Siguió pasando el tiempo hasta llegar el siglo XXI.
Gilbert empezó a vivir con su hermano Ludwig en Berlín cuando Prusia dejó de existir como país. Al no tener nada que hacer por haber perdido su título de país, se pasaba los días jugando con Gilbird o viendo la televisión tumbado en el sofá mientras bebía una fría jarra de cerveza y comiendo wurst. A veces en vez de hacer eso, escuchaba heavy e incluso lo tocaba con una guitarra algo vieja que tenía. Pero algo que hacía todos los días, era acordarse de los dos meses que ocurrieron siglos atrás.
Roderich… ese nombre resonaba en su cabeza. No había podido olvidarle en todo éste tiempo, y fue más difícil cuando empezó a pasar por la casa de Ludwig, cosa que aprovechaba para poder verle, aunque era de lejos. Roderich sabía que el prusiano vivía allí, pero parecía no echarle cuenta y, una vez que Gilbert intentó hablar con él éste le ignoró demostrando así que no había olvidado los hechos del pasado.
-Hey, West.-Llamó Gilbert curioso a su hermano que acababa de tener una reunión con Roderich.
-Prefiero que me llames Ludwig, ya lo sabes.-El alemán suspiró tras decir eso.- ¿Qué es lo que quieres?
-¿Qué te dijo el podrido señorito esta vez? ¡Seguro que me puso verde! ¡Kesesesese!
-No… No me dijo nada de ti. Siempre me preguntas lo mismo y siempre te respondo lo mismo, ¿Por qué estás tan obsesionado con él?
- …Por nada.-Dijo Gilbert ruborizándose. No quería que su hermano pensase que era un blando por estar enamorado, y más siendo que estaba enamorado del podrido aristócrata.
-Está bien.-Ludwig no se atrevió a decirle nada más, su hermano se ponía raro cuando hablaban de Roderich o simplemente cuando se le mencionaba. De pronto, al alemán se le encendió la bombilla.-Ah, sí que me dijo algo.
-¿¡Qué te dijo!?-Preguntó Gilbert clavándole los dos rubíes que tenía por ojos con una cierta ilusión que supo ocultar para que Ludwig no se diese cuenta.
-Veamos… Me dijo que si te venía bien, pasado mañana podrías ir a cenar a su casa…
-¿¡En serio!? –Interrumpió Gilbert lleno de euforia.- ¡Kesesesese! ¡Daré una lección a ese podrido señorito por haberme ignorado todos estos siglos!-Gritó Gilbert mientras se ponía a saltar en el sofá.
El rato siguiente se lo pasó bailando y saltando en el sofá mientras cantaba una canción que se acababa de inventar sobre la cena del próximo día, Ludwig le miró un rato, pero se aburrió rápido y decidió que pasear a sus perros sería más entretenido que observar a su hermano. A Gilbert le costó darse cuenta de que su hermano se había ido, pero en cuanto lo hizo, paró de montar el espectáculo y se fue a su cuarto para ver qué se podría poner el día de la cena. Tras sacar absolutamente toda la ropa que tenía y mirar todo milímetro a milímetro decidió que no tenía nada lo bastante "awesome" para ir con ello a la cena, así que pensó que al día siguiente saldría de compras para conseguir algo decente. Miró por la ventana, había anochecido y al mirar el reloj vio que era tarde, así que se metió en la cama con un peluche gigante de un pollo y se durmió al poco rato.
