Twilight pertenece a Stephenie Meyer.

Bella perdió a sus padres en un accidente de tráfico. A cambio ganó una nueva familia. Bella dejó sus caprichos caros y su dura actitud, conservando una repentina timidez. A cambio ganó un nuevo amor. Causa y efecto, le hicieron vivir una vida que ella no podía ni soñar en tener.

Causa y Efecto

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No pudo terminar su pensamiento, por un abrupto chillido proveniente de su madre. ¿Pero qué…? Pensó, le dio tiempo a gritar y después todo se volvió negro.

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Capítulo I. Reacciones.

Estaba soñando. Soñaba con que estaba en un cuarto completamente blanco. Y suave. Al principio estaba aterrada, pero poco a poco comencé a sentirme cómoda en el lugar. Entonces moví mi cabeza para apretarme contra la suave almohada de mi cama… Y desperté. Abrí los ojos apenas en rendijas y la luz se filtró entre mis pestañas. Maldije en voz baja mientras me concientizaba sobre el creciente dolor que atormentaba mi cabeza. Llevé mi mano hacia mi frente y descubrí algo anormal.

Allí, del lado izquierdo, estaba lo que parecía una cicatriz. ¿Qué demonios?... Entonces me di cuenta de la realidad. Abrí los ojos completa y abruptamente. Esta no era mi casa. Ni estaba recostada en mi cama. Ni traía mi cálida pijama puesta. En lugar de esto, estaba recostada en una cama de hospital, con una bata hospitalaria puesta. Comencé a sudar y me di cuenta de la presencia de alguien más en la habitación.

Iba a gritar cuando me di cuenta de quién estaba ahí conmigo. Mis abuelos Erik y Monique. Rápidamente se levantaron de las sillas en las que habían estado y corrieron hacia mí con una expresión aliviada. Ambos tenían rastros de lágrimas en sus rostros.

-¿Qué…? ¿Qué pasó? –pregunté confundida, intentando incorporarme, lo cuál me provocó un dolor aún más intenso en la cabeza.

-Shh, shh, cariño, estás a salvo –mi abuela acunó cuidadosamente mi cabeza en su pecho y comenzó a mecerme suavemente-. Ya pasó.

-¿Pero qué ha pasado? –Exclamé más confundida que antes- ¿Dónde están mis padres? Quiero verlos, ¡Ahora! –algo en mi interior me decía que algo había pasado con ellos. Y que ese algo no era bueno.

Mis abuelos se miraron nerviosamente entre sí y yo solté un sollozo.

-¿Dónde están? –pregunté de nuevo con un hilo de voz.

Mi abuelo le dio un apretón de hombros a mi abuela y salió de la habitación, la cuál quedó enterrada en un silencio sepulcral. Pasaron unos minutos de tensión y entonces mi abuelo regresó, acompañado de un tipo… un muy guapo tipo, a decir verdad, pero se me hacía conocido…

-Gracias por avisarme, Erik –le dijo el extraño familiar al abuelo-. Yo le informaré todo. ¿Quieren quedarse?

Erik y Monique asintieron.

-De acuerdo –el doctor asintió-. Pero primero ¿Cómo estás, linda? –me preguntó poniendo su mano sobre mi frente para averiguar mi temperatura.

-Bien. ¿Y mis padres? –pregunté, terca. Necesitaba saber como estaban. No lo que en realidad necesitaba saber, es que estaban bien. El doctor suspiró.

-Por cierto… Mi nombre es Carlisle –Carlisle, Carlisle… ¡Carlisle! Oh mi Dios, ¡El doctor Cullen!

-Carlisle… ¿Es usted el doctor Cullen? –pregunté algo tímida.

-El mismo –rió-. Veo que me recuerdas.

-Sí, claro –respondí-. ¿Y mis padres? –pregunté por enésima vez en el tiempo que llevaba consciente. El doctor suspiró de nuevo.

-Isabella, ¿Eres consciente de lo que pasó? –su pregunta me tomó por sorpresa. Recordé vagamente como íbamos a casa de mis abuelos. Recordé un grito de mi madre, uno mío, y después… nada.

-Sólo… sólo un poco. ¿Qué pasó? –las ansias me comían. Él suspiró de nuevo. ¡¿A caso no se le acababan los suspiros?!

-De acuerdo… Tuvieron un accidente de auto. Muy grave. Al ir tú en el asiento trasero, recibiste el impacto de una forma menor. Pero… tus padres…

-¿Sí? ¡¿Sí?! –vale, ahora estaba histérica. Ya sabía la respuesta, pero necesitaba escucharla para creerla.

-No sobrevivieron el impacto. Lo siento mucho, en verdad –simplemente sentí cómo algo se derrumbó dentro de mí, muy cerca de mi corazón. Sentí las lágrimas silenciosas correr por mis mejillas y pude percibir que decía algo más, pero me preocupé en escuchar qué. Mis padres ya no estaban conmigo, y nunca los volvería a ver. Entonces, me desvanecí de nuevo.

Desperté a lo que a mí me parecieron unos diez minutos. Pero según el reloj que había en la pared delantera de la habitación, habían pasado…

-¿Dos horas? –dije con voz patosa. La última vez que había visto el reloj eran aproximadamente las 6 pm, y ahora las 8… Lo cuál era extraño, porque dicen que mientras más corto sientes que es el desmayo más largo es en realidad…

-En realidad fueron 26, cariño –escuché a mi abuela decir. Ah, eso explicaba todo… -. Has estado… dormida desde ayer –al pronunciar la palabra 'dormida', noté como su cuerpo se estremecía levemente. De acuerdo…

-¿Qué pasó? –pregunté armándome de valor.

-¿Qué? ¿No recuerdas la explicación que te dio el doctor? –me preguntó confundida.

-¡No!... Es decir, sí… -suspiré- Entiendo la explicación, pero quiero… quiero saber como pasó todo.

Aún me sentía muy vacía por dentro, casi no podía soportar el dolor que creía en forma de espiral en mi pecho, pero necesitaba saber cómo había sucedido todo. Ya encontraría tiempo para lamentarme después. Si algo me habían enseñado, o por lo menos yo había aprendido, era a ocultar muy bien las lágrimas, así que podría soportar el escucharlo a todo sin romper a llorar.

Mi abuela simplemente asintió. Presionó un pequeño botón rojo que estaba cerca de la silla en la que ella había estado sentada y esperamos. Al poco tiempo el doctor Cullen irrumpió en la habitación.

-¿Qué pasa? –preguntó. Se veía cansado, pero claro, era un doctor, y los doctores siempre tenían cara de cansados, ¿no?

-Isabella… -mi abuela reprimió un sollozo- Isa quiere saber cómo ocurrió todo.

-Oh… entiendo –Carlisle frunció el ceño-. ¿Seguro quieres escucharlo todo? ¿Crees que…?

-Puedo soportarlo –afirmé, segura de que su pregunta interrumpida era la pregunta que requería escuchar la respuesta que di-. Sólo quiero saber cómo ocurrió.

Carlisle asintió.

-No puedo decirte todo con exactitud, dado que yo no estaba ahí. Pero según el reporte de policía y de los testigos, tu auto iba en el carril correcto, y fue entonces que un conductor cambió del carril contrario al que se encontraban ustedes… El problema fue que, además de que el vehículo que conducía el tipo con el que chocaron era un camión de carga, el conductor… El conductor iba en estado de ebriedad –tragó con pesadez.

Así que, ¿Eso había sido todo? ¿Mis padres ya no estaban conmigo sólo por culpa de algún idiota que se pasó de copas? ¿Mis padres habían muerto por causa del abuso del alcohol, sin siquiera haberlo probado?

-Oh…

-El tipo también falleció –dijo Carlisle al tiempo que me daba un ligero apretón en la mano-. ¿Cómo te sientes?

-Desde luego no muy bien –respondí-. Pero creo que podré sobrellevar el dolor –lo cuál era una gran mentira. Pero eso no era lo que me importaba en este momento-. ¿Cuándo podré salir de aquí?

-Esta tarde, si así lo deseas –me contestó, evidentemente sorprendido por mi tono sombrío.

-Se lo agradecería mucho –dije.

-De acuerdo. Ahora mismo sello tu diagnóstico… Y podrás irte en aproximadamente una hora.

Asentí con cuidado. Mi abuela le dio las gracias al doctor y este salió de la habitación. Solo miré a mi abuela para pedirle que me ayudara a cambiarme, y después de eso evité el contacto visual mientras me quitaba la horrible bata de hospital y me ponía un vestido que reconocí como el que llevaría a la visita. Mientras me lo ponía, me pude percatar de los diversos cortes que se habían formado a lo largo de mi brazo izquierdo.

-Son horribles –le comenté a mi abuela-. Seguro que tardarán en cicatrizar. Demonios.

Seguramente ella también estaría sorprendida por mi aparente indiferencia, pero no me molesté en voltear a verla. Seguro que cualquier rastro de llanto por su fino rostro me haría quebrar mi coraza a mí también.

Terminé de vestirme y desocupamos la habitación. Nos dirigimos a la recepción, donde ya se encontraba mi abuelo (¿Dónde se habría metido antes?). Carlisle les entregó el certificado médico y ellos lo firmaron.

Entonces nos fuimos a la casa de ellos. Aunque aún había muchas dudas por delante. ¿Dónde iba a quedarme? Claramente no en mi casa. ¿O sí? Podría quedarme con mis abuelos por un tiempo, pero ellos no podrían cuidarme en unos años debido a su edad. Aunque yo ya tenía siete, en unos cuantos crecería y podría mudarme…

Deliberé sobre esto en todo el camino. Todos fuimos en silencio, guardando una especie de luto. Ellos habían perdido un hijo, y yo un padre. Apenas podía imaginarme como estarían mis abuelos Heath y Erin. Ellos habían perdido a una hija, y yo a una madre. ¿Irónica la vida, no? Aquellos que aún tienen padres los tienen ahí, desobedeciéndolos, contradiciéndolos, rezongándoles, deshonrándolos, incluso maldiciéndolos. Y yo que ya no tenía, daría cualquier cosa por escuchar de nuevo a cualquiera de los dos darme una reprimenda o lo que fuese.

Llegamos a la casa y no tenía ganas de nada, así que me fui a mi habitación y me encerré. Y lloré. Lloré de verdad, como no había hecho en años. Así pasó el resto de mi tarde, que dio paso a la noche, en la cual hubo un momento que mis ojos estaban tan secos como un desierto. Así que me quedé dormida.

Los siguientes días fueron de absoluta confusión. Todos hablando de lo que pasaría conmigo. Mis abuelos Dwyer se reunieron con mis abuelos Swan para decidir, lo que suponía yo era, mi futuro. A los tres días del accidente se organizó un funeral. Fuimos sólo la familia… y los Black. Mis abuelos sabían la conexión que yo había creado con Jacob y lo invitaron. Él estuvo ahí, apoyándome todo el tiempo, y aceptando que yo mojara su camisa con todas las lágrimas que derramaban mis ya cansados ojos.

A partir de entonces nada fue igual. Visitaba a mis abuelos maternos, y por lo tanto a Jacob, unas escasas cinco veces al año. Y el resto me quedaba en la finca. Observando el patrimonio que algún día yo debería heredar y manejar con responsabilidad y sabiduría.

Para ese entonces, cinco años después del accidente, yo ya contaba con doce años y una memoria totalmente llena de recuerdos sin sentido. La muerte de mis padres me dolía más de lo que yo quería aparentar, pero había aprendido a ocultarlo, sumergiéndome en mi propio mundo lleno de colores y pensamientos más o menos felices. Había aprendido a crear una rutina, la cual fue rota ese día. Ese fatídico día.

-Cariño, ¿podrías venir a la sala un momento? Necesitamos hablar –Mierda, fue lo primero que pensé. ¿De qué querrían hablar ahora? Yo no había hecho nada malo, lo cuál suponía que de lo que sea que quisieran hablar, no debería ser tan malo en realidad…

-¡Ahora bajo! –Me levanté de mi piano, en el cual había estado practicando, y salí disparada de mi habitación para adentrarme en el living.

Para cuando llegué abajo, ya sabía que algo debía andar mal. Eso era seguro, ya que estaban reunidos ahí mis dos familias: los Swan y los Dwyer. Todos me miraban con preocupación.

-Oh Por Dios, ¿Quién murió? –dije verdaderamente asustada.

-No ha pasado nada de esa magnitud –dijo uno de mis tíos de la familia Swan. Creo recordar que se llamaba Charles.

-Oh…

-Siéntate, corazón. Sólo será un momento –dijo mi abuela Erin en tono cansado.

-De acuerdo…

¿Sólo un momento? ¡Fue un momento eterno! Básicamente me explicaron que ellos no podían seguir cuidando de mí, y que nadie en la familia podía hacerse cargo de mis cosas, así que tendría que regresar a mi antigua casa en Forks. Me dijeron que lo hacían porque confiaban en mí, que ya tenía la edad suficiente, y que no estaría sola. Que contratarían a una institutriz para mí pero que yo mandaría sobre todos. Y claro, que podía contar con ellos en cualquier momento que los necesitara. Excepto ahora que estoy destruida porque mis padres murieron ¿no?

Así pues, a los dos días me mudé de nuevo a Forks. Vaya horror. La institutriz resultó ser una bruja de los mil demonios llamada Aphrodite (Vale, además de nombre de putita, ¡era una!). La cosa no funcionó con ella, así que la cambiaron. Ninguna duraba más de un mes, y así se fueron rolando personas hasta que conocí a una que me agradaba bastante.

Su nombre era Ángela. Me trataba con respeto, pero no me hacía sentir como una anciana, y con el paso del tiempo nos hicimos muy amigas. Me ayudó a salir de mi depresión, y me explicó que el tiempo sigue corriendo por más que uno lo quiera detener o regresarlo. Y tal cual dijo, ese mismo maldito tiempo siguió corriendo. Siguió corriendo por cuatro años… Hasta que cumplí dieciséis.

A esta edad podría parecer que mi vida era perfecta. Tenía todo el dinero heredado de mis padres además de todo lo que quisiera disponer de mis abuelos. Tenía a Ángela que siempre estaba ahí para mí. Era la chica más popular del colegio y todos ahí eran mis "amigos".

Pero sólo parecía perfecto. El dinero no me servía de nada, desde que tengo memoria he odiado las compras. Sólo compro libros y las cosas necesarias. En el colegio, los que se hacían llamar mis "amigos" sólo estaban interesados en mi dinero. Pero Ángela… Bueno, eso sí era perfecto. Nuestra amistad había crecido y ahora era irrompible.

Y… tenía a Jacob. Mi único y mejor amigo el licántropo.

Final extraño de capítulo extraño o.ó Este cap es de relleno… Es para que más o menos se vea la situación que viene. Xs… Intentaré escribir el próx. Cap…

Pero díganme, ¿Les está gustando? ¿No les gusta? ¿Tienen alguna idea? ¿Quieren aparecer en un cap? Flores, Piedras, tomates, escobas, felicitaciones, amenazas de muerte, regalos de cumpleños… (1° de Enero, chics! Recuerden esa fecha como la del nacimiento de esta estúpida autora ;) xD)

Háganmelo saber en un review!... Anyway, me largo… Los amo! qdnC, see u!

-Dani31c

~ Have you heard the news that you're dead? No one ever had no much to say, I think they never like you anyway… ~