Reunion de Antiguos Alumnos
4. Dudas, Consejos y Decisiones II
Wilson se sobresaltó. Miraba sorprendido a House, que no dejaba de dar vueltas en el despacho como un loco, con la mano en la sien, respirando agitadamente, intentando pensar, aclarar las cien mil ideas que bullían en su cabeza al mismo tiempo, todas confusas y mezcladas, pero siempre con una más presente y cada vez más clara.
- House, ¿qué haces aquí?
- Trabajo aquí Wilson, me extraña que no te acuerdes.
- Ya pero…son las 9:30 de la mañana…es muy temprano.
- No tenia sueño.
- ¿Qué? ¡Ja! Venga ya House, te he visto por las mañanas, y aun sin tener sueño eres capaz de quedarte en casa viendo la tele o jugando a la game boy con tal de perder el tiempo. Adoras hacer de rabiar a Cuddy. Y como hoy tampoco tienes ningún caso importante pues…
House se paró de repente ante Wilson y lo miró a los ojos. En ellos había un brillo distinto. Pensativo, indeciso, preocupado, desesperado y…
- ¡Hay dios mío! ¡Esto es por…!
- ¡SSSShhhhh! ¡Cállate la boca o se enteraran todos!
- ¿Enserio?
House se dejó caer pesadamente en la silla que tenía detrás de él.
- Si.
- Pero… ¿seguro?
- Antes no pero ahora… - respiró hondo, aquello le costaba horrores. – si.
- ¡Jojou! ¿Y cual es el problema?
- Pues…no lo se.
- ¿Desde cuando lo sabes?
- Desde que recibí una carta de Michigan
- ¿A si? Cuenta, cuenta….
House le contó a Wilson todo lo que había pasado cuando recibió la carta, cuando ella fue a su casa, como casi le besa, y también todo lo que les ocurrió en el pasado, como se conocieron, como ella descubrió quien era él y lo que les pasó en aquel año nuevo…
La cara de Wilson era todo un poema. Había pasado por todo un abanico de estados, desde sorpresa hasta incredulidad, con algunos momentos de risas ante las situaciones que le contaba.
Cuando terminó de contarle toda la historia, House se miraba los zapatos y Wilson observaba las carpetas, ambos pensativos.
- Ya decía yo que llevabas unas semanas un poco rarito… ¿Y qué tienes pensado hacer House?
- Pues…no lo se.
- Si tú lo tienes claro no veo problemas.
- Ya pero es que… - miró a Wilson. – Oye Jimmy…tú que eres tan bueno, santo, guapo, inteligente, adorable, triunfador y todo ese rollo…
- Dios… a no… ¿Qué estas tramando? – le preguntó, apartándose un poco de la mesa.
- ¿Me ayudas? Tú eres experto en eso…
- Si, claro, soy tan experto que me he divorciado ya tres veces.
- No cariño, lo del hack-trick de divorcios es porque no supiste tener el Gusipooh sin salir a pasear.
- ¿Gusipooh? ¿Que ha pasado con los MiniJimmys?
- Na, es que ahora en vez de MiniJimmy es GusiPooh…es mas adorable.
- ¿Y el MiniGreggo?
- Ahora es GusiLuz…- hizo una pausa. - ¡No me cambies de tema! ¿Qué hago Wilson?
- Hijo, no se, vosotros sabréis…
- Por primera vez no se que hacer, no se que decirle….
En ese momento entró Chase en el despacho.
- Hombre House, estas aquí. Te necesito.
- Joder, ¿Qué te pica Canguro? ¿Se te ha acabado el anticaspa y quieres que te deje del mío?
- Tenemos un nuevo caso.
House se levantó.
- Pues nada, ya seguiremos esta interesantísima charla mas tarde.
Y salió del despacho detrás de Chase. Foreman y Cameron habían ido a un curso que no sabían cuanto iba a durar, al menos dos o tres semanas, así que aquel caso lo llevarían solos.
Cuddy trabajaba en su despacho, firmaba altas, tratamientos, cheques, de forma autómata. Hacía dos semanas que había estado en casa de House y casi le besa…se sentía rara porque no podía dejar de pensar en todo aquello que les había pasado juntos en aquellos días de la universidad.
En aquellos tiempos él era tan…como ahora. Si, era como ahora, pero con un punto divertido, alegre, arriesgado, le encantaba gastar bromas (no siempre de mal gusto), el deporte (a veces corrían juntos por el campus), la música, el cine, leer, las motos…básicamente igual, pero en versión joven…y con dos piernas sanas, incluso solía estar de buen humor.
Le encantaba cuando salían juntos, al cine, a dar un paseo al parque, a tomar un café, él se había llegado a mostrar incluso cariñoso y amable. Era tan distinto. A veces iba a buscarle al pub, pasaba allí unas horas, mientras él terminaba, charlando con el grupo de amigos que estaban allí cada día, sin falta. Le caían bien, y siempre estaban metiéndose con ella y con Greg, intentando que se picaran. Eran momentos agradables que solían terminar con un largo paseo en moto por las calles de la ciudad, con ella agarrada muy fuerte a la espalda de él, agitados por el fuerte viento, a toda velocidad, sintiendo el subidón de adrenalina gritando, clavándole las uñas en los costados a Greg y escuchando su risa que acababa mezclándose con la de ella.
Pero luego estaban aquellos otros días, en los que estaba de tal mal humor que ni siquiera podía hablarse con él. Aunque nunca le hubiera hecho ni dicho nada, eran días en los que no hablaban, porque a la mínima él acababa saltando, discutían, y House acababa por decirle algo ofensivo, hiriente, y se peleaban durante unas horas, hasta que él volvía y le pedía perdón.
Echaba tantísimo de menos a aquel Greg House…aquellos tiempos despreocupados, sin dolor ni pastillas…solo ellos.
Y desde hacía dos semanas, él había estado muy raro. Nervioso, pensativo. La pierna le dolía mucho más conforme avanzaba el invierno, pero sabía que era algo más que aquello. La evitaba mucho más, y a veces lo pillaba mirándola cuando se giraba o creía que no le veía. Entonces se acercaba a él, y se quedaba mudo, sin habla. Le encantaba hacerle tartamudear por la sorpresa de haber sido pillado.
Necesitaba saber que era lo que le rondaba por la cabeza…y si le pasaba algo sabía que solo había una persona a la que se lo contaría…y precisamente estaba pasando frente a su despacho en aquel mismo instante
- ¡Wilson!
Wilson se giró sobresaltado, buscando quien le llamaba. La vio en la puerta del despacho. Se acercó a ella preguntándose que querría de él en aquel momento.
- ¿Qué pasa Cuddy?
- Pasemos a mi despacho.
Wilson entró al despacho detrás de Cuddy. Ella se sentó en la mesa, mientras Wilson se quedó de pie, con las manos en el respaldo de la silla que había frente a la de Cuddy.
- Siéntate Wilson. Hablemos.
- No… prefiero estar de pie… - contestó Wilson, no muy convencido de que era lo que quería de él, aunque podía imaginarse de que se trataba.
- Bien, como quieras. – Estaba de espaldas a la pared, mirando por la ventana mientras hablaba. – James… tu que eres tan bueno, santo, guapo, inteligente, adorable, triunfador y todo eso…
A Wilson aquel discurso le sonaba de algo.
Retrocedió un par de par de pasos, hasta quedar en el centro del despacho
- Ah no…tu también no… ¿que tramas?
- Pues - se dio la vuelta y le miró a los ojos. - ¿Qué es lo que le pasa a Greg?
- ¿A qué te refieres? – "Nos ha pillado…espera, ¿le ha llamado Greg?" – House está igual que siempre…no se de que me estás hablando.
- Vamos James, tu eres el único amigo de Greg, y si le pasa algo y se lo cuenta a alguien, se que es a ti al que se lo contaría. Así que no me mientas y dime que le pasa.
- Nada… la pierna le duele más ahora que hay más hum…
- No es eso y lo sabes.
- ¿Y tú que crees que le pasa?
Comenzó a dar vueltas de un lado para otro detrás de la mesa, nerviosa, mordiéndose el labio inferior y manoseando el collar. En su cabeza pensaba que era lo que creía que realmente le pasaba a él…pero por alguna razón solo podía pensar en algo que le pasaba a ella y que influía en él.
- Yo n…no lo se. – dijo un momento más tarde, cuando paró de moverse, mirándole a los ojos.
- Cuddy, ¿te das cuenta de que estás llamando a House por su nombre?
- ¿Quién, yo? Wilson, yo nunca he llamado a Greg por su nombre, yo siempre llamo a Greg por su apellido…
- Lo estás volviendo a hacer.
- Oh, joder.
- Lisa… ¿estás enamorada de él?
- Si… - contestó, mirando la mesa y poniéndose colorada.
- Hay dios mío… ¿seguro?
- Creo que si…
- ¿Y desde cuando estás segura?
- Pues desde que fui a verlo a su casa…
- Cuenta, cuenta….
Lisa le contó toda la historia, la misma que le había contado House un rato antes en su despacho, solo que vista desde el punto de vista de ella, y se dio cuenta de cosas que ni siquiera House sabía, porque había ido a casa de él aquella noche…Wilson la escuchaba con toda la atención que podía, con la boca abierta y los ojos desorbitados.
- Es…increíble.
- ¿El qué?
- Que lo aguantes de esa manera con todo lo que os ha pasado juntos.
- La práctica de la universidad supongo. – consultó su reloj y luego miró la puerta por cuarta vez.
- Lisa, ¿tienes una reunión o esperas a alguien?
- No, ¿por qué lo dices?
- Lo decía porque has mirado la hora y la puerta cuatro veces en cinco minutos.
- Bueno, en realidad si espero a alguien. Son las 10:30 y no quiero que House se me escape cuando aparezca. Quiero gritarle en medio de la entrada sin que se lo espere.
- Dios, al final va a resultar que disfrutáis gritándoos. – dijo, aguantando un poco la risa.
- En fin, voy a ver si hay muchas consultas que endilgarle para hoy.
Cuddy se levantó y Wilson comenzó a reírse. Conforme más cerca estaba de la puerta, más se reía, hasta que cuando cogió el pomo de la puerta se le podía escuchar desde el pasillo de las consultas.
Cuddy se volvió hacia él, enfadada.
-¿De qué te ríes? ¿Te hago gracia o estas tonto?
- Es que…es que… - se limpió las lágrimas – Verás, House llegó aquí a las 9:30.
Cuddy lo miró con los ojos abiertos.
- No. ¿En serio?
- Si. Y tiene un caso.
- ¿Dónde está?
- En su despacho.
Cuddy abrió la puerta y salió disparada de allí. Wilson la persiguió corriendo tras ella, hasta que la alcanzó en el ascensor.
- ¿Dónde vas?
- Al despacho de House. Tengo que verlo.
- ¿Para qué?
- Para creer que está aquí.
Cuddy llegó a la puerta del despacho, y se quedó un rato parada, en silencio, antes de entrar. Wilson había entrado en su despacho. El pasillo, la sala de diagnóstico, todo en aquella planta estaba en silencio, tan solo un leve murmullo al fondo, en la zona de las habitaciones, donde seguramente las enfermeras atendían a algún paciente ingresado. Era un día bastante tranquilo en el hospital, quitando el pequeño lío en las consultas que estaba por llegar.
Se volvió hacia el cristal del despacho de House, pero tenía las persianas echadas, y estaba a oscuras. Decidió entrar a ver que hacía y así poder gritarle que fuera a las consultas.
Estaba sentado en su sillón. Todo estaba completamente a oscuras. Cuddy se puso junto a él y lo observó. Estaba serio, y se pasaba la mano izquierda por la sien, mientras mantenía la vista fija en algún punto de la pared de enfrente, o puede que en la pata de la mesa, no estaba segura, y tenía unas grandes ojeras, de no haber dormido bien aquella noche. Su respiración era tranquila, suave, pero a ratos se entrecortaba, y se volvía más fuerte y su cara se torcía por el dolor. Se fijó en que tenía su mano derecha en la pierna; arriba, abajo, arriba, abajo, aprieta, haz presión, afloja, respira hondo, vuelve a empezar. Parecía tan concentrado en aquello en lo que estuviera pensando que ni siquiera se daba cuenta de que ella estaba allí.
Preocupada, se arrodilló a su lado y le puso la mano en el hombro.
- House. – lo zarandeó un poco. – hey House, ¿estás bien?
- ¿Qué? – miró un poco desorientado a su alrededor. Vio a Cuddy y se enderezó en la silla. - ¡Dios Cuddy, que susto! ¿qué haces aquí?
- Comprobar el milagro.
- ¿Milagro? ¿Qué milagro?
- Este. Has llegado a tu hora por primera vez en toda tu vida, digno de aparecer en la Biblia.
- Ja, ja, muy graciosa jefa. – vio que estaba de rodillas junto a él, regalándole una buena visión de su escote.
- Esteeeem…House, deja de mirarme las tetas tan descaradamente.
- No, si yo no te estoy mirando nada.
Cuddy le cogió la cara y le obligó a mirarle a los ojos.
- Deja de mirarme las tetas, ahora. Te vas a quedar tonto y bizco de tanto mirar.
- Ñam. – contestó House, moviendo las cejas de arriba abajo.
- ¿Tienes caso?
- Si, tengo al Canguro haciendo pruebas.
- ¿Y los otros dos?
- Pues la Hermana Superiora de las Carmelitas Descalzas y el Doctor Mandingo están haciendo un curso, no se donde ni de qué. A ver si así espabila y le entra la fiebre de la selva, es la única que le falta.
- ¿Y tienes al pobre Chase haciendo todo el trabajo? Ve y lo ayudas.
- No.
- Pues vete a pasar consultas.
- No quiero ver a cuatro zumbaos con mp3 y game boys en el culo y a las madres pesadas con crios lloricas que no paran de sonarse los mocos. ¿No puede hacerlo otro? Seguro que tienes a más de la mitad de tus empleados esperando ansiosos a que les digas que pueden ir a pasar consulta.
- Y yo quiero que seas tu el que las pases.
Dicho esto se levantó y salió del despacho dejando a House con dos palmos de narices. Cogió su bastón, se puso de pie todo lo rápido que pudo y salió tras ella.
- ¡Espera! – le gritó desde la puerta.
Cuddy respiró hondo, puso los ojos en blanco y sonrió ligeramente. Wilson asomó la cabeza desde la puerta de su despacho, alertado por los gritos. House se acercó a Cuddy, y al ponerse a su altura la apuntó con un dedo acusador
- No me dejes con la palabra en la boca, y no me des la espalda.
- Soy tu jefa, y hago lo que me da la gana. – y volvió a darse la vuelta.
- Ah, no, tú no me dejas aquí tirado. – apenas tardó en ponerse a su altura, incluso a sacarle algo de ventaja.
- Joder House, ve más despacio.
- Cariño, ¿no recuerdas que me entreno para correr la maratón de este año? Recuerda que soy el campeón de los últimos cinco años.
- Claro, ¿eso era antes, o después de volverte un hijo de puta insufrible y egocéntrico? – Volvieron a pararse.
- Cuddy, debes recordar que lo soy desde que nací. Es mi segundo nombre, no me lo gastes. ¿Y tú desde cuando eres tan aburrida que ni si quiera sabes beber tequila como hacíamos antes?
- Desde que soy directora. Yo he madurado, tu no, te quedaste estancado en los… ¿diecisiete? ¿O eran los ocho? Ya ni siquiera me acuerdo.
- Hoy creo que estoy en los diecisiete, - se acercó a ella y le susurró al oído. – pequeña Cuddles. – al separarse le guiñó un ojo y sonrió pícaramente.
Cuddy le miró con la boca abierta.
- ¿Qué me has llamado?
- Cuddles, pero, si lo prefieres, puedo llamarte Bragas de Hierro, ¿Te gusta más?
- Como se te ocurra llamarme así te…te…
- ¿Me qué?
- Te llamaré Gregorificacion, ¿te gusta?
- Oh, pequeña Cuddles, que mala eres.
- Sabes que tengo un buen maestro.
- ¿A si? ¿Y qué más has aprendido?
- ¡Hey, chicos, esperadme!
House y Cuddy se volvieron sobresaltados. Wilson corría por el pasillo hacía ellos. Debía de haberlos seguido.
- ¿De qué estáis hablando?
- ¡Quieto ahí Wilson! – le gritaron House y Cuddy. Wilson se paró al momento.
- ¡Pedazo de Maruja cotilla! – le gritó House, apuntándole con el dedo - ¿¡No puedes quedarte en tu despacho a cuidar a los monstruitos pelones o a liarme un par de porros para la fiesta de esta noche?! ¡No, tenías que venir a cotillear! ¡Vete a tirarte a alguna enfermera en el armario de las escobas, que esta semana lo tienes libre!
Wilson les miró un poco asustado, y un segundo después se dio la vuelta y volvió a su despacho.
- Bien, ¿por dónde íbamos? A si, ahora tú ibas a besarme.
- Ja, ja, muy gracioso House, pero no cuela.
- Vaya, creía que colaría tras el momento de distracción.
- Vete a pasar consulta.
- No.
- Vete a pasar consultas. Ahora.
- ¿Y si no que?
- Te…te despediré.
- ¡Ja! Tanto tú como yo sabemos que no me vas a despedir. No lo hizo Vogler, la comisión no me retiró la licencia cuando tuvo ocasión, no me despediste con lo de Tritter, ¿Qué me hace pensar que lo harás ahora?
- ¿Por ejemplo que estoy harta de ti, de tus bromas pesadas, de tu insolencia y de que seas un vago? ¿te vale? Te crees que eres el rey, el amo y señor del hospital, pero esa soy yo.
- ¿A si? Eso ya lo veremos pequeña Cuddles. Si no me libras de pasar consulta, no te diré quien difundió el rumor de que eres hermafrodita.
- Si ese rumor no existe.
- Pero lo habrá.
- House, ve a pasar consulta. Ahora.
- ¡La directora Cuddy es hermafrodita! – gritó House. - ¡Por eso tiene las tetas como dos carretas y el culo como un portaviones!
Cuddy agarró con fuerza a House del brazo, clavándole las uñas, y le hizo bajar la cabeza, hasta que quedara a su altura.
- Me tienes hasta las narices House, estoy harta de tus bromitas de crío estúpido.
- Cuddy – de repente se habían puesto muy serios. – Suéltame el brazo. Me estás haciendo daño.
- Me da igual hacerte daño. – le contestó, apretándole aun más el brazo. - No pienso tolerar que me trates así porque no quieres pasar las consultas, que, por cierto, son tu obligación como médico de este hospital.
House se soltó de ella con un movimiento brusco del brazo. Cuando se liberó, se frotó la mano por la zona que ella había sujetado.
- Me da exactamente igual hasta donde estés de harta de mi. Te recuerdo que soy así, y que no pienso cambiar.
- Verás House, tu eres el jefe del departamento de diagnóstico de este hospital, pero yo soy la directora, soy la que manda, y te obligaré a pasar esas consultas, quieras o no, porque si no, te despediré.
- Me tienes hasta las narices. – ambos se hablaban en voz baja, suficiente para que solo lo escuchasen ellos, los dos estaban furiosos. Estaban muy cerca, con las narices casi rozando. - De ti y de tu manía de recordarme que eres mi jefa. Ya se que eres la mandamás, y también recuerdo muy bien que tu eres la que me salvó la vida dos veces y la que me dio trabajo cuando nadie más lo hacía, pero no me da la gana de que me lo estés recordando cada vez que respire, porque me amarga. Y además, me da igual trabajar en este maldito hospital porque me las puedo arreglar muy bien solo.
- Eres mi empleado, y harás lo que yo te diga. Y te salvé la vida porque eras mi paciente, mi empleado y mi amigo, y no te iba a dejar morir, por mucho que te doliese que te jodiera la pierna. Solo quiero que hagas tu trabajo.
- Mira Cuddy, que estés de los nervios o de mala leche no implica que las pagues conmigo. Desde hace unas dos semanas no paras de mandarme consultas, casos aburridos, ¿y todo para que? ¿para que no me acerque a ti?
- ¡TE RECUERDO QUE ESTE ES TU TRABAJO, O LO HACES O TE DESPIDO! ¡Y NO, NO QUIERO QUE TE ACERQUES A MI PORQUE CADA VEZ QUE LO HACES ME DESTROZAS LOS NERVIOS!
- ¡MIRA CUDDY, QUE TU MALDITO TRATAMIENTO DE FERTILIDAD NO DIERA RESULTADO NO TE DA DERECHO A PAGARLAS CONMIGO!
Cuddy le miró con la boca abierta. Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas. House le miró a los ojos, también con la boca abierta, sorprendido de sus propias palabras. Intentó decirle algo para intentar arreglarlo, pero ella se le adelantó, firme, sin vacilar, poniéndole un dedo en el pecho, apuntándole, y dándole golpecitos conforme hablaba.
- Estás suspendido de empleo y sueldo hasta año nuevo, y no quiero verte asomar las narices por aquí porque entonces estarás definitivamente despedido. Ya te avisaré de cuando vuelves. A ver como te las apañas. Largo, vete a casa. Ahora.
House intentó protestar, decir algo, pero ella se volvió y comenzó a caminar hacia el ascensor para ir a su despacho. House la miró alejarse, sin saber que hacer.
Entonces ella se volvió y se miraron a los ojos.
- ¿Sabes qué House?
- ¿Qué?
- Hecho de menos a Greg. Al Greg House que yo conocí en la universidad. ¿Qué le ha pasado?
Se miraron a los ojos, sin contestar, sin saber que decir. Ella volvió a darse la vuelta y entró en el ascensor.
Ambos se sentían fatal por lo que acababa de pasar y en el fondo sabían el porqué.
House entró en su despacho, recogió sus cosas y se fue a casa.
Chase salió del laboratorio. Le había hecho las pruebas al paciente, y esperaba los resultados. Se frotó los ojos y entró en el despacho a tomarse un café.
Se volvió y miró al despacho de House, pero estaba vacío.
"Estará durmiendo en las consultas. Mejor, más tranquilidad para mi." pensó, mientras se sentaba en la silla y removía el café.
Había pasado como media hora. La taza de café estaba vacía, y por la mesa había papeles, carpetas, y una revista de cine que Chase se entretenía en leer hasta que le avisaran del laboratorio. Le extrañaba que House no hubiera vuelto aún, o que no se le oyera gritarle a Cuddy en el pasillo. Cerró la revista, aburrido, y cogió el crucigrama sin acabar del periódico del pasado día. Se dio cuenta de que House se había puesto a completarlo, pero solo había rellenado 3 palabras, y comenzó a morder el boli mientras leía. Además, ni siquiera lo había hecho bien. Mediante flechas, había sacado las palabras a los bordes. 5 vertical: estupefaciente. Respuesta: Las tetas de Cuddy. 3 horizontal: ruido molesto. Respuesta: Wilson cortándose las uñas de los pies por las mañanas. 8 horizontal: contrario de listo. Respuesta: Chase. Esa era la única que encajaba en las casillas. Cabreado por aquella última respuesta, y divertido por las otras dos, tiró el periódico al otro extremo de la mesa, dejó la taza en el fregadero y se fue al laboratorio, para ver si ya tenían los resultados, cuando, de repente, comenzó a sonarle el busca. Lo miró y corrió a la habitación del paciente.
- ¡Necesito ayuda! – gritó Chase, mientras entraba en la habitación.
Wilson estaba leyendo unos expedientes en el mostrador de las enfermeras cuando escuchó a Chase, y corrió a ayudarle.
- ¿Qué pasa Chase?
- Hay que intubarle.
- Tiene una crisis diabética. Dame 3 miligramos de insulina.
Chase le pasó la jeringa. Wilson se la puso y retiró la cama de la pared y le quitó las almohadas para que Chase pudiera intubarlo.
Consiguieron detener la crisis y que volviese a respirar.
- Seguramente los pulmones estarán resentidos. Tendremos que conectarlo al respirador. Voy a llamar a la enfermera.
- Wilson. – lo llamó Chase. Se volvió y se miraron a los ojos. - ¿Dónde está House?
- ¿No está aquí?
- No.
- Hay dios mío.
- ¿Qué pasa? ¿sabes dónde está?
- Vamos al despacho de Cuddy. Ella sabrá donde está.
Salieron de la habitación, llamaron a la enfermera y se fueron al despacho de Cuddy.
"Ojala House no la haya cagado" pensó Wilson.
Cuddy estaba tumbada en el despacho, con la mano en la frente, mirando al techo. Pensaba en la discusión con House. Ella le había echado en cara el haberle salvado la vida, el tenerlo contratado, que no hiciera su trabajo, que la sacara de quicio. Él, que ella le recordara que le salvó la vida, que pagaba sus días malos con él, y que pagaba con él su rabia por no quedarse embarazada. Todo aquello era cierto, pero… ¿sería verdad aquello último? ¿Era cierto que ella pagaba su dolor con él?
Se frotó los ojos. No había llorado, se había aguantado las ganas, y al final le había dicho que se fuera a casa. Seguramente volvería al día siguiente, subiéndose por las paredes de puro aburrimiento, y ella conseguiría que él pasara consulta, pero aun así le vendría bien un pequeño susto.
Se acariciaba el estómago de forma casi automática, inconsciente. Le había dicho que echaba de menos al Greg de la universidad. ¿Era verdad? Si. Con él se lo pasaba tan bien aquellos días… en el fondo, cada vez que miraba a House cuando se metían uno con otro podía verlo de nuevo en sus ojos, no había cambiado nunca, pero era distinto. Se había vuelto más cerrado con el paso del tiempo, y tras lo de su pierna y lo de Stacy se volvió totalmente hermético, pero en el fondo ella sabía que el crío de la universidad que ella conoció seguía allí, escondido, temeroso de volver a salir a dar una vuelta porque pueden volver a hacerle daño.
La puerta de su despacho se abrió de golpe, y entraron Wilson y Chase, el primero preocupado, el segundo enfadado. Cuddy se levantó y se colocó bien la falda y el jersey.
- ¿Qué queréis?
- ¿Dónde está House, Cuddy? – preguntó Chase.
- En su casa.
- ¿Qué? ¿Y por qué se ha ido allí?
- Lo he cesado de empleo y sueldo hasta año nuevo.
- ¿Qué ha hecho esta vez Lisa? – le preguntó Wilson.
Se sentaron y Cuddy les contó toda la historia, lo que había pasado después de que Wilson volviera a su despacho, con la consiguiente explicación a Chase sobre lo del tratamiento de fertilidad de Cuddy.
- Lo…lo siento, por lo de... – le dijo Chase, que no sabía que decir.
- No importa. La cuestión es que no pienso permitir que siga haciendo lo que le de la gana en el hospital. Se merece un escarmiento.
- Lisa, en eso estoy de acuerdo, soy el primero que le quita todos los juguetes a House, pero déjalo que vuelva al hospital. Foreman y Cameron no están, y Chase está solo. Esta mañana les ha llegado un caso y el solo no puede llevarlo, necesita ayuda.
- Ahora estás libre, ¿no Wilson? – le preguntó Cuddy.
- Si.
- Pues entonces tú ayudarás a Chase.
- ¿Qué? – Chase se puso de pie. – No, él no. – miró a Wilson. – No es por nada Wilson. Verás Cuddy, Wilson es oncólogo, el experto en estas cosas es House.
- No voy a dejar que House vuelva, se creerá que puede hacer lo que le de la gana conmigo.
- Ya Cuddy, pero el experto en estos casos es House, le necesito aquí para que resuelva el caso o ese tío se muere. Él es el único que puede resolver el caso.
Cuddy se puso de pie y se miraron a los ojos.
- O resuelves el caso con Wilson o se lo pasas a otro. Tú decides.
Tras un momento, Chase se dio la vuelta y salió del despacho.
Wilson y Cuddy se miraron a los ojos.
- Wilson, sabes que es lo mejor que podía hacer para que se le bajen los humos.
- Puede ser. Necesita una lección de humildad, pero puede que ni Chase ni yo podamos resolver este caso solos.
Y salió del despacho. Corrió hasta alcanzar a Chase.
- ¿Qué vas a hacer?
- Voy a buscar a House.
House entró en su casa. Se quitó el casco, tiró las llaves sobre la mesa y se acercó al armario junto a la escalera. Respiró hondo mientras ponía la mano en el pomo. "Una…dos…tres" rápidamente abrió el armario, tiró dentro la chupa y volvió a cerrar en el mismo momento en el que todas las cosas del armario se le venían encima, haciendo un fuerte ruido al chocar con la puerta. "Tengo que decirle a Wilson que lo ordene" pensó.
Se quitó los tenis, dejó uno en el salón, el otro en medio del pasillo. Todo estaba por medio, ¿qué más daba un poco más? Fue a su cuarto y se puso un jersey y el pantalón del pijama. No iba a salir a ningún sitio, así que mejor ponerse cómodo.
Después fue al cuarto de baño. Le seguía doliendo la cabeza, y decidió meter la cabeza debajo del grifo de agua helada para despejarse.
Fue a la cocina en busca de algo para el dolor de cabeza que no fuese vicodina, pero lo único que tenía en los estantes era whisky, un par de botellas de tequila empezadas, y una botella de bourbon que ni siquiera recordaba tener. Abrió el estante de al lado, pero lo único que había era pan bimbo y nocilla. Se acercó a la nevera para buscar algo más.
La nevera estaba un poco vacía. Había un par de trozos de pizza que tiró a la basura. No le apetecía demasiado. Encontró dos manzanas, una naranja, un poco de jamón cocido, algo de queso y una botella de leche que aún estaba casi entera. Con eso tendría para sobrevivir hasta el día siguiente.
Sacó algo de pan bimbo y se hizo sándwich de nocilla, machacó una vicodina y la puso en el sándwich, y, mientras se lo comía, se calentó un vaso de leche.
Fue hasta el salón con el vaso caliente y se sentó en el sofá. Tiró una camiseta a una silla cercana y dejó el bastón en el suelo. Le dolía la pierna, y la cabeza le zumbaba, y no dejaba de darle vueltas a lo mismo. Se tomó otra pastilla y se bebió el vaso de un trago. Lo dejó sobre la mesa, se desperezó y se tumbó bocarriba en el sofá. Se llevó la mano a la cabeza y comenzó a frotarse la sien. La cabeza le bullía en cientos de pensamientos, todos sobre lo mismo: Michigan, la fiesta, el hospital, la pelea, Lisa…estaba preocupado por ella, por como se había sentido, por lo que le había dicho… "Espera un momento House, ¿estás pensando en Lisa? ¿Y preocupándote por ella?" Vale, si, cierto que otras veces pensaba en ella, pero no era igual. Estaba… ¿preocupado por lo que le había dicho y por como se podía sentir ahora? Eso era muy raro "Dios, esto se extiende y va a peor" en el fondo sabía lo que era, pero no quería, o no sabía si quería aceptarlo. Se pasaba los días y las noches pensando en lo mismo, en la fiesta, en michigan y en ella, en aquello que siempre había estado ahí, que nunca había desaparecido y que ahora se hacía más fuerte. Sentía que la cabeza le explotaría, pero no podía dejar de pensarlo aunque quisiera.
Sabía que se había pasado recordándole que no conseguía quedarse embarazada, pero ella también era una pesada con su manía de que pasara él precisamente las consultas. Seguro que cualquier estudiante de primero estaría allí plantado dando saltos para que Cuddy le dejara las consultas.
Seguía sintiéndose mal por lo que le había pasado con Cuddy. Era como una especie de vacío y presión en el estómago y el pecho al mismo tiempo. Se tumbó de costado en el sofá, y encogió las piernas. Estaba medio dormido cuando empezó a escuchar de nuevo aquella voz en su cabeza.
"Reconócelo. Otra vez te está pasando.
No lo se…
¿Y porqué no se lo dices?
No se… ¿y si ella ya no…?
Vamos Greg, en el fondo nunca lo has dejado del todo, incluso con Stacy.
Pero ahora no es lo mismo…
¿Quién ha dicho que no?
Supongo que nadie…
Reconócelo.
La quieres. Estás enamorado de ella.
Si."
Y se quedó dormido.
Wilson estaba sentado en el asiento del copiloto del coche de Chase. No decían mucho. Chase sabía la dirección. La radio estaba encendida, no demasiado alta. Chase canturreaba las canciones de la radio mientras tamborileaba con los dedos en el volante, intentando distraerse. Wilson, sin embargo, no dejaba de pensar en todo lo que le había ocurrido aquel día.
Había descubierto que todo aquello que él le decía a House para picarlo desde que se conocían era cierto. House estaba enamorado de Cuddy, y lo mejor es que ella lo estaba de él, pero por miedo a que les hicieran daño, ninguno de los dos se atrevía a decirse nada. Siempre se estaban picando, gritando, la mayoría de las veces por las consultas, más por diversión o aburrimiento que por otra cosa. Disfrutaban con eso. Pero llevaban dos semanas muy raros. House parecía ponerse nervioso cuando ella estaba cerca o incluso cuando le tocaba, y se pasaba la mayor parte del tiempo mirándola cuando ella no miraba (siempre y cuando House no estuviese escondido para no pasar consulta), y con Cuddy pasaba otro tanto de lo mismo; parecía que, sabiendo que House se ponía nervioso, se acercara a él a propósito, y que le rozara para ver como reaccionaba, aunque también lo hacía, no solo por diversión, sino porque ella estaba igual de nerviosa que él, y, en un intento porque no se diese cuenta ella decidía picarlo primero. Y además, cuando House estaba de espaldas o no se daba cuenta, ella se dedicaba a mirarle el culo, o los ojos, o la cara, o la boca, o las manos… se querían, pero no entendía el porque de que ninguno lo dijera, la excusa del daño ya la atenía muy vista. Y encima el torpe de House, siempre metiendo la pata y cagándola en los peores momentos. De vez en cuando podría callarse, pero no, el no, el tiene que recordarle lo de su embarazo, montarle el lio del año y creer que se irá de rosas.
Lo peor sería la casa, no por el desorden, en House eso era como los pájaros en primavera, sino por el propio House. No sabía como se lo iban encontrar. Tenían dos posibilidades, una buena y otra mala. La buena sería que estuviese borracho, la mala… que estuviese borracho.
Chase dobló la esquina y llegaron a la calle de House. Aparcaron en la esquina. Junto a las escaleras estaba aparcada la moto de House.
- ¿Tocamos?
- No, yo sigo teniendo la llave.
Wilson buscó entre sus bolsillos y sacó un llavero enorme.
- W…Wilson… ¿por qué tienes tantas llaves?
- La del hotel…la del coche…la del despacho…la del armario de las escobas…el cuarto de calderas…a si, aquí está.
Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta despacio. Todo estaba a oscuras y muy desordenado. "Típico de House" pensó Wilson. Chase y él entraron sin hacer demasiado ruido, mientras intentaban acostumbrarse a la oscuridad. Todas las persianas estaban bajadas, excepto una por la que entraba un poco de luz. La habitación estaba desordenada, un par de camisetas en las sillas, un par de tenis cada uno tirado en una punta del salón, papeles, libros…pero no veían a House por ningún lado.
- ¿Dónde crees que estará?
- Vamos a buscarlo. Y ten cuidado, no sea que esté tirado en el suelo y le pises.
No habían dado ni un paso cuando escucharon un rumor. Un ruido suave.
- ¿Qué es eso? ¿Un gato? – preguntó Chase.
- No puede ser…House lo único que tiene es a Steve, y no hace ese ruido.
Se quedaron callados y volvieron a oirlo, esta vez algo más fuerte.
- Parece que es del sofá. – dijo Chase.
Se acercaron lentamente al sofá. Allí estaba durmiendo House, hecho casi una bola, con la boca un poco abierta.
- Voy a despertarlo. – Dijo Chase.
- No… déjame que ya lo despierto yo.
Wilson se fue a la cocina. Chase escuchó el agua del grifo, y un momento después apareció Wilson con una olla pequeña hasta arriba de agua ardiendo.
- ¿Qué le vas a hacer?
- Despertarlo.
Dicho esto, le echó el agua a House, cayéndole la mayoría en la cara. House se despertó sobresaltado, hizo un movimiento brusco y se cayó al suelo.
- Arriba Bello Durmiente.
- ¡Joder Wilson! ¡Prefería el beso! – Se levantó del suelo con el bastón en la mano. - ¿No tenías una forma más sutil de despertarme?
- Tranquilo cariño, la próxima vez te tiraré cubitos de hielo.
- Ja ja.
- House, te está sangrando la nariz. – le dijo Chase.
- ¿Qué? – Se pasó los dedos por la nariz. Manchados de sangre. Miró el bastón. Había caído encima del mango. – Genial Wilson.
Se fue hasta el cuarto de baño seguido de Chase y Wilson. Metió la cara debajo del grifo intentando quitarse un poco de sangre de la cara. Luego cogió una toalla blanca e hizo presión en la nariz. Volvieron al salón y House se sentó en el sofá junto a Chase y Wilson.
- ¿Y a que se debe esta agradable visita?
- House, el paciente está peor. Necesitamos tu ayuda. – dijo Chase.
- Ya no es mi caso. Cuddy me ha echado. Ocúpate tu solo.
- House, no puedo solo.
- Mira Chase, llevas más de tres años conmigo, así que una de dos, o has aprendido algo o no has aprendido nada. Tienes capacidad de hacerlo solo. Y si necesitas ayuda, que te ayude Wilson, ahora no tiene ningún monstruito calvo que consolar. Además, Cuddy no me deja pisar el hospital.
- House, el experto en diagnóstico eres tu, no yo. – le dijo Wilson. – por favor.
- Además, te traigo la historia – dijo Chase, tendiéndole la carpeta.
House respiró hondo. Se quitó la toalla de la cara. Ya no sangraba. Se tomó una pastilla y miró la carpeta.
- Diagnóstico diferencial. – dijo, cogiendo la carpeta.
- Ingresó con dolor en las articulaciones, vómitos y algo de fiebre.
- Chase, estaba en el hospital cuando lo ingresaste, lo que quiero saber es lo que pasó después.
- Le hice unos cultivos para descartar virus e infecciones y un análisis de orina. Le puse antibióticos de amplio espectro para que le bajara la fiebre y ganar tiempo. Mandé las pruebas al laboratorio y una media hora más tarde le dio una crisis diabética y entró en parada respiratoria. Lo intubamos. Tiene la tensión irregular, la fiebre le ha subido, y en las pruebas no salen infecciones ni virus.
- ¿Y que puede provocar una crisis diabética que derive en un fallo respiratorio?
- Pues…algo auto inmune. – dijo Wilson.
- Kawasaki. También podría ser leucemia.
- ¿Leucemia? Si apenas tiene algún síntoma. – contestó Wilson.
- Podría estar en una fase inicial, a lo mejor muestra solo algunos síntomas. – dijo Chase.
- Una granulomatosis.
- Pues nada, pruebas para la leucemia, una punción, pruebas para descartar el Kawasaki y la granulomatosis y ponle esteroides.
- Vale. Vámonos, cuanto antes comencemos con las pruebas antes le curaremos. – dijo Chase, levantándose.
- Vete al coche Chase, ahora voy yo. – le dijo Wilson.
Chase salió de casa de House y fue al coche. Wilson se volvió hacia House.
- ¿Por qué no cerraste el pico y fuiste a pasar consultas?
- Porque no me gustan. Son aburridas. Y ella lo sabe.
- Y si te hubieras aguantado ahora estarías en el hospital resolviendo el caso, no aquí aburrido.
- Y ella sabe que estoy hasta las narices de que me recuerde a cada paso que es mi jefa y que me va a despedir si no hago lo que me manda. Y tú también lo sabes.
- Y tú sabes que a ella le duele que le recuerdes que no logra ser madre. – le contestó Wilson, fulminándolo con la mirada.
House bajó la cabeza y se miró los pies.
- Eso ya lo se Wilson.
Wilson se dio la vuelta y fue al coche con Chase.
House respiró hondo y se tumbó boca arriba en el sofá.
- Eso ya lo se. – repitió en voz baja para si.
Cuddy hacía la ronda por el hospital para vigilar que todo estuviera en orden, cuando llegó al mostrador de las enfermeras.
- Doctora Cuddy.
- ¿Si Brenda?
- Esto está saturado de gente y el doctor House no aparece.
- ¿No has avisado a nadie?
- No. – le dio una carpeta. – Le esperan en la consulta número uno.
Cuddy cogió la carpeta y fue hasta la consulta uno.
- Buenos días, soy la doctora Cuddy, siento el retraso. ¿Qué le ocurre?
Era una mujer joven. Estaba sentada en la camilla, y parecía algo nerviosa.
- Pues verá, es que esta mañana me desperté y creo que tengo una reacción alérgica.
- ¿Cómo se dio cuenta? ¿Qué síntomas mostraba?
- Pues escozor y me picaba mucho.
Cuddy la miró de arriba abajo varias veces.
- No hay signos de sarpullido ni nada que indique una reacción alérgica.
- Es que es en…otro sitio.
- ¿Dónde?
- Pues en…en…hay abajo.
- ¿En las piernas? Bien, súbase la falda.
- No tan abajo doctora…
Cuddy se dio cuenta de lo que se refería.
- Oh dios mío. Esteeeem… Bien, túmbese en la camilla.
Un rato después, Cuddy examinaba a la paciente con cara de asco.
- Hay una especie de sustancia amarillenta y muy viscosa…tomaré una muestra para el laboratorio.
- Es miel.
- ¿Qué?
- Es miel.
- ¿Y como a llegado la miel ahí?
- Pues verá, resulta que a mi novio le gusta…untársela.
Cuddy abrió la boca sorprendida.
- Ah…claro…muy lógico…Pues tiene usted una reacción alérgica a la miel. Tómese esto – le dio una receta. – unas dos semanas. Y dígale a su novio que existen otras cosas para…untarse.
Tiró los guantes en la papelera y salió a toda prisa de la consulta, tan rápido que se chocó con Wilson.
- Lo siento Wilson.
- Cuddy, ¿De donde sales tan disparada?
- Creo que ya entiendo porque House odia las consultas.
- ¿Y eso?
- Vengo de pasar una de sus consultas. Una reacción alérgica.
- Oh, si, claro, el fin del mundo.
- Wilson, era…abajo.
- ¿En los pies?
- No, no…tanto. – Wilson entendió a lo que se refería. – Con miel.
Wilson abrió mucho los ojos y puso cara de asco.
- Oh dios mío…creo que no volveré a probar la miel en una temporada después de esa imagen mental.
Chase apareció al fondo del pasillo, con los resultados de las pruebas en la mano.
- ¡Wilson! Tengo los resultados.
- Trae a ver. – miró los resultados. – ¿negativo para todo?
- A ver trae. – le dijo Cuddy.
- Da negativo para granulomatosis, leucemia, Kawasaki… no tenemos nada.
- Pues a ver que hacemos, porque la fiebre sigue subiendo.
El busca de Chase comenzó a pitar.
- ¿Qué pasa? – preguntó Cuddy.
- El paciente.
Los tres salieron corriendo a la habitación.
- Tiene una parada cardiaca.
- Cuddy, pásame la epinefrina – le dijo Wilson.
Chase cogió las palas.
- 250. Fuera. – Nada. – otra vez. Fuera. – nada. – 300. Fuera.
- Espera. Tiene pulso.
- Chicos. Tenemos problemas. – dijo Cuddy. Levantó la bolsa de orina. – Es marrón.
- Le fallan los riñones. – dijo Wilson. – lo conectaré a la máquina de diálisis.
- Pues eso no es nada. – dijo Chase. – Mirad esto.
El paciente comenzaba a tener los ojos amarillos.
- También le está fallando el hígado.
- Los pulmones, el corazón, el hígado, los riñones… ¿Qué más tiene que fallar para que vuelva House? – le dijo Wilson a Cuddy, mirándola a los ojos.
- No voy a dejarlo volver aún. Si lo veo en el hospital lo echo definitivamente.
- ¿Qué? ¿Vas a dejar que este tío se muera porque House y tú sois demasiado cabezotas?
Cuddy no contestó.
- Pues muy bien. – dijo Wilson, y salió de la habitación seguido de Chase.
- Wilson, ¿qué hacemos? No tenemos nada, no sabemos qué tiene.
- Chase, ocúpate de mantenerlo con vida. Ponlo con la diálisis ya, y contrólale la tensión, las pulsaciones y la temperatura. También hazle una resonancia, una punción y una biopsia para buscar tumores o marcadores de cáncer.
Wilson entró en el ascensor.
- ¿Y tú a dónde vas?
- A buscar a House.
Flash Back
"Viernes. Faltaban dos semanas para que diesen las vacaciones de navidad. La noche antes había caído una gran nevada. Toda la universidad estaba cubierta de nieve. Hacía mucho frío y viento.
Lisa caminaba por los pasillos del tercer piso. Llevaba la mochila colgada del hombro. Acababa de terminar la primera clase y había tenido un examen, que, aunque creía que no terminaría nunca, le había resultado muy fácil.
Llegó a la puerta de la clase. Quedaban 5 minutos para que acabara la clase, pero los alumnos habían comenzado a salir. Todos iban diciendo lo mismo; comentaban las notas de los exámenes. Y entre todos predominaba una frase: "¡Qué jodio que es House! ¡Otra vez lo ha vuelto a hacer!". Lisa sonrió... ¿Qué habría hecho esta vez? Al pasar junto a ella, algunos chicos la saludaron, y algunas chicas la miraron con cara de envidia. Esperó a que todos salieran, pero no vio a Greg por ningún lado. Decidió entrar en la clase para ver si aún seguía allí.
- Hola Lisa, que sorpresa, ¿qué haces aquí? – preguntó Lang.
- Hola profesor. Pues vera… venía a buscar a Greg, pero no lo he visto salir de clase, y parece ser que tampoco está aquí.
- Pues no, hoy no ha venido, y eso que iba a darles los resultados de sus exámenes. Como no, Gregory ha vuelto a sacar la nota más alta. ¿Y a ti como te han ido los exámenes?
- Pues bien.
- Me alegro.
- Profesor, entonces, ¿no sabe qué le ha podido pasar a Greg?
- Pues no, la verdad. Es cierto que lleva como una semana algo raro, y que antes de ayer no se le podía hablar. Pero él es así ¿no? Seguramente estará en su casa, durmiendo.
- Gracias profesor. Es que habíamos quedado. Iré a buscarle allí.
Lisa salió de la clase y fue a la parada del autobús.
Había pasado unas grandes semanas con Greg, desde aquel día en que quedaron para ir al pub. Los viejos eran buena gente, simpáticos y bromistas. No dejaban de hablar: fútbol, béisbol, música, motos, coches, bebida, anécdotas de la guerra, de cuando eran más jóvenes… a Lisa le caían bien. Además, siempre estaban metiéndose con Greg o intentando picarle. De vez en cuando también tocaba algo, solo o con uno de los viejos, que tocaba la trompeta. Había dejado de tenerle asco al tequila, y era capaz de beber sin problemas. Cuando Greg estaba terminando, y faltaba poco para cerrar, a veces jugaban a ver quien se bebía más chupitos más rápido, animados por los viejos. Lo pasaban en grande.
En la universidad, solían ir juntos, cuando tenían un rato libre quedaban, incluso se habían saltado alguna clase juntos. Muchas veces la llevaba en la moto. Le encantaba la velocidad, el aire en la cara. Al principio le daba un poco de miedo porque Greg solía conducir como un loco, a gran velocidad, pero había acabado acostumbrándose. Además, en aquellos momentos aprovechaba para agarrarse bien fuerte a él. Eran los momentos en los que estaban más cerca, y ambos los disfrutaban.
Los chicos de la clase de Greg la conocían, hablaban con ella, y la saludaban por los pasillos. Las chicas, sin embargo, la miraban con envidia, porque ella casi siempre estaba con él, mientras que a ellas Greg ni siquiera las miraba.
Pero era cierto que desde hacía una semana estaba un poco más raro de lo normal. Estaba más callado, y de mal humor, había faltado a varias clases y casi falta al trabajo en dos ocasiones. Estaba preocupada, pero cada vez que intentaba preguntarle, él se enfadaba y cambiaba de tema soltándole alguna borderia. Se había acostumbrado a aquello, sus cambios de humor, pero aquella vez era distinto, parecía preocupado.
Llegó al portal, y tuvo un mal presentimiento. Subió a toda prisa las escaleras.
La puerta estaba cerrada, pero dentro se oían voces. Pasó la mano por el marco, en una de las esquinas superiores había un hueco y solía dejar una llave allí. Consiguió entrar, y encontró una escena bastante fea.
Un hombre alto estaba de espaldas a ella, en medio del salón. Llevaba una chaqueta, unos pantalones que parecían de un uniforme y camisa blanca. Vio que Greg salía de la cocina con algo en la mano. Ambos se gritaban, y parecían estar muy enfadados. Greg se acercaba al hombre, pero cuando este avanzaba un par de pasos se echaba para atrás. Discutían, se contestaban cada vez peor y más alto.
Hasta que Greg la vio...
(Tu Bi Continui, Que en Vikingo Significa Continuara)
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Se agradecen comentarios!
