hola! mucho tiempo fuera, pero ya he vuelto. Prblema,s mudanzas, sin conexion...pero ya estoy. Prometo actualizar. Si os vale de consuelo, este ff ya tiene final...

quiero coments! jaja


Reunión de Antiguos Alumnos

5. El Viaje

Cuddy daba vueltas por la casa para asegurarse de que no se le había olvidado guardar nada. Apenas había conseguido dormir un par de horas, a causa de los nervios, la emoción, y el todavía demasiado reciente recuerdo del beso con House. Sonrió al acordarse y, al pasarse la lengua por ellos, pudo volver a sentir el sabor de los besos que House le había dado.

Estaba entrando en su habitación cuando el contestador del teléfono que tenía en la mesita saltó.
- ¡Buenos días Cuddles, este es el servicio despertador de Greg House! ¡Son las 6:30 de la mañana, arriba dormilona! ¡Solo falta media hora para vernos!

Cuddy se rió. Un rato más tarde volvió a sonar el teléfono.
- Cuddles…se que estás hay, escuchando…bueno, no importa…Solo te llamó para decirte que no hace falta que te lleves todo el armario… ¡En Michigan también existen las tiendas!

Se volvió, y rebuscó entre las perchas de su armario, y en ese momento volvió a sonar el teléfono.
- Cuuuuuuuddleeeeeees... – dijo House, esta vez poniendo una voz profunda. – se donde viveeeeeeeeeeeeeeeees…. Se lo que hicisteeeeeeeeeeeeee….. voy a por tiiiiiiiiiiiii…. Ya estoy llegandoooooooooooooooooooo….

Y de repente comenzó a sonar el timbre de la puerta. Cuddy se sobresaltó. Dejó a toda prisa el vestido dentro de la maleta, y corrió escaleras abajo.
Abrió la puerta a toda prisa, y se encontró a House, que no dejaba de pulsar el timbre con su bastón. Al verla dejó de pulsar el timbre.
- Llegué.
- ¿Estás loco? Casi despiertas a todo el barrio. Y además, ¿qué estás haciendo aquí?
- Vamos Cuddles. – dijo House, mientras entraba en la casa y Cuddy cerraba la puerta. La siguió por el pasillo hasta su habitación.

La miró de arriba abajo. Llevaba unos vaqueros oscuros, y una camisa blanca, con los dos primeros botones desabrochados. House llevaba unos pantalones de pana y la camisa amarilla que llevaba en el viaje a Singapu.
- Aún faltan diez minutos para las 7.
- Venga ya Cuddy. Si llego tarde, pues porque tardo mucho, y si llego temprano, porque es muy pronto. – Se quedó mirando la maleta, abierta sobre la cama. - ¿Todavía no la has terminado?
- Estaba a punto de hacerlo cuando has intentado asesinar mis tímpanos.

House se paseó por la habitación, mientras Cuddy se agachaba frente a un montón enorme de zapatos.
- Dios. ¿No pensarás llevarte todos esos zapatos no? Porque vas a necesitar una maleta para eso solo.
- No tonto. Los que me voy a llevar ya están guardados. Lo que voy a hacer es coger los que me voy a poner. – le dijo, mientras le enseñaba un par de tenis.
Se calzó y fue hasta el cuarto de baño.
- ¿Y ahora a donde vas? ¿A buscar tus pinturitas?
- A coger mi neceser.
Metió el neceser en la maleta e intentó cerrarla. Pero la había llenado demasiado y apenas podía cerrarla. Se intentó subir a la maleta pero entonces no podía cerrar la cremallera. Escuchó una risita a su espalda. Se dio la vuelta, y vio a House, riéndose mientras le miraba el culo.
- Parece ser que alguien necesita mi ayuda. – dijo. – Aunque he de decir, que la vista de tu bonito culo desde aquí es muy buena.
- Está bien. – dijo Cuddy, poniendo los ojos en blanco – House, ¿me ayudas a cerrar la maleta?
- Si me lo pides asi, no puedo negarme, pequeña Cuddles.

Se acercó hasta ella. Cuddy bajó de la cama.
- Tú te subes a la maleta y yo la cierro.
- ¿Y eso porque?
- Porque tu pesas más que yo.
- ¿Me estás llamando gordo? – preguntó, poniendo voz de mujer.
- House, arriba, maleta, ¡Ya!
- Uuuu…. Cuddy jefaza suprema, me gusta.
House se subió sobre la maleta y Cuddy se arrodilló para cerrarla. Pero, de repente se sintió observada. Levantó la vista y vio a House, que le miraba las tetas y se mordía la lengua.
- House…no me mires el escote tan fijamente o te doy.
- Ñam…menudas vistas.
Cuddy cerró la maleta y le puso a House la mano en el pecho para darle un empujón. Este cayó de espaldas en la cama, y casi se cae por el otro lado.
- ¡Eh! ¡Que me caigo!
- La maleta ya está cerrada. Vámonos.

Cuddy estaba a punto de bajar las escaleras con la maleta, pero House le cogió de la mano.
- ¿Qué haces?
- Cogerte la maleta. Es lo que hacen los caballeros ¿no?
Cuddy soltó la maleta y lo vio cojear escaleras abajo. Fue a buscar su abrigo al cuarto y bajó las escaleras a toda prisa, cogió sus llaves y cerró la puerta.
Al darse la vuelta encontró a House apoyado en el capó de un coche negro. House se había puesto una chaqueta y la esperaba con los brazos cruzados sobre el pecho. Al acercarse al coche, House se separó y le abrió la puerta del copiloto.
- House… ¿qué tramas?
- Oh, vamos Cuddles. ¿No puedo portarme bien por una vez sin que creas que tramo algo?
- Esteeeeeeeeem…. No. – contestó, mientras entraba en el coche.
- Venga, dame un voto de confianza. Al menos en este viaje.
- Bueno…vale.

House cerró la puerta y entró en el coche. Cuddy miraba a su alrededor algo extrañada. Aquel coche le resultaba algo familiar. Observó el interior mientras House lo arrancaba y se ponían en marcha. Encontró un Ipod. Lo encendió, y resonó en los altavoces una canción a todo volumen. Era una canción muy romántica y tranquila, para nada del estilo al que House la tenía acostumbrada, todo lo contrario, era la de "Say you, Say me". Cuddy miró a House con los ojos muy abiertos, mientras este se paraba en un semáforo y aporreaba el aparato para apagarlo.
- ¿Le has robado el coche a Wilson?
- Se lo he… cogido prestado. – dijo House, dudando un poco.
Se miraron a los ojos. House puso los ojos en blanco y volvió a arrancar el coche.
- Bueno, si, vale, le he robado el coche a Jimmy. Pero se lo devolveré.
- Podríamos haber ido en mi coche.
- Claro, ¿y yo como llego hasta tu casa? ¿Con la moto? No pienso dejarla una semana frente a tu casa, sola y abandonada. Además, dije que yo te recogía y me encargaba de todo. Y eso incluía el transporte. Y a menos que quisieras ir en la moto, te toca el coche de Jimmy.
- Habérselo pedido, seguro que te lo dejaba.
- Si, claro, y de paso se nos encaloma porque no quiere dejarme a solas con el coche. Cree que voy a convertirlo en un acordeón.
- Delincuente.
- Mentirosa. – contestó. – Te toca.

Se quedaron un momento en silencio y Cuddy se comenzó a reír. House la miró de reojo, extrañado.
- ¿De que te ries?
- Me gustaría ver la cara de Wilson cuando descubra que su coche ha desaparecido.
House se imaginó su cara, hizo una mueca y los dos comenzaron a reírse a carcajadas.

Wilson salió de su casa. Aquel día entraba antes porque tenía algunas horas extras de consultas. Al salir a la calle, una fría ráfaga de viento le obligó a subirse el cuello de la chaqueta y a abrochársela hasta arriba si no quería ponerse malo. Bostezó y se acercó a la plaza de aparcamiento.

Al llegar allí se quedó parado. Abrió la boca y los ojos a más no poder. Dejó caer los brazos y la cartera se le cayó al suelo. Comenzó a ponerse muy rojo. Buscó frenéticamente alguna pista que le indicara quien se había llevado el coche, aunque ya tenía una ligera idea de quién había sido. Encontró un post-it amarillo, pegado con fixo para asegurarse que no se cayera por la noche, pegado en el muro que había frente a su plaza de aparcamiento. Se acercó con rapidez a la nota, y la despegó de la pared. La leyó varias veces. Cerró la boca y comenzó a respirar hondo, mirando hacia todos lados.

"Jimmy, te he cogido prestado sin permiso el coche, pero no te preocupes, puedes recogerlo mañana a partir de las 8:30 en el aparcamiento del aeropuerto. Te dejo las llaves del coche dentro del tubo de escape.

PD: voy a estar una semana fuera con Cuddy, asi que, mientras estoy fuera, ordéname el armario, que se me caen las cosas encima cada vez que lo abro.

House."

- Lo mato. Juro que lo mato. – murmuró, mientras iba a buscar la parada del autobús.

House aparcó el coche en el aparcamiento del aeropuerto. Se volvió en el asiento y cogió el abrigo del asiento de atrás para ponérselo.
Salieron del coche y House abrió el maletero. Le tendió a Cuddy su maleta, y está la cogió, mirándolo extrañada, mientras House se colgaba del hombro una gran bolsa de deporte y cerraba el maletero.
- Ya decía yo que tus buenos modales duraban mucho.
- No es eso. Servidor puede llevar una, pero cuando son más me cuesta un poco llevarlas. – le contestó, señalando el bastón.
Comenzaron a caminar en dirección al aeropuerto.
- ¿Quieres que la lleve yo?
- Cuddles, he dicho que me cuesta llevar dos, no que sea tan torpe que no pueda llevar una.

Entraron dentro del aeropuerto, resguardándose asi del frío. House miró su reloj.
- Son las 7:30, el vuelo sale a las 8, ¿vamos a facturar las maletas? - preguntó, mirándola.
Se acercaron a la ventanilla para facturar las maletas. Como tenían tiempo y no habían desayunado, decidieron ir a la cafetería a tomarse un café mientras tenían que embarcar. Se sentaron en la barra y se pidieron el desayuno.
- Dos cafés solos con mucho azúcar, una tostada de mantequilla y otra de jamón. – dijo el camarero, dándoles los platos.
- Venga, date prisa que tenemos 20 minutos.
- Te apuesto 5 pavos a que el avión sale con retraso.
- Vete preparando la pasta.
Cuddy terminó de comer en diez minutos, pero House tardó un poco más. Cuddy lo miraba desesperada.
- House, ¡termina ya! Quedan cinco minutos para embarcar.
- ¡Dios, que cansina! Ni desayunar tranquilo puede uno. – Se terminó el café y dejó el dinero en la barra. – ale, vámonos hija.
Fueron hasta la puerta de embarque, pero la azafata les dijo que tendrían que esperar. Cuando les dijeron que podían embarcar, se sentaron juntos en sus asientos.
- Déjame la ventanilla. – dijo House, poniendo voz de niño.
- Vale, siéntate en la ventanilla.

Se sentaron y House miró a Cuddy, sonriendo ligeramente. Ella intentó obviarlo, pero él comenzó a carraspear ligeramente para llamar su atención. Al cabo de un rato tuvo que mirarle, porque el sonido había ido subiendo de volumen, y se iban a acabar enterando todos.
-¿Qué quieres House?
Le miró las manos. Tenía la mano extendida frente a ella.
- Son las 8:10. Has perdido tu apuesta. ¡Págame!
- No tengo dinero, tienes que esperar a después del viaje.
- Que sepas que te lo apunto. – he hizo como que se apuntaba algo en la mano.
Cuddy y él se rieron.

Mientras, en el asiento de al lado, un hombre y una mujer, de unos sesenta y tantos años, se acomodaban en el asiento. La mujer sintió como su marido la llamaba.
- Mira Carol.
- ¿Qué Jack?
- Mira a esos dos de ahí al lado.
Carol observó a donde su marido le indicaba. Vieron a una pareja, un hombre de ojos azules, pelo moreno y varios días sin afeitar, con bastón, y una mujer, con los ojos azul grisáceo, morena, con el pelo rizado. Los dos reían, animados.
- La chica no está nada mal.
- Pues él tampoco se queda atrás.
- Se parecen a nosotros cundo teníamos su edad. – dijo Jack.
- Están enamorados.
- ¿Cómo lo sabes?
- Venga Jack, míralos. Ella no deja de tocar el collar que lleva, y además se frota las manos de una forma extraña, algo nerviosa. Y a él se le nota, no hay más que mirarlo. No le quita el ojo de encima, sonríe, parece relajado, y, además, en sus ojos tiene un brillo especial.
- Pues ella esta muy bien.

Carol se volvió hacia su marido, que parecía estar mirándole las tetas a la chica. Le pegó un codazo y Jack la miró, divertido.
-¿Celosa cariño?
-Cállate. Son muy monos.

House y Cuddy habían parado, por fin, y ahora el avión despegaba, rumbo hacia Michigan. Pero House tenía la extraña sensación de que los observaban. Se volvió hacia el pasillo y vio a una pareja de ancianos en la fila de al lado. Los dos reían y se daban codazos, mientras cuchicheaban algo. Intentó leerles los labios, pero como no se estaban quietos le resultó imposible. Entonces los ancianos se volvieron hacia él.
- Hola. – dijo House.
- Buenos días. – contestó la mujer.
Cuddy se volvió hacia House, que se había vuelto a sentar bien en el asiento.
- ¿Qué haces House?
- Disimuladamente, vuélvete hacia tu derecha, en la fila de al lado, hay dos viejos. No dejan de mirarnos.
Cuddy se giró disimuladamente y vio a los viejos que decía House, pero en ese momento se estaban besando. Cuddy se volvió hacia House, y vio que este ponía cara de asco.
- ¿Y esa cara? Se quieren, es normal que se besen.
- Es como ver besarse a tus padres.
Cuddy puso los ojos en blanco, mientras, resignada, negaba con la cabeza.

Un rato más tarde, escuchó una voz a su lado.
- Hola.
- Buenos días. – contestó Cuddy, mientras ella y House se volvían hacia los viejos.
- Yo soy Carol, y este es Jack, mi marido.
- Nosotros somos Lisa y Greg. – contestó.
House miró un momento al viejo y luego se acercó al oído de Cuddy, y le susurró:
- Al viejo le gustas.
- Cállate. – contestó, mientras le pegaba un codazo.
- Y que, ¿vais a Michigan de luna de miel? – preguntó Jack.
House y Cuddy lo miraron con los ojos abiertos, sin saber muy bien que contestar.
- No…vamos a…a una reunión de antiguos alumnos de la universidad de medicina. – contestó House.
- ¡Son doctores! Entonces podréis ayudarme – Jack se acercó más a ellos. – Verán, es que de vez en cuando, mi mujer y yo intentamos…ya sabe…hacerlo…y…mi amiguito…las dos últimas veces a tenido problemas para levantarse…
- ¿Tiene usted antecedentes de problemas cardíacos en su familia?
- No.
- ¿Y ha pensado en las pastillitas azules? – le contestó House, pero Jack lo miró extrañado. – Viagra.
- ¡Ah, claro! Viagra…pues no lo había pensado… lo probaré.

Carol apartó a su marido, para intentar cambiar de tema.
- ¿Entonces ustedes dos no están juntos?
Cuddy y House se miraron un momento a los ojos y se sonrieron ligeramente.
- Pues no… - respondieron, con un pequeño deje de tristeza en la voz de ambos.
- Pues es una pena, porque son los dos muy guapos. Hacen una buena pareja. Y sus hijos serían muy guapos.
- Vaya…gracias… - respondieron, mientras Carol se volvía hacia su marido y House y Cuddy volvieron a mirar hacia el frente.

House y Cuddy permanecieron en silencio un rato. House se tomó una pastilla y miró a Cuddy, mientras esta se recogía el pelo en una cola. De repente, House abrió los ojos mucho y la señaló con la boca un poco abierta. Cuddy giró la cara poco a poco y miró a House. Levantó una ceja y le preguntó, divertida:
- House. – le pasó una mano frente a los ojos, pero seguía con la vista fija en ella. – House, me preocupas. ¿Te pasa algo? ¿Te han sentado mal las vicodinas?
- Es…es el…Llevas puesto el…
House le acercó la mano a la oreja.
- Llevas el piercing que te regalé. – dijo House.
Cuddy sintió un escalofrío al sentir la mano de House en su oreja, mientras este observaba, sonriente, el pequeño piercing de los labios de los rolling stones, que él le había regalado unos días después de haberse acostado con ella la primera vez.
- Llevaba sin verlo desde…
- Desde que me gradué en la universidad.
- Claro. Fui a la fiesta, visitamos tú habitación, yo me fui…y no volví a verlo. No sabía que aún lo tuvieras.
- Es de esas cosas que una nunca pierde. Además, ¿no eras tú el que decía que volviésemos a ser Greg y Lisa?
- Me encanta. Cuddles ha vuelto.

Se miraron a los ojos. Cuddy comenzaba a ponerse colorada; House no quitaba la mano de su oreja. Bueno, la había quitado, y ahora le acariciaba el cuello.
- ¿Sabes que podríamos probar el cuarto de baño? Yo voy primero y luego vienes tú. – le susurró House al oído.
- De eso nada. – contestó, mientras le pegaba en la mano para que la dejara.
- Vale, vale. – House volvió a sentarse en su sitio, con los brazos cruzados sobre el pecho, haciendo como que se enfadaba. – Bragas de Hierro.
- Crío.
- Estirada.
- Delincuente.
- Mentirosa.
- Gregorificacion.

House la miró, intentando poner cara de enfado, mientras se ponía rojo. House entrecerró los ojos y ella lo imitó.
- Odio que me llames asi.
- Y yo que me digas Bragas de Hierro.
En ese momento pasaron por una zona de turbulencias que los pilló desprevenidos.
Cuando terminó, Cuddy se volvió hacia House. Este estaba encogido en el asiento, agarrado con mucha fuerza a los reposabrazos.
- House. – lo llamó, mientras le ponía la mano en el hombro. - ¿qué te pasa?
House volvió a sentarse bien, pero seguía estando un poco tenso.
- House, si no te conociera…diría que estás asustado.
- ¿Yo? No…es solo…no te rías.
- Lo juro.
- Tengo claustrofobia.
Cuddy lo miró. Y de repente comenzó a reírse. House se hundió en el asiento, mirándola enfadado.
- ¿Claustrofobia? ¿Tú? ¡Si adoras los ascensores!
- Ya, claro, pero porque me controlo. Pero cuando pasan estas cosas me muero…y porque no me has visto encerrado en un ascensor, que si no…
- Ais pobrecitoooooooooooooooo… - House volvió a sentarse bien.
- ¿Seguro que no quieres que probemos el baño? – volvió a decirle House.
- Que no, pesado. Que yo he ido al baño en casa y ahora no tengo ganas, pero que si tú tienes incontinencia y te has olvidado del pañal, no me importa que vayas, te guardo el sitio.
- JaJaJa que graciosa jefa.

Llevaban como media hora sin hablarse, aunque de vez en cuando, se miraban. Lisa leía una revista, mientras House miraba la película que ponían en el avión. Estaban muy aburridos. Cuddy pasaba las hojas sin mirar lo que ponía, y sentía que le estaba entrando sueño.
Miró a House, que miraba la pantalla con cara de aburrimiento. Se fijó en su hombro, que, de repente, se le antojó muy cómodo.
- House, tengo sueño. – y se apoyó en su hombro, cerrando los ojos.
House la miró.
- Ala, claro, tú no te preocupes, mi hombro es tu almohada. Sin problemas. – protestó, pero no quitó el hombro.
- Por eso lo hago. – contestó, sonriendo, sin abrir los ojos, mientras se acomodaba.

House la miró dormir. Respiraba tranquila. House olió su pelo. Menta. Le encantaba. Llevaba un rato mirándola. Él también estaba cansado. Ella había dormido un par de horas, pero él, entre llegar a casa de Wilson, robarle el coche, volver a su casa, hacer la maleta, ir a por Lisa y el ataque de nervios que tenía encima, no había pegado ojo en toda la noche.
Poco a poco, y sin darse cuenta, apoyó la cabeza en el pelo de Cuddy y cerró los ojos, mientras suspiraba, y sonrió mientras se dormía

Carol le dio un codazo a Jack en las costillas.
- ¿Qué? Estaba a punto de quedarme dormido.
- Mira Jack. – dijo.
Jack miró hacia donde le decía su mujer. Los dos médicos dormían. Ella tenía la cabeza apoyada en su hombro y la mano sobre su pecho, y él tenía la cabeza en su pelo.
Jack miró a Carol. Tenía los ojos brillantes.
- Son tan adorables. – era lo único que podía decir.

[Flash Back] "mañana voy a tener toda la espalda señalada" pensó. "qué diablos, esto es mejor"
Los dos se fundieron en uno, sin dejar de besarse en ningún momento, intentando asi no hacer demasiado ruido, por si a alguien se le ocurría buscarles.[Fin Flah Back]

"El auditorio estaba lleno a rebosar de alumnos y profesores. Fuera estaba todo nevado y hacía mucho frío, pero alli, dentro del auditorio de la universidad, todos se sentaban lo más cerca posible para intentar no pasar demasiado frío.
El director Chalmes hablaba, con su típica parsimonia, haciendo que los alumnos se quedasen dormidos.

En la última fila, totalmente vacía, escondidos entre las sombras, estaban Lisa y Greg, intentando contener las risas, aunque les era bastante difícil.
Greg se había fabricado el día antes un par de mini-bazoocas con los canutos de un par de bolígrafos. Tenían varios folios, y se entretenían en escupir pequeñas bolitas babosas a la gente. Greg lanzó una en aquel momento, y le dio a una chica en la oreja.
Lisa y él comenzaron a reirse.
- Cuddles, más bajito, que si nos pillan nos matan. – le dijo, a duras penas.

Siguieron riéndose un rato más. Greg vio que uno de los profesores dormía, roncando. Se volvió hacia Lisa.
- ¿Qué te apuestas a que le cuelo en la boca una al profesor Bacterio?
- 10 pavos.
- Hecho. – se dieron la mano. – las damas primero.
Lisa cogió un trozo de papel, se lo metió en la boca y se llevó el bolígrafo a la boca. Apuntó y disparó, pero en aquel momento se apartó y le cayó en el pelo a un chico.
- Fallaste. Ahora me toca a mi. – dijo, mientras movía las cejas de arriba a abajo.

Cogió un buen trozo de papel, lo baboseó bien y se acercó el boli a la boca. Respiró hondo, apuntó, y lanzó. No solo le acertó en la boca, sino que, además, en cuanto la bolita entró, Bacterio cerró la boca y se la tragó.
- ¡Ajjjjjjjjjjj, que asco! – dijeron, entre risas, retorciéndose en el asiento.

Greg miró a Lisa.
- Me debes 10 pavos.
- Pues ahora no llevo la cartera encima.
- Ya me lo pagarás luego. Me invitas a algo.
Greg miró hacia el frente, e hizo que se quedaba dormido.
- Dios, que coñazo de discurso, cada año es lo mismo. – dijo.
Lisa miró a Greg, con una sonrisa juguetona. Alargó una mano y la colocó muy cerca de la zona sensible de Greg. Este se quedó muy serio y se irguió en el asiento. Lisa comenzó a mover la mano por la pierna de Greg, juguetona.
- Tal vez… te pague mi deuda ahora. – le susurró al oído.
Greg cerró los ojos, y cerró el puño con fuerza, intentando contenerse para no hacer ningún ruido que alertase al resto de lo que ahora hacían.

Lisa comenzó a besarle el cuello. Greg se mordió el labio inferior y paró la mano de Lisa. Esta lo miró, desconcertada.
- Prefiero que me lo pagues ahora. – se miraron a los ojos. – Pero no aquí.
Se sonrieron. En los ojos de Greg había un brillo juguetón.
Disimuladamente, se pusieron de pie e intentaron salir de alli sin hacer demasiado ruido.

Lo que no sabían era que el profesor Lang los había visto marcharse. AL ver cerrarse la puerta, este sonrió, divertido, mientras se volvía hacia delante en su asiento.

Greg y Lisa subieron hasta el último piso a toda prisa. Al llegar alli, supusieron que estaban lo suficientemente lejos del resto de la universidad como para que nadie les escuchase ni les interrumpiese. No podían esperar más.

Greg la besó, mientras caminaban dando traspiés por el pasillo. Ninguno de los dos quería soltarse del otro, mientras se besaban hasta quedarse sin aire, en aquella dura batalla que libraban sus bocas para intentar dominar al otro, sin darse tregua ninguna.

Sin separarse, entraron en la primera puerta que encontraron. La clase del profesor Lang.
- Mira. ¿Te suena de algo? – dijo Greg, entre jadeos.
- Creo que necesito ver más de cerca el fichero para acordarme.
Se acercaron dando tumbos hasta el fichero, mientras Lisa le desabrochaba la camisa azul a Greg. Se la desabrochó y comenzó a acariciarle la espalda, mientras la camisa caía al suelo, acompañado por el jersey de ella.

Greg puso a Lisa contra el fichero con brusquedad. Ella lo besaba, con una de las manos en su espalda y la otra en el cuello. House la besaba, con las dos manos en la cintura, intentando atraerla hacia él lo máximo posible. Lisa se pegó mucho a él, creando toda la fricción posible.
- ¿Tú…crees…que esto…aguantara? – le preguntó Lisa.
- Ni…idea…Pero me se de uno que ya no puede aguantar más.
Lisa le quitó la correa de los pantalones y se los desabrochó, mientras él terminaba de desnudarla y la subía a ahorcajadas, apoyando la espalda en el fichero, sintiendo como los tiradores se le clavaban en la espalda.

Greg la ayudó en todo momento, intentando que se sintiera lo más cómoda posible en aquella incomoda posición, mientras intentaba hacerla disfrutar lo máximo posible…"

House abrió los ojos lentamente. Se llevó la mano a la pierna derecha. No le dolía, pero temió porque su pequeño compañero quisiera salir a jugar. Levantó la cabeza, para comprobar, aliviado, que todo estaba en calma. "menos mal" pensó.
Entonces sintió una mano sobre su pecho, que le agarraba de la camisa con fuerza.

Miró a Lisa, que seguía durmiendo sobre su hombro, mientras sonreía. Al parecer le había colocado la mano en el pecho mientras soñaba. House sonrió, divertido. Siempre que habían dormido juntos habían acabado asi.

"Señores pasajeros, les rogamos que se pongan el cinturón de seguridad, el vuelo 6969, Nueva Yersey – Michigan, está a punto de aterrizar."

Cuddy seguía durmiendo. Le daba pena despertarla, pero no le quedaba más remedio.
Se acercó a ella para despertarla y, para su sorpresa, le besó. House no sabía que hacer, porque ella estaba dormida y no sería muy consciente de que le estaba besando.

De repente, Cuddy abrió los ojos y vio que estaba besándolo. Se separaron rápidamente. Los dos se pusieron un poco colorados.
- Ponte el cinturón, que vamos a aterrizar.
- Vale.

El avión aterrizó, y un rato más tarde los dos habían recogido sus maletas y salían a la calle para buscar un taxi.
- ¿A dónde vamos pareja? – preguntó el taxista.
- Al hotel Las Vegas. – dijo House.
- ¿No había un sitio con un nombre más rarito?
- No, pero no te preocupes, no está tan mal.

Llegaron al hotel y hablaron con la recepcionista.
- Oh, lo siento, pero se nos ha juntado con un convención de la tercera edad, y todas las habitaciones están ocupadas, solo nos quedan 3 de matrimonio.
- ¿Qué? ¡NO! – exclamaron a la vez.
- Pues, o eso, o nada. Y les aseguro que todos los hoteles están igual.
Al final se quedaron con la habitación de matrimonio.

La habitación era grande y acogedora, con unas bonitas vistas. Sus dos únicos inconvenientes eran: solo tenía un cuarto de baño y…una sola cama.
- No pienso dormir en la cama contigo. – le dijo Cuddy, dejando su maleta sobre la cama.
- Joder Cuddles, asi le quitas toda la diversión a esto.
- Yo duermo en el sofá y tú en la cama. – le dijo Cuddy.
House suspiró, resignado, mientras ponía los ojos en blanco.
- No, tonta, no hace falta, ya voy yo a dormir al sofá.
- ¿Si? ¿Y tú pierna?
- ¡Dios! ¿me la he dejado en el avión? – se llevó la mano a la pierna, y abrió los ojos con cara de alivio. – a, no, menos mal, sigue aquí. Tranquila, mi pierna y yo aguantaremos el sofá.
- Vale. Y ahora a deshacer las maletas. – ordenó Cuddy. – Ya.

Pero House no la escuchaba. Estaba asomado al balcón.
- ¡Mira esto Cuddles!
- ¿Qué te pasa?
- Mira.
Lisa abrió los ojos, sorprendida por el paisaje. Se veía toda la ciudad desde alli, y un parque a lo lejos.
- Es precioso House.
- Ya hemos vuelto a Michigan.

(Tu BI Continui, que en Vikingo Significa...Continuara)