Llegó el día siguiente con un sol brillante y abrasador, aunque no consiguió que Gilbert se despertase pronto, pues pasó el mediodía y aún seguía durmiendo. Cuando por fin se levantó sin mirar el reloj, se metió al baño, se dio una ducha fría y al salir se vistió con una camiseta negra de algún grupo heavy, unos vaqueros, unas botas negras de estilo militar que había llevado previamente en alguna guerra y una palestina blanca y negra. Bajó a la cocina esperando desayunar con su hermano, pero cuando fue allí no había nadie.
"Estará con su novio… Creo que hacía un mes o dos con Feliciano. Espero poderle restregar mi relación awesome algún día, kesesese." Pensó mientras se servía un cuenco de cereales al que después añadió algo de leche y una cucharilla. Trató de desayunar rápido y cuando terminó de fregar el cuenco y la cucharilla se puso a buscar su cartera, que encontró en unos pantalones que se había puesto hacía unos días. Miró el interior, bonobús, tarjeta de crédito, dos billetes de cinco euros y unas monedas de céntimo, pensó que estaba todo y se lo metió al bolsillo del vaquero, luego salió a la calle.
Cogió un autobús que le dejó en una zona céntrica, pero tuvo que acercarse a las tiendas que quería andando para descubrir que estaban cerradas. Miró la hora, era ya la hora de comer, así que se metió en el primer bar que encontró para comer y ya de paso, poder hacer hora hasta que abriesen las tiendas.
Cuando entró tomó asiento en una mesa del fondo y miró la carta. Los platos tenían buena pinta, pero optó por el menú del día, que además le recordó a Roderich por el precio, 7 euros por dos platos, postre y bebida sonaba bastante tentador y más por esa cantidad de dinero. Llamó al camarero para pedir lo que quería y, mientras éste tomaba nota se abrió la puerta del bar y entró alguien que no pegaba mucho con el ambiente.
El bar se veía antiguo además de lúgubre y descuidado, tenía el suelo sucio y alguna que otra telaraña en las esquinas superiores que las arañas habrían tejido tratando de escapar del humo de los cigarrillos de los clientes, que presentaban un aspecto similar al del bar, sin embargo, el hombre que entró era esbelto y tenía un porte elegante acentuado por el adorno con volantes que mostraba en el cuello sobre la gabardina azul que llevaba abrochada acompañada de unos pantalones marrón claro y unos zapatos del mismo color, pero más oscuros.
Gilbert sintió cómo se le aceleraba el corazón al ver a Roderich tomar asiento en una de las primeras mesas del bar. No podía creerse que se hubieran encontrado por casualidad en el mismo bar y odiaba esa sensación de tenerle tan cerca pero sentirle tan lejos.
Roderich pidió un menú también y les pusieron los platos a la vez. Empezaron a comer, uno deprisa y sin preocuparse mucho por los modales, otro educadamente y manteniendo las formas tratando de no llamar la atención, aunque parecía conseguir el efecto contrario. Gilbert terminó de comer bastante rápido y miró a Roderich disimuladamente. Parecía no tener marcas de la argolla en el cuello y parecía tener buena cara y el color de piel de siempre. Sin darse cuenta, terminó mirándole ensimismado y pensando cómo podría empezar una conversación con él, pero un hombre que parecía ir bastante ciego de alcohol se acercó al austriaco con bastantes confianzas, cosa que hizo que Gilbert se pusiese alerta preocupándose por la seguridad de Roderich. Éste miró al hombre que se estaba acercando a él y a pesar de retirarle rápidamente la mirada, el borracho se sentó a su lado.
-Hola, guapo.-Dijo el hombre en inglés, a pesar de que se le notaba que era alemán por su marcadísimo acento.
-Hallo.-Respondió Roderich con cierta desgana mientras se llevaba el último trozo de wurst que le quedaba en el plato a la boca y daba un sorbo al café que le habían servido hace escasos minutos.
-Oh, ¿Eres alemán?-Preguntó el hombre esta vez en su idioma natal.
-No, austriaco.-Contestó de forma tajante apartando el plato y la taza de café para que se lo retirasen de la mesa.
-Ya imaginaba que tal belleza era imposible de encontrar en Alemania, y aún más imposible en una ciudad como Berlín… ¿Me dirías tu nombre?-Susurró a Roderich al oído intentando parecer sensual. La situación incomodaba al austriaco y Gilbert se encontraba a punto de perder los nervios.
-No te importa eso.-Roderich trató de huir de las zarpas del borracho, pero éste se puso violento y comenzó a forcejear con el austriaco y antes de que pudiese intervenir el dueño del bar, otra persona quiso tomar cartas en el asunto.
-¡¡Yo vi antes a este podrido señorito, así que aparta tus sucias manos de él, borracho de mierda!!-Gritó Gilbert al tiempo que empezaba a propinar puñetazos al hombre que había intentado abusar de Roderich.
El austriaco no creía lo que estaba viendo. Gilbert había salido de la nada y estaba protegiéndole en vez de haberse unido al borracho para abusar de él o simplemente para reírse. Ese acto hizo que recordase los sentimientos que creía tener encerrados bajo llave para que nunca saliesen a la luz, esos sentimientos que creía que habían desaparecido cuando el prusiano le secuestró durante dos meses y le despojó de su condición humana, el amor que sentía por Gilbert, el amor que incluso había intentado de olvidar habiendo pasado gran parte de su vida casado con una mujer. Sus mejillas habían adquirido un tono rosado y en sus ojos aparecía también un brillo de ilusión.
-¡Gilbert, para! ¡Kono Obakasan Ga! –Chilló a tiempo de que Gilbert arrojase al suelo al hombre que había dejado inconsciente a base de puñetazos.
-Pero… Este hombre iba a…
-He dicho que pares. Vamos fuera.-Roderich pagó los dos menús, pidió disculpas al dueño del bar, hizo que Gilbert soltase al borracho y salieron juntos del bar.
-¿Pero qué te pasa, podrido aristócrata!? ¡Ese tío iba a violarte y le estás dejando escapar! –Exclamó el prusiano como si reprendiese al austriaco.
-Como tú hiciste siglos atrás, deberías de recordarlo.-Le respondió fríamente. Ante esa respuesta, Gilbert se dio la vuelta yendo a lo que había venido a hacer por la mañana, pero Roderich se lo impidió cogiéndole de una muñeca.- Danke.
-¿Danke? –Gilbert le miró dubitativo, como si no supiese qué le decía.
-Por ayudarme antes… ¿Te tengo que recordar las pocas buenas acciones que haces aunque las hayas hecho apenas unos minutos? Obakasan…
-Ah… de nada pues.-Gilbert bajó la mirada sonrojado y entonces Roderich le soltó la muñeca mientras ambos se giraban, pues iban en direcciones contrarias.
-Y… No te olvides de la cena de mañana.-Añadió Roderich antes de ir rumbo a la estación para poder volver a Viena en tren.
Cuando Gilbert oyó las últimas palabras del austriaco, se dio la vuelta, pero ya había salido de su campo visual. Se quedó algo mal por no poderse haber despedido como le hubiese gustado, pero eso no le desvió de su objetivo inicial. Caminó a lo largo de la avenida y se decantó por una tienda que tenía ropa algo informal, pero con un toque elegante. Entró en ella y tras mirar y probarse numerosos modelos, se decantó por una camisa negra de manga corta con los botones blancos y un bolsillo en el pecho conjuntada con unos pantalones de color gris oscuro que tenían una caída recta. Pagó todo con la tarjeta de crédito, marchó a casa y allí empezó a hacerse la maleta porque aunque Roderich sólo le hubiese invitado a cenar, él pensaba quedarse una temporada más, aunque no fuese en su casa, pero todo fuese por pasar un tiempo con él ahora que se había vuelto a dar cuenta de que existía.
Ahora unas palabras de la autora, opcionales, por supuesto XD
Bueno, en primer lugar, gracias a todos por seguir mi obra y por las reviews x3 Me hacéis muy feliz n//n~3
Y, me hizo gracia una review que me preguntaban cómo podía Gilbird arropar a Gilbert... imaginé que sería con el piquito, deslizando la sábana con cuidado por el cuerpo de éste, aunque es cierto que sería mucho esfuerzo para un pollo, sí... xD
En fin, repito, gracias y... Intentaré poner mañana capítulo nuevo x3
