Reunión de Antiguos Alumnos.

2. Recuerdos, Lluvia y Tequila.

- Li…Cuddy – dijo sorprendido - ¿Qué estás haciendo aquí a estas horas?
- No podía dormir. ¿Te importa si…
- No, pasa. Vas a acabar resfriándote con al que está cayendo.
Se hizo a un lado y ella entró a su casa.

House se la quedó mirando mientras cerraba la puerta. Estaba completamente empapada y tiritaba, con el pelo recogido en una cola. Tenía los brazos cruzados, y se frotaba los brazos intentando calentarse. A sus pies se formaba un pequeño charco.
- Anda, ven conmigo.
Ella lo siguió extrañada por el pasillo, hasta llegar a su habitación, donde él comenzó a rebuscar por los cajones.
- Oye House, que venga a tu casa de noche no quiere decir que tenga que acostarme contigo.
- Vamos jefa, veo que vienes sin material, asi que estoy buscando el látigo, las fustas y las esposas de repuesto – le dijo, volviéndose para mirar su reacción.
Cuddy lo miró enfadada. House rió. Se dirigió al armario. Al abrirlo, una montaña de ropa se le cayó encima, tirándole al suelo y enterrándolo. Cuando logró sacar la cabeza de la montaña de ropa, fue ella la que se rió de él. House puso cara de enfadado, haciendo que se le arrugara la nariz, para acabar riendo con ella.
- Eso te pasa por meter la ropa a presión en vez de doblarla y ordenarla. Con razón siempre estás tan arrugado.
- Es que estoy demasiado ocupado para eso.
- ¿A si? ¿en qué? ¿En hacer punto?
- Ja ja, que cachonda te has vuelto Cuddy.
Miró el montón de ropa y se la quitó de encima. Después cogió una camiseta y un pantalón y se los dio.
- Anda toma, cámbiate. Estás chorreando agua y te vas a poner mala.
Cuddy miró la camiseta. A él debía de llegarle por la cintura. A ella le quedaría seguramente por las rodillas, igual que el pantalón de chándal, uno corto que a él podría quedarle por las rodillas, y a ella le llegaría hasta casi el tobillo.
- El cuarto de baño está al final del pasillo. Hay toallas limpias en el armario del rincón. Y cuando acabes me traes la ropa, que la meteré en la secadora.

Cuddy cerró la puerta del cuarto de baño y se mantuvo pegada a la puerta, hasta que escuchó el ruido sordo del bastón golpeando el frío suelo, alejándose hacia el salón.
Buscó en el armario una toalla. Eran suaves, y parecían recién lavadas. Al tacto estaban aún un poco calientes y muy suaves. Al cerrar la puerta del armario algo cayó de él. Logró cogerlo justo a tiempo de que llegara al suelo. Al miró y una leve sonrisa se dibujó en su cara. Aquel pequeño tarrito de cristal lo recordaba perfectamente. Un bote de colonia que ella le había regalado hacia años, en la universidad. Aún tenía un poco dentro, apenas unas gotas, pero lo suficiente como para destaparlo y que aún se pudiese recordar aquel olor. Volvió a dejarlo con cuidado en su sitio. Se desnudó y se secó con la toalla. Se puso la ropa y se apoyó en el lavamanos. Se echó un poco de agua en la cara y se miró al espejo.
"¿Qué estás haciendo aquí Lisa? ¿Realmente para que vienes? Desde que has leído esa carta estás rara, has vuelto a sentir algo que intentaste olvidar. Y para colmo, él también está raro. Tanta amabilidad, dentro de lo que él podía serlo, era extraño. A lo mejor estaba planeando tenderle una trampa."
Volvió a echarse agua en la cara y negó con la cabeza.
"Vamos Lisa, no digas tonterías. Sabes que House puede ser bueno de vez en cuando. Disfruta de el momento de simpatía."
Se secó la cara, se hizo de nuevo la cola y salió del baño.

Al llegar al salón lo encontró con el cubo y la fregona, fregando el agua del charco que ella había formado. Había dejado el bastón en el sofá, y él recogía el agua, ayudándose con la fregona. A pesar de su cojera, se defendía bastante bien.
- Pasa por detrás del sofá, está mojado. Y ten cuidado, no te desnuques.
Cuddy pasaba por detrás de los sofás cuando House comenzó a canturrear.
- Asi fregaba asi asi, asi fregaba asi asi, asi fregaba asi asi asi fregaba que yo lo vi
Cuddy se aguanto la risa. House levantó la cabeza, divertido, y ambos volvieron a reír.
Dejó la fregona en el cubo y las arrastró hasta la cocina.
- Cuddy, trae la ropa.
Ella se la llevó a la cocina, y lo encontró en un pequeño cuartito donde había una lavadora y una secadora. Metió la ropa de Cuddy y salió. Ella estaba apoyada en la encimera.
- ¿has visto? Estoy hecho todo un marujo. – Señaló el salón. – Ve a sentarte, ahora voy yo.
Se sentó en el sofá, y un momento después se escuchó la voz de House desde la cocina.
- ¿Cuddy, quieres algo?
- Bueno…agua.


Un momento después apareció House.
- ¿Agua? Si claro, y si quieres también te traigo unas galletitas… abuela.
Cuddy vio lo que traía en las manos y que tenía una sonrisa de pillo y se quedó boquiabierta.
- ¡A no Greg! ¡De eso nada! ¡No se te ocurrirá!
- ¡Oh si Lisa! ¡Por supuesto que se me ocurre! – Contestó, riéndose. - ¡Aquí tequila para todo el mundo!
Ella le miró con los ojos entornados.
- Vamos Lis, ¿Qué puede pasar? – preguntó desafiante - ¿Qué ha pasado con la Lisa que yo conocí? ¿O es que temes no aguantar mi ritmo? Claro, la vida de jefa te ha vuelto demasiado fina para esto. Seguro que ya no tienes aguante.
- ¿A si? Eso ya lo veremos, doctor Gregory House.
- ¿Sabes que odio que me llamen asi verdad?
- Si. Por eso lo hago.
- Disfrutas torturándome, ¿a que si?
- ¿Tú que crees… viejo?
Se aguantaron un momento la mirada. Estaban sentados unos junto al otro en el sofá, y sus cuerpos, sus caras estaban muy juntas…tanto que notaban la respiración del otro sobre sus caras.
Ella se acercaba cada vez más a él, cada vez más y más juntos…ella prácticamente estaba sobre él…cerraron los ojos…la respiración de él, cada vez más entrecortada, le costaba respirar…se estaba poniendo demasiado nervioso…intentó separarse un poco de ella para tomar aire, pero se dio cuenta de que ya estaba en el borde del sofá… abrió los ojos y la vio sobre él…buscó de forma casi frenética una salida a aquella situación…sus dedos rozaron el bastón…vio que la jaula de Steve estaba a su alcance…

¡Plof!

Cuddy se separó de él sobresaltada, mientras House se volvía a sentar en el sofá.
- ¿Qué ha sido eso?
- Pues… no tengo ni idea.
House llenó los dos vasos y le tendió uno.
- Entonces, ¿te vas a animar, o me dejarás bebiendo a mi solo?
Cuddy dudó un momento, pero lo cogió.
- Siempre es mejor beber acompañado.
Se bebieron el vaso de un trago, y House volvió a llenarlos casi al instante.
Cuddy miró la mesa. Había una pelota, migas de pan, un par de cubiertos sucios, su inseparable vicodina y una hoja de papel.
- ¿Qué es esto? – preguntó, cogiéndola antes de que él pudiera quitársela.
La leyó y puso cara de sorpresa.
- ¿Reunión de antiguos alumnos? ¿En Michigan? ¿Vas a ir? – House fijó la vista en su piano. – Porque… ¿vas a ir verdad?
- No.
- ¿No? ¿Por qué?
- Porque paso de ir a Michigan para ver a todos los estúpidos de la universidad, para fingir que la vida me va de maravilla y aguantar que todos me miren raro porque me recuerdan como el gran Greg House, gran deportista y con dos piernas, y ahora simplemente soy un tío cojo con bastón.
- Pues deberías de ir.
- No. ¿Qué parte no entiendes?

Pasó el tiempo, bebían en silencio, apenas se decían alguna frase de vez en cuando. Llevaban la botella casi por la mitad.
Cuddy dio otro sorbo a su vaso. Comenzó a sentir algo que le rozaba el hombro…entre áspero y suave…algo frio y un poco húmedo…ya no le rozaba, estaba sobre su hombro…suavemente… cerró los ojos, sintiendo cada roce…comenzó a girar la cabeza hacia su hombro, esperando ver su mano…
- ¡Ah! – levantó de un salto, haciendo que House se asustara. Ella comenzó a dar saltos de una forma muy cómica. - ¡House quítamelo, quítamelo, quítamelo!
House comenzó a reir a carcajadas.
- ¡¿El que?!
- ¡A tu…tu…tu…
- ¡Steve!
House se la quitó de encima y la puso frente a su cara.
- ¿Qué haces Steve? ¿No ves que tenemos una invitada? No puedes ir subiéndote a los hombros de la gente. Una cosa es que yo te deje y otra que te dejen los demás.
Dicho esto dejó que la rata se subiera en su hombro, y de ahí a su cabeza.
- House, ¿dejas que la rata se te suba encima?
- Claro, es como tener un loro, solo que sin plumas. Y no es tan ruidoso.
- ¿Y lo dejas suelto?
- ¿Qué quieres? El pobre se aburre en la jaula, asi que le dejo la puerta abierta y cuando quiere sale a pasear por la casa. Y le encantan las visitas.


- ¿Y se sube también a sus hombros?
- Mmmno, solo se sube a los hombros de la gente que le gusta. Y si se ha atrevido a subirse a tu hombro de esa manera significa que le gustas mucho. Si supieras lo que hizo Wilson…
- ¿Qué hizo?
- Pues…básicamente lo mismo que tú. El pobre Steve se le subió encima una noche, y cuando se dio cuenta, después de despertarme me lo encontré persiguiendo al pobre con la escoba. Desde eso Steve no se acercaba a él a menos de 3 metros.
Cuddy comenzó a reír, contagiándole la risa a House casi al momento, a carcajada limpia.
House se quitó la rata de la cabeza y la dejó en el suelo.
- A tu jaula Steve. – Cuddy y la rata se le quedaron mirando. – ¡Steve! A tu jaula.
La rata fue hasta la jaula, que estaba en el suelo con la puerta abierta. Cuando estaba frente a la jaula se volvió y miró a House.
"Parece que le estuviera suplicando que le dejara estar fuera."
- A la jaula Steve.
La rata, obedientemente, entró en la jaula y se puso a hacer girar la rueda.
- Ya está. La próxima vez que se te suba encima, ¡le dejaré sin cenar!
Volvieron a quedarse en silencio.
- ¿sabes? Antes estuve pensando en la primera vez que nos conocimos.
Cuddy lo miró extrañada.
- ¿Aún lo recuerdas?
- Claro, por supuesto. – House la miró, preocupado. - ¿Tu…no te acuerdas?
- ¿Cómo no me voy a acordar? Por supuesto.
- Si…era una fria noche de invierno, iba yo corriendo por la calle cuando de un callejón salió una muchacha con un traje de cuero y… ¡Auch!
Cuddy le pegó un codazo en las costillas, haciéndole cosquillas.
- ¡House, no digas tonterías!
- Vale, vale…

"Era una fría noche de mediados de octubre, un sábado cualquiera. Eran las doce y media de la noche, y llovía a mares.
Lisa Cuddy andaba lo más deprisa que podía, buscando un sitio en el que refugiarse de la lluvia. Se había alejado demasiado de la universidad. Estaba en una zona a las afueras de la ciudad, que apenas conocía.
Vio un pub con las luces encendidas. Parecía que estaba abierto, y decidió entrar. Pediría algo de beber, esperaría un poco para que escampase y volvería a la universidad.
Entró en el pub. Apenas estaba iluminado, con unas luces muy tenues. Estaba prácticamente vacío, solo un grupo de hombres ya algo mayores, como de cuarenta y tantos, sentados en la barra, bebiendo y charlando. Al fondo del local, un pequeño escenario a oscuras.
Lisa se sentó en una de las mesas en un rincón.
Uno de los hombres habló:
- ¡Oye muchacho, deja de limpiar vasos y toca algo, hay que animar la noche!
- Ya va, ya va.
En aquel momento el escenario se iluminó tenuemente, dejando ver un piano. Un hombre joven se sentó a él y abrió la tapa. Pensó un momento, y entonces comenzó a tocar. Una melodía lenta y algo triste al principio, pero que poco a poco ganó intensidad, velocidad, e incluso se volvió más alegre.
Cuando dejó de tocar aplaudieron. El joven bajó del escenario y volvió a desaparecer.
Lisa estaba impresionada. Jamás había oído tocar a si un piano. Tampoco era una pieza que ella hubiese escuchado nunca.
- ¿Quiere tomar algo?
Lisa se giró sobresaltada.
Era el joven del piano. Cuando tocaba, parecía más mayor, pero, de cerca, parecía mucho más joven, tal vez unos años mayor que ella. Llevaba una camisa blanca, con las mangas remangadas por los codos, y unos pantalones negros. Tenía el pelo revuelto y llevaba un par de días sin afeitarse. Lo que más la impresionó fueron sus ojos. Eran azules, de un azul profundo, que la dejaron hipnotizada.
- Eh…eh señorita. – Cuddy salió de sus pensamientos y se fijó en que el chico la miraba preocupado. - ¿Quiere algo?
- Este…un café con leche.
El chico asintió y se marchó hacia la barra.

Habían pasado un par de horas y aún no había dejado de llover. Aún no se había marchado nadie del pub, y el chico, después de terminar de limpiar la zona de la barra, se dedicaba a barrer el local y a limpiar las mesas.
- Chico, eh, chico, ven aquí.
Se acercó al grupo de hombres de la barra.
- ¿Qué pasa señor Johnson? – preguntó al dueño.
Johnson le dio dos vasos y una botella de tequila.
- ¿Para que es esto?
- Hoy has trabajado bien. Como siempre.


- Pero tengo que terminar de fregar y tengo que ayudarle a cerrar y eso.
- Vamos Greg, chaval, no me digas que no es guapa esa muchacha. – le dijo el señor Michaels, el más mayor de todos, dándole un codazo en las costillas. – Que sepas que no te ha quitado los ojos de encima en todo el rato. Y además es de tu edad.
- Hombre, pues… - le echó un vistazo tímidamente - no está nada mal. – el señor Michaels volvió a darle un codazo. – vale si, es guapa.
- Vamos chico, coge los vasos y la botella y siéntate con ella. Ya me encargo yo de cerrar esto.
- Gracias.

Lisa miraba distraida la lluvia.
- ¿Te importa si me siento?
Ella alzó la vista y vio al chico de antes.
- No. Siéntate.
Se sentó y llenó dos vasos.
- Toma. – le dijo, acercándole el vaso.
- No…gracias.
- Va, no te preocupes. Te invito yo.
Ella le cogió le vaso.
- Por… ¿por los días de lluvia? – preguntó él, alzando su vaso.
- Por los días de lluvia. – respondió ella, chocando los vasos.
Ambos bebieron. Él saboreó tranquilo la bebida, pero ella puso cara de asco.
- Dios mio, que… ¿Qué es esto?
- Tequila. ¿Nunca lo habías probado?
- No.
- Pues ya va siendo hora. – contestó, volviendo a llenarle los vasos.
Volvió a darle un trago al vaso.
- ¿Y como te llamas?
- Lisa. Lisa Cuddy. ¿Y tu?
- Greg. ¿Y que estás haciendo aquí Lisa?
- Estudio en la universidad.
- ¿medicina?
- Si.
- ¿Dónde vives, en la universidad?
- Si.
Greg dejó el vaso en la mesa. Cogió una mochila y se puso una chaqueta.
- ¿qué haces?
- Vamos, es muy tarde y fuera está lloviendo a mares. Te acompaño.
Salieron fuera.
- ¿Cómo vamos a ir?
- En eso. – respondió.
Señalaba una moto con la cabeza.
Montaron en la moto. Lisa se agarró a su cintura tímidamente. Greg le cogió las manos e hizo que se agarrara con fuerza a él, muy juntos. Podía sentir la respiración de Lisa en su nuca, haciendo que se le erizaran los pelos de la nuca.
- Greg. – adoraba su voz. – ten cuidado.
- Tranquila. Se lo que hago.
Arrancó la moto, y recorrieron la carretera bajo la lluvia, empapándose. Greg conocía muchos atajos y un momento más tarde estaban frente a la puerta de la universidad.
- Bueno pues…hasta otra Lisa.
Ella lo miró a los ojos, creyendo que no volvería a verlos más.
Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.
- hasta otra Greg y…gracias.
Se sonrieron un momento. Se giró, cogió su moto y desapareció de su vista.
Ambos creían que no volverían a verse…"

- Dios mio House, mira que hora es. Y yo mañana tengo una reunión a las nueve. Será mejor que me vaya.
- Claro...
House se levantó y le dio la ropa de la secadora. Cuddy volvió a cambiarse y le devolvió su ropa.
House la acompañó hasta la puerta.
- Bueno pues… hasta mañana Cuddy.
Se miraron a los ojos.
Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.
- Hasta mañana Greg y…gracias.
Se sonrieron un momento y entonces ella se fue.

House llevaba un rato sentado en el sofá. No dejaba de frotarse la mano en la mejilla, en el lugar donde ella le 

había besado.
Desde que había leido la carta había comenzado a recordar…recordaba tantas cosas…y cuando ella había intentado besarle se había puesto tan nervioso, sin saber porque. De repente le asaltó la duda. Todo lo que él había sentido años atrás, en la universidad, estaba volviendo a aflorar…¿y si en ella tambien? La duda le hacía ponerse aún más nervioso.
Se fue a su habitación pensando en todo aquello. Se acostó en la cama y se tapó hasta la barbilla, pensando en todo aquello.
Volvió a frotarse la mejilla lentamente, recordando el beso, mientras se quedaba poco a poco dormido…

Tu Bi Continui, que en Vikingo Significa...Continuará