No sabía cuánto tiempo habría transcurrido desde que se desmayó, pero Gilbert finalmente pudo despertar en una habitación decorada de una forma algo barroca y sobre una amplia cama. Se miró, estaba vestido con un pijama morado de dos piezas en que estaba bordado el nombre de Roderich. No tardó mucho en darse cuenta de que estaba en su habitación, ¿Qué había pasado durante el tiempo que había estado ausente?

Empezó a oír unos pasos y sospechando que fuese algún sirviente, se hizo el dormido para que no le molestase. Los pasos eran livianos y firmes al mismo tiempo y llegaron al lado de la cama, donde pararon. Lo siguiente que se oyó fue cómo la persona que dio los pasos dejó algo metálico en una mesilla que había junto a la cama y después, Gilbert notó una cálida mano en su mejilla que se movía despacito acariciándole. Ese gesto fue seguido de un beso donde le había acariciado y un "Ich Liebe Dich" antes de que se volviesen a oír los pasos, pero esta vez saliendo de la habitación.

Era indudable que lo había dicho Roderich, reconocía su voz entre todas las del mundo, pero… ¿Sería una broma? Le había engañado, le había pegado, le había violado… Era imposible que le amase… Pero entonces recordó lo que hizo él siglos atrás, pues era la misma situación pero con los papeles al revés, un teatro donde dos actores habían intercambiado sus papeles a última hora.

Gilbert se incorporó y miró la mesilla, en ella había una bandeja plateada con muchos adornos grabados y sobre ella había un jarrón en el que dentro habían metido una rosa roja. También había un juego de té de porcelana y una cucharilla de plata junto a un sobrecito de azúcar. Supuso que sería por la mañana y que eso era su desayuno, así que cogió la bandeja, la puso con cuidado sobre sus piernas y empezó a beber mientras miraba por el ventanal del balcón que había frente a la cama.

Había amanecido un día caluroso, con una agradable brisa que mecía las hojas de los árboles del jardín de la parte trasera de la casa y el agradable canto de los pájaros rompía el silencio que parecía no querer hacer acto de presencia. Gilbert pensó que no le importaría poder despertarse así todos los días y tras beberse el té, salió al balcón.

En él, había una pequeña mesa de hierro pintada de color blanco con dos sillas a juego que estaban a ambos lados de ella. El prusiano se sentó en una de las sillas y admiró el jardín que veía desde allí. Justo cuando pensaba que verlo con Roderich sería maravilloso, sintió una mano en su hombro y al girarse, vio que, efectivamente, era Roderich.

Iba aún con el pijama, idéntico al que había prestado a Gilbert, sólo que de color azul y con una bata acolchada a juego, al igual que las zapatillas con algo de pelito en las punteras. Ninguno dijo nada, tan sólo intercambiaron miradas hasta que el austriaco tomó asiento en la silla libre tras depositar una maleta encima de la mesa.

-Llegó ayer por la noche. La ha mandado tu hermano al ver que te la dejaste.-Dijo Roderich rompiendo el silencio.-Parece que te querías quedar durante unos días.

-Sí, bueno…-Dijo Gilbert algo tímido.-Pero… Da igual, ¿No? En un rato volveré a casa.

-Como quieras y… comprenderé que tras lo de ayer no quieras saber más de mí.

-¿Me acompañarías a la estación de trenes, al menos?

-Sabes perfectamente dónde está, no necesitas que lo haga.

-…-Gilbert miró a Roderich y le sonrió.-Gracias.

-¿Ironías?-Preguntó el austriaco en tono burlón.

-No. Gracias por la cena de ayer… y gracias por haberte vuelto a dar cuenta de que existo tras haberte hecho eso aquella…

-¿Por qué lo hiciste?-Interrumpió Roderich.

-¿Por qué hice qué?-Respondió con duda.

-Aquello. Es algo que llevo cientos de años preguntándome, ¿Por qué yo? Mira que hay países y precisamente tuve que ser yo.

-Bueno… No es que sea algo de importancia, sinceramente.-La pregunta había cogido al prusiano por sorpresa y le costaba decidir las palabras, aunque al tono rosa de sus mejillas no pareció que le costase salir.

-A mí sí que me parece importante. Yo te dije mi motivo para hacerte eso, a mí me gustaría saber cual fue el tuyo.-Roderich colocó una de sus manos sobre una de las del prusiano y le miró dulcemente, como si ya supiese la respuesta.

-Bueno… Lo hice porque creía que era la única forma de tenerte a mi lado, supongo… No sé, ¡No se me dan bien estas cosas! Ya lo sabes, señorito.-Añadió con una sonrisa triunfal.

-Existen más formas de demostrar ese tipo de sentimientos. En nuestro idioma bastan tres palabras para hacerlo.-Dijo calmadamente mientras se ponía sobre las piernas de Gilbert.

-Tendrás que enseñarme cuales son.-Gilbert bajó un poco los párpados dejando sus ojos entrecerrados y rodeó a Roderich con sus brazos.

-Son muy cortas, no te costará aprenderlas.-Roderich puso sus manos en los hombros de Gilbert y acercó sus labios a los del prusiano mientras cerraba los ojos.-Escucha, son…

-Ich Liebe Dich.-Interrumpió Gilbert y, sin dar tiempo a que Roderich dijese algo, le dio un apasionado beso. Cuando se separó, ambos sonrieron como si nada hubiese pasado anteriormente entre ellos.-Pero… ¿Cómo lo sabías?

-Tu hermano me comentó una vez que preguntabas mucho por mí y eso me hizo sospechar un poco, aunque no le di importancia. Sin embargo, el día que me protegiste de aquel borracho me hizo recordarlo y encajé las piezas. Además… Ese acto de heroísmo hizo que las cenizas que habían quedado en mi corazón volviesen a arder…

-¿De qué hablas ahora?-Gilbert le miró dubitativo.

-Me refiero a que recordé lo que sentí por ti, obakasan.

-… ¿¡Habías estado enamorado de mí!? ¿¡Por qué no me lo dijiste!?-Chilló Gilbert en tono de falso enfado.

-También me lo podrías haber dicho tú de una forma más tradicional, kono obakasan ga.-Roderich infló las mejillas, que Gilbert le pellizcó cariñosamente antes de besárselas.

-Perdona… Si no te hubiese hecho aquello…

-Bueno, no revuelvas en el pasado… Me gustaría poder hacer como que no pasó nada.

-¡Pero soy un idiota!

-Eres mi idiota.-Roderich sonrió dulcemente a Gilbert.-Anda… ¿Entramos a casa?

-Sí… Tendré que irme vistiendo para volver a Berlín, kesese.-Sonrió algo triste pensando que tendría que volver a casa separándose de Roderich otra vez.

-¿Para qué quieres volver allí? Tendrías que hacer la maleta y eso cuesta mucho trabajo.

-Pero si la maleta ya está hecha… Eh… Espera un momento…-Gilbert abrió la maleta y soltó una carcajada de lo feliz que era en ese momento al ver que podría despertarse como había hecho ese día durante el resto de su vida.


Y hasta aquí hemos llegado con "Un Amo Cruel" x3

Muchas gracias por las reviews y muchas gracias a todos los que habéis seguido la historia hasta el final ^^

Y gracias también a mi queridísima, quien me revisó los capítulos en busca de posibles erratas que espero haber podido corregir con su ayuda w!

Dicho sea de paso... Suelo inspirarme en los roles que hacemos para hacer los fanfics, sin ella seguramente me sería imposible trabajar XD

Y bueno, dejo de contaros mi vida, que sé que os aburro e_e XD

Seguiré trabajando en más fics de los que espero que disfrutéis y, repito, muchísimas gracias a todos ^^ espero que nos volvamos a ver pronto! :D