un tirón, casi como si no hubiese descansado en noches, mientras que en mí producía el efecto contrario. Yo terminaba hiperactivo, hasta tal punto que podría luchar de forma incluso más sobrehumana de lo habitual, destrozando todo lo que encontrase a mi paso, sin que supusiera para mí el más mínimo esfuerzo.

Y era bastante lógico que la energía que yo encontraba por arte de magia no podía ser otra que la que perdía ese niño. Sin saber como era posible, él me transmitía de aquel modo parte de su fuerza.

Por eso desde que me había dado cuenta de ese detalle, me volví reacio a hacer ese tipo de cosas, y no porque no me gustase lo que sentía en aquellos instantes, tampoco era estúpido. Sin embargo, consideraba más importante la salud de Allen que un momento de placer.

-Me niego. De ningún modo. Es una de las ideas más estúpidas que has tenido. - Dije de forma rotunda.

-¿Por qué? No tiene nada de malo. No es como si no lo hubiésemos hecho antes. Nunca ha pasado nada.

-Hasta que pase. Yo absorbo tu energía, pero no soy consciente de que lo hago. Quien sabe si podría llegar a matarte.

Allen sonrió, mientras que yo solo afilé la mirada, atónito ante su gesto.

-Bueno, sé que me quieres demasiado como para llegar a eso. Simplemente detente cuando veas que me quedo sin aliento y listo.

-Ese no es el único problema. No creo que sea el momento ni el lugar más adecuado para dejar sueltas a tus hormonas.

El sonrojo de Allen se intensificó, mientras que yo solo pude resoplar exasperado.

-No es por lujuria, bruto. Es por tu salud.

-Mi salud está bien. Así que olvidate de esa chorrada.

Más templado, traté de incorporarme de nuevo, pero Allen apoyó su mano en mi pecho, bastante decidido a no dejar que me saliese con la mía.

-Hablaba muy en serio cuando dije que no te dejaría ir hasta que yo quisiera – Se acomodó sobre mi cintura, comenzando a desabotonarse el chaleco, con un mohín de molestia que supuse que podía considerarse adorable - ¿Vas a colaborar o voy a tener que enfadarme?

Fruncí el ceño, chasqueando la lengua. Como si tuviese otra opción.

-Haz lo que quieras – Espeté, como si la situación no fuese conmigo, a pesar de que Allen no había perdido el tiempo y ya estaba desabrochando el tercer botón de su camisa.

-Bien, muy amable. - Allen se inclinó para besarme, cosa que aproveché para apresarle con un brazo, mientras utilizaba mi mano libre para ayudarle a deshacerse de las prendas que aun llevaba puestas.

Podía ser que me sometiese a sus caprichos, pero eso no quería decir que no fuese a beneficiarme de eso también. No era humano, pero tampoco era de hielo. La piel desnuda de Allen era algo que difícilmente se podía rechazar. Sonreí en una mueca, pensando por última vez en la posibilidad de que le pudiese ocurrir algo por mi culpa, para luego olvidarlo todo y simplemente dejarme llevar.

OoOoOoOoO

Miré una vez más hacia la habitación blanca que dejaba tras de mí, cerciorándome de que aquel crío continuaba dormido sobre aquel sofá, justo dónde había caído rendido después de molestarse en abrir la puerta de la habitación, diciéndome después con un bostezo involuntario que fuese a ver a Lenalee y a Lavi, ya que según él estaban muy preocupados por mi salud.

Y un cuerno. Podía creerme eso de aquella chica, pero no del Bookman. Sabiendo lo que ese cabrón parecía sentir por Allen, era bastante lógico pensar que él me quería muerto.

Alcé una ceja ante ese pensamiento. Pues iba a tener que joderse, porque no pensaba darle esa satisfacción, de ningún modo. Es más, era bastante probable que fuese él quien acabase a dos metros bajo tierra si no era capaz de explicarme por qué estaba en Moscú y por qué coño conocía al Dragón Negro.

Definitivamente, más le valía tener una buena excusa preparada. Quería tener cualquier razón en aquel momento para rebanar cabezas, sobre todo una en particular por varias razones que me picaban la sien, amenazando con acabar con todo el raciocinio que pudiese tener a pesar de la situación en la que me encontraba.

Estaba jodido hasta la médula. Había ocurrido justo lo que yo más temía que ocurriese, y mucho antes de lo que yo tenía previsto. Y aunque la reacción de Allen no había sido lo que yo esperaba, no podía dejar de estar preocupado.

Porque por mucho que él me quisiera, no estaba seguro de que fuese capaz de evadir el destino, sobre todo ese que venía en forma de niño moreno de ojos oscuros. Solté un gruñido ronco, sintiéndome realmente asqueado.

Y justo como si la mala suerte acabase de leerme la mente, vi una figura menuda de pelo corto caminando por una de las callejuelas del Arca, observando cada detalle como si jamás hubiese visto algo tan fascinante. Yo llevé la mano a la empuñadura de Mugen inconscientemente, dispuesto a redimir el error que había cometido al no matarle la primera vez que lo vi.

Cuando vio que caminaba en su dirección con cara de pocos amigos ladeó la cabeza, para luego mirarme con ojos interrogantes. Yo fruncí el ceño.

-Oye. No sabrás dónde hay un restaurante aquí ¿Verdad? - Me preguntó con un acento ruso tan marcado que era bastante difícil de comprender.

Un... ¿Qué? Tenía que ser una broma. Parpadeó un par de veces, para luego sonreírme.

-Vale, no pasa nada. Seguiré buscando.

Volvió a caminar tranquilamente, sin hacer caso probablemente de que yo estaba deseando estrangularlo. Aunque no era buena idea cargármelo todavía. Ya lo haría después de haber hablado con Lavi, por si tenía que matar dos pájaros de un tiro.

- ¿Por qué cojones piensas que debería haber un restaurante aquí?

Me miró otra vez, agitando su cabeza, como si no entendiera lo que le había dicho.

-A la gente de este pueblo seguro que le gusta comer. Por eso sus casas son tan blancas.

Fui incapaz de no fruncir el ceño ¿Qué clase de lógica era esa? Sin saber porqué, no fui capaz de callarme la boca.

-Esto no es un pueblo, anormal. Y no hay ningún restaurante.

Se giró, con los ojos brillantes y una extraña expresión de pena.

-¿No hay?

-Claro que no, gilipollas. - ¿Por qué coño estaba perdiendo el tiempo con ese niño? Tenía cosas mejores de las que ocuparme. - Tú sabes dónde está Lavi. ¿No? Llévame hasta allí.

-¿Tovarishch (1) Lavi? Él tampoco tiene comida. Aunque te entiendo. Yo también tengo hambre. ¿Por qué no buscamos un restaurante? No puede ser que no haya ninguno. Busquemos bien.

Me llevé una mano a la frente ¿Quién cojones era ese crío? ¿El tonto del pueblo?

-¡Dime dónde está ese hijo de puta de Lavi antes de que agotes mi paciencia!

Me observó con los ojos vidriosos y un leve mohín de molestia.

-No grites. Yo no tengo la culpa de que no haya restaurantes. Quéjate al alcalde. - Respiré hondo, tratando de calmarme. Definitivamente, ese niño era idiota – Lavi estaba cerca de una casa. Intentaré regresar.

Apreté los puños. Cerca de una casa, claro, gran apreciación la suya, si no se tenía en cuenta que el Arca en sí era un cúmulo gigantesco de casas. Supuse que no tenía otra opción que joderme y seguirle, esperando que aquel enano sin cerebro no se perdiese por el camino.

Él comenzó a caminar con decisión, como si supiese perfectamente el camino, a pesar de que yo intuía que no tenía ni puta idea de hacia dónde iba. Tarareó una canción, logrando ponerme cada vez más nervioso.

-¿Tu nombre? - Dijo de pronto, volviéndose para poder mirarme. Yo alcé una ceja al verle bajar la cabeza, buscando las palabras adecuadas para expresarse -¿Tienes algún nombre?

-Sí, pero a ti no te importa.

Sus ojos oscuros me dedicaron una mirada interrogante, acompañada de un gesto de incomprensión.

-¿Y cómo te llamo entonces?

-Dios, cállate de una puta vez.

Él frunció el ceño, echando la cabeza hacia un lado con una sonrisa cortés.

-Vaya, que nombre más largo ¿No tienes algún apodo?

Ni siquiera me molesté en contestarle. Cada vez que ese crío abría la boca me daban ganas de reventarle la cabeza, a ver si así conseguía hacerle callar.

Creí que continuaría molestándome, pero en contra de todo pronóstico, permaneció en un silencio que agradecí con creces. Observé cómo reducía la velocidad de sus pasos, mirando al frente sin ver nada, quizás dándose cuenta por primera vez desde que había pisado el Arca de que aquel sitio no era normal.

Se atusó como pudo el flequillo, luchando contra aquellas mangas tan estúpidamente largas que ocultaban sus manos. Me miró de refilón, parpadeando un par de veces, mientras que continuábamos dando vueltas como si las barriadas de casas encaladas no tuviesen fin. Sabía que había sido una mala idea el dejarle a ese negado el papel de guía.

Después de un rato que fácilmente podría haberse convertido en una eternidad, doblamos una esquina, logrando que las dos personas que se encontraban en aquel callejón volviesen la cabeza hacia nosotros. Tuve que sacar la fuerza de voluntad que ni sabía que tenía para no cargarme a ese canijo, puesto que me había hecho dar toda la vuelta al Arca para llegar a un lugar que se encontraba dos calles más abajo de dónde yo había aparecido tras abandonar la habitación del Músico.

Por desgracia, los gestos que me dedicaron los dos exorcistas que había frente a mí me obligaron a posponer el asunto, al menos por el momento.

Lenalee se levantó del suelo en el que había estado sentada, observándome con preocupación.

-¿Cómo te encuentras? - Ante su mirada insistente, yo me limité a retirar los venajes que aun cubrían mi cuello. Cómo supuse, gracias a la energía extra que el Moyashi se había empeñado en proporcionarme, ya ni siquiera quedaban marcas. Ella soltó un suspiro – Deberías tener más cuidado. Sé que tú no le das importancia a esas heridas, pero resulta que no tienes que mirar solo por ti. Allen estaba histérico...

-No me des la charla ahora. No estoy de humor para aguantar gilipolleces.

-Huelo a crispación... - Escuché que el maldito conejo susurraba para si mismo, para continuar recargado en la pared, sonriendo - ¿Y cuándo sueles estar tú de humor, Yuu?

Bufé, viendo como el canijo del pelo negro nos observaba con curiosidad, acercándose a Lavi y sentándose en el lugar que segundos antes ocupaba Lenalee.

-Atrévete de nuevo a llamarme así y te parto la cara – Se encogió de hombros, como si le fuese ajeno – Contéstame, bastardo ¿Qué cojones hacías en Moscú y de que conoces a esa mala bestia?

-Kanda... - Me dijo Lenalee, intentando calmarme. Me conformé con ignorarla y esperar a que el pelirrojo me hablase. Él siguió con una estúpida sonrisa dibujada en su rostro.

-Ey, que esa mala bestia tiene nombre. Y te agradecería que no dijeses tacos cuanto esté delante, anda.

Sin darse cuenta de que hablábamos de él, aquel crío se dirigió al conejo, alzando una ceja. Le preguntó en ruso que significaba cojones. Una gota de sudor resbaló por su sien, logrando a duras penas contestarle en el mismo idioma que no significaba nada importante, para luego volver a mirarme a mí.

-Estaba en medio de una misión. - Miró hacia el enano, soltando un suspiro – Y a él le conocí por casualidad. Me lo encontré perdido en la calle hace unos días.

-Y una mierda. Esa última excusa es tan mala que no te la has creído ni tú. ¿Se supone que tengo que tragarme que no sabías quién era esta aberración?

Lavi se separó de la pared, manteniendo la compostura, aunque algo más serio.

-¿Tú te habrías imaginado que él podría haber sido el Dragón Negro? - Negué con la cabeza, frunciendo el entrecejo. En realidad si no hubiese estado allí cuando tomó aquella forma, jamás me lo habría creído. - Pues a mí me pasó lo mismo. Más bien, es difícil pensar siquiera que pueda ser un exorcista. No sé de que estás intentando culparme.

Avancé un par de pasos de forma amenazante, Lenalee comenzó a ponerse nerviosa, imaginando cual iba a ser el resultado de aquello.

-Claro, te lo encontraste sin más y decidiste quedártelo como mascota, sólo para que te hiciese compañía. No me jodas con eso. - Lavi rodó los ojos, nada convencido. Bien, pues menos convencido estaba yo – Te estás metiendo en terrenos muy peligrosos, Bookman. No me gusta nada tu comportamiento. Más vale que te mantengas alejado de mí, de Allen y de todo lo que tenga que ver con nosotros ¿Me has entendido?

-Al mentar ese apodo lo has dicho todo, Yuu Kanda. Soy un Bookman, un observador. No me meto en terrenos de ningún tipo, solo los observo desde fuera.

-Más te vale. Si tengo que sacarte yo de la historia, te borraré para siempre cortándote la yugular.

-¡Basta! Calmaos los dos. De este modo no vais a solucionar nada. - Lenalee se interpuso de pronto entre los dos, temiendo que se formase una batalla campal. - Guardad las formas, ahora más que nunca tenemos que llevarnos todos bien.

Parpadeé un momento, para luego sonreír en una mueca irónica.

-No es necesario que me lleve bien con nadie porque en cuanto Allen despierte os voy a mandar a los tres a tomar por culo.

Lavi alzó una ceja, hablándome después con calma, como si me hubiese perdido algo.

-Me temo que eso no te conviene en lo más mínimo, no al menos si quieres que Allen permanezca con vida...

Había logrado serenarme un poco tras la intervención de Lenalee, pero al parecer ese pelirrojo deseaba que me cabrease de veras y no le faltaba mucho para conseguirlo.

-Yo me encargo de él. No os necesito para nada.

-¿Crees de verdad que puedes vencer tú solo a ese akuma?

Tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no darle la satisfacción de soltar un bufido. Me jodía a sobremanera, porque valoraba lo suficiente mis capacidades como para enfrentarme a cualquier cosa que se me pusiese por delante, sin embargo, no estaba seguro de poder destruir a aquella bestia yo solo, sobre todo teniendo en cuenta que que en medio de una batalla contra ese akuma estaría más preocupado por el bienestar de Allen que de la victoria. Y con un enemigo tan complicado era una distracción que no podía permitirme. Claro que tampoco estaba en mis planes abandonar a ese niño a su suerte...

Fruncí el entrecejo entonces ante la mirada de superioridad del Bookman junior. Lenalee logró captar mi atención con un gesto.

-No queremos molestarte, pero si ese akuma está persiguiendo a Allen, no deberíais ir solos. Podremos combatir mejor a esa cosa si luchamos todos. - Ella sonrió, tratando de aplacarme y no consiguiéndolo del todo - Cinco exorcistas tienen más poder que dos. ¿No?

Lo sabía bien. No me gustaba ni un pelo tener que aceptar la ayuda de aquella gente. Pero Allen era más importante que mi orgullo. Yo no sería capaz de protegerle eternamente de aquel ser si iba tras él. Con la ayuda de aquellos dos podríamos derrotárle. No pude evitar que la linea de mis labios se retorciera en una mueca al percatarme de algo.

-¿Cinco? - Miré a el chico que estaba sentado en el suelo y pude comprenderlo. - De ningún modo él va a venir con nosotros. Le arrancaré la cabeza antes de que pueda acercarse siquiera a un metro de Allen.

Aquel enano, que no estaba enterándose absolutamente de nada, solo me miró de forma interrogante. No podía entenderlo ¿Por qué ponía esa cara de idiota? ¿No se había dado cuenta ya de que estaba deseando encontrar la escusa perfecta para apartarlo de mi camino? Claro que viendo la expresión de su rostro, me daba la impresión de que sería un milagro si podía recordar su nombre.

Lavi se acercó, agarrando el brazo derecho de ese niño, que de pronto comenzó a resistirse. Su enorme manga resbaló, dejando visible entonces un brazo de una textura muy parecida al de Allen, pero de color blanco impoluto. Una cruz roja adornaba el dorso de su mano.

-Sabes lo que es esto ¿No? Es compatible con la Inocencia, y ya que yo lo encontré, es mi deber llevarle a la Orden. No puedo soltarle por ahí en el campo como si fuese un conejo. Tengo que encargarme de él.

El enano se soltó del agarre con una maldición pronunciada en ruso. Le dedicó una mirada de resentimiento a Lavi mientras volvía a ocultar su brazo deforme, avergonzado.

-Me parece estupendo. Entonces largaos los dos.

Sabía que esa no era la solución correcta, que lo mejor que podía hacer era atravesarles con Mugen y olvidarme de aquel asunto, pero una pequeña parte de mi cerebro, una a la que odié, me dijo que esa no era la forma de hacer las cosas. Entonces la única opción era que se marchasen. Quizás contando con la ayuda de Lenalee sería suficiente.

Lavi negó con la cabeza, como si se me estuviese escapando un dato importante.

-Sólo por hacerte feliz, lo haría. Pero no es posible. Estoy en medio de una misión, ya te lo he dicho, y hasta que no la complete no puedo irme. Y da la casualidad que mi misión es destruir a ese akuma con forma de dragón que tanto te molesta. Y como esa cosa está persiguiendo al Moyashi-chan, creo que los dos nos beneficiamos de ir juntos. Ayudamos a Allen y yo hago lo que tengo que hacer. Todos contentos.

Mi paciencia parecía bailar en la cuerda floja, y probablemente terminaría por perderse al más mínimo paso en falso. Ya sabía que la Orden pretendía destruir a aquel bicho, pero en lugar de favorecerme, ese hecho no hacía más que complicarme las cosas.

Después de todo, era ese akuma el que guardaba ese ente gracias al cual Allen no había salido corriendo a los brazos de aquel enano que aun permanecía sentado en el suelo. Esa especie de ser incorpóreo que se encargaría de darle la forma de dragón que la inocencia por sí misma, desestabilizada, no podía darle. En cuanto ese akuma fuese destruido, el ente que él custodiaba iría a Allen, convirtiéndole en aquello que siempre debió haber sido. Y por supuesto, eso era algo que no podía permitir, porque dejar que eso ocurriese, era sinónimo de perderle para siempre.

Entonces ¿Qué opción me quedaba? Si no destruía a aquel ser, seguiría al Moyashi hasta límites insospechados y le terminaría matando. ¿Qué podía hacer entonces?

Si pudiera descubrir porque se había empeñado en ir tras Allen y conseguía hacerle olvidar ese motivo, supuse que no tendría que volver a preocuparme por ese tema. Solo tendría que procurar que la Orden no destruyese a aquella cosa.

Era el colmo. ¿Iba a tener que proteger a un akuma, cuando había dedicado toda mi existencia a destruirlos? Pocas cosas podían ser más patéticas que algo semejante.

Le di la espalda a Lavi, para que el extraño cielo azul que estaba sobre nuestras cabezas captase toda mi atención. Tenía que intentar recordar que era lo que causaba el comportamiento de aquel ser. Sólo había visto a Allen una vez, cuando fuimos a Japón justo para confirmar su existencia. No parecía perseguir al Moyashi por orden del Conde, así que su obsesión debió aparecer en ese momento. Pero... ¿Por qué?

Volteé la cabeza y observé al Bookman junior, el cual parecía encantado de que su argumento me hubiese sacado de mis casillas, al menos aparentemente. Él tenía datos que yo ignoraba y que necesitaba saber, e iba a contármelos todos si no quería que el filo de Mugen terminada manchado con su sangre.

-¿Qué relación tiene ese akuma con Allen? - El pelirrojo alzó una ceja, fingiendo no haberme entendido – No te hagas el idiota. Sabes porque está persiguiendo a Allen y tú me lo vas a contar, en este instante.

Rodó los ojos, exasperándome. No había manera de que pudiese soportar a ese chico.

-Si realmente quieres saberlo... Cuando el Conde creó a aquel akuma el alma que utilizó debió dividirse. Una parte fue a parar a esa cosa y la otra debió reencarnarse. Por eso existe el Moyashi-chan a pesar de todo. - Endurecí mis gestos. Por esa razón odiaba pedirle explicaciones. Terminaba contándome todo menos lo que realmente era importante. Él sonrió al ver como perdía la paciencia. - Puede que el akuma se haya dado cuenta, y quiera matar a Allen para que el alma que le da energía vaya con la otra parte y así esté completa. Sería lo más lógico, aunque solo son suposiciones mías.

Cerré los ojos sin darme cuenta. Definitivamente, lo que acababa de decirme tenía demasiado sentido como para ser mentira. Sin necesidad de ver el único ojo visible que tenía aquel conejo tuerto, supe que refulgía de forma victoriosa. Yo sabía mejor que nadie que ese Bookman no me tenía demasiado afecto, cosa que realmente agradecía, y su instinto era lo suficientemente bueno como para saber que yo estaba tramando algo. Para él, saber que mi idea no era factible debió ser un buen sabor de boca. Pero aun así, escapaba a mi comprensión.

¿No me odiaba acaso por Allen? ¿No sentía algo por él? Entonces ¿Por qué coño no le importaba que le matasen?

Traté de mantenerme impertérrito, aunque notaba el alud de acontecimientos que se cernía sobre mí. Si Lavi tenía razón, yo no podía pensar una forma de hacer que ese akuma cesara su persecución, y pensando que no iba a permitir que Allen sufriera algún daño, mi decisión iba a estar bastante clara, aunque esa salvación solo fuese un preludió a la condenación que debía esperarle por aquella maldita profecía. Las cosas seguirían su curso y yo no podría hacer más que ver como las cosas se enfilaban hacia aquel final ya escrito.

Me llevé los dedos a la sien y apreté con fuerza. Todo aquello no era más que mierda, y lo peor era que yo tendría que adecuarme si quería estar al menos un poco más de tiempo en compañía del Moyashi. Me sentía tan impotente y ridículo que tenía ganas de echar abajo a patadas la pared en la que había centrado mi atención mientras maldecía a mi jodida suerte.

-¿Dónde está Allen? - Preguntó Lenalee, al notar que el silencio que nos envolvía y mi aura oscura estaban a punto de aplastarnos a todos.

-Durmiendo en la habitación del músico. Supongo que no despertará hasta dentro de unas horas.

Sonrió de una forma curiosa. Ella tenía un sexto sentido, por lo que no se le había escapado la frustración que rezumaba por cada uno de mis poros. Pero ella no era Allen, por lo que esa sonrisa no haría que me sintiese mejor.

Me daba la impresión de que era compasión lo que trataba de mostrarme, y no podía haber algo que odiase más que eso. Solo hacía que me irritase más. Así que decidí ignorarla hasta que se diese cuenta de que su comportamiento me era más que molesto. Podía ser una buena compañera de lucha, pero había cosas de ella que no podía tragar, a pesar de que la convivencia en todos esos años hubiese logrado que la apreciase un poco.

-Esperemos aquí a que regrese. - Me senté, apoyando mi espalda sobre una de las paredes blancas. Decidí aclarar algo, por si acaso se les ocurría la idea - Despertarle no es una opción.

La atmósfera de tensión pareció relajarse un poco en el momento que me aislé levemente de los otros tres. Sí, estaba demostrado entonces que tratar conmigo era un dolor, pero así eran las cosas. Mala suerte para ellos.

Lenalee comenzó a caminar en círculos por toda la calle, probablemente recordando como había sido su primera vez allí y como estuvimos a punto de perecer en aquel lugar. Su mente era demasiado previsible, aunque para ella fuese una pequeña ola de optimismo el pensar que al menos habíamos sobrevivido.

Me permití, al menos por un momento, pensar como ella. Había estado en situaciones realmente espinosas y había salido de ellas. Debería saberlo bien, después de todo, acababa de despertar de algo que hubiese matado a cualquiera. Quise creer que encontraría alguna salida. Respiré con fuerza. Sí, seguro que tenía que haber un modo de solucionar las cosas.

Escuché el sonido de una voz cercana, siendo capaz de entender poco más de la mitad de todo lo que decía. Lavi hablaba a aquel enano en ruso fluido, aprendido seguramente debido a su papel como Bookman. Pero el otro no parecía hacerle ni caso. No estaba mirándole, pero sabiendo ya hasta donde llegaba su inteligencia, probablemente estaría demasiado ocupado diciéndose mentalmente lo bonita que era la pared.

-Oye, señor Dios – Escuché como su acento rasposo llegaba hasta mi oreja en un inglés bastante burdo. No hice caso hasta que sentí como una mano comenzaba a sacudirme el hombro. Cuando le miré con la mandíbula apretada y el ceño fruncido, se apartó un poco – Te... te llamabas así ¿No?

Lavi ladeó la cabeza. Yo no lo hice por no parecer un gilipollas. El pelirrojo le habló en tono suave y medido.

-Dmitry ¿Qué dices?

El chico parpadeó un par de veces. Aquel tal Dmitry continuó hablando.

-Él me dijo que su nombre era "Dios, cállate de una puta vez", así que le dije Dios para acortar. No importa ¿No?

Después de haber oído aquello, Lenalee salió de su mundo para empezar a partirse de risa. Yo rodé los ojos. Aquello era el colmo de lo patético.

-No, Ryuu-chan. No le hagas caso. Él en realidad se llama...

-Kanda – Aclaré con fuerza, antes de que aquel imbécil pudiese llamarme Yuu.

Aunque el enano del pelo negro estaba más ocupado preguntándose a sí mismo porque acababa de recibir el nombre de "Ryuu-chan". Realmente, Lavi no tenía demasiadas luces a la hora de buscar apodos (2). Primero el de "dos puntos" y luego ese. Siempre iba por el camino fácil. Desde luego, el de "Moyashi" era mucho más original, y no era porque lo hubiese inventado yo.

Lavi me miró, aparentando ser amigable y no engañándome ni un segundo con su máscara de amabilidad bien fingida.

-¿Podrías intentar no confundirle? El inglés es su segunda lengua y no se apaña demasiado bien.

Arqueé una ceja, mientras miraba a otro lado.

-Dile que me deje en paz y no tendré que hablarle. Así no habrá problemas.

-Eh ¡Eh! Yo estaba hablando primero- Ese ser comenzó a tirar de mi manga, estando a punto de ganarse el tortazo del siglo. Él sólo me dedicó un puchero bastante infantil– Yo te he visto antes ¿Verdad? Sé que...

Permaneció en silencio un segundo. ¿No se acordaba de lo que había ocurrido?

-Sí, justo antes de que te convirtieses en una bestia y saltases por encima de mi cabeza, lagartija.

Sí, definitivamente, yo era mucho mejor poniendo motes.

Se quedó mirando al suelo fijamente, atormentado. Aquel idiota debió pensar que no había sido más que un sueño. Pero no, para mi desgracia, más que para la suya, aquello era real hasta las últimas consecuencias. Ese niño era el Dragón Negro, y hubiera estado mucho más preocupado por ello si no fuese porque miles de problemas habían decidido venir juntitos y de la mano, sólo para joderme del todo la vida.

Apoyé la cabeza en la pared que me servía de respaldo. Poco o nada ganaba por martirizarme. A aquellas alturas yo no tenía la potestad de encargarme de los hechos que me rodeaban. Lo único que podía hacer era esperar y actuar como fuese conveniente llegado el momento. Y de paso, disfrutar en adelante de cada segundo que pudiese pasar junto a Allen, ya que cualquiera de esos momentos a su lado podían fácilmente convertirse en el último. Las horas que faltaban para lo inevitable estaban contadas.

OoOoOoOoO

Escuché un nuevo gemido rozando mi oído, suave pero insistentemente. Mi pulso se aceleró de nuevo, haciendo que me fuera imposible no embestirle una vez más, penetrándole mientras que de sus labios solo escapaban ya pequeños sonidos de placer y varias palabras nada razonadas que le hacían parecer un crío pervertido.

- Más rápido, Kanda....

Le ignoré, siendo capaz de mantener algo de cordura por los dos, ya que Allen había decidido perderla toda. Se quejó con un gruñido al notar que continuaba al mismo ritmo, aunque yo estaba demasiado ocupado en satisfacerle, a pesar de que no me daba la gana ceder ante sus irracionales caprichos, al menos por esa vez.

Observé su rostro sonrojado, en el que a pesar de haber una leve expresión de molestia, se podía ver claramente que estaba disfrutando bastante. Allen mordía su labio inferior, conteniéndose para no gritar. Sus ojos grises se encontraban cerrados, y solo pude ver como sus largas pestañas temblaban con cada uno de los movimientos que realizaba dentro de él. Aquel cabello blanco impoluto se desparramaba sin orden sobre la almohada, mientras que sus brazos me rodeaban con fuerza, dejando que sus manos quedasen apoyadas sobre mi espalda en una especie de caricia bastante tentadora.

Mi respiración errática moría en su cuello, haciendo con ello que él se estremeciese. Volvió a pronunciar mi nombre bajito, acariciándome con el tono dulce de su voz. Noté como su cuerpo se tensaba, clavando sus uñas en mi espalda con fuerza, haciéndome algo de daño. Aunque en aquel instante poco podía importarme.

Paseé mi mano por sus muslos, fundiéndome con aquella piel suave de manera casi mística, rozando la absoluta irracionalidad, ya que de ningún modo era razonable que la lucidez que hasta aquellos instantes había apaciguado mi mente desapareciese de pronto, prácticamente esfumándose.

Al oír aquellos deliciosos sonidos que salían atropelladamente por la boca de Allen mientras rozaba su miembro, aceleré mi propio ritmo de una forma que para él debió resultar imperceptible, pero que a mí me hizo rozar el clímax.

Reaccioné entonces y traté de recobrar el control de mi propia conciencia. Yo era frío y metódico, aunque cuando estaba entre sus piernas pareciese todo lo contrario. Debía mantener la calma dentro de lo que fuera posible en una situación como esa. Tenía que pensar que el pequeño sacrificio de no dejarme llevar lo hacía por ese Moyashi y su salud.

No era la primera vez que lo intentaba, pero ese maldito crío siempre terminaba por hacerme perder el control. Pero si aquella vez lograba no chuparle la energía como el maldito parásito en el que me estaba convirtiendo, sería suficiente. No sabía si realmente yo era capaz de controlar algo así, pero si me concentraba lo suficiente tal vez podría lograrlo. Sólo era cuestión de intentarlo una vez más.

-Kan...da...

Sentí un estremecimiento recorriendo su cuerpo, y no tardó más de un segundo en contagiarse, como un maldito germen lujurioso. Después de eso todo se quedo blanco y borroso, haciendo que el apagón mental estuviese acompañado de una increíble sensación de bienestar, aunque la sensación no fue ni la mitad de fuerte de lo que había sido otras veces.

Salí de él y me quedé mirando al techo, retirándome el flequillo de mi frente perlada en sudor. Hubo unos minutos de silenciosa recuperación, mientras los dos intentábamos de nuevo traer aire a nuestros pulmones de forma desesperada.

-Parecía que estuvieras pensando en la lista de la compra ¿Te ocurre algo?

Me giré de pronto, encontrándome de frente con sus dos orbes de plata, abiertos de par en par.

-Estás despierto - Dije como una mera observación, tratando de que no se notara el orgullo que sentía ante aquel notable progreso.

Él parpadeó, tardando en entender lo que intentaba decirle

-Sí. Es verdad. - Sonrió alzando una ceja – Creo que esta es la primera vez no me duermo nada más terminar. Estás perdiendo energía. ¿Eh?

-La que no te robo a ti, idiota. Y estoy bien, sólo trataba de mantener la compostura.

Allen suspiró, como si acabase de decir una gran tontería.

-Pues no lo hagas. Lo divertido de esto es ver como Kanda, el bastardo hiper-mega-disciplinado, pierde las formas. Si te controlas no resulta tan excitante.

Chasqueé la lengua, ignorando el tono lascivo con el que había sido pronunciada la última parte de la frase. Desvié la mirada un momento, para luego observar los cabellos blancos que en aquel instante rozaban mi pecho, ya que Allen se había abrazado fuertemente a mí.

-Si lo haces por eso de que absorbes mi energía, no me importa que lo hagas. Trata de disfrutar. No te preocupes por mí.

-No digas gilipolleces. No tengo ninguna necesidad de terminar follando con un cadáver.

No necesite ni observar su reacción, ya que con el suave bufido que no pudo contener supo regañarme por mi comentario desafortunado sin necesidad alguna de abrir la boca. Noté como no era capaz de relajarme lo suficiente como para cerrar los ojos. Quizás mis esfuerzos no habían logrado del todo los resultados deseados. Allen soltó un enorme bostezo, respondiendo a mi incógnita. Joder, tendría que intentarlo con más empeño la próxima vez.

Su respiración suave y profunda sobre mi cuello eliminó toda duda. Se quedó totalmente dormido antes de que me diera tiempo a parpadear siquiera. Al final la política de la contención no había resultado efectiva. Y lo peor es que lo correcto era la abstención absoluta, aunque Allen hubiese decidido que era más divertido jugar a seducirme que cuidar de sí mismo. Terminaría siendo yo el que se arrepintiese de no oponer la resistencia suficiente a sus deslices. Si le ocurriera algo, yo sería el único que pagase las consecuencias. Jamás podría perdonármelo.

El corazón se me encogió de sólo pensarlo. No creé ninguna imagen mental de lo que podía ser mi vida sin Allen, simplemente porque algo así parecía inconcebible. Las luz de la luna se colaba a través de las rendijas de la persiana, dibujando su rostro ante mis ojos más que acostumbrados a la oscuridad. Me sorprendí a mí mismo observándole, sin poder desviar la mirada, victima de algún hechizo con el que aquel maldito Moyashi parecía haberme atado. Odiaba sentir tanta dependencia de alguien, aunque sólo fuese emocional. Me complicaba mucho la vida.

Cerré los ojos una vez más, pero desistí al notar que todo comenzaba a darme vueltas. Parecía haber tardado en llegar el efecto de la sobrecarga de energía a la que terminaba siendo sometido involuntariamente cada vez que estaba con él. No me libraría de toda esa mierda con facilidad, estaba claro.

Si permanecía parado demasiado tiempo, el nerviosismo devoraría mi cordura, así que estar tumbado en una cama no era una opción si quería conservar la poca salud mental que podía quedarme. Pero sin embargo no me levanté. No quise hacerlo a pesar de que los nervios me atravesasen como escarpias afiladas, obligándome a moverme de un lado a otro como si fuese un perro rabioso. Conseguí concentrar mi histerismo en mantener los ojos fijos en la figura que se encontraba tumbada a mi lado.

Para calmarme hubiera sido mucho más efectivo irme a correr por la paredes que ponerme a pensar en la situación en la que estaba metido hasta el cuello. Pero la imagen de Allen me había hipnotizado. Su piel pálida me había invitado a pensar en todo y en nada, dándome la sensación de que si salía de aquella habitación, él no estaría allí cuando yo regresase.

Quizás esa impresión se debía en parte a su aspecto arrebatadoramente fantasmal. A veces mientras me enredaba entre sus cabellos blancos no podía evitar tener la idea de que aquello no era más que una ilusión que en cualquier momento se desvanecería y me mostraría cual era la auténtica realidad de la cual nunca debí haberme evadido.

Tratando de no ser demasiado brusco, pasé las yemas de mis dedos por su mejilla. Lo sabía, no había lugar a dudas. Hasta que él llegó a mi vida yo no era más que un ser programado y metódico, incapaz de entender cómo la gente podía sacrificar tanto por otras personas, cuando la principal ley de la naturaleza era asegurar la supervivencia propia.

Y no era que en aquel momento pudiera comprenderlo. Era algo irracional. No tenía sentido ni podría llegar a tenerlo. Era algo que simplemente aprendí a aceptar. Los sentimientos que desde que tenía memoria aprendí a ignorar y a no tener en cuenta habían terminado enseñándome que existían cosas que no podían explicarse. Por eso no debía buscar la razón por la cual yo quería a Allen más que a cualquier otra cosa en el mundo. Gracias a él yo me había vuelto tan estúpidamente irreflexivo como un humano de verdad, aunque no lo fuese. Y no era tan malo como habría podido pensar. Tal vez había sido demasiado sencillo acostumbrarse a ser feliz.

A pesar de mi pulso acelerado y de mi total lucidez, aguanté toda la noche sin moverme de allí. El malestar producido por el insomnio, entre otras cosas, se fue diluyendo con el paso lento de las horas. Mis pensamientos fueron de igual modo cambiando de rumbo según las estrellas desaparecían. Por algunos momentos comencé a devanarme los sesos, recordando sin quererlo aquella jodida historia de la profecía y sus mil disparates, pero cualquier miedo de perder al Moyashi debido a eso se esfumó en el mismo momento en que recordé a la persona que supuestamente estaba destinada a Allen.

Por alguna razón, pensé que quizás esa lagartija tendría alguna carta escondida bajo sus mangas exageradamente largas para terminar atrayendo la atención del Moyashi, pero con un par de días había demostrado que no era así. Aquel enano era tan inofensivo para con mí relación con Allen como un puñado de hierba. Y también había podido comprobar que él tenía la misma inteligencia que uno.

No era por falta de atención, porque observaba todo lo que le rodeaba, tratando de empaparse de ello. Era por falta de entendimiento. Hiciese lo que hiciese, hablase con quien hablase, Lavi tenía que ir pegado a él todo el tiempo, evitando posibles malentendidos que pudiesen lograr que aquel canijo se metiera en líos.

Era bastante divertido ver a Lavi convertido en una especie de mama gallina, velando todo el día por su estúpido pollo hiperactivo. Y sin duda alguna se lo merecía. Él había encontrado a esa criatura idiota, que se jodiera ahora cuidando de él. Aquello era lo que alguna gente conocía con el nombre de Karma. Si haces una putada, la vida te la devuelve, y Lavi tenía la prueba delante de sus narices.

Porque aquel crío podía no resultar un rival para mí, pero eso no significaba que me gustase tentar a la suerte. No me hacía ninguna gracia que aquella lagartija viajase con nosotros. Si por mí hubiese sido, hacía ya bastante tiempo que me hubiese librado de él, incluso si no tenía nada de lo que preocuparme. Giré sobre mí mismo y me quedé mirando a la pared fijamente.

Oí un leve quejido de disconformidad escapando a través de las sábanas que cubrían al chico que se encontraba a mi lado. Allen se movió, alejándose un poco de mí, intentando huir desesperadamente de los rayos de sol que entraban por la ventana y le daban de lleno en la cara.

-Kanda, corre las cortinas, por favor.

Rodé los ojos al ver como se acurrucaba contra la almohada. Vago de mierda.

-Mueve el culo y córrelas tú. No es a mí a quien le molesta el sol.

Allen, aun medio dormido, clavó sus ojos en mí, dedicándome más una mirada de súplica que una de molestia, que era lo que seguramente quería mostrarme.

Chasqueé la lengua, para luego levantarme y en una especie de gesto piadoso, deslizar las cortinas, dejando la habitación en semipenumbra. Le miré de refilón, para observar la tenue sonrisa que adornaba su rostro. Me susurró un leve "gracias" que yo ignoré, para luego dirigirme hacia la puerta del baño.

-Vuelve a la cama.- Me dijo suavemente, para luego ladear la cabeza al ver que no le hacía caso. - ¿Te has enfadado porque no me he levantado yo?

-Voy a darme una ducha. Vuélvete a dormir.

Me escondí tras las mamparas y giré la llave del agua fría, permaneciendo bajo el chorro un buen rato. Acababa de amanecer y ya comenzaba a hacer calor. Que sitio más asqueroso. Me alegraba de no ser humano. A mí me afectaban menos sensaciones como el frío y el calor. Una persona normal tendría que estar pasando un calvario.

-Entonces ¿Estás enfadado?

Me llego la voz de Allen desde la puerta del baño. Pude ver a través de aquella pantallas translucida su figura avanzando hasta quedar frente a mí, con la sábana sobre sus hombros cubriendo su desnudez. Por un momento pensé que iba a meterse a la ducha, pero se conformó con esperar mi respuesta allí fuera.

-¿Por esa gilipollez? Claro que no. - Tomé el jabón y comencé a lavarme el pelo, cerrando los ojos. - ¿Que demonios te ocurre?

-Nada. No es nada... Bueno... No tiene nada que ver, pero hace algún tiempo que quiero preguntarte algo...

-Tú verás.

Permaneció en silencio un momento, probablemente midiendo sus palabras. Yo aproveché para aclararme la cabeza.

-¿Por qué nunca me haces caso cuando te digo que vayas más rápido?

Fui incapaz de no asomar la cabeza para mirar su rostro levemente sonrojado.

-¿A qué coño te refieres?

Apartó su mirada, clavándola en el espejo que había al otro lado del baño.

-A cuando tú y yo hacemos el amor.

Fruncí el ceño debido a lo cursi que sonaban esas palabras. Cerré la llave del agua y tomé una toalla para ponérmela a la cintura.

-Eres un inconsciente. - Salí de la ducha empapado, sin importarme un bledo si iba mojando el suelo a mi paso. Busqué un peine y al encontrarlo comencé a cepillarme el pelo, mientras Allen miraba atentamente las baldosas que cubrían la pared – Alguno de los dos tiene que saber lo que está haciendo. No es como si yo fuese una persona normal.

-Nunca me has hecho daño. No es algo de lo que debas preocuparte.

-No es sólo por ti. Para mí también supone una serie de problemas.

Comencé a luchar contra un par de enredos bastante importantes. Hubiera sido mucho más inteligente peinarme antes de entrar a la ducha.

Al verme, Allen acudió al rescate. A regañadientes, le cedí el peine, girándome después para que pudiese peinarme sin problemas.

-¡Ay, Dios!- Le miré con un gesto interrogante, él sólo pudo dejar caer el peine, sujetando la sábana que le cubría con mucha más fuerza de la normal. - ¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo!

-¿Qué cojones te pasa?

Allen acertó a señalar al espejo que había tras de mí. Giré la cabeza lo suficiente para ver la marca de varios arañazos atravesando la parte derecha de mi espalda.

Palidecí de pronto. Podía recordar como Allen se había aferrado a mi espalda con demasiada fuerza, con las dos manos...

Y sin embargo sólo quedaba el rastro que habían dejado las uñas de su mano izquierda. Las marcas que debía haber correspondientes a la otra mano no se veían por ningún sitio Pude darme cuenta entonces de porque esos arañazos tenían un trazo tan claro, como si acabase de hacérmelos en ese mismo instante. Aquellas marcas no iban a desaparecer jamás.

-¡Joder! ¿¡Ves a lo que me refería!? ¡Tu jodida inocencia es un puto veneno! ¡No hay forma de que pueda bajar la guardia!

-Ya te he dicho que lo siento ¿De acuerdo? Sólo han sido un par de arañazos. No te pongas así...

-Lo que me molesta no son los malditos arañazos, si no lo inconsciente que eres. Todo tú eres inocencia. Esa sustancia corre por tus venas. ¿Qué coño crees que me pasaría si te hago sangrar sin querer? Tu sangre para mí es como el ácido. ¿O te has olvidado de qué es lo que soy?

-No es fácil olvidarlo cuando te empeñas en estar recordándomelo todo el tiempo.

-Bien, y todavía preguntas por qué trato de tener cuidado ¿Es que no te has parado a pensar ni una jodida vez lo que conlleva que tú y yo mantengamos una relación?

-Yo sé que es peligroso para ti. ¿Acaso crees que no me importa?- Allen se mordió el labio inferior, cerrando los ojos mientras bajaba la cabeza. Él estaba comenzando a exasperarse, aunque yo estaba demasiado ofuscado como para que me pudiese importar – La solución correcta sería que dejásemos de estar juntos, entonces. No tendrías que volver a preocuparte de nada.

-Tal vez sí. Sería lo mejor que podríamos hacer. - Las palabras escaparon antes de que pudiese pensar en lo que realmente significaban. Cuando sus ojos se abrieron de pronto y su mirada dolorida se clavó en mí, supe hasta qué punto había metido la pata.

Sus orbes grises temblaron, y mi garganta quedó atrancada con un fuerte nudo. Sabía como podía solucionarlo. Aun podía pedirle perdón, admitir que había hablado de más, pero ningún sonido podía escapar de entre mis labios.

Allen me susurró algo, pero fui incapaz de oírle. No supe si me había pronunciado un reproche o si me había dicho que me detuviese, que no me marchara. No estuve seguro de querer saberlo, porque no podía quedarme a escuchar como quizás me daba la razón. Después de todo, era un buen momento para que él se diese cuenta del error que había cometido al decidir estar conmigo.

Crucé el umbral de la puerta del baño con paso firme y me vestí tras recoger del suelo todas mis prendas. Antes de que Allen pudiese darse cuenta, yo ya me había marchado de la habitación sin volver siquiera la vista hacia el lugar en el que se encontraba.

Mientras marchaba por aquel pasillo profusamente adornado, sólo podía pensar en lo rematadamente estúpido que estaba siendo ¿Por qué me iba? ¿A dónde se supone que pretendía huir de esa forma tan lamentable?

Aunque más lentamente, continué avanzando hasta llegar a las escaleras y comenzar a descender por ellas. Mi parte más racional me gritaba que estaba comportándome como una auténtico idiota, que estaba haciendo una montaña de un grano de arena. No estaba realmente enfadado con él, así que aquel numerito que le había montado había sido como poco ridículo.

Me paré cuando a penas me quedaban un par de escalones para alcanzar el recibidor del hotel. ¿Entonces por qué no dejaba de comportarme como un crío y regresaba a arreglar las cosas?

Por una parte, el orgullo me picaba en la sien como un bichejo molesto. Quizás lo que deseaba es que fuese Allen el que corriese detrás de mí, diciendo que se había equivocado al sugerir siquiera algo semejante. Pero él no era ningún arrastrado. El problema lo tenía yo por no haber sabido manejar la situación de manera adecuada.

Y allí estaba la otra parte, muerta de miedo aunque me negara a admitirlo. ¿Y si no había sido sólo una sugerencia? ¿Y sí Allen lo había dicho completamente en serio? ¿Y si realmente él...?

Una presión más que desagradable se adueño de mi pecho. Por eso no podía volver y preguntar. No era por arriesgarme a quedar como un imbécil (que también), si no por temor a que me confesase que ese era el auténtico deseo que tenía, que era mucho más fácil para él vivir sin tener que estar aguantándome todo el tiempo.

Bajé los escalones que quedaban y con pasos amplios me dirigí hacia la salida. Necesitaba algo de aire fresco como fuese. Salí a una calle amplia y me quedé por un momento viendo pasar a la gente, para después sentarme en la escalinata que conectaba el hotel con el resto de la ciudad.

Respiré hondo, tratando de relajarme para poder pensar con tranquilidad, pero fue imposible. El bullicio que montaban personas y carruajes me sacaba de mis casillas. Escuché el sonido estruendoso de un barrito, y acto seguido un elefante dobló la esquina, haciéndome alzar una ceja. Mientras aquel enorme animal pasaba delante de mis narices, supe que aquel no era el mejor lugar para pensar en nada.

-¿Por qué ese edificio se está moviendo?

Vi por el rabillo del ojo como un enano de pelo negro había bajado los escalones que daban al hotel y se había quedado de pie justo a mi lado, observado a aquella pobre criatura como si de un alienígena se tratase.

No, de ningún modo. No iba a soportar a esa maldita lagartija ni siquiera un minuto. Ante su mirada de sorpresa, me levanté sin decirle absolutamente nada y descendí el resto de la escalinata, comenzando a andar con paso firme en cuanto mis pies tocaron la acera.

Avancé sin saber a dónde iba, jodido hasta la médula. A veces me daban ganas de perderme en cualquier lugar y olvidarme de todo, de mandar todos los problemas a tomar por culo. Ojala hubiese podido chasquear los dedos y hacer desaparecer todas mis preocupaciones. Sobre todo esa preocupación en particular, que se estaba dedicando a ir dos pasos por detrás de mí.

-¿Qué coño crees que estás haciendo? No me sigas. - Le dije a aquel imbécil en un gruñido, pero él estaba demasiado ocupado abriendo la boca al ver pasar otro elefante. Ante su cara de estupefacción, el hombre que se encargaba de dirigir a la bestia le mandó un saludo con la mano. - ¿Me has oído? Lárgate de aquí.

-Es que no me has respondido. ¿Por qué se mueven? No lo entiendo...

No podía soportarle. Lidiar con él era superior a mis fuerzas. Me giré de golpe, cabreado.

-¿¡No te he dicho que me dejes en paz de una puta vez!?

Al escuchar aquel grito, Dmitry se paró de golpe. Pensé que se ofendería y daría media vuelta, pero en lugar de eso, se quedó mirándome fijamente, bajando luego la vista hacia la punta de sus botas.

-Perdón. No quería molestar.

Se mordió el labio inferior, intentando contener las lágrimas. Yo me giré y seguí caminando. Que llorara si quería. Yo ya tenía suficientes cosas en las que pensar como para que eso pudiera importarme lo más mínimo.

Pensé que ya me había librado de él, pero cuando me volví para ver si le había perdido por fin de vista, me lo encontré de frente, siguiéndome como si nada.

Antes de que pudiese gritarle de nuevo, alzó las manos. Estas quedaron tapadas por sus mangas, demasiado largas, mientras él agachaba la cabeza.

-No sé volver. Este sitio es muy raro. Hay gente con trapos en la cabeza y edificios que se mueven solos. Me da miedo...

-Haberlo pensado antes. La culpa la tienes tú.

Suspiré, dándome cuenta de que gritarle había logrado que me calmase un poco. Miré alrededor y me percate de como había cambiado el paisaje. Las calles pavimentadas se habían convertido en barrizales y ya no eran más que oscuros y tortuosos callejones llenos de suciedad. La gente que pasaba también era totalmente diferente. Las damas repeinadas y los caballeros estirados se habían convertido en mujeres y hombres de piel morena que nos observaban con curiosidad, siendo él demasiado pálido y yo demasiado oriental como para que pudiésemos pasar desapercibidos. Sin darme cuenta habíamos abandonado la parte de la ciudad reservada para los europeos y nos habíamos metido en lo más profundo de un gueto.

Mientras aun estábamos en el Arca, en cuanto Allen se despertó y abandonó la habitación del músico para reunirse con nosotros, comenzamos a sopesar las diferentes opciones que teníamos. Como yo no tenía nada claro, sólo podía saber que necesitaba ganar tiempo como fuese. Comenzamos entonces a pensar en lugares en los que pudiéramos permanecer por un tiempo, no sin encontrar oposiciones por parte de Lavi, que opinaba que era "más sensato" ir a enfrentar al dragón-akuma cuanto antes. Por supuesto, su opción fue ampliamente ignorada sin reparo alguno.

Al final Allen propuso que algún lugar de La India podía ser adecuado. A falta de una propuesta mejor, terminamos alojándonos en uno de los mejores hoteles de Calcuta, capital del Raj británico(3).

Aquel lugar en el que nos encontrábamos era la llamada ciudad negra, una zona en la que se concentraba toda al población india de la ciudad.

No sería excesivamente difícil salir de allí, solamente tenía que volver sobre mis pasos para regresar al hotel. Pero no quería. Necesitaba reunir la fuerza suficiente para poder enfrentar a Allen después de aquella estupenda metedura de pata.

Pero aquel lugar era un laberinto. Podía afirmar sin lugar a duda que si dejaba a ese enano pululando por allí solo, se tiraría días dando vueltas y probablemente terminaría muriéndose de hambre. No era como si pudiese importarme, pero dejarle morir me traería más problemas que no necesitaba. No tendría más remedio que cargar con él.

-Mantén la boca cerrada. Camina por detrás de mí, donde no pueda verte. Es tu responsabilidad seguirme. Si te pierdes no volveré a buscarte. ¿Queda claro o te lo digo en ruso?

Ladeó la cabeza, alzando una ceja.

-¿Qué significa mantén?

Bufé con fuerza, para luego repetirle todas las instrucciones en su idioma materno. Él asintió, aunque poco convencido.

Me adentré aun más en aquel barrio, sin pensar en nada que no fuese doblar esquinas y avanzar por las callejuelas. Como Dmitry no era más que un crío escuchimizado, sus pasos a penas se oían. Eso fue algo que agradecí con creces. Era suficiente el tenerle como mi sombra, no necesitaba que además hiciese ruido.

Tras un rato sin que aquel crío dijese nada, me sorprendí de que fuese capaz de darse cuenta de qué era lo que le convenía hacer. Le miré de refilón y pude ver que me había equivocado al considerarle tan cauto: En realidad no hablaba porque iba con la lengua fuera. Si trataba de articular cualquier palabra, el muy estúpido se ahogaría.

Era bastante normal. Las altas temperaturas mezcladas con la humedad eran simplemente asquerosas. Si al calor se le añadía la caminata y que su ropa no era la más adecuada para ese clima, lo extraño era que no se hubiese desmayado ya.

Aquel enano llevaba una camisa rusa de cuello alto y mangas absurdamente largas, hecha con tela de lana, sobre la cual llevaba una tira de tela estampada que le servía de cinturón. Si a eso se le añadía las botas altas y el pantalón negro, era comprensible que estuviese sudando la gota gorda.

Claro que si después de tres días allí no se había dado cuenta de que aquella no era la ropa más adecuada que podía usar, era únicamente su problema.

Continué andando al mismo ritmo, hasta que después de un rato callejeando fuimos a parar a una de las orillas del río Hugli, que cruzaba la ciudad de norte a sur. Dirigí entonces mi vista a la superficie del agua, adornada por las nubes negras y espesas que se reflejaban desde el cielo.

Estaba perdiendo el tiempo. Dar vueltas por aquella ciudad no iba a serme de ninguna ayuda. Estaba huyendo como un puto cobarde. ¿Acaso no era lo suficientemente adulto como para saber que tenía que aceptar las consecuencias de mis actos? Irme de paseo no era la forma más inteligente de arreglar las cosas.

Iba a tener que regresar tarde o temprano. Así que lo mejor que podía hacer era asumir que había cometido un error y hablar con Allen de forma clara. Sabía que esa era la forma de resolver los conflictos, pero me seguía costando un mundo tener que arreglar las cosas de ese modo. Mi don no era el de la palabra, definitivamente.

Pero tampoco había otra cosa que pudiera hacer, después de todo. Desde siempre, cada vez que alguien me causaba problemas, solía valerme de violencia, amenazas y malas contestaciones para obtener lo que quería. Sin embargo, eso sólo valía cuando la persona a la que me enfrentaba no me importaba lo más mínimo. No entraba en mis planes hacerle daño a Allen, por lo que ni siquiera se me ocurriría intentar una táctica semejante. Así que la única opción que me quedaba era el diálogo.

Resoplé, llevándome una mano a la frente para apartarme de los ojos el flequillo aun húmedo. Entonces lo que debía hacer en ese momento era dejarme de tonterías y volver al hotel.

Más por inercia que porque pudiera interesarme, volví la vista hacía donde debía estar aquella maldita lagartija, pero no vi a nadie. Alce una ceja ¿Se habría quedado por el camino? Escuché un leve chapoteo cerca de mí y al mirar encontré la respuesta al enigma. Aquel crío se encontraba inclinado en la orilla, sumergiendo la cabeza por completo en el agua.

Tras un rato después del cual pensé que se iba a ahogar, le di un leve puntapié en el costado para llamar su atención. Sacó la cabeza entonces y se sacudió como si fuese un perro.

-¿Tienes un peine? - Preguntó mientras se escurría el pelo, que mojado le llegaba prácticamente hasta los hombro.

Chasqué la lengua. ¿Tenía cara de peluquero a caso? Debía dar gracia de que llevaba a Mugen, por lo que pudiera ocurrir. No estaba de humor como para que se me ocurriera traerme además un centro cosmético conmigo. Él infló los mofletes al notar que no iba a contestarle.

-Claro, si yo tuviera el pelo tan liso también pondría esa cara. Ibas a ver que pensabas si cuando se te secara el pelo en lugar de una persona parecieses una oveja.

Continuó peinándose con la mano izquierda, remangándose como pudo, tratando de deshacer los rizos rebeldes que estaban comenzando a formarse según se le secaba el pelo.

-Me voy - Dije lacónicamente, aburrido de mirar como aquel niño seguía con la misión imposible de peinarse las puntas, que habían quedado disparadas, clamando por seguir su curso natural y convertirse en los bucles que aquel enano intentaba que no fueran.

-Espera – Pidió, mientras se levantaba y se quedaba absorto, observando el cielo con fijeza -Parece que va a llover.

-¿Y a mí qué? Mueve el jodido culo si no quieres que te deje atrás. Vamos.

Di un par de pasos, pero el no se movió, parecía haberse quedado hipnotizado por el color grisáceo de las nubes que había sobre nuestras cabezas. Al ver que no tenía la más mínima intención de moverse, tomé la determinación de dejarle allí y que se las apañara como pudiera. Yo no era la niñera de nadie y bastante paciencia había tenido ya.

Caminé de regreso hacia la calle por la que habíamos venido. Volví la vista solo un momento para ver si ese canijo seguía en sus trece. Su centro de atención había cambiado, y era algún lugar de otra calle que se encontraba cerca. Como ido, dio unos cuantos pasos sin apartar la vista un momento, con los ojos totalmente opacados. Ya había tenido suficiente. No tenía porque aguantarle.

Antes de que tuviera tiempo de darme la vuelta y perderle de vista, levantó su mano derecha. Con una luz cegadora, aquel crío despareció en frente de mis narices, apareciendo en su lugar un dragón negro, que echó a correr como alma que lleva el diablo, dando un susto de muerte a dos pobre mujeres que bajaban por la calle por la que él acababa de meterse.

-¿¡A dónde coño crees que vas!? ¿¡Es que te has vuelto loco!? ¡No puedes activar la Inocencia cuando te salga de los cojones!

Como no recibí ningún tipo de contestación, no tuve más remedio que salir corriendo tras él. Logré alcanzarle a pesar de la velocidad con la que sus cuatro patas le impulsaban. Conseguí agarrarle, no sin dificultad, por su rabo escamoso y lleno de espinas, haciendo fuerza para que se detuviera.

-Suéltame...¡Suelta! Allí... ¡Eso! - Me dijo con voz rasposa, como si razonara incluso menos de lo que solía hacerlo cuando su cuerpo no estaba influido por la Inocencia.

Dio un tirón, haciéndome perder el equilibrio por un momento, pero sin llegar a caerme. Mientras él continuaba su camino Dios sabe dónde, recuperé la compostura. Algo desconcertado, le observé irse, como si supiera perfectamente a donde se estaba dirigiendo. Al ver como se me escapaba, supe que dejar a un dragón desquiciado corriendo por una ciudad no era una opción, por lo que continué persiguiéndole, jurándome que cuando aquella cosa recuperase su forma humana iba a recibir tal paliza que no querría volver a jugar a las carreras nunca más.

Después de una frenética persecución a través de callejuelas estrechas y empinadas, terminamos doblando una esquina. Justo al entrar en un callejón sin salida un líquido espeso y caliente me salpicó en la cara. Me pasé la mano por la mejilla, que quedó manchada del un macabro color carmesí. Al mirar al frente encontré a Dmitry parado, gruñendo, con las escamas erizadas como si fuese un perro rabioso, y al final de la calle a una criatura antropomórfica que tenía entre sus manos un cadáver sanguinolento al que acababa de reventar la cabeza.

Soltó el cuerpo con desdén, para luego girarse y mirarnos con una mueca que pretendía ser una sonrisa. Instintivamente, desenfundé a Mugen. Aquel ser no era algo que hubiese visto antes, pero al observar sus gestos, pude saber sin lugar a dudas que era un akuma.

Su forma estrambóticame angelical me hizo vacilar durante un par de segundos, antes de activar mi Inocencia y arremeter contra él. Sin embargo, valiéndose de sus extrañas alas, me esquivo sin dificultad alguna, alzando el vuelo. Dmitry reaccionó e intento alcanzarle mediante saltos, como si ignorase que él también tenía un par de alas en su lomo.

-¿Exorcistas? Vaya. Seguro que matar exorcistas es incluso más divertido que matar personas normales...

Fruncí el ceño ante el comentario de aquella criatura. Era un akuma evolucionado, sin duda alguna. Sin contar al dragón-akuma, solo me había enfrentado a akumas de nivel tres. Pero eso no me echaría hacia atrás, ni mucho menos. Aquel bicho era una prueba. Si podía acabar con él, estaría un paso más cerca de poder luchar de igual a igual contra el jodido dragón-akuma. Blandí a Mugen con decisión.

-Venga, intenta acercarte siquiera, mala bestia. Vas a arrepentirte de haberte cruzado en mi camino.

Un par de gotas pesadas cayeron sobre mi cara, limpiándola de los restos de sangre ajena que aun quedaban sobre ella. Aquel crío tenía razón, había comenzado a llover. En aquel momento, mientras Dmitry bufaba, abriendo sus fauces, el akuma se rió sonoramente, en una carcajada hueca y sin vida, presagio de las complicaciones que aun estaban por venir.

Continuará...

El rincón de las estupideces de Hermachis.

Antes que nada...

Glosario:

(1)Továrishch:En ruso. Compañero, camarada. Este término fue utilizado por los bolcheviques para sustituir al tratamiento normal de "señor" y "señora". Pero como la revolución bolchevique fue en el 1917 y D gray man está muy lejos de eso, no va con ningún significado político. Dmitry lo usa con connotaciones cariñosas porque él es tonto y a mí me apetece ¿Alguna pregunta al respecto? xDDDD

(2)En japonés, Ryuu significa dragón. De ahí que Kanda diga que la imaginación de Lavi es bastante limitada xD

(3)Raj británico: Administración colonial británica del subcontinente de la India, que duró desde 1858 hasta 1947, año en que se dividieron los territorios en dos regiones, India y Pakistán, y les fue otorgada la independencia.

Sí, estoy viva, aunque parezca increíble xP Los estudios han decidido absorberme hasta límites insospechados, y a mí no me queda otra que llorar, lamentarme y estudiar u.ù Pero eso no significa que vaya a abandonar el fic, simplemente que la selectividad se cierne sobre mí como una bestia sanguinaria e indómita, aberronchándose contra el rocaje vivo (lol?). Por eso escribo poco a poco, muuuy poco a poco xP Pero hago todo lo que puedo T.T Espero que la gente que aun esté siguiendo mi fic pueda perdonarme algún día XP Después de tres meses y medio, de todos modos, quizás un par de palos bien dados puede que sí merezca lol

Este capítulo es un poco especial para mí por que es el primero que subo después de que este cacho de trozo de cosa al que llamo fic haya cumplido un año el pasado enero. Jamás pensé que duraría tanto xD (Y lo que me queda lol A este ritmo, otros tres años por lo menos)

Muchísimas gracias a Meroko, anonimolol, Hydeist, Xoa-kag, . Riznao, yuki-souma, Lissy Aquarius, Haindir, mikyra-chan, Mikixsacm, jicalazuxil, Shizuru, Dircray, Kshieru, Kurayami-Miko, Pink Nymphetamine y Noriko por sus comentarios y su apoyo n0n Me ayuda mucho a seguir escribiendo. Por eso siento mucho no poder contestarlos. Maldita falta de tiempo T.T

Oh, y gracias más que especiales a Noriko por otros dos hermosísimos dibujos que hizo basados en mi fic x3. Me encanta como dibuja esa chica. Sus dibujos son increíbles y me hacen muchísima ilusión recibirlos. No se pueden ver aquí, así quereir verlos están los links en mi perfil.

Bueno, gracias en general también a todos aquellos que estén leyendo el fic y que les guste. (Parece que me acaban de dar un oscar, no paro de dar las gracias xD)

Criticas, preguntas, dudas, opiniones y ese tipo de cosas, en un review n0n

¡Hasta pronto!