Un capitulo mas de mi fic!! -contiene lemon- pequeñuelos avisados!!
CAPITULO 6: Buscarle tres pies al gato.
El joven nipón se encontraba en el suelo aturdido por el golpe, la chica mexicana temblaba cual hoja al viento de la impresión de escuchar la confesión cruel de su antiguo novio, de cómo había dado muerte a Miztli, su amada mascota.
--- Sí, yo maté a tu gato pulguiento... -expresaba fúrico- venía llegando a tu departamento para que habláramos, Narda... y ese estúpido animal iba como loco, casi me tira por las escaleras... -contaba fríamente- Por lo que lo seguí con el coche, no fue muy lejos, llegó al parque que está a dos cuadras tras el edificio, estaba ocupado tratando de beber agua de la fuente, cuando le aseste un golpe con el bastón del volante... -Hyuga abrió sus ojos sorprendido- lo hubiera desecho ahí mismo, pero mucha gente me miró sorprendida de lo que hacía, así que decidí llevármelo, pero cuando volteé ya se había ido... -sonrió burlón- imagino que se arrastró hasta acá el pobrecito...
Hyuga comprendió todo... él no era el culpable de la muerte de Miztli. Aunque lo había tenido al gato cautivo en su departamento, aquella tarde que se le escapó por la puerta principal cuando lo visitaba su compañero Melchiore, el exnovio de Narda lo había seguido y lo había golpeado de muerte.
-- Eres un maldito!!! -se levantó y se fue en contra el chico mexicano-
-- De... déjame!!! -trató en vano de quitárselo de encima- su… suéltam... -Hyuga lo golpeó en el rostro- uggh!!
La chica comenzó a llorar, pero su llanto por un momento se detuvo al escuchar lo que exclamó el joven nipón.
-- Miserable!!! -le asestó otro golpe en la mejilla- todo este tiempo pensé que era mi culpa!! -levantó su puño dispuesto a seguir-
-- Kojiro...!! –gritó- que... que fue lo que dijiste?!!! – Cuestionó mirándolo absorta-
El joven moreno se detuvo en el acto, había hablado sin pensar otra vez, volteó lentamente y se enfrentó a las confundidas pupilas grisáceas.
-- yo... -la chica lo miró cuestionante- yo tuve al gato encerrado en mi departamento... -confesó, Narda abrió sus ojos en señal de sorpresa- pensé... pensé que él era el que destruía mi cocina!!... es que una noche vi un gato salir de ahí... -comenzó a desesperarse- y yo creí... pero no le iba a hacer nada, te lo juro...!! Es solo que...!! -ya no encontró como justificarse-
La jovencita se levantó lentamente del suelo, sus piernas temblaban, pero de pronto levantó su rostro, sus ojos habían tomado una tonalidad fría.
-- fuera... -exclamó primero en un susurro, pero su voz aumentó cada vez que repetía la misma palabra- fueraa...! fueraaa...!! fueraaaaaaaaa!!! Lárguense los dos de aquí!!! -Se dirigió rápidamente a su sala y tomó una botella azul que usaba de florero. Los cristales saltaron cuando la jovencita mexicana la estrelló en la pared- quiero que se vayan los dos y no vuelvan nuncaaaa!!! -los amenazó con la botella rota-
Ambos chicos se levantaron del suelo lentamente. Ricardo aun se tambaleaba debido a los golpes, su rostro estaba destrozado, de su boca escurría sangre copiosamente. Hyuga no podía creer lo que escuchaba.
-- Nar... Narda, pero yo... -intentó explicar-
-- Cállate!!! -le gritó- eres un maldito mentiroso!! –lo amenazó con el objeto cuando el chico pretendía acercarse a ella-
-- ja!... -expresó limpiándose la boca- parece que tu príncipe te decepcionó queri... -no terminó, la chica le gritó-
-- cierra la boca tú también!!! -se dirigió a la puerta- no quiero volver a ver a ninguno de ustedes dos!!! -la abrió- largoo!... salgan de mi vida ahora mismo!!!
-- Narda, espera yo... -sentía que se moría-
-- Ya te dije que te calles!!! Eres un mentiroso igual que Ricardo!!! -sentenció- te burlaste de mí, viendo como sufría por Miztli... cómo pudiste, Hyuga?!!!... –Lo miró decepcionada- te odio!! -Finalizó- Los odio a los dos!!!
Los jóvenes se encontraron fuera del departamento, la chica cerró la puerta dando un violento portazo.
--- Vaya... -se volvió a limpiar el rostro- ese carácter fuerte era el que tenía antes de la muerte de su familia... por eso me encantaba... -exclamó alejándose- adiós, japonés…
Hyuga sentía un inmenso vacío en su corazón. Posó su mano en la puerta. Al otro lado de ella la jovencita lloraba recargada en la misma. Finalmente el delantero nipón caminó como autómata hacia su departamento e ingresó en el.
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Una semana había pasado ya, Hyuga llegó como todas las tardes corriendo a su hogar. Nada había salido bien desde aquella pelea. El casero les había llamado la atención a ambos por el escándalo, hasta amenazó con pedirles que liquidaran su estancia y se fueran del edificio si volvían a perturbar la paz del lugar. Además había tenido que devolver el gatito que compró a la chica y claro que no le devolvieron ni una moneda por ello; y para terminar la joven castaña lo ignoraba rotundamente, ya que cuando se encontraban en las escaleras la actitud hostil y fría de la chica era lo único que percibía.
Recordó hacía unos dos días que evitó salir a trotar con la intención de verla antes de que se fuera a sus deberes, apenas la vio salir de su departamento la abordó.
Narda… -le habló a su espalda- necesito hablar conti... –la chica no contestó, solo apresuró el paso ignorándolo- oye! Espera!
La retuvo del brazo en las escaleras, ella ante la violenta y sorpresiva sujeción perdió por un momento el equilibrio, él se asustó liberándola, la chica soltó su portafolio para sujetarse del barandal, su mochila rodó hasta llegar al final de la escalinata. Ella le dedicó una mirada de irritación. Hyuga quiso expresar algo y solo consiguió que le propinara una sonora bofetada que lo dejó helado, ella ni siquiera le gritó, no lo dejó escuchar su voz otra vez, bajó rápidamente las escaleras, recogió su mochila y se alejó corriendo.
Hyuga llevó su mano a la mejilla, la bofetada no le dolió tanto como esa mirada de recelo y la actitud evasiva de la chica hacia él.
Cuando llegó a la puerta de su departamento se sorprendió en demasía, fuera de la puerta de su vecina habían colocado un obsequio. Un ramo de tulipanes y una caja blanca con un enorme listón rojo se encontraban sobre el tapete azulino de bienvenida. Hyuga frunció el entrecejo, lo más seguro era que el presente fuera del chico llamado Ricardo. Decidió tomarlo y arrojarlo a la basura, abrió su casa para introducirse junto con el regalo.
-- Según sé… -expuso la voz femenina a sus espaldas- en Japón son muy respetuosos de lo ajeno… -aludió-
El chico no pudo evitar saltar de la sorpresa y sonrojarse, había sido atrapado en pleno hurto.
-- no…. yo solo… -las excusas se ahogaron en su boca, no había mucho que decir, la jovencita castaña solo negó con su cabeza y pasó a su lado ignorándolo una vez más-
-- Si quiere tirarlo hágalo, señor Hyuga… -le expresó de espaldas mientras metía la llave en su cerradura- no se preocupe, que a mí me da igual… -abrió la puerta y se introdujo en su departamento-
El nipón se molestó, otra vez la chica le hablaba de usted, odiaba que hiciera eso. En un acto reflejo arrojó los presentes y tomó la chapa de la puerta, la abrió de golpe y esta cedió al instante.
-- Aaah!! –Gritó la chica sorprendida- suelte la puerta!! –expuso encolerizada-
-- No lo haré!! –empujó y se introdujo en el departamento- necesitamos hablar, niña!! –indicó imperativo- y hablaremos ahora!!
-- señor Hyuga… salga inmediatamente de mi… -fue interrumpida-
-- Deja de llamarme así!!! –Le indicó molesto pero se controló, no deseaba gritarle- mi nombre es Kojiro, Narda… -expuso más tranquilo-
-- Bien "Kojiro" –sonó tan fingido el nombre- sal de mi departamento, por favor… -lo tomó del brazo con fuerza, pero para el nipón eso era una caricia, no lo movió ni un centímetro- oiga!! le dije que se vaya!!! No quiero que esté en mi departamento!! –lo jaló-
-- Bien, no quieres que estemos aquí… -la atrajo y la levantó en sus brazos morenos- vayamos al mío… -la jovencita mexicana no tuvo oportunidad de nada, el nipón salió de su departamento y entró al suyo llevándola consigo-
Cerró la puerta tranquilamente y la bajó al suelo. Ella solo se volteó y el chico le sonrió divertido, ella le propinó otra vez una sonora y dolorosa bofetada.
-- Como se atreve!!! –Le reclamó aun con su mano extendida- es un… es un… -no pudo continuar las lágrimas escaparon de sus grisáceas pupilas-
-- Narda… -le llamó, pero la chica le dio la espalda- solo déjame explicarte… yo…
-- Ya basta… -masculló entre dientes- deja de lastimarme más… -le expresó- ya me cansé de ser siempre engañada… por… por eso me fui de México, quería alejarme del dolor… -gimió- y ahora… estoy peor… -cubrió su rostro con sus manos y en una respuesta ágil intentó salir del departamento, pero Hyuga se lo impidió abrazándola por la espalda-
-- Niña tonta… -le expuso- aquí nadie quiere lastimarte… -la voz enérgica del nipón se escuchó muy sincera mientras ubicó su mentón en su cabeza, debido a su altura- nadie lo hará… -la abrazó mas fuerte-
Ella no respondió, le agradaba el calor que emanaba del aprisionamiento que Hyuga le ofrecía. Pero su corazón ya estaba muy lastimado y tenía demasiadas dudas. Además no era ciega, ni tonta, había visto entrar y salir varias veces "mujeres" de ese departamento, después de todo Kojiro era hombre.
-- debo irme… -exclamó sencillamente, el nipón se sorprendió y la soltó en el acto-
Ella volteó ligeramente hacia él, su rostro era una máscara de dolor profundo, bañada en lágrimas, Hyuga no soporto ver aquello, la detuvo tomándola de la mano y la atrapó en sus brazos. Acercó su rostro al suyo y la besó con suavidad, ella no opuso resistencia.
Para Hyuga el beso fue en un sabor salado por las incontables lágrimas de la jovencita castaña. Le dolía a él también en lo más profundo de su ser verla llorar de esa manera. Melchiore tenía razón, esa chica ya estaba clavada fuertemente en su corazón.
Déjame… -susurró al separar sus bocas y colocó sus manos en el pecho del jugador para alejarlo-
Él no la obedeció, la tomó de la cintura y la atrajo nuevamente a su pecho, buscó su cuello para comenzar a colmarlo de besos y caricias. Ella forcejeó solo unos instantes más, después cejó en su empeño de resistencia, dejó que el nipón continuara. Hyuga buscó los botones del traje sastre que la chica llevaba puesto, deseaba liberarla de la ropa, ella como autómata comenzó a desabotonarlos, su mirada aun era de tristeza.
No… -le detuvo las manos- yo lo haré… -le dijo sonriendo-
No… ya… ya sé lo que quieres… -expuso sin mirarlo a los ojos- si deseas "eso", lo haremos… -indicó- pero después… dejarás que me vaya a mi departamento… -acordó con rudeza-
Narda!!! –Gritó molesto- yo no quiero solo… -lo interrumpió-
Si… ajá… -exclamo con burla- todos los hombres desean eso… -miró tristemente al suelo- no soy ciega, Hyuga… -finalmente levantó sus ojos grisáceos- he visto entrar y salir mujeres de tu departamento… -negó con su cabeza- ya… ya no soy una niña… lo que pasó yo lo provoqué y no me arrepiento… yo deseaba estar contigo y que fueras el primero -le explicó sonrojada- no tienes ninguna responsabilidad, así que despreocúpate… pero si estar conmigo otra vez, es la condición para que me dejes en paz…
Hyuga la soltó en el acto, sentía un disgusto enorme, como se atrevía ella a pensar eso de él, era verdad lo de sus "citas" nocturnas, pero hacía mucho que él ya no lo hacía... además ahora no pensaba en nadie más, solo en ella.
Está bien… -le contestó iracundo- vete si es lo que quieres… -se dirigió a la puerta y la abrió-
La chica caminó enmudecida hacia la salida, Hyuga la miró pasar a su lado, muy cerca de él, sin desearlo aspiró el perfume de su cabello, olor a cereza; su cuerpo tembló, los recuerdos de su primera vez se agolparon en su mente jugándole una mala pasada, pero se controló cerrando fuertemente sus felinas pupilas. No lo vencerían.
Eres un estúpido cobarde… Kojiro… -escuchó bajamente la agresión, en un tono apenas audible para sus oídos, había sido ella o su propia conciencia; abrió los ojos rápidamente, ya no soportaría más.
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El nipón perdió el control, jaló a la jovencita bruscamente del brazo y cerró la puerta de un golpe seco. La atrajo hacia él con violencia digna de un tigre, la besó profundamente y ella ya no opuso resistencia. La levantó del suelo haciéndola de su talle, obligándola a rodearle la cintura con sus piernas. La espalda de la chica chocó con la puerta de entrada en un golpe semiviolento, el quejido se ahogó en la boca del nipón. La besó como si deseara asfixiarla, la continuó cargando para llevarla a su recamara.
Se dejó caer en la cama aplastándola con brusquedad, se deshizo con facilidad de la ropa estorbosa, el nipón se separó de ella solo para observarla una vez más desnuda, era maravillosa y era de él, solamente de él. Se colocó sobre ella otra vez, besándola incontenible; ella solo introdujo una de sus manos en sus cabellos oscuros, la otra le acariciaba su espalda morena subiendo y bajando y de nuevo sollozaba; como aquella primera vez. El nipón no esperaría más en poseerla, si la lastimaba sería culpa de ella, tomó su miembro y lo dirigió a su intimidad, comenzó a penetrarla ansioso.
Aaaahh!! –emitió la jovencita arqueando su espalda extasiada- asi… Ko…Kojiro.!!
Para sorpresa del tigre ella estaba preparada para recibirlo, la humedad en su interior lo demostraba.
Demonios… -masculló entre dientes, se sintió un enorme idiota, ella también ardía en deseos por él- Narda… -mordió con suavidad uno de sus pezones, para vengarse- no juegues conmigo así, niña tonta…
aa-ahhh! –La chica se quejó y busco sus labios, se unieron completamente en un beso que acalló sus reclamos-
Hyuga se retiró y embistió con fuerza, dando la primera estocada, la chica separó sus bocas para poder gemir por el placer, él lo evitó, la besó otra vez dominante. Las embestidas del nipón aumentaron su velocidad y fuerza, así como los gemidos de placer de ambos. Kojiro sentía como poco a poco era apresado por la intimidad de la jovencita dificultándole las entradas y salidas, pero era enormemente placentero. Narda se aferró con fuerza a la espalda morena y enterró sus cortas uñas en ella. Nuevamente rodeó al japonés con sus piernas, atrayendo más sus cuerpos sudorosos.
Aah! Aah! Aahh Aaaaah!! –Se contrajo totalmente con el orgasmo, había sido mucho mejor que la primera vez-
Hyuga solo emitió un gemido casi gutural, no pudo controlarse y se vino dentro de la jovencita, colocó su frente morena sobre la apiñonada de la chica, ella lo observó detenidamente, sus ojos permanecieron cerrados mientras intentaba terminar de liberar su semilla en su intimidad, luego sintió como breves espasmos lo siguieron, se veía maravilloso sobre ella, lo tenía a su merced.
Finalmente Kojiro Hyuga abrió sus felinas orbes oscuras, coincidieron con las grisáceas de la jovencita mexicana.
Ah!… ya… ya estarás… contenta, Narda… aah!… acaso… quieres… matarme?… -fue lo único que el tigre dialogó como queja-
Ella sonrió divertida, y Kojiro la imitó, se besaron nuevamente. Hyuga se acurrucó en sus brazos cansado, la chica castaña acariciaba su cabello como si de un minino se tratara, después lo besó en la frente.
Lo siento… -le expresó, pero el chico asiático ya estaba dormido profundamente-
La luz del amanecer lo despertó y miró el reloj aun somnoliento.
Las… diez!!!! –se levantó de un salto, miró a su lado, estaba solo, desnudo, pero solo…
Sus ropas se encontraban cuidadosamente acomodadas en una silla cerca del buró, frunció el entrecejo. Ella había cumplido finalmente el acuerdo, dejó que él la disfrutara otra vez y se fue.
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El regaño por parte de su entrenador por llegar tarde al entrenamiento matutino, no fue tan doloroso como el sentimiento de abandono de la chica castaña. Hyuga caminaba desganado por la calle, había pensado bien que haría, pero no encontraba solución, sin darse cuenta llegó hasta su edificio.
Un camión de mudanzas estaba estacionado en la calle, atónito observó como la joven castaña daba algunas indicaciones a los hombres, y después subía las escaleras para entrar al pasillo, dirigiéndose a su departamento.
-- no... no puede ser... -apresuró su paso, subió las escaleras y caminó hacia la entrada del hogar de la chica y tocó-
Como era de esperarse la puerta no se abrió. Tocó nuevamente, y una vez más, pero el resultado fue el mismo, hasta se atrevió a levantar el macetero. No encontró nada. Suspiró decepcionado y entró a su departamento derrotado, más tarde hablaría con ella.
El constante ruido en el departamento vecino no lo dejaba conciliar el sueño, miró el reloj era muy tarde ya. Aquello sería una buena excusa para salir y hablar con ella. Cuando se disponía a hacerlo el silencio reinó finalmente. Se recostó molesto en su almohada, pero no importaba, ya había tomado una decisión.
A la mañana siguiente pretendió salió a trotar, pero le ganó su desesperación y tocó a la puerta vecina nuevamente, para su sorpresa esta vez sí se abrió.
-- Ah! Nar... -pero no era la persona que deseaba-
-- hmm?! hola muchacho... –sonrió el anciano encargado del edificio- pensé que eras la persona nueva que alquilará el departamento... -salió al pasillo- bien, no debe entonces de tardar... –cerró cuidadosamente-
Hyuga sintió que la sangre se le iba hasta los pies. Esa era la razón del camión de mudanzas y del constante ruido nocturno. La jovencita castaña se había ido del edificio. Narda Álvarez había salido de su vida.
