El peor día de Hermione.


¿Qué haría ella?

Era la pregunta plasmada en cada uno de sus compañeros, los cuales la observaban expectantes y pasmados.

¿Qué haría?

¿Qué haría?

Su orgullo, le decía que suelte inmediatamente a Malfoy y huya antes de que sus piernas dejaran de responderle. Y su lado malicioso, el cual peligrosamente se estaba apoderando de su parte racional, le urgía que fuera medianamente agradable; después de todo la había ayudado no podía darle las gracias y salir corriendo, ¿o sí?

Pero su mente saturada y su estomago vacío tomaron la decisión, sus temblorosas piernas, que a duras penas la sostenían, flaquearon y de no ser por los rápidos reflejos de Malfoy hubiese terminado nuevamente de bruces en el suelo.

-¿Has visto lo que un poco de mi tacto provoca? -le susurro en un intento de sonar galante.

Hermione quiso gritarle que la soltara, aunque eso significara quedar tendida a mitad del paso hasta que Harry y Ginny bajaran a desayunar y la ayudaran o hasta que, tal vez, alguien más lo hiciera, pero sus sentidos no le respondían correctamente.

-¡Quítale de encima tus asquerosas manos!- Ron Weasley fue el encargado de expresar sus pensamientos en una colérica vociferación.

-Tal vez tengas razón Weasley, después de todo se desvaneció sólo por tomarme de la mano- y con un fingido gesto de preocupación agregó-¡quién sabe lo que podría pasarle si la sostengo en brazos!

La respuesta de Ron no se hizo esperar, rojo de ira se abalanzo sobre Malfoy pasando por encima de la mesa de Gryffindor y tirando todo a su alrededor.

Antes de que el miedo a morir estampillada la abrasara sintió unas manos que la rescataban, alejándola de aquel confuso manojo de manos y túnicas. Ron y Malfoy se habían entrelazado en una lucha cuerpo a cuerpo y estaban tan pegados que nadie parecía capaz de separarlos, el único, y pobre, intento lo hizo Lavender Brown con su clásico y chillón -¡ Ro, Ro!-sólo que esa vez también sonó con un poco de espanto. Únicamente la intervención de la profesora McGonagall controlo el escándalo que repartiendo castigos y quitando puntos a las casas logro mandar a los curiosos a clase.

-Malfoy, Weasley, vengan conmigo,¡ ahora!-exigió enojada.-y ustedes- agregó-lleven a la señorita Granger a la enfermería.

-Mira que alboroto has causado!-dijo una voz, cuyo timbre develo a Hermione que la identidad de uno de sus "salvadores" era nada menos que Fred Weasley.

-Nosotros no lo hubiéramos hecho mejor-acotó la otra voz, que indudablemente pertenecía a George Weasley- aunque si lleváramos falda…

-¡Por Dios que ha sucedido!-exclamó Madame Pomprey al ver ingresar a los gemelos a la enfermería con Hermione a cuestas.

-Lo mismo que en las novelas muggles- explicó Fred ganándose una dura mirada por parte de la enfermera.

-Se desmayo-agregó como si fuera una obviedad.

-Estoy bien, estoy bien-balbuceo Hermione.

-Nada de eso-sentenció madame Pomprey impidiéndole que se incorporara de la cama en la cual había sido acomodada-¡niña!-exclamó-¡estas tremendamente pálida! ¿Has desayunado?- Hermione negó incomoda ante la inquisitiva mirada de la mujer.

-¡Ahí está tu problema! se te ha bajado la presión, ¿desde cuándo no pruebas bocado? -

-Desde ayer-mascullo la aludida.

-Señorita Granger! ¡Creí que usted era juiciosa!, no una niña boba que no come para adelgazar!-se escandalizo la mujer. Pero Hermione negó con un movimiento de cabeza la errónea idea de la enfermera.

-yo no, yo sólo, sólo que no tenia apetito-le explico. Madame Pomprey la miro suspicaz, como si no creyera mucho en sus palabras mas no la contradijo.

-Bien-le dijo- iré a buscarle el mejor remedio, un suculento desayuno. Y ustedes-les pidió a los gemelos –cuiden que la señorita Granger permanezca en reposo hasta que vuelva- y sin esperar respuesta salió rápidamente del lugar.

Cuando atravesó el umbral, Hermione se incorporo pero Fred no dejo que pusiera un pie en el suelo.

-Nosotros nos tomamos muy en serio nuestras obligaciones-le dijo con aire solemne cuando la chica lo miro con el ceño fruncido.

-¿Desde cuándo?-inquirió incrédula.

-Desde ahora-sentencio el gemelo.

-y además queremos hablar contigo-.añadió el otro.

Hermione los miro desconfiada.

¿Qué se traerían entre manos ese par? Desde que quisieran hablarle hasta que dijeran que cumplían sus obligaciones le daba mala espina.

-Sólo queremos ayudar- respondió Fred ante la expresión de la chica. Aquellas palabras sólo la sumergieron más en la desconfianza. – ¿Y porque ustedes tratarían de ayudarme?- les preguntó mostrando todo su escepticismo.

-¿Y por qué no lo haríamos?- retruco George simulando un ligero aire ofendido por la desconfianza de la chica.

Hermione quiso decirles que podía recitarles más de cien razones por las cual no les interesaría, siquiera, ayudarla pero se abstuvo, lo único que le faltaba para completar su bochornosa mañana era ofender realmente a los gemelos. Y como para darles a entender que pensaba escucharlos se cruzo de brazos levantando sus cejas en señal de atención.

-¡¿Qué?¡ -exclamo incrédula y escandalizada cuando ambos hermanos terminaron de relatarle la idea que tenían para ayudarla.

-Será como matar dos pájaros de un tiro-dijo George a modo de convencimiento.

-O tres –agrego risueño y burlón Fred, ganándose un empujón de su hermano.-Sólo será para ayudar a Hermione y hasta al terco de Ronnie.

-No veo en que podría ayudarme, ni a mí ni a Ronnie-dijo burlona y obstinada.

-Bueno, a Ronnie lo ayudara a darse cuenta de ciertas cosas-le contesto Fred mientras le dedicaba una mirada intensa y significativa- y en cuanto a ti…. Pero el gemelo no pudo continuar, un par de gritos lo interrumpieron.

-¡Que me dejes¡-

-¡Suéltame tu pobretón¡-

Draco Malfoy y Ron Weasley luchaban a fuerza de empujones y tirones por ser el primero en ingresar a la enfermería.

-¿Todavía debemos decirte en que te beneficiara nuestra ayuda?-susurro George a Hermione, disfrutando de la expresión de horror de la muchacha.

-¿Qué significa este escándalo? Madame Pomprey irrumpió en el lugar en el momento exacto en que Ron y Draco trataban de impedirse el avance hacia la cama de Hermione. -¡Largo de aquí! ¡Fuera todo el mundo! Y como si fueran gallinas los espanto con la fuerza del agitar de sus brazos.

Sumamente indignada se acerco a Hermione para colocarle la bandeja con el desayuno en el regazo, amenazándola con no dejarla salir de allí si no comía hasta la última migaja. La chica la vio tan enojada y convencida de su ultimátum que devoro todo lo que le había traído sin replicar, lo único que deseaba era poder ir a clases y que ese descabellado día encontrara un coherente equilibrio.

Fiel a su palabra, Madame Pomprey, no dejo poner a Hermione un pie fuera de la enfermería hasta que no engullo la última tostada; obviamente no sin antes pronunciar un extenso discurso sobre la buena alimentación y las alocadas ideas adolescentes sobre verse como palillos. En un principio, Hermione intento explicarle a la enfermera que ella no era "de esas niñas" pero la mujer parecía no tener más oído que para ella misma por lo que opto por guardar silencio .

-Y ahora ve a clases-termino la mujer, la castaña miro horrorizada la hora en su reloj pulsera, tenía ocho minutos para ir en busca de sus libros de pociones e ir a las mazmorras. Otro profesor hubiera entendido perfectamente el motivo de su retraso pero no Severus Snape, él no solo le quitaría puntos a Gryffindor, también les daría tarea extra, sus dos acciones favoritas de la clase; y ella, Hermione Granger, le daría una razón excelente, llegar tarde a clases, lo que más lo irritaba después, obviamente, de Harry Potter.

Hermione nunca recordó haber corrido tan rápido en su vida, era como tener las alas de Hermes pegadas a sus zapatos, ingreso a la sala común ignorando las miradas curiosas de los pocos estudiantes que allí habían para subir de dos en dos las escaleras, era una suerte que fuera tan ordenada y prolija, los libros de las clases que cursaba en el día estaban acomodados sobre su cama, los metió en la mochila y reanudo su maratón para llegar, milagrosamente, con tres minutos de retraso.

-Señorita Granger- susurro Severus Snape, con su habitual arrastrar de palabras,-¿no fue suficiente…su "espectáculo" del gran salón, que también necesita llegar tarde a mi clase?

Las risas de los slytherins no se hicieron esperar como así tampoco la continuación de las palabras acidas del profesor.- parece que pasar tanto tiempo con Potter ha traído sus consecuencias, se le ha pegado…. Sus delirios de fama… -Hermione roja de vergüenza e ira tomo asiento al lado de Neville que le sonrió tímidamente como infligiéndole animo.

-Quince puntos menos para Gryffindor-soltó finalmente, dejando entrever el goce que le producía pronunciar cada palabra.

La castaña enterró la cabeza entre sus libros como si este pudiese tragársela entera y así realmente lo deseaba, que la hiciera desaparecer de Hogwarts.

La clase de pociones de ese día fue la más larga que jamás recordaría, Snape se había ensañado con ella y no dejaba de recordarles a todos que cada tarea extra era su entera culpa y de paso metía a Harry, de vez en vez, en sus despectivos comentarios. Cuando dio por finalizada la clase, Hermione sintió, una nunca antes experimentada, felicidad ante tal acontecimiento. Obviamente los lleno de deberes antes de que siquiera pudiesen levantarse de los pupitres para retirarse.

-Un ensayo entero sobre los licántropos de trescientos cincuenta palabras junto con una redacción minuciosa de la poción matalobos para mañana, sin falta-les ordenó.

Hermione sentía arder su cabeza, ¿Por qué el profesor Snape se ensañaba tanto con ella? Sabía que no era santa de su devoción pero desde eso a convertirse de la noche a la mañana en la segunda persona más odiada por él era totalmente distinto, la respuesta le llego un minuto después.

-Weasley, Malfoy ustedes no se retiren, empezaran hoy con su castigo.-

La causa de su ensañamiento le sonaba ahora más lógica, Ron y Malfoy debían cumplir su castigo con él y aquello no debía de hacerle ningún gusto y de allí a preguntarse a quien consideraría culpable no había que pensar demasiado. Además por lo que le había susurrado Neville, la profesora Mc gonagall le había restado varios puntos no sólo a Gryffindor, Slytherin también había perdido los suyos y nuevamente había una sola culpable.

Hermione se colgó la mochila cabizbaja y salió de las mazmorras tratando de pasar desapercibida pero ese día aquello parecía una tarea imposible.

-Granger!- Lavender Brown se abría paso entre el tumulto de gente, Hermione trato de hacerse la sorda pero ante la tercera llamada ya le fue imposible, ¿qué clase de pulmones tenía esa niña? ¿Cómo podía gritar tan fuerte un ser humano ordinario?

-¡Por tu culpa mi Ro,Ro estará castigado un mes junto a ese odioso Malfoy ya cargo del malvado profesor Snape! ¿Quién sabe que clase de tormentos le harán padecer? –se lamentó en un exagerado sollozo.

Los estudiantes que pasaban por el corredor aminoraban el paso para ser testigos de la escena.

-Tu Ro, Ro tendría que dejar de ser tan impulsivo- le retrucó tratándose de zafarse de su brazo.

-y tú de tratar de ser el centro de atención- chilló la chica, provocando varias exclamaciones ahogadas.

Hermione enmudeció de ira, ella que siempre tenía una respuesta para todo.

-Déjenme pasar- Harry Potter se abrió paso entre sus compañeros hasta llegar a donde estaba su amiga; Ginny que también había salido de clases lo acompañaba.

-Vamos Hermione, camina-le urgió tomándola de un brazo.

-No escuches palabras sin sentido-acotó Ginny.

Lavender soltó una carcajada irónica –cuando decida coquetear con tu novio no dirás lo mismo.

Ginny se volvió hacia la chica dispuesta a cerrarle la boca y Harry conociendo los métodos que usaba su novia la tomó del brazo negando ante su actitud-no vale la pena Ginny.-le aconsejo. La pelirroja asintió pero continúo mirando desafiante a su cuñada.

-Sera mejor que descanses hasta la próxima clase-le aconsejo Harry a su amiga, la cual asintió

–Esa boba de Lavender….-dijo Ginny sin saber muy bien que decir. Lo único que quería era tantear el terreno emocional de Hermione, la cual no le respondió. Harry le dirigió una mirada cargada de preocupación a su novia, le constaba que Hermione no había tenido un buen día y le preocupaba como estaba repercutiendo en ella, aunque no hubiera emitido ni una queja en todo el trayecto a la sala común de Gryffindor.

-No debes hacer caso a las tonterías que Lavender…..-pero Ginny se quedó con las palabras en la boca, ni bien traspasaron el orificio del retrato de la dama gorda Hermione salió disparada hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones, la pelirroja hizo ademán de seguirla pero Harry la frenó.

-Necesita estar sola-dijo, él había logrado escuchar el sollozo contenido de su amiga y la conocía lo suficiente para estar seguro de lo que quería.

Hermione ingreso a su habitación y sin detener su ritmo se abalanzo sobre su cama, cerrando los doseles para dar a entender su necesidad de soledad, de aislamiento. Sólo en aquella seguridad que le brindaba su espacio soltó el llanto, se permitió derrumbarse, por Ron, por el exabrupto que sufrió su organizada vida, por estar en boca de todos.

Se abrazo fuertemente recordando ese día y sintió deseos de permanecer tendida en su cama pero no la haría, saldría al mundo, saldría a Hogwarts y de repente una idea se formo en su mente, algo alocada, lo sabía pero después de todo

¿Qué venía siendo racional? Tuvo una segunda cita con McLaggen para después ser acosada por el mismo, todo el colegio creía que estaba loca de amor por Malfoy.

¿Por qué no iba a aceptar la ayuda de los gemelos?


Primero y antes que nada gracias a todos los que leen esta historia y me apoyaron cuando le arrancaron los girones de piel, por otro lado trate de mejorar la escritura, preocupandome mas aun por las faltas, y viendo las tildes y las conjugaciones para que quede mejor...en cuanto al argumento al que no le guste no lea y punto ja.

este capitulo como veran no es tan de comedia.... si bien tiene algo de ella; es que voy a empezar con el final y necesitaba ese cambio...bueno espero que les gusten...

gracias y mil gracias, saludos a todos.